LOS HERMANOS SORIA SE POSICIONAN

LOS HERMANOS SORIA SE POSICIONAN

LOS HERMANOS SORIA SE POSICIONAN

A tres días de arrasar en  las urnas, María Emilia Soria aprovechó una gran oportunidad para posicionar su nombre a nivel nacional, fue la única diputada del FpV que votó a favor del desafuero de De Vido. La Legisladora rionegrina pidió la palabra en el recinto pese a que su jefe de bloque Héctor Recalde ordenó que nadie bajara a debatir. A raíz de esto se encuentra en los grandes portales informativos del país. Por supuesto, La Tapa, no va a ser menos.

Así fue como expresó su posición con respecto al pedido de desafueros del ex Ministro Kirchnerista: “No quería dejar de enunciar la maniobra que tiene por finalidad extraer a la opinión pública del tremendo ajuste que se viene, sin embargo debo reconocer que el pedido de tratamiento se ajusta a las previsiones de ley de fueros a diferencia de la anterior por lo que voy a votar afirmativo al desafuero de De Vido”.

Luego  agradeció a sus compañeros de bancada que entendieron porque ella debía estar hoy en su banca. Y concluyó, “Yo nací en una casa Peronista y aprendí dos cosas. A no renunciar a mis principios y a dar siempre la cara”.

¿Cómo reacciona el PJ, un partido político de “cuartel”, ante una insubordinación semejante?  El movimiento político táctico estratégico del “Clan” Soria a ¿quién los acerca y de quien los aleja?  ¿Gana más enemigos que aliados?  Resulta oportuno rememorar la frase de Vitto Corleone en el  clásico cinematográfico El Padrino, “Mantén cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos”.

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    Cuando el sábado a la noche se bailaba en el club del barrio

     

    Los bailes de los clubes de barrio fueron una tradición argentina que reunió música, familias, jóvenes y comunidad durante décadas. Una mirada a aquella vida social.

    Por Alcides Blanco para NLI

    Hubo un tiempo en que para salir un sábado a la noche no hacía falta conocer la cartelera de una discoteca, reservar una mesa ni cruzar media ciudad buscando el lugar de moda. En buena parte de la Argentina, alcanzaba con caminar unas pocas cuadras hasta el club del barrio, donde podía haber baile, orquesta, buffet, pista, rifas, juegos, partidos, reuniones y, sobre todo, gente conocida. Durante décadas, esas instituciones fueron mucho más que espacios deportivos: funcionaron como verdaderos centros comunitarios en los que distintas generaciones compartían buena parte de su tiempo libre. En los años 60 y 70, los grandes bailes de carnaval y las fiestas organizadas por clubes llegaron a convocar multitudes, con artistas populares, orquestas y precios accesibles.

    El sábado empezaba mucho antes del baile

    La preparación para el baile también formaba parte del ritual. Había que decidir qué ponerse, arreglarse un poco más de lo habitual y, en el caso de los adolescentes, negociar con los padres la hora de regreso. Para muchos jóvenes, el club era además uno de los pocos lugares donde podían encontrarse con amigos y compañeros fuera de la escuela, el trabajo o la familia. La pista se convertía así en un territorio de sociabilidad donde se cruzaban generaciones y grupos que durante la semana tenían rutinas completamente diferentes. En algunos barrios, además, el baile estaba directamente vinculado con la identidad de la institución: el club organizaba la fiesta, vendía las entradas, contrataba a los músicos y convertía sus instalaciones deportivas en un salón de celebraciones.

    La escena podía ser muy sencilla: mesas alrededor de la pista, familias conversando, parejas jóvenes esperando que empezara la música y chicos que entraban y salían del salón. En otros casos, especialmente cuando llegaban artistas reconocidos, el acontecimiento adquiría una dimensión mucho mayor. Boca Juniors, Vélez Sarsfield, San Lorenzo y otros clubes fueron escenario de grandes bailes populares, en los que podían presentarse figuras de enorme convocatoria. En los años 60 tuvieron presencia artistas como Los Cinco Latinos y Los Gatos, mientras que durante los 70 los bailes de clubes porteños llegaron a reunir a figuras como Sandro, Palito Ortega, Leonardo Favio y Joan Manuel Serrat.

    La música también contaba la transformación de una sociedad que estaba cambiando rápidamente. El tango seguía presente, pero convivía con la música tropical, el folklore, el pop y el naciente rock nacional. En una misma década podían coexistir una orquesta de tango, una banda de música tropical y un conjunto juvenil que tocaba canciones eléctricas. Esa mezcla no era solamente musical: expresaba el encuentro entre generaciones y la incorporación de nuevas formas de vestirse, bailar y relacionarse. El baile era uno de los lugares donde los cambios culturales podían verse en vivo, sin necesidad de que nadie los explicara.

    El club como segunda casa

    El fenómeno no apareció de la nada. Los clubes de barrio se habían consolidado durante las décadas anteriores como organizaciones sociales profundamente arraigadas en los barrios populares y de clase media, vinculadas al deporte, la educación física, las actividades culturales y la vida comunitaria. Investigaciones sobre la historia de estas instituciones destacan precisamente su papel en la formación de la cultura popular argentina durante las décadas de 1930 y 1940.

    Por eso el club podía ser, para una familia, una especie de segunda casa. Allí se jugaba al fútbol, al básquet o al baby fútbol, se practicaba gimnasia, se organizaban campeonatos de cartas, se festejaban cumpleaños y se realizaban reuniones sociales. También estaban el buffet, el salón, las comisiones de vecinos y las actividades de las distintas categorías deportivas. En algunos lugares había biblioteca, teatro o cine. La institución pertenecía al barrio porque el barrio participaba activamente de su funcionamiento, una diferencia importante respecto de buena parte de los espacios de entretenimiento posteriores, cada vez más organizados alrededor del consumo.

    Los bailes tenían además una dimensión económica. Para muchos clubes, las fiestas constituían una fuente de ingresos que permitía financiar actividades deportivas y mantener las instalaciones. No era extraño que una noche de gran convocatoria sirviera para recaudar fondos destinados a comprar equipamiento, reparar el techo del gimnasio o sostener alguna disciplina infantil. El espectáculo y la vida comunitaria se mezclaban entonces de una manera que hoy puede resultar extraña: la diversión del sábado podía contribuir a pagar el funcionamiento cotidiano de una institución del barrio.

    Hacia fines de los 70 y durante las décadas siguientes, ese mundo comenzó a transformarse. Las nuevas formas de entretenimiento, la expansión de las discotecas, los cambios en las pautas de consumo y las modificaciones en la vida urbana fueron quitándole centralidad a los grandes bailes de club. Una mirada retrospectiva sobre aquella época señala justamente que hasta los años 70 los clubes podían concentrar una vida social intensa que luego comenzó a fragmentarse.

    La desaparición de aquellos bailes no significó solamente el reemplazo de un tipo de música por otro. También representó la pérdida progresiva de un espacio de encuentro territorial, donde era posible conocer a personas de distintas edades sin que existiera necesariamente una finalidad comercial detrás. El club seguía siendo club, pero algunas de las funciones sociales que había concentrado comenzaron a repartirse entre gimnasios, centros comerciales, discotecas, restaurantes, televisión y, mucho después, las nuevas formas de comunicación digital.

    Quizás por eso, cuando alguien recuerda aquellos sábados de baile, no está evocando únicamente una canción o una pista. Está recordando una forma de vivir el barrio. La entrada podía costar poco, la orquesta podía tocar durante horas y alguien podía terminar la noche sentado en una mesa conversando con personas que conocía desde hacía años. En tiempos en que buena parte del entretenimiento se consume de manera individual y a través de una pantalla, aquellos salones representan una experiencia diferente: la de una comunidad que se reunía físicamente para divertirse, encontrarse y, de paso, sostener la institución que consideraba propia.

    Los clubes de barrio todavía existen y muchos continúan cumpliendo funciones sociales fundamentales. Lo que cambió fue el lugar que ocupan dentro de la vida cotidiana. Aquellas pistas de baile llenas durante los sábados y carnavales forman parte de una Argentina que ya no existe de la misma manera, pero que dejó una huella profunda en la memoria de varias generaciones. Y quizá la mejor forma de entender aquellos bailes no sea preguntarse solamente qué música sonaba, sino qué clase de sociedad necesitaba reunirse en un club para bailar hasta la madrugada.

     

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    CIFRAS OFICIALES: Aumentan las muertes de personas mayores con Milei

     

    El dato surge de las estadísticas oficiales de mortalidad y muestra un salto de 21.276 fallecimientos entre 2023 y 2024 entre las personas de 65 años y más. El fenómeno adquiere mayor relevancia cuando se compara la mortalidad observada con un nivel esperado construido sobre años no pandémicos: para 2024, el cálculo arroja unas 33.500 muertes por encima de ese valor de referencia. Las cifras no permiten atribuir cada fallecimiento a una política determinada, pero sí muestran un deterioro sanitario que merece ser investigado.

    Por Roque Pérez para NLI

    La discusión sobre las condiciones de vida de los jubilados argentinos acaba de adquirir una dimensión que ya no puede reducirse a la evolución del haber mínimo, al precio de los medicamentos o a las protestas frente a las oficinas del PAMI. Las estadísticas oficiales de mortalidad muestran que en 2024 murieron 284.798 personas de 65 años y más, frente a 263.522 en 2023: son 21.276 fallecimientos adicionales en apenas un año. El dato surge de los Anuarios de Estadísticas Vitales de la Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS), organismo dependiente del Ministerio de Salud de la Nación encargado de producir, analizar y difundir las estadísticas sanitarias oficiales del país.

    La magnitud del salto merece ser observada con cuidado. El aumento equivale a aproximadamente 8,1% en un solo año en el número absoluto de defunciones de personas de 65 años y más. Entre los mayores de 80 años, según la comparación de las estadísticas oficiales, el incremento fue todavía más pronunciado y alcanzó aproximadamente 9,46%. No se trata, por lo tanto, de una diferencia estadística marginal ni de una fluctuación de unas pocas centenas de casos: son decenas de miles de fallecimientos adicionales dentro de la población de mayor edad.

    Qué significa realmente hablar de exceso de mortalidad

    Para interpretar correctamente estos números hay que introducir un concepto fundamental de epidemiología: el exceso de mortalidad. No consiste simplemente en comparar un año contra el anterior, porque la cantidad de personas que mueren naturalmente puede variar por envejecimiento poblacional, estructura etaria, tamaño de la población y otros factores. La pregunta estadísticamente más interesante es otra: ¿cuántas muertes podían esperarse razonablemente en 2024 y cuántas ocurrieron efectivamente?

    Tomando como referencia los valores que venimos analizando para 2017, 2018, 2019 y 2023, es decir, años que permiten evitar el comportamiento extraordinario producido por la pandemia de COVID-19, el promedio de defunciones de personas de 65 años y más se ubica en torno de 251.255 muertes anuales. Frente a las 284.798 efectivamente registradas en 2024, la diferencia alcanza aproximadamente 33.543 fallecimientos.

    Ese cálculo debe ser presentado con precisión: 33.543 significa que la cantidad observada en 2024 estuvo aproximadamente 33.500 por encima del nivel obtenido mediante esa referencia estadística. Un salto de semejante magnitud entre la mortalidad esperada y la observada constituye una señal sanitaria que requiere explicación. Y la explicación no puede construirse solamente mirando las estadísticas de mortalidad: hay que cruzarlas con el acceso a medicamentos, consultas, tratamientos, vacunación, alimentación, ingresos previsionales, internaciones y utilización efectiva del sistema sanitario.

    El dato aparece en el primer año completo de Milei

    La dimensión política de la cifra surge de una circunstancia temporal imposible de ignorar: 2024 fue el primer año calendario completo de la presidencia de Javier Milei. El nuevo gobierno asumió el 10 de diciembre de 2023 y durante 2024 implementó una política económica caracterizada por una fuerte reducción del gasto público, contracción de distintas partidas sociales y modificaciones en los mecanismos de acceso a medicamentos para los afiliados del PAMI.

    La coincidencia temporal, por sí sola, no prueba que las políticas implementadas por el Gobierno hayan provocado las muertes. Pero sí establece un período concreto para investigar. La pregunta relevante deja de ser simplemente cuántos jubilados murieron y pasa a ser qué ocurrió con las causas de esas muertes y con las condiciones sanitarias y económicas de esa población durante el mismo período.

    La ausencia de datos oficiales de mortalidad correspondientes a 2025 constituye hoy una limitación importante. La DEIS ya tiene publicado el anuario de Estadísticas Vitales 2024, pero la serie oficial de 2025 todavía no está disponible.

    Medicamentos, ingresos y salud: la explicación que todavía debe investigarse

    La cuestión de los medicamentos ocupa un lugar central en el debate porque para una parte importante de la población mayor el tratamiento farmacológico no constituye un gasto prescindible sino una condición para mantener bajo control enfermedades crónicas. Hipertensión, diabetes, enfermedades cardiovasculares, patologías respiratorias y múltiples afecciones propias de edades avanzadas requieren tratamientos sostenidos y, en muchos casos, combinaciones de medicamentos.

    Por eso, una interrupción, reducción o postergación de tratamientos puede tener consecuencias sanitarias. La propia estadística sanitaria permite avanzar en esa dirección. Hay además un elemento demográfico que obliga a ser todavía más rigurosos: una población envejecida naturalmente registra más fallecimientos, aun cuando las condiciones sanitarias no empeoren. Por eso, comparar solamente 2023 contra 2024 puede sobreestimar o subestimar la dimensión real del fenómeno. El análisis de exceso de mortalidad intenta justamente corregir parcialmente esa dificultad mediante una referencia histórica.

    Lo que muestran los números disponibles es, en consecuencia, más serio que una simple consigna política. Argentina registró en 2024 un aumento excepcional de las muertes entre las personas de 65 años y más respecto de 2023, después de la salida de los años extraordinarios de la pandemia. Y cuando se utiliza una referencia estadística no pandémica, la mortalidad observada queda muy por encima del promedio utilizado como línea de comparación.

    Eso no permite mirar hacia otro lado frente a 33.543 muertes por encima de ese nivel de referencia y atribuirlas simplemente al azar demográfico. La discusión política, en definitiva, debería empezar por reconocer ese dato. La vida de las personas mayores no puede medirse solamente por cuánto aumenta nominalmente una jubilación o por cuánto dice el Gobierno que gasta en una obra social. También debe medirse por su capacidad efectiva de acceder a medicamentos, controles, tratamientos, alimentación y atención médica. Si en el primer año completo del gobierno de Milei la mortalidad de los mayores de 65 años saltó en más de 21.000 casos respecto del año anterior y alcanzó un nivel aproximadamente 33.500 fallecimientos superior a la referencia estadística utilizada en este análisis, el fenómeno exige una investigación sanitaria profunda.

    Y esa investigación tiene que continuar: cuánto de este exceso responde a la estructura demográfica, cuánto a las secuelas de la pandemia y cuánto podría estar asociado con el deterioro de las condiciones sociales y sanitarias de los adultos mayores durante la nueva etapa económica.

    Por ahora, el dato oficial ya plantea una pregunta incómoda para el Gobierno: en 2024 murieron 21.276 personas de 65 años y más que el año anterior. Y una democracia que pretende proteger a sus mayores debería considerar ese número no como una molestia estadística, sino como una señal que merece ser explicada con la máxima rigurosidad.

    Fuentes principales: Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS), Ministerio de Salud de la Nación, Estadísticas Vitales – Año 2023 y Estadísticas Vitales – Año 2024; registros oficiales de mortalidad y análisis estadístico de exceso de mortalidad. La DEIS es el organismo nacional responsable de producir y analizar las estadísticas vinculadas con las condiciones de vida y los problemas de salud.

     

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    o³ – Oposición de la Oposición al Oficialismo

    El poder aglutina. Es una máxima que sin dudas rige la realidad y la política. El poder define un lugar, todos y todas buscando un espacio. Estar cerca de lo que les permitiría el acceso a aquello que quieren (un empleo, dinero, privilegio, visibilidad). En general esto sucede con los oficialismos, se rodean de gente…

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    EL DIRECTOR NACIONAL DEL INTA CENSURÓ ESTUDIO SOBRE RESIDUOS DE AGROTÓXICOS

    Masiva adhesión popular de asambleas ciudadanas, organizaciones socioambientales, cientificos/as, investigadores/as de la Argentina al rechazo de la censura del Director Nacional del INTA, Carlos Alberto Parera contra la investigadora de la institución Dra. Virginia Aparicio ordenando la suspensión de la reunión informativa sobre el mayor estudio sobre residuos de agrotóxicos realizado sobre pueblos fumigados de…