LOS HERMANOS SORIA SE POSICIONAN

A tres días de arrasar en  las urnas, María Emilia Soria aprovechó una gran oportunidad para posicionar su nombre a nivel nacional, fue la única diputada del FpV que votó a favor del desafuero de De Vido. La Legisladora rionegrina pidió la palabra en el recinto pese a que su jefe de bloque Héctor Recalde ordenó que nadie bajara a debatir. A raíz de esto se encuentra en los grandes portales informativos del país. Por supuesto, La Tapa, no va a ser menos.

Así fue como expresó su posición con respecto al pedido de desafueros del ex Ministro Kirchnerista: “No quería dejar de enunciar la maniobra que tiene por finalidad extraer a la opinión pública del tremendo ajuste que se viene, sin embargo debo reconocer que el pedido de tratamiento se ajusta a las previsiones de ley de fueros a diferencia de la anterior por lo que voy a votar afirmativo al desafuero de De Vido”.

Luego  agradeció a sus compañeros de bancada que entendieron porque ella debía estar hoy en su banca. Y concluyó, “Yo nací en una casa Peronista y aprendí dos cosas. A no renunciar a mis principios y a dar siempre la cara”.

¿Cómo reacciona el PJ, un partido político de “cuartel”, ante una insubordinación semejante?  El movimiento político táctico estratégico del “Clan” Soria a ¿quién los acerca y de quien los aleja?  ¿Gana más enemigos que aliados?  Resulta oportuno rememorar la frase de Vitto Corleone en el  clásico cinematográfico El Padrino, “Mantén cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos”.

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    Primero los dólares del FMI, después la soberanía: Georgieva llega al país para poner la lupa sobre Vaca Muerta

     

    La directora gerente del Fondo Monetario Internacional visitará la Argentina por invitación de Javier Milei y uno de los puntos centrales de su agenda será un recorrido por Vaca Muerta. La presencia de la máxima autoridad del organismo en el principal yacimiento energético del país alimenta el debate sobre el papel que jugarán los recursos naturales argentinos en la estrategia para garantizar el pago de la deuda externa.

    Por Celina Fraticiangi para NLI

    La llegada de Kristalina Georgieva a la Argentina no será una visita protocolar más. La titular del Fondo Monetario Internacional desembarcará en Buenos Aires en un momento de fuerte alineamiento político entre el organismo y el gobierno de Milei, con una agenda que excede ampliamente las reuniones institucionales: además del encuentro con el Presidente y con el ministro de Economía, Luis Caputo, viajará a Vaca Muerta, donde recorrerá el complejo de Loma Campana junto al presidente de YPF, Horacio Marín.

    La imagen no es menor. Por primera vez, la principal funcionaria del FMI visitará el mayor reservorio de hidrocarburos no convencionales del país, un activo estratégico cuya producción aparece cada vez más asociada a la capacidad argentina de generar los dólares necesarios para sostener el programa económico acordado con el organismo internacional.

    Vaca Muerta, el activo que seduce al FMI

    Desde hace meses, el Gobierno presenta a Vaca Muerta como el motor que permitirá transformar la estructura económica argentina mediante un fuerte incremento de las exportaciones energéticas. Las proyecciones privadas estiman que durante 2026 el superávit energético podría ubicarse entre 8.500 y 10.000 millones de dólares, impulsado por el crecimiento de la producción petrolera y por nuevas obras de infraestructura para exportar crudo y gas.

    Para el FMI, esos dólares tienen un valor que trasciende el desarrollo energético. Representan la posibilidad de fortalecer las reservas internacionales, mejorar la capacidad de pago de la deuda y sostener el esquema financiero que respalda al programa libertario.

    Por eso la presencia de Georgieva en Neuquén es interpretada también como una señal hacia los mercados internacionales: el organismo observa de cerca el recurso que el Gobierno considera la principal fuente futura de divisas del país.

    Un respaldo político a Milei

    La visita también constituye un gesto político de peso. Pocas veces un director gerente del FMI realizó una gira de estas características por la Argentina, y menos aún incluyendo un recorrido por un yacimiento petrolero.

    El Gobierno interpreta la presencia de Georgieva como una ratificación del respaldo internacional al rumbo económico libertario, luego de las sucesivas revisiones del acuerdo firmado con el organismo. Luis Caputo llegó incluso a definir la relación con el Fondo como «la mejor de la historia», reflejando el nivel de sintonía alcanzado entre ambas partes.

    Sin embargo, desde distintos sectores de la oposición advierten que el entusiasmo del Fondo por Vaca Muerta confirma que el interés principal continúa siendo garantizar la generación de dólares para el repago de la deuda antes que impulsar un modelo de desarrollo orientado al mercado interno o a la industrialización de esos recursos.

    El debate sobre la soberanía energética vuelve al centro

    La recorrida de Georgieva reabre además una discusión histórica en la Argentina: quién define el destino estratégico de los recursos naturales.

    Vaca Muerta es considerada una de las mayores reservas de petróleo y gas no convencional del planeta y constituye uno de los activos energéticos más importantes del país. En ese contexto, la imagen de la titular del FMI recorriendo los yacimientos alimenta las críticas de quienes sostienen que la política energética comienza a quedar cada vez más condicionada por las necesidades financieras del programa económico acordado con el organismo internacional.

    Mientras el Gobierno celebra la visita como una muestra de confianza de los mercados y de los organismos multilaterales, el recorrido de Georgieva por Vaca Muerta instala otra pregunta de fondo: si el principal recurso estratégico argentino será utilizado prioritariamente para impulsar un proyecto nacional de desarrollo o para garantizar el flujo de divisas que exige el FMI para asegurar el cumplimiento de la deuda externa.

     

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    El peronismo vuelve a sentarse en la misma mesa: Kicillof, Massa y Máximo cerraron filas para defender las PASO

     

    Kicillof, Massa y Máximo Kirchner se reunieron junto a gobernadores y legisladores peronistas para defender las PASO y comenzar a reconstruir la unidad opositora.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    El peronismo dio este miércoles una señal política que, hasta hace apenas unas semanas, parecía difícil de imaginar: Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner volvieron a compartir una mesa, acompañados por gobernadores, senadores y diputados de distintos sectores del justicialismo. El encuentro, realizado en un hotel de Retiro y extendido durante más de tres horas, tuvo un objetivo concreto: construir una posición común frente al intento del Gobierno de Javier Milei de eliminar o suspender las PASO. Pero detrás de esa discusión electoral aparece una cuestión mucho más profunda: la posibilidad de que el peronismo empiece a reconstruir una unidad capaz de disputar el poder en 2027.

    La escena tiene un peso político que excede largamente la defensa de un mecanismo electoral. Durante más de un año, las diferencias entre el kicillofismo, La Cámpora, el massismo y distintos sectores del PJ se profundizaron hasta convertir la interna en una disputa que amenazó con quebrar definitivamente al principal espacio opositor. Kicillof y Máximo Kirchner habían quedado enfrentados luego del cierre de listas de las elecciones legislativas, mientras Sergio Massa reconstruía su propio espacio y varios gobernadores reclamaban una conducción que pudiera trascender las peleas internas. Ahora, esos mismos sectores volvieron a encontrarse ante un adversario común.

    Una foto que hace unos meses parecía imposible

    La importancia de la reunión no reside solamente en quiénes estuvieron, sino también en quiénes lograron sentarse juntos después de meses de enfrentamientos. Además de Kicillof, Massa y Máximo participaron Gildo Insfrán, Ricardo Quintela, Sergio Ziliotto, Gerardo Zamora y Gustavo Melella, junto con los jefes de bloque del peronismo en el Congreso, José Mayans y Germán Martínez. La convocatoria buscó reunir a prácticamente todas las terminales del peronismo que mantienen una posición de oposición frente al Gobierno nacional.

    No se habló de candidaturas. Y esa ausencia probablemente sea uno de los datos políticos más importantes del encuentro. En una fuerza atravesada por dirigentes con aspiraciones presidenciales, comenzar una discusión sobre nombres habría significado volver inmediatamente al terreno de la disputa interna. En cambio, la decisión fue concentrarse en una cuestión institucional y electoral: impedir que la reforma impulsada por el Gobierno termine eliminando una herramienta que podría permitirle al peronismo ordenar democráticamente sus diferencias.

    Las PASO, en este contexto, son mucho más que una elección previa. Para una fuerza que hoy contiene distintas corrientes, desde el kirchnerismo hasta el massismo y el kicillofismo, pasando por los gobernadores y sectores sindicales, una primaria puede funcionar como mecanismo de resolución de las diferencias sin necesidad de una ruptura. Eliminarla, en cambio, obligaría a construir acuerdos de candidaturas antes de que esas diferencias hayan encontrado un mecanismo legítimo para resolverse.

    Por eso el argumento utilizado por los dirigentes reunidos en Retiro fue directo. Según trascendió, uno de los participantes planteó que quienes acompañen la eliminación o suspensión de las PASO deberán hacerse responsables de “ayudar a Milei a tener 4 años más”. La frase expresa una definición estratégica: para una parte importante de la oposición, la discusión sobre las primarias no puede separarse de la disputa por la sucesión presidencial.

    El Gobierno quiso ordenar la oposición y consiguió el efecto contrario

    La paradoja política es evidente. El Gobierno busca modificar las reglas electorales antes de la próxima gran disputa nacional, mientras el peronismo interpreta esa iniciativa como una amenaza a su capacidad de competir unido. La reforma electoral, entonces, empieza a funcionar como un factor externo de cohesión para una fuerza que hasta hace poco parecía incapaz de encontrar un punto de encuentro.

    Incluso el PRO mantiene una posición que complica todavía más el escenario oficialista. Aunque todavía no definió su postura definitiva, dentro del partido consideran valiosas las PASO y algunos dirigentes comenzaron a explorar la posibilidad de mantenerlas pero convertirlas en voluntarias. Es decir, el Gobierno no tiene garantizado que su propuesta de eliminación encuentre un consenso amplio ni siquiera entre sus aliados o potenciales aliados.

    La cuestión adquiere otra dimensión si se observa lo ocurrido recientemente en el Congreso. La derrota oficialista en el Senado alrededor de distintos capítulos de la legislación sobre tierras y manejo del fuego mostró que, cuando existen coordinación política y voluntad de negociación, la oposición puede reunir votos suficientes para bloquear iniciativas centrales del Ejecutivo. Según elDiarioAR, esa experiencia de trabajo conjunto fue uno de los factores que ayudó a generar las condiciones para el reencuentro entre sectores peronistas que venían enfrentados.

    La unidad, por supuesto, todavía está lejos de estar consolidada. Una cena no borra un año de conflictos políticos, ni resuelve las diferencias entre Kicillof y el kirchnerismo, ni determina quién conducirá el espacio en los próximos años. Tampoco significa que las aspiraciones presidenciales de Massa, Kicillof u otros dirigentes hayan desaparecido. Lo que cambió es algo más elemental: por primera vez en mucho tiempo, distintos sectores aceptaron que necesitan volver a hablar entre ellos.

    Y eso, en la política argentina, no es un dato menor.

    La unidad como condición para 2027

    El desafío que enfrenta el peronismo es considerable. No alcanza con resistir una reforma electoral ni con coincidir circunstancialmente en el Congreso. Para convertirse nuevamente en alternativa de gobierno deberá transformar una unidad defensiva en una propuesta política capaz de hablarle a una sociedad que atravesó un profundo cambio desde 2023.

    Pero ningún proyecto opositor puede construirse si sus principales dirigentes se mantienen permanentemente enfrentados. La reunión de Retiro parece haber producido, al menos por unas horas, una tregua entre quienes representan tradiciones y electorados diferentes dentro del mismo universo político. El dato significativo es que Kicillof, Massa y Máximo Kirchner comprendieron que pueden seguir disputando liderazgo, pero que primero necesitan preservar el espacio donde esa disputa pueda resolverse.

    El Gobierno de Milei, mientras tanto, pretende avanzar sobre las reglas electorales con la mirada puesta en su propia continuidad. El peronismo empieza a responder con otra lógica: conservar las herramientas que le permitan dirimir sus diferencias y evitar que la fragmentación termine convirtiéndose en una ventaja automática para el oficialismo.

    Todavía no hay una candidatura, ni una conducción común, ni un programa de gobierno. Hay algo más modesto, pero políticamente decisivo: una mesa que volvió a reunir a quienes durante meses parecían destinados a competir entre sí antes que contra Milei.

    Si esa mesa consigue mantenerse abierta, el encuentro de Retiro puede terminar siendo recordado no por las PASO, sino como el primer capítulo de una reconstrucción mucho más grande. Si vuelve a romperse, quedará apenas como una fotografía pasajera. La política argentina, una vez más, acaba de entrar en esa zona donde una tregua puede convertirse en alianza o terminar siendo apenas un paréntesis.

     

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