La feria judicial invernal será del 12 al 23 de julio

El Poder Judicial dispuso el receso judicial y administrativo invernal de doce días, entre el 12 y el 23 de julio. La Resolución de presidencia establece también cuales son los organismos que deberán tener el personal necesario para cumplir las funciones de feria, con los temas urgentes, aquellos que por sus características no tienen suspensión de plazos o los que se requieran para garantizar el servicio de justicia.

En todos los fueros queda al menos un titular de organismo y un equipo para atender esas cuestiones, como ocurre en cada feria. La Resolución expresa que la Inspectoría de Justicia impartirá las instrucciones necesarias a fin de adoptar criterios similares en la Justicia de Paz.

También indica que los titulares de los restantes organismos deben elaborar y remitir las nóminas de Funcionarios/as y Empleados/as en turno según las dotaciones que estimen oportunas y necesarias mantener en virtud de las necesidades que el servicio requiera.

En pos de la optimización de la prestación de servicios, se estableció que “se debe elegir para tales tareas a las personas que registren la menor cantidad de días de Feria pendientes de goce, de acuerdo a los registros habidos en el Área de Gestión Humana”.

Además, como todos los años, estableció que el horario del servicio durante la feria será de 7.30 a 13.30 horas.

Difunde esta nota

Publicaciones Similares

  • |

    Y VA EL TERCERO… TORNEO NAVIDEÑO COPA TECNO SOLUCIONES

    Se juega el 3er y último 3×3 de básquet de este 2021, la Copa Tecno Soluciones se llevará a cabo el domingo 19 de diciembre en el Polideportivo Cumelén. Entramos en el mes de la navidad y no queríamos armar el arbolito sin la compañía de una pelota de básquet, es por eso que decidimos…

    Difunde esta nota
  • Todos sospechosos

     

    Durante años, la inteligencia estatal ocupó un lugar marginal en el debate público argentino: un subsistema opaco, poco discutido y, salvo en momentos de escándalo, resguardado de la política visible. Ese régimen de invisibilidad no fue solo una consecuencia de su función, sino también una condición de su estabilidad institucional.El DNU 941/25, que el presidente firmó el último día del año,  fue presentado como una reorganización necesaria del sistema de inteligencia. Pero leído con atención dice algo muy incómodo: la inteligencia deja de ocupar un rincón modesto y silencioso del Estado para extenderse sobre ministerios, registros, fuerzas armadas y de seguridad y flujos cotidianos de información. No es una reforma técnica ni un ajuste administrativo: es  una decisión política que redefine quién decide, qué se observa y bajo qué lógica se vuelve legítima esa observación y el espionaje en general. 

    Uno de los primeros cambios estructurales es la reconfiguración de la centralidad del poder en la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE). La Ley 25.520 ya la establecía como órgano rector del Sistema de Inteligencia Nacional, pero el DNU refuerza y densifica ese lugar.  En la SIDE se concentran la conducción estratégica, el control presupuestario, la coordinación interagencial y la definición de prioridades. La SIDE no solo produce inteligencia: decide qué información es relevante, quién debe producirla y cómo debe circular. En paralelo, el decreto crea comunidades obligatorias de información —la Comunidad de Inteligencia Nacional y la Comunidad Informativa Nacional— que integran ministerios, fuerzas de seguridad, organismos técnicos y registros administrativos al circuito de inteligencia. Toda una red dedicada al espionaje interno. Así, la frontera entre administración pública e inteligencia se vuelve porosa: áreas que antes generaban datos para políticas sectoriales pasan a alimentar un sistema orientado a la anticipación de riesgos estratégicos.

    Esa centralización vino acompañada, además, por un incremento sostenido de los fondos reservados destinados a la SIDE. En un gobierno que hace de la austeridad una bandera y que no dudó en recortar partidas sensibles —desde discapacidad y educación hasta salud o salarios de las propias fuerzas de seguridad y armadas—, resulta llamativo que el presupuesto de inteligencia haya sido ampliado por decreto en cuatro oportunidades en los últimos dos años y que en 2025 alcance los 107 mil millones de pesos. El debate sobre los fondos reservados no es nuevo y, por su visibilidad, suele encontrar un lugar relativamente rápido en la agenda política. Pero detenerse solo allí corre el riesgo de perder de vista lo más significativo: no cuánto dinero se asigna, sino para qué tipo de sistema de inteligencia se lo asigna.

    Otro cambio relevante modifica el estatuto del secreto. El DNU establece que todas las actividades del sistema de inteligencia revisten carácter encubierto y las justifica en nombre del “riesgo estratégico nacional”. No es una novedad absoluta: desde 1983, la democracia argentina convivió con un sistema donde el secreto fue la regla y el control, la excepción. Pero la sanción de la Ley 25.520 en 2001 —la primera Ley de Inteligencia Nacional— representó un punto de inflexión político e institucional. Cerró un trabajo iniciado durante la transición democrática que incluyó las leyes de Defensa Nacional y de Seguridad Interior, orientadas a delimitar funciones, establecer controles y separar la inteligencia de la represión interna. Aunque esa ley nunca logró desarmar del todo el núcleo opaco heredado, sí expresó un consenso democrático: el secreto debía ser contenido, regulado y justificado. La diferencia es que ahora el DNU invierte esa lógica. El secreto deja de ser una práctica heredada o tolerada y vuelve a constituirse como un principio normativo explícito, blindado jurídicamente.

    A esto se suma la habilitación de funciones policiales para los organismos de inteligencia, incluyendo la posibilidad de “repeler agresiones” y realizar “aprehensiones” en flagrancia, claramente explicitado en la letra del decreto. No se trata de un detalle menor: la detención de personas es una de las expresiones más intensas del poder estatal y, desde el regreso a la democracia, había quedado explícitamente separada de la actividad de inteligencia. Reintroducir esa facultad en un sistema que opera bajo secreto y con controles débiles no sólo amplía competencias: reabre una zona históricamente sensible de la democracia argentina, donde inteligencia, seguridad y coerción estatal vuelven a superponerse.

    Pero el desplazamiento más profundo no está en estas atribuciones visibles, sino en un cambio menos evidente y más decisivo.

    El núcleo del DNU es la expansión del campo de la contrainteligencia. No es un cambio organizativo ni procedimental, sino epistemológico y político. La contrainteligencia deja de limitarse al espionaje clásico y pasa a abarcar fenómenos difusos como la influencia, la injerencia o la interferencia en los procesos decisorios. Su enfoque es preventivo, multidimensional y se proyecta sobre todo en el sector público. 

    Este corrimiento es epistemológico porque cambia qué se considera una amenaza. Ya no hace falta un acto hostil ni una intención comprobable: alcanza con la posibilidad de un daño futuro. Y es político, porque redefine quiénes pueden quedar bajo observación legítima.

    Ahora, la inteligencia no sólo se orienta a identificar enemigos externos, sino a monitorear dinámicas internas, flujos de información y efectos potenciales sobre la política. El riesgo no solo se gestiona: se redefine. Y en esa redefinición se juegan nuevos límites —mucho más inciertos— entre seguridad, democracia y poder estatal.

    Ese corrimiento, sin embargo, no se traduce de manera inmediata en un sistema plenamente operativo. La reorganización que propone el DNU exige estructuras, recursos humanos, capacidades técnicas y protocolos que hoy no existen o permanecen fragmentados. Por ahora, la reforma no es un hecho consumado, sino la primera habilitación de un andamiaje para una política que acaba de ser explícitamente declarada. Pero la orientación ya está fijada, aún cuando su despliegue efectivo sea incremental o acabe fallando.

    Un cambio epistemológico y político

    Ninguno de estos cambios tiene lugar en el vacío. En el contexto actual, la contrainteligencia no es un problema abstracto ni una obsesión anacrónica del Estado. En los últimos años, el sistema político argentino enfrentó al menos dos casos testigo que muestran su relevancia. 

    Por un lado, una infiltración clásica del aparato estatal: actores privados que, aprovechando vínculos informales y zonas grises del sistema de inteligencia, accedieron a información sensible y la utilizaron con fines ilegales, en un entramado documentado por una comisión parlamentaria y cuya figura emblemática fue el caso de Marcelo Sebastián D’Alessio. En 2021, el informe de la Comisión Bicameral dio cuenta de cómo D’Alessio —falso abogado y autoproclamado experto en seguridad— utilizó información obtenida de fuentes reservadas para extorsionar a empresarios, presentándose falsamente como operador con llegada a la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) y a la Drug Enforcement Administration (DEA). Más allá de la veracidad de esos vínculos, el caso expuso un problema estructural: la circulación informal de información de inteligencia, la debilidad de los controles internos y la facilidad con la que el sistema puede ser capturado para fines privados sin ser detectado a tiempo por los mecanismos de contrainteligencia.

    Por otro lado, una amenaza de naturaleza distinta: filtraciones confirmadas en los últimos años de bases de datos estatales —como las que expusieron información personal del Registro Nacional de las Personas— y, más recientemente, una denuncia pública sobre una megafiltración de un terabyte datos de argentinos que aún no cuenta con confirmación oficial plena.

    En conjunto, estos episodios expusieron la fragilidad de las infraestructuras digitales y la vulnerabilidad de bases de datos críticas.

    Reconocer la plausibilidad del problema es indispensable. El punto ciego aparece cuando se analiza desde qué tradición estatal se intenta conjurarlo. Históricamente, la política de inteligencia argentina se pensó y se practicó en términos esencialmente policiales. Desde el derrocamiento de Perón en 1955, la inteligencia fue concebida como una forma de policía secreta orientada a la detección de la amenaza interna —o, más precisamente, interior— y a la vigilancia política de la sociedad. 

    Ese molde no fue obra de la democracia, sino de las dictaduras militares. El retorno democrático no logró transformarlo: apenas consiguió contenerlo, limitar sus excesos más visibles y rodearlo de controles formales. La inteligencia siguió siendo, en lo sustantivo, policial, nunca estratégica en sentido pleno, y siempre inclinada a expandir el campo de la sospecha.

    El DNU 941/25 no rompe con esa tradición. La actualiza. Y desplaza su eje desde la ideología hacia el riesgo.

    Allí donde antes se vigilaban ideas, organizaciones o sujetos identificables, ahora se observan flujos de información, vulnerabilidades técnicas e interferencias posibles. La amenaza deja de ser una figura concreta para convertirse en una condición permanente.

    Se trata de administrar escenarios inciertos donde cualquier circulación de datos, decisión administrativa o infraestructura crítica puede volverse sensible.

    La ciberseguridad aparece allí como la clave de esta mutación. No como un área especializada ni como una respuesta técnica a delitos informáticos, sino como un principio organizador del modelo de inteligencia. El ciberespacio es definido como un dominio estratégico continuo, sin fronteras claras ni tiempos de excepción. En ese terreno, las amenazas no se anuncian ni se declaran: se presuponen. La prevención deja de ser una reacción frente a hechos consumados y se convierte en una lógica permanente. Todo puede ser interferido, influenciado o vulnerado. Todo debe ser monitoreado antes de que algo ocurra.

    Cuando la inteligencia se organiza alrededor del riesgo sistémico, el campo de lo observable se expande inevitablemente: ministerios, agencias, registros, decisiones técnicas y flujos administrativos ingresan en una misma lógica de sospecha preventiva. No porque exista una conspiración concreta, sino porque el riesgo nunca se descarta del todo.

    El DNU no inaugura una inteligencia más eficaz frente a amenazas nuevas, sino una inteligencia distinta en su forma de mirar. No más centrada en sujetos peligrosos, sino en entornos inestables. No orientada a conjurar ataques concretos, sino a gestionar vulnerabilidades permanentes.

    El problema no es que la contrainteligencia gane centralidad —los casos recientes muestran que tiene razones para hacerlo—, sino que lo haga desde una tradición estatal que tiende a confundir prevención con expansión ilimitada del poder de vigilancia y represión. Allí, donde el riesgo ocupa el lugar del enemigo, la frontera entre seguridad, política y democracia se vuelve cada vez más difícil de trazar. 

    Aunque fuerte, la apuesta del Ejecutivo no es irreversible. El Congreso conserva la facultad de rechazar el decreto y la Comisión Bicameral de Fiscalización de los Organismos de Inteligencia, si logra constituirse, puede condicionar su implementación efectiva. A eso se suma la posibilidad de intervenciones judiciales frente a excesos concretos, especialmente si las nuevas facultades colisionan con garantías constitucionales. El problema no es la ausencia de frenos formales, sino la dificultad histórica para que esos controles actúen de manera temprana y eficaz sobre un sistema que, por definición, opera bajo secreto.

    Oportunidad de negocios

    Hay, además, otra dimensión del DNU que no debería quedar fuera del debate público y resulta clave para entender sus efectos de mediano plazo es la reconfiguración del vínculo entre inteligencia, tecnología y mercado. 

    Un sistema de inteligencia organizado alrededor del riesgo permanente y la ciberseguridad como principio rector no puede sostenerse sólo con capacidades estatales propias. Requiere software especializado, infraestructura crítica, sistemas de monitoreo continuo, análisis de datos, inteligencia artificial y actualización tecnológica constante. En ese terreno, el Estado no produce: compra, sobre todo cuando la política oficial avanza en la destrucción del sistema nacional de ciencia y tecnología y del sistema universitario público que podría generar esas capacidades. 

    Este corrimiento no es neutro. La ciberseguridad no es solo un problema técnico, sino un campo económico altamente concentrado, dominado por empresas transnacionales y por potencias que exportan tecnología, estándares y criterios de amenaza. Cuando la inteligencia se apoya crecientemente en soluciones externas, no solo se tercerizan capacidades operativas, como nos enseña nuestra propia historia, se importan formas de ver el mundo, modos de clasificar riesgos y prioridades geopolíticas. La dependencia ya no se expresa únicamente en términos financieros o militares, sino en algo más profundo: la capacidad de definir qué debe ser protegido y de quién.

    El DNU no privatiza la inteligencia ni lo dice explícitamente. Pero crea las condiciones para que el sistema funcione como una plataforma de demanda permanente para el sector de seguridad, defensa e inteligencia tecnológica. Riesgos que no se agotan, amenazas que se presuponen, vulnerabilidades que siempre pueden ampliarse. El modelo no conoce punto de llegada. En ese esquema, la expansión del sistema se vuelve casi automática y el negocio, estructural.

    Lo más inquietante, sin embargo, no es la dependencia ni la comercialización en sí mismas, sino la falta de imaginación política que las acompaña. Frente a problemas reales —infiltraciones, filtraciones, vulnerabilidades digitales y un mundo en guerra— la respuesta vuelve a ser la de siempre: más secreto, más concentración, más poder de vigilancia interna. La inteligencia aparece como un espacio cerrado, técnico, inevitable, sustraído a la deliberación democrática. Como si no hubiera alternativas posibles.

    Tal vez el problema no sea solo qué inteligencia necesita el Estado argentino, sino qué tipo de país imagina cuando decide organizarla de este modo. Porque cuando todo se vuelve riesgo, cuando toda circulación es sospechosa y toda solución viene empaquetada desde afuera, la pregunta por la soberanía deja de ser retórica. Se vuelve concreta y urgente.

    La entrada Todos sospechosos se publicó primero en Revista Anfibia.

     

    Difunde esta nota
  • Milei dice que las Malvinas tienen que ser argentinas «cuando los isleños lo deseen»

     

    Javier Milei le dio un reportaje al medio británico The Telegraph en la previa de lo que el gobierno espera que sea una visita de estado a Reino Unido para el mes de abril. 

    En la entrevista, el líder libertario afirmó que está negociando con los británicos para levantar la restricción de armas que tiene el país por el conflicto por las Islas Malvinas y dejó declaraciones que generaron ruido respecto del reclamo de soberanía. 

    El artículo sostiene que Milei ató esta negociación va de la mano con la posición argentina sobre las Islas Malvinas y allí, el jefe de estado dijo  que el territorio debería «ser devuelto a través de la negociación y cuando los isleños lo deseen».

    Esta declaración contradice la postura histórica de Argentina que no considera el deseo de los kelpers como un argumento legítimo dado que se trata de una población implantada luego de una ocupación. 

    Mencionan a De Loredo y Scioli como posibles embajadores de Milei en México 

    Luego de decir eso, Milei retrocedió y planteó que «nunca renunciaremos al reclamo de soberanía sobre Las Malvinas. No es negociable». A su vez, consideró que tener «relaciones pobres» entre ambos países por la causa Malvinas «genera el riesgo de disminuir las transacciones culturales y económicas».

    El territorio debería «ser devuelto a través de la negociación y cuando los isleños lo deseen

    Un ex funcionario de la Cancillería dijo a LPO que «nosotros siempre hemos sostenido históricamente que no se pueden normalizar las relaciones bilaterales con el Reino Unido mientras siga la ocupación de las Islas Malvinas, y mucho menos avanzar en cooperación en materia de defensa. Es muy grave porque encima es aceptar a Reino Unido como proveedor de seguridad». 

    Keir Starmer.

    «Es de locos lo que dice: por un lado que la soberanía no es negociable, por otro vuelve a poner la «solución » en los deseos de los isleños. Lo otro que afirma sobre conversaciones por el levantamiento al veto británico a la compra de armas ya fue desmentido por el Foreign Office», reprochó otro ex funcionario.

    Nosotros siempre hemos sostenido históricamente que no se pueden normalizar las relaciones bilaterales con el Reino Unido mientras siga la ocupación de las Islas Malvinas, y mucho menos avanzar en cooperación en materia de defensa. Es muy grave porque encima es aceptar a Reino Unido como proveedor de seguridad

    Para el gobierno de Milei, el tema Malvinas ha causado dolores de cabeza y son varias las voces en la diplomacia que consideran que el gobierno lleva a cabo un proceso de desmalvinización destinado a aumentar la cooperación económico en detrimento del reclamo.  

    Como adelantó LPO, los mismos veteranos de guerra han acusado al gobiernos y sus funcionarios de «traidores a la patria» por abandonar el reclamo. 

    Pablo Quirno también olvidó poner en el mapa del diseño del logo de las Cancillería a las islas, en un descuido que generó mucho malestar. 

    Por otro lado, la reunión con el premier laborista Keir Starmer todavía no está confirmada y en el artículo remarcan que la cercanía de Milei con el líder de ultraderecha Nigel Farage puede complicar el encuentro. 

     

    Difunde esta nota
  • Multan a conductores y retienen sus vehículos por circular fuera del horario permitido

    Un total de 6 vehículos fueron retenidos en el marco de los operativos realizados por el personal de Tránsito Municipal para controlar el cumplimiento del decreto 059/2021 que estableció las nuevas medidas sanitarias vigentes en la ciudad. En este sentido, además de la retención de los rodados, se les aplicó a sus conductores una multa…

    Difunde esta nota
  • Tras la reunión de Gesell, el axelismo salió a armar listas para pelear los PJ locales

     

    En el axelismo viven estos días con altos picos de ansiedad. A partir de la semana próxima se empezará a definir una estrategia respecto de la negociación con el kirchnerismo por el PJ bonaerense. Por lo pronto, en cada sección electoral se trabaja juntando avales y bosquejando listas para los PJ locales.

    LPO adelantó que fue el propio Kicillof en Villa Gesell quien planteó que el próximo presidente del PJ bonaerense deberá respaldar sin condiciones al gobernador de la provincia de Buenos Aires. La frase fue leía como una confirmación de que el mandatario impondrá el nombre del próximo jefe del partido.

    «Axel tiene una postura muy distinta de lo que fue la negociación electoral el año pasado. Ahora no hay vacilaciones de ningún tipo. Está decido a jugar fuerte, sin importar lo que diga el kirchnerismo». La frase es de un operador cercano al gobernador y gestor del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), la línea interna de Kicillof en el peronismo.

    La idea es llegar a un acuerdo y esquivar una interna que probablemente sea destructiva para los dos sectores: axelistas y kirchneristas. Sin embargo, la decisión de un nuevo presidente del partido totalmente alineado con el gobernador parece ser una premisa consolidada.

    Kicillof dijo que el próximo jefe del PJ bonaerense tiene que estar alineado con el gobernador

    A partir de la semana próxima el gobernador empezará a convocar a los coordinadores de cada sección. Por lo pronto, el axelismo en toda la provincia está abocado a juntar avales para la elección provincial, pero también a armar listas para los PJ locales.

    «Los avales sirven para, llegado en caso, presentar una lista. Es algo preventivo. Necesitamos tener todo listo», explica a LPO una fuente del MDF.

    Pero existen más premisas irrenunciables: donde gobierna un intendente alineado con Kicillof, ese debe ser el presidente del partido. Esa afirmación permite avizorar algunos conflictos puntuales.

    Carlos Bianco.

    Por caso, en La Plata el partido está controlado por La Cámpora desde hace años. Sin embargo, ahora la capital provincial es gobernada por Julio Alak, quien irá por el control del PJ. El ex ministro de Justicia ya tiene un candidato: Carlos Bonicatto, su jefe de Gabinete.

    En La Plata, la tensión entre La Cámpora y el Axelismo es extrema después de la ruptura de la agrupación de Máximo. LPO adelantó que el referente a cargo del armado territorial pateó el tablero y se fue con el intendente.

    También se arman listas en distritos donde no gobierna el peronismo. «En esos territorios habrá que buscar consensos», reconocen en el MDF, aunque los borradores se completan con nombres de referentes peronistas.

    El padrón de afiliados volvió a tensionar la interna del PJ bonaerense

    Reiteran que se trata de una medida preventiva. Lo ven como una herramienta para tener todo listo en caso que las negociaciones que se vienen fracasen y la sea un hecho. También ven a esos borradores como una estrategia para tener más peso en caso de que haya unidad.

    Las boletas para el partido están cargadas de nombres, incluso en el plano local. De mínima un presidente, un vice y unos 14 secretarios. Luego siguen vocales y congresales que varían según la población de los distritos. La lista que en 2022 encabezó Juan Rapacioli en Mar del Plata tenía ocho vocales titulares y 20 congresales. A eso se le suman vocales y congresales suplentes.

    Julio Alak.

    LPO contó esta semana que las tensiones respecto del padrón de afiliados. El martes Verónica Magario habilitó oficinas del Senado a dirigentes del conurbano que llegaron con listas de afiliados y La Cámpora reaccionó de inmediato difundiendo el acta de la última reunión el partido donde se acordó que sólo pueden incluirse las fichas presentadas hasta 30 de diciembre de 2025.

    En La Cámpora mantiene silencio. Siguen de cerca los movimientos de Kicillof y esperan el momento de la negociación real. Quizás entiendan que en esta batalla habrá derrotados.

    Por lo pronto, tras la reunión de Gesell, este jueves el diputado Facundo Tignanelli posteó una canción que pareció estar dirigida a la interna y puntualmente al gobernador. La canción es de Don Osvaldo y la letra es explícita:

    Si lo que querés es virreinar por el fraude de votar

    Si tu faja electoral te emociona y te maneja

    Si tu droga es el poder, el poder chorear sin ley

    Si esperás que alguien de pronto te crea

    Acordate que antes todo era nuestro

    Acordate que tu guerra no va

    Que hay millones sufriendo por diez

    Y que Disney queda muy lejos de acá

    Acordate de donde saliste y

    Que ahí siempre se puede volver

    Acordate de como llegaste y a costillas de quién.

     

    Difunde esta nota
  • ‘Carnaval de los animales’: la música y el teatro se unen para contar una divertida historia

    En el marco del ‘Mes de la Niñez’, la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina propone disfrutar de la obra de teatro ‘Carnaval de los animales’, una obra clásica de Saint-Saëns interpretada por el Trío de Cámara de la Fundación Cultural Patagonia. La presentación será el sábado 7 a las 17 horas…

    Difunde esta nota

Deja una respuesta