En una semana de intenso trabajo, el Intendente Marcelo Orazi, junto a otros intendentes de la región, se reunieron con distintos Ministerios de Nación, para gestionar acciones en conjunto para nuestra ciudad.
Se lograron concretar numerosas obras, en lo que refiere a infraestructura y fuimos recibidos por el Ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, quién se comprometió a brindar asistencia desde el Gobierno Nacional.
Además, se mantuvieron reuniones con el Ministerio de Turismo y Deporte, con el fin de solicitar algunos aportes para poder definir planes en esta materia, entre otras actividades.
Con el objetivo de avanzar y seguir creciendo, nuestra ciudad cuenta con el acompañamiento y el compromiso de un trabajo en conjunto, tanto del Gobierno Provincial, cómo del Nacional.
El presidente Mauricio Macri oficializó mediante un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) la creación de la Agencia de Deporte Nacional (ADN), en reemplazo de la Secretaría de Deportes, y estará bajo la órbita de la Secretaría General de Presidencia de la Nación, el decreto cosechó controversias incluso antes de publicarse. Esta conversión no sólo…
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En plena dictadura militar, cuando cantar una consigna política podía terminar en cárcel, palazos o desapariciones, una tribuna del ascenso argentino decidió romper el miedo. El 24 de octubre de 1981, la hinchada de Nueva Chicago cantó la Marcha Peronista en un estadio de fútbol y desató una represión feroz. Cuatro décadas y media después, aquella escena sigue siendo uno de los episodios más potentes de resistencia popular nacidos desde una cancha.
Por Alcides Blanco para NLI
La Argentina de 1981 era un país atravesado por el terror estatal. Aunque la Junta Militar comenzaba a mostrar signos de desgaste, la maquinaria represiva seguía intacta. Había censura, persecución política y control sobre cualquier manifestación pública. En ese contexto, entonar la Marcha Peronista equivalía a desafiar directamente al poder militar.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió en Mataderos.
Aquella tarde, Nueva Chicago enfrentaba a Defensores de Belgrano en el viejo estadio República de Mataderos por el campeonato de Primera B. El equipo verdinegro marchaba rumbo al ascenso y el barrio respiraba clima de fiesta. Bombos, banderas y tribunas repletas convivían con una tensión permanente: la Policía controlaba cada movimiento porque el fútbol también era vigilado como espacio político.
Entonces ocurrió lo impensado.
Desde la popular comenzó a escucharse la melodía prohibida. Primero tímidamente. Después con fuerza. Miles de hinchas empezaron a cantar la Marcha Peronista en plena dictadura militar, en un país donde todavía funcionaban centros clandestinos de detención y donde el aparato represivo seguía activo sobre sindicatos, universidades y barrios populares.
La tribuna obrera que enfrentó el miedo
Nueva Chicago no era cualquier club. La identidad del barrio de Mataderos estaba profundamente ligada al movimiento obrero y al peronismo histórico. Desde mediados del siglo XX, el club había construido una mística popular asociada a los trabajadores de frigoríficos, mercados y fábricas de la zona oeste porteña.
Por eso, lo ocurrido en 1981 no fue solamente un canto futbolero. Fue una demostración política nacida desde abajo, desde una tribuna popular que decidió desafiar el silencio impuesto por los militares.
La reacción policial fue brutal e inmediata.
Efectivos armados ingresaron a la tribuna con palos y comenzaron una represión feroz. Hubo corridas, golpes y decenas de detenidos. Según reconstrucciones posteriores, 49 hinchas terminaron arrestados y varios fueron obligados a correr esposados por las calles de Mataderos porque los patrulleros no alcanzaban para trasladarlos.
La imagen de los “presos al trote” apareció en diarios de la época y se convirtió en una postal insólita del final de la dictadura: un régimen militar aterrorizado por una canción.
Peor todavía: nueve hinchas fueron enviados a la cárcel de Devoto acusados de infringir disposiciones sobre reuniones deportivas. Uno de ellos permaneció preso durante más de un mes. Todo por cantar en una cancha.
El “Arroz con leche” que humilló a la Policía
La historia no terminó allí. Una semana después, Chicago jugó contra Atlanta y la tensión seguía intacta. La Policía esperaba una nueva provocación y preparó un operativo especial para reprimir otra vez el canto prohibido.
Pero la hinchada tenía preparada una respuesta tan simple como genial.
Desde la tribuna comenzó nuevamente la introducción musical de la Marcha Peronista. Los policías avanzaron desesperados, convencidos de que volverían a escuchar el cántico peronista. Sin embargo, cuando llegó el momento de la letra, miles de gargantas explotaron con otra canción:
“Arroz con leche, me quiero casar…”
La maniobra descolocó completamente al operativo policial. Mientras los efectivos quedaban expuestos al ridículo, la tribuna estallaba de risa y celebración. La hinchada había encontrado una forma perfecta de burlarse de la dictadura usando una canción infantil.
La escena quedó inmortalizada como uno de los episodios más creativos de resistencia cultural durante los años oscuros del terrorismo de Estado.
Mucho más que fútbol
Con el paso del tiempo, aquella jornada adquirió una dimensión histórica mucho mayor. Lo sucedido en Mataderos demostró que el fútbol argentino nunca estuvo aislado de la realidad política y social del país. Mientras muchos dirigentes miraban para otro lado frente al horror dictatorial, sectores populares encontraron en las tribunas un espacio de identidad y resistencia.
La hinchada de Chicago hizo política cuando hacerlo podía costar la libertad. No hubo dirigentes pronunciando discursos ni estructuras partidarias organizando actos. Hubo trabajadores, vecinos e hinchas desafiando el miedo colectivo desde una popular.
A 45 años de aquella tarde, el episodio sigue funcionando como una marca profunda en la memoria futbolera y política argentina. Porque en uno de los momentos más oscuros de la historia nacional, una tribuna demostró que incluso bajo represión, censura y amenazas, todavía había quienes estaban dispuestos a cantar.
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La mejora de la calificación de los bancos argentinos por parte de Fitch Ratings no alcanzó para despertar entusiasmo entre los inversores. Aunque la decisión de la agencia representó una señal positiva para el sistema financiero local, las principales acciones bancarias argentinas cerraron la jornada con bajas en Wall Street y dejaron expuesta la persistente cautela del mercado frente a los problemas estructurales del sector.
Fitch elevó las calificaciones de varias entidades financieras luego de la reciente mejora de la nota soberana argentina a «B-» desde «CCC+». La agencia también revisó al alza el entorno operativo del sistema bancario local y destacó una mejora del marco macroeconómico.
Los ADR de los principales bancos argentinos operaron en terreno negativo durante la rueda. Banco Macro cayó 2,42 por ciento y BBVA Argentina retrocedió 3,28 por ciento, pese a la noticia favorable de la calificadora.
En el mercado explican que la mejora de Fitch estuvo fuertemente asociada al upgrade soberano de la deuda argentina y no necesariamente a una mejora específica en la situación financiera de los bancos. De hecho, varios operadores remarcan que buena parte de la reacción positiva ya se había adelantado la semana pasada, cuando Fitch elevó la nota del país.
«El cambio de calificación es en principio una buena noticia para los bancos, pero no impactó directamente en la cotización de las acciones», explicó un operador financiero consultado por este medio. Según señaló, el mercado entiende que la decisión de Fitch responde principalmente al nuevo escenario macroeconómico y no tanto a una transformación estructural del negocio bancario.
El operador recordó además que los ADR bancarios habían reaccionado positivamente tras la mejora de la nota soberana, pero luego volvieron a corregir parte de esas ganancias. «Pasó algo parecido con el riesgo país: bajó inicialmente después del anuncio, pero después empezó a subir nuevamente en los últimos días», sostuvo.
Pasó algo parecido con el riesgo país: bajó inicialmente después del anuncio, pero después empezó a subir nuevamente en los últimos días. Hoy la mora tiene más peso para los inversores que la mejora en la calificación.
La cautela de los inversores también está vinculada a la situación puntual del sistema financiero local. En el mercado existe preocupación por el aumento de la mora y el deterioro de algunos indicadores crediticios, un fenómeno que empieza a ganar peso entre quienes siguen de cerca el comportamiento del sector.
«Hoy la mora tiene más peso para los inversores que la mejora en la calificación», explicó el operador. Según señaló, el mercado empieza a mirar con más atención el deterioro de la cartera de préstamos y el posible impacto que eso podría tener sobre la rentabilidad futura de las entidades financieras.
En su informe, Fitch reconoció que los bancos argentinos continúan mostrando buenos niveles de capitalización y lograron atravesar episodios de fuerte volatilidad financiera durante los últimos meses. Pero al mismo tiempo advirtió que el aumento de los costos de financiamiento y del riesgo crediticio seguirá presionando los resultados del sistema durante la primera mitad de 2026.
Dentro de las mejoras anunciadas, Banco Macro fue una de las entidades más beneficiadas. Fitch elevó sus calificaciones de largo plazo en moneda extranjera y local a «B-» desde «CCC+», mientras que las notas de corto plazo subieron a «B» desde «C». También mejoró su calificación de viabilidad.
En el caso de Santander Argentina y BBVA Argentina, la agencia mantuvo las notas en moneda extranjera pero mejoró las calificaciones en moneda local y las evaluaciones de viabilidad. Banco Supervielle, en cambio, fue el único de los grandes bancos privados que no recibió mejoras y mantuvo sus notas en niveles de «CCC+».
La situación dejó una dinámica similar a la que había mostrado el mercado tras la mejora de la deuda soberana argentina. En aquel momento, los bonos tuvieron una reacción positiva pero moderada y el riesgo país apenas retrocedió algunos puntos, reflejando que los inversores todavía mantienen dudas sobre la sostenibilidad del programa económico.
En el mercado sostienen que el principal interrogante sigue siendo político y financiero al mismo tiempo. Si bien la mejora de Fitch representa una validación parcial del rumbo económico del Gobierno, los inversores continúan observando con atención la evolución de la actividad, la capacidad de acumular reservas y el impacto del deterioro crediticio sobre bancos y empresas.
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