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Educación Vial en la Colonia de Vacaciones del Club Regina

El día 15 de enero, el equipo de Educación Vial de la Dirección de Tránsito de la Municipalidad de Villa Regina se continuó con  las actividades de educación y concientización vial del presente año en la colonia de vacaciones del Club Regina de nuestra ciudad.

En esta oportunidad, se realizaron diferentes actividades didácticas con los chicos y chicas entre 4 y 12 años de edad.

Convencidos, que la Educación Vial, debe ser una política de estado, desde la Dirección se trabajará durante todo el año esta temática con todas las instituciones públicas y privadas de la ciudad.

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    La Ley de Tierras en la picota: Milei avanza con la extranjerización en medio de los incendios

     

    En pleno drama por los incendios en la Patagonia, el Gobierno nacional busca tratar en el Congreso un proyecto que modifica de manera drástica la Ley de Tierras (26.737): habilita la producción en zonas arrasadas por el fuego y libera la venta de suelo argentino a extranjeros. La iniciativa aparece en sintonía con la ofensiva de Estados Unidos sobre los recursos naturales de América Latina. Un relevamiento científico del Observatorio de Tierras revela datos alarmantes sobre quiénes controlan el territorio, el agua y los minerales del país.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    La discusión va más allá de consignas y slogans. Mientras la administración de Milei impulsa cambios que debilitan los límites a la propiedad extranjera, un trabajo del Observatorio de Tierras —integrado por investigadores de la UBA y el Conicet— puso cifras y mapas a un proceso silencioso: la constante entrega de territorios estratégicos a manos foráneas.

    El mapa interactivo, desarrollado por la socióloga Julieta Caggiano y el historiador Matías Oberlin, muestra que aproximadamente el 5% del territorio nacional ya está en manos de firmas o Estados extranjeros. En términos concretos, más de 13 millones de hectáreas, una superficie equivalente a toda Inglaterra, escaparon al control nacional.

    El truco del promedio y los distritos en rojo

    Los investigadores advierten que el discurso oficial —según el cual ninguna provincia supera el límite legal del 15%es engañoso. El promedio provincial oculta realidades críticas: 36 departamentos del país ya exceden ese tope, lo que vulnera el espíritu de la ley.

    Entre Ríos aparece como uno de los casos más graves. Los departamentos de La Paz y Gualeguay alcanzan el 9% de extranjerización (más de 56 mil y 57 mil hectáreas, respectivamente), mientras Concordia llega al 6%. En Santa Fe, el caso emblemático es Garay, donde el 16% de sus 391 mil hectáreas está en manos extranjeras, por encima del límite legal.

    Agua, minería y fronteras: nada es casual

    El relevamiento demuestra que la extranjerización no es aleatoria: sigue el rastro de recursos estratégicos en un mundo atravesado por la crisis climática y energética. Hay departamentos que superan el 50% de su superficie extranjerizada, como Lácar (Neuquén), General Lamadrid (La Rioja) y Molinos y San Carlos (Salta).

    Las zonas con agua dulce y nodos logísticos también concentran cifras alarmantes. Localidades ribereñas del río Paraná, como Iguazú, Ituzaingó y Campana, superan el 30%. En cuanto a nacionalidades, Estados Unidos lidera con 2,7 millones de hectáreas, seguido por Italia y España. Entre las tres concentran la mitad de toda la tierra extranjerizada. Para dimensionarlo: los estadounidenses poseen más superficie que la provincia de Tucumán.

    “No es una cuestión ideológica, sino de defensa de las capacidades del Estado. El patrón es claro: los casos más críticos están en zonas de frontera y con recursos hídricos o minerales”, explicó Caggiano.

    De Menem a Milei: una historia de flexibilización

    El informe recuerda que el quiebre contemporáneo se produjo a fines de los años noventa. En 1996, el gobierno de Carlos Menem creó la Secretaría de Seguridad Interior, que habilitó la venta de más de 8 millones de hectáreas en zonas de seguridad fronteriza, áreas protegidas desde 1944 por un decreto que reservaba esas tierras a ciudadanos argentinos.

    Esa normativa fue sistemáticamente vulnerada con ventas irregulares y triangulaciones. Casos emblemáticos como Lago Escondido, en manos del británico Joe Lewis, o las tierras patagónicas adquiridas por Luciano Benetton, son parte de ese proceso.

    La Ley de Tierras, sancionada en 2011 para frenar la especulación tras el boom de los commodities, fue desde entonces blanco de intentos de flexibilización. Tras el freno judicial al DNU 70/2023 por un amparo del CECIM La Plata, el Ejecutivo de Milei avanzó por la vía política a través del Consejo de Mayo, que avaló cambios sustanciales.

    Para los especialistas, la reforma no busca inversiones productivas, sino facilitar la captura de bienes comunes no reproducibles. El caso de Malargüe, en Mendoza —donde la extranjerización del 15% convive con 18 nuevos proyectos mineros— anticipa mayor conflictividad social si el Estado renuncia a su rol de control. “Cruzar estos datos con las inversiones mineras permite entender por qué el mapa es una herramienta de alerta”, señaló Oberlin.

    En un contexto de avance de Donald Trump sobre los recursos de América Latina y reimpulso de la doctrina Monroe, el informe advierte que desarmar las protecciones existentes redefine quién decide, quién accede y quién queda afuera. Cuando el agua dulce y la energía son ejes del conflicto global, ceder territorio es ceder soberanía.

     

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    LA MUJER

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    El sable corvo, San Martín y la política de los símbolos: Milei oficializó por decreto el traslado

     

    Lo que a fines de enero era una maniobra en ciernes, hoy quedó formalizado por decreto. El Gobierno de Milei publicó en el Boletín Oficial la norma que ordena el traslado del sable corvo del General José de San Martín desde el Museo Histórico Nacional al Regimiento de Granaderos a Caballo. La decisión confirma, profundiza y legaliza una operación política sobre los símbolos fundacionales de la Argentina.

    Por Alcides Blanco para NLI

    La nota publicada por NLI el pasado 28 de enero advertía que el Gobierno avanzaba sobre el sable corvo no como un gesto administrativo menor, sino como parte de una estrategia deliberada de apropiación simbólica del pasado. A apenas días de aquella publicación, el Ejecutivo decidió blanquear la jugada y convertirla en norma.

    El Decreto 81/2026, publicado este 3 de febrero, dispone de manera expresa que el sable corvo deje de estar bajo la órbita del Museo Histórico Nacional y pase a la custodia directa del Regimiento de Granaderos a Caballo “General San Martín”, en su cuartel de Palermo. La medida no solo ordena el traslado físico del objeto, sino que deroga el decreto de 2015 que había fijado su permanencia en el museo como patrimonio histórico de acceso público.

    Un decreto que confirma la maniobra

    El texto oficial sostiene que el traslado se realiza por “razones de seguridad” y menciona antecedentes de hechos ilícitos ocurridos cuando el sable se encontraba en el museo. Bajo ese argumento, el Gobierno establece que la custodia, preservación y resguardo queden en manos del Regimiento de Granaderos, fuerza que históricamente actuó como guardia del Libertador.

    Sin embargo, el decreto omite cualquier referencia al derecho ciudadano al acceso al patrimonio histórico, al rol de los museos nacionales como espacios de memoria colectiva o a la dimensión civil del legado sanmartiniano. La lógica es clara: militarizar el símbolo y reubicarlo en un espacio institucional alineado con el relato que Milei intenta construir.

    Tal como anticipó NLI, no se trata de una decisión neutra. El sable corvo no es un objeto más: es uno de los emblemas centrales de la independencia, cargado de significados políticos, históricos y populares que exceden largamente el ámbito castrense.

    De patrimonio público a símbolo regimentado

    Con este decreto, el sable deja de estar en un museo nacional —espacio civil, educativo y abierto— para quedar alojado en un cuartel militar con acceso restringido. El mensaje es contundente: el pasado se ordena desde arriba y se encuadra en una narrativa de autoridad, disciplina y verticalidad.

    No es casual que esta decisión se inscriba en una secuencia más amplia. Milei viene utilizando la figura de San Martín, los Granaderos y los símbolos patrios como elementos de legitimación política, vaciándolos de su complejidad histórica y resignificándolos al servicio de su propio proyecto ideológico.

    La historia, así, deja de ser un campo de debate y memoria para convertirse en escenografía de poder. El decreto no hace más que confirmar que el Gobierno concibe los símbolos nacionales como piezas de un relato oficial, no como patrimonio plural del pueblo argentino.

    Lo que advertía NLI y hoy se confirma

    Cuando NLI publicó la nota del 28 de enero, aún no existía norma vigente. Había versiones, trascendidos y una fuerte señal política. Hoy, con el decreto ya publicado, queda claro que no era una hipótesis exagerada, sino la antesala de una decisión consumada.

    La derogación del decreto de 2015, la reasignación de la custodia y la argumentación centrada exclusivamente en criterios de seguridad confirman que el Gobierno eligió avanzar sin debate público, sin consulta a especialistas en patrimonio y sin consideración por el sentido democrático de la memoria histórica.

    El sable corvo, legado de San Martín al pueblo argentino, pasa así a ser una pieza más en la política de símbolos de Milei, donde el pasado se ordena, se encuadra y se utiliza como herramienta de construcción de poder en el presente.

     

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  • Si te vas, traé garotos

     

    En febrero de 2025, una noticia del medio brasilero Exame contaba que, el mes anterior, la sucursal de Decathlon de Florianópolis había conseguido un récord mundial de ventas de la marca de artículos deportivos entre sus más de 5 mil tiendas en 76 países. Junto a fotos de góndolas devastadas y filas con carritos desbordados, la nota daba una explicación muy clara: la causa del súbito incremento de ventas era el aluvión de turistas argentinos que había llegado a Florianópolis, y que conformaron el 90 por ciento de la clientela del mes. Así, la tienda recibió entre 4 y 5 mil clientes por día. La diferencia en el tipo de cambio existente entre el real brasileño y el peso argentino era el motivo central que planteaban los directivos de la marca.

    El “saqueo” al Decathlon de Florianópolis fue sólo una muestra de una temporada récord en viajes a Brasil. En enero de 2025, 632.100 argentinos y argentinas cruzaron al país vecino, un 83,8 por ciento más que el mismo mes del año anterior. Brasil representó más del 30 por ciento de los egresos fuera del país, seguido por Chile y Uruguay. Sumando todos los destinos internacionales, sólo en enero, casi dos millones de argentinos viajaron al exterior, y hacia octubre, el INDEC contabilizaba casi diez millones de salidas, un récord histórico. ¿Desde cuándo y en qué condiciones se volvió algo recurrente que una marea de argentinos inunde las playas de Brasil?

    De la Bristol a Canasvieiras

    Para hablar de los viajes de argentinos al exterior, primero tenemos que recuperar la historia del turismo en Argentina, que tiene una larga tradición. Desde los años treinta, cuando se pavimentaron las principales rutas argentinas, y luego con el impulso de las políticas del peronismo a fines de los cuarenta, el turismo interno dio un salto. A partir de esas décadas, Mar del Plata se convirtió, como señala el libro de Elisa Pastoriza y Juan Carlos Torre, en un sueño de los argentinos1. A la vez, aquella autora, junto a Melina Piglia, expusieron cómo la clase media fue, en gran medida, la principal beneficiaria de las políticas de turismo social del peronismo, tanto por hallarse en mejores condiciones para aprovechar sus ventajas como por políticas específicas orientadas a ese sector, más allá de la significación política del turismo obrero2. Las décadas del sesenta y setenta marcaron el auge del turismo de clase media en la costa atlántica, en un contexto en el que, a pesar de la inestabilidad política, Argentina llegó casi a tener pleno empleo. Las vacaciones en la playa de Mafalda y su familia, un clásico de la historieta de Quino publicada entre 1964 y 1973, son una expresión de aquel fenómeno.

    Sumando todos los destinos internacionales, sólo en enero de 2025, casi dos millones de argentinos viajaron al exterior; hacia octubre, el INDEC contabilizó casi diez millones de salidas, un récord histórico.

    En esos años, algunos empezaban a viajar a Brasil. Pero la conectividad y los precios no eran los actuales. En auto, por ejemplo, era muy difícil. Mi viejo siempre cuenta la epopeya que hizo con un amigo en 1970, manejando un Torino hasta Río de Janeiro. Cruzando el Chuy uruguayo, en la frontera con Brasil, una parte del camino era directamente por la playa. Poco después se inició una serie de obras de infraestructura que cambiarían para siempre los viajes a Uruguay y Brasil. En los setenta se inauguraron, entre otros, los puentes Chaco-Corrientes (1973), Colón-Paysandú (1975), Gualeguaychú-Fray Bentos (1976) y Zárate-Brazo Largo (1977). Del lado brasilero también se hicieron obras como la “Freeway”, primera autopista de Brasil inaugurada en 1975, que conectó Porto Alegre con Osorio y facilitó el acceso al litoral norte de Rio Grande do Sul y a las playas de Santa Catarina. La conectividad aérea también mejoró y, a principios de los noventa, una serie de transformaciones a escala global redujeron los costos de los pasajes.

    Puestas a competir, las playas brasileñas exhibieron pronto una serie de factores ventajosos frente a las argentinas. En los países o regiones de clima templado como el nuestro, las personas suelen alejarse del polo para ir a la playa, pero por las características geográficas de nuestro país, la mayor parte hace al revés: para ir a la costa hay que viajar hacia el sur, que es lógicamente más frío. En Brasil, por su parte, no hace falta irse muy al norte: las playas de Santa Catarina, accesibles desde la frontera argentina, son reconocidas internacionalmente. A la vez, de las principales quince aglomeraciones urbanas de la Argentina, solo Buenos Aires y La Plata (y la propia Mar del Plata) se encuentran relativamente cerca de la playa. Para una familia cordobesa, ir a la costa atlántica implica un viaje de más de 1000 kilómetros. A Posadas y Resistencia les queda más cerca el litoral brasilero que Mar del Plata, mientras que las ciudades del NOA tienen a la misma distancia las playas bonaerenses y las de Santa Catarina. Chile y Uruguay son otras opciones vecinas que disputan con la costa atlántica. Y Brasil es Brasil: sus playas, su cultura, su música. Un lugar increíble.

    La competencia entre turismo local y turismo afuera del país en las últimas décadas pasó a tener un determinante fundamental: el tipo de cambio.

    Planteada así la situación, la competencia entre turismo local y turismo afuera del país en las últimas décadas pasó a tener un determinante fundamental: el tipo de cambio. Como señala un estudio3 de Schteingart, Trombetta y Bertín, el aumento del turismo emisivo (el que sale del país) es inversamente proporcional al precio del dólar. El período de la “plata dulce”, entre 1979 y 1981, marcó un primer crecimiento del turismo al exterior. Pero fue sobre todo en los noventa, con la Convertibilidad y el dólar barato sostenido durante una década, que el fenómeno del turismo al extranjero se consolidó definitivamente: entre 1990 y 2000, la salida anual4 de argentinos al exterior creció un 106,5%. Y ese último año, Brasil representó el 35 por ciento de los casi 5 millones de egresos fuera del país.

    La prensa de la época, que primero cubrió el tema con sorpresa, comenzó a dedicarle pronto suplementos y secciones especiales. En 1993, a la tradicional cobertura veraniega de Clarín sobre los balnearios argentinos, se sumaron crónicas sobre lo que pasaba en Florianópolis. Una nota de enero de ese año titulaba, por ejemplo: Canasvieiras,“la Bristol brasileña”, invadida por la clase media argentina5. La crónica se apoyaba en una referencia turística conocida para el lector argentino, la Bristol marplatense, para introducir el nuevo destino de moda. A la vez, a diferencia de Miami, otro destino clásico de los noventa, las playas del sur de Brasil presentaban un costado más popular, al ser accesibles no sólo en avión, sino por vía terrestre. En 2004, la mitad de los ingresos al país vecino se hicieron en auto6.

    La cultura de viajar afuera

    El boom del turismo al extranjero en los noventa tuvo varias consecuencias. Primero, la industria del turismo local entró en crisis. En los primeros años, pudo seguir creciendo a tasas más bajas, pero la recesión económica, sumada al mantenimiento del 1 a 1, la llevaron a una caída hacia fines de la década.

    En 1993, a la cobertura veraniega de Clarín sobre los balnearios argentinos, se le sumaron crónicas sobre lo que pasaba en Florianópolis. Una nota de enero de ese año titulaba, por ejemplo: Canasvieiras,“la Bristol brasileña”, invadida por la clase media argentina5

    Por otra parte, el turismo afuera también fue una de las pautas de consumo que dividieron a la clase media entre “ganadores” y “perdedores”, es decir, aquellos que pudieron acceder a las vacaciones afuera, los productos importados y otros consumos de época y aquellos más afectados por la crisis económica. Ambos sectores, no obstante, se fueron permeando y entrecruzando. De hecho, vacaciones en el exterior y vivencia de la crisis se fueron complementando y solapando en las experiencias de los sectores medios. El “saqueo” al Decathlón al que nos referimos al inicio, sólo puede entenderse en la combinación de ambas variables: una clase media acostumbrada a vivir de crisis en crisis, y que, cuando el cambio es favorable, compra todo lo que puede porque después nadie sabe qué pasa.

    Como un niño que creció en los noventa, también me tocó ese boom y esa montaña rusa. En el 94 nos fuimos a Disney, después mi viejo estuvo mal económicamente dos años por el efecto tequila, pero ya en el 97 nos fuimos por primera vez a Florianópolis y en el 99 repetimos la travesía en un Renault 19. Algo me quedó de esos viajes, y hace cuatro años agarramos la ruta en auto por primera vez con mi familia.

    Los noventa cambiaron la forma de pensar las vacaciones de amplios sectores de la clase media. Viajar afuera se volvió casi una necesidad. Y de allí se desprendió un sorprendente reclamo: el histórico derecho a las vacaciones transmutó en la idea de que existe un derecho a vacacionar afuera.

    Es que los noventa cambiaron la forma de pensar las vacaciones de amplios sectores de la clase media argentina. Las vacaciones fuera del país, particularmente en Brasil, se transformaron de una posibilidad esporádica en un deseo de consumo sostenido. Tanto que, para una parte de la clase media, viajar afuera se volvió casi una necesidad (si no todos los años, al menos de forma recurrente). Y de esa casi necesidad se desprendió un sorprendente reclamo de derechos: el histórico derecho a las vacaciones de los argentinos y argentinas, transmutó en la idea de que existe un derecho a vacacionar afuera.

    Me tocó vivirlo hace algunos años en el cruce internacional de Paso de los Libres, en Corrientes. Muchos argentinos y argentinas que allí esperaban, estaban indignados con que no hubiera más personal de Migraciones para agilizar el cruce fronterizo a Brasil. Es verdad que ese cruce, en enero y con calor, puede ser agobiante. Pero era más que eso. Estas personas se organizaban para protestar, se acercaban a una y otra ventanilla, pedían hablar con alguna autoridad a cargo. No era una simple queja, era el tipo de reclamo de quien siente un derecho vulnerado.

    ¿Y esta fiesta quién la paga?

    Además de más personal de Migraciones en la frontera, una parte de la clase media reclama acceder al factor que define la posibilidad de ejercer su “derecho” a las vacaciones en el exterior: el dólar. Como señalaron varios analistas, la hipótesis de un dólar sin techo el día después de los comicios fue uno de los factores que definieron las últimas elecciones legislativas a favor de La Libertad Avanza. El dólar barato se volvió una gran ilusión argentina8. Un amigo vivió en carne propia las filas de argentinos queriendo comprarse todo en los supermercados de Florianópolis en enero pasado. Así me describió lo que vio: “No es sólo que está barato, hay un componente emocional. La sensación de salir del país y llevarte puesto a un país vecino con tu propia moneda es droga”.

    Más que dólar barato quizá deberíamos llamarlo dólar subsidiado. Un subsidio que el Estado otorga, como un plan social indirecto, a quienes decidimos pasar nuestras vacaciones en el extranjero.

    Pero la continuidad de este tipo de cambio y la salida de miles de compatriotas al extranjero tienen un costo. En 2025, la salida de divisas por turismo de argentinos al exterior rondó los 13 mil millones de dólares, la mayor de la historia. Una publicación reciente del sitio Argendata de Fundar resalta el inusual peso que tiene el turismo dentro de las importaciones totales de Argentina, superior al de todos los países vecinos9. Si se descuentan los 4 mil millones de ingresos por turismo receptivo, el déficit por turismo en 2025 fue de unos 9 mil millones de dólares, lo que ubica a Argentina entre los países con mayor déficit turístico del mundo, medido sobre su PBI10. En comparación, el superávit energético del país hacia septiembre de 2025, rondaba los 5 mil millones. Dicho de otro modo, los dólares de Vaca Muerta se fueron, casi íntegros, en sostener el turismo de argentinos en el exterior. Por eso, más que dólar barato quizá deberíamos llamarlo dólar subsidiado. Un subsidio que el Estado otorga, como un plan social indirecto, a quienes decidimos pasar nuestras vacaciones en el extranjero.

    Así las cosas, la temporada 2026 empezó nuevamente con decenas de miles de argentinos en Brasil y otros países. Leer este fenómeno socio-cultural en clave histórica seguramente nos ayude a entender por qué, cuando las condiciones están dadas —básicamente cuando se sostiene una política cambiaria como la actual— el turismo argentino en el exterior explota hasta transformarse en un problema para las finanzas del país. El histórico derecho a las vacaciones de los argentinos y argentinas, que se consolidó en el segundo tercio del siglo XX, hizo clic en los noventa con la posibilidad y el deseo de irse afuera. Esa combinación, sostenida por una década, dio como resultado la percepción de que no sólo las vacaciones, sino las vacaciones en el exterior, son un derecho. Arraigada en una parte importante de la clase media argentina hasta la actualidad, esta idea se transformó en una verdadera paradoja de un país en crisis permanente.

    1. Pastoriza, Elisa y Torre, Juan Carlos (2019). Mar del Plata: un sueño de los argentinos. Buenos Aires: Edhasa ↩
    2. Pastoriza, Elisa y Piglia, Melina (2017). “La construcción de políticas turísticas orientadas a los sectores medios durante el Primer Peronismo. Argentina 1946-1955”. En Licere, Vol. 20, 411-452. ↩
    3. Schteingart, D; Trombetta, M y Bertin, P.; Flujos turísticos internacionales en Argentina. Documentos de Trabajo del CEP XXI N° 3, febrero de 2021, Centro de Estudios para la Producción XXI – Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación. ↩
    4. Anuario Estadístico de Turismo de la República Argentina 2006. Secretaría de Turismo de la Nación. Argentina ↩
    5. Clarín, 19 de enero de 1993, p. 40-41 ↩
    6. Anuario Embratur Anuário Estatístico EMBRATUR – 2005. Brasília: Ministério do Turismo/Instituto Brasileiro de Turismo/Diretoria de Estudos e Pesquisas, 2004.V.32 236p. Dados de 2004. ↩
    7. Clarín, 19 de enero de 1993, p. 40-41 ↩
    8. Al respecto, ver el trabajo de Ariel Wilkis y Mariana Luzzi, El Dólar: historia de una moneda argentina (la última edición es la de Siglo XXI de 2025). ↩
    9. Schteingart, D., Della Paolera, C. y Vezzato, J. M. (2025). Turismo. Argendata. Fundar. Entre 2016 y 2024, el turismo emisivo representó el 9% del total de importaciones de Argentina, por encima de todos los países limítrofes -Uruguay (6,3%), Bolivia (6%), Brasil (5%), Paraguay (4,4%) y Chile (2,3%)- . En 2025, el dato posiblemente sobrepasó las dos cifras. ↩
    10. Ídem. Entre 2016 y 2024, Argentina se ubicó en el puesto 150 en cuanto al déficit turístico medido sobre su PBI, de un total de 186 países. Y esto fue con un déficit turístico promedio de USS 3.000 millones. En 2025, con cerca del triple, Argentina debe haber caído más cerca aún del fondo de la tabla en este particular ranking global. ↩

    La entrada Si te vas, traé garotos se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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