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LA SOÑADA, UN LUGAR PARA VISITAR EN FAMILIA

La Soñada es uno de los emprendimientos turísticos reginenses ligados al turismo rural, en el último tiempo varios emprendedores de la región decidieron apostar a revalorizar la chacra bajo otros conceptos. La fruticultura, vedette histórica de la región se ahoga frente al avance del fracking y al agobio de los grandes productores, los pequeños, sofocados, dan lugar mayormente a los emprendimientos inmobiliarios. El concepto de turismo rural engobla lo económico y la tradición, no será fruta pero sigue oliendo a chacra.

La Soñada se encuentra muy cerca del casco urbano, a pocos metros de la “Curva del chancho”. Si, este dato quizás solo sirva para los locales y para los foráneos que nos lean mejor linkear el google map, pero si pensamos en algún viajero perdido en la ciudad es una referencia que puede usar para preguntar a cualquier reginense y es sumamente probable que  sepa de qué ubicación le están hablando. También la llegada desde la Ruta Nacional 22 es sencilla.

El turismo rural es un tipo de actividad turística en el que la experiencia del visitante está relacionada con un amplio espectro de productos vinculados por lo general con las actividades de naturaleza. En La Soñada te encontrás con animales de granja, como vacas, ovejas, gallinas, pavos, variedades de patos y faisanes, un burro, una llama y ganzos, entre otros. A la gran mayoría de estos animales, vas a poder tocarlos y darles de comer en la mano. Prácticamente en la visita y en la guía de su dueño Hernán Nicosia, los animales divagan entre las piernas de los visitantes casi como ignorando su presencia.

La vieja chacra que ya había dejado de lado la fruticultura mutó a Granja y se convirtió en un atractivo turístico en nuestra ciudad, una ciudad cargada de espacios al aire libre para explotar el turismo rural y sus ramificaciones como en este caso, el agroturismo.

Dentro del turismo rural encontramos entre otras ramificaciones al Agroturismo. De carácter agrícola y ganadero de lo rural, ligado a lo local. El agroturismo es la modalidad de turismo rural más aceptada y generalizada, y la que cuenta con mayor tradición, suelen ser espacios atendidos y trabajados por los propios dueños, tal es el caso de La Soñada. La chacra donde está ubicada La Soñada fue de Augusto Collodet, abuelo materno de Hernán, luego de su madre Esther con quien lleva adelante el proyecto y ahora del propio Hernán que en conjunto, también, con su compañera Karen Roquelme; son los 3 encargados de que La Soñada sea lo que es hoy. Un espacio donde podés encontrar animales de granja para verlos de cerca, tocarlos y hasta darle de comer con la mano; pasar una tarde amena y terminar degustando una merienda con toda comida casera.

Para Hernán, la granja es: “un lugar donde encuentro todo lo que necesito, mi hogar, mi lugar para disfrutar, teniendo paz. Donde puedo desarrollar una actividad económica y relacionarme con amigos y mucha gente a la cual puedo transmitirle mi visión de los animales y la naturaleza. Un lugar donde intento transmitir todo esto a quienes nos visitan”.

En nuestra visita a La Soñada el primer mensaje que dejó Hernán una vez reunido el grupo antes de hacer el recorrido, consejo que sirve para los próximos visitantes es hacer el recorrido de manera conjunta y no dispersarse para poder escuchar  info de todos los animales, después hay más tiempo para recorrer la granja de manera autónoma. El otro consejo, y este lo doy yo, no llegues tarde, tu demora hace esperar a todos los demás. Hernán intenta aguardar a todos para comenzar pero a veces eso le complica la logística. Se respetuoso con los animales y tratalos con respeto.

También La Soñada cuenta con una huerta en la que, dependiendo de la estación del año, te vas a encontrar con distintas frutas y verduras, como berenjenas, zapallos, frambuesas, frutillas, tomates, melones, ciruelas, manzanas, peras, etc. Durante el recorrido podés caminar la huerta y consumir distintas frutas extraídas directamente de las plantas.

Como mencionaba anteriormente, el proyecto lo llevan a cabo entre 3 personas; Hernán, Karen y Esther. Madre, hijo y nuera. Cada uno tiene un rol en las actividades pero a veces se mezclan”, explica Hernán. Karen cocina para las meriendas, y como cocina!! Panes y dulces caseros, tortas y muffins, entre otras cosas, todas deliciosas. Esther hace los laburos de jardinería, mantiene el parque impecable y Hernán por supuesto, se encarga de los animales. Algunos de los animales los tiene hace más de 20 años.

Su pasión por ellos se remonta a su infancia, desde los 7 años que sabe que lo que hace hoy, es lo que siempre quiso. ¿Será por eso que se llama La Soñada?, “Lo soñamos tanto que por esto le pusimos a la granja ese nombre, hace muchos años que la idea de compartir nuestro lugar con la gente estaba, pero había que buscarle una forma”, afirma Nicosia.

Tan grande era y es su compromiso con los animales que cuando terminó la primaria decidió no comenzar la secundaria e instalarse en la chacra, Cuando terminé mis estudios primarios decidí no comenzar el secundario, tenía claro que mi vida era en la chacra rodeado de animales, sueño que tenía desde los 7 años y que nunca abandoné mucho me insistieron, amigos y familiares para que continuara el colegio pero el no, era rotundo”.  

En el año 2015 decidió comenzar el secundario en la vecina localidad de Chichinales, y luego de 4 años lo terminó y siendo abanderado, tuve el placer de ser su profe en el cem142 y puedo afirmar que el compromiso, el respeto y la responsabilidad que tiene para con sus animales, lo tiene también en su vida cotidiana. Hernán es de esas personas a las que querés que le vaya bien!

Hernán Nicosia

Hernán cuenta que la idea era abrir La Soñada a fines de 2021, cuando estuvieran dadas las condiciones básicas y necesarias y recuerda “un día recibimos la llamada de gente de Turismo Villa Regina para conocer el lugar y nos dieron el empujón que necesitábamos (con publicidad) para confiar en lo nuestro, comenzamos a recibir visitas y vimos que la granja le gustó a la gente”, la chacra ya no contaba con la plantación de frutales hace rato ya que se había ido erradicando para la siembra de alfalfa.

Hacia el futuro se planea mejorar lo que se encuentra en este momento y poder sumar más actividades (que hay muchas dice Hernán) para que el visitante pueda disfrutar cada momento, como por ejemplo entretenimientos para grandes y chicos, lugares más cómodos y porque no un salón de eventos o alojamiento.

No es un dato menor que en La Soñada se intenta producir la mayor cantidad del alimento que consumen los animales,  como por ejemplo el pasto enfardado o fresco que consumen, “también recibimos de algunas panaderías el pan que ellos no utilizan o productos con los cuales podemos alimentar algunos animales como también de verdulerías que nos guardan verduras, le buscamos la vuelta”, explica Hernán y agrega: “Todo lo que logramos muuuuy lentamente, porque hay trabajo de más de 20 años en lo que es hoy La  Soñada, lo hicimos todo a pulmón. La ayuda que recibimos fue de amigos muy cercanos, de esos que están en las buenas y en las malas y siempre te ayudan en lo que emprendas. Si tenían que ayudar a armar algún corral o gallinero se ponían a soldar, pintar,  atar, lo que sea.  Siempre que vienen de visita, se arremangan y nos ayudan en lo que estemos haciendo, y eso sinceramente no tiene precio”.

Este es el recomendado para el fin de semana. Un paseo al aire libre super divertido  y sano para toda la familia, distinto, placentero, seguro y sin dañar al medioambiente. Comunicate al 2984-369164 y reservá tu lugar para la próxima visita.

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    Escándalo en Ushuaia: Milei le abre la puerta a un petrolero británico en un paso más a la entrega de nuestra soberanía en Malvinas

     

    Milei autorizó el amarre de un petrolero británico en Ushuaia, una decisión que genera polémica y cuestionamientos por su impacto sobre la soberanía y la causa Malvinas.

    Por Bruno A. Monteverde para NLI

    El Gobierno de Javier Milei acaba de quedar atrapado en una de esas contradicciones que ya no pueden explicarse como simples errores administrativos. Mientras la Argentina sostiene constitucionalmente que la recuperación del ejercicio pleno de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur constituye un objetivo permanente e irrenunciable, la administración nacional que interviene el puerto de Ushuaia autorizó allí el amarre y la operación de un buque petrolero de bandera británica, el VS Promise, en la capital de la provincia que incluye bajo su jurisdicción a los territorios australes usurpados por el Reino Unido.

    La decisión provocó el inmediato repudio del Gobierno de Tierra del Fuego, que calificó la situación como “inadmisible” y exigió explicaciones públicas sobre los criterios políticos, estratégicos y administrativos que permitieron la operación. El reclamo adquiere una dimensión todavía mayor porque el Puerto de Ushuaia se encuentra actualmente bajo intervención de la Agencia Nacional de Puertos y Navegación, es decir, bajo una administración que depende directamente del Estado nacional. La misma Nación que decidió desplazar a la Provincia del manejo de una infraestructura estratégica del extremo austral es, por lo tanto, la que ahora debe explicar por qué habilitó el ingreso de una embarcación vinculada a la bandera de la potencia que ocupa las islas cuya soberanía reclama la Argentina.

    Un puerto intervenido en nombre de la soberanía

    Hay una contradicción política difícil de disimular. La intervención nacional del puerto fue presentada como una medida destinada a garantizar el funcionamiento de una terminal considerada estratégica para los intereses argentinos, ubicada en un punto fundamental del Atlántico Sur y vinculada directamente con la proyección hacia la Antártida. Sin embargo, meses después, esa administración nacional autorizó que un petrolero británico amarrara en Ushuaia, precisamente en un escenario geopolítico donde la soberanía argentina sobre el Atlántico Sur no es una cuestión simbólica sino un conflicto territorial reconocido internacionalmente.

    La situación resulta todavía más llamativa porque la Provincia recordó la existencia de normas locales que restringen la permanencia, amarre, abastecimiento y operaciones logísticas de embarcaciones de bandera británica vinculadas con actividades relacionadas con los recursos naturales de Malvinas. Tierra del Fuego reclamó entonces que el Gobierno nacional explique bajo qué criterios se permitió la operación y cuestionó que una decisión de semejante sensibilidad estratégica haya sido tomada sin coordinación con las autoridades provinciales.

    El problema no es, entonces, solamente que un barco haya llegado a un puerto argentino. El problema es qué representa ese barco, dónde fue autorizado a operar y quién tomó la decisión. Ushuaia no es un puerto cualquiera: es la ciudad más austral del país, capital de la provincia que constitucionalmente comprende a las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, y constituye además una pieza fundamental de la presencia argentina en el Atlántico Sur y de su proyección antártica.

    Malvinas no es una consigna para los actos oficiales

    La Constitución Nacional no deja margen para interpretaciones caprichosas sobre la cuestión. La Disposición Transitoria Primera establece que la Nación Argentina ratifica su “legítima e imprescriptible soberanía” sobre Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y que la recuperación de esos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía constituyen un objetivo permanente e irrenunciable.

    Por eso resulta insuficiente que el Gobierno de Milei ratifique formalmente el reclamo argentino durante un acto del 2 de abril si, en la administración concreta del territorio, de los puertos, de los recursos naturales y de la infraestructura estratégica del Atlántico Sur, aparecen decisiones que parecen subordinar esa cuestión a una lógica puramente comercial. En abril de este mismo año, Milei volvió a reivindicar públicamente la soberanía argentina sobre las islas y habló de fortalecer las capacidades de defensa nacionales. Pero cuatro meses después, la noticia que llega desde Ushuaia es que un petrolero británico pudo operar en el puerto bajo administración nacional.

    La cuestión de fondo es precisamente esa distancia entre lo que se declara y lo que se hace. Defender Malvinas no consiste únicamente en pronunciar la palabra “soberanía” en un discurso presidencial, colocarla en un comunicado oficial o recordarla cada 2 de abril. Una política soberana implica también definir qué empresas, qué embarcaciones y qué intereses económicos participan en el desarrollo de los recursos estratégicos del Atlántico Sur, y hacerlo de acuerdo con una visión nacional de largo plazo.

    El propio Estado argentino ha reconocido históricamente el carácter estratégico de esa región por sus recursos pesqueros e hidrocarburíferos, su posición geográfica, las rutas comerciales y su condición de plataforma natural hacia la Antártida. En consecuencia, convertir al Atlántico Sur en un simple espacio de negocios donde prevalece la conveniencia inmediata sobre la dimensión geopolítica significa, como mínimo, vaciar de contenido práctico la defensa de la soberanía.

    El modelo Milei y una soberanía subordinada al negocio

    La polémica del VS Promise vuelve a instalar una pregunta que el Gobierno debería responder sin consignas ni evasivas: ¿qué significa soberanía para Javier Milei? Porque si soberanía significa solamente reivindicar formalmente las islas mientras se flexibilizan las condiciones para que intereses vinculados al Reino Unido participen de actividades económicas en el extremo austral argentino, entonces estamos ante una concepción profundamente limitada de la defensa nacional.

    Y allí aparece el problema político más profundo. La administración libertaria ha construido buena parte de su política exterior alrededor de una relación privilegiada con Estados Unidos y de una marcada cercanía ideológica con determinados sectores del mundo anglosajón. Esa orientación puede ser presentada como una elección diplomática, pero se vuelve problemática cuando comienza a chocar con intereses territoriales que la Argentina sostiene como política de Estado y no como patrimonio de un gobierno particular.

    La propia legislación argentina creó mecanismos institucionales destinados a sostener una política de Estado sobre Malvinas y a generar consensos políticos y sociales para avanzar en el ejercicio pleno de la soberanía. El reclamo argentino, además, no depende de una interpretación partidaria: está incorporado a la Constitución y forma parte de una posición histórica sostenida por gobiernos democráticos de distinto signo político.

    Por eso el episodio de Ushuaia merece algo más que una pelea circunstancial entre Nación y Provincia. Expone una concepción de país. De un lado está la idea de que el territorio, los puertos, los recursos naturales y el Atlántico Sur forman parte de una estrategia nacional que debe preservarse durante décadas. Del otro aparece una lógica en la que todo puede transformarse en una operación comercial mientras cumpla determinadas condiciones administrativas.

    Y Malvinas no puede ser reducida a una cuestión administrativa. Tampoco puede convertirse en una variable secundaria frente a los negocios. Mucho menos puede sostenerse una política exterior que reivindique la soberanía argentina en los discursos mientras, en la práctica, habilita situaciones que generan el interrogante inevitable sobre cuánto pesa realmente esa soberanía a la hora de tomar decisiones.

    El Gobierno de Tierra del Fuego pidió explicaciones y reclamó el fin de la intervención nacional sobre el puerto. También advirtió que la soberanía se ejerce “en todos los ámbitos posibles”, una definición que resume el núcleo de la controversia. Porque la soberanía no se defiende solamente frente a los organismos internacionales: se defiende en los puertos, en el mar, en los recursos naturales, en las decisiones económicas y en cada metro del territorio nacional.

    El amarre del petrolero británico en Ushuaia deja así una imagen política difícil de ignorar: mientras una parte del territorio argentino permanece bajo ocupación británica y la Constitución ordena sostener como objetivo irrenunciable la recuperación de la soberanía, en la ciudad que mira hacia ese territorio una administración dependiente de la Casa Rosada permite operar a una embarcación vinculada al Reino Unido. Puede haber una explicación administrativa para la autorización, pero todavía falta la explicación política. Y esa explicación es la que Milei le debe al país, porque Malvinas no es una bandera que se levanta en los discursos: es una causa nacional que se defiende también cuando están en juego los intereses económicos del presente.

     

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