Sociedad

  • En el axelismo creen que pueden sumar a Pullaro y Valdés a un armado electoral

     

    Axel Kicillof trabaja en silencio para seducir al radicalismo y sumarlos a su carrera para la presidencia. Todo es muy incipiente, pero en la provincia de Buenos Aires apunta a un acercamiento con el sector que lidera Miguel Fernández, mientras que en el resto del país busca tender puentes al menos con los gobernadores Maximiliano Pullaro y Juan Pablo Valdés.

    Armadores de Kicillof sostienen que los gobernadores de Santa Fe y de Corrientes podrían concretar un cierre electoral con Axel, antes que firmar un acuerdo con Javier Milei. Parte de esa premisa tiene que ver con el reciente viaje del bonaerense a Corrientes donde mantuvo un encuentro público con Valdés.

    Sin embargo, a pesar del optimismo del axelismo, los movimientos de Pullaro y Valdés no parecen tan claros. Por caso, el correntino tuvo que salir a decir, tras la foto con Kicillof, que está en contra de las PASO. Una manera de mantener abiertos los puentes con los libertarios.

    Kicillof visitó al radical Valdés en Corrientes: «tenemos el trabajo de construir una alternativa»

    Pullaro en tanto, parece más reticente todavía a un acuerdo electoral con el peronismo. Este viernes, el gobernador de Santa Fe se mostró en la capital junto a Mauricio Macri recorriendo obras del Estadio Multipropósito del Centro de Alto Rendimiento Deportivo (CARD).

    Las intenciones del gobernador de sumar al radicalismo a su armado político no son nuevas. Se sabe que en 2023 Kicillof le ofreció a Fernández -ex presidente del Comité Provincia- la vicegobernación. Fernández rechazó la oferta, en una decisión que hoy todavía se discute en algunos sectores del radicalismo.

    Mauricio Macri y Maximiliano Pullaro.

    En la provincia, pese a la lista de unidad que se logró semanas atrás, el radicalismo está fracturado. El senador Maximiliano Abad recuperó la conducción del Comité Provincia y busca un acuerdo con La Libertad Avanza o con un eventual resurgimiento de Juntos por el Cambio. Abad sostiene que el radicalismo debe ir a 2027 en un frente electoral.

    La elección de 2025 fue desastrosa para todo el radicalismo bonaerense. La alianza con Somos Buenos Aires lo llevó a perder nada menos que 149 concejales en los distritos, incluidos todos los concejales del conurbano. En la Legislatura bonaerense perdió 12 de los 14 legisladores que puso en juego.

    Intendentes radicales niegan un acercamiento a Kicillof y uno ya se lanzó para la Gobernación

    El radicalismo siempre tuvo un nicho de poder en la provincia: los intendentes que controlan distritos importantes del verde interior bonaerense. Sin embargo, en septiembre pasado 17 de los 28 intendentes perdieron la elección.

    A fines de mayo, un grupo de intendentes radicales se mostraron junto a Kicillof en un acto enmarcado en contratos de leasing del Banco Provincia. La foto disparó versiones que hablaban de un acercamiento al axelismo de los jefes comunales UCR.

    Lo cierto es que esos puentes siempre estuvieron abiertos. El diálogo abierto entre la actual administración bonaerense y el Foro de Intendentes radicales ya ha generado especulaciones de corte electoral y, en un caso, hasta sondeos de incorporación al gabinete.

    Como sea, las versiones obligaron una desmentida. En un documento, el Foro UCR señaló que no integran «ningún armado político impulsado por el oficialismo provincial». De paso, aclararon que nada tienen que ver tampoco con «el proyecto político del presidente Javier Milei». Esa movida, también forzó la candidatura de Franco Flexas, intendente de General Viamonte (Los Toldos) en la carrera por la Gobernación. 

     

  • Kicillof abre la negociación con los intendentes para aprobar su reforma en seguridad

     

    El gobierno de Axel Kicillof acelera la discusión de la reforma de la Ley de Seguridad Pública, proyecto que, en la última apertura de sesiones en la Legislatura, el gobernador adelantó que presentará para modificar la normativa que data de los 90.

    Para eso, profundizó esta semana la ronda de negociaciones que abrió el mes pasado en Escobar, cuando el Ministerio de Seguridad a cargo de Javier Alonso reunió a intendentes del Conurbano en Escobar.

    Como contó LPO, en aquella oportunidad también hubo un principio de acuerdo para empezar a dar forma a un proyecto de ley que vuelva a crear la Policía Municipal en los distritos de la provincia.

    Como sea, la descentralización y la necesidad de mayores recursos son aspectos que cruzan la discusión de políticas de seguridad en todos los municipios.

    En ese encuentro de Escobar, la Provincia reunió mayoritariamente a intendentes del peronismo, con la única excepción de Ramón Lanús que, a pesar de su extracción PRO, mantiene un diálogo fluído con la cartera de Seguridad provincial.

    El intendente de Chivilcoy, Guillermo Britos, durante el encuentro de este viernes entre intendentes de la Cuarta y funcionarios de Seguridad.

    Ahora, el gobierno de Kicillof expandió en debate a intendentes de otros espacios. Esta semana, realizó encuentros en tres secciones electorales (Cuarta, Quinta y Séptima), convocando a cerca de una treintena de jefes comunales, algunos de ellos radicales, vecinalistas y del PRO.

    El último de estos encuentros para debatir la reforma de la ley de seguridad pública se hizo en Chivilcoy, municipio gobernado por el vecinalista Guillermo Britos, de buena relación con el gobierno provincial y que esta semana se mostró en La Plata con Julio Alak, uno de los intendentes del peronismo que piensa en la Gobernación.

    En el gobierno de Kicillof  señalaron que la intención es construir una política de seguridad «que reconozca y fortalezca el rol de los intendentes», articulando ese trabajo con la función que cumple la Policía bonaerense dentro de una estructura de conducción provincial.

    En la Provincia sostienen que la actual ley no contempla gran parte de las herramientas que los municipios desarrollaron en las últimas décadas, como Centros de monitoreo, sistemas de alerta, programas de asistencia a víctimas e iniciativas de seguridad rural.

    En esos dispositivos y otros es que, sostienen, buscan darle un marco legal específico que las regule e integre dentro del sistema de seguridad provincial.

    En esa línea, señalaron que la intención es construir una política de seguridad «que reconozca y fortalezca el rol de los intendentes», articulando ese trabajo con la función que cumple la Policía de la Provincia de Buenos Aires dentro de una estructura de conducción provincial.

    Principio de acuerdo entre Kicillof y los intendentes para reflotar la Policía Municipal

    En los encuentros realizados esta semana en secciones electorales del interior bonaerense, los intendentes coincidieron en la necesidad de diferenciar las problemáticas que atraviesan municipios del interior con respecto a los del conurbano y que eso sea contemplado en la ley.

    «Pero los pedidos son los de siempre: falta de móviles, de personal, más recursos. Cada vez que se hacen reuniones con Seguridad, llueven los pedidos de ese tipo», dijo a LPO uno de los intendentes que participó de estos encuentros.

     

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    «No hay más secundario»: empresas de colectivos descargan la crisis sobre los estudiantes y ponen en jaque un derecho conquistado

     

    La escena se repite cada vez con más frecuencia y expone una realidad alarmante. Este mediodía, estudiantes que intentaban viajar con el boleto estudiantil secundario en la línea 8 recibieron una respuesta tan contundente como preocupante: «No hay más secundario», les dijo el chofer del interno 722. A partir de allí, los jóvenes quedaron ante una disyuntiva imposible: pagar una tarifa que muchos no pueden afrontar o descender de la unidad y perder la posibilidad de llegar a la escuela o retornar a sus hogares.

    Por Tomás Palazzo para NLI

    El episodio no aparece como un hecho aislado. Según denuncian usuarios y familias, situaciones similares comienzan a multiplicarse en distintas líneas de transporte, en un contexto marcado por el aumento permanente de los combustibles, la crisis financiera que atraviesa el sector y la reducción de la asistencia estatal. Sin embargo, detrás de cada estudiante obligado a pagar o a bajarse de un colectivo existe una pregunta de fondo: ¿quién debe garantizar el acceso a la educación, las empresas privadas o el Estado?

    Cuando la crisis la pagan los estudiantes

    El boleto estudiantil no es un beneficio comercial ni una concesión graciosa de las empresas. Se trata de una herramienta destinada a garantizar el acceso a la educación pública, evitando que el costo del transporte se transforme en una barrera para miles de familias trabajadoras.

    Cuando una empresa decide desconocer ese derecho o limitar su aplicación, el impacto no recae sobre balances empresariales ni sobre funcionarios. Lo sufren directamente los estudiantes. Cada viaje que deja de estar cubierto implica un gasto adicional para hogares que ya enfrentan aumentos constantes en alimentos, tarifas, alquileres y servicios.

    La consecuencia es tan sencilla como brutal: estudiar se vuelve más caro. Y cuando la educación pública comienza a incorporar costos que antes estaban garantizados por políticas estatales, quienes terminan pagando son los sectores populares.

    La situación remite inevitablemente a una larga historia de luchas estudiantiles. El reclamo por el boleto estudiantil forma parte de una tradición de organización juvenil que tuvo uno de sus capítulos más trágicos durante la dictadura con la recordada Noche de los Lápices, cuando estudiantes secundarios fueron secuestrados, torturados y desaparecidos tras participar, entre otras reivindicaciones, de la defensa de ese derecho. Por eso, cada retroceso en esta materia tiene una carga simbólica que trasciende la discusión económica.

    El Estado se corre y los derechos quedan a merced de privados

    La situación también expone una tendencia cada vez más visible durante la gestión de Milei: la retirada del Estado de áreas sensibles y la transferencia de responsabilidades públicas hacia actores privados.

    Desde NLI ya habíamos advertido sobre este fenómeno el pasado 26 de mayo, cuando se conoció la eliminación de compensaciones para los pasajes gratuitos de personas con discapacidad, en una decisión que no tuvo la trascendencia necesaria ni la dimensión esperada, oculta tras el mando de discusiones internas o Declaracines Juradas no presentadas. En aquel caso, el Gobierno dejó de financiar una política pública y trasladó la carga económica a las empresas, convirtiéndolas de hecho en administradoras de un derecho que debería estar garantizado por el Estado.

    Ahora el mecanismo parece repetirse. Mientras el transporte enfrenta aumentos de costos y problemas de financiamiento, los controles estatales brillan por su ausencia y los usuarios quedan atrapados en el medio. En lugar de garantizar el cumplimiento efectivo de los derechos adquiridos, el Gobierno parece optar por correrse y dejar que cada empresa resuelva la situación como considere conveniente.

    El resultado es previsible: cuando los números no cierran, quienes primero sufren las consecuencias son los sectores más vulnerables.

    Un nuevo golpe contra la educación pública

    La negativa a reconocer el boleto estudiantil no puede analizarse únicamente como un conflicto de transporte. También constituye un nuevo capítulo en el deterioro de las condiciones de acceso a la educación pública.

    Durante los últimos meses, estudiantes, docentes y universidades protagonizaron múltiples reclamos frente a recortes presupuestarios, pérdida salarial y reducción de programas de asistencia. Ahora, a ese escenario se suma la incertidumbre sobre una herramienta fundamental para que miles de jóvenes puedan asistir a clases.

    Detrás de cada estudiante obligado a pagar un pasaje que antes estaba cubierto existe una definición política. Porque cuando el Estado abandona su rol de garante y permite que derechos básicos queden sujetos a la capacidad económica de empresas privadas, lo que está en discusión ya no es solamente una tarifa de colectivo. Lo que está en juego es la igualdad de oportunidades.

    Y una vez más, quienes terminan soportando el peso del ajuste son aquellos que menos tienen y más necesitan de la presencia estatal para ejercer derechos que deberían estar fuera de cualquier discusión.

     

  • Los bancos de Wall Street destacan el salto exportador de la Argentina

     

    Dos de los bancos más influyentes de Wall Street coincidieron en los últimos días en una mirada más favorable sobre Argentina. Barclays publicó un informe titulado «Despertar exportador», mientras que JP Morgan volvió a destacar la consolidación fiscal y el interés que despierta el país entre los inversores internacionales. La conclusión común es que algunas de las variables que históricamente representaron una fragilidad para la economía argentina comienzan a mostrar una dinámica diferente.

    El reporte de Barclays sostiene que las cuentas externas dejaron de ser una vulnerabilidad para convertirse en una fuente de resiliencia. El banco destaca que los volúmenes exportados se ubican 17 por ciento por encima del récord previo y que el crecimiento ya no se explica únicamente por Vaca Muerta.

    Según el informe, bajo la administración de Javier Milei las exportaciones energéticas crecieron 92 por ciento, las primarias 28 por ciento, los alimentos procesados 15 por ciento y las manufacturas 9 por ciento. Para la entidad británica, se trata de un cambio relevante después de dos décadas de estancamiento exportador.

    La mejora también se refleja en la balanza comercial. Barclays estima un superávit de 27.000 millones de dólares para 2026 y prevé que la cuenta corriente cierre prácticamente equilibrada, una situación que considera favorable frente a otros países de la región.

    En medio de elogios, el FMI le exigió a Caputo que implemente un esquema de metas de inflación

    El optimismo no se limita al comercio exterior. El banco destaca que el ritmo de acumulación de reservas del Banco Central se encuentra entre los más fuertes de los últimos 25 años y considera que las metas acordadas con el Fondo Monetario Internacional podrían cumplirse incluso sin financiamiento adicional.

    JP Morgan, por su parte, pone el foco en la consistencia fiscal. Diego Pereira, economista jefe para América Latina de la entidad, afirmó recientemente que lo que más sorprendió a los mercados fue la velocidad con la que se corrigió el desequilibrio de las cuentas públicas y la capacidad del Gobierno para sostener el ajuste pese a los distintos shocks económicos y políticos.

    El CEO del JP Morgan, Jamie Dimon, con Milei

    Desde el banco estadounidense incluso plantean que la discusión entre los inversores ya no pasa únicamente por aprovechar oportunidades financieras de corto plazo. «Lo que se va a decidir en los próximos trimestres es si Argentina es un trade o una inversión», sostuvo Pereira, al describir el creciente interés que observa por parte de empresas y fondos internacionales.

    Sin embargo, en el mercado local advierten que el entusiasmo financiero todavía convive con interrogantes relevantes. Daniel Pesalovo, operador financiero, señaló que «hay un muy buen clima financiero, que puede estar descalzado de la realidad. Consumo, tejido social y economía real no son lo mismo que clima financiero».

    Para Pesalovo, la mejora de la inflación, el superávit fiscal y el fortalecimiento del frente externo explican el cambio de percepción de entidades como Barclays y JP Morgan. Sin embargo, considera que el verdadero examen todavía está por delante. «El mercado ya premió el ajuste fiscal, ahora espera los dólares», resumió.

    Hay un muy buen clima financiero, que puede estar descalzado de la realidad. Consumo, tejido social y economía real no son lo mismo que clima financiero

    El operador explicó que la acumulación de reservas durante una etapa de actividad débil resulta más sencilla porque las importaciones se mantienen contenidas, mientras que la cosecha gruesa aporta divisas. El desafío, agregó, será sostener ese proceso cuando la economía vuelva a crecer y aumente la demanda de dólares para importar bienes e insumos.

    «Wall Street quiere saber si Argentina puede acumular reservas mientras la economía crece, no si lo puede hacer durante una recesión», afirmó. En ese sentido, señaló que las apuestas oficiales sobre energía y minería aparecen como las principales herramientas para generar los dólares que necesita la economía en los próximos años.

    Una visión similar expresó Milo Farro, analista de Rava Bursátil. Según explicó, los grandes bancos de inversión comenzaron a mejorar sus perspectivas sobre Argentina apoyados en la acumulación de reservas, las proyecciones para Vaca Muerta y la disciplina fiscal. No obstante, advirtió que el escenario sigue condicionado por factores políticos y externos. Entre ellos mencionó el riesgo electoral de cara a 2027 y la evolución de las tasas de interés de Estados Unidos, que continúan en niveles elevados y podrían volver a transformarse en un desafío para los mercados emergentes.

    Leopoldo Oubiña, de PGA Valores, sostuvo que buena parte del optimismo actual se apoya en una combinación de factores que hace algunos años parecían difíciles de encontrar en simultáneo en la economía argentina: superávit fiscal, desaceleración de la inflación, apertura gradual del mercado cambiario y la expectativa de un fuerte ingreso de capitales asociado al RIGI, Vaca Muerta, el litio y el complejo agroexportador.

    Según el especialista, el Gobierno logró sostener una agenda de medidas ortodoxas que el mercado reclamaba desde hace tiempo. Entre ellas destacó la disciplina fiscal, la normalización cambiaria y, más recientemente, la compra de divisas por parte del Banco Central para fortalecer las reservas y cumplir con las metas acordadas con el FMI. «Todos estos datos en su conjunto convierten a la Argentina en un mercado atractivo», afirmó.

    Sin embargo, Oubiña advirtió que el principal factor de incertidumbre continúa siendo la política. A su entender, el mercado seguirá de cerca la capacidad del Gobierno para acumular reservas, afrontar los vencimientos de deuda previstos para 2026 y sostener una reducción del riesgo país que permita refinanciar obligaciones a tasas más bajas. En ese escenario, consideró que el mayor potencial podría encontrarse en las acciones vinculadas a los sectores energético y financiero, mientras que una eventual mejora en la clasificación de Argentina por parte de MSCI podría reforzar el interés de los inversores internacionales.

     

  • Patricia le avisó a Jorge Macri que se corre de la Ciudad: «No hice 50 años de política para terminar cambiando veredas»

     

    Patricia le avisó a Jorge Macri que se corre de la pelea por la Ciudad. «No hice 50 años de política para terminar cambiando veredas», le dijo la senadora libertaria, que está lanzada a la presidencia con el apoyo del establishment.

    La decisión de Bullrich remueve uno de los obstáculos más desafiantes que tenía Jorge Macri en la búsqueda de su reelección. El jefe de Gobierno igual piensa en un acuerdo con los libertarios que incluya una primaria con Pilar Ramírez o directamente una fórmula acordada.

    Mientras desafía a Milei, Bullrich comenzó a reunirse con empresarios y también con Mauricio Macri y con Jorge Macri. En esos encuentros comenzó a dar pistas sobre su futuro político. 

    Patricia no quiere saber nada con la Ciudad. Ya lo había escuchado Horacio Rodríguez Larreta cuando le ofreció la jefatura de Gobierno en 2023 para sacarla de la cancha.

    Macri se reunió con Bullrich para que se lance contra Milei: «La dejé aceleradísima»

    «Larreta cuando lo enfrenté, me ofreció el oro y después el oro y después el oro, si me bajaba y iba por la Ciudad, no lo hice entonces y no lo voy a hacer ahora», le dijo Bullrich a Jorge Macri, en el encuentro que tuvieron días atrás. 

    «Me dijo ‘Yo voy de presidente y vos de jefa de Gobierno y después venís vos. Yo le dije que no. Y ahora, menos'», insistió la senadora.

    Larreta cuando lo enfrenté, me ofreció el oro y después el oro y después el oro, si me bajaba y iba por la Ciudad, no lo hice entonces y no lo voy a hacer ahora.

    Bullrich cree que está frente a la última oportunidad para llegar a la presidencia. «Me queda un solo tiro y quiero jugar arriba, aunque pierda», agregó con el lenguaje llano que la caracteriza.

    La sentencia de Bullrich llevó tranquilidad a Jorge Macri, que tras la derrota en las elecciones locales parecía sentenciado, pero hechos con los que no tuvo nada que ver le removieron sus principales amenazas: primero Manuel Adorni que decidió detonarse su futuro político por ceder a sus impulsos de wannabe argento y ahora Bullrich que parece decidida a buscar la revancha en la presidencial.

    Karina ahora no descarta cerrar un acuerdo con Jorge Macri

    En el entorno de Jorge Macri el comentario de Bullrich trajo alivio y les abre incluso la posibilidad de acompañar su hipotética aventura presidencial si los Milei insisten en no acordar. Pero la prioridad para el jefe de Gobierno sigue siendo buscar un entendimiento con los libertarios.

    Como reveló LPO, hoy Jorge Macri está en mejores relaciones con los libertarios, que su primo Mauricio, enfocado de manera absoluta en evitar la reelección de Milei. El jefe de Gobierno porteño encontró buenos canales de diálogo con los libertarios a través de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva y su par de Economía, Toto Caputo, que acaba de liberarle cientos de miles de millones a la Ciudad.

    Contibuyó a mejorar la relación los diálogos del Tano Angelici con el presidente del banco Nación, Darío Wasserman y con su esposa, Pilar Ramírez, la jefa del bloque libertario en la Legislatura porteña. 

    En el entorno de Pilar Ramírez rechazan la idea de una primaria con Macri y supeditan la posibilidad o no de un acuerdo a la decisión de los Milei. «Falta mucho, hay que ver como está la economía el año que viene», explican.

    Tras las elecciones de mayo de 2025, LPO contó que Angelici quería reeditar Cambiemos junto a Jorge Macri, pero el jefe de Gobierno no parece entusiasmado con esa idea y prefiere al menos por ahora, ir a un acuerdo con los libertarios.

     

  • Sufrimiento y éxtasis ricotero

     

    Publicado el 16 de septiembre de 2013

    Mauro, 37 años, ricotero, entra en el autódromo de San Martín minutos antes de que el Indio salga a escena y se arrodilla. Besa el barro y apoya la cabeza en la bandera enrollada. El amigo se para y abre las manos mirando al cielo, como si la lluvia que no cae desde hace seis meses en Mendoza, fuera una bendición y no lo único que le falta a su viaje.

    —Llegué. Acá estoy pelado. ¡Acá estoy!- dice, uniformado con pañuelo árabe, sweater, jean topper blancas, una bandera que dice Misiones y la cara del indio, la frase: “tu esqueleto me trajo hasta aquí”.
    Salió hace 43 horas desde Misiones en un micro que se rompió dos veces en el camino. La última fue definitiva, a 20 kilómetros de llegar. Se bajó con el bolso y empezó a hacer dedo con sus tres amigos. Se dividieron en dos para poder llegar y todavía no pudieron reencontrarse. Tampoco saben cómo ni cuándo van a volver.

    ***

    Un día antes, al anochecer, la Ruta 7 empieza a cargarse. Los camiones entorpecen la hilera de autos y micros que marchan desde Buenos Aires hacia Mendoza: uno de cada cinco, uno de cada cuatro, uno de cada tres, dos seguidos; todos, llevan la insignia. En esta religión hay, como en casi todas, un solo Dios; pero las maneras de adorarlo y simbolizarlo, incluso de nombrarlo, son de libre albedrío: Indio o Patricio Rey, la reproducción del arte de Rocambole en cualquier disco, todas las frases que se hayan escrito en los treinta años de esta banda que hace una década se redujo a su líder.

    “Vamos a misa”, dice el ploteado en el parabrisas y en el capot de un Peugeot 307; “El que abandona no tiene premio”; “El lujo es vulgaridad”; “Vivir sólo cuesta vida”; “Tu esqueleto me trajo hasta aquí”; “Este infierno es encantador”; “Nadie es capaz de matarte en mi alma”; “Lo mejor de nuestra piel es que no nos deja huir”.

    No llevar bandera es traicionar el rito, como el católico que no se hace la señal de la cruz al pasar por una Iglesia. Que todos sepan que se es parte, es casi una condición.

    Belén y Kevin, de 26 y 38 años, entran en la estación de servicio de Rufino a los gritos y cantando. Se olvidaron la bandera en La Plata y no se bancan los 700 kilómetros que quedan con el auto despojado de identidad.

    —¿Tenés cinta aisladora? —le piden a la vendedora.

    —Sí.

    —¿De qué color?

    —Negro.

    —¡Esaaa! —grita Belén. A las 11 de la noche y con dos grados se ponen a “plotear” el Clio en el estacionamiento. Andrés, el más joven de los ocho que viajan juntos en dos autos, corta la cinta y Kevin la pega con una cuidada desprolijidad: se toma el tiempo para que las curvas sean curvas y que la distancia entre las letras sea más o menos pareja. El resto le festeja cada cinta que pega. Cuando termina, todos toman distancia para mirar cómo se ve desde lejos: INDIO.

    Ahora sí. Se sacan la foto y arrancan.

    Las banderas van enganchadas en el baúl y cubren toda la parte trasera de los autos. La fiesta ya empezó. Esta vez hace demasiado frío; si se pudieran abrir las ventanillas, se escucharían las voces entonando y desafinando un tema atrás del otro a todo volumen. Como ahora en la estación de servicio del kilómetro 350: un Fiat Palio musicaliza con Gulp y afuera los viajeros comparten una cerveza. Cada auto que llega se suma al ritual: el saludo, casi como un código, es cantar un poco de la canción que suena y mover la cabeza como afirmando lo que los une. Así, siempre el mismo gesto, tan emocionante como estúpidamente igual, se repite en cada parada; sean 450 kilómetros como en último recital, en diciembre de 2011 en Tandil, sean los mil que hay que hacer esta vez para llegar a Mendoza. En cada parada, una y otra vez.

    ***

    Elba no lo puede creer.

    —Imagínese que acá no tenemos ningún turismo. Es la que gente que anda de paso nomás o los viajantes. Pero ayer… Ayer eran micros, micros y micros —dice mientras sirve el desayuno en el Parque Hotel Laboulaye, un alojamiento rutero en el kilómetros 490 de la 7.

    Se calcula que entre el jueves y el viernes pasaron por ahí unas 50 mil personas. Novecientos o mil micros y cinco mil autos.

    —Esto yo no lo vi nunca, jamás, ni con el fútbol ni con nada —confirma el mito la señora— Cuando me dijeron que estemos preparados, yo no lo creía. ¿Quién es este indio que la gente hace tanto viaje para verlo? Ni que fuera la Virgen de San Nicolás. Después me dijeron que son los Redonditos de ricota. A esos sí los escuche, pero ¿tan famosos son? —pregunta con el sentido común del que mira desde afuera. Los que están adentro parecen haberlo perdido.

    —Gente grande, familias con chicos… Algo deben tener. La gente no es tonta.

    Cada ricotero tiene su ritual de entrada: besar el piso, alzar las manos y agradecerle a alguien -o algo- más allá de lo terrenal; correr como si hubiera por delante una línea de llegada; gritar, saltar, rodar. Llegar es también cumplir una promesa. 

    Como si se tratara de alcanzar la cima del Aconcagua, cruzar a nado el Río de la Plata o caminar hasta Luján. El momento se saborea como un logro personal, casi un sacrificio.

    Como si haber pagado una entrada de 300 pesos no alcanzara para tener derecho a ver el show. Algo de la operación básica del capitalismo se pierde en el transe. O se borra, porque sólo así puede haber mística. Y eso es lo que ellos necesitan. Nada más puede justificar el esfuerzo.

    Despojado de eso, el fenómeno se vuelve absurdo. Sus 120 mil protagonistas, simples víctimas de la industria del entretenimiento. 

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    La furia empieza con el anuncio. Un día, casi sin rumores previos, ocurre la aparición: Carlos Solari sale de la caja de cristal que se construyó para sobrellevar una popularidad que dice que no le gusta, que dice no quiere ni buscó; que dice ni siquiera entiende.

    —14 de septiembre. Mendoza.

    Con ese mensaje anónimo y sin sujeto alcanza. Como un virus que inocula hasta el último ricotero del país, la noticia entra en el cuerpo, la maquinaria se pone en marcha. Todos los recursos -propios, prestados o robados-, se ponen a disposición de una logística que empieza en ese instante y continúa los dos o tres meses que faltan para la peregrinación.

    Para muchos será corta: un avión y un lindo hotel que se paga con tarjeta de crédito. Para otros, empieza por ver cómo juntar los 300 pesos que esta vez cuesta la entrada.

    Él, Carlos Alberto Indio Solari, llegó en un chárter privado desde San Fernando. Sus músicos, en aviones de línea. Hace tiempo que el líder de la multitud dejó de tocar por el mango: se calcula que con este show embolsó unos 15 millones de pesos. Lo suficiente para recluirse otros dos años; lo suficiente para no trabajar nunca más, si quiere.

    ¿Cómo será la cabeza y el ego de un tipo que sabe que genera esto? No hay fanatismo que pueda obnubilar tanto como para no preguntarse esto cuando en el kilómetro 850, a 140 del destino y a 16 horas de haber salido, el tránsito se frena de manera imprevista: son diez kilómetros de cola, una hora después serán 20, dos más tarde ya llega a 30. Cuatro horas para avanzar 10 mil metros. Los más impacientes van por la banquina; al rato, de la banquina ya pasan a la tierra lindante a los alambrados o, directamente, al otro lado de la autovía para acelerar en contramano.

    —Imaginate al Indio en la suite del 5 estrellas viendo esto por la tele. No hay manera de no sentirte poderoso —dice uno de los fanáticos en el auto.

    La gente se baja, prepara un fernet al costado de la ruta o en el baúl, camina por el medio de los autos o charlando con el que maneja; avanzan a un promedio de 2,5 kilómetros por hora, envueltos en banderas; hablan de lo que se viene a la noche, de que hay que abrigarse, comprar Fernet, ubicarse bien para Jijiji.

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    Una botella de gaseosa cortada y doblada hacia afuera para no lastimarse. Una parte de Fernet y dos de Coca Cola. Laura y Marcela preparan el trago para el grupo en una barra improvisada en el baúl de un cero kilómetro, varias horas antes del recital. En la división de roles de esta noche, a ellas les toca armar el porro.

    Fernet, Coca Cola, marihuana y cerveza; la mezcla acompaña las horas de espera. Una semana antes del recital, en los alrededores del autódromo ya había cinco carpas; tres días antes, cincuenta; el viernes más de cien.

    El día del show, a partir del mediodía, llega la multitud. Y los alrededores del autódromo colapsan. Hay autos, traffics y micros seis kilómetros a la redonda. Desde esa distancia parte la peregrinación caminada.

    —Voy a verlo por primera vez. No lo puedo creer —dice Ignacio, un uruguayo de 25 años que llegó desde Montevideo con cinco amigos en uno de los treinta micros que partieron el viernes.

    —Vengo de San Antonio de Padua. A todos lados desde hace 20 años —dice Carlos. Una hora antes de que empiece el recital vendió las últimas dos petacas de vodka a 20 pesos. Las otras 98 a 25. En tres horas y media recaudó dos mil pesos limpios.

    —Me pagué el viaje. Negocio redondo.

    Como él, son muchos los que se financian el viaje con puestos improvisados de alcohol o comida, venta de pósters y remeras.

    El autódromo de la ciudad San Martín es un continuo de cabezas y capuchas, de banderas y brazos alzados; desde el centro de la multitud no se ve el horizonte: sigue y sigue. La sensación de eternidad se vuelve miedo cuando en el segundo tema todo ese centro empieza a bambolearse como si lo estuvieran revolviendo. Empujan para un lado y para el otro, no se puede salir, hay que ir en puntas de pie porque si uno se cae, todos caerán encima, empiezan los gritos y aparece el pánico. El Indio sigue cantando. Desde dónde él está, desde arriba, lo que se ve es otra cosa: 120 mil personas coreando su nombre, cantando que se vaya a tocar a la luna y que la luna van a copar.

    —Esto es una ciudad. ¿Se dan cuenta? Somos una ciudad —dice. Decir que tiene una ciudad a sus pies sería demasiado.

    Y sigue:

    —Me dicen que este es el show con entrada paga más multitudinario que se haya hecho. Yo se los agradezco. No me voy a cansar de agredecérselos.

    Al mensaje demagógico, la respuesta es crítica.

    —¿Cómo no lo vas a agradecer? Si te hacemos millonario. Dale, cantá loco, cantá —dice alguien.

    Suena el primer acorde del próximo tema y ya nada se cuestiona: cada letra es coreada como el padre nuestro. Se la cantan a él, a alguien que no está, a la cara unos a otros, amigos o desconocidos.

    Es como en el carnaval: la riqueza y la pobreza, el origen de cada uno, se olvidan en la fiesta. La multitud es homogénea cuando se hace masa, como un rebaño de ovejas obedientes. Al menos no en lo que dura este rito no hay robos ni descontrol; ni una sola pelea.

    —Acá todos queremos vivir la fiesta. No hay intereses ni egoísmo. Yo le convido porro a uno que tiene una 4×4 y él me da birra. Estamos todos para lo mismo —dice Paco. Llegó en un Renault 9 desde Wilde con cuatro amigos más. Un poco de ropa, unas frazadas para dormir en el auto, cuatro botellas de Fernet, tres vinos, 5 cervezas y una heladerita con hielo. Pero calcularon mal: a las seis de la tarde ya no tenían más alcohol.

    Sufriendo el mismo frío, vibran las mismas letras, acusadas de ser las más crípticas del rock nacional y que, sin embargo, crean eslóganes e identificación como pocas otras.

    La fe no desconoce el sacrificio.

    —Indio, ¡la concha de tu madre! ¿Te resbalás? ¿Te duele la garganta? Vení acá hijo de puta —grita uno cuando a cinco temas de empezar el show, la llovizna se hace lluvia y cae a dos grados bajo cero sobre cuerpos transpirados, aplastados, mal dormidos, colmados de alcohol.

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    —Hoy más que nunca prepárense para hacer el pogo más grande del mundo —dice Solari justo a la medianoche, después de dos horas de show en las que hubo tantos clásicos de los Redondos como de su etapa solista.

    Las luces se apagan y empieza a sonar Jijiji. Como la asunción del Indio Solari a la categoría de líder, que esta canción y no otra sea el himno de cierre, no admite explicaciones. Desde los primeros shows de los Redondos fue así. Y nadie quiere que cambie. El ritual repetido, una y otra vez, es lo que moviliza. Es lo que se va a buscar, lo que se disfruta.

    Al borde de la hipotermia, todos saltan en una euforia irrepetible. Los gritos, ya afónicos, son los más fuertes de la noche. Se arman rondas por todo el autódromo y los cuerpos se cruzan, chocan, giran, van y vienen; las banderas se agitan. La sensación de que se termina es más excitante todavía. “Estos chicos son como bombas pequeñitas”, dice la canción, y la metáfora se vuelve literal en este instante, pequeñas explosiones individuales que hacen estallar el estadio. La fiesta ser repite de una punta a la otra, replicada en 120 mil. Hasta que la luz se apaga y sólo queda el silencio. Por unos segundos todos siguen mirando el escenario.

    Lo que quedaba de energía se acaba de ir. Real o no, el legendario temblor que los ricoteros afirman se siente. No sólo es mito, también es realidad. 

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