EL BUEN JUGADOR SIEMPRE TIENE SUERTE

Vertebrado el nuevo escenario político de la Argentina, se interpreta y se reestructura el neo mapa político del Partido Justicialista. Las urnas expusieron un fuerte vacío de  liderazgos dentro del PJ, que termina por consolidar el papel del Senador Nacional por Rio Negro Miguel Ángel Pichetto como principal articulador de los poderes reales del peronismo en la cámara alta, se planta como nexo y garante de la ejecución parlamentaria de acuerdos globales. Como pocas veces desde el regreso de la democracia, el peronismo enfrenta su hora más difícil y el Senado aparece en el horizonte como el primer escenario en el que comenzará a definir la interna del PJ.

El Senador por Rio Negro ya expresó que la legitimidad del presidente Mauricio Macri es indiscutible y resaltó más de una vez la disposición de los gobernadores del PJ para garantizar su gobernabilidad. Pero sus gestiones trascienden los límites del Senado. Tiene también línea directa con el presidente de la cámara de Diputados, Emilio Monzó (representante de Cambiemos, con pasado peronistas) e intervino en gestiones con Sergio Massa y Diego Bossio. Del mismo modo, recibió poco antes de las elecciones a la cúpula de la CGT. Desde 2003, cuenta con la llave de la Cámara Alta para que, en su momento Néstor y Cristina, y hoy Macri, puedan aprobar determinadas leyes.

Hace pocos días Pichetto  sorprendió a todos e instó a retomar el debate sobre la central nuclear, “En Viedma no la aceptan, pero Sierra Grande tiene otra cultura, y no debe perder esta posibilidad”. Recordó que “Río Negro tiene toda una historia ligada a la energía nuclear, el INVAP ha fabricado reactores de baja intensidad”. Declaró que por ejemplo Francia tiene muchísimas centrales nucleares y que nuestro país necesita más energía eléctrica y estas centrales pueden generarla. Y enfatizó “la energía nuclear ya la tenemos con Atucha I, II y Embalse, Argentina ya tiene una experiencia”. Si bien indicó que respeta las  opiniones que cuestionan el tema desde el  punto de vista ambiental concluyó con que “No hay que comprarse los anuncios”.

Con Cristina Kirchner en el Senado el bloque que hoy comanda Pichetto no se va a fracturar. El Senador rionegrino colocó a CFK fuera de la vida interna del PJ y sostuvo “el kirchnerismo, que en Buenos Aires no fue dentro del PJ, deberá armar un bloque propio que represente las ideas de Unidad Ciudadana, de izquierda o centro izquierda”. Cree que de cara a la renovación, el peronismo debe recuperar el centro ideológico, un modelo de capitalismo moderno, de crecimiento de la actividad privada y atracción de inversiones.

Miguel Pichetto suele decir que como gobierno peronista se es verticalista, y en la oposición se debe ser, horizontal, negociador, e institucionalista.

El triunfo aplastante de Soria en la provincia reabrió canales de comunicación. Después de más de un año el Senador y el Intendente de Roca retomaron el diálogo y se prometieron un encuentro en los próximos meses. Pichetto, quien generó el contacto directo, declaró “la figura del roquense se consolidó en términos de expectativa y de futuro. Lógicamente no está nada dicho, existe un ciclo ascendente del gobierno nacional y hay que estar atentos”. Haciendo relación al crecimiento de Cambiemos en la provincia.

El senador rionegrino es uno de los lobbistas más influyentes del país, sabe que cada acción tiene su reacción y nada de lo que hace o dice es improvisado. Tras las elecciones comenzó a jugar varias partidas de ajedrez en simultáneo y empezó a mover meticulosamente cada una de sus piezas en cada tablero.

 

LA TAPA-EMILIANO PICCININI

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    El Gobierno no sabía: la liberación de Nahuel Gallo dejó expuesta la improvisación total de Milei

     

    El propio oficialismo reconoció que desconocía que el gendarme Nahuel Gallo iba a ser liberado tras 448 días detenido en Venezuela. La gestión que permitió su regreso no fue impulsada por la Casa Rosada sino por la AFA, dejando al desnudo la falta de conducción diplomática de Milei.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    La liberación de Nahuel Gallo, el gendarme argentino detenido desde diciembre de 2024 en Venezuela, debería haber sido una noticia exclusivamente positiva. Sin embargo, el episodio terminó revelando algo mucho más grave: el gobierno de Milei ni siquiera sabía que el operativo que permitió su regreso estaba en marcha.

    Mientras el discurso oficial intentaba capitalizar políticamente el retorno del uniformado, la propia Patricia Bullrich terminó confirmando lo que expone el fondo del problema. El Ejecutivo no estaba al tanto de la gestión que destrabó la situación. La negociación decisiva que permitió la liberación no fue conducida por el Estado argentino, sino que se desarrolló por fuera de los canales oficiales.

    El dato resulta demoledor desde el punto de vista institucional: la salida de Gallo no fue consecuencia de la política exterior argentina, sino de una vía alternativa impulsada desde el fútbol.


    Diplomacia paralela ante un gobierno ausente

    Después de 448 días detenido bajo acusaciones de espionaje, Gallo regresó al país en un vuelo vinculado a gestiones que no fueron coordinadas por la Cancillería ni por la Casa Rosada. La intervención de la AFA como puente humanitario operó sin que el propio gobierno tuviera conocimiento del desenlace inminente.

    Así, el episodio dejó en evidencia una situación tan inusual como alarmante: el Ejecutivo nacional no participó del tramo decisivo de la negociación, no coordinó el traslado y ni siquiera fue informado del operativo que resolvería uno de los conflictos diplomáticos más sensibles de su gestión.

    Mientras desde el oficialismo se insistía en que se habían realizado gestiones formales a través de terceros países, la resolución concreta terminó llegando por otra vía. En términos políticos, el resultado es elocuente: Argentina logró recuperar a un agente de seguridad detenido en el exterior sin que su propio gobierno supiera cómo ni cuándo ocurriría.


    El síntoma de una política exterior sin rumbo

    El caso Gallo había sido presentado durante más de un año como una prioridad diplomática, desde su detención el 8 de diciembre de 2024 al ingresar a Venezuela. Sin embargo, el desenlace dejó al descubierto la fragilidad de la estrategia oficial.

    La relación política con Caracas permanecía bloqueada y las gestiones estatales no habían logrado avances concretos. La resolución, en cambio, apareció por fuera del esquema institucional, confirmando que el éxito no fue producto de la conducción gubernamental sino que se produjo a pesar de ella.

    En ese contexto, el episodio deja de ser una anécdota aislada para transformarse en un síntoma. Lo que aparece es una política exterior desarticulada, sin canales eficaces de negociación y sin capacidad de conducción real.


    Cuando el fútbol reemplaza al Estado

    La liberación terminó concretándose gracias a una gestión humanitaria canalizada desde el ámbito del fútbol, que actuó como puente informal en medio de la tensión política entre Buenos Aires y Caracas.

    La postal que queda es incómoda: un conflicto internacional de alto nivel fue resuelto por actores no estatales mientras la administración nacional se enteraba del desenlace prácticamente en simultáneo con la opinión pública.

    La propia reconstrucción oficial de los hechos deja entrever el nivel de desorden. Gallo ni siquiera sabía que estaba regresando al país cuando subió al avión que lo traería de vuelta.


    Impericia como política de Estado

    Lo ocurrido excede el caso puntual y expone un problema estructural. La falta de coordinación diplomática, el aislamiento político y la ausencia de canales formales eficaces terminan delineando un patrón que atraviesa la gestión.

    Se trata de un gobierno que proclama firmeza pero que no logra conducir los procesos que afirma encabezar. Cuando las resoluciones llegan por fuera del Estado y el Ejecutivo se entera después, lo que queda no es estrategia sino improvisación.

    Y cuando la improvisación se vuelve constante, la impericia deja de ser un error.

    Pasa a convertirse en un método.

     

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