La Oficina de Empleo de la Municipalidad de Villa Regina informa que están abiertas las inscripciones para realizar el curso de cosecha, actividad organizada en forma conjunta con el INTA.
Las mismas se reciben en la Oficina mencionada ubicada en el edificio central del Municipio en Avenida Rivadavia 220 entre las 8 y las 12 horas. Quienes deseen inscribirse deberán ser mayores de 18 años y llevar fotocopia de DNI.
La 13ra, edición de “Espejos y espejismos”, la Muestra de Cine Africano en Argentina que este año se realizará en versión online, convoca hasta el 15 de julio a realizadores, documentalistas, videoartistas y directores de cine a que envíen sus películas, ofreciendo nuevas miradas sobre el continente africano. El material recibido formará parte del Archivo…
Koisur festejando sus tres años. Junto a “Carne de Rey” (Gral. Roca), “The Moñock” (Plottier), “Hormigas” (Nqn) y “Clavo” (Nqn) – Sábado 26 de Abril 17:00 hs. – Plaza de los Próceres ¿Cómo se organizó esta presentación junto a bandas regionales? La idea primigenia se me ocurrió en el transcurso de estar trabajando en la…
Como adelantó LPO, las cinco fuerzas federales realizaron este jueves una protesta inédita frente al edificio Centinela de Gendarmería en reclamo por los bajos salarios que los ubican en muchos casos por debajo de la línea de la pobreza, en una muestra que el intento de la ministra Monteoliva por desactivar la movilización anunciando un bono ridículo de 40 mil pesos, no hizo más que enardecer los ánimos.
El carácter inédito de una manifestación que agrupó a familiares de miembros de Prefectura, Gendarmería, Policía de Seguridad Aeroportuaria, Servicio Penitenciario Federal y Policía Federal, empujó a Javier Milei a hacer referencia a la situación durante su mensaje de cinco minutos por el Día de los Veteranos y Caídos en Malvinas.
«Somos conscientes de que hay una deuda en lo salarial con las fuerzas», dijo el presidente que, sin dar especificaciones de aumento alguno, agregó: «Un país que busca ser protagonista en el escenario global, necesita fuerzas bien pagas».
Pero más allá de las declaraciones de ocasión, en el Gobierno creen que Victoria Villarruel estuvo detrás de la protesta, que como los efectivos d ela fuerza tienen prohibos los reclamos sindicales, lo suelen hacer a través de sus familiares, para evitar sanciones.
El intento de la ministra Monteoliva por desactivar la movilización anunciando un bono ridículo de 40 mil pesos, no hizo más que enardecer los ánimos.
En ese sentido, fuentes cercanas a Casa Rosada reparan en los vínculos con la vicepresidenta de dos promotores de la manifestación: el influencer Emmanuel Danann, que ofició como un virtual vocero de los manifestantes; y la titular de la Asociacion de Suboficiales Argentinos, Analía Zabala.
Analía Zabala, referente de la Asociación de Suboficiales Argentinos, en la protesta de este jueves.
En el caso de Danann, fue convocado por Villarruel a disertar contra la cuarentena en el Senado y también lo invitó a la apertura de sesiones. En el Gobierno lo ven como uno de los influencers heridos con Milei que ahora oficia de espada de Villarruel en redes.
En cuanto a Zabala, esposa de un ex oficial fallecido, también ha sido convocada por la vice a una serie de actividades y aseguran es cercana a Claudia Rucci, la directora del Observatorio de Derechos Humanos del Senado.
Sin lugar en el acto oficial de Milei, Villarruel buscó mostrarse apartada también del reclamo de las fuerzas. Participó de la actividad convocada en Chivilcoy por el intendente de esa ciudad, el ex comisario Guillermo Britos, con quien la vice mantiene un buen vínculo.
«Conozco de primera mano la condición en la que están»; había dicho semanas atrás Villarruel en redes ante el planteo de un efectivo de las fuerzas federales que describió la situación salarial que atraviesan.
«No llegamos a fin de mes, es increíble el denigro de las fuerzas», dijo el cabo de la Policía Federal Miguel Ángel Montiel que, con nueve años de servicio, percibe un salario de 800 mil pesos. «Es aberrante, tenemos que salir a hacer changas», agregó.
Frente al Centinela, los efectivos denunciaron estar atravesando «una situación de emergencia».
«No llegamos a fin de mes, es increíble el denigro de las fuerzas», dijo el cabo de la Policía Federal Miguel Ángel Montiel que, con nueve años de servicio, percibe un salario de 800 mil pesos. «Es aberrante, tenemos que salir a hacer changas», agregó.
También, los manifestantes salieron al cruce del bono de 40 mil pesos anunciado por la ministra Monteoliva apenas se conoció la protesta de las cinco fuerzas: «No sirve, es una migaja», señalaron para cargar contra el relato del Gobierno que salió a festejar una hipotética baja de la pobreza: «El pueblo argentino señor presidente no come números».
«Llegamos a esta situación límite porque no somos escuchados, han jugado con nosotros, somos usados porque dijeron que iba a haber un cambio. Es cambio de pobreza, de Guatemala a Guatepeor», sostuvo el sargento primero retirado de Gendarmería Juan José Vargas.
Frente a eso, los manifestantes anunciaron que presentaron un petitorio en el Ministerio de Seguridad con todos los reclamos.
A mi tío lo baleó una patota parapolicial en una emboscada, mientras intentaba escapar por la ventana del primer piso de una casa en Mar del Plata. No es, la historia de mi tío, una historia de desaparecidos. Pero yo todavía lo sigo buscando. Mi tío, Pacho Elizagaray, tenía 24 años cuando lo mataron. Mi tío está. Mis abuelos pudieron llevarle flores. Mi papá, tres años menor que él, pudo llorarlo. Sabemos dónde está su cuerpo. Hubo un juicio en 2016 y algunos de los responsables de su muerte fueron condenados. No todos. Pero mi tío está. Y yo todavía lo sigo buscando.
La de mi tío Pacho no es, entonces, una historia de desaparecidos. Es una historia de silencios. Y el silencio es una forma de la ausencia.
Mi abuelo presentía que a Pancho lo iban a matar. Mi abuelo se llamaba Carlos Elizagaray. En marzo de 1975, un año antes del golpe, era senador del Frejuli. Lo tenían entre ceja y ceja y ya lo habían amenazado varias veces. Gente que se identificaba como miembros de la Concentración Nacional Universitaria (CNU) le había dicho que si Pacho no dejaba de joder lo iban a tener que ir a reconocer a un baldío. Mi tío Pacho estudiaba derecho y era uno de los principales referentes de la Juventud Universitaria Peronista de Mar del Plata. Entre otras cosas, había participado de las negociaciones que lograron instaurar la gratuidad universitaria en el 73. La CNU, mientras tanto, quería desmantelar a la militancia de izquierda en la universidad y en la ciudad.
Mi abuelo Carlos habló con mi tío cuando un ex compañero del Ejército le dijo que Pacho estaba en una lista y que lo iban a ir a buscar. Pacho siguió militando. Hasta que los de la CNU atacaron. La madrugada del 21 de marzo de 1975 lo fueron a buscar en la casa donde estaba con su tío y sus primos y los mataron a los cuatro.
Mi abuelo hablaba poco de ese día. Mi papá me contó más de una vez su recuerdo de escuchar desde la planta alta los pasos y la voz de mi abuelo cuando entró a la casa familiar y le dijo a mi abuela: “Maucita, nos destruyeron la vida”. Había subido al techo de la casa donde reconoció el cuerpo del tío Pacho. Era el único que quedaba. A los otros tres se los habían llevado a un descampado donde los fusilaron y los dejaron tirados. La CNU tenía la estrategia de dejar los cuerpos a la vista para infundir terror.
Veinte años antes, en septiembre del 55, mi abuelo Carlos había estado parapetado en la terraza de Casa Rosada ametrallando a los aviones que bombardearon Plaza de Mayo. Era bien peronista mi abuelo. Y era natural que sus hijos – mi tío, mi papá, mi tía – salieran también militantes. Mi papá militaba en una unidad básica de su barrio y siempre se lamentaba no haber escuchado nunca a mi tío en una asamblea en la universidad, ni dando un discurso. Decían que era buen orador. Y yo, que no lo conocí a mi tío Pacho, porque nací 17 años después de su muerte, lo sigo buscando.
El pasado, mientras tanto, parece alejarse más. Parece diluirse hacia atrás, o hacia algún fondo, como si se vaciara en una rendija oscura. Los rostros en los carteles de las plazas de todo el país, para muchos, dejan de ser personas y se vuelven eso: rostros sin nombre en carteles grises. Desconocidos para la mayoría. Cada vez más. Pero eran hermanos, amigos, padres, tíos. El duelo muta, toma nuevas formas, se esconde y brota en formas que no imaginamos hasta que se nos aparece. Y cada uno hace lo que puede hacer con eso.
De mi tío siempre supe poco. Cada vez que lo nombraba, se repetía una historia corta que era siempre la misma. Y después el silencio. Siempre me mostraron una misma foto de él. Un retrato sonriente, ya veinteañero. También había un cuadro pintado por él decorando una de las habitaciones de la casa. Nombrarlo no estaba prohibido, preguntar tampoco. Pero siempre era angustioso recordarlo y eso impedía hablar más.
Siempre sentí que me hubiera llevado muy bien con mi tío. Me gustaba pensar qué conversaciones hubiéramos tenido. Imaginar a qué se dedicaría si hubiera vivido más. Me parecía que el arte – él con la pintura, yo con la ilustración- era algo que nos podría haber unido. Quizás, de hecho, sí nos une.
Sentía que algo de Pacho habitaba en mí. Aún sabiendo tan poco, y acostumbrada a esa forma de las cosas. Me di cuenta el 24 de marzo de 2024 en plena Plaza de Mayo. Íbamos llevando un cartel con un retrato de mi tío. No lo habíamos hecho antes. Y en un momento se acercó un pibe de mi edad a mirar:
— ¿Sos algo de Pacho? — me preguntó — Yo lo conozco, era el mejor amigo de mi abuela.
El pibe, resulta, sabía más que yo de la historia de mi tío.
No teníamos la tradición de ir a la plaza los 24. A mi abuelo no le gustaban las multitudes. Comenzamos a ir más grandes, nosotros. Ese año era la primera vez que llevábamos las fotos de Pacho a la plaza. También de sus primos y su tío, las otras víctimas de la masacre de marzo del 75. Se lo había propuesto a mi viejo, hábil carpintero, que armó unos soportes de madera; yo imprimí las fotos y también la copia de una ilustración que había hecho de él cuando no pudimos marchar en la pandemia.
Después de ese día todo sucedió muy rápido. Subí la foto con el cartel de mi tío a Instagram y me escribió otra compañera de Pacho que a su vez me conecto con otros, y ellos a su vez con otros. Armé un archivo en la compu con sus nombres y números de teléfono. Los fui contactando uno a uno, y empecé a visitarlos.
Recién ahí, cuando sentí que era el momento, me animé a abrir más la charla con mi papá. Y descubrí, cuando pudimos conversar, un alivio muy profundo. La palabra liberada era un refugio. Conocer más de la vida de mi tío Pacho, contarla, era una forma de hacer algo por mí y por su memoria. Ayudaba a superar el dolor. Con el tiempo, pronunciar el nombre de mi tío Pacho dejó de generar un nudo en la garganta. Algo ahí se aflojó, y fue gracias a esa búsqueda.
Como aquellos que buscan los restos de sus desaparecidos, yo busco los restos de la historia de mi tío en cada una de las personas que lo acompañaron en su vida, y en especial en sus años de militancia. Siento la urgencia de recopilar cada memoria de él. Siento que todavía estoy a tiempo. Muchos hombres y mujeres de su generación siguen presentes, pero cada vez quedan menos. Recién en agosto de 2025 fui a conocer a La Polaca, la abuela de ese chico que se me acercó en la plaza y me despertó el impulso de buscar y saber más. Viajé con mi mamá a Mar del Plata para verla. Me puse nerviosa antes de entrar, me pasa antes de cada encuentro.
La Polaca murió dos meses después de nuestra visita. Me quedaron más preguntas por hacerle. Pero ahí tomé conciencia de que la conversación entre generaciones es imprescindible y no es algo que pueda quedar para otro momento.
En cada encuentro, con cada uno de ellos, pienso lo que me cuentan en imágenes. La Polaca era la esposa de un referente político al que Pacho admiraba, y la casa de ellos era el lugar donde se juntaban todos. Pacho se reunía a veces a solas con La Polaca y sentía esa casa como un refugio. Ella le hacía siempre una sopa con remolacha y un sandwich de rabanito. Yo no sabía que a mi tío le gustaba eso. Y a mí me encantó siempre el rabanito. Ahí encontré, quizás, una razón. Cuando la escuchaba, veía la imagen de mi tío en su casa.
Cada persona que llamo para hablar de mi tío me recibe con entusiasmo. Todos quieren contarme de él. Son siempre conversaciones para recordar con alegría. Hablamos de recuerdos íntimos. Humanos. Como los que encuentro cuando veo las fotos de los álbumes familiares, a los que vuelvo todo el tiempo porque lo que aprendo quiero dibujarlo. En las fotos noté que siempre, en la parte de arriba, en mi familia tenían la costumbre de escribir chiquitito el año: 73, 74. En esas fotos casi siempre la gente está feliz. Yo me obsesiono un poco con la fecha. Los veo en las imágenes y pienso cuánto faltaba para la masacre. Pienso que ellos están ahí en la foto, sonriendo, sin saber lo que va a pasar. Y yo sí sé.
Mientras miro las fotos y escucho a cada persona con la que puedo encontrarme en la búsqueda, pienso en cómo entendemos lo que nos queda del pasado a medida que nos alejamos en el tiempo. Como, con el paso de los años, nos cuenta entender esa época. La violencia de los setenta, que no empezó con el golpe de marzo del 76. Que empezó en democracia y empezó por el odio y el desencuentro entre los que pensaban distinto. Pienso en cómo heredamos la herida. Cómo llega a nuestras generaciones. Qué formas tiene. Y sobre todo, cómo le explicamos a los más jóvenes la complejidad de una época que se sigue estirando sobre nuestras propias vidas.
Sigo conversando con los que puedo. Sigo buscando. Avanzo, escucho, registro como puedo. Quiero filmar, pero no sé filmar. Pido un grabador para guardar las charlas con mejor calidad y hago lo que puedo. Trato de sacar alguna foto en cada encuentro. Al salir anoto las sensaciones que me dejó la conversación, detalles que no quiero olvidar. Trato de bajarlo todo a dibujos rápidos. Me aparecen escenas, imágenes de esas anécdotas. Eso puedo y eso me sale. Dibujar. Dibujarlo a mi tío Pacho es mi manera de encontrarlo.
Dentro de la lógica de como enfocan los medios tradicionales al deporte esta nota de opinión tendría mayor sentido una vez finalizada la Copa Mundial FIBA 2019 realizada en China, ya que a la mayoría les gusta opinar con el diario del lunes -una vez puesto el resultado se acomoda el discurso– no obstante desde…
En la plaza de los próceres se llevará a cabo a partir de las 18hs del miércoles 6 de abril un evento repleto de actividades deportivas al aire libre por el dia mundial de la actividad física. El día 6 de abril, se celebra el Día Mundial de la Actividad Física y la Dirección de…
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