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Domingo de Feria y de buena música

En la tarde noche del domingo se realizó una nueva edición de la Feria ReEmprender en la Plaza de los Primeros Pobladores, en el sector de las casitas de artesanos recientemente renovadas.

La Feria busca brindar un espacio de promoción y comercialización de productos artesanales con sello reginense.

Acompañando el segundo encuentro de los ‘Domingos de Plaza’, los vecinos pudieron disfrutar del paseo de artesanos disfrutando la buena música de los artistas locales.

La Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina invita a los interesados a acercarse a la Oficina de Turismo y conocer las pautas y condiciones para participar de la Feria, que prevé ser un atractivo todos los domingos durante el verano.

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  • El mercado global de bonos verdes se enfría y Genneia evitó que Argentina profundizara la caída

     

    El mercado global de bonos verdes y sostenibles perdió impulso durante 2025 y Argentina no quedó al margen de esa tendencia. Aunque el volumen emitido en el país mostró una recuperación respecto del año anterior, la mejora respondió casi exclusivamente a una colocación de Genneia, que evitó que el mercado local registrara una caída mucho más pronunciada.

    Así surge de un informe de la calificadora FIX SCR, que analizó la evolución del financiamiento sostenible tanto a nivel internacional como en Argentina y advirtió que el sector atraviesa una etapa de desaceleración luego del fuerte crecimiento registrado durante los últimos años.

    Según el estudio, las emisiones globales de bonos sociales, verdes y sostenibles totalizaron alrededor de USD 850.000 millones durante 2025, un 21% menos que en 2024. La retracción fue aún mayor en cantidad de operaciones, con una baja cercana al 30%, mientras que los bonos vinculados a la sostenibilidad profundizaron su retroceso y registraron una caída interanual superior al 42%.

    FIX atribuyó ese enfriamiento a una combinación de factores. Entre ellos mencionó un contexto regulatorio más exigente, mayores demandas de transparencia por parte de los inversores, dificultades para medir el impacto ambiental de algunos proyectos y el desplazamiento de parte del financiamiento hacia vehículos de deuda privada, considerados más flexibles para este tipo de inversiones.

    El fantasma de Irán después de Ormuz. ¿Quién manda en el Golfo Pérsico? 

    «Durante algunos años alcanzaba con que un bono tuviera una etiqueta verde para captar fuerte demanda. Hoy el mercado cambió. Los inversores primero miran la calidad crediticia del emisor y recién después evalúan el componente ambiental», explicó a LPO un operador financiero consultado sobre la evolución del segmento.

    El especialista sostuvo que las empresas todavía pueden obtener una ventaja al emitir este tipo de instrumentos, ya que suelen ampliar la base de inversores y, en algunos casos, conseguir un costo de financiamiento más bajo. «Pero ese beneficio dejó de ser automático. Si el balance de la compañía no convence o el proyecto no tiene métricas claras, el sello ESG por sí solo ya no alcanza», agregó.

    Durante algunos años alcanzaba con que un bono tuviera una etiqueta verde para captar fuerte demanda. Hoy el mercado cambió

    En Argentina, el comportamiento fue similar. Durante 2025 se concretaron apenas 12 nuevas emisiones dentro del panel de bonos sociales, verdes y sostenibles de BYMA, prolongando la caída iniciada el año anterior. La cantidad de colocaciones disminuyó 25% respecto de 2024 y quedó muy por debajo del pico alcanzado en 2023, cuando se habían registrado 25 emisiones.

    Sin embargo, el volumen colocado mostró una fuerte recuperación al pasar de aproximadamente USD 211 millones a unos USD 472 millones. El dato podría sugerir un mercado más dinámico, aunque el propio informe aclara que esa mejora estuvo fuertemente condicionada por una única operación.

    La emisión de un bono verde de Genneia por USD 400 millones explicó prácticamente todo el crecimiento registrado durante el año. De acuerdo con FIX, cerca del 98% del volumen emitido en 2025 correspondió justamente a bonos verdes, impulsados por esa colocación de la empresa energética.

    «En los mercados desarrollados existe incluso el llamado ‘greenium’, que permite a algunos emisores financiarse a tasas levemente más bajas por la elevada demanda de estos activos. Pero esa diferencia se redujo mucho porque hoy los fondos son bastante más exigentes y revisan en detalle la calidad del crédito y el uso efectivo de los recursos», agregó el operador.

    El informe también muestra que, desde el inicio del mercado local de financiamiento sostenible, los bonos verdes se consolidaron como el instrumento dominante. Desde 2019 representan alrededor del 61% de las emisiones y cerca del 75% del volumen colocado, muy por encima de los bonos sociales y sostenibles.

    Pese a la desaceleración, FIX considera que América Latina todavía ofrece un amplio potencial de crecimiento por el peso que tienen sectores como energía, minería, transporte y agroindustria, que demandarán inversiones para avanzar en procesos de descarbonización. En ese escenario, la calificadora sostiene que los estándares internacionales de sustentabilidad y las nuevas exigencias de los mercados comenzarán a tener un papel cada vez más relevante para acceder al financiamiento.

    Para Argentina, la calificadora identifica algunos factores que podrían reactivar el mercado durante los próximos años. Entre ellos menciona la posible entrada en vigor del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, que incorpora compromisos ambientales y de trazabilidad, además de una mayor integración con los mercados internacionales y el crecimiento de sectores intensivos en emisiones que necesitarán demostrar estándares ambientales para acceder al capital.

    El desafío, sin embargo, será que el crecimiento deje de depender de operaciones puntuales y logre incorporar a un mayor número de empresas. El desempeño de 2025 mostró que, pese al interés creciente por las finanzas sostenibles, el mercado argentino todavía sigue siendo pequeño y altamente concentrado en unos pocos emisores.

    Genneia busca cotizar en Wall Street

    Genneia anunció el inicio formal del proceso ante la Securities and Exchange Commission (SEC) para realizar una oferta pública inicial (IPO) en Wall Street y busca convertirse en la primera empresa argentina en hacerlo después de siete años. La última fue Vista en 2019.

    La operación se ha estructurado como una oferta global. En Estados Unidos, los inversores podrán acceder a través de American Depositary Shares (ADS), mientras que en el mercado local se negociarán acciones Clase B. El diseño financiero combina una emisión primaria, destinada a captar fondos frescos para la compañía, con una venta secundaria por parte de accionistas actuales.

     La empresa busca cotizar bajo el símbolo «GENN».

     

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    TRÍPTICO PARA SOBREVIVIR AL INVIERNO

    Lo indescifrable abruma, inquieta, y nos torna sintomáticos. Explorar los trípticos de Bacon en invierno nos conduce hacia  las tinieblas subjetivas de la ignominia y el desasosiego. Intentaremos sobrevivir a sus pinturas con: la regla del tres. Hacia allí vamos… Primera regla: tres minutos para respirar y no dejar que este cuadro nos asfixie. Retuvimos…

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  • Primero hay que saber sufrir

     

    Una propuesta: que el 7 de julio sea el Día de las Lágrimas. Una conmemoración humilde, casi imperceptible, perdida en la jungla de efemérides, para esa jornada en la que una enorme cantidad de personas —digamos millones, aunque seguramente sea poco— se puso de acuerdo para inundarse los ojos, enrojecerse las escleróticas, refregarse los párpados, respirar con fuerza para mandar los mocos para dentro, sonarse la nariz, respirar como si fallara el burro de arranque, sentir una lágrima rodar por la mejilla, atrás otra, y atrás otra maleducada más, así hasta que un francés decidió terminar con el calvario en un estadio en Atlanta. Y la cosa no terminó ahí, porque a un camarógrafo se le ocurrió hacer zoom en la cara de Lionel Messi y, sorpresa, él también tenía una sudestada en la cara, con vientos en forma de ahogo por el llanto. El rey lloró. Y entonces apareció el protocolo de la FIFA, porque siempre es bueno que los protocolos acomoden los desbordes humanos, y fue el turno del técnico ganador de explicar qué había ocurrido en esos noventa minutos. Y el entrenador pidió disculpas, tomó aire y dijo: 

    —No puedo levantar la mirada, lo siento. Estoy muy emocionado. Qué grupo de jugadores, hermano. Ya está, me tengo que ir.

    Y abandonó la nota, los protocolos, las publicidades, al periodista y al micrófono, para irse a llorar tranquilo. 

    Pánico y locura en Atlanta

    El día arrancó con la fría indolencia con la que se mueve el tiempo. La misma que hiere a Borges en el comienzo de El Aleph: “Noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita”. Frío, bruma y sol amarrete. La gente en la calle, apurada como en una navidad anticipada. Relación directamente proporcional en cuanto al tiempo y a la atención del comerciante: cuanto más cerca del mediodía entrabas a un negocio, más cara de culo te ponían. Camisetas debajo de dos o tres capas de ropa, banderitas pintadas en los cachetes de los oficinistas, bufandas celestes y blancas, niños y niñas retiradas antes de tiempo de los jardines. Todas esas historias mínimas que ocurren cada cuatro años alrededor de un evento que siempre se desarrolla a miles de kilómetros nuestro pero que nos emociona, nos ata, nos pega, nos ilusiona y nos lastima mucho más que casi todo lo que ocurre más cerca. Así son los mundiales, yo no hago las reglas. 

    Cerca de las doce del mediodía los celulares cruzan mensajes. Todos somos Gastón Edul. Juega Nico González, sale De Paul. Al rato, el Edul real dice que no, que nada que ver, que el equipo es el que habían dicho el día anterior: Paredes, Tagliafico y Julián Álvarez adentro. Mismos titulares que ganaron la semifinal contra Croacia hace tres años y medio. Para disimular nuestra nostalgia crónica también recordamos que ese mismo mediocampo bailó a Brasil hace un año y medio. La Scaloneta, desde la conformación misma de la lista de convocados, parece seguir el mandato de Lionel Messi: el tiempo no es tan importante. 

    Mientras Argentina entraba al campo de juego, un coro de timbres vibraba en las casas argentinas. Alguien respondía un whatsapp diciendo esperá que canten el himno y bajo. Otro cerraba la puerta con llave y daba vuelta el cartel de abierto. Alguno más allá bajaba la cortina y subía el volumen. Otro subía la radio en la camioneta. Aquella se apuraba para comprar las medialunas prometidas para la juntada. Aquel se preguntaba para qué había comprado comida con ese nudo en la garganta. Entonces los himnos. 

    Segunda propuesta: cantar el himno y “Naranjo en flor”. Jamás se me ocurriría quitarnos la posibilidad de afirmar que juramos con gloria morir y que los laureles que supimos conseguir serán eternos. Pero creo que cantar el tango, aunque sea su estribillo, sería sincerarnos con lo que está por ocurrir. Como el cartel que dice parental advisory en los cd’s, los pulmones quemados en el tabaco o la leyenda “los hechos y personajes del siguiente programa son ficticios, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia”, arrancar cantando ese tema funcionaría como advertencia para los ajenos y como un recordatorio para los propios. No, no viniste a atragantarte con salame y birra. Viniste a sufrir, a pasarla mal. Un amigo me dijo por mensaje: “Hoy Argentina pasó a ser un país con promedio de vida más corto”. Pero no nos adelantemos. Estamos en el himno. Imaginen conmigo: estadio lleno, parlantes al taco, gente abrazada, llorando por cumplir el sueño de estar en un Mundial y entonces suena el bandoneón acompañado de los violines. Primero hay que saber sufrir. Después amar. Después partir. Y al fin andar sin pensamientos. Perfume de naranjo en flor. Promesas vanas de un amor, que se escaparon con el tiempo. Después, ¿Qué importa del después? Toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado. Eterna y vieja juventud que me ha dejado acobardado. Como un pájaro sin luz. Solo el estribillo, como con el himno de Vicente López y Planes. Les dejo la propuesta por ahí, para que sepamos dónde nos metemos y para que el resto sepa a los inestables que se está por enfrentar. 

    Pasan los himnos y arranca esa cosa que vinimos a ver. No es un juego, no es un deporte, no es un divertimento, no es un evento artístico, no es nada que podamos terminar de entender ni de explicar. ¿Qué es un partido de la selección argentina? Les dejo la pregunta para que la respondan de acá al sábado. Pienso que es una mezcla de lo grande y lo chico, la patria que hace llorar a millones por un volante central que corta un contragolpe y el abrazo con el que festejas con un amigo, las ganas de mandarle un mensaje a esa persona para decirle que lloraste y sobreviviste y saber que el tipo más lejano y repugnante seguramente está contento por lo mismo. Invitación al delirio colectivo, la unión cada vez más utópica y la posibilidad de meter el cerebro en remojo durante un par de horas. También es un partido de fútbol en el que tu destino, el de tu perro, el de tu vecino, el de tu kiosquero, el de tu amante, el del sodero, el del parrillero, el de la que se puso a hacer uber, el del que pasea a tu perro, el del becario del conicet que no sabe si le renuevan la beca, el del florista, el del almacenero que no vendió nada en la semana de la dulzura y el de Chiqui Tapia, dependen de lo que hagan once tipos contra otros once tipos. Y da la casualidad de que, como ya se ha dicho, tu destino, el mío, el de todos los mencionados y también los omitidos, es un destino de tango. 

    Y así es como a los quince minutos nos preguntamos quién carajo nos mandó a engancharnos con el fútbol. Y la pregunta no aparece de la nada. Tiene una causa concreta: Egipto, ese país que solo ganó un partido por mundiales, te acaba de hacer un gol. Y ves como ese almuerzo con amigas, ese certificado médico trucho que presentaste en el laburo o esa juntada espontánea con desconocidos en un bar del centro, se transforma en una pesadilla. Pero, como todo siempre puede ser infinitamente peor, seis minutos después, es decir a los veintiuno, Lionel Messi, el capitán de nuestras ilusiones, erra un penal. Y la cosa no termina ahí. Falta el segundo tiempo. Y falta que te hagan otro gol, pero que lo anulen. La cosa empieza a parecerse a El juego del miedo versión Gianni Infantino, con la participación especial de Mo Salah. Porque ahora sí, esta vez es en serio, Egipto hace el segundo gol. Y nosotros volamos de él. Y Argentina se fue a la puta. 

    Hacia la luz del día

    Dos minutos después del segundo gol de Egipto, François Letexier, el árbitro del partido, levantó sus manos y señaló hacia los bancos de suplentes. Pausa de hidratación. Fue el equivalente a la campana que salva a un boxeador del knockout. De fondo suena, algo desubicada para la ocasión, la voz y la guitarra de John Denver: “Take me home, country roads”. Caminos rurales, llévenme a casa. Al lugar que pertenezco, dice Denver y la cámara enfoca a Messi dando vueltas en la cancha. Como si se tratara de un misterio, el capitán argentino busca el lugar que le pertenece en ese rectángulo verde. El final aparece ahí, palpable, al alcance de la mano están esos próximos veinte minutos que pueden ser los últimos en un mundial. Scaloni apela a uno de sus trucos y mete un tercer cambio —antes habían entrado Nicolás González y Lautaro Martínez—: lateral por lateral, Montiel por Molina. 

    La primera jugada después de la pausa es un mensaje. Desborda Nico y, casi al borde del área chica, patea Lautaro, pero la pelota pega en un egipcio. Argentina va como el león que termina con la breve vida feliz de Francis Macomber en el cuento de Hemingway: con lo que puede. Messi intenta por el medio y la pierde. Sigue enganchado en el penal del primer tiempo. Egipto maneja la pelota y deja mano a mano a Mahmoud Trézéguet. La pelota se va apenas afuera. Van setenta y siete minutos, la próxima posesión de Egipto será para sacar del medio.

    Hay un córner y un rebote. Un centro y otro rebote. Un lateral y un pase al medio. Todo es caos, como en el infierno. Hacia ahí tuvo que bajar Orfeo para rescatar a su amada Eurídice hace muchos muchos años. Orfeo cumplió su misión pero la historia terminó mal. Ahora la pelota la tiene Julián casi al borde del área. Da un pase corto, de unos cinco metros, para Messi. Nuestro Orfeo la acomoda cortita y tira un centro que logra pasar la línea defensiva para caerle a Cuti Romero que mete un latigazo con la cabeza como si tuviera un bate de baseball. Mostafa Shobeir, el arquero, la toca pero no alcanza. A los setenta y ocho minutos la pelota entra por primera vez en el arco de ellos. 

    Por lo general, los goles para descontar una derrota se gritan pero no mucho. Se mete puñito. El grito es corto como patada de chancho. Seco. Más una descarga que una celebración. Pero este sí se grita. En la cancha, en las ventanas, en los balcones, en los autos y las bicicletas. La ciudad se vuelve una orquesta deforme de cornetas, gritos, bocinas y aplausos. 

    En este caso sí importa el después. Argentina se recupera y sale. Con el pase acertado Messi ahora está rápido, toca en velocidad y va a buscar. “Bien sabemos por Messi que los buenos pases te rejuvenecen. Por 10 minutos volvió a tener 19 años”, escribió Lucas Jiménez después del partido. Le volvió la lucidez, la tira por un costado y la busca por el otro, es más rápido que los rivales. Tira un centro pero Lautaro cabecea desviado. Primer aviso. Y en esta casa las cosas no se dicen dos veces. La vuelve a agarrar Messi-Orfeo que la levanta como buscando que la historia se repita. Rebota en un rival. Le cae otra vez a él que insiste con la misma jugada. Entonces el caos, pero esta vez como salida, como purga, como exorcismo, como catarsis. La pelota rebota en un defensor y va para el área. Cae llovida en el segundo palo. Lautaro la baja con una pirueta. La pelota sale hacia el medio del área. El pánico y la locura ahora se escriben en árabe. Montiel la quiere frenar, le queda alta. Un defensor pasa de largo. Montiel tiene una segunda oportunidad, pero está de espaldas al arco. La única opción es dársela a Messi que llega de frente y sin marca. Una prueba de la existencia de Dios. 

    Messi retira la pierna izquierda hacia atrás y dirige el botín hacia la pelota que está picando frente a él. En ese pedazo de cuero sintético se superponen los nervios, las cábalas, el tipo que acaba de prometer otro tatuaje aunque no sabe con qué lo va a pagar, la que prometió caminar a Luján, el que sufre porque no quiere que su hijo vea a su ídolo perder, todas las tensiones de un país sobrecargan el impacto del botín contra la pelota que sale disparada contra el arco egipcio. Toca en los guantes de Shobeir, pega en el travesaño, pica en la línea y termina inflando la parte de la red que suele quedar invicta, la de arriba. Todos somos Víctor Sueiro. 

    Ahora se acaban de cumplir 90 minutos de juego. En otra época el partido estaría llegando a su fin, pero en estos tiempos pueden faltar diez minutos más. Messi, envalentonado, intenta filtrar un pase pero lo cortan. Roba Egipto y sale para la contra. Cuti Romero está en el área. Lisandro Martínez, como mediocampista. Omar Marmoush acelera, la pelota pasa por el botín de Salah. La vuelve a agarrar Marmoush y se va. Son ellos dos y Trézéguet contra la sola presencia de Leandro Paredes, que retrocede como buscando ganar tiempo para desactivar la bomba. Entonces el volante central, el tipo que siempre juega con manga larga y jamás erra un pase, da un paso al frente como para dejar a Trézéguet en offside. Se tira al piso como si de repente lo hubiera poseído Bruce Willis o Harrison Ford y roba la pelota. Paredes soldado heróico, cubriéndose de gloria. El estadio celebra el quite. Es un gol no gol.

    El partido entra en el ritmo frenético de la final en Qatar contra Francia. Un electrocardiograma en vivo y en directo para todo un país. Si sobreviviste al partido de ayer no necesitas hacerte chequeos (mentira, sí, andá al médico). Un ida y vuelta, golpe por golpe como cuando en el boxeo los dos están cansados pero van al frente. Messi vuelve a intentar y la pierde. Egipto va, Montiel rechaza y la pelota vuelve a ellos. Trézéguet abre para Salah que encara como si no hubiera otra salida. El que lo marca, de manera inentendible, es Julián Álvarez que la roba como el mejor lateral izquierdo y sale. Egipto está mal parado atrás. Julián la tira para Lautaro Martínez que no la puede parar pero se queda con la pelota. Son dos contra dos. Lo acompaña Enzo. Lautaro se acomoda y tira el centro. Enzo Fernández salta como Michael Jordan, acompasa el movimiento de su cabeza con el de sus manos y mete un frentazo contra el palo imposible para el arquero. Gol. Tres a dos. Cleopatra, ¿cuál es tu tumba tu tumba?

    Aunque usted no lo crea, en un momento el partido termina. Entonces empiezan a volar los mensajes y las confesiones. Las promesas y los que apagaron la tele. Empiezan las listas negras en los grupos de whatsapp: vos dijiste esto, vos criticaste a Scaloni, aquel retiró a Messi. Todos somos la side. Espionaje y lágrimas. Fuego y pasión. Solemos asociar lo pasional con el fútbol, pero nos olvidamos que su etimología proviene del latín patior que significa padecer o sufrir. Primero hay que saber sufrir.

    En 1842, el egiptólogo Richard Lepsius publicó la primera edición de El libro de los muertos, una recopilación de invocaciones mortuorias del Antiguo Egipto traducidas de jeroglíficos. Estos textos eran las palabras que les dedicaban a los fallecidos, casi como una guía para lo que se encontraran al otro lado de la vida. La traducción correcta del título es menos marketinera que El libro de los muertos, sería: Salida del alma hacia la luz del día. Y las primeras líneas dicen así: “En los Conjuros que aquí comienzan, se narra la Salida del Alma, hacia la plena Luz del Día, su Resurrección en el Espíritu”.

    La entrada Primero hay que saber sufrir se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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  • Está en vigencia la ordenanza de limpieza de terrenos baldíos

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  • Fuerte polémica en Zárate por el proyecto del intendente para recibir la basura de la región

     

    El intendente de Zárate, Marcelo Matzkin (PRO) busca habilitar el ingreso de basura de ciudades de la región para su tratamiento en un predio operado por un privado, iniciativa que disparó una creciente polémica con opositores y ambientalistas.

    Argumentando reducción de costos, en la comuna anunciaron que dejarán de disponer los residuos en San Nicolás para comenzar a tratarlos en el predio que en Zárate posee la firma Qualita S.A y que cuenta con autorización provincial. Cerca del municipio se habla de un ahorro de cerca de 200 millones por mes en traslado.

    Además, Matzkin impulsa una regionalización que incluye a Campana, Baradero y Exaltación de la Cruz. Atado a eso, la creación de una tasa que los distritos vecinos pagarían por disponer su basura en Zárate, lo que abriría una nueva boca de recaudación.

    Pero, para habilitar el ingreso de residuos de otras ciudades es necesario el aval del Concejo Deliberante, donde la oposición demora el tratamiento del proyecto, reclama de mínima una audiencia pública y lanza alertas por el impacto ambiental del tratamiento de la basura de la región.

    Frente a eso, Matzkin avanzó esta semana con un decreto que autoriza al municipio a la descarga y disposición final de los residuos en el predio de Qualita ubicado sobre el kilómetro 83.5 de la Ruta Nacional 9.

     A nadie le gusta la basura pero la generamos todos los días. Si aplicáramos el criterio de no regionalización, ¿donde hubiese llevado Zárate los residuos estos 2 años y medio? Entiendo que vivimos en momentos de alto personalismo. Pero nadie se salva solo 

    También habilitó que se traten ahí los residuos de Campana, algo para lo que no necesita aprobación del Concejo, ya que existe un convenio preexistente avalado por ordenanza.

    Lo que está en discusión ahora es si se recibe o no la basura de Baradero y Exaltación de la Cruz. Para dejar abierta esa puerta, el decreto de Matzkin establece la facultad de suscribir convenios interjurisdiccionales con los municipios aledaños «con el objeto de delimitar y coordinar los volúmenes de vuelcos diarios, el régimen de ingreso camiones, las tarifas de canon compensatorio si correspondieran».

    Por el tema, Matzkin se comunicó este miércoles con el diputado axelista Diego Nanni, que dejó la intendencia de Exaltación de la Cruz para asumir en la Legislatura, pero que mantiene el control político de ese distrito.

     Una decisión que puede comprometer el futuro ambiental de Zárate durante décadas debe tomarse con toda la información sobre la mesa, con transparencia y con fundamentos técnicos 

    «Me ratificó su pedido que hace ya muchos años viene realizando, incluso ante la Provincia, de poder disponer los residuos domiciliarios de forma regional en el predio de Qualita», dijo Matzkin en X sobre su charla con Nanni.

    Ante eso, el intendente apuntó al Concejo: «Le manifesté mi voluntad de así hacerlo pero que esa aceptación no depende de mí sino del HCD de Zárate».

    Matzkin defendió la regionalización de la disposición de residuos como «un concepto que la propia Ley impone a los municipios».

    «A nadie le gusta la basura pero la generamos todos los días. Disponerla de forma adecuada es una obligación de todos. Si aplicáramos el criterio de no regionalización, ¿donde hubiese llevado Zárate los residuos estos 2 años y medio? Entiendo que vivimos en momentos de alto personalismo. Pero nadie se salva solo», sostuvo el intendente PRO.

    La iniciativa plantea resistencia en la oposición, incluso de concejales filo libertarios, como Lautaro Fenestraz.

    Zárate deja de enviar sus residuos a San Nicolás. Con esa medida, cerca del municipio hablan de un ahorro de 200 millones por mes.

    «Una decisión que puede comprometer el futuro ambiental de Zárate durante décadas debe tomarse con toda la información sobre la mesa, con transparencia y con fundamentos técnicos. Los vecinos merecen respuestas claras. No relatos», dijo Fenestraz, que reclama una audiencia pública.

    En el bloque peronista también piden abrir la discusión a los vecinos pero por lo pronto prefieren no hacer manifestaciones públicas sobre el tema. Fuentes cercanas a esa bancada consultadas por LPO plantearon reparos en términos de impacto ambiental.

    «El tema es, cuando dejás entrar residuos de afuera, te quita la vida útil del predio. Si Zárate tira solo, dura 50 años, si viene de otros distritos puede durar 15. No es un tema menor»; señalaron.

     

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