En el día de la fecha, el equipo de Educación Vial de la Dirección de Tránsito Municipal de Villa Regina, se hizo presente en la Colonia de Adultos mayores, la cual se desarrolla en las instalaciones del Club Círculo Italiano. Hoy nos acompañó el Intendente, Marcelo Orazi, el Secretario de Coordinación, Ariel Oliveros, y el Director de deportes, Damián Álvarez.
En esta oportunidad la charla de concientización y educación vial fue mediante un juego de preguntas y respuestas para que nuestros adultos mayores disiparan dudas acerca del tránsito vehicular en nuestra ciudad. Estamos convencidos de que la educación vial debe ser una política de Estado y desde nuestra Dirección trabajaremos durante todo el año esta temática con todas las instituciones públicas y privadas de la ciudad.
Agradecemos a la profesora Patricia Oliveros y al equipo de trabajo por permitirnos llevar está charla, participar y colaborar con las actividades desarrolladas.
En plena dictadura militar, cuando cantar una consigna política podía terminar en cárcel, palazos o desapariciones, una tribuna del ascenso argentino decidió romper el miedo. El 24 de octubre de 1981, la hinchada de Nueva Chicago cantó la Marcha Peronista en un estadio de fútbol y desató una represión feroz. Cuatro décadas y media después, aquella escena sigue siendo uno de los episodios más potentes de resistencia popular nacidos desde una cancha.
Por Alcides Blanco para NLI
La Argentina de 1981 era un país atravesado por el terror estatal. Aunque la Junta Militar comenzaba a mostrar signos de desgaste, la maquinaria represiva seguía intacta. Había censura, persecución política y control sobre cualquier manifestación pública. En ese contexto, entonar la Marcha Peronista equivalía a desafiar directamente al poder militar.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió en Mataderos.
Aquella tarde, Nueva Chicago enfrentaba a Defensores de Belgrano en el viejo estadio República de Mataderos por el campeonato de Primera B. El equipo verdinegro marchaba rumbo al ascenso y el barrio respiraba clima de fiesta. Bombos, banderas y tribunas repletas convivían con una tensión permanente: la Policía controlaba cada movimiento porque el fútbol también era vigilado como espacio político.
Entonces ocurrió lo impensado.
Desde la popular comenzó a escucharse la melodía prohibida. Primero tímidamente. Después con fuerza. Miles de hinchas empezaron a cantar la Marcha Peronista en plena dictadura militar, en un país donde todavía funcionaban centros clandestinos de detención y donde el aparato represivo seguía activo sobre sindicatos, universidades y barrios populares.
La tribuna obrera que enfrentó el miedo
Nueva Chicago no era cualquier club. La identidad del barrio de Mataderos estaba profundamente ligada al movimiento obrero y al peronismo histórico. Desde mediados del siglo XX, el club había construido una mística popular asociada a los trabajadores de frigoríficos, mercados y fábricas de la zona oeste porteña.
Por eso, lo ocurrido en 1981 no fue solamente un canto futbolero. Fue una demostración política nacida desde abajo, desde una tribuna popular que decidió desafiar el silencio impuesto por los militares.
La reacción policial fue brutal e inmediata.
Efectivos armados ingresaron a la tribuna con palos y comenzaron una represión feroz. Hubo corridas, golpes y decenas de detenidos. Según reconstrucciones posteriores, 49 hinchas terminaron arrestados y varios fueron obligados a correr esposados por las calles de Mataderos porque los patrulleros no alcanzaban para trasladarlos.
La imagen de los “presos al trote” apareció en diarios de la época y se convirtió en una postal insólita del final de la dictadura: un régimen militar aterrorizado por una canción.
Peor todavía: nueve hinchas fueron enviados a la cárcel de Devoto acusados de infringir disposiciones sobre reuniones deportivas. Uno de ellos permaneció preso durante más de un mes. Todo por cantar en una cancha.
El “Arroz con leche” que humilló a la Policía
La historia no terminó allí. Una semana después, Chicago jugó contra Atlanta y la tensión seguía intacta. La Policía esperaba una nueva provocación y preparó un operativo especial para reprimir otra vez el canto prohibido.
Pero la hinchada tenía preparada una respuesta tan simple como genial.
Desde la tribuna comenzó nuevamente la introducción musical de la Marcha Peronista. Los policías avanzaron desesperados, convencidos de que volverían a escuchar el cántico peronista. Sin embargo, cuando llegó el momento de la letra, miles de gargantas explotaron con otra canción:
“Arroz con leche, me quiero casar…”
La maniobra descolocó completamente al operativo policial. Mientras los efectivos quedaban expuestos al ridículo, la tribuna estallaba de risa y celebración. La hinchada había encontrado una forma perfecta de burlarse de la dictadura usando una canción infantil.
La escena quedó inmortalizada como uno de los episodios más creativos de resistencia cultural durante los años oscuros del terrorismo de Estado.
Mucho más que fútbol
Con el paso del tiempo, aquella jornada adquirió una dimensión histórica mucho mayor. Lo sucedido en Mataderos demostró que el fútbol argentino nunca estuvo aislado de la realidad política y social del país. Mientras muchos dirigentes miraban para otro lado frente al horror dictatorial, sectores populares encontraron en las tribunas un espacio de identidad y resistencia.
La hinchada de Chicago hizo política cuando hacerlo podía costar la libertad. No hubo dirigentes pronunciando discursos ni estructuras partidarias organizando actos. Hubo trabajadores, vecinos e hinchas desafiando el miedo colectivo desde una popular.
A 45 años de aquella tarde, el episodio sigue funcionando como una marca profunda en la memoria futbolera y política argentina. Porque en uno de los momentos más oscuros de la historia nacional, una tribuna demostró que incluso bajo represión, censura y amenazas, todavía había quienes estaban dispuestos a cantar.
Mientras crece el debate politico y las especulaciones en torno a la posibilidad de un nuevo desdoblamiento electoral en la provincia de Buenos Aires en 2027, en la Junta Electoral contemplan ese escenario y preparon un anteproyecto para ampliar los plazos electorales con el fin de ordenar este proceso.
Para la presentación de alianzas, el anteproyecto de la Junta Electoral pide ampliar la presentación de 60 a 80 días antes de las PASO. En tanto, lleva de 50 a 60 días antes de la elección la presentación de listas de candidatos.
Además, la presentación de modelos de boletas se amplía de 30 a 45 días y el inicio de la campaña estaría fijado en 60 días antes de los comicios. En tanto, establece que el padrón se cierra 90 días antes.
La iniciativa girada al Ministerio de Gobierno bonaerense a cargo de Carlos Bianco se redactó días antes de que Hilda Kogan dejase la presidencia rotativa de la Corte bonaerense (y por ende de la Junta Electoral provincial) a Sergio Torres.
Cono contó LPO, Kogan había ejercido una fuerte presión a la Legislatura para ampliar los plazos electorales el año pasado, consumado el desdoblamiento que dispuso Axel Kicillof para aquellas legislativas.
«La ampliación de los términos asegura que la oferta electoral sea fidedigna, ya que una restricción irrazonable de los mismos, pone en jaque el debido proceso electoral», dice el documento de la Junta Electoral
En esa oportunidad, la Junta Electoral había dado fuertes señales de alerta sobre la imposibilidad de cumplir con la ley vigente, por lo que en la Legislatura se hicieron modificaciones de los plazos para la presentación de listas de candidatos y de las boletas.
En el organismo focalizan en una ampliación de los plazos que corren entre la presentación de las listas de candidatos, su verificación y posterior oficialización y la presentación de las boletas partidarias permitiría.
Entre los argumentos, hablan de «humanizar el trabajo de los empleados de la junta atento su extenso volumen», además de «garantizar que los partidos políticos cuenten con el tiempo suficiente para ejercer su derecho de defensa y puedan competir en la contienda electoral».
«La ampliación de los términos asegura que la oferta electoral sea fidedigna, ya que una restricción irrazonable de los mismos, pone en jaque el debido proceso electoral», dice el documento de la Junta Electoral al que tuvo acceso LPO.
Y agrega: «En el caso de la presentación de las listas de candidatos, se busca con la ampliación del plazo, facilitar el principio de participación y evitar que por errores de forma se pueda ver alterado el mismo, ello en virtud del arduo proceso de oficialización de las candidaturas que implica un gran volumen de trabajo».
En el caso de extensión del plazo de presentación de las boletas partidarias, la Junta señala que está íntimamente ligado con el de presentación de candidatos y lleva consigo varias etapas (reserva del color, presentación del diseño, audiencia de boletas, impugnaciones a los diseños y su resolución, oficialización del modelo, etc.), «extremos que conlleva a que sea impracticable transitar todas esas etapas del proceso con los términos hoy previstos en la ley».
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