El CREAR otorgará subsidios a comerciantes y pymes

El CREAR pone en vigencia la asistencia económica a comerciantes y pymes de las localidades de Río Negro.

«Programa Específico de Asistencia a Unidades Económicas por Emergencia Sanitaria COVID – 19»,

BENEFICIARIOS Y MONTOS

Serán beneficiarios de este Programa los titulares (personas humanas) de las unidades económicas del sector privado con asiento en la provincia de Río Negro en las localidades consideradas de “Alto Riesgo Epidemiológico y Sanitario” conforme al Decreto Nº 321/21 y las resoluciones pertinentes del Ministerio de Salud:

A) cuya actividad se encuentre totalmente suspendida en virtud de leyes nacionales y/o provinciales, decretos nacionales y/o provinciales y/o las resoluciones del Ministerio de Salud de la Provincia; o

B) cuya actividad se encuentre parcialmente suspendida en virtud de leyes nacionales y/o provinciales, decretos nacionales y/o provinciales y/o las resoluciones del Ministerio de Salud de la Provincia y además que su facturación por el período 2020 haya sido inferior a la del período 2019 incrementada en un 30%.

Todo ello siempre y cuando no sean actividades excluidas.

La presente asistencia económica no alcanzará a los estudios de profesionales.

Montos
a) De $15.000 Categoría A, B y C
b) De $25.000 Monotributista Categoría D, E y F
c) De $35.000 Monotributista Categoría G, H e I
d) De $45.000 Monotributista Categoría J y K
e) De $70.000 Responsables Inscriptos.

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    Axel Kicillof llegó a Tierra del Fuego para participar de la vigilia por Malvinas. El gobernador aterrizó en Ushuaia esta tarde y fue recibido por Gustavo Melella. Allí estaba también el riojano Ricardo Quintela quien también participará de las actividades.

    El bonaerense deberá moverse con muchísimo cuidado en esa provincia del sur extremo. A pesar de ser un territorio con sólo tres municipios -Río Grande, Ushuaia y Tolhin- la interna del peronismo es feroz y todos los actores están enfrentados.

    Kicillof buscará hacer equilibrio. Hablar con todos los sectores y probablemente esquive reuniones políticas. Los liderazgos en Tierra del Fuego son muy débiles. Por caso, la ausencia del intendente de Ushuaia, Walter Vuoto, en la comitiva que recibió a Kicillof fue lo primer que llamó la atención a quienes siguen de cerca la política del sur.

    Vuoto estaba en ese momento junto a Mayra Mendoza en el Palacio Municipal. La diputada de La Cámpora viajó en un vuelo previo al de Kicillof. En el pasaje iban legisladores libertarios y también el ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso, que ocupó uno de los asientos de primera clase.

    Kicillof canceló sus recorridas de campaña por las provincias hasta el segundo semestre

    El viaje de Kicillof no está vinculado a un raid por las provincias en el marco de su carrera hacia la presidencia. Cómo adelantó LPO, esas incursiones por el interior están en pausa por la delicada situación económica. De todos modos, el gobernador bonaerense busca confrontar a Milei desde un mismo plano y por eso aceptó la invitación del gobernador fueguino para participar del acto por Malvinas.

    Gustavo Melella, Ricardo Quintela y Axel Kicillof.

    El viaje estaba confirmado cuando surgió el fallo en favor del Estado argentino por la estilización de YPF. Esa sentencia de la Justicia de Nueva York ubicó a Kicillof en el centro de la escena para confrontar al Presidente: los ejes clave del discurso del gobernador atravesaban ese momento: sus decisiones respecto de la petrolera y la soberanía energética. De todos modos, Kicillof decidió mantener el viaje y participar de la vigilia por Malvinas.

    En La Plata saben que serán horas donde la interna del peronismo se hará sentir. En el sur más extremo, Tierra del Fuego presenta todos los componentes de las diferencias en el principal partido opositor.

    Villarruel se bajó del acto de Malvinas porque no quiere quedar pegada a Kicillof y Quintela

    Melella transita sus últimos años como gobernador y no tiene reelección. Eso dispara una carrera por su sucesión. Lejos del peronismo tradicional, Melella proviene el radicalismo K y ganó su provincia en 2019 con el sello Concertación Forja, el partido creado por Leopaldo Moreau y Gustavo López en los tiempos de la transversalidad de Néstor Kirchner.

    En diciembre de 2023 consiguió los votos para una reforma de la constitución (probablemente para tener un tercer mandato) sin embargo, desde entonces no pudo realizar la convocatoria para elegir convencionales. Desgastado y sin consenso en el peronismo, en la Legislatura ya transitan por comisiones iniciativas para voltear esa reforma.

    Vuoto es intendente de Ushuaia. Está encuadrado con La Cámpora y tiene intenciones de ser gobernador. En 2022 logró modificar la Carta Orgánica de la capital provincial para pelear por un tercer mandato al que accedió en 2023. Si Melella consigue reformar la constitución para seguir en la provincia, Vuoto podría buscar un cuarto mandato en la ciudad.

    Martín Pérez es el intendente de Río Grande. Supo formar parte de las filas de La Cámpora, incluso fue parte del directorio de Aerolíneas Argentinas. Después tomo distancia de la agrupación de Máximo y hoy su armado levanta las banderas del peronismo tradicional. También está decidido a pelear por la gobernación. Daniel Harrington es el intendente de Tolhuin, un distrito de unos 10.000 habitantes. En la interna fueguina juega con Pérez.

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  • Rigolleau disminuyó casi 20% sus ventas, redujo su producción y ya importa de China

     

    La profunda caída del consumo golpea fuerte a la fábrica de vidrio más grande del país. Rigolleau, que hace 120 años produce vajilla y envases en Berazategui, tuvo en 2025 pérdidas por casi 5.600 millones y, con un derrumbe de ventas del 19%, opera a un 60% de su capacidad instalada.

    El panorama enciende alertas en los trabajadores de la empresa, que pasó de tener poco más de 800 empleados en 2023, a contar con alrededor de 700 en 2025.

    En paralelo a la merma productiva que provocó la parálisis de uno de los hornos, la empresa ya empezó a importar de China productos de la línea Hogar.

    «La persistencia de un contexto de bajo consumo y de utilización de capacidad instalada en torno al 60% obligó a sostener niveles de fondeo constantes para proteger el empleo y garantizar la continuidad operativa», señaló la compañía en su reporte de sustentabilidad enviado a la Comisión Nacional de Valores (CNV).

    En Rigolleau también advirtieron la dificultad para trasladar plenamente los aumentos de costos a precios, lo que afectó la evolución de los ingresos.

    «La menor actividad y la ociosidad productiva derivada de este contexto incidieron negativamente en los costos y en la rentabilidad operativa, a pesar de los esfuerzos realizados para mejorar la eficiencia productiva, renegociar condiciones con proveedores y optimizar la estructura de costos», agregaron en la empresa.

     El contexto recesivo que se espiralizó desde la llegada de Javier Milei al Gobierno impacta directo en Rigolleau, que dirige al mercado interno el 95% de la producción de la línea Hogar (platos, vasos, copas, vajillas, etc.)  

    Así, el resultado del ejercicio 2025 arrojó una pérdida de $5.596.156.136, número que duplica el derrumbe de 2024, cuando Rigolleau informó pérdidas por $2.599.109.500.

    «Este resultado refleja, principalmente, la combinación de un contexto de baja actividad, restricciones en el traslado de costos a precios y el impacto de los resultados financieros», señalaron.

    El contexto recesivo que se espiralizó desde la llegada de Javier Milei al Gobierno impacta directo en Rigolleau, que dirige al mercado interno el 95% de la producción de la línea Hogar (platos, vasos, copas, vajillas, etc.) y solo exporta un 5% a Uruguay y Paraguay. 

     

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  • Ucrania: una paz que avanza a la fuerza

     

    En menos de 72 horas, la relación transatlántica cambió de naturaleza y todo parece indicar que los ucranianos han perdido la guerra. El 12 de febrero de 2025, el flamante secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, dio inicio a las negociaciones de paz en Ucrania. Ya desde un comienzo cedió ante las dos principales exigencias de Moscú: la no adhesión de Kiev a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la ratificación de las “nuevas realidades territoriales”, es decir, la anexión de cuatro regiones ucranianas a Rusia, así como también de Crimea. Al día siguiente, tras una larga conversación telefónica con Vladimir Putin, el presidente Donald Trump anunció su intención de reunirse con su par ruso en Arabia Saudita –sin los ucranianos ni los europeos– y expresó su deseo de que pronto se organicen elecciones en Ucrania. Finalmente, el 14 de febrero, en un discurso pronunciado en una conferencia en Munich, el vicepresidente estadounidense, más que abordar la cuestión ucraniana, reprochó a los dirigentes europeos el hecho de que deshonraran las aspiraciones de sus propios pueblos restringiendo la libertad de expresión en las redes sociales o anulando las elecciones en Rumania por supuestas injerencias rusas (1).

    Semanas antes, Trump había lanzado una ofensiva comercial al aumentar los aranceles a las importaciones de Canadá, México y la Unión Europea, y también había expresado sus intenciones anexionistas sobre Groenlandia (2). Sin embargo, de ahora en adelante, ya no se trata tan sólo de manipular a sus “aliados” para que compren más armas o para equilibrar la balanza comercial. Al declarar que Estados Unidos no les concedería garantías de seguridad ni a Ucrania ni a las tropas europeas que pudieran desplegarse para hacer cumplir un eventual alto el fuego, Trump inevitablemente sembró dudas sobre la solidaridad estadounidense en caso de un ataque al territorio de un miembro de la OTAN. Sin su contrapartida de seguridad, el vínculo transatlántico se parecería más bien a una completa relación de dependencia.

    No obstante, desde 2022, Estados Unidos ha “invertido” un promedio de 35.300 millones de dólares por año en Ucrania (3). Mucho más que los 3.000 a 5.000 millones de dólares que Washington destinó cada año a Israel antes del ataque del 7 de octubre de 2023 y el equivalente a casi la mitad de los gastos militares anuales para Afganistán entre 2001 y 2019 –un esfuerzo para financiar una ocupación militar y operaciones directas–. El nivel de apoyo a Ucrania se sitúa, por lo tanto, en algún punto intermedio entre la ayuda brindada a un aliado histórico en Medio Oriente y el compromiso de una intervención directa en el campo de batalla en su propio nombre. Pero a Trump poco le importa todo eso: la guerra en Ucrania no es la de Estados Unidos, sino la de su antiguo rival Joseph Biden…

    Errores de cálculo

    Evidentemente, la magnitud de la ayuda occidental llevó a Kiev a cometer un error y la alentó a rechazar la negociación. En la primavera boreal de 2022, incluso antes de que Occidente le proporcionara su apoyo militar, la resistencia ucraniana podía enorgullecerse de haber frustrado la operación de cambio de régimen fomentada por el Kremlin y de haber minimizado las pérdidas territoriales. Después de cuatro semanas de combates, los beligerantes estaban cerca de llegar a un acuerdo. En Estambul, Kiev aceptó un estatus de neutralidad –es decir, renunció a adherirse a la Alianza Atlántica– y confirmó su intención de no dotarse de armas nucleares. A cambio, buscaba conseguir la retirada voluntaria de Moscú de los territorios que había ocupado desde el 24 de febrero. Sin embargo, Kiev necesitaba garantía de seguridad por parte de los líderes occidentales, quienes se la negaron. Boris Johnson se convirtió en el portavoz de la posición occidental durante una visita a la calle Bankova, sede de la Presidencia ucraniana. El Primer Ministro británico afirmó que nunca firmaría un acuerdo con Putin. Por eso, lo que ofrecían no eran garantías, sino armas (4).

    Europa deberá pagar la reconstrucción de Ucrania y, al mismo tiempo, afrontar los costos de su seguridad.

    Por un tiempo fue posible creer que dicha apuesta resultaría exitosa. Tras una primera contraofensiva, en noviembre de 2022, Kiev recuperó la ciudad de Jersón, ubicada en la orilla derecha del río Dnieper. Se desató la euforia. La palabra “negociaciones” se volvió tabú. No alinearse con los objetivos ucranianos –es decir, recuperar por la fuerza las fronteras de 1991– equivalía a firmar un pacto con el diablo. Los grandes medios de comunicación occidentales respaldaron el decreto ucraniano de octubre de 2022 que prohibía las negociaciones con Putin, a quien buscaban llevar ante la justicia internacional por crímenes de guerra (5).

    Sin embargo, la segunda contraofensiva ucraniana de junio de 2023 resultó en una derrota. En los medios de prensa, los estadounidenses expresaron su descontento: Kiev habría escatimado demasiado sus hombres para privilegiar ataques tácticos dispersos a lo largo del frente en lugar de enviar soldados en masa a los campos de minas rusos con la esperanza de traspasar las defensas del adversario y cortar el puente terrestre entre Rusia y Crimea (6). Bajo la presión de Washington, Kiev redujo la edad de reclutamiento de 27 a 25 años en abril de 2024, pero en diciembre se negó a bajarla a los 18 años. Así, la apuesta hecha en base a las exhortaciones occidentales fracasó trágicamente. Tanto el costo humano –cientos de miles de muertos y heridos– como los sacrificios exigidos a la sociedad fueron en vano (7).

    Como lógica consecuencia, durante el mismo período, Rusia experimentó una suerte inversa. El inicio de su “operación militar especial” resultó un fiasco. Los servicios de inteligencia rusos sobrestimaron los apoyos con los que contarían tanto por parte de la población como dentro de las élites ucranianas. El Ejército se estancó en los barrios periféricos de la capital ucraniana y fracasó en su intento de tomar el control del país. El Kremlin decidió entonces concentrar su dispositivo militar en el Donbass y Crimea. Concebida inicialmente como una expedición relámpago, la guerra fue cambiando de escala y de naturaleza. La movilización forzada decretada en septiembre de 2022 provocó una ola de protestas y exilios.

    Atrapada en su propia guerra, Rusia agravó su situación en materia de seguridad. Su “operación militar especial” tenía como objetivo, por un lado, prevenir que Ucrania se rearmara –antes de que Kiev recuperara por la fuerza las regiones separatistas prorrusas– y, por otro lado, poner un freno a la expansión de la OTAN hacia el Este. No obstante, unos meses después del inicio del conflicto, Rusia enardeció el patriotismo de un adversario que recibía un flujo continuo de armas y que contaba con el respaldo de una Alianza Atlántica reforzada con dos nuevos miembros: Suecia y Finlandia, que limitan con la zona ártica, estratégica para Moscú. Los dirigentes europeos reforzaron los batallones enviados al flanco oriental de la alianza, incluida Francia, que hasta entonces se oponía a una presencia permanente. La fuerza de reacción rápida de la OTAN cuadruplicó su número de efectivos; también continuó la construcción de la nueva base antimisiles estadounidense en Polonia, en donde los norteamericanos elevaron su presencia militar a 10.000 soldados. Lejos de calmarse, en Rusia las preocupaciones respecto de la seguridad se intensificaron por no haber previsto la fuerza y la unidad de la reacción occidental. Empero, al apostar por la consolidación de sus defensas detrás del Dnieper, Rusia logró estabilizar el frente. Los avances territoriales, como la toma de Bajmut en mayo de 2023, se consiguieron a costa del sacrificio de numerosas tropas, en un país ya golpeado por su crisis demográfica.

    El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada.

    Si bien Rusia mostró debilidades militares, la resiliencia de su economía resultó sorprendente. El Banco Central había acumulado suficientes reservas para asumir una confrontación financiera con Occidente. Logró sostener eficazmente el rublo y salvar su sistema bancario a pesar del congelamiento de sus activos en Europa y Estados Unidos. En cuanto a las sanciones energéticas, terminaron volviéndose en contra de los propios impulsores europeos: el aumento de los precios del gas compensó la pérdida de los volúmenes enviados al Viejo Continente, dando tiempo a Rusia para reorientar sus exportaciones de hidrocarburos hacia Asia (8). El fracaso de la estrategia de aislamiento se volvió evidente porque, si bien Moscú se vio obligada a recurrir a “Estados parias”, como Corea del Norte o Irán, para obtener armas o soldados, la realidad es que no le faltaron socios económicos interesados en sus descuentos energéticos. Los países que forman el núcleo del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) vieron con preocupación la ofensiva punitiva financiera de Washington contra uno de sus miembros y profundizaron de forma preventiva su cooperación para reducir el uso del dólar en sus intercambios. En 2024, BRICS acogió a cinco miembros nuevos, entre los que destacan los Emiratos Árabes Unidos, un actor clave en las nuevas rutas del petróleo ruso (véase el artículo de págs. 12-14).

    ¿Acercamiento al hermano menor?

    Al elegir negociar cara a cara con Moscú, Trump le ofrece una vía de escape al Kremlin. El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada. Las concesiones, por ahora sólo verbales, resultan vertiginosas: reanudación de las negociaciones sobre el desarme, promesa de reincorporación al G7 y, a largo plazo, levantamiento de las sanciones. Aunque el Presidente estadounidense trate de morigerar estas promesas en las próximas semanas, la solidaridad transatlántica parece estar ya profundamente deteriorada.

    Estas declaraciones podrían cerrar la era geopolítica que comenzó en 1949. Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos creó la Alianza Atlántica para imponer su influencia a la mitad de Europa, mientras que la otra mitad se alineaba primero con el bloque soviético y luego se unía al Pacto de Varsovia en 1955. Sin embargo, a fines de la década de 1980, el último líder soviético, Mijail Gorbachov, al frente de un país agotado por la carrera armamentista, se comprometió con una serie de concesiones unilaterales y desordenadas: aceptó la reunificación de Alemania y su adhesión a la OTAN sin obtener garantías escritas sobre la no expansión de la alianza occidental en Europa del Este. De este modo, el antiguo instrumento de seguridad sobrevivió a la Guerra Fría, y la Unión Europea, al expandirse, permaneció firmemente vinculada a Washington. Aunque en 1989 y 1990 se llegó a considerar por un momento la posibilidad de implementar un nuevo sistema de seguridad, no surgió ninguno alternativo tras la disolución de la URSS en 1991. Si bien el conflicto ruso-ucraniano tiene en parte su origen en esta oportunidad perdida, su resolución negociada está provocando una reconciliación ruso-estadounidense a espaldas de Europa.

    En Munich, el vicepresidente James David Vance incluso señaló una nueva dirección estratégica de Estados Unidos: “A Putin no le interesa ser el hermano menor en una coalición con China” (9). ¿Se trata del regreso a la estrategia de triangulación que había puesto en marcha el presidente estadounidense Richard Nixon en 1971 al acercarse al “hermano menor” (en ese entonces, China) para aislar mejor al enemigo principal (la URSS)? Si este es el “plan”, Trump tendrá dificultades para romper el eje Rusia-China. Pekín, si bien se molestó por el hecho consumado de la invasión rusa y le ha reprochado a Moscú su abuso de la amenaza nuclear, no le ha retirado su apoyo. China suministra de manera discreta tecnologías necesarias para el complejo militar-industrial ruso, al mismo tiempo que profundiza su cooperación militar con Moscú. Aunque desequilibrada, esta relación se basa en una fuerte frustración compartida respecto de un orden internacional dominado por Estados Unidos desde el final de la Guerra Fría.

    ¿Y Europa?… Europa se encuentra en la peor situación posible: ya debilitada por la crisis energética que ella misma provocó al renunciar –a petición de Washington– al gas ruso barato y pronto golpeada también por la guerra comercial decretada por la Casa Blanca, ahora se ve obligada a gestionar en soledad las consecuencias del revés occidental en Ucrania. Mientras la confrontación con Rusia alcanza un nivel incandescente y sus arsenales se han vaciado en favor de Kiev, Europa se prepara para aumentar de forma urgente su gasto militar, lo que implica comprar armamento estadounidense. Washington le exigía un “reparto de la carga” de la financiación de la alianza. Ahora la carga es doble: pagar la reconstrucción de Ucrania (que, a esta altura, Rusia deja de buena gana en manos de la Unión Europea) y, al mismo tiempo, asumir su propia seguridad. El gasto parece simplemente inasumible para los presupuestos europeos y augura nuevas divisiones.

    1. Benoît Bréville, “Liquidación electoral”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2025.
    2. Philippe Descamps, “Affoler la meute”, Le Monde diplomatique, París, febrero de 2025.
    3. “Ukraine support tracker”, Kiel Institute for the World, 2024.
    4. Samuel Charap y Sergueï Radchenko, “¿Podría haber terminado la guerra en Ucrania?”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2024. Volodimir Zelensky se esfuerza en negar el papel que habría desempeñado así Johnson; véase también Shaun Walker, “Zelensky rejects claim Boris Johnson talked him out of 2022 peace deal”, The Guardian, Londres, 12 de febrero de 2025.
    5. Véase, por ejemplo, “Soutenir l’Ukraine pour assurer la paix”, Le Monde diplomatique, 10 de enero de 2023.
    6. Alex Horton y John Hudson, “US intelligence says Ukraine will fail to meet offensive’s key goal”, The Washington Post, 17 de agosto de 2023.
    7. Hélène Richard, “Ucrania, una sociedad dividida por la guerra”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2023.
    8. Hélène Richard, “Sanciones de doble filo”, Le Monde diplomatique, noviembre de 2022.
    9. Bojan Pancevski y Alexander Ward, “Vance wields threat of sanctions, military action to push Putin into Ukraine deal”, The Wall Street Journal, Nueva York, 14 de febrero de 2025.

     

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    Escándalo cripto sin fin: documentos revelan que Milei tenía vínculos con otra empresa mientras crecía la trama de $LIBRA

     

    La causa $Libra sigue escalando y sumando elementos comprometedores para Milei. A la ya documentada relación con los impulsores del fallido token, ahora se agregan pruebas que lo conectan con otra estructura del mundo cripto y con una empresa que habría firmado acuerdos vinculados a estos negocios. Lejos de tratarse de un episodio aislado, la investigación empieza a mostrar un entramado mucho más amplio.

    Por Roque Pérez para NLI

    Bartosz Lipiński, el CEO de Cube, participó del Tech Forum y de una reunión con Karina Milei en Rosada.

    La causa $Libra sumó en las últimas horas documentación clave que complica aún más a Milei. A los contratos, chats y negociaciones ya conocidos, ahora se agregan pruebas que lo conectan con otra estructura del mundo cripto y con la empresa Cube Exchange Australia Pty Ltd, con domicilio declarado en 401 North Morgan Street, Chicago, IL 60642 (una especie de salón de eventos) vinculada al empresario Bartosz Lipiński. El caso deja de ser un episodio aislado y empieza a mostrar una red de negocios con actores identificables, montos concretos y acuerdos formales.

    Lipiński participó del Tech Forum, el evento en el que se cruzaron buena parte de los protagonistas de esta historia. En octubre, hizo un gran anuncio sobre su alianza con Argentina aunque sin mayores detalles del proyecto. En septiembre, organizó un exclusivo after party en Puerto Madero con Travis Scott. En julio, estuvo en una reunión con Karina Milei en Casa Rosada junto Mauricio Novelli, Manuel Terrones Godoy y Hayden Davis. Y unos días antes, en junio, patrocinó al youtuber preferido del gobierno, Agustín Laje.


    Documentos que amplían el alcance del escándalo

    La investigación judicial por la criptomoneda $Libra incorporó nuevos documentos que revelan un dato central: Milei no solo estaba vinculado al proyecto que terminó en colapso, sino también a otras iniciativas cripto en paralelo.

    Según la documentación difundida, en esos papeles aparece mencionado el llamado “Instituto Milei”, una estructura que habría funcionado como canal de articulación con distintos emprendimientos del ecosistema digital. Allí no solo se discutía el lanzamiento del token, sino también otros desarrollos que apuntaban a replicar el mismo modelo de negocio.

    Este punto es clave porque introduce una dimensión distinta: la existencia de una estrategia más amplia y no de una participación ocasional o improvisada.


    Cube Exchange Australia Pty Ltd y el rol de Bartosz Lipiński

    El dato más concreto que surge de la información publicada por Perfil es la aparición de Cube Exchange Australia Pty Ltd, una empresa del sector cripto que habría tenido un rol directo en la formalización de acuerdos.

    Dentro de esa estructura aparece el nombre de Bartosz Lipiński, identificado como uno de los actores centrales detrás de la firma. Según la investigación periodística, esta empresa habría sido la encargada de firmar contratos vinculados a los proyectos en los que orbitaba Milei, lo que introduce un elemento jurídico concreto: ya no se trata solo de contactos informales, sino de instrumentos contractuales.

    La presencia de Cube Exchange en la trama permite entender mejor cómo se organizaba el esquema: empresarios, intermediarios y figuras políticas conectados a través de acuerdos que buscaban capitalizar el auge de las criptomonedas.


    Contratos por millones y evidencia acumulada

    Los nuevos datos no aparecen en el vacío. Se suman a una serie de elementos que ya venían complicando al entorno de Milei dentro de la causa $Libra.

    Entre ellos, se destacan documentos hallados en dispositivos de los involucrados que mencionan acuerdos económicos por cifras millonarias, incluyendo un borrador que establecía un pago de 5 millones de dólares a cambio de la promoción del proyecto. A eso se agregan registros de chats y comunicaciones donde se discuten condiciones, tiempos y estrategias de lanzamiento.

    En ese entramado aparece también la figura de Mauricio Novelli como intermediario, funcionando como nexo entre los empresarios cripto y el entorno político. Las conversaciones muestran que no se trataba de un vínculo superficial, sino de negociaciones sostenidas en el tiempo.

    La incorporación de Cube Exchange y de Bartosz Lipiński a este escenario refuerza la hipótesis de que existía una estructura organizada, con roles definidos y objetivos económicos claros.


    Del impulso inicial al colapso: el núcleo del caso

    El punto de partida sigue siendo la promoción de $Libra por parte de Milei, que generó un salto abrupto en el valor del token. Esa suba inicial permitió que quienes estaban mejor posicionados dentro del esquema obtuvieran ganancias rápidas, antes de que el activo se desplomara.

    El resultado fue contundente: miles de inversores perjudicados y una transferencia de recursos hacia un grupo reducido que operó con información privilegiada o mayor capacidad de reacción.

    A la luz de los nuevos documentos, ese episodio empieza a ser interpretado por los investigadores no como un hecho aislado, sino como una maniobra inscripta en un modelo de negocios repetible, donde la promoción pública funciona como disparador de valor.

     

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