Dos encuestas revelan que a la gente le importa más llegar a fin de mes que bajar la inflación
Dos encuestas nacionales revelan un cambio en las prioridades de los argentinos. La preocupación central ya no pasa exclusivamente por la inflación, sino por recuperar el poder adquisitivo. Los bajos salarios, las dificultades para llegar a fin de mes y el endeudamiento familiar se instalaron en el centro de las demandas sociales. Es una señal incómoda para Javier Milei, que sostiene el control de los precios como principal argumento para defender su programa económico.
El dato más contundente aparece en el relevamiento de Hugo Haime y Asociados, realizado entre el 21 y el 28 de septiembre. Ante la pregunta de si el Gobierno debería mantener su política antiinflacionaria o buscar mejorar los ingresos de la población, el 76% eligió mejorar los ingresos y apenas el 22% sostuvo que debe priorizarse la lucha contra la inflación.
La respuesta expone una tensión con e1 corazón del programa económico de Milei. El Gobierno mantiene la desaceleración inflacionaria como su principal logro, pero una amplia mayoría de los encuestados reclama resultados concretos en su economía cotidiana.
El problema dejó de ser solamente cuánto aumentan los precios. Ahora también importa cuánto dinero queda en el bolsillo.
El estudio de Haime muestra que el 42% identifica los bajos salarios como el problema que más afecta su vida cotidiana, por encima de la inflación, que reúne el 36% de las menciones. Cuando la consulta apunta a los principales problemas del país, los salarios vuelven a encabezar las respuestas con el 35%, seguidos por la desocupación, con el 31%.
La encuesta de CELAG, realizada entre el 30 de septiembre y el 20 de octubre, confirma esa preocupación. El 45,4% considera que la situación económica del día a día es el principal problema del país, muy por encima de la inseguridad, que alcanza el 22,2%, y de la corrupción, con el 14,9%.
Cuando se consulta específicamente por los problemas económicos cotidianos, el 37,4% señala los bajos ingresos. Los precios altos quedan bastante más atrás, con el 18,8%, prácticamente al mismo nivel que el costo de los servicios básicos, que concentra el 18%. El endeudamiento familiar aparece con el 13% y el costo de la vivienda con el 12,5%.
La coincidencia entre las dos consultoras es significativa porque utilizaron metodologías diferentes. Haime entrevistó a 1.200 personas mediante una combinación de relevamientos presenciales, telefónicos y digitales. CELAG realizó 2.000 entrevistas presenciales. Aunque las preguntas no son idénticas y sus porcentajes no pueden compararse directamente, ambos trabajos ubican la pérdida de capacidad de compra en el centro del malestar social.

Los resultados sobre la economía familiar son todavía más elocuentes. Según CELAG, el 89,6% de los encuestados no llega a fin de mes o lo hace con mucho esfuerzo. El 37,5% directamente reconoce que sus ingresos no alcanzan, mientras que otro 52,1% asegura que llega muy justo. Apenas el 10,1% afirma que llega bien.
Haime aporta otra dimensión del mismo fenómeno. El 53% dejó de comprar cosas que necesita para poder llegar a fin de mes. El 26% tuvo que pedir dinero prestado, el 21% se está endeudando con la tarjeta de crédito y el 14% necesita utilizar sus ahorros. Solamente el 27% señala que le alcanzan los ingresos familiares.
El dato del endeudamiento también muestra un deterioro respecto de los primeros meses del gobierno libertario. En julio de 2024, el 14% de los consultados por Haime había pedido dinero prestado para llegar a fin de mes. En septiembre de 2026 esa proporción trepó al 26%.
La percepción sobre la inflación agrega otro problema para el discurso oficial. El 53% de los encuestados por Haime considera que los precios no están controlados y que los ingresos no alcanzan. Otro 33% reconoce que la inflación está controlada, pero sostiene que tampoco le alcanza el dinero. Apenas el 14% considera que la inflación está controlada y sus ingresos son suficientes. En otras palabras, incluso entre quienes reconocen avances en materia inflacionaria, el alivio no necesariamente se traduce en una mejora del nivel de vida. La estabilidad de precios pierde capacidad de ordenar las expectativas cuando los salarios siguen sin alcanzar.
Ese malestar también aparece en la evaluación del ajuste. Según Haime, el 41% nunca estuvo de acuerdo con el programa económico de Milei y otro 23% afirma que el Presidente lo decepcionó porque el esfuerzo no está valiendo la pena. El 35% todavía considera que, pese a las dificultades, el sacrificio vale la pena. La promesa de una recompensa futura conserva adhesiones, pero ya no reúne a la mayoría.

El relevamiento de CELAG muestra una percepción similar. El 51,1% considera que Milei está haciendo una mala gestión y que el país empeora. Otro 18,1% reconoce algunos logros, pero cree que los costos sociales son demasiado altos. En conjunto, el 69,2% se ubica entre quienes rechazan la gestión o cuestionan el costo del programa económico.
La insatisfacción tiene consecuencias políticas. En la encuesta de Haime, el 63% desaprueba la gestión presidencial, frente al 34% que la aprueba. CELAG registra una evaluación negativa del 60,7%, contra una positiva del 38,7%. Son mediciones distintas que coinciden en mostrar un desgaste considerable del Gobierno.
Sin embargo, ese deterioro todavía no se traduce en una ventaja electoral clara para la oposición. En el escenario de balotaje que midió CELAG, Axel Kicillof obtiene el 42,7% frente al 42,5% de Milei, una diferencia de apenas dos décimas, muy inferior al margen de error de la encuesta. Otro 14,8% no elegiría a ninguno de los dos.
El contraste es relevante. La mayoría cuestiona la situación económica, pero esa insatisfacción no alcanza por sí sola para definir una alternativa política. El oficialismo conserva un núcleo de respaldo que, según CELAG, también se sostiene en el rechazo al regreso del kirchnerismo. Entre quienes tienen una opinión positiva de Milei, el 59,4% señala como principal motivo que es el único capaz de impedir el retorno del peronismo.
La discusión económica, de todos modos, aparece cada vez más alejada de las prioridades del Gobierno. Mientras Milei insiste en defender el ajuste y el ancla antiinflacionaria, las encuestas muestran una sociedad que reclama recuperar ingresos, dejar de endeudarse y volver a consumir. La demanda no es solamente que las cosas dejen de aumentar. Es que los salarios vuelvan a alcanzar para comprarlas.
