En la mañana de hoy, el Intendente, Marcelo Orazi, visitó la localidad de Cipolletti, para participar de la presentación y jornada de capacitación de herramientas de financiamiento e inversión de la Sepyme.
Las mismas, son fundamentales para el acompañamiento y crecimiento de empresas y emprendedores en nuestra provincia.
Mauricio Macri ya no descarta una eventual candidatura presidencial en 2027 y, para reposicionar al PRO, arrancó este viernes con una gira federal en Chaco, donde protagonizó un momento de fuerte desconcierto, al retirarse intempestivamente de una conferencia de prensa.
La salida abrupta de Macri de la conferencia que compartía con Fernando de Andreis y otros legisladores de esa provincia se dio cuando lo consultaron por su relación con Javier Milei.
Visiblemente molesto mientras le estaban formulando la pregunta, el ex presidente hizo una leve señal para que responda De Andreis y, un segundo más tarde, se levantó del asiento central de la mesa apostada en la sala de conferencias de un hotel de Resistencia.
La actitud desconcertó a los presentes, algunos de los cuales aseguraron escuchar gritos tras bambalinas del auditorio, mientras los legisladores del PRO se reagrupaban rápidamente para cubrir el hueco estelar dejado por Macri.
Según señalaron a LPO voces que participaron de la actividad, Macri ya había manifestado internamente su enojo por la escasa convocatoria, apenas 150 personas, contando contingentes provenientes de Corrientes y Misiones. Molesto por esa foto, la pregunta por Milei terminó por desencajarlo.
Previo a eso, el titular del PRO se había reunido con el gobernador de Chaco, el radical Leandro Zdero.
Macri mantiene activo el vínculo con dirigentes del radicalismo sin descartar un eventual resurgir de esa sociedad, como amagó hacerlo en 2025 para las legislativas en provincia de Buenos Aires en clave de condicionar la negociación con los libertarios.
La preocupación central del ex presidente a 2027 es conservar su territorio, la Ciudad de Buenos Aires. En esa discusión es donde muchos leen los movimientos nacionales de Macri y creen que sus intentos de posicionar un candidato presidencial del PRO va de la mano con tensionar la negociación con los libertarios para que le despejen la Ciudad.
En esa línea, los análisis que giran en torno a esa maniobra ven que un eventual postulante presidencial PRO hoy por hoy estaría lejos de un triunfo, pero podría lograr entre 8 y 10 puntos, los suficientes para arruinarle una reelección al libertario.
Inicialmente, el titular del PRO había tanteado las posibles candidaturas presidenciales de Jorge Brito y Marcos Galperín. Pero el CEO de Mercado Libre no mostró interés y el dueño del Banco Macro hoy está en conversaciones con Emilio Monzó en el marco de un eventual esquema más cercano al pan-peronismo.
Ya sin una carta outsider, en las últimas reuniones que tuvo con su mesa chica Macri dejó abierta la posibilidad de ser candidato presidencial, algo que meses atrás rechazaba de plano.
Macri ya había manifestado internamente su enojo por la escasa convocatoria, apenas 150 personas, contando contingentes provenientes de Corrientes y Misiones. Molesto por esa foto, la pregunta por Milei terminó por desencajarlo
«Ahora anda con ganas», dicen a LPO desde su entorno, donde señalan que se está abriendo «una oportunidad» frente al derrumbe en las encuestas de Javier Milei. La imagen presidencial transita su peor momento, con más de 60% de negativa.
Con el libertario debilitado, cerca de Macri creen que se abre un escenario de orfandad para el voto de la centro-derecha que podría volver a ser ocupado por el fundador del PRO.
En ese sentido, en el entorno del ex presidente analizan que la ancha avenida del medio que plantea Horacio Rodríguez Larreta no existe y trazan la competitividad electoral en un esquema de polarización entre una opción de centro-derecha liberal y otra de centro-izquierda progresista.
Con el libertario debilitado, cerca de Macri creen que se abre un escenario de orfandad para el voto de la centro-derecha que podría volver a ser ocupado por el fundador del PRO.
Por eso, en el PRO siguen convencidos que hay que pararse en el polo de la centro-derecha y buscar votos de centro desde ahí. Por eso mismo es que Macri no le suelta la mano al rumbo económico de Milei, que sigue poniendo bajo el paraguas del cambio.
Desde ahí, marca sus diferencias: «La lealtad es al cambio que se prometió y eso nos obliga a reconocer lo que está bien y a señalar lo que está mal. Aquellos que dicen que el silencio ayuda al cambio están equivocados, lo traicionan», dijo en Chaco, poco antes de la accidentada conferencia. Y agregó: «Nosotros no somos un paso atrás, somos el próximo paso».
Ese reseteo del PRO que está haciendo Macri tiene la orden a los territorios de armar pensando en liderar propuestas electorales, tanto en los distritos como en las provincias.
De eso se habló en la última reunión del PRO bonaerense, en martes pasado. Con estructura y municipios propios, una eventual candidatura amarilla a la Gobernación, al igual que en Nación, alcanzaría para arruinarle a los libertarios la posibilidad de quitarle la provincia de Buenos Aires al peronismo.
Eso cobra mayor fuerza aún luego del realineamiento en el PRO de Guillermo Montenegro que -como contó LPO- empezó a tensionar con los libertarios en Mar del Plata, luego de que Karina Milei le obture su llegada al Ministerio de Justicia.
Entre 20 y 25 metros de cable subterráneo fue sustraído en las últimas horas del sector del Paseo del Arroyo, lo que constituye un nuevo ataque a los espacios públicos de Villa Regina. Para llevar adelante este hecho delictivo, los autores bajaron la térmica lo cual dejó sin iluminación a ese sector. Hay que destacar…
El campo esta parado sobre la super cosecha de soja y no tiene ganas de liquidar más allá de lo indispensable para operar el negocio. Les molesta el dólar atrasado o las retenciones altas, que son las dos caras de la misma discusión.
Toto Caputo necesita de manera cada vez más desesperada que liquiden para pagar los vencimientos de deuda. Por eso, el vicepresidente del Banco Central, Vladimir Werning, intentó convencerlos con una exposición en Washington: con menos brecha cambiaria, menos retenciones, buen precio internacional y un tipo de cambio más ordenado, al productor le conviene vender la soja ahora.
Werning desplegó esos argumentos en un cuadro prolijo, de esos que cierran perfecto en una presentación. Pero en el campo miran otra cosa. Miran lo que queda después de pagar alquileres, insumos, deudas y la campaña siguiente. Y ahí los números no cierran tan fácil.
La discusión no es menor porque toca el corazón del modelo. El Gobierno necesita que la cosecha liquide dólares, sostenga el precio de la divisa y alimente las reservas. El campo responde que una cosa es el precio teórico y otra muy distinta el resultado económico. En esa diferencia se trabó la soja. Y por eso, detrás de la discusión técnica, asoma una pelea mucho más concreta: si el sector más competitivo del país no ve negocio, los dólares que espera la Casa Rosada pueden tardar bastante más de lo que dicen los PowerPoint oficiales.
El gráfico del Banco Central tiene una parte cierta. Werning mostró que, descontadas las retenciones y valuado al tipo de cambio paralelo, el precio doméstico que recibe hoy el productor está entre los más altos del gobierno de Milei. La explicación oficial se apoya en cuatro puntos: retenciones más bajas, del 26 por ciento contra el 33 por ciento previo; menor brecha cambiaria; un tipo de cambio más unificado; y una soja en torno de los 420/427 dólares la tonelada. La conclusión: el productor recibe más dólares efectivos que antes.
En el campo responden que esa cuenta está bien hecha y mal contada. Germán Iturriza, consultor y hombre escuchado en el sector, lo resumió con crudeza. Dijo que un productor puede mirar esos gráficos y reírse, no porque sean falsos sino porque muestran apenas una parte de la película. «Hoy el precio que recibe un productor, tanto en pesos como en dólares, está afectado por situaciones locales. Está todo bien con la parte internacional, con que la macro esté sin brecha o con una brecha muy chica, pero lo que te está pasando es que el resultado de la operación no te está rindiendo en términos económicos», explicó.
Hoy el precio que recibe un productor, tanto en pesos como en dólares, está afectado por situaciones locales. Está todo bien con la parte internacional, con que la macro esté sin brecha o con una brecha muy chica, pero lo que te está pasando es que el resultado de la operación no te está rindiendo en términos económicos.
Iturriza puso el dedo donde más duele. Sostuvo que desde noviembre la inflación en pesos siguió subiendo, con una columna cercana al 15 por ciento desde las elecciones, mientras el tipo de cambio nominal quedó retrasado. Entonces el productor ve que Chicago marca 427 dólares y la soja local ronda los 430, pero cuando hace la cuenta de bolsillo descubre que el negocio no cierra. «Hoy el productor está vendiendo una soja a 420.000 cuando podía haber vendido a 500.000 en noviembre. Eso tiene un impacto muy grande para pagar alquileres, para pagar insumos», dijo. No discute el precio de pizarra. Discute la renta que queda después del recorrido.
El dato que más inquieta al mercado es otro y también lo subrayó Iturriza. Al 15 de abril, con datos oficiales de la Secretaría, se había vendido menos de 5 millones de toneladas de soja sobre una cosecha esperada de 49 a 50 millones. Es decir, alrededor del 10 por ciento. Ese número vale más que cualquier discurso porque el productor vota con la venta. Si el negocio fuera tan atractivo como dice el Banco Central, la soja ya estaría saliendo.
Lejos de una negativa general a vender, el campo está mostrando una conducta bastante más selectiva. Sale fuerte con maíz, con girasol y con lo que queda de trigo, pero retiene la soja hasta el último minuto. Ahí aparece otro dato que rompe el relato oficial sobre una supuesta especulación abstracta. En maíz ya se vendieron 23 millones de toneladas contra 13 millones del año pasado. Son 10 millones más. En girasol, las declaraciones juradas llegaron a 1 millón de toneladas contra apenas 60.000 toneladas a la misma semana del año pasado. El trigo también muestra buenas ventas, aunque algo por debajo en términos porcentuales. La señal es clarísima: el campo no se sienta arriba de todo. Se sienta arriba de la soja.
La explicación que circula en las rutas, en las cooperativas y en las mesas de comercialización es muy argentina. Muchos productores esperan una mejora de condiciones. Una baja adicional de retenciones. Un dólar soja con otro nombre. Un incentivo.
Iturriza recordó que el propio Gobierno fue cambiando las reglas durante el año pasado, urgido por los dólares: primero bajó a 26, luego volvió a 33, después regresó a 26 con la promesa de permanencia y más tarde ensayó retención cero para la chicharrita en septiembre, una ventana que se cerró rápido por presión de Estados Unidos. Con ese antecedente, el productor supone que si espera puede conseguir algo mejor.
Lejos de una negativa general a vender, el campo está mostrando una conducta bastante más selectiva. Sale fuerte con maíz, con girasol y con lo que queda de trigo, pero retiene la soja hasta el último minuto.
Ese comportamiento además complica otro eslabón delicado: la molienda. Las plantas están trayendo soja paraguaya con régimen de importación temporal, algo que no es nuevo, pero sienten la falta de mercadería local. En el último trimestre de 2025 la molienda había tenido un impulso excepcional por los derechos de exportación en cero, con un volumen de ventas inédito para esa parte del año. Ahora el esquema volvió a su lógica tradicional: el productor guarda la soja hasta el borde y aprovecha la fortaleza de otros cultivos. En el sector explican que la pata local no está empujando y que eso le pone arena al engranaje industrial.
El problema más serio, sin embargo, no está en esta cosecha sino en la próxima. Iturriza advirtió que la nueva campaña «viene muy complicada» porque la urea subió entre 50% y 60%, el gasoil también pegó un salto fuerte y eso impacta de lleno en las labores. El productor arrastra costos hundidos, ve precios en pesos a la baja y, cuando proyecta la siembra de trigo o maíz, encuentra márgenes negativos o muy ajustados. La escena se repite en las zonas productivas: incluso los más eficientes están viendo que con este tipo de cambio y el futuro que descuenta el mercado, los números no dan.
Ahí aparece la falla estructural del razonamiento oficial. El Gobierno mejoró un precio relativo pero empeoró el negocio total. En el Excel del Banco Central puede verse un ingreso mejor medido en dólares efectivos. En el bolsillo del productor aparece otra cosa: inflación en pesos, costos dolarizados, fertilizantes más caros por la guerra, gasoil en alza y una rentabilidad que se achica.
En el entorno rural agregan otro dato de color que no es menor. El productor medio no funciona como un financista sofisticado que liquida y se refugia en fondos comunes de inversión. Cobra en pesos, paga en pesos y, si le sobra algo, compra dólares.
Por eso la pelea con Werning excede un cuadro del Banco Central. Lo que el Gobierno presenta como una demostración de normalidad, el campo lo ve como una verdad parcial que tapa el problema de fondo. El gráfico puede mostrar cuánto recibe hoy el productor en dólares. No dice cuánto gana y si le conviene vender.
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