Kicillof lanza un armado en la Ciudad con Augusto Costa en la cabeza

Kicillof lanza un armado en la Ciudad con Augusto Costa en la cabeza

 

Axel Kicillof tiene decidido a impulsar a Augusto Costa como candidato en la Ciudad de Buenos Aires. El ministro de Producción se mueve en las comunas porteñas como el principal delegado del gobernador y en La Plata están convencidos que puede hacer una gran elección.

Costa tiene un perfil técnico y se mueve dentro del gabinete de Kicillof con una independencia que el resto de los ministros no tiene. Desde el inicio del gobierno se instaló en oficinas del gobierno en CABA y desde allí conduce sin problemas los hilos del ministerio de Producción.

Su cartera nació como un superministerio que incluyó áreas como Cultura y Turismo. Más tarde, tras la derrota en la legislativa de 2021, perdió Cultura que quedó para La Cámpora.

Costa es además vicepresidente de Vélez, un cargo que le permite hacer política en la Ciudad por fuera de la impronta que impone el gobierno de Kicillof.

Carlos Bianco en la facultad de Exactas.

Tiene un estilo propio y ajeno a la diaria de la Casa de Gobierno. Toma distancia de los intendentes y esquiva los pedidos para visitar parques industriales. Costa envía a segundas líneas e incomoda a los jefes territoriales que quieren ganarse un favor de los empresarios al acercar al ministro.

El fin de semana pasado, el axelismo desembarcó formalmente con actos en la Ciudad de Buenos Aires. Fueron dos plenarios encabezados por ministros muy cercanos a Kicillof. Carlos Bianco estuvo al frente de un acto del Frente Popular Patria y Futuro en la UBA. En tanto, el Cuervo Larroque hizo su actividad de La Patria es el Otro acompañado por Costa.

Es la primera vez que los ministros del gobernador incursionan en territorio porteño con sus armados políticos. Las actividades se dieron además, cuando la carrera por la presidencia del PJ bonaerense está casi lanzada para suceder a Máximo Kirchner.

Augusto Costa y Andrés Larroque en el acto en Caba.

Kicillof y Costa se conocieron en la UBA, donde militaron juntos en la agrupación Tontos pero No Tanto (TNT) . Se transformó en su mano derecha, reemplazó a Guillermo Moreno en Comercio Interior y diagramó Precios Cuidados.

Estos movimientos del axelismo en la Ciudad ocurrieron cuando la carrera por la presidencia del PJ bonaerense está casi lanzada para suceder a Máximo Kirchner.

El presidente del PJ CABA es Mariano Recalde, un camporista que tiene -junto con Wado De Pedro- buenos vínculos con Kicillof. Los tres conforman una tríada referenciada con un perfil académico que supo ser muy cercana a Cristina.

Otro actor importante en el peronismo porteño es Juan Manuel Olmos que se quedó con la vicepresidencia del partido a través de Kelly Olmos. Desde el axelismo ven que Olmos tiene su terminal en Cristina Kirchner.

 

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     La Cámara de los Diputados de Italia aprobó el presupuesto presentado por Giorgia Meloni con 216 votos a favor y 126 en contra, concluyendo así su tramitación parlamentaria tras el beneplácito del Senado, un día antes del plazo de fin de año.

    En un debate contrarreloj que se alargó hasta la pasada madrugada, el Gobierno blindó los Presupuestos sometiéndolos a un voto de confianza, una estrategia a la que se suele recurrir en Italia para acelerar la aprobación de leyes impidiendo nuevas enmiendas.

    La nueva ley prevé un gasto de 22.000 millones de euros, una partida financiada en parte por nuevas aportaciones de los bancos y las aseguradoras y, entre sus medidas estrella, destaca una rebaja del Impuesto sobre la Renta de Personas Físicas (IRPF).

    En concreto, el segundo tramo pasará del 35 % al 33 % para las rentas anuales de entre 28.000 y 50.000 euros, lo que se estima que beneficiará a más de 13 millones de contribuyentes italianos y tendrá un coste estimado de 2.700 a 2.800 millones de euros.

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    El texto prevé también una mayor contribución del sector financiero, con nuevos impuestos a bancos y aseguradoras que permitirán recaudar más de 12.000 millones de euros entre 2026 y 2028, destinados a financiar parte de las nuevas políticas públicas.

    El presupuesto, entre otras partidas, amplía exenciones en el cálculo del índice ISEE, el indicador que determina la elegibilidad para prestaciones sociales, excluyendo la primera vivienda hasta 200.000 euros en grandes ciudades y 91.500 euros en otras áreas.

    La nueva ley prevé un gasto de 22.000 millones de euros, una partida financiada en parte por nuevas aportaciones de los bancos y las aseguradoras y, entre sus medidas estrella, destaca una rebaja del Impuesto sobre la Renta de Personas Físicas (IRPF)

    El debate que precedió a la votación brindó a la oposición la oportunidad para denunciar unas cuentas que fueron calificadas de austeras y de beneficiosas únicamente para los más ricos del país.

    La secretaria del Partido Democrata y líder de la oposición, Elly Schlein, reprochó que los Presupuestos «no afrontan las primeras preocupaciones de los italianos», a su parecer el encarecimiento de los precios y las largas listas de espera en la Sanidad.

    Elly Schlein, líder opositora. 

    «Es una ley que ayuda a los más ricos recortando en sanidad pública, educación y abriendo la puerta a las privatizaciones», acusó la líder de la principal formación opositora en el Parlamento, que al final de la sesión mostró carteles en los escaños que rezaban ‘Desastre Meloni’.

    Es una ley que ayuda a los más ricos recortando en sanidad pública, educación y abriendo la puerta a las privatizaciones

    Desde el Movimiento 5 Estrellas (M5S), la diputada Daniela Torto sostuvo que los Presupuestos «desperdician dinero en Defensa en vez de ayudar a los italianos a pagar las facturas energéticas».

    «Este es un Gobierno que pone en riesgo las cuentas, la legalidad y la paz y que no contará con nuestra complicidad. Nuestro ‘no’ no es solo el de un partido de oposición sino el de un pueblo que continúa resistiendo a todo este asco y a ustedes», atacó.

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    De todas formas, la victoria política de Meloni confirma su liderazgo dado que se encamina a cumplir los tres años en el cargo y ya se ubica con el tercer gobierno mas largo de la últimos 15 años por detrás de Silvio Berlusconi que gobernó tres años y medio. 

    Este un dato relevante porque Italia se ha caracterizado por la inestabilidad política de sus gobiernos que no terminan los mandatos. Meloni, por el contrario, tiene base de apoyo sólida en la Legislatura y buenos índices de aprobación. 

     

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  • No sos vos, es el peso

     

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    —Pa, ¿me das un peso?

    Mientras le pregunta, le toca el hombro para despertarlo. El hombre se asusta, pregunta qué pasa. Ella repite:

    —¿Me das un peso?.

    —Sí, sí. En el bolsillo de mi pantalón está la billetera. Sacá de ahí. 

    La nena saca un billete azul con la cara de un hombre de bigotes frondosos de un lado y la imagen del Congreso argentino del otro. 

    Es enero de 1992. Cada dólar vale un peso.

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    Una mujer toma el celular, abre TikTok. Aparece un video de Rosalía tomando mate. “Es como comerse un campo”, dice después de beber un sorbo. La mujer sonríe mirando la pantalla,  luego abre el buscador de la aplicación y tipea “dólar”. El algoritmo le devuelve una colección de videos de personas vaticinando a cuánto cerrará el dólar en 2025; cuánto espacio ocupa un millón de dólares en billetes de 100; la comparación entre un fajo de diez mil dólares y cinco millones de pesos a un tipo de cambio de 500 pesos (el video fue publicado el 13 de julio de 2023). 

    Es diciembre de 2025 y cada dólar vale 1.460 pesos.

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    En el medio no sólo pasaron casi 34 años, pasó 196.043% de inflación acumulada. 

    Ciento-noventa-y-seis-mil-cuarenta-y-tres por ciento. Lo repito porque no lo puedo creer. Le pedí el cálculo a Juan Manuel Telechea, que tuvo que reconstruir el dato, entre otras cosas, porque las cifras del Indec entre 2007 y 2016 no son confiables, así que hay que empalmar series estadísticas. Un número que sólo pueden estimar economistas que se dedican a estudiar (y escribir sobre) el tema, como Juan. 

    Tremendo. No me puedo recuperar de la impresión que me provoca el dato, sobre todo porque las fechas elegidas no son al azar. El 1 de enero de 1992, el peso reemplazó al austral como moneda de curso legal en la Argentina. Esto quiere decir que, en sus 34 años de historia, el peso lleva acumulada una inflación de casi 200.000%, mientras que el dólar acumula alrededor de 2.500% en sus 225 años. 

    Podría seguir haciendo comparaciones que nos rompan la cabeza. Es imposible no pensar cómo hicimos —y cómo hacemos— para vivir en este mar de incertidumbre. ¿Cuánto cuestan las cosas? ¿Cuánto vale nuestro trabajo? ¿Cuánto podemos comprar con lo que ganamos? ¿Cuánto cuesta vivir? Demoledor.

    Sin dudas, estos demenciales niveles de inflación son los que cimentan la falta de confianza en nuestra moneda. La historia nos demuestra una y otra vez que hay una abrumadora probabilidad de que, si en lugar de apostar al dólar apostábamos al peso, hubiésemos perdido como en la guerra. Así que si sos de las personas que ahorran en dólares, no te preocupes: no sos vos, es el peso. 

    Y esta generalización no es una conclusión de una charla de café o de sobremesa de un domingo familiar: estas intuiciones empezaron a ser medidas por la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), que este año empezó a publicar el Índice de Confianza en la Moneda (ICM). En la última medición, encontraron que un 41% de las personas encuestadas no cree que el Gobierno pueda estabilizar el peso vs. un 36% que confía en que sí. El 23% restante no está convencido, pero le dejan el beneficio de la duda.

    Para decirlo fácil y sin vueltas: la mayoría de la gente piensa que el peso es una criatura indomable. 

    El estudio de la UNSAM también dice que usamos el peso para las transacciones cotidianas, como comprar y vender o poner precios, pero nos quedamos en dólares cuando tenemos que “ahorrar” o expresar precios que necesitamos resguardar de las recurrentes crisis argentinas. 

    Pienso: ¿cuándo empezó esta bendita costumbre nacional de refugiarnos en una moneda emitida por otro país? Quiero encontrar algún paper que lo haya estudiado seriamente. Lo encuentro en la página del Banco Central. Resulta que correr al dólar para aplacar el vendaval de la inflación arrancó en 1975, con el Rodrigazo, cuya velocidad descomunal de aumento de los precios hizo saltar la dolarización de las carteras de inversión del 34% entre 1964-1974, al 65% entre el 1975 y 1988. 

    Pero el aumento desenfrenado de los precios no es sólo un problema de la economía. La inflación también es una variable de la política. La conclusión de esta tragedia nacional es obvia: la culpa es de los políticos. Desde 1983, ningún gobierno consiguió construir una estabilidad duradera del peso. Ni siquiera Carlos Menem, que durante casi una década mantuvo la ilusión del uno a uno a costa de incubar el 2001. Gracias, capo, dejá. Mejor ni ayudes.

    Así que es justo decir que los argentinos creemos más en el dólar que en los políticos. Alguien se va a enojar con esta frase, y la verdad es que no me importa. Pero voy a repasar: Alfonsín se fue antes de que se terminara su mandato en medio de un bardo astronómico; Ménem intentó con la convertibilidad a costa de destruir la economía real; De la Rúa, bueh, para que repetir lo de 2001; los cinco presidentes en una semana nos legaron el default y la pesificación asimétrica; Kirchner recuperó la economía post colapso pero dejó en gateras el aumento de los precios que empezó a acelerarse después; CFK decidió sostener la actividad económica a costa de tolerar más inflación (y desmantelar el sistema estadístico oficial para no hablar del asunto); a Macri se le disparó el dólar y todo se fue al carajo; Alberto quedó atrapado entre una pandemia, una guerra y una lucha política interna descomunal y la inflación llegó a 1020% en su mandato. 

    Me van a disculpar la impertinencia, pero el dólar es lo más estable que tenemos. 

    Igual, paren. Vuelvo a leer el informe y hay un dato central que estoy pasando por alto. La confianza/desconfianza en el peso es también una cuestión de clase, porque las personas más favorecidas son las que más se abrazan al billete verde. Compran dólares, arman canutos, los guardan en el colchón o en la caja de seguridad y no reinvierten en la economía real. Esa creación de valor de la economía argentina está agazapada en los márgenes del sistema financiero argentino, esperando por un próximo viaje o una compra al contado de alguna cosa cara, como un auto o un inmueble. Qué espectacular sería si esa capacidad de ahorro nacional se convirtiese en inversión que financie el crecimiento de nuestra economía, ¿no? Al final, hay una manera de mirar al mercado financiero con buenos ojos y no únicamente como un reducto de timba de cryptobros que quieren ser millonarios en dos minutos. En fin, lo dejo como deseo en el arbolito de Navidad.

    Cuando estaba punteando algunas ideas para escribir esta nota tiré el tema en la redacción del Buenos Aires Herald. Como sospechaba, la mayoría de mis compañeros valoran el dólar por la “estabilidad” que tiene. “¿Les molestaría que deje de existir el peso?”, les pregunté. La cosa se dividió: algunos dijeron que valoraban la estabilidad y otros que no querían perder soberanía. 

    —Una moneda estable es lo que quisiera. Pero no quiero que sea de otro país porque perdés soberanía. O sea a costa de qué conseguís la estabilidad.

    —La contrapregunta de eso sería cuánta estabilidad te cuesta esa soberanía. 

    Yo soy de las que piensan que tener una moneda nacional es fundamental como instrumento de política económica. Y también creo que el sistema político argentino tiene que entender que hay una demanda legítima de la sociedad de vivir con más tranquilidad. Si me preguntan a mí, el que mejor entendió esto hasta ahora es Javier Milei. Su programa económico paga costos altísimos a nivel social y no acumula reservas (lo cual en nuestra historia nos demostró que es un gran problema), así que tengo muchas críticas a sus decisiones, pero sí le reconozco el acierto del diagnóstico.

    Vuelvo al informe de la UNSAM. “A medida que disminuye la confianza social en la moneda, también se debilita la confianza en el futuro del país, es mayor el pesimismo respecto del bienestar de las nuevas generaciones y cae la expectativa del progreso material propio”, dice casi al final. Lo dicho: hay una dimensión política de la inflación. 

    Keynes decía que “la importancia del dinero surge esencialmente de que es un eslabón entre el presente y el futuro”. Me gusta esa frase porque me hace pensar que la política es ese eslabón que nos permite proyectar. La política es un ejercicio de imaginación, así que mientras podamos imaginar alternativas, la salida siempre es posible. En el fondo soy una optimista tóxica. 

    Para cerrar este texto rarísimo, una última cosa. La niña de la primera escena soy yo y eso que conté es mi primer recuerdo relacionado con el dinero. Y la mujer del celular también soy yo, intentando pensar cómo escribir de una forma más amena algo tan técnico como un índice económico. La decisión fue escribir como persona, no como periodista. En definitiva, siento que estamos todos en la misma: intentando sobrevivir a pesar del maremoto. Nos deseo mucha suerte. 

    La entrada No sos vos, es el peso se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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    El burócrata de Arendt y Sturzenegger: la banalidad del daño como política de Estado

     

    Hannah Arendt describió al burócrata moderno como alguien capaz de producir un daño inmenso sin odio ni pasión, apenas cumpliendo órdenes. En la Argentina de las últimas décadas, Federico Sturzenegger encarna como pocos esa figura: el técnico que, gobierno tras gobierno, pone su saber al servicio de un mismo proyecto de poder.

    Por Tomás Palazzo para NLI

    Hay figuras que atraviesan la historia política sin necesidad de ganar elecciones ni dar discursos encendidos. No seducen multitudes ni bajan a la arena con consignas épicas. Su poder es otro: el del expediente, el decreto, la planilla de Excel. Hannah Arendt, al analizar el juicio a Adolf Eichmann, formuló una de las ideas más incómodas del siglo XX: la banalidad del mal. No hacía falta un monstruo para causar estragos; bastaba un burócrata eficiente, obediente y convencido de que solo “hacía su trabajo”.

    Federico Sturzenegger no es, claro, un criminal de guerra. El paralelismo no apunta a los hechos sino a la lógica. La del funcionario que se concibe a sí mismo como neutral, técnico, inevitable. El que no decide: ejecuta. El que no es responsable: administra. En nombre de esa supuesta asepsia, se despliegan políticas que arrasan con derechos, salarios, ahorros y soberanía, mientras el ejecutor se declara ajeno a las consecuencias.

    El burócrata sin odio

    Arendt observó que Eichmann no actuaba movido por un odio explícito ni por un fanatismo profundo. Su rasgo distintivo era la incapacidad de pensar críticamente lo que hacía. El mal se volvía banal porque se integraba a la rutina administrativa. Algo de eso aparece cada vez que Sturzenegger explica sus decisiones con un lenguaje deshumanizado, donde las personas se transforman en “distorsiones”, “ineficiencias” o simples “costos a corregir”.

    Durante el gobierno de Fernando de la Rúa, fue parte del equipo económico que sostuvo un esquema que terminó en una catástrofe social, institucional y económica. Más tarde, bajo Mauricio Macri, como presidente del Banco Central, su gestión quedó asociada a tasas de interés exorbitantes, bicicleta financiera y endeudamiento acelerado, un combo que benefició a los sectores concentrados y dejó una herencia explosiva.

    Hoy, con Milei, Sturzenegger reaparece como ideólogo del desguace estatal, celebrando despidos, recortes y privatizaciones como si fueran simples movimientos técnicos. El discurso se repite: no hay alternativa. La técnica reemplaza a la política y la obediencia a la reflexión ética.

    El servil perfecto del poder real

    Sturzenegger no responde a un partido ni a una identidad popular. Su lealtad es otra: el poder económico concentrado y la ortodoxia liberal que, desde hace décadas, busca achicar el Estado solo para los de abajo. Su principal talento consiste en adaptarse a distintos gobiernos siempre que la dirección sea la misma. Cambian los presidentes, cambia el clima político, pero el programa permanece intacto.

    Esa continuidad es clave para entender el paralelismo con Arendt. El burócrata no se pregunta por las consecuencias humanas de sus actos. No mira a los ojos a los despedidos, ni a los jubilados que pierden poder adquisitivo, ni a las universidades desfinanciadas, ni a los científicos expulsados. Cumple funciones. Firma papeles. Optimiza procesos.

    Noticias La Insuperable ha mostrado en distintas coberturas cómo este libreto se repite: el ajuste presentado como modernización, la pérdida de derechos narrada como valentía reformista, el sufrimiento social reducido a una variable secundaria.

    Pensar, la tarea que incomoda

    Para Arendt, el verdadero antídoto contra la banalidad del mal no era la moral abstracta sino el pensamiento. Pensar implica detenerse, dudar, hacerse cargo. Justamente lo que el burócrata evita. En ese sentido, Sturzenegger representa una forma extrema de irresponsabilidad política: la del que se escuda en la técnica para no responder por el daño que provoca.

    No hay neutralidad posible cuando se decide quién paga una crisis y quién se beneficia. No hay inocencia en el ajuste sistemático sobre los mismos sectores. La obediencia automática deja de ser excusa y se transforma en complicidad.

    El problema no es solo Sturzenegger como individuo, sino lo que simboliza: una élite tecnocrática que se cree por encima de la democracia, que reduce la política a gestión y convierte el sufrimiento social en una externalidad aceptable. Arendt advertía que este tipo de funcionarios no necesita ser malvado para ser peligroso. Basta con que renuncie a pensar.

     

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  • Honduras proclama al candidato de Trump y la derecha vuelve al poder

     

    El Consejo Nacional Electoral de Honduras proclamó a Nasry Asfura como presidente electo para el periodo 2026-2030, tras un conteo de votos que se extendió por más de tres semanas y mantuvo al país centroamericano en una situación de incertidumbre política.

    La autoridad electoral confirmó la victoria del candidato del Partido Nacional, quien obtuvo el 40,27 % de los sufragios, superando por poco a Salvador Nasralla, del Partido Liberal, quien alcanzó el 39,39 %.

    «Honduras: estoy preparado para gobernar. No les voy a fallar», escribió Asfura en sus redes sociales tras conocerse el anuncio del CNE. El mensaje fue difundido mientras simpatizantes celebraban en su sede de campaña, en contraste con el clima de tensión que persistía entre sectores opositores.

    En este marco, el expresidente y coordinador general del  Libre, Manuel Zelaya, denunció «un golpe de Estado electoral». En un mensaje en X, Zelaya aseguró que «se está violentando de manera flagrante la Constitución, la ley electoral y el principio democrático».

    La OEA convoca a una reunión de urgencia para abordar la crisis en Honduras 

    «El CNE pretende dar por aprobado de facto un informe administrativo de la Secretaría General para cancelar el escrutinio especial presidencial, sepultando la verdad electoral y usurpando funciones que no le corresponden», planteó.

    Según el esposo de la actual presidenta Xiomara Castro, quien previamente también llamó a manifestaciones, «este acto nulo criminaliza arbitrariamente las impugnaciones legítimas presentadas por alcaldes y diputados» y «es una burda maniobra para allanar el camino hacia una declaratoria ilegítima y fraudulenta de la Presidencia de la República». 

    Honduras: estoy preparado para gobernar. No les voy a fallar

    Entre los consejeros del CNE, las opiniones divergen. Si bien la presidenta del CNE, Ana Paola Hall, y la segunda consejera, Cossette López, apoyaron el llamado a definir resultados, el consejero Marlon Ochoa se opuso a esta propuesta.

    «No puedo ni debo participar en la comisión de un acto que viola las leyes de la República y el debido proceso y, por tanto, constituye delito. Hacerlo me convertiría en cómplice por acción u omisión. Aquí se consumará un golpe de Estado electoral que lesiona y ofende gravemente la integridad del sufragio, la soberanía popular como base del orden democrático», aseguró Ochea en la previa. 

    El candidato de Trump vuelve a liderar conteo y se acerca a la victoria en Honduras 

    Xiomara Castro denuncia desde hace semanas injerencia por parte de Donald Trump, quien apoya abiertamente a Nasry Asfura, así como «un proceso marcado por amenazas, coacción, manipulación del Sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP) y adulteración de la voluntad popular». Sin embargo, la semana pasada, dijo que reconocería los resultados y permitiría una transición pacífica del poder.

    Tras la confirmación, Argentina, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, Panamá, Paraguay, Perú y República Dominicana emitieron un comunicado conjunto para reconocer al nuevo presidente en una muestra de los aliados de derecha que Honduras tendrá en esta nueva etapa bajo el liderazgo de Donald Trump.

     

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