Sociedad

  • Gracias, Javier. Gracias, Karina

     

    Comodoro Py es como una cocina que se recorre a ciegas. Se siente pero no se ve. Se huele que algo está pasando. El aire se vuelve denso. Los pasillos, hostiles. El frío, exagerado. La diferencia es que ahí nadie prueba nada mientras se prepara. Todos son indicios, nunca se sabe del todo lo que está por suceder hasta que el plato aparece sobre la mesa.

    En el edificio de Retiro las especulaciones circulan más rápido que los expedientes. Los periodistas merodean por salas donde alguna vez convivieron defensores, víctimas y funcionarios judiciales amontonados alrededor de una noticia. La semana pasada, el edificio parecía más vacío. Allí nadie necesita escuchar una conversación completa para saber que algo se viene. A veces alcanza una frase.

    —¿Dijo que pidió una parrilla con control remoto? —preguntó, entre atónito y resignado, un importante funcionario judicial a otro en el quinto piso, donde se llevan adelante las causas por corrupción y delitos contra la administración pública. Acababan de escuchar la entrevista radial del contratista de la casa de Adorni en Indio Cuá.

    La frase viajó rápido por el edificio. En la causa cobraron vida las imágenes que hicieron posible hablar más y mejor de ella:  una parrilla de miles de dólares, una cascada, un jacuzzi, apoyacabezas, ahorros en negro y un funcionario que seguía diciendo a las cámaras que no iba a responder porque podía entorpecer la investigación. En tribunales, la defensa empezó a leerse al revés. Cada explicación abría una medida. Cada frase pedía un chequeo. Cada intento de cerrar el tema producía una pregunta nueva.

    La defensa pública de Adorni empezó a convertirse en un problema judicial. Quizás la estrategia política y comunicacional con la que intentó zafar del escrutinio público y de la investigación patrimonial quede como una de las peores defensas de la historia política argentina. Quizás ni siquiera llegue a eso. Tal vez nadie aprenda nada de esa defensa, salvo lo más básico. Que así no se hace. Adorni habló cuando debía callar, calló cuando debía explicar, se mostró soberbio cuando le pedían documentos y se mostró ingenuo cuando quiso justificar la plata.

    Manuel Adorni tuvo que irse por escrito. Apenas unas horas antes que la selección argentina jugara su tercer partido del Mundial, el ex jefe de gabinete publicó una carta dirigida al Presidente. Convirtió su salida en una escena de daño personal. Habló de ataques, de mentiras, de hostigamiento y de su familia. Se colocó como víctima cuando la investigación todavía le pide explicar su patrimonio en una causa por enriquecimiento ilícito. “Usted sabe todo lo que he sufrido durante este tiempo”, le dice a Milei. El sufrimiento se imposta como prueba de inocencia. El texto pide que miremos a un hombre cansado.

    El funcionario que había construido la voz del ajuste quedó atrapado por una pregunta simple: ¿de qué vivía?

    La carta también marca el cierre de una estrategia. Durante cien días, Adorni había intentado hacer algo que nunca consiguió. Decir que ya estaba todo dicho. Dar una explicación incompleta y presentarla como final. Escudarse en la justicia para no responder en público, mientras tampoco respondía todavía en la justicia. Cada vez que apareció un documento, un gasto, una escritura, una factura, una deuda o una declaración testimonial, su defensa fue correr el límite de lo contestable. Decía que no podía hablar porque podía entorpecer la investigación. Decía que no había nada más. Decía que estaba todo claro. Pero lo único que se acumulaba eran preguntas.

    En abril, cuando Anfibia profundizó en el caso , la pregunta todavía era por el modo en que su figura condensaba una incomodidad mayor. Hay causas de corrupción que involucran al gobierno más graves que la que investiga al ex vocero. Pero el foco volvía a Adorni. El funcionario que había construido la voz del ajuste empezaba a quedar atrapado por una pregunta simple: ¿De qué vivía?

    La cascada

    Fueron cien días. No hubo una sola explosión. La caída fue por acumulación. Primero una foto, después un silencio, después un avión presidencial, después un jet privado, después una disculpa. Después una casa. Una escritura. Una hipoteca. Una escribana. Una reforma con cascada, jacuzzi y parrilla de miles de dólares. Una confesión sobre ahorros en negro. Tarjetas ajenas para comprar objetos gamer. Cada dato parecía menor. Hasta que se pegaba al anterior y ya no lo era. Una cascada de episodios de corrupción que fueron llevando el agua al cuello del jefe de ministros. Es importante revisarlas, entender el modus operandi y, sobre todo, pensar lo que queda abierto y qué significa este caso para el gobierno y la política argentina.

    El primer episodio fue en Nueva York. Milei viajó con una comitiva oficial y visitó la tumba del rebe de Lubavitch, en Queens. Una foto publicada por Radio Jai mostró a Bettina Angeletti, esposa de Adorni, en la visita. El Gobierno tardó cuarenta y ocho horas en confirmar si había viajado en el avión presidencial. Ese silencio fue el primer síntoma. Nadie imaginaba todavía que era también el primero de muchos. El entonces jefe de gabinete se defendió. “Vine a deslomarme” explicó.

    A los pocos días se conoció un video de la familia Adorni subiendo al jet rumbo a Punta del Este. Con ellos estaba Marcelo Grandío, periodista, amigo íntimo del funcionario y dueño de una productora con contratos con la TV Pública. Que también se encuentra investigado por el delito de dádivas en otra de las causas que involucran a Adorni en Comodoro Py. El ex vocero explicaría luego que cuatro días en Punta del Este habían sido “lo único” que se había permitido en un año y medio. La frase duró poco. Después aparecieron otros viajes, otros gastos, otras vacaciones. 

    En la misma semana apareció la casa del country. La Nación confirmó, con documentación catastral, que Angeletti había registrado a su nombre una propiedad en Indio Cuá, en Exaltación de la Cruz, en noviembre de 2024. Adorni no la había declarado en su presentación 2025. La sumó recién en mayo con la investigación penal ya en curso.

    —¿Dijo que pidió una parrilla con control remoto? —preguntó, entre atónito y resignado, un funcionario judicial a otro en el quinto piso de Comodoro Py, donde se llevan adelante las causas por corrupción y delitos contra la administración pública.

    Entonces llegaron las facturas del vuelo. El tramo de ida, por 4830 dólares, estaba a nombre de ImHouse, la productora de Grandío. El regreso formaba parte de un paquete de diez vuelos comprado por el piloto Agustín Issin Hansen, que luego revendió los pasajes de los Adorni a Grandío por 3000 dólares. La historia se llenaba de nombres laterales que lejos de dar una explicación arrojaban más preguntas.

    Adorni enfrentó una conferencia de prensa. Un periodista le pidió un comprobante por su viaje en avión privado. Adorni no mostró nada. Resaltó que sus respuestas podrían entorpecer la investigación. No respondía ante la prensa porque había una causa judicial. Tampoco respondía en la causa judicial porque todavía no había llegado su turno. Entre una cosa y la otra, el silencio funcionaba como defensa.

    Ese mismo día se supo que había comprado una unidad en Miró al 500 sin haber vendido la que tenía en Parque Chacabuco. Las vendedoras eran dos mujeres. Claudia Sbabo y Beatriz Viegas. La operación se registró por 230 mil dólares. En la escritura declararon que le financiaban 200 mil dólares mediante un crédito hipotecario. Una era retirada de la Policía Federal. La otra, su hija.

    Para abril, con la causa judicial avanzada en Comodoro Py, la justicia ya tenía en mira una lista de movimientos de dinero que incluían gastos inmobiliarios no documentados por 65 mil dólares en efectivo, viajes por más de 27 mil, deudas nuevas por 35 mil, compras de propiedades, hipotecas, vuelos, hoteles, refacciones, adelantos en efectivo. Adorni había informado ahorros por 48.720 dólares. ¿De dónde sacó la plata? ¿Dónde estaba? ¿Por qué no aparecía antes?

    La escribana Adriana Netchevenlo declaró ante la justicia y eligió una frase que resumía lo que ningún análisis político habría podido ordenar. “Se le dio todo junto”. Todo junto. El ascenso, la exposición, la jefatura de Gabinete, las propiedades, las deudas, los gastos, las sospechas y las preguntas judiciales.

    Una mañana de mayo, en medio de un desfile de testigos que caminaron los pasillos de los tribunales federales, apareció el contratista de la casa del country. Matías Tabar declaró ante el fiscal Gerardo Pollicita que los Adorni lo contrataron para una reforma integral. Aportó una planilla. Números prolijos. 245.929 dólares en efectivo. 

    En su carta de renuncia, Adorni se colocó como víctima cuando la investigación todavía le pide explicar su patrimonio en una causa por enriquecimiento ilícito. El sufrimiento se imposta como prueba de inocencia. El texto pide que miremos a un hombre cansado.

    La peor defensa de la historia

    Después llegó el gran día. Adorni presentó su declaración jurada. Y en el mismo movimiento se autoincriminó. Fue a los estudios de La Nación, lo entrevistó José Del Río y admitió que había ocultado ingresos en sus declaraciones juradas por al menos 500 mil dólares. “Invertimos 200 mil dólares en Bitcoin y ganamos unos 300 mil” reveló. “No lo declaramos porque la manera de escaparte de la vieja política era ahorrando en negro. No se me hubiera ocurrido nunca ahorrar en blanco, menos en esos años”. La frase que buscaba ordenar la defensa produjo otra cosa. El jefe de Gabinete reconocía dinero no declarado mientras seguía en funciones. “Si Adorni viene a la justicia con las explicaciones que dió anoche en la televisión va a estar muy complicado” dijeron al día siguiente fuentes judiciales.

    Ese fue el punto en el que su defensa pública empezó a convertirse en un problema judicial. 

    Quizás la estrategia política y comunicacional con la que intentó zafar del escrutinio público y de la investigación patrimonial quede como una de las peores defensas de la historia política argentina. Quizás ni siquiera llegue a eso. Tal vez nadie aprenda nada de esa defensa, salvo lo más básico. Que así no se hace. Adorni habló cuando debía callar, calló cuando debía explicar, se mostró soberbio cuando le pedían documentos y se mostró ingenuo cuando quiso justificar la plata.

    El último dato llegó con las tarjetas. Adorni había comprado un monitor gamer y dos proyectores para videojuegos por 5.848.589 pesos. La adquisición salió desde su cuenta, pero con tarjetas de crédito ajenas, pertenecientes a dos empleados públicos que trabajaban bajo su órbita. Era un dato menor frente a una casa en un country o una reforma de casi 246 mil dólares. Pero después de los vuelos, las hipotecas, las financistas, el jacuzzi y los dólares, también el caso reveló que Adorni usaba a sus empleados para comprar tecnología de videojuegos. Algo parecido sucedió con la compra de ropa blanca para la casa de Indio Cuá. Una secretaria le facturó 8 millones de pesos en colchones, sábanas, almohadas y un edredón. 

    La cronología tuvo un patrón. El Gobierno calló. Adorni habló. Apareció un documento. Adorni volvió a hablar. Apareció otro dato. Cada explicación llegó un poco tarde. Cada frase abrió una puerta. Cada puerta llevó a alguien más. La esposa. El amigo. La escribana. Las financistas. El contratista. El piloto. Los empleados públicos.

    La carta intenta comprimir esa acumulación en hostigamiento. “Las mentiras que se han dicho fueron de lo más variadas”, escribe Adorni y mezcla viajes que nunca existieron, gastos astronómicos, contratos inexistentes, granjas cripto, fondos públicos, un supuesto pendrive “lleno de dólares”, sociedades en Uruguay, cirugías estéticas y millones pagados para que nadie hablara. En la lista queda mezclado. Lo investigado, lo publicado, lo falso, lo ridículo, lo pendiente. “Me han tratado de delincuente y corrupto sin un solo hecho de corrupción sobre mis espaldas”, escribe. Un hombre honesto acusado por otros. Un funcionario leal dañado por una máquina de operaciones. 

    Adorni habló cuando debía callar, calló cuando debía explicar, se mostró soberbio cuando le pedían documentos y se mostró ingenuo cuando quiso justificar la plata. La estrategia con la que intentó zafar quizá quede como una de las peores defensas de la historia política argentina. Quizás ni siquiera llegue a eso.

    Pero Adorni era un riesgo institucional. La oposición pidió interpelarlo en Diputados y avanzar con una moción de censura. Los proyectos que el oficialismo quería impulsar empezaron a naufragar. Con él en el gobierno los deseos presidenciales comenzaron a quedar truncos. El costo de sostenerlo ya no se medía sólo en términos judiciales. También se medía en votos, en agenda, en gobernabilidad, en la posibilidad de que otros funcionarios empezaran a caer arrastrados por la misma interna que Milei buscaba contener.

    “El ensañamiento tiene un límite y yo he descubierto el mío”, escribió en la carta. La frase buscó humanidad. También marcó el fracaso de un personaje político construido sobre la dureza. Durante meses, Adorni fue una de las voces más eficaces del ajuste. Habló de curros, de privilegios, de gastos, de cajas, de abusos y de vivos. Había que aceptar el sacrificio como método. Cuando la sospecha llegó a su patrimonio, el lenguaje cambió. Aparecieron el dolor, la familia, la espiritualidad, la honra y la paz interior. “Tal vez simplemente ocurre que a la gente común no le permiten estar en estos lugares” lamentó.

    La frase quiso ubicarlo fuera del poder en el mismo momento en que se despide desde el centro del poder. Adorni fue jefe de Gabinete de Ministros de la Nación. Tuvo despacho, firma, equipos, presupuesto, acceso al Presidente y una voz central en la administración del ajuste. Milei lo sostuvo durante semanas, lo defendió, denunció operaciones, evitó soltarlo mientras el caso avanzaba. La protección tenía un sentido político. Adorni era más que un funcionario. Había sido vocero, candidato, ganador en la Ciudad y jefe de Gabinete. Su ascenso había sido tan veloz como su deterioro. Soltarlo implicaba admitir que el problema había llegado demasiado cerca. Sostenerlo empezó a costar más que dejarlo ir.

    También había otra razón. Milei acababa de designarlo jefe de Gabinete. Adorni era una pieza demasiado propia como para entregarla rápido. Dejarlo caer demasiado pronto podía habilitar una dinámica peligrosa dentro de un oficialismo atravesado por internas. Si un funcionario caía por presión política, otros podían empezar a cargarse entre ellos. La permanencia de Adorni fue una manera de evitar que la crisis se ordenara como una cacería interna.

    La renuncia trae otra escena

    Veinticuatro horas antes de la renuncia, el Presidente cruzó el Atlántico y en su primera intervención en su viaje a España dijo lo que haría ante una eventual condena sobre Adorni. “Lo eyecto de una patada”, explicó. Mientras no hubiera condena, Adorni seguía. Pero el problema era político antes de ser penal. No necesitaba esperar una sentencia para medir el costo de tener al jefe de Gabinete atravesado por una investigación patrimonial, una interpelación posible y una moción de censura en la mesa.

    El sábado Milei lo soltó. Tarde. Lo soltó cuando la protección política ya no alcanzaba para blindarlo y cuando esa misma protección empezaba a volver más peligrosa la situación judicial del funcionario. Porque cuanto más tiempo siguió Adorni en el cargo más se le pidió que hablara. Cuanto más habló, peor se defendió. Cuanto más intentó explicar, más material produjo. La estrategia que le permitió resistir unas semanas puede terminar siendo la que lo deje más expuesto.

    La renuncia llegó con una carta que prefiere hablar de amor, dolor familiar y persecución. Llegó después de cien días de revelaciones. Llegó cuando el respaldo presidencial ya no alcanzaba para blindarlo. Llegó cuando Adorni ya no tenía demasiadas excusas públicas para seguir sin responder. Por eso se colocó como víctima. Por eso se presentó como un silenciado. Por eso escribió. Porque hablar ya le salió demasiado caro.

    Veinticuatro horas antes de la renuncia, el Presidente dijo lo que ante una eventual condena sobre Adorni “Lo eyecto de una patada”. Pero el problema era político antes de ser penal.

    “Gracias Javier. Gracias Karina”.

    La renuncia puede aliviar al Gobierno por un tiempo. Saca del despacho a un funcionario que ya era una carga, reduce el ruido, le permite a Milei decir que sigue adelante. Pero deja una imagen que no se borra fácil. Tampoco se borran con la renuncia de Adorni todos los frentes judiciales y los casos de corrupción que tienen sucios los despachos, los pasillos y otras figuras clave del gobierno. 

    Asume Santilli, que repite su rol de rueda de auxilio para ocupar un lugar caliente e intentar un fast washing de la cara del gobierno (hizo lo mismo cuando cayó en desgracia Espert y lo reemplazó en la candidatura para diputados en octubre del 25). De paso, ayuda a aliviar las diferencias entre libertarios y el PRO que parecían recrudecer por culpa de Manuel.

    Mientras tanto, la pregunta por la corrupción libertaria ahora cambió. Ya no alcanza con saber por qué el caso de Adorni generaba más indignación que otros expedientes más voluminosos como la criptoestafa $LIBRA o el desvío en los fondos de la Agencia Nacional de Discapacidad. La renuncia de Adorni trae otra escena. Qué pasa cuando el funcionario que mejor explicó el ajuste deja el Gobierno porque no pudo explicar su patrimonio. Qué pasa cuando la moral que ordenaba el sacrificio queda atrapada entre una casa en un country, una cascada, ahorros en negro, tarjetas ajenas y una carta de amor al Presidente y a su hermana.

    La respuesta todavía se escribe en los tribunales, en la Casa Rosada y en esa superficie más difícil de medir que es el clima social. La carta quiso fijar una versión. Quiso convertir una investigación patrimonial en una historia de persecución, quiso transformar una salida forzada en gesto de lealtad, dejar asentado que el daño vino de afuera, de los medios, de la política, de los otros.

    En agosto, Adorni va a ser citado a Comodoro Py para explicar su patrimonio y su evolución. Va a tener que sentarse frente al fiscal y responder lo que no respondió en la conferencia de prensa, lo que no aclaró en televisión, lo que la carta no pudo cerrar. 

    Como dicen en tribunales, los papeles mandan.

    La entrada Gracias, Javier. Gracias, Karina se publicó primero en Revista Anfibia.

     

  • La inflación en dólares frenó los emprendimientos de pozo y solo sobreviven los premium

     

    La inflación en dólares en la construcción complica los desarrollos de pozo en la Ciudad de Buenos Aires y los emprendimientos premium son los únicos rentables. 

    Con un costo de la construcción que aumentó más de 24% interanual en dólares, los departamentos de pozo dejaron de ser el refugio de valor de la clase media alta. Los monoambientes que eran la estrella del mercado hace pocos años, fueron perdiendo terreno. «La falta de ahorro disponible hizo que haya mucha menos gente con posibilidades de invertir», explicó un experimentado desarrollador porteño.

    La tipología más dinámica de los últimos dos años fueron los 2 y 3 ambientes, especialmente en 2025 por el crecimiento del crédito. El problema para los desarrolladores es que continúa habiendo un stock muy grande de viviendas usadas y que los bancos casi no prestan. Entre marzo de 2025 y marzo de 2026, la cantidad de departamentos en construcción cayó 30%. En ese mismo período, la cantidad de usados en el mercado aumentó casi 25%.

    «Tenemos muchos interesados que vienen a ver los proyectos, pero después no quieren validar el precio», explicó a LPO un jugador top de la Ciudad.

    El costo del metro cuadrado nuevo se duplicó entre 2023 y 2024. Si bien los desarrolladores sostienen que el costo durante el kirchnerismo era «artificial», el sinceramiento libertario hizo estallar al mercado.

    Caputo festejó el dato de industria y construcción, pero los números del Indec muestran caídas

    En 2025, el incremento del costo se desaceleró, pero igualmente subió otro 24%, un valor que restringe el público de viviendas a estrenar. Si buscan un precio competitivo, los desarrolladores terminarán perdiendo dinero porque no llegarán a cubrir el costo de reposición de los materiales.

    «Un desarrollo inmobiliario tiene tres ejes: el terreno, el costo de la construcción y el margen. Los terrenos bajaron muy poco. El costo se duplicó, por eso los márgenes se redujeron mucho», se lamentó un desarrollador que está por comenzar con un emprendimiento top en Núñez.

    Un desarrollo inmobiliario tiene tres ejes: el terreno, el costo de la construcción y el margen. Los terrenos bajaron muy poco. El costo se duplicó, por eso los márgenes se redujeron mucho

    Ese segmento es el que mejor funciona. El costo del metro cuadrado sin contar la tierra supera los 1300 dólares. Para un emprendimiento de gama media en Caballito, sumando el terreno y también el margen, el valor queda cerca de 2000 dólares.

    «Por menos que eso hay departamentos usados en Caballito. Por ahora el público va por el usado», dijo el desarrollador que comenzará a construir en los próximos meses.

    ¿Eso significa el fin de los pozos? Por el momento seguirán funcionando en los barrios caros como Puerto Madero, Palermo o Belgrano, y en algunos de clase media alta del corredor norte, como Colegiales y Núñez.

    En una ciudad como Buenos Aires, donde hay sobreoferta de departamentos ABC1 y escasez de vivienda para los sectores medios, esa tendencia es problemática.

    Desde mayo hasta octubre de 2025, la escrituración de viviendas en la Ciudad venía en subida. Pero el proceso de interrumpió y vino una pequeña reactivación en marzo. En abril el interanual quedó igualado.

    En el mundo de los desarrolladores le ponen fichas a la reactivación del crédito, que el gobierno liquidó para enfriar la economía, aunque no se ve en el horizonte una reactivación.

    Quienes venden de pozo lo hacen porque necesitan el dinero con urgencia o porque necesitan financiar otro proyecto de más potencial.

    «Hasta que el mercado termine de absorber el stock de usados esto va a ser así. Recién cuando haya caído mucho la oferta se va a recuperar el pozo. Rezamos todos los días para eso», se esperanzó el desarrollador top.

     

  • Santilli acordó con los Milei sus roles como jefe de Gabinete: vocero, relación con el Congreso y control de gestión

     

    En lo que fue una impactante primicia de LPO del viernes al mediodía, Diego Santilli fue confirmado este domingo como nuevo jefe de gabinete y logró asegurarse que la jefatura absorberá el Ministerio del Interior y tendrá roles muy importantes en la gestión política. La jura será el próximo martes a las 16 horas en la Casa Rosada.

    La designación fue anunciada a través de un tuit de Javier Milei que adelantó que «están delineando los fundamentos para una transición ordenada del cargo», junto a Karina Milei. Se buscó que el Presidente recuperara algo de centralidad en la decisión, luego que la primicia de este medio expusiera que fue su hermana la que tomó la decisión del relevo de Adorni y eligió el sucesor, mientras el estaba en España.

    Los términos del nuevo rol de Santilli se terminaron de acordar esta noche, en la reunión que el todavía ministro del interior tuvo con los hermanos Milei en la Quinta de Olivos. 

    Santilli tendrá un importante de vocero del gobierno, en un trabajo complementario con el el economista y exdiputado nacional, Adrián Ravier, que fue designado la semana pasada. Pero pederá la Secretaría de Medios que dejará de depender de la Jefatura de Gabinete para pasar a depender de Karina Milei. Fue la formalización de una decisión tomada, antes del arribo de Santilli a la Jefatura. Karina se consolida como el eje del gobierno.

    Santilli consiguió sin embargo conservar el Ministerio del Interior que volverá a la órbita de la jefatura de Gabinete y quedará a cargo de su mano derecha, Gustavo Coria. En la vicejefatura de Gabinete seguirá Ignacio Devitt.

    Otro rol que tendrá el nuevo ministro y que lo diferencia de Adorni será el de seguimiento de gestión, una tarea que supo llevar a cabo cuando era vicejefe de Gobierno de la gestión de Horacio Rodríguez Larreta.

    Karina capitana 

    A través de está función, el funcionario se tiene fe para encauzar la gestión. En ese sentido, el ministro del Interior llega a la jefatura un hombre de Karina Milei, pero tiene buena relación con Santiago Caputo. Su objetivo es no meterse en esa pelea, habrá que ver si logra evitar que lo metan.

    Karina MIlei le sacó a la Jefatura de Gabinete la Secretaría de Medios que ahora dependerá directamente de ella, pero santilli absorberá el ministerio del Interior.

     Por otro lado, Santilli cree que su arribo a cargo más importante del gabinete no perjudicará sus chances de ser candidato a gobernador por la provincia.

     «Se tiene mucha fe para encarar este desafío», dijo a LPO un dirigente porteño, que recordó cuando asumió como ministro de Seguridad de la Ciudad en medio de un escándalo y logró encarrilar la gestión.

    Ahora el gobierno dice que Quirno sigue en carrera para la jefatura de gabinete 

    En el ministerio del Interior recuerdan que ni bien asumió el año pasado, a Santilli le pusieron a Adorni de stopper. El jefe de gabinete se le colaba en todas las reuniones, pero a base de trabajo político, Santilli logró gambetear airoso esa marca personal hasta que Adorni se autodestruyó con sus gastos desaforados.

    Otro capital que tiene Santilli, afirman sus colaboradores, es que a diferencia de sus antecesores Nicolás Posse, Guillermo Francos y Manuel Adorni, cuenta con el respeto del sistema político que lo considera uno de los suyos.

     

  • Quirno tuvo que soportar que lo usaran para tapar la elección de Santilli

     

    La llegada de Diego Santilli a la jefatura de Gabinete dejó a Pablo Quirno en un lugar de extrema incomodidad. El canciller estaba seguro que sería el reemplazante, así se lo hizo saber a su entorno y los colaboradores mas cercanos que lo acompañan en el ministerio. 

    «Estaba agrandado, seguro que era él», dijo a LPO un funcionario de la Cancillería que lo frecuenta a diario. Quirno es un hombre experimentado, pero la vanidad pudo más que el análisis político y terminó siendo un peón en el juego grande de Karina y los Menem. 

    Este medio adelantó en abril que volvió de la visita oficial al Estado de Israel en estado de éxtasis porque estaba convencido que había logrado asegurarse el apoyo de Karina Milei para ser el próximo jefe de Gabinete. 

    Karina capitana 

    Por eso cuando luego que LPO publicara el viernes al mediodía la impactante primicia que Diego Santilli era el nuevo jefe de Gabinete y la Casa Rosada agitó el nombre del canciller para dar la impresión que la decisión final se tomaría al regreso de Milei de España, Quirno se la creyó.

    Quirno andaba agrandado, estaba seguro que era el elegido para la Jefatura de Gabinete.

    El buen vínculo de Quirno con Karina es real pero difícilmente el Canciller hubiese el elegido. La razón es que para la hermana de Milei y los Menem, Quirno juega con Santiago Caputo, que al final del día es aliado de Santiago Caputo.

     Lo que terminó de cerrarle toda posibilidad fue el affaire Rufus en donde el ministro tuiteó en favor de las Fuerzas del Cielo. Ruffus es Martín Menem, que es Karina Milei. 

    Además, Quirno es de los funcionarios que entregó el manejo de su red social X al equipo de Santiago Caputo, lo que explica su estilo por momentos agresivo -ahora moderado- tan distante de su personalidad afable.

    Con la decisión tomada, el funcionario sumó otro enojo con los que empezaron a probarse el traje de Canciller ante una eventual salida. Uno de ellos es Guillermo Nielsen, actual embajador en Paraguay que se ofreció para reemplazarlo.

     

  • El mercado financiero brasileño comienza a ver a Lula como favorito tras el desgaste de la imagen de Flavio

     

    La crisis de imagen de Flavia Bolsonaro ya es motivo de análisis en el mercado financiero. Según una columna del periodista Lauro Jardim, publicada en O Globo, empresarios, banqueros y gestores de inversión de la avenida Faria Lima -el corazón del mercado financiero brasileño- empezaron a considerar a Lula como el principal favorito para las elecciones presidenciales de octubre.

    El artículo aclara que «el cambio de percepción no responde a un acercamiento ideológico del mercado al gobierno del Partido de los Trabajadores, sino a una evaluación pragmática sobre el escenario electoral». 

    De acuerdo con la publicación, el desgaste político de Flávio Bolsonaro y las dificultades que enfrenta para consolidarse como candidato competitivo llevaron a muchos actores del sector financiero a revisar sus pronósticos». 

    Brasil registra la tasa de desempleo mas baja en 14 años 

    La columna sostiene que, hasta hace pocas semanas, una parte importante del mercado apostaba por una disputa más equilibrada. Sin embargo, la difusión de audios vinculados al banquero y CEO del Banco Master, Daniel Vorcaro, habría deteriorado la confianza de inversores y empresarios en la viabilidad de su candidatura. 

    El cambio de percepción no responde a un acercamiento ideológico del mercado al gobierno del Partido de los Trabajadores, sino a una evaluación pragmática sobre el escenario electoral

    En ese contexto, las conversaciones reservadas entre referentes del mercado comenzaron a reflejar una nueva lectura: si la oposición no logra reorganizarse o presentar un candidato con mayor capacidad de ampliar su base electoral, Lula aparece hoy como el dirigente con mayores posibilidades de obtener la reelección. 

    La evaluación resulta significativa porque Faria Lima ha mantenido históricamente una relación compleja con el líder brasileño. Si bien existen diferencias con la política económica del gobierno, el mercado suele priorizar la previsibilidad política y la estabilidad institucional al momento de proyectar escenarios de inversión. 

    La nota de O Globo aclara que este cambio no implica un respaldo explícito a Lula, sino una modificación en las expectativas sobre el resultado electoral. En otras palabras, la percepción dominante entre numerosos operadores financieros es que, con la oposición debilitada, el presidente brasileño parte con ventaja rumbo a los comicios de 2026. 

    El movimiento refleja cómo la evolución de la campaña comienza a influir no solo en el debate político, sino también en las expectativas de los principales actores económicos del país, que ya ajustan sus proyecciones ante un escenario en el que Lula aparece, por ahora, como el candidato más fuerte para mantenerse en el poder.