Fiesta de la Primavera en 25 de Mayo

El Municipio de Villa Regina, organiza una fiesta por el inicio de la Primavera en el barrio 25 de Mayo para el viernes 20 de septiembre a partir de las 10 horas.

En la plaza de su barrio, la Junta Vecinal y el Centro de Desarrollo Infantil (C.D.I.) de 25 de Mayo, acompañados por la Dirección de Deportes y la Dirección Medio Ambiente, llevarán a cabo varias actividades recreativas y de concientización.

La Dirección de Medio Ambiente prepara un programa orientado a los niños y niñas. Para ello, dispondrá de la oportunidad para observar, identificar y hasta interactuar con diversas plantas, obteniendo así, el conocimiento necesario para su protección. También, el cuidado a través del reciclaje formará parte de la jornada decorando la plaza con elementos como piedras y botellas, las cuales pintarán; además de realizar canteros con cubiertas de autos, entre otros ornamentos.

Por su parte, desde la Dirección de Deportes, las disciplinas de fútbol, fútbol tenis y vóley, estarán vigentes para que los vecinos y las vecinas de la zona puedan disfrutar de estos esparcimientos al aire libre y de paso, realizar ejercicio, fortaleciendo el cuerpo y despejar la mente. Todo esto con el acompañamiento de música, juegos y mucho más.

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  • Schiaretti se monta a la crisis en la industria automotriz para diferencirse de Llaryora

     

    El cierre intempestivo de la tradicaional autopartista Crucianelli de la ciudad de Córdoba volvió a poner en evidencia la profundidad de la crisis que atraviesa la industria metalmecánica cordobesa y abrió un nuevo frente interno en el cordobesismo.

    Mientras los trabajadores encontraron los portones de la planta soldados y sin ninguna comunicación oficial de la empresa, Juan Schiaretti aprovechó el episodio para cuestionar el rumbo económico de Javier Milei, en contraste con la estrategia de acercamiento que Martín Llaryora viene ensayando con la Casa Rosada, potenciada desde la llegada de Diego Santilli a la jefatura de Gabinete.

    La autopartista, ubicada sobre avenida Armada Argentina de la ciudad de Córdoba, dejó a unos 20 operarios altamente capacitados sin trabajo. El caso tuvo un fuerte impacto simbólico por la forma en que se produjo el cierre: los obreros llegaron a cumplir su jornada habitual y encontraron la fábrica completamente clausurada, con los portones soldados. Como se sabe, no se trata de una situación aislada.

    En el Gobierno provincial admiten que el problema excede ampliamente a una empresa. La metalmecánica cordobesa acumula meses de caída de actividad, reducción de personal y establecimientos en procedimientos preventivos de crisis; golpeada por la retracción del mercado interno y la apertura de importaciones con un dólar poco competitivo.

    El episodio, además, quedó rápidamente atravesado por la disputa política.

    Schiaretti publicó un mensaje en redes sociales advirtiendo sobre el deterioro del aparato productivo. El exgobernador dijo que la automotriz es una «economía regional clave» que precisa «previsibilidad para su desarrollo».

    La industria automotriz sigue cayendo y las terminales produjeron 18,3% menos que en el primer semestre de 2025

    En ese marco, pidió a La Libertad Avanza que prorrogue las leyes de «Desarrollo y Fortalecimiento del Autopartismo» y la de «Promoción de Inversiones Automotrices». «Argentina se ubica en el cuarto lugar en la producción de pickups en el mundo, un logro que se alcanzó gracias al esfuerzo de todos», dijo Schiaretti.

    El pedido de Schiaretti fue tras reunirse con el clúster automotriz de Córdoba, que tiene como principal objetivo mejorar la competitividad de la cadena industrial automotriz de Córdoba». El posteo de Schiaretti fue 48 horas después de la foto de Llaryora con Santilli.

    Repasemos los posteos anteriores de Schiaretti, El 24 de junio avisó que no votaría el Súper RIGI porque este esquema, en su visión, «sólo beneficia a grandes corporaciones en detrimento de otras actividades productivas». Antes, el 12 de junio, Schiaretti había pedido la cabeza de Manuel Adorni: «El Gobierno nacional no puede seguir sosteniendo una mentira más», había dicho Schiaretti en X.

    En paralelo, Llartora viene profundizando un vínculo pragmático con Milei. La relación mejoró sensiblemente durante los últimos meses a partir de acuerdos fiscales, negociaciones por obras públicas y un diálogo permanente con la Casa Rosada que le permitió recuperar fondos nacionales y mostrar una imagen de cooperación institucional. Con la llegada de Santilli el Gobierno de Córdoba espera profundizar el entendimiento de cara a las elecciones provinciales del año que viene.

    Por eso, en el oficialismo provincial procuran evitar cualquier confrontación directa con el Presidente, incluso cuando los indicadores económicos empiezan a encender alarmas entre empresarios y sindicatos. En ese contexto, el cierre de la autopartista Crucianelli vuelve a poner a prueba ese delicado equilibrio. 

     

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  • El Chiqui Tapia se reunió con Trump y vuelve empoderado del Mundial

     

    Claudio «Chiqui» Tapia se saludó con Donald Trump y se siente empoderado por el avance de la Scaloneta a otra final del mundo, en medio de las investigaciones judiciales en su contra y del avance de los Menem sobre la AFA, revelado por LPO.

    A dos días de la final, el presidente de Estados Unidos le estrechó la mano al Chiqui en una recepción exclusiva que organizó la FIFA en Nueva York.

    Los allegados de Tapia se mostraron eufóricos por esa señal de respaldo que se suma a la fuerte ligazón que tiene el titular de la AFA con los jugadores de la selección, en especial con Lionel Messi. Justo en momentos en los que Messi y sus compañeros fueron atacados por Javier Milei por mostrar una bandera de Malvinas en la cancha. Fue una acción que el gobierno libertario buscó evitar en la previa y que ofendió a los ingleses.

    Una muestra de lo sobrado que se siente Tapia con el Mundial fue la escena que montó en medio de una entrevista que le hacían a Messi tras el triunfo contra Inglaterra. El mandamás de la AFA interrumpió al astro en medio del reportaje: «¡Leo! Me secan la nuca», dijo mientras Luciano Nakis le quitaba el sudor de la nuca con una toalla.

    Nakis es el dirigente de Deportivo Armenio que forma parte de la mesa chica de Tapia y que saltó a la fama cuando las cámaras lo captaron durante un partido secándole la nuca al presidente de la AFA. Desde ese entonces, el adjetivo «secanucas» se empezó a usar para cualquier dirigente o periodista cercano al Chiqui.

    Tapia incluso aparece en un video hecho con IA por el artista digital Tutanka que fue compartido nada menos que por Madonna y por ende recibió millones de visualizaciones.

    La mezcla de gestos políticos con apoyos extravagantes representan un espaldarazo a la figura de Tapia. Con los buenos resultados de la Selección Argentina en el Mundial, en la AFA creen aflojará la presión judicial sobre Tapia.

    Además, suponen un freno al avance de los libertarios sobre la asociación. LPO reveló que los Menem están trabajando para meterse en la AFA, un anhelo de todos los últimos gobiernos, y empujan a Rodolfo D’Onofrio. El ex presidente de River que siempre coqueteo con la idea de ir por la AFA pero nunca tuvo posibilidades serias. D’Onofrio es pareja de Zulemita, lo que lo convierte en parte del clan Menem.

     

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  • Contratación de camiones regadores

    La Municipalidad de Villa Regina puso en marcha la Licitación Privada Nº 01/2021 para la contratación de cuatro camiones regadores para prestar el servicio de riego en zonas urbana y rural. El presupuesto oficial total es de $2.419.000. Los pliegos pueden adquirirse en el Departamento de Compras ubicado en el edificio central de Avenida Rivadavia…

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  • ¿Cómo enfrentar el “contragolpe cultural”?

     

    Así como las afirmaciones terraplanistas no modifican el hecho de que la Tierra sea redonda, así como los movimientos antivacunas no cambian la naturaleza contagiosa del Covid, el conservadurismo cultural, expresado hoy por fuerzas como las que lideran Javier Milei y Donald Trump, no modifica esta realidad: las sociedades humanas son constitutivamente diversas, heterogéneas y desiguales; en todas las comunidades humanas, pero aun más en aquellas donde existen el dinero y el Estado, hay multiplicidades y hay disparidades.

    Qué hacer con esta diversidad es un debate que viene concentrando la mayor parte de la historia ideológica, filosófica y política, y que por supuesto no está saldado. Dentro de estas controversias, uno de los capítulos centrales es el concepto de libertad, que ha sido utilizado por la extrema derecha como una de sus banderas. Para los conservadores, hoy llamados libertarios, la libertad se basa en la idea de que somos todos iguales: un rico y un pobre son consecuencia del modo distinto en que cada uno usó sus posibilidades. En esta mirada, la desigualdad fáctica es una consecuencia de una igualdad ontológica. Para las corrientes conservadoras, la libertad agiganta desigualdades. El rol del Estado, además de garantizar seguridad y justicia, debe ser restringir la diversidad: el Estado, que no debería cobrar impuestos, sí debe decretar que hay dos géneros, que la familia debe estar constituida de cierta manera y que las mujeres no pueden disponer de sus cuerpos.

    Desde una mirada democrática y progresista que asume que las sociedades son por naturaleza diversas, en cambio, la igualdad es algo a construir. Pero esa perspectiva hoy está a la defensiva. A través de una serie de subterfugios de ingenieros del caos, la posición histórica que conjuga liberalismo cultural, pluralismo político y justicia social ha sido estigmatizada como “woke” o “progresista”. La expresión “woke” surgió en Estados Unidos, un territorio de alta intensidad en la batalla cultural, en referencia a “despertar” (awake) ante la discriminación (“despierto” en el sentido de “concientizado”); pero hoy se usa de modo despectivo, que es la connotación que le dio Milei en su discurso en Davos. Como si las personas que descienden de esclavos o de pueblos originarios, como si las mujeres, que hasta hace setenta años no podían votar, hoy, justamente porque se reconocieron algunas de esas desigualdades, contaran con privilegios.

    La derecha conservadora está presente en distintas corrientes políticas, del mismo modo que la corriente que defiende las diversidades está presente –aunque no de modo uniforme– en partidos distintos. En Argentina, el peronismo, el radicalismo, el socialismo y la izquierda cuentan entre sus integrantes con personas que defienden este punto de vista. Se trata de una corriente que busca principalmente dos metas: que las personas y los grupos sean cada vez más libres, y que esa libertad se sostenga en formas igualitarias que la hagan real y no puramente declarativa o formal. Es una corriente de opinión que pone en escena grandes tradiciones culturales de la modernidad, heredadas de la Revolución Francesa y la Estadounidense, y que no tiene una única posición en materia de desarrollo económico, justicia distributiva o lucha por la igualdad. Ese “progresismo” no está en contra de ninguna religión, pero sí lucha por una separación completa de cualquier religión y del Estado. Ninguna ley puede sustentarse en creencias religiosas. Pero sí debe haber leyes que, por motivos universalistas, exijan el respeto de todas las religiones. Esta perspectiva, sometida hoy a una fuerte ofensiva, merece una reflexión autocrítica.

    Acerca de la autocrítica

    La hegemonía cultural de la extrema derecha impacta en el campo progresista. ¿Los movimientos por la libertad de las diversidades se “pasaron de rosca”? La ofensiva cultural de Milei y las derechas extremas, la derrota electoral del peronismo y los niveles de inflación y pobreza que dejó el gobierno de Alberto Fernández han planteado ese debate. ¿Hay una incidencia de la lucha por las diversidades en el oscurantismo que estamos viviendo hoy? ¿No habremos ido demasiado lejos? ¿Se puede seguir sosteniendo la defensa del colectivo LGTBQi+ en el contexto actual?

    Los procesos sociales y políticos siempre son imperfectos. Conocer esas imperfecciones, practicar la autorreflexión, es clave para mejorarlos. Por otro lado, se trata de movimientos profundos y de larga duración. En Argentina, por ejemplo, el movimiento masivo de mujeres de los últimos años comenzó en 2015 con el “Ni Una Menos”, una gigantesca movilización contra la violencia de género. ¿Frenar el reclamo contra los asesinatos de mujeres hubiera sido “menos radicalizado”? Y hoy, ¿qué está más vigente? ¿El reclamo de que no mueran más mujeres por el hecho de ser mujeres o la propuesta oficial de retirar del Código Penal el agravante por femicidio?

    La autocrítica no equivale a autoflagelación; debe ser una reflexión sobre prácticas y políticas que nos implican. Entre las múltiples causas que produjeron esta nueva etapa histórica global de las derechas extremas están, en efecto, los profundos déficits de la izquierda, la centroizquierda y los partidos tradicionales. Pero no coincido con quienes, subidos a la marea reaccionaria, afirman que la culpa es del progresismo, de un supuesto “wokismo” o de una “excesiva” ampliación de derechos civiles. Ese argumento puede terminar en diputados que voten con Milei regresiones culturales o puede llevar a un catolicismo de gobierno en contra de la libertad de las personas y los grupos. Empieza cuestionando el DNI no binario y termina aboliendo el divorcio.

    Pero entonces, ¿cuáles son esos errores de la izquierda? Si hubiera que elegir uno, diría lo siguiente: mientras las vocaciones igualitarias y de justicia social se tornaban cada vez más difíciles de lograr, en gran parte por no tener una alternativa concreta al capitalismo neoliberal, la izquierda avanzó con leyes y políticas tendientes a garantizar derechos civiles. Dependiendo de los países, se avanzó en materia de identidad de género, aborto, discriminación positiva, educación sexual, matrimonio igualitario, derechos de los pueblos originarios y los migrantes. Cuantas más dificultades aparecían en materia económica y social, cuanto más complicado se hacía sostener el horizonte de movilidad social, más se acentuaron estos derechos como compensación.

    La autocrítica no equivale a autoflagelación: debe ser una reflexión sobre prácticas y políticas que nos implican.

    Ese fue el gran problema. Las libertades civiles no pueden compensar el fracaso económico o social. Si son las únicas banderas que se agitan cuando se desfinancia el Estado de Bienestar, se retiran regulaciones públicas o se producen escaladas inflacionarias, como en el caso argentino, se corre el riesgo de que las fuerzas democráticas queden reducidas y debilitadas. Los límites para corregir o superar el neoliberalismo los terminan pagando los avances en materia de diversidad o pluralismo.

    Mi primera tesis es que, frente a quienes creen que la ampliación de libertades favoreció a la derecha extrema, creo que su causa es el fracaso económico.

    En segundo lugar, la cuestión de los particularismos. Mientras Martin Luther King buscó cambios que mejoraran la desigualdad estructural de la sociedad norteamericana, muchas políticas de la identidad del siglo XXI se concentraron en derechos particulares. Y es difícil pedirles algo más que simpatía pasiva o inactividad a quienes no están directamente involucrados en la conquista de un derecho. Esto no implica que movimientos como “Ni Una Menos”, “Black Lives Matter” o la “Marcha anti-fascista” de febrero de 2025 no hayan sido señales contundentes en la dirección correcta, sino simplemente llamar la atención sobre cuál puede ser el alcance de esas convocatorias.

    Algo similar ocurre con el “lenguaje inclusivo”. Se trata de un cambio cultural crucial, que busca ampliar libertades e incluir diversidades. Pero debe expandirse a partir de la posibilidad, no como imposición. Los mayores fracasos del cambio cultural ocurrieron cuando se pretendió imponer a través de prescripciones. El liberalismo cultural busca ampliar, no restringir, las posibilidades de las personas.

    El caso de las cuotas

    Muchas veces, en lugar de luchar por cambiar una legislación, una política o un presupuesto, las reivindicaciones progresistas se enfocaron en personas concretas: los varones blancos, incluyendo casos de punitivismo extra-judicial, como escraches a adolescentes, altamente polémicos. En aquellos casos, hubo voces feministas potentes que alertaron que el feminismo no surgió para cambiar al dueño del poder del patriarcado, sino para modificar un tipo de poder y de dominación. El punitivismo y la cultura de la cancelación fueron algunos de los errores más graves. Pero no es verdad que sean inherentes a los reclamos por la diversidad y la libertad: fueron casos minoritarios en causas justas.

    Detrás de este tipo de cuestiones aparece un problema que vale la pena debatir a futuro: la tensión entre lo particular y lo universal. Si cada uno de los grupos discriminados reclamara sólo para sí mismo, si todo se tradujera en una simple cuota por grupo, a largo plazo se terminarían socavando algunos de los consensos culturales necesarios para mantener las políticas de acción afirmativa. Un ejemplo es el de las universidades. En la mayoría de los países del mundo existe un sistema de examen de ingreso a la universidad y cupos por carrera. Al observar las universidades se hacía evidente que la abrumadora mayoría de los alumnos eran varones blancos. Eso llevó a reclamar políticas de cuotas raciales, étnicas y nacionales, como las que se terminaron concretando en Estados Unidos y Brasil. Este sistema garantizaba una mayor presencia de diversidades, restando lugares a los blancos. Pero, ¿qué quedaba, por ejemplo, para los blancos pobres? ¿Quién se preocupó de su situación? En muchos casos fueron los grandes olvidados, lo que contribuyó a que volcaran su respaldo a fuerzas políticas conservadoras que dicen defenderlos. ¿Qué hubiera ocurrido si se hubiera incluido una cuota general para los estudiantes de colegios públicos de bajos recursos en el ingreso a la universidad? Mientras en un terreno puramente cultural la especificidad por grupo es adecuada, en cuotas vinculadas a desigualdades puede no producir las consecuencias buscadas.

    En un mundo dominado por la incertidumbre económica, en el que se achican los recursos públicos, muchos países optaron por un modelo de cuotas para asegurar la presencia de los grupos discriminados no sólo en el acceso a la universidad sino también al empleo público –y en ocasiones al empleo privado–. Esto implica que los logros de la ampliación hacia los sectores discriminados se hicieron sobre la base de una reducción relevante de la participación de los sectores anteriormente privilegiados. Y esta estrategia, correcta desde un punto de vista filosófico, se topa con un problema político. Las personas de carne y hueso que se ven afectadas, que no logran ingresar a la universidad o no consiguen empleo, se van pasando en masa al ejército del “contragolpe cultural”, esperando el surgimiento de un Trump, un Milei o cualquier otro líder que proponga revertir la situación.

    Se trata de un error recurrente del progresismo: no percibir el dolor de las víctimas de sus políticas, y no elaborar una respuesta. Mi punto es sencillo: si se presuponen las restricciones económicas, como de hecho las aceptaron la mayoría de las fuerzas de centroizquierda en Europa y América, que los perdedores de la discriminación positiva pasen al otro lado es inexorable. Pero si se cuestiona un modelo que reduce los impuestos a la riqueza y desfinancia al Estado, y se usa ese dinero para ampliar el acceso a la universidad y el empleo, logrando mejorar la diversidad sin afectar drásticamente los espacios previos, la base política de la derecha extrema quedará reducida. Es cierto que esto no es posible para los varones privilegiados, que inexorablemente se verán afectados: será necesario pensar una política cultural específica para ellos.

    La defensa de la libertad

    Estamos ante un feroz ajuste a las libertades y es urgente emprender una fuerte defensa de políticas por la libertad basada en igualdades. La libertad, convertida en el eslogan hueco de la extrema derecha, no puede ser resignada por las fuerzas democráticas y progresistas. El principio básico de la lucha por la libertad es maravilloso: que las personas y los grupos puedan autorrealizarse en todas las dimensiones de la vida. Esto incluye su identidad de género, étnica, nacional, local, religiosa, así como su libertad de expresión, en la familia, en el trabajo…

    Esas libertades tienen un requisito: un piso de igualdad, porque quien sufre desnutrición no puede ser libre, quien no puede acceder a la escuela no puede ser libre. Una comunidad libre es aquella que garantiza un piso de igualdad para todos sus miembros.

    Los libertarios conservadores de la extrema derecha afirman que ser iguales es que cada uno se las arregle como pueda. Es una propaganda basada en la negación de la historia tal como sucedió. Los esclavos existieron hasta el siglo XIX bajo el imperio de la ley, y los afrodescendientes continúan siendo discriminados en prácticamente todos los países de América y Europa hasta hoy. La conquista colonial existió. El patriarcado y la desigualdad de géneros existieron… y todavía existen. En muchos países las mujeres votan recién desde hace algunas décadas. Y en la mayoría de los países europeos y americanos jamás hubo una presidenta o una primera ministra mujer. El capitalismo, por su parte, tiene mecanismos poderosos para reproducir la desigualdad de clases entre generaciones: a través de la herencia y también de la “herencia de clase”. La mayoría de los hijos de personas pobres son pobres. La movilidad social ascendente está en crisis en la mayoría de los países, y los mecanismos sociales que la hacían posible se están debilitando a un ritmo vertiginoso. Los libertarios conservadores quieren liquidar esos mecanismos, del mismo modo que se proponen atacar las leyes que tienden a asegurar libertades vinculadas a la diversidad y la disidencia. Esto implicará también contrarrestar su ofensiva individualista poniendo en valor la solidaridad, lo común y lo público. Enfrentar políticamente aquel proyecto exige autorreflexión y determinación.

     

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