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Finalizaron los trabajos de empalme de cañería

Durante la mañana de este sábado se terminaron los trabajos de empalme de cañería en el marco de la obra que debió realizarse para solucionar la rotura del caño de impulsión de líquidos cloacales.

La obra consistió en la realización de un by pass para no romper la cinta asfáltica teniendo en cuenta que el caño que sufrió la rotura pasa por debajo de la ruta nacional 22 a una profundidad de 2,5 metros.

Además se colocó hormigón elaborado en las curvas, razón por la cual ahora habrá que esperar su fraguado. Por lo tanto, se prevé que el servicio se normalice durante el día lunes.

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  • La protesta policial de Santa Fe se extiende y convocan a penitenciarios para patrullar Rosario

     

    Una protesta inorgánica, sin líderes claros, desordenada en los reclamos que llegan a la mesa de negociación, pero con una potencia que está lejos de declinar. Las manifestaciones de la policía ya desbordaron Rosario y se activaron en distintas ciudades de Santa Fe. El gobierno de Pullaro tuvo que apelar a personal penitenciario para controlar las calles ante la deserción masiva de los policías. La noche de este martes llegó cargada de tensión, sin solución al conflicto y con nuevos focos en ciudades importantes como Santa Fe y Santo Tomé.

    A las 20 de este martes funcionarios de segunda línea del Ministerio de Seguridad reconocieron que no se alcanzó ningún acuerdo con los policías rebeldes que están acuartalados a cielo abierto, con decenas de patrullas policiales rodeando la Jefatura de Rosario y familiares plantados de modo permanente en frente del portón principal.

    El día había comenzado con el ministro de Seguridad, Pablo Cococcioni, anunciando que comprendían que había un reclamo legítimo que engloba recomposición salarial, pero advirtiendo que había sectores ligados a efectivos presos por corrupción que atizaban el conflicto. Por eso pasó a disponibilidad y retiró el arma de 20 efectivos. Fue peor.

    Extrema tensión en Rosario por la protesta policial, ya se resintió el servicio en la calle

    Si hasta ese momento había 20 patrulleros apostados en la puerta de Jefatura pasó a haber 60 móviles, que permanecieron amenazantes, con las sirenas encendidas. Pullaro se indignó por la presencia de encapuchados. Los manifestantes afirman que en una organización basada en la obediencia vertical el desafío a la autoridad conlleva sanciones, pro eso ocultan su rostro. Pero durante el día y en la noche de este martes, como novedad política, los policías empezaron a mostrarse en la protesta a cara descubierta. Un desafío abierto a la autoridad.

    «No quieren aflojar. Habían levantado el corte después de media tarde. Como no les dan soluciones volvieron a poner todos los móviles en la calle y se cortó todo de nuevo», dijo un suboficial con diez años de servicio, mientras las sirenas sonaban con estridencia en la YPF vecina a Jefatura, copada por móviles y policías.

    No quieren aflojar. Habían levantado el corte después de media tarde, pero como no les dan soluciones volvieron a poner todos los móviles en la calle.

    Lo llamativo en tres nudos: La cantidad de policías que manifiestan a cara limpia exponiéndose a sanciones administrativas. El hecho de que la protesta haya escalado pese al anuncio de sanciones por abandono de servicio. Y el fuerte malestar con el gobierno de una policía que fue empoderada por Pullaro con gestos que robustecen su autoridad, pero a la que se le exigen fuerte trabajo de calle y según denuncia por muy bajos ingresos. El salario inicial ronda los 800 mil pesos y los 500 de emergencia que ofreció Pullaro al inicio de la protesta sólo alcanzaba a los uniformados que hacen tarea de calle.

    Los policías protestando en la estación de YPF cercana a la Jefatura de Rosario.

    «La anarquía reina dentro del reclamo», dijo a LPO el secretario de Seguridad de Santa Fe, Omar Pereyra. El funcionario que es el encargado específico de la policía provincial, sostuvo que ese es el motivo por el cual el ministro de Seguridad no estuvo presente esta tarde en la mesa de negociación.

    «El abogado que llegó a la mesa como intermediario -Gabriel Sarla– tiene buena voluntad pero dos problemas: no sintetiza las demandas, que se multiplican todo el tiempo, y cuando vuelve a comunicar lo conversado no satisface a los que protestan. Así no es posible llegar a ningún acuerdo pese a la total voluntad para escuchar», comentó Pereyra.

    La anarquía reina dentro del reclamo. El abogado que llegó a la mesa como intermediario tiene buena voluntad pero dos problemas: no sintetiza las demandas y cuando vuelve a comunicar lo conversado no satisface a los que protestan. Así no es posible llegar a ningún acuerdo.

    El portón de la Jefatura de Rosario tiene dos hojas gigantes que son la entrada y salida de los móviles del patrullaje urbano por dos avenidas, Ovidio Lagos y Francia. Ovidio Lagos fue despejada por la fuerza por el jefe de policía de provincia con grupos tácticos en la medianoche del lunes. 

    «La decisión de liberar Ovidio Lagos fue elemental porque es una vía de ingreso a la ciudad y es un contrasentido que no se pueda transitar por una protesta de la policía», dijo Pereyra. 

    «Para llegar a la reunión pedimos que los móviles no taparan el ingreso a avenida Francia. Dijeron que sí, pero luego no lo hicieron. Los representantes que llegan a negociar no logran hacer cumplir con lo que se comprometen. Por esa falta a lo pactado es que el ministro de Seguridad no se hizo presente», agregó Pereyra.

    Esto es lo que pasó con el enviado policial, el abogado Gabriel Sarla. «Se comprometió a que no se cortaran los portones y no pudo garantizarlo. Perdió su condición de vocero único. El tema es que nadie surge como representativo porque hay múltiples grupos pidiendo cosas muy diversas», sostuvo Pereyra, que es ex comandante de Gendarmería.

    El servicio de seguridad con más de la mitad de la flota regular desafectada por la protesta estaba muy afectado en Rosario al punto que por la tarde el gobierno acudió a personal penitenciario para la custodia del frente de Jefatura. Aunque no se reportaron hechos graves o al menos no trascendieron.

    «No estamos en el nivel óptimo de 200 patrulleros por turno pero estamos cubriendo con un diagrama de emergencia entre quienes no se adhieren, otras direcciones generales, con un rediseño con un esfuerzo extra de personal de otras regionales, por lo que tenemos cubierto el servicio del 911», dijo Pereyra, que reconoció que la protesta, aunque con expresiones dispares que no se acercan al que se ve en Rosario, ya afectan a las 19 unidades regionales de toda la provincia. «Es fuerte el reclamo», reconoció el secretario de Seguridad.

    El servicio de seguridad con más de la mitad de la flota regular desafectada por la protesta estaba muy afectado en Rosario al punto que por la tarde el gobierno acudió a personal penitenciario para la custodia del frente de Jefatura. 

    El funcionario, número dos de Seguridad en Santa Fe, explicó que se trata de un reclamo multicausal. «Me pregunto qué cuestión tan fuerte tiene que haber para atacar un plan de seguridad que a la vista de todos está siendo exitoso, con la baja a la mitad de índices de delitos violentos. A los policías no les puede molestar un trabajo organizado que está dando resultados y que hicieron ellos mismos. Pero hay en grupos un resentimiento mal canalizado, algo que no tiene que ver con justos reclamos de ingresos, salud o bienestar», opinó Pereyra.

    -¿A qué se refiere?, ¿a los planteos del ministro de grupos de policías exonerados de los que habló el ministro Cococcioni?, preguntó LPO.

     -Sí, contestó conciso el secretario de Seguridad.

    Sin embargo, la mayoría de los que protestaban lo hicieron sin ocultarse, luciendo sus uniformes. Es evidente que hay problemas de ingresos en el marco de una recesión económica con alta inflación, que ya se siente fuerte. Un malestar que también se expresó a la tarde con una masiva manifestación gremial en el centro de Rosario para rechazar la reforma laboral que se votará este miércoles y los senadores de la coalición que lidera Pullaro seguramente acompañen.

    No hay claridad conceptual, sobre todo acerca de qué es lo que se está reclamando, quién es el vocero que viene a hablar, en nombre de quienes realizan estas peticiones.

    Como sea, esta noche, al salir de la reunión con los delegados de la protesta, el secretario de Control Institucional, Esteban Santantino, confirmó que enfrentaban la dificultad de no tener interlocutores claros del lado policial .»No hay claridad conceptual, sobre todo acerca de qué es lo que se está reclamando, quién es el vocero que viene a hablar, en nombre de quienes realizan estas peticiones, para poder ser asertivos en las respuestas. Entonces, no es una falta de voluntad ni una falta de recursos, sino que quizás, mejorando algunos aspectos de los canales de comunicación, vamos a poder destrabar este conflicto».

    Pero el conflicto, ya entrada la medianoche, estaba lejos de desmontarse. «En la puerta de Jefatura sigue todo igual», dijo a LPO un comisario identificado con la protesta. «Todos los móviles están en la calle, del otro lado del paredón de Jefatura están los vehículos de la Motorizada. A esta hora no hay nada que desactive esto», agregó.

     

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  • ¿Cómo enfrentar el “contragolpe cultural”?

     

    Así como las afirmaciones terraplanistas no modifican el hecho de que la Tierra sea redonda, así como los movimientos antivacunas no cambian la naturaleza contagiosa del Covid, el conservadurismo cultural, expresado hoy por fuerzas como las que lideran Javier Milei y Donald Trump, no modifica esta realidad: las sociedades humanas son constitutivamente diversas, heterogéneas y desiguales; en todas las comunidades humanas, pero aun más en aquellas donde existen el dinero y el Estado, hay multiplicidades y hay disparidades.

    Qué hacer con esta diversidad es un debate que viene concentrando la mayor parte de la historia ideológica, filosófica y política, y que por supuesto no está saldado. Dentro de estas controversias, uno de los capítulos centrales es el concepto de libertad, que ha sido utilizado por la extrema derecha como una de sus banderas. Para los conservadores, hoy llamados libertarios, la libertad se basa en la idea de que somos todos iguales: un rico y un pobre son consecuencia del modo distinto en que cada uno usó sus posibilidades. En esta mirada, la desigualdad fáctica es una consecuencia de una igualdad ontológica. Para las corrientes conservadoras, la libertad agiganta desigualdades. El rol del Estado, además de garantizar seguridad y justicia, debe ser restringir la diversidad: el Estado, que no debería cobrar impuestos, sí debe decretar que hay dos géneros, que la familia debe estar constituida de cierta manera y que las mujeres no pueden disponer de sus cuerpos.

    Desde una mirada democrática y progresista que asume que las sociedades son por naturaleza diversas, en cambio, la igualdad es algo a construir. Pero esa perspectiva hoy está a la defensiva. A través de una serie de subterfugios de ingenieros del caos, la posición histórica que conjuga liberalismo cultural, pluralismo político y justicia social ha sido estigmatizada como “woke” o “progresista”. La expresión “woke” surgió en Estados Unidos, un territorio de alta intensidad en la batalla cultural, en referencia a “despertar” (awake) ante la discriminación (“despierto” en el sentido de “concientizado”); pero hoy se usa de modo despectivo, que es la connotación que le dio Milei en su discurso en Davos. Como si las personas que descienden de esclavos o de pueblos originarios, como si las mujeres, que hasta hace setenta años no podían votar, hoy, justamente porque se reconocieron algunas de esas desigualdades, contaran con privilegios.

    La derecha conservadora está presente en distintas corrientes políticas, del mismo modo que la corriente que defiende las diversidades está presente –aunque no de modo uniforme– en partidos distintos. En Argentina, el peronismo, el radicalismo, el socialismo y la izquierda cuentan entre sus integrantes con personas que defienden este punto de vista. Se trata de una corriente que busca principalmente dos metas: que las personas y los grupos sean cada vez más libres, y que esa libertad se sostenga en formas igualitarias que la hagan real y no puramente declarativa o formal. Es una corriente de opinión que pone en escena grandes tradiciones culturales de la modernidad, heredadas de la Revolución Francesa y la Estadounidense, y que no tiene una única posición en materia de desarrollo económico, justicia distributiva o lucha por la igualdad. Ese “progresismo” no está en contra de ninguna religión, pero sí lucha por una separación completa de cualquier religión y del Estado. Ninguna ley puede sustentarse en creencias religiosas. Pero sí debe haber leyes que, por motivos universalistas, exijan el respeto de todas las religiones. Esta perspectiva, sometida hoy a una fuerte ofensiva, merece una reflexión autocrítica.

    Acerca de la autocrítica

    La hegemonía cultural de la extrema derecha impacta en el campo progresista. ¿Los movimientos por la libertad de las diversidades se “pasaron de rosca”? La ofensiva cultural de Milei y las derechas extremas, la derrota electoral del peronismo y los niveles de inflación y pobreza que dejó el gobierno de Alberto Fernández han planteado ese debate. ¿Hay una incidencia de la lucha por las diversidades en el oscurantismo que estamos viviendo hoy? ¿No habremos ido demasiado lejos? ¿Se puede seguir sosteniendo la defensa del colectivo LGTBQi+ en el contexto actual?

    Los procesos sociales y políticos siempre son imperfectos. Conocer esas imperfecciones, practicar la autorreflexión, es clave para mejorarlos. Por otro lado, se trata de movimientos profundos y de larga duración. En Argentina, por ejemplo, el movimiento masivo de mujeres de los últimos años comenzó en 2015 con el “Ni Una Menos”, una gigantesca movilización contra la violencia de género. ¿Frenar el reclamo contra los asesinatos de mujeres hubiera sido “menos radicalizado”? Y hoy, ¿qué está más vigente? ¿El reclamo de que no mueran más mujeres por el hecho de ser mujeres o la propuesta oficial de retirar del Código Penal el agravante por femicidio?

    La autocrítica no equivale a autoflagelación; debe ser una reflexión sobre prácticas y políticas que nos implican. Entre las múltiples causas que produjeron esta nueva etapa histórica global de las derechas extremas están, en efecto, los profundos déficits de la izquierda, la centroizquierda y los partidos tradicionales. Pero no coincido con quienes, subidos a la marea reaccionaria, afirman que la culpa es del progresismo, de un supuesto “wokismo” o de una “excesiva” ampliación de derechos civiles. Ese argumento puede terminar en diputados que voten con Milei regresiones culturales o puede llevar a un catolicismo de gobierno en contra de la libertad de las personas y los grupos. Empieza cuestionando el DNI no binario y termina aboliendo el divorcio.

    Pero entonces, ¿cuáles son esos errores de la izquierda? Si hubiera que elegir uno, diría lo siguiente: mientras las vocaciones igualitarias y de justicia social se tornaban cada vez más difíciles de lograr, en gran parte por no tener una alternativa concreta al capitalismo neoliberal, la izquierda avanzó con leyes y políticas tendientes a garantizar derechos civiles. Dependiendo de los países, se avanzó en materia de identidad de género, aborto, discriminación positiva, educación sexual, matrimonio igualitario, derechos de los pueblos originarios y los migrantes. Cuantas más dificultades aparecían en materia económica y social, cuanto más complicado se hacía sostener el horizonte de movilidad social, más se acentuaron estos derechos como compensación.

    La autocrítica no equivale a autoflagelación: debe ser una reflexión sobre prácticas y políticas que nos implican.

    Ese fue el gran problema. Las libertades civiles no pueden compensar el fracaso económico o social. Si son las únicas banderas que se agitan cuando se desfinancia el Estado de Bienestar, se retiran regulaciones públicas o se producen escaladas inflacionarias, como en el caso argentino, se corre el riesgo de que las fuerzas democráticas queden reducidas y debilitadas. Los límites para corregir o superar el neoliberalismo los terminan pagando los avances en materia de diversidad o pluralismo.

    Mi primera tesis es que, frente a quienes creen que la ampliación de libertades favoreció a la derecha extrema, creo que su causa es el fracaso económico.

    En segundo lugar, la cuestión de los particularismos. Mientras Martin Luther King buscó cambios que mejoraran la desigualdad estructural de la sociedad norteamericana, muchas políticas de la identidad del siglo XXI se concentraron en derechos particulares. Y es difícil pedirles algo más que simpatía pasiva o inactividad a quienes no están directamente involucrados en la conquista de un derecho. Esto no implica que movimientos como “Ni Una Menos”, “Black Lives Matter” o la “Marcha anti-fascista” de febrero de 2025 no hayan sido señales contundentes en la dirección correcta, sino simplemente llamar la atención sobre cuál puede ser el alcance de esas convocatorias.

    Algo similar ocurre con el “lenguaje inclusivo”. Se trata de un cambio cultural crucial, que busca ampliar libertades e incluir diversidades. Pero debe expandirse a partir de la posibilidad, no como imposición. Los mayores fracasos del cambio cultural ocurrieron cuando se pretendió imponer a través de prescripciones. El liberalismo cultural busca ampliar, no restringir, las posibilidades de las personas.

    El caso de las cuotas

    Muchas veces, en lugar de luchar por cambiar una legislación, una política o un presupuesto, las reivindicaciones progresistas se enfocaron en personas concretas: los varones blancos, incluyendo casos de punitivismo extra-judicial, como escraches a adolescentes, altamente polémicos. En aquellos casos, hubo voces feministas potentes que alertaron que el feminismo no surgió para cambiar al dueño del poder del patriarcado, sino para modificar un tipo de poder y de dominación. El punitivismo y la cultura de la cancelación fueron algunos de los errores más graves. Pero no es verdad que sean inherentes a los reclamos por la diversidad y la libertad: fueron casos minoritarios en causas justas.

    Detrás de este tipo de cuestiones aparece un problema que vale la pena debatir a futuro: la tensión entre lo particular y lo universal. Si cada uno de los grupos discriminados reclamara sólo para sí mismo, si todo se tradujera en una simple cuota por grupo, a largo plazo se terminarían socavando algunos de los consensos culturales necesarios para mantener las políticas de acción afirmativa. Un ejemplo es el de las universidades. En la mayoría de los países del mundo existe un sistema de examen de ingreso a la universidad y cupos por carrera. Al observar las universidades se hacía evidente que la abrumadora mayoría de los alumnos eran varones blancos. Eso llevó a reclamar políticas de cuotas raciales, étnicas y nacionales, como las que se terminaron concretando en Estados Unidos y Brasil. Este sistema garantizaba una mayor presencia de diversidades, restando lugares a los blancos. Pero, ¿qué quedaba, por ejemplo, para los blancos pobres? ¿Quién se preocupó de su situación? En muchos casos fueron los grandes olvidados, lo que contribuyó a que volcaran su respaldo a fuerzas políticas conservadoras que dicen defenderlos. ¿Qué hubiera ocurrido si se hubiera incluido una cuota general para los estudiantes de colegios públicos de bajos recursos en el ingreso a la universidad? Mientras en un terreno puramente cultural la especificidad por grupo es adecuada, en cuotas vinculadas a desigualdades puede no producir las consecuencias buscadas.

    En un mundo dominado por la incertidumbre económica, en el que se achican los recursos públicos, muchos países optaron por un modelo de cuotas para asegurar la presencia de los grupos discriminados no sólo en el acceso a la universidad sino también al empleo público –y en ocasiones al empleo privado–. Esto implica que los logros de la ampliación hacia los sectores discriminados se hicieron sobre la base de una reducción relevante de la participación de los sectores anteriormente privilegiados. Y esta estrategia, correcta desde un punto de vista filosófico, se topa con un problema político. Las personas de carne y hueso que se ven afectadas, que no logran ingresar a la universidad o no consiguen empleo, se van pasando en masa al ejército del “contragolpe cultural”, esperando el surgimiento de un Trump, un Milei o cualquier otro líder que proponga revertir la situación.

    Se trata de un error recurrente del progresismo: no percibir el dolor de las víctimas de sus políticas, y no elaborar una respuesta. Mi punto es sencillo: si se presuponen las restricciones económicas, como de hecho las aceptaron la mayoría de las fuerzas de centroizquierda en Europa y América, que los perdedores de la discriminación positiva pasen al otro lado es inexorable. Pero si se cuestiona un modelo que reduce los impuestos a la riqueza y desfinancia al Estado, y se usa ese dinero para ampliar el acceso a la universidad y el empleo, logrando mejorar la diversidad sin afectar drásticamente los espacios previos, la base política de la derecha extrema quedará reducida. Es cierto que esto no es posible para los varones privilegiados, que inexorablemente se verán afectados: será necesario pensar una política cultural específica para ellos.

    La defensa de la libertad

    Estamos ante un feroz ajuste a las libertades y es urgente emprender una fuerte defensa de políticas por la libertad basada en igualdades. La libertad, convertida en el eslogan hueco de la extrema derecha, no puede ser resignada por las fuerzas democráticas y progresistas. El principio básico de la lucha por la libertad es maravilloso: que las personas y los grupos puedan autorrealizarse en todas las dimensiones de la vida. Esto incluye su identidad de género, étnica, nacional, local, religiosa, así como su libertad de expresión, en la familia, en el trabajo…

    Esas libertades tienen un requisito: un piso de igualdad, porque quien sufre desnutrición no puede ser libre, quien no puede acceder a la escuela no puede ser libre. Una comunidad libre es aquella que garantiza un piso de igualdad para todos sus miembros.

    Los libertarios conservadores de la extrema derecha afirman que ser iguales es que cada uno se las arregle como pueda. Es una propaganda basada en la negación de la historia tal como sucedió. Los esclavos existieron hasta el siglo XIX bajo el imperio de la ley, y los afrodescendientes continúan siendo discriminados en prácticamente todos los países de América y Europa hasta hoy. La conquista colonial existió. El patriarcado y la desigualdad de géneros existieron… y todavía existen. En muchos países las mujeres votan recién desde hace algunas décadas. Y en la mayoría de los países europeos y americanos jamás hubo una presidenta o una primera ministra mujer. El capitalismo, por su parte, tiene mecanismos poderosos para reproducir la desigualdad de clases entre generaciones: a través de la herencia y también de la “herencia de clase”. La mayoría de los hijos de personas pobres son pobres. La movilidad social ascendente está en crisis en la mayoría de los países, y los mecanismos sociales que la hacían posible se están debilitando a un ritmo vertiginoso. Los libertarios conservadores quieren liquidar esos mecanismos, del mismo modo que se proponen atacar las leyes que tienden a asegurar libertades vinculadas a la diversidad y la disidencia. Esto implicará también contrarrestar su ofensiva individualista poniendo en valor la solidaridad, lo común y lo público. Enfrentar políticamente aquel proyecto exige autorreflexión y determinación.

     

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  • CERTIFICADO ÚNICO HABILITANTE PARA CIRCULACIÓN

    Ya esta on-line el formulario para tramitar el Certificado Único Habilitante para Circulación (CUHC) – Covid-19. El mismo habilita a transitar por todo el país a aquellas personas que estén exceptuadas del artículo 6 del Decreto Presidencial 297/20, en el marco de la cuarentena obligatoria por la pandemia de coronavirus. HACÉ CLICK EN ESTE LINK…

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