Para un tránsito ordenado y seguro, se suman segunderos en semáforos
Durante este jueves, se procedió a la instalación y puesta en funcionamiento de más decrementadores (segunderos) en semáforos de Villa Regina.
Esta vez, el personal de la Dirección de Tránsito y Protección Civil de la Municipalidad colocó dos dispositivos en el semáforo ubicado en Avenida Cipolletti y Juan XXIII. El Intendente Marcelo Orazi y el titular del área Mario Figueroa estuvieron presentes durante la realización de los trabajos.
A ellos se sumarán la semana que viene dos en ruta nacional 22 y Pioneros para el tránsito que circula en sentido oeste-este y viceversa. Además, está prevista la adquisición de semáforos peatonales para 5 esquinas; San Martín y ruta 22 y España y ruta 22.
Se instalan chicharras sonoras en los semáforos
Luego de 10 meses de sancionada la ordenanza que dispone la colocación de los semáforos sonoros para mayor accesibilidad, la Dirección de Tránsito y Protección Civil de la Municipalidad de Villa Regina comenzó esta semana con la instalación de las chicharras sonoras en los semáforos de la ciudad que les indica las personas con discapacidad visual el momento en el que pueden cruzar la calle de manera segura.
Los dispositivos fueron colocados en los semáforos de Avenida Mitre y O’ Higgins y Avenida Mitre y 20 de Junio. Los semáforos, conectados a un ordenador, emiten dos sonidos diferentes para indicar cuándo el semáforo está en verde y cuándo está en intermitente.
Para proceder a la instalación de las chicharras fue necesario adaptar los semáforos a la tecnología requeridas por los dispositivos sonoros. En este sentido se explicó que se requiere de controladores, accesorios, cables, puesta a tierra para garantizar su funcionamiento en forma correcta.
Día Mundial del Sushi. Al escuchar la palabra sushi, automáticamente referenciamos a la isla del Japón, y está muy bien que así lo hagamos ya que es un ícono de la gastronomía de dicho país, pero su origen y sus inicios están ligados a otro referente asiático y es precisamente a china. El 18 de…
CAPÍTULO#6 Luis pensaba en lo mismo una y otra vez mientras pedaleaba con fuerza. Por qué las primeras changas son de jardinería? Qué se piensan? Qué no sabemos hacer otra cosa? Qué para lo único que servimos es para poner el cuerpo a la intemperie y laburar como esclavos? Y para colmo como si fuera…
Los decrementadores permiten que los peatones tomen en cuenta el tiempo real que tienen para cruzar la calle, reduce la ansiedad de los automovilistas y permite calcular maniobras en cada encrucijada que tiene estos dispositivos que contienen un reloj digital que realiza un conteo del tiempo de duración de cada luz del semáforo, indicando a peatones y conductores la…
El diputado Rodolfo Tailhade aseguró que el vínculo entre Javier Milei y Fernando Cerimedo «está intacto», a raíz de la vigencia del contrato que el Presidente cerró con Latin America Advisory Group (LAAG) «para hacer lobby con periodistas y grupos de influencia en Estados Unidos». «Por LAAG firmó Damian Merlo, el Cerimedo de Bukele. Por Milei firmó Fernando Cerimedo, el Cerimedo de Milei», ironizó el legislador kirchnerista en X.
Ese entendimiento implicaba que el hombre investigado por haber mandado a matar a su pareja en Bolivia articulaba con los think tanks estadounidenses para que Milei se hiciera conocido en esos ámbitos. El plan original estipulaba que el contrato vencía en diciembre de 2023, hasta que Milei alcanzara la Presidencia, pero el acuerdo continuó.
De hecho, Tailhade sostiene que «sigue vigente». «Uno de los think tank mencionados en el contrato es The Heritage Foundation», precisó, y mencionó como ejemplo que, en marzo de 2025, el titular de esa ONG, Kevin Robertis, visitó al Jefe de Estado en Casa Rosada y se tomaron una foto.
Eso explicaría el llamativo respaldo de Milei a Cerimedo, pese a que en el bloque de diputados libertarios esperaban que la Casa Rosada guardara silencio para despegarse. Tailhade también recordó que, en abril pasado, se presentó un nuevo informe de Heritage, en este caso, sobre el presunto índice de libertad económica en los países, y se publicó la información en La Derecha Diario, el portal de Cerimedo.
Sin embargo, el rol del asesor de Milei se habría desdibujado con el paso del tiempo. En el Congreso, señalan que fue perdiendo terreno frente al ascenso de Santiago Caputo, a lo largo de 2024.
En efecto, el Presidente estuvo en Miami y Texas (Austin) entre el 10 y el 14 de abril, en una minigira que tuvo por objetivo que lo honraran con el premio de «Embajador de la luz», junto a su hermana, Karina Milei. En la segunda parada de su travesía, se reunió con Elon Musk.
CERIMEDO ES MILEIEn septiembre de 2023 Javier Milei contrató a Latin America Advisory Group (LAAG) para hacer lobby con periodistas y grupos de influencia en Estados Unidos. Por LAAG firmó Damian Merlo, el Cerimedo de Bukele. Por Milei firmó Fernando Cerimedo, el Cerimedo de… pic.twitter.com/V4PHI8h8bD
— Rodolfo Tailhade %u2B50%uFE0F%u2B50%uFE0F%u2B50%uFE0F (@rodotailhade) August 21, 2026
Fuentes al tanto de ese viaje, indican que Milei habría conocido entonces a Leonardo Scaturice, el misterioso empresario al frente de Tactic Global, trabó contratos con la SIDE de Caputo y manejó Flybondi. La presentación habría sido una gentileza de un importante empresario argentino con residencia en Estados Unidos.
Ese momento habría marcado un desplazamiento de Cerimedo, algo que entre los opositores a Milei consideran como «un posible móvil» si se corrobora la hipótesis de que fue el activista digital quien filtró los audios de Diego Spagnuolo. «Por eso, el servicio de lobby habría pasado a las manos de Scaturice», comentaron.
Como sea, Tailhade recuerda que «otro de los contratados por Cerimedo a través de Merlo fue el Atlantic Council». «En septiembre le armaron una fiestita en Nueva York, en abril Milei les prestó el Palacio Libertad para un evento donde habló el Toto Caputo y días después, ‘publinota’ del American Council en Bloomberg», remarcó.
La decisión del Gobierno de avanzar sobre la regulación del mercado editorial abrió una discusión que excede el precio de los libros. Editoriales, librerías y escritores advierten que detrás de la promesa de mayor competencia puede producirse una concentración del mercado que termine afectando la diversidad cultural y la supervivencia de las pequeñas librerías.
Por Redacción de NLI
Hay discusiones que parecen económicas hasta que uno mira un poco más de cerca. La pelea que acaba de abrirse alrededor del mercado editorial argentino es una de ellas. El Gobierno de Javier Milei impulsa modificaciones que apuntan a desregular la comercialización de libros, mientras editores, libreros y autores advierten que el problema no es solamente cuánto costará un ejemplar dentro de algunos meses, sino qué libros estarán disponibles, quién podrá publicarlos y qué librerías sobrevivirán en un mercado dominado cada vez más por grandes cadenas y plataformas digitales.
La discusión tiene un punto particularmente sensible: la posible eliminación de la llamada ley de precio uniforme del libro, vigente desde hace 25 años. El principio es relativamente sencillo: un mismo título debe venderse al mismo precio de referencia independientemente de que sea ofrecido por una gran cadena, una librería independiente o una tienda situada en una ciudad pequeña. La intención histórica fue evitar que los actores con mayor capacidad financiera pudieran utilizar descuentos agresivos para concentrar el mercado y desplazar a los competidores más pequeños.
Lo que desde el Gobierno puede presentarse como una simple eliminación de una regulación que encarece los productos, desde el sector editorial es observado de otra manera. Un libro no funciona exactamente como una lata de gaseosa, un par de zapatillas o un teléfono celular. Su valor económico convive con una dimensión cultural: detrás de cada título existe un autor, una editorial, un traductor, un corrector, un diseñador, una imprenta, una distribuidora y, finalmente, una librería que decide qué colocar en sus estantes.
El problema no es solamente cuánto cuesta un libro
La Argentina tiene una tradición editorial extraordinariamente rica. Buenos Aires fue durante buena parte del siglo XX una de las grandes capitales editoriales de habla hispana y sus empresas publicaron a autores argentinos, latinoamericanos y europeos que encontraron en el mercado local una plataforma para llegar a millones de lectores.
Esa estructura, sin embargo, nunca estuvo compuesta exclusivamente por grandes compañías. Una enorme cantidad de pequeñas editoriales construyó catálogos especializados, recuperó autores olvidados, publicó poesía, ensayo, literatura infantil, traducciones y obras que difícilmente tendrían espacio en un mercado guiado exclusivamente por el volumen de ventas.
Ahí aparece una de las principales preocupaciones del sector frente a la desregulación. Si una gran cadena o una plataforma puede ofrecer determinados títulos con descuentos mucho mayores que una librería independiente, dispone de una capacidad para absorber temporalmente menores márgenes que un comercio pequeño difícilmente puede igualar.
El resultado podría parecer beneficioso en el corto plazo para el consumidor: un libro más barato.
Pero existe una segunda pregunta: ¿qué ocurre después?
Si las pequeñas librerías pierden ventas y cierran, desaparece también una red de establecimientos que cumple una función cultural que una plataforma digital no necesariamente reemplaza. El librero recomienda, conoce a sus clientes, organiza presentaciones, arma vidrieras temáticas y muchas veces funciona como mediador entre un lector y un libro que jamás habría buscado mediante un algoritmo.
La preocupación no es hipotética. Según el sector citado por El País, la Argentina llegó a multiplicar por tres la cantidad de librerías durante el período en que rigió el esquema actual, pasando de unas 500 a alrededor de 1.500. Al mismo tiempo, las ventas atraviesan actualmente una etapa de dificultades.
Cuando la cultura queda sometida solamente a la lógica del mercado
El debate toca una cuestión mucho más profunda y que excede al Gobierno actual: ¿un libro debe ser tratado exactamente igual que cualquier otra mercancía?
La respuesta depende de qué sociedad se quiera construir.
Desde una perspectiva estrictamente económica, eliminar regulaciones puede aumentar la competencia y permitir que determinados productos tengan descuentos mayores. Pero cuando se trata de bienes culturales aparecen externalidades que no siempre quedan reflejadas en el precio. Una sociedad no lee solamente aquello que vende más. También necesita literatura experimental, investigación académica, poesía, pensamiento político, historia, traducciones y obras destinadas a públicos pequeños.
Ese ecosistema es frágil.
Una librería ubicada en un barrio puede vender menos ejemplares que una plataforma nacional, pero puede ser el único lugar donde una persona encuentre determinada literatura. Una editorial independiente puede publicar a un escritor que todavía no tiene mercado. Una biblioteca puede utilizar una pequeña editorial para construir una colección especializada.
El mercado no necesariamente elimina esas expresiones porque sean malas. Puede hacerlo simplemente porque no son suficientemente rentables.
Y ahí aparece una diferencia fundamental entre la concepción del libro como mercancía y la concepción del libro como bien cultural.
No significa que las editoriales deban trabajar sin criterios comerciales ni que todos los precios tengan que ser regulados indefinidamente. Significa reconocer que la industria cultural tiene características particulares y que las decisiones económicas pueden producir consecuencias culturales difíciles de revertir.
Una discusión que recién comienza
El proyecto oficial también contempla la disolución del Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura, otro de los puntos que generaron rechazo dentro del sector. Para editores y escritores, la combinación de menor regulación comercial y reducción de instrumentos de promoción podría producir una concentración todavía mayor.
La discusión llega, además, en un momento delicado. Las librerías argentinas enfrentan una caída de ventas, mientras el poder adquisitivo de los lectores se encuentra condicionado por la situación económica general. En ese escenario, cualquier modificación que altere la estructura de precios puede tener efectos importantes.
La paradoja es evidente: un mercado editorial más desregulado podría eventualmente ofrecer algunos libros más baratos, pero también podría reducir la cantidad de actores capaces de sostener una oferta diversa.
No hay una respuesta sencilla. Y precisamente por eso la discusión merece algo más que consignas a favor o en contra de la libertad de mercado.
La Argentina necesita lectores. Necesita autores. Necesita editoriales. Necesita imprentas. Necesita librerías independientes y también grandes cadenas. Necesita que los libros sean accesibles, pero también que exista una producción cultural capaz de escapar de la lógica de aquello que garantiza ventas inmediatas.
Porque una sociedad que solamente publica lo que sabe que va a vender puede terminar teniendo un mercado eficiente y una cultura mucho más pobre.
El libro es una mercancía, por supuesto. Tiene costos, trabajadores, distribución y un precio. Pero también es memoria, conocimiento, imaginación y discusión pública. Y esa dimensión es precisamente la que convierte esta pelea aparentemente técnica por una regulación comercial en una discusión mucho más importante: qué lugar quiere darle la Argentina a la cultura cuando el mercado deja de ser solamente una herramienta y comienza a convertirse en el principal criterio para decidir qué merece existir.
La Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina invita a los vecinos y visitantes a disfrutar de las propuestas para esta semana: – Jueves 14: “Coloreando Mi Ciudad” de 17,30 a 19,30 horas, una nueva edición para que niños y niñas disfruten de un recorrido por los atractivos naturales, culturales, históricos de la…
Difunde esta nota
Deja una respuesta
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.