Sociedad

  • Martín Cabrales comparó la caída del consumo de café con el 2001 y la pandemia

     

    Martín Cabrales dijo que la demanda cayó de manera abrupta frente al último año y admitió que vendió 15% menos de café que en 2024.

    El empresario, muy cercano al gobierno, no tuvo demasiadas contemplaciones con la gestión de Milei.

    Dijo que en los únicos momentos que tuvo caídas de consumo similares fueron los dos más críticos de la historia argentina: post 2001 y durante la pandemia.

    Cabrales explicó que la demanda de café es «bastante inelástica», por eso no es normal que haya variaciones tan grandes entre un año y otro.

    Sospechan que el Banco Central pagó el vencimiento de Bopreal de USD 1.000 millones con depósitos de las personas

    «Ahora se está recuperando, pero en los últimos cuatro o cinco meses el consumo cayó 15%», dijo Cabrales en C5N.

    Em empresario pareció arrepentirse de sus palabras y también culpo de la caída a los cambios en los hábitos de los consumidores, que ahora toman un café más refinado. 

    El análisis es extraño: el fuerte de Cabrales es el café torrado y su empresa no compite en el segmento de granos.

     

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    Adorni echó a Rolandi (pero seguirá cobrando 70 palos al mes en YPF)

     

    En un nuevo capítulo del caos interno libertario, Manuel Adorni decidió echar a José Rolandi de la vicejefatura de Gabinete. Pero mientras la puerta de salida se le cierra en la Rosada, una ventana más jugosa se le abre en YPF: Rolandi continuará cobrando alrededor de 70 millones de pesos mensuales como integrante del directorio de la petrolera estatal. Libertad, sí; pero siempre para los suyos.

    Por Celina Fraticiangi para Noticias La Insuperable

    El enroque que expone otra vez la interna libertaria

    Fuentes oficiales confirmaron a Noticias Argentinas que el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, desplazó a José Rolandi y designó en su lugar a Aimé “Meme” Vázquez, una funcionaria que ya orbitaba en el universo libertario y que ahora será la número dos en la Jefatura de Gabinete.
    El movimiento no sorprende: hace semanas que el propio Adorni había deslizado que definiría su estructura. Lo que sí sorprende —o tal vez ya no— es la forma y el timing: a los empujones y bajo un clima de improvisación permanente.

    El último sobreviviente del “posseísmo”

    Rolandi llegó al Gobierno en diciembre de 2023, arrastrado por Nicolás Posse cuando Milei desembarcó en la Casa Rosada con su elenco inicial.
    Cuando Posse cayó en desgracia, Rolandi se refugió bajo el ala de Guillermo Francos, el entonces ministro del Interior y figura clave de la mesa ministerial.
    Aquella jugada le permitió esquivar la primera purga. Pero la salida de Francos a fines de octubre lo dejó sin red: desde entonces caminaba por la cornisa. La confirmación de su desplazamiento es, simplemente, el final anunciado.

    Las áreas que quedan bajo la órbita de Adorni

    Con los cambios, la estructura de la Jefatura de Gabinete quedará conformada por:

    • Secretaría de Prensa y Comunicación, a cargo de Javier Lanari.
    • Secretaría de Ambiente y Turismo, donde se sostiene Daniel Scioli.
    • Secretarías Ejecutiva; de Relaciones Parlamentarias e Institucionales; de Innovación, Ciencia y Tecnología; y de Asuntos Estratégicos, además de la Subsecretaría de Relaciones Parlamentarias e Institucionales.

    Un organigrama cada vez más grande, para un gobierno que jura que vino a achicar al Estado.

    El detalle que más irrita: Rolandi afuera… pero cobrando como adentro

    La perlita del día: mientras Adorni lo expulsa del cargo político, Rolandi mantendrá su asiento en el directorio de YPF, un puesto que —según la propia información oficial de la petrolera— se paga en torno a los 70 millones de pesos por mes.
    Sí: despedido en la Rosada, pero bien asegurado en la petrolera estatal.
    Otro ejemplo perfecto del doble estándar libertario: ajuste para los demás, privilegios para los amigos.

    El mismo desorden, el mismo modelo

    La salida de Rolandi, más allá del nombre propio, vuelve a dejar expuestas las internas y la falta de conducción real dentro del espacio libertario.
    Milei juega al jefe solitario, Adorni juega al jefe de Gabinete, y entre ambos el tablero se mueve a los golpes, sin estrategia y sin orden.

    Mientras tanto, las decisiones que afectan la vida de millones siguen secuestradas por un pequeño grupo que solo se garantiza bienestar para sí mismo: 70 palos al mes mediante.

     

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    Empresa cercana al Chiqui Tapia suspende 600 empleados y deja a cientos de familias en crisis

     

    Si aplicáramos el nuevo criterio periodístico que algunos medios afines al gobierno están usando para vincular a Sur Finanzas con el “Chiqui” Tapia —es decir, considerar que ser sponsor de la AFA equivale a una relación personal, política e incluso delictiva— entonces también deberíamos atribuirle al dirigente la responsabilidad por la suspensión de 600 trabajadores de Georgalos, la empresa detrás de Mantecol, también sponsor. El absurdo sirve para mostrar un problema más grave: la degradación de estándares periodísticos que alcanza su pico más elevado en tiempos de Milei.

    Por Tomás Palazzo para Noticias La Insuperable

    El sponsor-gate y la teoría del “todo es culpa de Tapia”

    En los últimos días, todos los medios cercanos al oficialismo y sus centenares de satélites (nado sincronizado) descubrieron un recurso narrativo irresistible: transformar una relación comercial ordinaria —ser sponsor de la AFA— en un vínculo político, y de ahí en una sospecha delictiva. De esa alquimia salieron expresiones como “financiera vinculada al Chiqui Tapia” para hablar de Sur Finanzas, aun sin mostrar vínculos societarios, personales ni económicos entre el dirigente y la empresa investigada.

    La lógica es simple:

    1. La empresa auspicia a la AFA →
    2. La AFA la preside Tapia →
    3. Por lo tanto, la empresa está “vinculada a Tapia”.

    Siguiendo ese razonamiento —y acá entra la ironía que justifica el título— Georgalos también sería una empresa cercana a Tapia, y por eso Tapia “sería responsable” de la suspensión de 600 trabajadores. Y si mañana Coca-Cola aumenta los precios, también podríamos escribir que “una marca cercana al Chiqui Tapia golpea el bolsillo de los argentinos”.

    Absurdo, sí. Pero es exactamente el mismo salto lógico que hoy legitiman los «grandes» medios (si se les puede acreditar tal grandeza).

    Lo central no es defender a Tapia: no se trata de exculparlo ni de blindarlo, sino de señalar el uso político del periodismo para construir narrativas funcionales al poder.


    Cuando la línea editorial reemplaza a la evidencia

    El problema es más profundo y más grave. Como advierte la profesora Silvia Ramírez Gelbes, especialista en discurso mediático, la prensa deja de informar cuando invierte la carga de la prueba y transforma sospechas en hechos narrativos sin sustento verificable.

    Y como plantea Daniel Santoro (paradójicamente, uno de los cronistas cuyos métodos han sido tanto estudiados como criticados), el periodismo debe “mostrar documentos, no suposiciones”. Sin documentos, toda afirmación se transforma en relato.

    Hoy, el periodismo alineado con el oficialismo opera bajo un nuevo estándar implícito:

    • Si sirve políticamente, alcanza con insinuar.
    • Si ayuda a desacreditar a un adversario, basta con una asociación nominal.

    Mientras tanto, lo que realmente debería investigarse queda afuera de la agenda pública.


    Las noticias que no aparecen: ANDIS, la causa $LIBRA y el silencio conveniente

    Mientras la maquinaria discursiva produce titulares sobre sponsors y “cercanías”, otras historias —con evidencia concreta— reciben cobertura mínima.

    Caso ANDIS:
    La intervención, los contratos cuestionados, las denuncias de falta de transparencia y el impacto directo sobre personas con discapacidad deberían ocupar primeras planas. Pero no. Requieren trabajo, datos y responsabilidad editorial.

    La causa $LIBRA:
    Una investigación donde surgió un dato irrefutable y explosivo que Noticias La Insuperable reveló en soledad: el vínculo laboral entre el hijo del fiscal Taiano y Frank Holder, un operador internacional que —para graficarlo al lector común— sería algo así como “el Scatturice externo”, pieza clave en movimientos sensibles de seguridad y consultoría.

    ¿Apareció en los grandes medios? No.
    Ni una línea.
    El silencio es proporcional a la incomodidad que genera el hallazgo.

    Paradójicamente, los mismos periodistas que encuentran vínculos mágicos entre Tapia y cualquier empresa con un banner en un estadio no muestran curiosidad alguna cuando el lazo involucra a un fiscal federal y a un consultor con peso geopolítico.


    Lo que el periodismo debe ser —y lo que hoy está eligiendo ser

    La teoría clásica del periodismo profesional —la que enseñan en todas las facultades— es clara:

    • Verificabilidad (Kovach & Rosenstiel)
    • Transparencia metodológica
    • Distinción entre hecho y opinión
    • Independencia respecto del poder político
    • Proporcionalidad y relevancia (publicar lo que importa, no lo que conviene)

    Cuando un medio decide convertir una relación de sponsor en una relación política, y una relación política en una insinuación delictiva, está renunciando a todos esos principios.

    Y cuando, al mismo tiempo, deja deliberadamente afuera temas como ANDIS o la causa $LIBRA, está haciendo algo peor: está eligiendo ser parte del dispositivo político del gobierno.

    El rol del periodismo no es blindar a Tapia ni a ningún dirigente.
    Tampoco es blindar a Milei.
    El rol del periodismo es poner luz donde hay documentos, hechos y pruebas, no donde conviene armar una cortina de humo.


    Conclusión

    El título irónico es un espejo.
    No porque Tapia tenga algo que ver con Georgalos, sino porque los titulares que hoy se publican sobre Sur Finanzas son tan arbitrarios como este.

    El problema no es Tapia.
    El problema es un periodismo dispuesto a renunciar a la evidencia para proteger al poder de turno.
    Y mientras tanto, los hechos graves —los que afectan derechos, instituciones y causas judiciales sensibles— quedan relegados a la periferia informativa, donde sólo medios no alineados, como intentamos a diario desde hace 8 años con Noticias La Insuperable, parecen estar dispuestos a mirar.

     

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    Beijing: un cañón gigante de la dinastía Ming sacude a la arqueología en la Gran Muralla

     

    Un equipo de arqueólogos reveló hallazgos de enorme importancia en la sección Jiankou de la Gran Muralla. Entre los descubrimientos apareció el cañón más grande encontrado en esa zona, además de piezas que reescriben el mapa de los intercambios culturales en la China antigua.

    Por Alcides Blanco para Noticias La Insuperable

    Un hallazgo que hace ruido en la Gran Muralla

    Mientras Milei juega a dinamitar la educación y la ciencia, en China la inversión sostenida en investigación arqueológica sigue dando frutos. Esta vez, los especialistas del Instituto de Arqueología de Beijing anunciaron un descubrimiento que generó impacto mundial: un enorme cañón de la dinastía Ming, perfectamente conservado, salió a la luz durante excavaciones en la sección Jiankou de la Gran Muralla.

    El hallazgo se produjo en tres beacon towers y sus murallas conectadas, zonas que desde hace años se estudian por su potencial para reconstruir cómo funcionaba el sistema defensivo del gigantesco muro. Según explicó Shang Heng, investigador asociado del instituto, durante 2025 se recuperaron armas, partes arquitectónicas y objetos de uso cotidiano, piezas que ayudan a entender la vida cotidiana y militar en la muralla.

    El arma que sorprende por tamaño y precisión histórica

    El protagonista de este hallazgo es un cañón de 89,2 centímetros de largo y 112,1 kilos, fundido a fines de la dinastía Ming (1368–1644). Hasta ahora, es la pieza de artillería más grande descubierta en toda esa sección de la Gran Muralla.

    Los arqueólogos subrayaron un detalle fundamental: las inscripciones intactas en el metal. Esas marcas, que sobrevivieron más de cuatro siglos, ofrecen nueva evidencia para estudiar cómo se fabricaban las armas de fuego en China y cómo circulaba la tecnología militar entre regiones y talleres durante el período Ming. Un verdadero tesoro documental en forma de hierro fundido.

    No solo guerra: turquesas que cuentan otra historia

    En la misma conferencia, los investigadores presentaron otro avance clave: el análisis de 28 piezas de turquesa recuperadas en el sitio Xingong, un asentamiento excepcional dentro del actual casco urbano de Beijing, con ocupación que se remonta a las dinastías Xia (2070–1600 a.C.) y Shang (1600–1046 a.C.).

    El sitio incluye tumbas, fosos y restos habitacionales, una rareza en una ciudad tan transformada. Según explicó la investigadora Yang Ju, las turquesas provendrían de minas ubicadas en la frontera de las provincias de Hubei, Henan y Shaanxi, lo que constituye evidencia directa de intercambios culturales tempranos en el norte de China. En otras palabras: había redes, contactos y circulación de bienes mil años antes de que muchos reinos chinos tomaran forma.

    Por qué importa

    Estos descubrimientos muestran cómo la arqueología sigue revelando capas profundas de la historia humana cuando hay políticas públicas que la respaldan. Mientras en Argentina la ciencia se encuentra bajo ataque, otros países fortalecen sus instituciones, estudian su pasado y generan conocimiento que después se convierte en identidad, turismo, tecnología y desarrollo.

    La Gran Muralla vuelve a hablar. Y esta vez lo hace con un cañón gigantesco y piedras turquesas que viajaron cientos de kilómetros hace más de tres mil años.

     

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    El nuevo hallazgo que derrumba mitos sobre la Isla de Pascua

     

    Un estudio publicado en PLOS ONE acaba de sacudir viejas certezas: la famosa cantera Rano Raraku, donde nacieron más de mil moai, no fue la fábrica centralizada de una élite todopoderosa, sino un entramado horizontal de talleres autónomos. Rapa Nui vuelve a demostrar que las grandes obras humanas también pueden surgir sin jerarquías.

    Por Alcides Blanco para Noticias La Insuperable

    Se identificaron diversos métodos de producción en los distintos talleres.
    Tres enfoques de tallado: (Izquierda) método “cara primero”, donde los rasgos faciales se delinean antes del cuerpo; (Centro) método “en bloque”, con contornos completos en todos los lados; (Derecha) método “de costado”, utilizado en paredes verticales del acantilado. Esta diversidad metodológica sugiere adaptaciones propias de grupos de producción autónomos.

    La imagen repetida hasta el cansancio —la de un pueblo sometido a jefes tiránicos que exigían levantar estatuas gigantes— acaba de sufrir un golpe histórico. Un nuevo y monumental trabajo científico, publicado en PLOS ONE por un equipo multidisciplinario encabezado por Carl Philipp Lipo, reconstruyó con precisión milimétrica cómo funcionaba realmente la producción de moai en Rano Raraku, la cantera principal de la Isla de Pascua. El resultado es tan sorprendente como contundente: no había un mando único, no existían órdenes verticales que regularan la talla de estas figuras colosales, y la obra más famosa de Rapa Nui fue, en realidad, el producto de una red descentralizada de clanes trabajando en paralelo.

    Lejos del mito del “imperio constructor”, la nueva evidencia indica que la sociedad rapanui —ya conocida por su organización en pequeños grupos familiares llamados mata— también producía sus moai de manera distribuida, comunitaria y competitiva. Y lo hacía con una coordinación que hoy, en pleno siglo XXI, muchos Estados envidiarían.


    Un modelo 3D para mirar el pasado como nunca antes

    El estudio ofrece algo inédito: la primera reconstrucción tridimensional completa de Rano Raraku, creada con más de 11.000 imágenes UAV mediante fotogrametría de última generación. Por primera vez se pudo observar la cantera no como un cúmulo de estatuas abandonadas, sino como un paisaje de producción organizado, con sus senderos, límites naturales, puntos de trabajo y secuencias de tallado.

    El análisis detectó 30 focos de cantera independientes repartidos por todo el cráter. Cada uno tenía sus propios moai en distintas etapas de producción, sus propias zanjas de extracción, sus propios procedimientos técnicos y su propio espacio de trabajo delimitado por la geología. No se trata solo de grupos separados: se trata de talleres autónomos, probablemente gestionados por clanes distintos, que trabajaban simultáneamente.

    Red de 30 focos de cantera distintos en Rano Raraku.
    Los polígonos amarillos señalan la distribución de los diferentes talleres, cada uno con conjuntos repetidos de elementos de producción. Este patrón respalda la hipótesis de una organización sociopolítica descentralizada en la producción de los moai.

    Es decir: mientras un grupo tallaba desde la cabeza hacia abajo, otro comenzaba por el bloque completo; mientras unos esculpían en posición horizontal, otros lo hacían en inclinación; y mientras una comunidad definía primero el rostro, otra priorizaba la geometría del cuerpo.

    La diversidad técnica no fue desorden: fue autonomía.


    Los moai, obra de la cooperación horizontal

    La estandarización visual de los moai —esa estética uniforme que recorre la isla— podría sugerir una dirección central, pero el trabajo de Lipo y colegas demuestra lo contrario: la unidad estilística coexistía con la independencia política.

    Cada taller estaba limitado físicamente a apenas unos pocos talladores trabajando al mismo tiempo, quizá 4 a 6 artesanos directamente sobre la piedra, apoyados por 10 a 20 personas encargadas de herramientas, cuerdas y logística. Nada de grandes brigadas estatales ni ejércitos de trabajadores: eran grupos familiares, coordinados a través de tradiciones compartidas más que órdenes verticales.

    El hallazgo, además, coincide con otras líneas de investigación arqueológica:

    • Los caminos de transporte de moai parten del volcán en forma radial, marcando circuitos autónomos de cada clan.
    • Los análisis de vivienda muestran núcleos residenciales independientes, sin arquitectura central.
    • Los estudios sobre herramientas de obsidiana revelan patrones localizados, sin circulación masiva entre grupos.
    • Los experimentos de transporte indican que 15 a 50 personas bastaban para mover incluso los moai más grandes.

    Un rompecabezas que, pieza por pieza, arma la misma imagen: cooperación sin jerarquía.


    Un golpe a los mitos de dominación y colapso

    Durante más de un siglo, muchos estudios —y no pocos documentales sensacionalistas— imaginaron que semejante programa monumental solo podía haber surgido bajo una élite centralizada y coercitiva. Incluso se llegó a afirmar que la construcción de moai habría causado el “colapso” ecológico de la isla, forzado por líderes obsesionados con su propia gloria.

    La nueva evidencia arqueológica es tajante: no hubo tal despotismo.

    Los talleres múltiples, independientes y abiertos demuestran un acceso compartido a la cantera, sin señales de control represivo o exclusividad jerárquica. Las técnicas diferentes, las orientaciones variables, las decisiones locales de tallado y la falta de estandarización rígida dan cuenta de una organización respetuosa de la autonomía, donde la competencia entre clanes no impedía la construcción colectiva, sino que la impulsaba.

    El hallazgo incluso dialoga con debates contemporáneos: la monumentalidad no necesita pirámides sociales. Los autores citan investigaciones —como las de Graeber y Wengrow— que muestran cómo las grandes obras humanas no siempre responden a estructuras verticales, y cómo las redes horizontales, basadas en cooperación, pueden generar resultados igualmente impresionantes.

    Rapa Nui, una vez más, obliga a repensar los clichés del pasado.

    Técnica de producción revelada mediante modelado 3D.
    Los moai inacabados, aún unidos a la roca madre por “quillas” en la parte posterior, muestran cómo los talladores trabajaban por debajo desde ambos lados hasta separar la figura del material original. Esta etapa de producción, difícil de documentar con métodos tradicionales, se vuelve visible en el modelo 3D.

    Un modelo para el futuro: ciencia, memoria y cuidado del patrimonio

    El relevamiento tridimensional no es solo un aporte académico: es también una herramienta clave para la gestión del patrimonio, especialmente tras el incendio de 2022 que alcanzó el cráter y preocupó a toda la comunidad rapanui.

    El modelo, accesible públicamente, permite monitorear erosiones, daños por clima y presión turística. Por pedido de la Comunidad Indígena Ma’u Henua, se convirtió en una plataforma viva de protección del sitio, parte esencial del patrimonio mundial de la UNESCO.

    Y vuelve a recordarnos que detrás de cada moai —esas figuras silenciosas que miran hacia el interior de la isla— no hubo un rey, ni un gobernador, ni un conductor supremo. Hubo familias, grupos pequeños, manos autónomas que tallaron piedra volcánica durante siglos, coordinándose sin obedecer a un poder central.

    Una historia más humana, quizá más fraterna, y definitivamente más sorprendente.

     

  • Todo estalla en la escuela

     

    En el barrio Sarmiento del partido de San Martín, una madre esperó a que una maestra saliera de la escuela y, mientras los niños y las niñas se iban a sus casas, la sorprendió en la calle y le dio una piña en el ojo. La docente terminó hospitalizada. No quiere volver a dar clases. 

    A una cuadra de una escuela de Malvinas Argentinas, conurbano norte, dos chicas se agarraron a golpes. Otros jóvenes las filmaron. Una de las adolescentes volvió al colegio para buscar ayuda: tenía el hombro dislocado. Su familia la fue a buscar. Como desde la escuela no hubo respuesta, tiraron el portón abajo y les arrojaron mate cocido caliente a dos auxiliares docentes. “Entramos a trabajar, no a sobrevivir”, repudiaron las trabajadoras en un comunicado.

    En Mar del Plata, madres y padres incendiaron la casa de un chico de diez años acusado de haber tocado a niñas de seis que van a la misma escuela. “Me cagaron a palos y me dejaron en la calle, sin nada”,  dijo la mamá. 

    Dos alumnas discutieron en el patio de una escuela en José C. Paz. Las madres entraron y, en lugar de separarlas, arengaron el enfrentamiento. Docentes y directivos contuvieron la situación hasta que llegaron la policía y el servicio de emergencias que atendieron a varias personas con crisis nerviosas. 

    En una escuela de Río Cuarto, Córdoba, un adolescente le tiró agua hirviendo a su preceptor. Las autoridades lo suspendieron por tres días y lo cambiaron de división.

    Estos cinco hechos fueron titulares de noticias. Todos transcurrieron en noviembre y reavivaron una preocupación que crece en las comunidades educativas: ¿qué pasa con la “violencia escolar”? Un término que parece quedarse corto a la hora de describir situaciones muy diversas con al menos un punto en común: son conflictos que se derraman más allá de las aulas y terminan con daños severos. Situaciones sobre las que no hay cifras oficiales y están muy lejos de lo que se espera que ocurra en una escuela. 

    Para Alberto Sileoni, ex director general de Educación y Cultura de la provincia de Buenos Aires, son episodios marginales que adquieren visibilidad por los medios: “no hay una pandemia de violencia en las escuelas bonaerenses o argentinas”.

    Los y las docentes insisten: algo se está moviendo, hace rato, en las rutinas escolares.

    Puentes rotos

    ―Seño, ¿puedo ir al baño?

    ―No, Matías, esperá a que termine la clase. Ya fuiste tres veces.

    Matías siguió con las multiplicaciones de Matemática. Ni bien salió de la escuela, le contó a su mamá que la maestra no lo había dejado ir a hacer pis. La mujer entró al establecimiento, una institución parroquial de San Martín, provincia de Buenos Aires, y buscó a la docente de cuarto grado. 

    ―¡¿Cómo le vas a decir a un nene que se aguante?! Si lo siguen tratando mal voy a llegar hasta las últimas consecuencias ―gritó, enfurecida, y empujó a la maestra.

    No fue la única amenaza. Antes, había escrito varios correos electrónicos con el mismo tono. Otras madres, también: “Yo hago taekwondo. Si no resuelven este problema a su manera, podemos probar de esta forma”. 

    Fernanda* es psicóloga del Equipo de Orientación Escolar de esa escuela y reconoce las dificultades que atraviesa la institución en su vínculo con las familias: “No quiero caer en discursos que las culpabilizan por todo ni en dicotomías de buenos y malos, pero a veces es una situación muy bizarra marcarle a un adulto que no puede empujar a una maestra ni insultarnos en un mail”.

    Agustín es maestro en una Escuela Normal de la Ciudad de Buenos Aires. En un partido de fútbol, un estudiante de tercer grado le pegó una trompada a otro compañero. Agustín lo retó y escribió una nota en el cuaderno de comunicaciones. “La respuesta que volvió desde la casa fue que yo estaba equivocado porque su hijo en realidad se defendió ya que no lo habían dejado jugar”.

    “No quiero caer en discursos que las culpabilizan por todo ni en dicotomías de buenos y malos, pero a veces es una situación muy bizarra marcarle a un adulto que no puede empujar a una maestra ni insultarnos en un mail”.

    Históricamente, en esta escuela pública centenaria a la que van chicos y chicas de clase media e hijos de trabajadores ambulantes, las familias entraban con sus hijos hasta el momento de la formación. Presenciaban “los buenos días”, el anuncio de alguna noticia y el izamiento de la bandera. Desde hace unos años, ese ritual se cortó. “Ahora se quedan de la puerta para afuera porque muchos padres entraban de mala manera a hablar con los docentes. O a veces con la mejor voluntad, pero no era la forma. Hay otros pasos a seguir y canales de diálogo: pedido de reunión, dejar un acta escrita”, explica Agustín.

    Muchas familias se quejaron de la decisión. Entre ellas, las que jamás atacaron a un maestro y disfrutaban de ese momento con sus hijos. Dicen que los docentes y directivos alimentan la distancia con ellos. Que “ya no es la misma escuela de antes”.

    ¿Alguna escuela lo es?

    Un whatsapp y ya no jode más

    Melisa y Fabián estudian en una institución estatal de San Isidro, conurbano norte. Ocho de cada diez adolescentes que concurren allí son del barrio popular La Cava. Ellos dos están de novios y hace tiempo sus docentes notaron que se relacionan de manera muy conflictiva. Por ejemplo, se revisan sistemáticamente los celulares. Los docentes problematizan este tipo de vínculos desde la Educación Sexual Integral (ESI). Un día, Fabián empujó a Melisa contra los bancos del aula. Mientras la preceptora salió a informarle al equipo directivo, la chica le mandó un mensaje a su papá, que enfiló directo hacia la escuela. Las autoridades llevaron al alumno a la dirección y, cuando el padre de Melisa llegó, no lo dejaron pasar. 

    ―Che, loco, ya estamos hablando con el pibe. Es una escena terrible para tu hija que toda la escuela vea cómo su padre hace un escándalo fenomenal ―lo frenó Federico Cano, vicedirector del secundario.

    ―Bueno, quedate tranquilo, yo espero acá. Es lo mismo. Si no me dejás matarlo adentro, lo hago afuera ―respondió el padre. Después llamó a la madre de Fabián para decirle que le iba a prender fuego la casa. 

    La mujer lo denunció por amenazas, así que el vicedirector y la orientadora escolar cerraron el día en la comisaría. “La comunicación inmediata con los celulares hace que las cuatro paredes de la escuela se rompan muy fácilmente”, lamenta Federico. 

    Como en la escuela de San Martín, donde una pelea entre estudiantes de sexto año afuera del edificio, en el horario del almuerzo, derivó en que  los padres, tíos y primos de uno de los lastimados le pegaran una paliza al adolescente que dio la primera piña. Ni bien se enteraron, los adolescentes, profesoras y autoridades que estaban adentro de la escuela, salieron hacia la calle a buscarlos. Pero era tarde: el mensaje a los adultos por WhatsApp había llegado más rápido. Y el resto del alumnado filmaba con sus celulares la pelea en la vereda. 

    Federico insiste en que las piñas en la puerta de la escuela no son una novedad, pero la viralización y espectacularización en los entornos digitales fogonean aún más cualquier conflicto: “Todo escala más rápido y nunca se termina”. El docente viene de reunión en reunión con directivos de otras escuelas del barrio por enfrentamientos que se publicitan a través de un grupo de WhatsApp llamado “peleas Martínez”. El grupo lo integran cerca de 200 adolescentes, en su mayoría son chicos, pero también hay chicas. El que “gana” se lleva de premio, además del reconocimiento de sus pares, un video que lo termina de coronar como vencedor. 

    “La comunicación inmediata con los celulares hace que las cuatro paredes de la escuela se rompan muy fácilmente”, lamenta Federico.

    Cuando al vice algún joven le cuenta quiénes son los próximos, llama a la directora de otra escuela para ver si puede hacer salir a sus estudiantes un rato más tarde y así evitar que se crucen con los suyos. “Hay una gran parte de este trabajo librada a la voluntad y buena onda entre directivos. Aunque no es solo voluntarismo, detrás hay toda una formación pedagógica que parte de la idea de que hay que articular. Pero nunca se nos convocó a los directores del mismo territorio educativo a conversar sobre los problemas que tenemos”, señala.

    Esto no es un tribunal

    La familia de Manuel tocó la puerta de la oficina. La directora de esta secundaria parroquial de CABA la había citado el día anterior para conversar. El adolescente “le hace chistes que no corresponden a sus compañeros, no trabaja en clase y no se responsabiliza por lo que hace”.

    —Vengo a defender a mi hijo —dijo la madre. 

    —No hace falta, señora, esto no es un juzgado.

    La escuela no es un tribunal pero, por momentos, se parece bastante. Florencia es madre de una de las estudiantes que fue objeto de deepfake en un colegio privado y religioso de San Martín. Un compañero de curso alteró con Inteligencia Artificial fotos de ella y otras compañeras para que se vieran “desnudas” y las vendió en Discord. “Lo primero que hicieron las autoridades escolares fue hablar con él, que dijo que le habían robado el celular. Su familia sostuvo lo mismo y nunca se comunicaron con nosotros. Pero cuando todo esto explotó, casualmente el propietario de la carpeta borró las imágenes de las chicas. En el colegio dijeron que no se hablara más del tema, que ellas no subieran más nada y que eliminaran todas sus fotos. Mi hija me lo contó cuando vio que no había respuestas de la escuela”, expresó. 

    Florencia presentó la denuncia y, al enterarse de que el adolescente iba a ir a un viaje de estudios con su hija, también recurrió a los diarios y a la televisión. “Fue la herramienta que tuve para protegerla”, sintetiza y evidencia un fenómeno cada vez más extendido: la impotencia –muchas veces fundada– de las familias frente a la vulneración de derechos de sus hijos/as y las limitaciones con las que se topan las instituciones escolares para lidiar con situaciones de violencia exacerbada. La erosión de la confianza.

    Ana Campelo, ex coordinadora del Área de Convivencia Escolar durante el gobierno de Alberto Fernández y del Observatorio Argentino de Violencia en las Escuelas en 2011, advierte un proceso creciente de judicialización de las relaciones escolares. El emparentamiento se da tanto en las vías judiciales en las que se encauzan conflictos, como en la jerga escolar cotidiana. “Esto se ve en el uso de términos altamente estigmatizantes como agresor, acosador, matón, perpetrador, bully y en las mismas categorías dicotómicas de víctima y victimario, naturalizadas en el ámbito pedagógico, aunque provienen del discurso jurídico”, detalla.

    La impotencia –muchas veces fundada– de las familias frente a la vulneración de derechos de sus hijos/as y las limitaciones con las que se topan las instituciones escolares para lidiar con situaciones de violencia exacerbada.

    Desde el Equipo de Orientación Escolar de la escuela parroquial de San Martín, Fernanda coincide en que la escuela está sometida a palabras de otros ámbitos: “Tenemos que hacer lo que indica el neurólogo, el servicio local, la Justicia o la política, y en ese camino hay algo de la palabra pedagógica que se pierde”.

    Ponerle un nombre al malestar

    Para Campelo, la equiparación entre problemas de convivencia y delito no es nueva, sino que se intensifica al calor de la época y, paradójicamente, en tiempos de campañas “antibullying”.  A principios de noviembre, el Senado de Mendoza le dio media sanción por unanimidad a un proyecto de ley que incorpora al Código de Contravenciones provincial una figura vinculada a la responsabilidad parental ante casos de acoso escolar. La iniciativa contempla multas para las familias. 

    “Toda sociedad recurre a los significantes que encuentra a su disposición para nombrar el malestar que la aqueja —opina Campelo— y ‘bullying’ es el significante por excelencia en relación con las violencias en las escuelas. Sin embargo, ¿es el problema que hoy padecemos?”.

    Recientemente, la Ciudad de Buenos Aires lanzó un Protocolo Integral para la prevención, detección, intervención y seguimiento de situaciones de bullying entre pares. Santino es vicepresidente del centro de estudiantes de su secundario, una institución de gestión estatal, y dice que el fenómeno es una conversación recurrente con sus compañeros y compañeras. Pero lo identifica, sobre todo, en la primaria. Según el análisis del Observatorio Argentinos por la Educación de las pruebas Aprender, a nivel nacional, el 36 por ciento de los niños y niñas de sexto grado se sintió discriminado en las aulas, y 6 de cada 10 sufrió algún tipo de agresión allí o en redes sociales. Aunque esas situaciones no necesariamente implican un acoso sistemático.

    El espacio de participación estudiantil de Santino se enfoca, sobre todo, en charlas sobre ESI y salud mental: el tema más nombrado entre sus pares. “Para un estudiante no hay nada mejor que otro estudiante”, resume. Martina, alumna del último año de una escuela privada de Santa Fe, destaca: “Hay que actualizar los contenidos de la ESI y pensar propuestas en base a lo que necesita cada curso. Yo sé que en mi grupo una charla sobre ciberacoso o bullying no va a tener mucho efecto porque no es el problema que nos atraviesa, pero sí trabajar las apuestas online o los escraches”.

    Al vicedirector de la escuela de San Isidro le preocupan otras cuestiones. Cuando llama al apoyo escolar del barrio para preguntar si lo vieron a Juan, estudiante del ciclo superior, le responden que hace rato no pasa por ahí. Todo conduce a lo mismo: la crisis social y la falta de proyección y de sentido entre sus estudiantes.

    —En un año terminás la escuela. ¿Querés trabajar? ¿Vas a estudiar? ¿Ambas? —le pregunta a un alumno de sexto año.

    —Me chupa un huevo.

    —Dale, imagino que te querés comprar una remera piola, alquilar un departamento para estar con tu novia tranquilo. Algo.

    —Qué sé yo, me chupa un huevo.

    La autoridad en crisis

    Para Campelo asistimos a una declinación de los modos tradicionales del ejercicio de la autoridad: “Hoy no alcanza con tener un título o un cargo. Esto tiene que ver con la retirada del Estado de bienestar, con la puesta en duda de la promesa de un futuro mejor a través de la educación. Y las construcciones discursivas hegemónicas sobre el bullying erosionan aún más la autoridad bajo la idea de que la escuela no va a hacer nada para protegerte”.

    Anabella Díaz es docente de Lengua y Literatura hace más de 25 años en Carlos Paz, Córdoba, y fue vicedirectora en el nivel medio. “A las escuelas se le debilitan las herramientas básicas que le permiten construir autoridad pedagógica”, plantea. Se refiere, por ejemplo, a la flexibilización en torno a las faltas o el horario de ingreso al aula. “Da lo mismo si un pibe quedó libre o no. Los propios chicos te dicen ‘para qué voy a estudiar todo el año si con un trabajo práctico en diciembre resuelvo todo’”, asegura y define a la normativa como “una gelatina” que va adoptando formas diversas: “la del reclamo del padre, el trabajito final de tres preguntas que se resuelve con ChatGPT, la inspectora que llama para preguntar qué alternativas evalúan los directivos para alivianar a ese estudiante que faltó 40 días. Todo es un gran simulacro”.

    Sin embargo, aclara que tampoco se trata de idealizar el pasado: “La autoridad no es un director con cara de malo retando, sino el resultado final de una trama donde la escuela es respetada por familias, docentes y estudiantes. En ese sentido, los Acuerdos Escolares de Convivencia deben incluir sanciones con consecuencias claras. El primer paso es la conversación, pero tampoco se puede charlar diez veces lo mismo”.

    En la Argentina, con el regreso de la democracia, el paradigma escolar disciplinario centrado en los castigos se reemplazó por otros mecanismos de tramitación de conflictos. La Resolución N° 93/09 del Consejo Federal de Educación (CFE) profundizó ese camino de involucramiento de los jóvenes en la convivencia escolar. En 2013, la Ley Nacional para la Promoción de la Convivencia y el Abordaje de la Conflictividad Social en las Instituciones Educativas prohibió las sanciones que impidan la continuidad escolar. Hoy, se opta por apercibimientos orales o escritos, actividades de servicio comunitario-escolar, suspensión de uno a tres días, cambio de turno o de escuela, aunque puede variar según la jurisdicción. Los Acuerdos de Convivencia Escolar tienen un rol clave y promueven la responsabilidad de los y las estudiantes en lugar de la punición automática.

    Los Acuerdos Escolares de Convivencia deben incluir sanciones con consecuencias claras. El primer paso es la conversación, pero tampoco se puede charlar diez veces lo mismo”.

    “El problema con las sanciones, para empezar, es que ya en sexto grado hay niños que no traen el cuaderno de comunicaciones”, puntualiza Agustín. En secundaria, esa herramienta tiene aún menos peso: “Muchos pibes se te ríen en la cara si se los pedís”, comenta Federico. En los intercambios que tiene con otros docentes, se repite la misma inquietud: cómo reponer los bordes. “Muchos vemos en el límite un valor pedagógico. Uno sabe, porque también fue estudiante, que un buen ‘no’ a tiempo puede ser mucho más ordenador que mil ‘vamos viendo’. Pero también sabemos que en buena parte de nuestros colegas hay una fantasía disciplinante y autoritaria”. 

    Soluciones comunitarias

    Para Campelo, los Consejos Escolares de Convivencia, órganos colegiados y participativos formados por estudiantes, docentes, directivos y familias, pueden ser espacios muy valiosos donde circula la palabra y se piensan soluciones democráticamente. Desde allí, explica, se idean intervenciones situadas que apuntan a “ofrecerle otros lugares a los niños, niñas y adolescentes que son catalogados como ‘los revoltosos’ o ‘problemáticos”. Por ejemplo: en una escuela, invitaron al alumno que desafiaba constantemente a sus docentes a tocar la armónica en el concierto escolar de fin de año. Al final, pidió el micrófono. La directora dudó, pero confió. “Gracias por escuchar”, dijo el niño al auditorio.

    En el nivel primario de la escuela parroquial de San Martín donde trabaja Fernanda, hay asambleas estudiantiles todas las semanas. Los chicos y chicas lo tienen incorporado y, cuando llega la hora, van a buscar el libro de actas para iniciar la reunión y debatir, por ejemplo, qué juegos están permitidos en el recreo y cuáles no. También hay “mediadores escolares”, una figura impulsada por una política pública bonaerense que apunta a que los propios estudiantes, elegidos por sus compañeros/as, intervengan ante situaciones conflictivas de sus grupos.

    En cuanto a las familias, luego de varias reuniones fallidas, Fernanda cuenta que se propusieron armar secuencias de trabajo. Les plantearon ejercicios teatrales a los niños y niñas en torno al cuidado e invitaron a sus madres y padres a compartir la actividad. También les pidieron a los estudiantes que diseñaran maquetas sobre puentes y muros para trabajar la forma de relacionarse con los demás. Luego, les mostraron las obras a los adultos y les preguntaron cuándo creen que hay muros y en qué momentos puentes entre la escuela y las familias. “Nos la jugamos porque venía todo muy tironeado y podían salir con cualquier cosa, pero hubo algo del proceso previo que ayudó. No es que se los citó de un día para el otro a una reunión, sino que fueron parte de una conversación a lo largo del tiempo. Y hubo devoluciones muy positivas, nos transmitieron que necesitaban escucharse y poner en común”.

    Federico subraya que los conflictos más urgentes  tapan una mayoría silenciosa que le dedica mucho esfuerzo a la escuela: “Todavía hay familias a las que les pedís el mapa y se despiertan temprano para comprarlo aunque estén justas de plata, o les pedís comida para colaborar en la feria y se organizan para cocinar una torta. Madres y padres que vienen a escuchar una devolución sobre su hijo y escuchan atentamente, agradecen”.

    Hay equilibrios que sobreviven, dice. “A pesar de la descomposición y del caos”. 

    *Los nombres reales de Matías, Fernanda, Agustín, Melisa, Fabián, Manuel y Juan fueron alterados por pedido de los entrevistados. 

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