La Filarmónica de Río Negro ya agotó las entradas

La Filarmónica de Río Negro ya agotó las entradas

La Filarmónica de Río Negro ya agotó las entradas

La Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina informa que se completó la capacidad de 250 butacas para la presentación de la Filarmónica de Río Negro en el Cine Teatro Círculo Italiano el próximo sábado.

Además comunica que ese día la sala se abrirá a las 18,30 horas.

Por otro lado, recuerda que se deben respetar las siguientes medidas de protocolo: mantener la distancia de seguridad recomendada; es obligatorio el uso de tapabocas en todo momento; no se permitirá el desplazamiento de público durante el espectáculo, debiendo permanecer en el lugar asignado excepto para el uso de los sanitarios.  No se puede ingresar a la sala con bebidas o alimentos, la entrada y salida se realizará de manera ordenada.

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  • La memoria en una carpeta celeste

     

    Ahí, a centímetros de donde algunas hojas de 1904 vencen al tiempo, bajo el mismo aire que protege a miles de viejas solicitudes de asociación que certifican que nada es tan potente como ser parte de algo, en el segundo piso de un edificio del centro de Avellaneda que es sede social y sede de sueños desde 1934, distante apenas dos puertas de una colección gigante de copas muy plateadas y muy doradas, justo en el cuartito que late como corazón del Archivo Histórico de Racing, justo en donde se comprende que sin identidad se esfuma el porvenir, está la firma del genocida: Etchecolatz.

    Es un papel. O la copia de un papel. Un papel entre un montón de papeles que germinan desde una carpeta celeste, preparada y entregada el último 17 de julio por la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) a las autoridades del club, compuesta por 120 páginas que revelan cómo, en distintas etapas de la segunda mitad del siglo XX, la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA) se dedicó a espiar la actividad interna de la institución. Tal cual suena. Tal cual suena pero acaso, por la dimensión de la porquería y del asombro, convenga reiterarlo: un aparato de espionaje volcado sobre un club deportivo (y no sólo de uno, porque se trató de una lógica replicada en otros clubes). Con todo el repertorio que puede imaginar un ciudadano cualquiera que trata de respirar aires más o menos libres, pero intuye la existencia de submundos así de espantosos: detalles de la pertenencia partidaria de los dirigentes, husmeo de conflictos laborales, pormenores sobre las asambleas internas, identificación de militantes. La introducción —encabezada por los nombres del Premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel y de la socióloga Dora Barrancos, quienes presiden la entidad— señala: “El espionaje, el seguimiento, el registro y el análisis de la información para la persecución política fueron las principales funciones de la DIPPBA desde su creación hasta su disolución en el año 1998. Es uno de los pocos fondos documentales que permite reconstruir las lógicas de un servicio de inteligencia y la construcción histórica del ‘enemigo interno’ como ‘delincuente subversivo y/o terrorista’”.

    Argumenta Agustín Bellido, integrante de la CPM: “Es fundamental que los clubes de la provincia conserven una copia de esta documentación: por un lado, permite que sus socios y socias conozcan ese registro; por otro, funciona como puerta de entrada a nuevas investigaciones que sin duda colaborarán a entender la historia de nuestras instituciones sociales y deportivas a lo largo de la segunda mitad del siglo XX”.

    Miguel Osvaldo Etchecolatz, quien murió en 2022 a los 93 años, condenado a reclusión perpetua como ejecutor de múltiples crímenes de lesa humanidad, aparece una vez en el curso de las 120 páginas. Su nombre se lee al pie de un informe, dirigido a la DIPPBA, del 30 de agosto de 1968 en el que son consignados los miembros de la nueva comisión directiva de Racing, liderada por el empresario Santiago Saccol, con sus datos personales y sus cargos. Por entonces, Etchecolatz cumplía funciones (esas funciones) en la comisaría primera de Avellaneda y encaminaba un recorrido que lo encumbraría en la DIPPBA a partir de marzo de 1976, cuando comenzó la más salvaje de las salvajes dictaduras argentinas. Desde ese rol, fue ladero ideológico de Ramón Camps, el jefe de la Policía Bonaerense en el bienio inicial de esa dictadura, un estandarte del terrorismo de Estado. Para la época en la que suscribió aquel informe, Etchecolatz ya poseía un antecedente represivo ligado con el deporte: en 1966 había torturado al boxeador Hugo Córdoba, un militante peronista de Berazategui, según narró el periodista Alberto Moya. Se ve que hay ciertos ecos no tan fáciles de silenciar: la Marcha Peronista sonó estridente en las tribunas celestes y blancas de Avellaneda, el territorio que monitoreaba Etchecolatz, en la tarde inaugural de noviembre de 1967, cuando Racing se impuso en su cancha al Celtic escocés por la segunda final de la Copa Intercontinental, en lo que obró como respuesta de parte del público a la presencia de Juan Carlos Onganía, el dictador que se instaló en la Casa de Gobierno un año antes a través de un golpe de Estado.

    “Sí, claro, la hinchada le cantó la Marcha”, evoca Carlos Krug, que acudió a esa cita junto con Alberto, su hermano, a quien secuestraron el 2 de diciembre de 1976 y es uno de los 30 mil desaparecidos que dejó el genocidio. El 7 de diciembre de 2021, Racing reincorporó a sus padrones a 46 socios y socias víctimas de la dictadura —muchos en los campos de concentración en los que reinaba Etchecolatz— con la categoría de Socios Eternos. Uno es Alberto, cuya ficha de inscripción en el club resiste intacta en uno de los biblioratos del Archivo Histórico de Racing que rodean a la carpeta celeste que aportó la Comisión Provincial por la Memoria.

    Carlos Krug, vitalicio de la Academia, fue uno de los cinco socios que formuló el pedido para que los desaparecidos de Racing recuperaran su condición. Lo acompañaron el periodista Carlos Ulanovsky, el actor Osvaldo Santoro, el detenido político (en El Vesubio, Aldo Bonzi, Provincia de Buenos Aires) Jorge Watts y el químico Miguel Ángel Laborde, también detenido en esos años. Otra conexión: Laborde es el papá de los tres hijos de la física Adriana Calvo, la primera testigo que declaró en el Juicio a Juntas Militares —la reconstrucción de su impresionante alegato desborda la pantalla en la película Argentina, 1985— y también testigo en los procesos contra Etchecolatz. Vueltas de la barbarie pero, más todavía, de la vida: en marzo de 2026, Teresa Laborde Calvo, la hija a la que Adriana parió en un Falcon mientras la trasladaban al campo de concentración Pozo de Banfield (otro feudo de Etchecolatz), visitó al equipo profesional femenino del fútbol de Racing, que se consagraría campeón cuatro meses después, para compartir sus orígenes, para pronunciar verdades y para reclamar justicias. Le regalaron una camiseta con el 9 en la espalda.

    Esa no constituyó la primera experiencia del fútbol femenino de Racing en relación con tanta memoria imprescindible. En las últimas temporadas, el plantel se desplazó hasta el centro clandestino de detención El Infierno, a sólo diez cuadras de las canchas de Racing y de Independiente, o sea, otro dominio de Etchecolatz. En una de las ocasiones, participó Tota Guede, Madre de Plaza de Mayo, cuyo hijo Héctor —hincha de Independiente— y su esposo Dante —trabajador del Conicet, hincha de Racing— fueron detenidos y desaparecidos en las calles de Avellaneda el 7 de octubre de 1976. De nuevo, bajo la órbita de Etchecolatz. Tota había pisado el mítico Cilindro de Avellaneda, junto con toda la familia, la tarde en la que Racing celebró ser campeón del mundo en 1967. Recién volvió en 2017 junto a Taty Almeida, Madre de Plaza de Mayo y madre de Alejandro, devoto de Racing hasta el 17 de junio de 1975, cuando lo desaparecieron.

    Entre las causas notorias por las que fue juzgado y hallado culpable Etchecolatz, suelen ser resaltadas la doble desaparición de Jorge Julio López —una en dictadura, de la que emergió; la otra en democracia, sin que hasta hoy se sepa nada de su paradero— y la de La Noche de los Lápices, o sea la detención y la desaparición de un grupo de estudiantes secundarios, en La Plata, el 16 de septiembre de 1977. En esa jornada, también en La Plata, capturaron a Juan Domingo “Bocha” Plaza, fana de Racing, en un operativo perpetrado por alguno de los brazos opresores que respondían a Etchecolatz. El dolor carece de suturas, pero la potencia de la reparación acaricia: el 27 de marzo de 2026, en un acto realizado en el salón de la sede que, con una pintura inmensa de Benito Quinquela Martín como horizonte, queda un piso arriba del Archivo Histórico, el Bocha Plaza se convirtió en el Socio Eterno número 47 de Racing. Conjunción de estremecimientos: en medio de los asistentes de esa noche, estuvo Carlos Caldeiro, el futbolista que, en 1981, a los 19 años, se negó a sentarse con Leopoldo Galtieri, el dictador que un mediodía descendió de un helicóptero para almorzar con el equipo del que era hincha.

    El trazo de Etchecolatz en un documento de espionaje sobre las rutinas de un club pesa por sí solo. Y, a la vez, retrata un tejido que invariablemente conduce al horror. Tres presidentes de Racing fueron secuestrados en la era durante la que Etchecolatz picaneaba a su antojo. A Horacio Rodríguez Larreta y a Héctor Rinaldi los atraparon otras patrullas ilegales en suelo porteño. A Juan Destéfano, quien había sido secretario general de la gobernación bonaerense durante la gestión del peronista Victorio Calabró, lo chuparon las bandas del propio Etchecolatz, quien, como testimonió Destéfano ante los jueces, se encargó de timonear a la patota que le impuso tormentos de todo tipo.

    El fondo documental reordenado por la Comisión Provincial por la Memoria bien puede descorrerse como un viaje a través de las décadas sobre los criterios de espionaje de la policía bonaerense. Un extracto del primer legajo, fechado el 14 de abril de 1954, desmenuza: “Por datos confidenciales que merecen fe se tiene conocimiento que el motivo de la Asamblea descripta, sería expulsar a personas con figuración dentro de las filas del Partido Peronista”. Otro informe, del 11 de septiembre de 1954, ubica la pertenencia partidaria de los componentes de la conducción: “conservador”, “radical”, “conservador, no obstante se le conoce que actúa en las filas del P. Peronista». Un apunte de abril de 1955 afirma: “La ideología predominante entre los miembros de la Comisión directiva es si patizante del partido Peronista”. Falta la letra «m» en la palabra “simpatizante”, casi antecediendo a la máquina de escribir judicial y deficitaria de la película El secreto de sus ojos. Un memorando relativo a la huelga de empleados de noviembre de 1965 asevera que el delegado gremial interno “es conocido como comunista”. “Comunista”, a contramano del resto de los términos, sobresale tipeado todo en mayúsculas.

    Sostiene Bellido: “Ese minucioso archivo que construyó la inteligencia de la bonaerense y que tuvo como objetivo perseguir y espiar para mantener controlado el accionar político y social de nuestra sociedad debe ser abierto a los clubes para que se conozca el seguimiento que se les hizo por parte del Estado, y que el mismo no se dio únicamente en épocas de dictadura”.

    Flotan interrogantes que albergan pero superan al deporte: ¿cómo ingresaban los infiltrados que vigilanteaban los intersticios del club?, ¿quién los habilitaba?, ¿lucían en público maquillados como socios corrientes y enmascaraban su labor como agentes de inteligencia?, ¿para qué servía apilar —en diversas capas geológicas del devenir nacional— datos sueltos o articulados sobre un sitio al que más de un informante caracterizaba como “predominantemente deportivo”? No hay respuestas enteras, pero sí brota una aproximación desde la voz de Ignacio Maestrovic, uno de los responsables de que el Archivo Histórico de Racing luzca una vitalidad creciente y lleve ya una década de acumulación de tesoros: “Es muy importante entrelazar archivos y conceder accesos, que estas informaciones circulen. Los documentos reunidos en la carpeta celeste que recibimos tienen, entre otras cosas, un enorme valor simbólico: cómo los lugares más oscuros de la vida política también entraron en los clubes”. 

    Antes que a Racing, en diciembre de 2022, la CPM le trasladó un material semejante a Gimnasia y Esgrima La Plata. Allí, la Subcomisión de Derechos Humanos late muy activa en el tributo a sus desaparecidos. Aun en una edad de prédicas negacionistas, la iniciativa logra ser siembra. Banfield, Almirante Brown, Los Andes y el Club Universitario de La Plata consultaron para tomar contacto con archivos que trasluzcan esa zona sustancial y oculta de sus historias. 

    Muchos pasados interpelan a muchos presentes y a muchos futuros. Incomodan: no son puro pasado. Los subsuelos pútridos que nuclea la carpeta celeste destapan preguntas actuales porque, por ejemplo, en Racing se efectúan asambleas, una reciente incluso, el 11 de agosto. ¿Alguien puede certificar, aunque la DIPPBA fue disuelta en abril de 1998, que eso que aconteció no continúa aconteciendo? ¿Habrá, como antes, espías de las fuerzas represoras en las asambleas de Racing o de otros clubes o de las asociaciones civiles que no son clubes? Si así fuera, ¿qué espían ahora quienes espían?, ¿qué respuestas poseen y no poseen las personas y las organizaciones deportivas y no deportivas frente a esa posibilidad? “La memoria existe para actuar”, advierte Daniel Feierstein, sociólogo argentino y experto en estudiar las prácticas genocidas. 

    El legajo final de la carpeta celeste refiere a lo que cualquier visitante del estadio de Racing puede ver en un cartel que se levanta en la entrada del Cilindro, sobre la calle Colón. Dice ahí: “El 22 de febrero de 1977 la dictadura cívico militar fusiló a 4 hombres y 2 mujeres en las inmediaciones de este estadio, sus cuerpos aún no han sido identificados. Presente ahora y siempre”. Esa atrocidad empezó a corporizarse como narrativa en una referencia del libro Corbatta: El wing, de Alejandro Wall, que motorizó a la periodista Micaela Polak a atar piezas hasta modelar una sólida investigación. El cineasta Rodolfo Petriz prosiguió esa línea y dirigió el film Los fusilados de Racing. El parte policial aportado por la CPM enuncia un enfrentamiento y asume “que respecto de los extremistas abatidos, trátase de cuatro N.N. masculinos, dos N.N. femeninos, siendo tres de los masculinos muy jóvenes”. Luego, agrega: “Procúrase identificación”. La identificación, medio siglo más tarde, persiste pendiente. 

    Vicente Zito Lema fue escritor, periodista, abogado, psicólogo social, militante. Nació en 1939, sufrió el exilio, murió en 2022 e invariablemente se proclamó de Racing. Como si, sin necesidad de leer, hubiera intuido cada eco abismal que emana de los documentos que la CPM cedió al club, anotó en su poema Desaparecidos: “Los secretos del crimen del horror se repiten en voz muy baja». Ese poema voló por el cielo de Avellaneda aquella tarde de diciembre de 2021 en el estadio durante la que los devorados por el genocidio se transformaron en Socios Eternos. Unos meses más adelante, Zito Lema repasó a esa ceremonia, a esa pasión futbolera, al país de esa ceremonia y de esa pasión, un país de un club espiado hasta por un emblema del genocidio, un país que cobijó a ese emblema de lo peor pero que también alumbró luchas que son emblema. Repasó y sintetizó: “Si hay una historia del olvido, habrá una historia de la memoria que redime la vida”.

    En esa historia de la memoria ahora está la carpeta celeste.

    La entrada La memoria en una carpeta celeste se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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  • No lloren por mi, yo no voy a llorar

     

    Sanatorio Mater Dei, Palermo Chico, Ciudad de Buenos Aires. Miércoles 17 de junio de 2026. Apenas dos días después de haber recibido el alta, Samuel Chiche Gelblung fue reinternado de urgencia por un cuadro confusional y líneas de fiebre. Se había caído en su casa, se había golpeado el ojo izquierdo, había sido tratado por una trombosis en el tobillo durante casi un mes. La situación había empeorado hasta llegar a terapia intensiva y la colocación de dos stents en una pierna. 

    El 15 de junio, Chiche se presentó en los estudios de Crónica TV en silla de ruedas y con sus eternos tiradores. Sus compañeros lo recibieron con un brindis y aplausos. En Chiche en vivo por Net TV aseguró que se había recuperado. Y en su ciclo 70 20 Hoy por Canal 9 disparó ante su colega Mercedes Cordero las frases que lo devolvieron al protagonismo mediático: “Si había que perder el pie, lo perdía. El primer médico que me ve, me dice: ‘Estás golpeando las puertas del cielo’. Sentí que querían matarme. Le pregunté: ‘¿Vos me estás hablando de la vida o de una pierna?’ ‘No, te estoy hablando de la vida’”. 

    Cuando Cordero le preguntó por qué había vuelto a trabajar, Chiche respondió: “Porque me sentía en deuda… tenía que devolver todo el afecto que recibí… Yo ya estaba resuelto que si había que perder el pie, lo perdía. Antes de entrar al quirófano, yo le dije a mi mujer: “Yo creo que se va a perder el pie, pero si es el precio para que salgan las cosas bien, vamos”. Pero además se produjo una cosa insólita: era una batalla entre el cirujano vascular que estaba tratando de salvar el pie, y el traumatólogo que quería sacar el pie. Estaban decidiendo si era abajo de la rodilla, arriba de la rodilla. Eso no era al pie, era la pierna.”

    Para un editor periodístico y alguien que también editó su propia vida y supo cortar y confeccionar como un sastre, la referencia al corte de pie o de pierna, dicha en plena euforia mundialista, remite necesariamente a la saga mística maradoniana. Chiche dijo todo eso a una semana de que se cumplieran los cuarenta años de La Mano de Dios, el comienzo de la sacralización de Diego Armando Maradona, que tuvo su correlato necesario en el antidoping positivo del Mundial 1994, cuando Diego lanzó su célebre frase: “Me cortaron las piernas”. 

    Así, a los 82 años, Chiche Gelblung fue preparando el terreno para editar, acaso también, su paso a la inmortalidad. Él, su propio cirujano, ya no el vascular ni el traumatólogo, sino el periodista, relativiza el dolor, le quita peso al melodrama, parece decir: No lloren por mí. Yo no voy a llorar.

    Pero hay algo más: las frases que Chiche repite en la entrevista más de una vez, antes de hacer una pausa y mirar a su colega, y que reitera en otras apariciones, tienen un efecto poderoso: van a ser viralizadas, y eso lo sabe alguien que fue mediático antes de que la expresión “ser mediático” existiera. Al  decir “golpeando las puertas del cielo”, una frase bíblica hecha canción por Bob Dylan pero que la cultura pop y rockera de los 90 conoció en la versión de Guns N’ Roses, Chiche —que supo mucho sobre cómo llegar a la gente con golpes de impacto— musicalizó su propio drama. Tal vez atendiendo a lo que Raúl Urtizberea, su jefe en editorial Atlántida, donde dio sus primeros pasos en 1966, le dijo: “No sé si te irá bien en la letra, pibe. Pero vos tenés la música”. El pibe Gelblung tenía entonces 22 años, se había infiltrado en una reunión privada del entonces presidente Arturo Illia y obtuvo, “por izquierda”, su ansiada primicia. La música y el olfato. Pero no sólo eso, sino que parece haber escrito un guión al que sólo le faltaba el final. 

    Y el final llegó para recordarnos que nadie es inmortal aunque haya prendido mil velitas pidiendo seguir vivo para siempre; o, como él mismo dijo alguna vez, para vivir “doscientos años” (algo así como una larga procrastinación de la muerte). Llegó el miércoles 9 de septiembre de 2026, a los 82 luego de una nueva internación en el Sanatorio Los Arcos por un nuevo episodio respiratorio. La última. Fue lo que pudo un cuerpo.

    Lo que sigue es un repaso por los mojones dispuestos en el camino de un hombre que fue “hacedor de sí mismo”, como se lee en su libro Manual Chiche. Llegó la hora de explicarlo todo (Ediciones B, 2006), escrito “con la colaboración de Fernanda Kersman”. 

    Allí escribió: “Estoy convencido de que hay que trabajar hasta el día que te mueras… El parar es un pasaporte a la muerte”.

    Chiche Gelblung fue el hijo de un comunista industrial del cuero y una madre judía religiosa que sólo terminó la escuela primaria. El chico de 14 años que,  como no soportaba más “el llanto de la abuela” que culpabilizaba al padre ”por todo”, dejó la casa familiar en el barrio de Villa Devoto para irse a vivir a un depósito de huevos podridos, feliz de forjar su propio destino. El que hizo de todo para sobrevivir y descubrió muy joven su gran poder de venta (vendió desde costureros hasta kits de fantasías para chicas) que luego aplicaría a su profesión deseada . El que se hizo cargo de su hermana menor Olga luego de la muerte de su hermano. El que se propuso seguir su pasión de “trabajar de periodista” y no paró hasta convertirse paulatinamente en testigo privilegiado, actor, transgresor de todos los límites, capaz de maltratar en vivo con evidente fastidio a periodistas de las nuevas generaciones, consciente de sus propios actos y de su capacidad narrativa, hábil constructor, gran vendedor de noticias, provocador, inventor de un modo de hacer periodismo — polémico, denostado y revalorizado— , infiel “serial” asumido y escandaloso. Fue también esposo, casado dos veces, primero con María Inés Velazco y luego con la modelo Cristina Seoane, hasta que la muerte los separó. Padre de tres y abuelo de siete. Humano, demasiado humano. Y algo excéntrico: coleccionista, acumulador, declaró que llegó a tener 3 mil lapiceras y mil corbatas. Se tatuó una estrella en el dedo índice de la mano izquierda. Lo hizo en vivo en diciembre de 2013 en su programa en C5N, de la mano del tatuador Mariano Antonio (fundador de American Tattoo). Quería hacerse un anillo, pero se lo desaconsejaron porque, dijo, su piel tenía capilaridad débil y sangraba mucho.

    Consciente de su poder camaleónico, escribió: “Toda persona que decida tomar las riendas de su vida debe hacerse cargo de componer el personaje que desea representar” y advirtió sobre el peligro de “transformarse en una caricatura de sí mismo, para impedir que el personaje se coma al titiritero”. 

    Acto I. Entre guerras

    Tuvo una vida intensa, llena de peripecias y anécdotas para contarle a sus nietos y a una gran audiencia que lo siguió en distintos medios gráficos, radiales y televisivos. En 2025 recibió el Martín Fierro al mejor magazine por cable. Fue un total autodidacta y un “pillo”: fraguó un título secundario para estudiar periodismo y se reconocía un gran lector. No entendía por qué las nuevas generaciones no leían nada y les reclamaba la falta de perspectiva histórica. El hombre de la voz arrastrada que, ya a los 20, se sentía de 60. Como si hubiera estado cansado desde siempre.

    Tenía 21 años cuando, con el seudónimo de Mariano Ovejero —con el que también cantó tangos en La botica del Ángel, de Bergara Leumann, antes de ser obligado a elegir entre el periodismo y el canto—, fue corresponsal de la Guerra de los Seis Días. El conflicto relámpago enfrentó a Israel con una coalición de repúblicas árabes conformada por República Árabe Unida (Egipto) Jordania, Siria e Irak, entre el 5 y el 10 de junio de 1967, que terminó con el triunfo de Israel y cambió para siempre la geopolítica de Oriente Medio. La postura de Chiche siempre fue de apoyo a Israel, un posicionamiento que se endureció luego del 7 de octubre de 2023.

    En una entrevista con Padro Rosemblat para Gelatina en noviembre de 2025, resumió los motivos de su postura: “Si a los veinte tenías 60, a los 80 qué te preocupa. Las mismas cosas: me molesta la pobreza, me molesta la incultura, me jode la injusticia. Todo eso no ha cambiado. Obviamente hay menos gente que se muera de hambre, el futuro de la gente gorda. Yo conozco África como si fuera la Argentina, y yo veía el hambre, veía a los chicos con las panzas hinchadas por el hambre, hoy no pasa eso, más o menos no pasa, pero siguen muriéndose, siguen matando, sigue habiendo la estupidez del antisemitismo”. 

    Había cubierto la Guerra de Biafra (1967-1970) y estuvo dos veces en Vietnam. “Pude escaparme en un avión de China Airlines, bajé del avión, nos cagan a tiros, conseguimos refugiarnos en un hotel abandonado. Cuando llegamos a Tailandia, no podía parar de llorar, toda la tensión que había pasado me llevó un día llorando”.

    También participó de la búsqueda de los restos del Che Guevara y, según contó en una de sus últimas entrevistas, dejó de hacer esos viajes de riesgo cuando tuvo su primer hijo. “Antes de tener hijos sos invulnerable, después te volvés vulnerable. ya cuando tenés tu primer hijo, te empezás a cuidar”.

    Ya hacía mucho tiempo que era abuelo y tenía 78 cuando, en un gesto que puede considerarse auto paródico y sin duda, de alto impacto, viajó a Ucrania para cubrir la guerra contra Rusia, donde destacó que se trataba de un conflicto “al viejo estilo”, en el que un país invadía al otro. «Nunca sale bien para el invasor”, destacó. Hubo memes en X mostrando algunas torpezas del periodista “grande”, pero que terminaban con mensajes cariñosos. 

    Acto 2. Gente y la campaña antiargentina

    Chiche Gelblung dirigió la revista Gente en los años más duros de la última dictadura militar. Él mismo viajó a Francia para entrevistar a los organismos que denunciaban las violaciones a los derechos humanos y luego publicó una nota titulada: “Cara a cara con los jefes de la campaña antiargentina”, la denominación con la cual se intentó contrarrestar el peso de las acusaciones contra la Junta Militar en el exterior. Su postura no tuvo demasiadas variaciones en el tiempo. Un caso emblemático del uso que editorial Atlántida hizo de la figura de los desaparecidos fue el de Alejandrina Barry Mata. Sus padres fueron secuestrados y desaparecidos como parte de una serie de operativos en Uruguay y, en una causa por delitos de lesa humanidad, ella denunció a distintas publicaciones que la expusieron cuando aún era una adolescente y también falsearon información. Como esta nota de la revista Gente, donde se hablaba de sus padres como «dos asesinos». 

    Otro caso fue el haber fraguado la noticia de la muerte de Norma Arrostito. Norma fue una de las fundadoras de Montoneros y había participado en el secuestro de Pedro Eugenio Aramburu. Gente publicó que la habían matado en diciembre de 1976, cuando en realidad había sido secuestrada, trasladada a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y asesinada en enero de 1978. Sin embargo, hasta el regreso de la democracia, no se supo que la noticia era falsa. Hoy Norma permanece desaparecida.

    Chiche se defendió en una entrevista que le hizo Claudia Acuña para la revista Mu, en la que, entre otras cosas,  dice no recordar haber participado de la edición de la nota sobre Barry. Reconoce que había presiones de la Armada y que sí había colegas que se reunían con militares y hasta presenciaban sesiones de tortura. Pero no él. Se despega.

    También contó que el comandante de la Marina, Emilio Eduardo Massera, se la tenía jurada porque él había descubierto su relación con la escritora Marta Lynch y por eso sufrió “una persecución de la Armada hacia mí”: tres atentados con bombas en 1976 durante, como siempre denominó al período genocida, “el proceso”.

    Pese a algunas confusiones sobre su participación como corresponsal en la Guerra de Malvinas o el haber estado al frente de la otra guerra mediática, la de la revista Gente que apoyaba al gobierno militar en el conflicto bélico, para 1982 Chiche ya no dirigía esa revista, sino La semana, de editorial Perfil. Según declaró, sus discusiones con integrantes de la Armada lo llevaron a un breve exilio entre 1982 y 1983. 

    Acto 3. La autopsia del extraterrestre

    Casi veinte años después, en plenos 90, Chiche Gelblung debuta en Canal 9 con Memoria, un ciclo que al principio cocondujo con Silvia Fernández Barrio y en el que inauguró un estilo televisivo propio que iba a hacer historia: una combinación de hechos desopilantes y aprovechamiento de los avances tecnológicos, algo a lo que siempre estuvo atento. 

    En 1995 se convirtió en el autor de la primera fake news de la televisión argentina, aunque con un aditamento importante: la intención de aleccionar, de mostrar que la tecnología permite el engaño. Gustavo Yankelevich, por ese entonces dueño de Telefé, viajó a Estados Unidos para comprar un video en el que se mostraba la autopsia de un presunto extraterrestre, algo que “la CIA esconde”. El informe se emitió en el programa Siglo XX Cambalache, presentado por Fernando Bravo. Las imágenes en blanco y negro muestran a un extraterrestre que es abierto al medio y de quien se extraen las vísceras que luego Chiche explicará que consistieron en “tres kilos de menudos de pollo”. Antes de finalizar la emisión, la pantalla se torna en color, Chiche entra en el estudio y dice que todo era una puesta en escena. 

    Sin dudas, las cosas del espacio exterior lo atraían. Se mostró dispuesto a viajar a la Luna en un proyecto de la NASA. En 2023, entrevistó en Crónica TV a un Javier Milei candidato y le preguntó: “¿Vos sos un humano o un marciano?”.  Indagó sobre el valor de las cosas, como el precio de un litro de leche o un viaje en colectivo: “¿Sabés cuánto vale una jubilación mínima?” “No”. Todas las respuestas fueron negativas. Fue uno de los pocos periodistas que dejó en offside a Milei y lo hizo aparecer avergonzado. Una cancha, la del set de televisión, que el periodista conocía de memoria y en la que llevaba, claramente, ventaja. 

    Acaso Gelblung haya leído El 18 brumario de Luis Bonaparte, de Karl Marx, y se le ocurrió aplicar en su trayectoria aquel principio de que la historia se repite dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa. Así puede leerse la parábola de su vida. Acaso el títere “se comió” al titiritero. O quizás se hayan fusionado en un solo y auténtico “chiche”.

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