Ya comenzaron las obras en el autódromo porteño Oscar y Juan Gálvez para adaptar el circuito a las exigencias de la Fórmula 1. El primer paso fue la demolición de los boxes que se habían construído para los grandes premios que se disputaron entre 1995 y 1998.
Como contó LPO, en medio de la fiebre por Franco Colapinto, el gobierno porteño invertirá 132 mil millones de pesos en refacciones del histórico circuito porteño. El primer paso será traer el Moto GP, la principal competencia de motociclismo que hace poco tiempo atrás fue adquirida por Liberty Media.
Ese mismo grupo tiene los derechos de la Fórmula 1, una especie de pequeño mundial que no pasa desapercibido en ningún país. Esponsoreo de marcas de lujo y espectadores de alto poder adquisitivo agotan reservas en hoteles y restaurantes durante la semana del gran premio son la principal característica del Gran Circo.
Para lograr una fecha en el calendario, el gobierno porteño necesita dos cosas: la primera es que las negociaciones entre el empresario Orly Terranova y Liberty Media lleguen a buen puerto. Para eso la Ciudad podría llegar a pagar hasta 57 millones de euros al Grupo OSD.
La otra cuestión que necesita una resolución urgente es adaptar el viejo circuito del autódromo a las exigencias de la F1. En una primera etapa se demolerán todos las estructuras que albergaban los boxes.
La nueva traza tendrá una extensión de 4,3 Km, 14 metros de ancho promedio y 14 curvas a lo largo del circuito. En la recta los coches podrían alcanzar una velocidad de 320 Km/h y habrá una velocidad promedio sería de 177 Km/h.
Las obras previstas incluirán la remodelación de los boxes y la construcción de un nuevo paddock con vista de casi 360 grados del circuito.
El ingeniero civil Hermann Tilke es quien tiene a cargo el proyecto del nuevo circuito. Se trata del diseñador más reconocido de la era moderna, que modeló las pistas de Shanghai, Singapur y Abu Dhabi.
El despido abrupto del director del Hospital del Bicentenario en Ituzaingó desató fuertes tensiones internas en La Libertad Avanza y acusaciones a la cúpula del Pami de mantener acuerdos con el municipio peronista a cargo de los Descalzo.
En los últimos días, mientras transcurría sus vacaciones, Santiago Cerneaz fue notificado de su desplazamiento como director de ese hospital bajo la órbita de la obra social de los jubilados.
El despido desató la furia del coordinador libertario local, el concejal Hugo Equiza, quien había sugerido a Cerneaz para ese cargo, en septiembre pasado, con el auspicio de generar un cambio en el funcionamiento del nosocomio.
«No se nota que haya una voluntad real de cambiar de manera estructural organismos atravesados por corrupción, falta de transparencia y clientelismo», dijo Equiza a elDiarioAR tras conocerse el desplazamiento de Cerneaz.
La situación que se vive en el hospital es preocupante. Hay prácticamente más guardias de seguridad que médicos y siguen agregando guardias «invisibles», las cuales el director echado no aceptó validar
Para el concejal y referente libertario de Ituzaingó la caída en desgracia de Cerneaz está ligada con el despido de «ñoquis» dentro del hospital, uno de los cuales fue reestablecido en el cargo por una resolución del propio titular del Pami, Esteban Leguizamo, a pocos días de registrarse el despido.
«La situación que se vive en el hospital es preocupante. Hay prácticamente más guardias de seguridad que médicos y siguen agregando guardias «invisibles», las cuales el director echado no aceptó validar», dijo Equiza a LPO.
En esa línea, denunció la persistencia «ñoquis» bancados «por el director Leguizamo y su gerente Roberto Armagno». Frente a eso, sostuvo que existe una estructura interna de mando en el hospital que incluye al municipio de Alberto y Pablo Descalzo.
«Evidentemente hay acuerdo entre las autoridades del Pami y el peronismo provincial y camporismo para seguir «trabajando» juntos en el Instituto, podemos nombrarlos como «los mismos de siempre» que siguen como siempre y mas empoderados aún por las autoridades libertarias», acusó Equiza.
Al defender al director desplazado, el concejal libertario dijo que en los últimos meses el hospital había sumado servicios y que se había inaugurado un ala que estaba cerrada. «Lo echan por querer hacer las cosas bien», sostuvo.
En lugar de Cerneaz, Leguizamo nombró a Christian Varela, un médico que los libertarios de Ituzaingó asocian al peronismo de los Descalzo y al que le endilgan una cercanía con el ex ministro de Salud bonaerense, Alejandro Collia.
Cerca de Equiza también asocian esta movida al viceministro de Salud Guido Giana, que llegó a ese cargo a través del ministro Mario Lugones, uno de los dueños del Sanatorio Guemes, donde Giana oficiaba de director administrativo.
De linaje PRO, Giana es cercano al referente amarillo en Ituzaingó, Gastón Di Castelnuovo, al que cerca de Equiza ven como un adversario directo en la pelea por la candidatura a la intendencia en 2027.
José Jerí quedó cerca de enfrentar un proceso de destitución en su país tras conocerse que realizó reuniones semiclandestinas con un cuestionado empresario chino llamado Zhihua Yang.
De acuerdo a lo que sostiene el diario La República, el Congreso de Perú está juntando firmas para interponer una Moción de Vacancia, figura legal con la que fueron destituidos recientemente otros presidentes del país. Otros parlamentarios, en tanto, buscarían llegar a una Moción de Censura contra la Mesa Directiva.
De acuerdo a lo revelado por medios locales, Jerí llegó encapuchado para no ser reconocido a un restaurant propiedad del empresario antes mencionado. La actitud del mandatario peruano de no querer ser descubierto llamó la atención, pese a arribar en un auto oficial e ir acompañado con escoltas.
En un primer momento, Jerí, que sustituyó en octubre pasado a la destituida presidenta Dina Boluarte por ser en ese momento el presidente del Congreso, aseguró que fue invitado para tratar preparativos del Día de la Amistad entre China y Perú; luego reconoció que en el encuentro también estuvo acompañado por su ministro del Interior, Vicente Tiburcio.
No obstante, reconoció que llegó al atardecer con lentes de sol a una tienda de productos chinos que el hombre de negocios posee en el centro de Lima, un local que horas antes había sido clausurado por las autoridades municipales.
#CuartoPoderSin agenda, sin registro y fuera de Palacio. Imágenes muestran al presidente José Jerí reuniéndose con un empresario chino en un local privado del centro de LimaEncuentra los reportajes y entrevistas del programa AQUÍ %u25BA https://t.co/T3blzG3s0Rpic.twitter.com/HdWBS721ag
De acuerdo a las imágenes de las cámaras de seguridad que han sido difundidas, al mandatario, vestido en este caso con la casaca de aviador de la Fuerza Aérea del Perú (FAP) que acostumbra a llevar en algunos actos con su apellido en el pecho, se le ve interactuar por teléfono ofuscado bajo la atenta mirada y sonrisa cómplice de Yang.
Jerí llegó encapuchado para no ser reconocido a un restaurant propiedad del empresario antes mencionado. La actitud del mandatario peruano de no querer ser descubierto llamó la atención, pese a arribar en un auto oficial e ir acompañado con escoltas
Al enterarse que el domingo saldrían a la luz sus imágenes en la tienda, Jerí lanzó en redes sociales, cerca a las 2.00 de la madrugada del domingo, un mensaje en vídeo para reconocer que en el local también estuvo con el ministro, admitir que no actuó correctamente y rechazar nuevamente que haya estado inmerso en algún negocio o acto ilícito.
De acuerdo a los medios peruanos, la reunión en el restaurante pudo haber sido para tratar un posible contrato para instalar cámaras de vigilancia en colectivos de transporte urbano, que supuestamente se adjudicaría sin concurso público por darse en una situación de emergencia contra la inseguridad causada por el crimen organizado.
El empresario chino, a quien los medios locales vinculan también con el procesado hermano de la expresidenta Boluarte, es gerente de una hidroeléctrica, una empresa de construcción y una importadora de productos chinos que tienen como domicilio fiscal el mismo lugar en el que funciona el chifa donde se produjo la reunión.
Este episodio protagonizado por Jerí ha sido comparado con las reuniones con empresarios que mantenía fuera de los focos y del registro oficial del detenido presidente Pedro Castillo en una vivienda cercana al Palacio de Gobierno y que llevaron a los partidos conservadores que ahora apoyan a Jerí a plantear una moción para destituir al entonces mandatario.
Natalia tiene 19 años. Está en una pelopincho sola, en su casa, que es la casa de su abuela. Es la hora de la siesta. Se masturba. En su piel, las marcas desprolijas de las tiritas de la malla hablan de una relación casual con el sol. Su respiración agitada se empieza a mezclar con el barullo de la calle. Afuera, un hombre que empuja un carrito cargado de cartones, bolsas, botellas, juguetes rotos, se acuclilla, se baja los pantalones y caga en el medio del pavimento que hierve. Un vecino reacciona: corre hasta el tipo, se le tira encima. Piña, piña, piña. El hombre del carrito no responde, se deja pegar. Un charco de sangre sale de su boca. Natalia y su abuela Rita espían detrás de la cortina. Natalia pregunta por el hombre tumbado.
—Un villero, es horroroso. A lo que puede llegar uno —contesta Rita.
La escena vuelve a la calle: si le sigue pegando, lo mata. Muy a su pesar, la abuela sale para evitar la catástrofe, gritándole que lo suelte. El vecino deja de golpear al del carrito, que se reincorpora lentamente. Natalia también sale a la puerta. Un zumbido de moscas retumba cada vez más fuerte cuando el hombre, chorreando sangre por la boca, levanta la cabeza y la mira fijo. Natalia siente miedo. La remera le gotea, mojada por la bikini.
El hombre ensangrentado se va. Pero deja en el medio de la calle el carrito mugriento con sus changas. Mientras se aleja, a cada paso deja el peso de una maldición que, de ahora en más, pesará sobre quienes lo vieron sufrir y no hicieron nada. A partir de ese día, de manera inexplicable, se quedarán sin luz ni agua. Les costará llegar a los insumos básicos. La vida se les volverá difícil.
Las crisis nos vuelven monstruos
“Es simplemente sentarse frente al monstruo que parece una mujer y observar hasta que manifieste toda su potencia”, propone Lucrecia Martel sobre la construcción de personajes. No trabajar con preconceptos ni estereotipos: detenerse a mirarlos, a descubrirlos. Parte de la hipótesis de que es necesario empezar a hacer otro cine, inaugurar otros caminos posibles para los cuales Latinoamérica será clave.
Esos monstruos, retoma Laura Casabé en el podcast Encuentros, se cuelan por la rendija que deja lo roto. En nuestra región, y en la Argentina, en particular, las crisis funcionan como rendijas o fracturas que corrompen lo establecido y desatan ese espacio vacío, liminal, silencioso, angustiante y falto de respuestas. Abono para el género de terror.
Casabé es directora de cine. Su última película es La Virgen de la Tosquera, basada en “El carrito” y “La Virgen de la Tosquera”, de Mariana Enríquez, ambos cuentos publicados en Los peligros de fumar en la cama. Para filmarla, volvió a mirar La niña santa. Observó en particular cómo contara un grupo de mujeres de manera oblicua.
No se sabe el año exacto en el que transcurre la historia de La Virgen de la Tosquera. Pero sabemos que la idea de “El Carrito” le surgió a Enriquez después de la hiperinflación de 1989. En uno de los pocos diálogos en el que Natalia habla de su madre, dice:
—Mi mamá se fue a España. Teníamos un kiosco en Liniers y nos fundimos. Se las picó y me quedé sola con Rita.
La escena es muy crisis de 2001, aunque el dato está omitido. Hay una crisis, lo dice el televisor y algunos personajes. ¿Importa cuál? Porque puede ser cualquiera de las crisis cíclicas y constantes que padece la Argentina: en La Virgen de la Tosquera a los jubilados les desaparecen las pensiones de los bancos, al carnicero le entran a robar y no hay plata en la caja, nadie tiene trabajo así que uno de los vecinos vende diccionarios Larousseen la fila para recolectar agua.
Entre escena y escena, vuelve a aparecer la toma del carrito, solo, en medio de la calle, con el zumbido de las moscas recordando que la maldición sigue ahí.
El primer cuento que Laura Casabé leyó de Mariana Enriquez fue “El Carrito”. La impactaron dos cosas: su literatura tan cinematográfica y la mirada certera para graficar el miedo. Pero no cualquier miedo, sino ese que produce la inestabilidad a la que estamos sumidos cuando las reglas del juego cambian, cuando la crisis funcionan como una maldición que recae sólo sobre algunos. Quedan desprovistas de los argumentos políticos que la excusan y es llevada a lo más íntimo: el miedo de quedarte en la calle escarbando la basura para poder comer.
Los fantasmas
Rita, Natalia y Quechu, un niño víctima de la maldición huérfano que vive con ellas, miran el programa de Susana Giménez por televisión. Alguien toca la puerta. Es un hombre que pide ayuda. Grita, golpea las ventanas, las empuja, parece que las va a romper. Natalia pregunta quién es y qué quiere. Él no responde. Grita más fuerte, ahora sabiendo que hay alguien adentro.
—¿Me podés abrir, nena?
Los tres se quedan callados. El hombre se va. ¿Pero volverá a molestarlos? ¿Estará en peligro? ¿Quiénes son los que están en la calle todo el día? No sabemos, pero él estaba afuera y ellos adentro.
Esta escena no está en ninguno de los dos cuentos que inspiran la película, pero pertenece al mundo Enríquez. Aparece en “Mis muertos tristes”, publicado en su último libro Un lugar soleado para gente sombría. En aquel relato, una médica retirada que vive en una casona junto al fantasma de su madre muerta, relata con detalles cómo el barrio comienza, progresivamente, a ser asediado por un grupo de fantasmas. “Pero esta historia importa solamente por un fantasma en particular, con el que actué diferente. Al que no pude o no quise ayudar”, dice la narradora. Este fantasma es “Matías de apellido italiano”, un chico que una noche tocó la puerta de todas las casas del barrio pidiendo ayuda porque se estaba escapando de un secuestro y, como ninguno de los vecinos le abrió, terminó asesinado de un disparo en la sien. Matías vuelve cada noche. “Se acercó a la ventana y en sus ojos, vivos, totalmente vivos, con algo de insecto, ese brillo zumbón de los escarabajos, vi la venganza y la furia”. Matías pasará su eternidad tocando las puertas del barrio que se le cerraron hasta exponerlo a la muerte. Así les recordará la injusticia, la culpa, la falta de empatía.
¿Habrá sido “Matías de apellido italiano” quien se apareció en la puerta de la abuela de Natalia? La vecindad, la ayuda y la cooperación tienen su reverso: los otros. Los fantasmas que emergen en esa fractura.
Los oasis mortales
“Una tosquera es una explotación minera abandonada (…) pero ellos la llaman ‘la pileta de los pobres’”, dijo un periodista de Telefé hace años. Las tosqueras, según Google, son grandes pozos que se realizan en zonas descampadas para extraer tosca. La tosca es un tipo de tierra color rojiza que se usa para rellenar construcciones, caminos, o como “suelo de alta resistencia” para grandes edificaciones. Se extrae de capas inferiores del suelo, por eso los pozos pueden alcanzar profundidades de hasta 25 metros. A simple vista, son hermosas, paradisíacas, con aguas transparentes, aves, paredes altas como acantilados.
Las tosqueras también son un lugar mortal, pero no por la extracción sino por el relleno: estos huecos en la tierra suelen quedar así, sin ningún tipo de tratamiento. Son tan profundos que, progresivamente, se llenan con el agua de las napas y pueden funcionar como arenas movedizas. El cambio de las corrientes de temperatura del agua por el suelo destrozado produce un efecto de abducción. Una vez que entrás, no podes salir. Las corrientes submarinas hacen remolinos en el fondo. Sólo en la provincia de Buenos Aires existen más de 36 oasis mortales perdidos en el medio del campo o, mejor dicho, a disposición de los barrios más pobres. Sin señalización ni tratamiento. Todos los veranos se conocen nuevos casos de ahogamientos o muertes en la zona. En la localidad de Florencia Varela, solamente, se contabilizaron más de 30 muertes hasta el año 2022. Las víctimas, por lo general, son jóvenes.
La tosquera se menciona en las primeras escenas de la película y sale de la boca de Silvia. Ella es la más grande y fue incorporada al grupo por Diego. Silvia y Diego se conocieron por ICQ, un servicio de mensajería por internet anterior a MSN y mucho más anterior a WhatsApp. Silvia, Diego, Nati, Jose y su melliza están saliendo de una pileta municipal. Viven una juventud con lo justo en un escenario donde todo se fractura. El impulso vital solo aparece cuando están juntos, en sus conversaciones, en la música que escuchan y las aventuras que emprenden. Todo lo demás está muerto, roto o amenazado.
Mientras toman una Quilmes en la vereda, Silvia se queja del olor a cloro que le quedó en el cuerpo. Una de las mellizas le pregunta si tiene una pileta mejor y ella responde:
—No, pero conozco una tosquera. Hay que tomar el 307 y después caminar bastante pero vale la pena (…). Es enorme, agua bien fría. Tenemos que ir.
En el cuento, las amigas dicen que meterse en la tosquera es “como sumergirse en un milagro”. En la película, la tosquera es enorme, profunda y cristalina. Silvia explica que esa zona se iba a llenar de barrios privados pero “cuando el país se fue a la mierda se fueron cancelando todos esos proyectos”.
Las brujas
Un detalle de la película que atrapa es la cantidad de tomas en las que Natalia aparece junto a Jose y su melliza. Siempre las tres. Juntas. A la misma altura. Tanto que sus cabezas parecen pegadas, un mismo organismo, perturbadoramente unidas. Laura Casabé habló sobre esta búsqueda casi sensorial en la que se intenta representar un “coro de brujas”. En varias escenas hablan muy bajo, en susurro. Como en la de la pileta, donde observan a Diego quien se está por tirar al agua desde la torre que funciona como plataforma de salto y llega Silvia. Apenas la ven comienzan a susurrar sobre lo fea que es y cuán chato tiene el culo.
Enriquez, y posteriormente Casabé, hacen un corrimiento de la imagen de las brujas. Si históricamente estuvieron vinculadas a mujeres viejas, demacradas, casi seniles, inútiles y sin hijos, las brujas de La Virgen de la Tosquera no son nada de eso. En lugar de narices como ganchos, verrugas otúnicas, tienen “muslos dorados, tobillos finos y vientres chatos”, como dice el cuento. Son hermosas, jóvenes, flacas y vírgenes. En la película a las mellizas nunca se les conoce exactamente el nombre, una es Jose, la otra no sabemos pero tampoco es necesario. Son una o son tres, son brujas. En el cuento las narradoras son muchas, en plural, nunca se sabe su número pero ellas cuentan la historia. El único nombre propio es Natalia.
—Nati, tenemos que debutar. Hasta Candela ya estuvo con alguien en el viaje de egresados —, le dice una de las mellizas en la orilla de la tosquera.
Natalia es virgen, y a lo largo de la película va reconociendo las facultades que eso le da. Sus poderes tienen el objetivo de solventar la angustia, el enojo o el rechazo. En la pantalla se puede ver una experiencia fatal y profundamente adolescente: ser sexy, estar buena, atraer a los hombres, coger pero no ser puta, elegir pero no ser histérica, andar calladita. Dady Brieva, quien interpreta a Gerardo el novio de Rita, le dice en una discusión a Natalia: “Para tener novio primero tenés que cambiar la onda. Los chicos de ahora quieren otro tipo de relación con chicas que no tengan tantos problemas y vos estás llena de problemas. Llena de problemas”. Después de eso Natalia le estruja el pito con la mente hasta hacerlo sangrar.
Hay pocas cosas materiales que poseemos en la juventud: por eso son tan importantes las amigas y los amores porque, un poco, nos definen como personas.
Cuando Rita le pregunta a Natalia por qué se puso tan mal después de una llamada de Diego, ella responde:
—Tenemos un problema con una persona.
—¿Una persona que es mala?
—Es una persona que se quiere quedar con algo que siempre fue nuestro.
Natalia y las mellizas escriben el nombre “Silvia” en un papel. Rita lo quema, le quita el aire dentro de un frasco con una cruz y después lo ahoga con agua.
En la adolescencia, no tener aquello que queremos o no ser correspondidas es, en sí mismo, el terror.
Las pibas
La Virgen de la Tosquera se estrenó en el Festival de Cine de Sundance en 2025, se proyectó en el BAFICI y también en el Festival de Sitges, especializado en cine fantástico. Siempre con excelente recepción y a sala llena.
Volviendo a Lucrecia Martel, ella reconoce dos problemáticas a las que nos expone la actualidad: la aceleración del tiempo y la contracción del espacio. Respecto al primero, porque el tiempo vital, de la sangre, no es el mismo que el de las pantallas. El tiempo de las pantallas nos expulsa, “estamos quedando biológicamente afuera”. Sobre la construcción del espacio, se pregunta “¿cuánto de la ciudad hemos dejado de ver por ir con el celular?”.
Para contrarrestar estos problemas, Martel propone dos claves, por un lado, alterar la percepción que tenemos de nosotros mismos. Modificar nuestra condición de observación, romper las categorías y armar monstruos que manifiesten su potencia. Y, por el otro, expandir el espacio, inventar el camino, ir hasta donde no se llegó todavía y narrarlo. Así, La Virgen de la Tosquera responde con aquellas brujas adolescentes, la crisis vista como una maldición y la tosquera como un nuevo espacio para imaginar otras metáforas.
La Virgen de la Tosquera se hilvana con otras producciones que generan nuevos atajos para las narrativas audiovisuales latinoamericanas. Como Belén, Cometierra, El tiempo de las moscas y Reas, entre otras, que saltan de la literatura o el teatro al cine, documentan lo colectivo, las formas de la belleza, la rabia y lo que está a un carrito de convertirse en marginal, en un tempo orgánico y con lenguajes, paisajes, monstruos, orgasmos, crisis y miedos que reconocemos propios.
Javier Milei y su par paraguayo Santiago Peña esperan que Donald Trump les perdone la cuota de 1000 millones de dólares para formar parte de la nueva «Junta de la Paz» que inventó el presidente de Estados Unidos para reconstruir la franja de Gaza.
El «Board for Peace» fue creado por Trump como un espacio para promover soluciones pacíficas en zonas de conflicto, una competencia que tiene la ONU, cada vez más críticada por el republicano.
La semana pasada Trump puso en funcionamiento la junta que había anunciado en septiembre y la novedad fue la exigencia del pago de un canon para aquellos países que quieran sumarse para la reconstrucción de Gaza.
El canciller paraguayo Rubén Ramírez Lezcano leyó la letra chica de la carta de lanzamiento de la Junta de Trump y dijo que, si bien el documento menciona una contribución de USD 1.000 millones, la cifra no es un requisito exigible para la membresía general.
El artículo 2.2 inciso c de la carta establece que el período rotativo de tres años para los países miembro no aplicaría para aquellos que aporten más de USD 1.000 millones durante los primeros doce meses, una cláusula que sugiere la posibilidad de una membresía permanente ligada a una contribución extraordinaria.
Los paraguayos interpretaron que esta disposición está vinculada a un tipo de participación especial y no a la suscripción básica. Por eso el gobierno de Santi Peña aclaró que no realizará desembolso alguno. Se conforman entonces con ser miembros estándar de la Junta.
En el gobierno de Milei dijeron a LPO que esperan que Trump no quiera cobrarle a un aliado como la Argentina. Pagar la friolera de 1000 millones de dólares en un año en el que el país enfrenta vencimientos multimillonarios. Como anticipó este medio, Argentina arrancó el 2026 con un saldo a pagar de USD 57.000 millones de deuda para el próximo año y medio.
«Nos deberían eximir a nosotros», dijeron a este medio en el Ejecutivo. No descartan, de todos modos, ser beneficiados con una promoción exclusiva, como la de una línea de créditos para gozar de la suscripción premium al club de la paz de Trump. Si eso sucede, la Argentina tendría acceso a todo el material disponible para los miembros permanentes.
Mientras el presidente de YPF, Horacio Marin, se hace retratar como «El CEO del año», los números fríos de la petrolera cuentan una historia menos exitosa. El último trimestre publicado cerró con USD 4.643 millones de facturación, una pérdida de USD 198 millones y un flujo de caja negativo de USD 759 millones.
En los tres trimestres publicados del 2025 -faltan los números del último trimestre que se conocerán en marzo-, la petrolera de bandera bajo gestión libertaria, acumuló pérdidas por USD 150 millones. Y más preocupante: El flujo de caja libre, el dinero que queda después de pagar todo lo que hay que pagar, suma un rojo de USD 2.081 millones.
El agravamiento de la deuda completa el cuadro opaco de una gestión con muy buena prensa gracias al presupuesto desmesurado de publicidad -unos 100 mil millones de pesos sólo en 2025-. En diciembre de 2024 era de USD 6.800 millones de dólares y sobre el cierre de este año trepó a 9.595 millones. Un salto de más de 2.700 millones en pocos meses. Fuentes de la compañía afirmaron a LPO que estiman que, cuando se publique el último trimestre, el pasivo rozará los 11.000 millones.
El presupuesto de publicidad de YPF puede evitar que algunos medios miren sus números, pero no que lo hagan los inversores. LPO reveló que el rally que tuvieron las acciones de la petrolera desde que asumió Milei estaría tocando su techo y ahora el mercado quiere ver si Marin el balance de la compañía acompaña el relato libertario de una supuesta gestión exitosa.
Por ahora, para tapar los agujeros de su gestión, Marín remató activos estratégicos. El caso más escandaloso es Profertil. Una empresa líder en fertilizantes, con un Ebitda anual cercano a los 235 millones de dólares, una planta en Bahía Blanca que produce 1,3 millones de toneladas de urea y cubre el 60% del consumo local. Una máquina de dólares, como el propio Marín decía hasta que Economía empujó su venta, que casualmente quedó en manos de Adecoagro, empresa vinculada al máximo responsable de la política energética y ex CFO de YPF, Daniel González, que sigue teniendo peso en las decisiones de la petrolera estatal.
Se fumó Profertil para aguantar un año malo de precios y dejó hipotecado un activo estratégico. Marín es una máquina de tomar malas decisiones.
Marin vendió el 50% que tenía YPF en Profertil por USD 635 millones de dólares, algo así como tres años de Ebitda. Marín explicó que necesitaba liquidez para «amortiguar» la caída del Brent, que perforó los 60 dólares. Un barril criollo al revés. Sigue siendo un subsidio, solo que ahora se paga vendiendo patrimonio.
La línea profesional de YPF no disimula su enojo. «Se fumó Profertil para aguantar un año malo de precios y dejó hipotecado un activo estratégico», ironizó un directivo y agregó lapidario: «Marín es una máquina de tomar malas decisiones».
El diputado Benegas Lynch y el responsable del área energética, Daniel González.
En la misma lógica aparece Metrogas. YPF controla el 70% de la distribuidora, que tiene más de 2,25 millones de clientes y un Ebitda positivo de USD 198 millones. El plan es rematarla. Otra vez: activos rentables para sostener un esquema financiero fragilizado.
El remate continuó en los yacimientos convencionales, que benefició al ex macrista Javier Iguacel y otros amigos del poder. Pero la línea roja fue Manantiales Behr. No es un área menor. Está en la Cuenca del Golfo San Jorge y produce unos 25.000 barriles diarios de petróleo Escalante. Aporta cerca del 20% de la producción de Chubut. Es un campo donde YPF desarrolló recuperación secundaria y terciaria con inyección de polímeros. Innovación de desarrollo local aplicada a un yacimiento maduro.
La semana que pasó y luego de una sorda batalla interna, el directorio aprobó venderlo a libro cerrado por 575 millones de dólares. El comprador es Rovella Capital, una empresa de obras públicas sin experiencia en operación petrolera, involucrada en las coimas de la causa Cuadernos. De hecho, su titular, Mario Ludovico Rovella, fue señalado como el primer arrepentido en la causa Cuadernos. Para una empresa como YPF que cotiza en Wall Street y se llena la boca hablando de compliance, es una línea roja.
A esto se suma el fracaso del proyecto de GNL, que desde la petrolera prometia inversiones delirantes que llegaban hasta los USD 50 mil millones. Petronas se bajó cuando el Gobierno cambió de manera inconsulta la localización de la planta. Después se anunció a Shell, que también se fue. Hoy queda dando vueltas la italiana ENI, un jugador menor frente a los que se retiraron. «El GNL tiene potencial, pero el problema de Marin es que como hizo el kirchnerismo, se apresura a vender humo», explicó a LPO un petrolero.
Marín ha dedicado ingentes recursos a vender su figura. De hecho, en los primeros nueve meses de 2025, y según los balances, la compañía gastó nada más y nada menos que 88.057 millones de pesos en publicidad y propaganda. En dólares, alcanza casi los USD 75 millones sólo en 9 meses, lo que hace concluir que el año 2025 finalizará con USD 100 millones destinados al rubro.
El 16 de diciembre, Marín prometió que «esta semana o la otra» se firmaba el project finance con JP Morgan para Argentina GNL. Pasó más de un mes y nada. La mayoría de los medios publicaron el anuncio. Ninguno la demora. Por el contrario, el presidente de YPF fue premiado como CEO del año.
«Marín ha dedicado ingentes recursos a vender su figura. De hecho, en los primeros nueve meses de 2025, y según los balances, la compañía gastó nada más y nada menos que 88.057 millones de pesos en publicidad y propaganda. En dólares, alcanza casi los USD 75 millones sólo en 9 meses, lo que hace concluir que el año 2025 finalizará con USD 100 millones destinados al rubro», posteó el economista Hernan Letcher.
El problema es que el mundo no acompaña. Con Estados Unidos avanzando sobre el petróleo pesado de Venezuela, la oferta global puede aumentar y los precios estabilizarse en los niveles actuales. El Brent ronda los 62 dólares. El WTI, los 59. Y mientras Washington se apropia de crudo pesado, Marín liquidó activos de petróleo pesado bajo el argumento que son caros.
Protesta de petroleros frente a la sede de YPF en Chubut por el abandono de la Cuenca San Jorge.
Con el desprendimiento de áreas de producción convencional, YPF cargó al balance de 2023 un deterioro de activos por 2.288 millones de dólares. Después lanzó retiros voluntarios que dejaron un tendal social en Santa Cruz y Chubut: unos 8.000 trabajadores menos en la cuenca. Según surge de los balances bajo la etiqueta «mature fields», la empresa habría transferido unos 900 millones de dólares para financiar indemnizaciones. Vendió yacimientos, gastó cerca de 3.000 millones y nadie explica con claridad cuánto ingresó efectivamente.
«La decisión de abandonar la explotación petrolera convencional, y focalizarse en Vaca Muerta, la petrolera de bandera deja de participar en el desarrollo hidrocarburífero de manera integral», explicó un ex directivo de la compañía, y subraya focalización en Vaca Muerta no responde a una apuesta por expandir la actividad, sino a administrar los frutos de una inversión que ya fue realizada en años anteriores y que hoy entrega producción casi por inercia. No hay una estrategia de inversión para que la actividad crezca. Por el contrario las inversiones se destinan a incrementar la capacidad de evacuación de la actividad existente»
El foco se desplaza así hacia negocios que generan ganancias inmediatas, y entre ellos la gastronomía aparece como una prioridad creciente en la agenda de Horacio Marín. No es una interpretación: de los anuncios realizados en los últimos meses, los únicos que tuvieron algún grado de concreción avanzaron en ese sentido.
El llamado personal del presidente de la compañía a un pequeño emprendimiento de empanadas expone el nivel de involucramiento directo con el negocio gastronómico
Desde la expansión del modelo de estaciones con oferta gastronómica propia hasta la intención de convertir a YPF en un jugador relevante del negocio de la comida rápida en una alianza con Mc Donalds, la compañía parece encontrar más dinamismo en vender hamburguesas que en ampliar su núcleo energético.