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Milei firmó un decreto para allanar el ingreso de personal militar en Defensa
El DNU 34/2026 no es una reforma administrativa neutra: es la llave que le permite a Carlos Presti poblar el Ministerio de Defensa con personal militar en actividad sin que eso tenga costo para sus carreras. Un cambio legal hecho a medida de una nueva conducción, que diluye el límite entre mando civil y estructura castrense.
Por Roque Pérez para NLI

Desde hpy, con la publicación del Decreto 34/2026, el gobierno de Milei modificó por DNU la Ley para el Personal Militar N° 19.101. El cambio central es claro: los militares designados para cumplir funciones dentro del Ministerio de Defensa pasan a ser considerados en “servicio efectivo”, algo que hasta ahora no ocurría.
Hasta este decreto, cualquier oficial superior que aceptara un cargo en Defensa que no fuera estrictamente operativo veía afectada su carrera: quedaba en situación de disponibilidad o pasiva, el tiempo no computaba plenamente para ascensos y se resentía el cálculo del haber de retiro. En los hechos, ir al Ministerio era un freno profesional.
Ese obstáculo acaba de ser removido.
Un decreto funcional a una nueva conducción
La modificación legal encaja de manera perfecta con el desembarco de Carlos Alberto Presti como ministro de Defensa. Con origen militar y sin una estructura civil propia consolidada, Presti necesitaba una herramienta concreta para traer oficiales en actividad al corazón del Ministerio sin que eso implicara sacrificar trayectorias ni generar resistencias internas.
El DNU hace exactamente eso: convierte al Ministerio de Defensa en una extensión válida de la carrera militar, permitiendo que oficiales del cuadro permanente ocupen cargos clave —secretarías, subsecretarías, direcciones estratégicas— sin perder antigüedad, posibilidades de ascenso ni futuro previsional.
El propio texto del decreto reconoce el problema y lo justifica: habla de “incongruencia” en castigar la carrera de quienes son designados por el Poder Ejecutivo y de la necesidad de cubrir cargos “de manera inmediata”. Traducido: Presti necesitaba traer gente ya, y el andamiaje legal anterior se lo impedía.
Militarización de la gestión civil
El cambio no es menor desde el punto de vista institucional. Se reduce de hecho la frontera entre conducción civil y estructura militar, una línea que fue cuidadosamente trazada en la Argentina desde el retorno democrático.
Aunque el decreto aclara que no se pueden ejercer cargos simultáneos en las Fuerzas Armadas y en el Ministerio, el efecto político es evidente: militares en actividad pasan a ocupar funciones administrativas y políticas dentro de Defensa como parte normal de su carrera.
Esto altera el equilibrio histórico del Ministerio, donde los cuadros civiles especializados —en planificación, presupuesto, control democrático y política de defensa— pierden peso frente a una conducción cada vez más castrense. El Ministerio deja de ser un espacio de control civil fuerte para convertirse en una zona de circulación interna del poder militar.
El DNU como atajo
No es casual que la reforma se haya hecho por Decreto de Necesidad y Urgencia. El texto invoca la “urgencia” de cubrir cargos y evitar perjuicios en las carreras militares. Lo que se evita, en realidad, es el debate parlamentario sobre un cambio sensible en la relación entre Fuerzas Armadas y poder civil.
El Congreso queda relegado a una revisión posterior, mientras la nueva estructura ya está en marcha.
Una reforma con nombre y apellido
El DNU 34/2026 no responde a una demanda histórica del sistema de defensa ni a un reclamo generalizado del personal militar. Responde a una necesidad política concreta de esta etapa: permitir que Carlos Presti arme su equipo con personal de las Fuerzas Armadas sin pagar costos internos.
En síntesis, el decreto no solo protege carreras militares: reconfigura el Ministerio de Defensa, fortalece el peso castrense en su conducción y consolida una decisión política de Milei que va mucho más allá de una corrección técnica.
Bornoroni vetó a De Loredo y lo bajó de la noche de Milei en Jesús María
Gabriel Bornoroni decidió marcar territorio y lo hizo con un gesto político de alto voltaje simbólico: dejó afuera a Rodrigo de Loredo de la comitiva invitada al Festival de Jesús María, donde este fin de semana se mostrará Javier Milei.
El jefe del bloque libertario en Diputados eligió no convocar al referente de la UCR cordobesa y exsocio parlamentario clave del oficialismo nacional, y en cambio sí invitó a la ex diputada radical Soledad Carrizo, tropa de Alfredo Cornejo.
El movimiento no pasó inadvertido en el ecosistema político cordobés. En un contexto donde Milei intenta ordenar su armado territorial y Bornoroni busca consolidarse como el principal candidato opositor en la provincia, la exclusión de De Loredo fue leída como un mensaje directo: la lapicera libertaria no se comparte y las alianzas se administran desde Buenos Aires, no desde el radicalismo local.
Milei aprovechará el evento para reforzar su vínculo con el interior productivo y con el electorado tradicionalista, mientras Bornoroni se muestra como el anfitrión político del Presidente en Córdoba. En ese esquema, De Loredo quedó corrido de la escena principal.
Como Plan B, De Loredo viajará igual a Jesús María acompañado por intendentes radicales del interior, en una jugada que apunta a mostrar volumen político propio y anclaje territorial, dos atributos que Bornoroni todavía no logra exhibir fuera del paraguas presidencial.
El desplante tiene antecedentes. En el entorno libertario vienen repitiendo en voz baja que De Loredo «juega a dos puntas», que busca capitalizar el vínculo con Milei sin pagar los costos del ajuste y que mantiene abiertas sus conversaciones con el peronismo cordobés de Martín Llaryora.
La decisión de excluirlo del evento fue, en ese marco, una forma de bajarle el precio a su rol de socio estratégico en el Congreso. El episodio vuelve a poner sobre la mesa la discusión de fondo: quién lidera la oposición en Córdoba y quién capitaliza el vínculo con el Presidente.
Bornoroni apuesta a un armado puro, sin intermediarios y con control total de la marca Milei. De Loredo, en cambio, cree que él es el mejor candidato y el único que tiene chances matemáticas de ganarle al peronismo, una cuenta que hace sobre la base de una encuesta que no muestra.

