Sociedad

  • El gobernador Passalaqcua se perfila como opositor a Milei y manda a los senadores a votar en contra la ley de tierras

     

    Los senadores misioneros Sonia Rojas Decut y Carlos Omar Arce podrían terminar de hundir el capítulo de extranjerización de la tierra contemplado en la ley de propiedad privada que el gobierno pretende someter a tratamiento este jueves. 

    La postura de ambos legisladores está supeditada al pedido de su propio espacio político en Misiones, cruzado por una cruda batalla por el liderazgo entre Carlos Rovira y Hugo Passalacqua.

    Fuentes parlamentarias dijeron a LPO que los dos senadores misioneros se inclinan por el rechazo a ese fragmento de la iniciativa, impulsada por el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, y podrían voltearlo en el recinto a pesar que Patricia Bullrich aceptó el pedido de los aliados para «topear» el porcentaje de la venta de tierras. 

    En medio de la trifulca entre los líderes del Frente Renovador de la Concordia, el voto negativo podría indicar el pasaje de Passalacqua al lote de gobernadores opositores a la Casa Rosada, después de casi tres años en los que la provincia colaboró con las leyes que pedía Javier Milei bajo la jefatura territorial de Rovira.

    El riesgo de ruptura entre ambos dirigentes escaló todavía más cuando el actual gobernador cortó el contrato de la aplicación Alegramed, cuyo principal beneficiario era Augusto Marini, dueño de los canales de streaming Blender y Carajo.

    La senadora Sonia Rojas Decut

    En ese contexto, los misioneros se muestran reticentes a acompañar al oficialismo, aun cuando el gobierno anunciaría cambios solicitados por los alaidos en la reunión que la jefa de bloque libertario mantuvo el viernes pasado con sus pares de otras bancadas cercanas a la Casa Rosada, tal como informó LPO. Sin embargo, no deja de ser una concesión que repudian los sectores sociales que se oponen a la venta de tierras a personas físicas o jurídicas del exterior, como la Iglesia, la CGT y las ONG ambientalistas.

    En la actualidad, el techo para la enajenación en manos extranjeras está en 15 por ciento del territorio, tanto a nivel nacional como provincial o departamental, y los libertarios pretenden derribar ese límite para que no exista un «tope». Frente a esa posibilidad, los aliados estimaron que sería mejor establecer el techo en 25 por ciento de las tierras, antes que dejar librada al mercado la suerte del territorio nacional.

    Milei volvió a fracasar con la ley de tierras y Bullrich tuvo que suspender la sesión hasta agosto

    Por eso, los intendentes de Misiones hicieron saber a Rojas Decut y Arce que se oponen a la ley.

    En el Senado deslizan que Rojas Decut evalúa separarse de la bancada que integra junto a Arce, Encuentro Misionero, para manejarse en un monobloque. Las razones para que se parta ese dúo quizá no solo haya que buscarlas en Misiones sino en los pasillos de la Cámara Alta: en la previa de la última sesión, cuando también se cayó el tratamiento de esta ley y Bullrich tuvo que pedir un cuarto intermedio a regañadientes, se vio a la legisladora misionera abandonar raudamente el despacho de Victoria Villarruel, junto a la neuquina Julieta Corroza.

    Sturzenegger y Bullrich, en el Senado.

    Aquella tarde ni Rojas Decut ni Corroza, quien responde al gobernador Rolando Figueroa, estaban dispuestas a votar la venta de tierras.

    De hecho, la Casa Rosada sospechó por aquellas horas que la Vicepresidenta llamaba a los senadores aliados para que ni siquiera dieran quórum para la sesión, bajo la excusa que no podía votarse la enajenación del territorio nacional un día después que la Selección Argentina le ganara las semifinales del Mundial a Inglaterra provocando una efervescencia patriótica en las calles del país.

    En la previa de la última sesión, cuando también se cayó el tratamiento de esta ley y Bullrich tuvo que pedir un cuarto intermedio a regañadientes, se vio a Rojas Decut abandonar raudamente el despacho de Victoria Villarruel, junto a la neuquina Julieta Corroza.

    Por lo demás, Rovira y Passalaqcua contaron hasta ahora con un lote de cuatro diputados, Alberto Arrúa, Daniel Vancsik, Yamila Ruiz y Oscar Herrera Ahuad, integrantes del bloque Innovación Federal junto a los salteños de Gustavo Sáenz y dos ex libertarios, y los senadores Rojas Decut y Arce.

    Ante la consulta de LPO, distintos miembros de la bancada respondieron que su lealtad estaba con uno o con otro de los referentes políticos, contradiciéndose entre sí. Una clara señal de que el conflicto no está resuelto y que la jefatura política sobre la tropa parlamentaria parece difusa por el momento.

    Como sea, tanto los diputados como los senadores se inclinan por la negativa a la venta de tierras. 

     

  • La mano derecha de Sturzenegger pidió un dólar más alto y agita la interna económica

     

    Lucas Llach no es un economista más dentro del oficialismo. Aunque no ocupa un cargo es la mano derecha real del ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger. Por eso, cuando afirmó que el dólar está «forzado hacia abajo», dejó expuesta una discusión interna que enfrenta la estrategia de pisar el dólar de Toto Caputo y objeta el FMI.

    Durante una entrevista con Maxi Montenegro en Ahora Play, Llach cuestionó la explicación oficial sobre la desaceleración de la economía. «¿Cuál es la hipótesis oficial de por qué la economía está a baja intensidad? El riesgo Kuka ya no puede ser. El riesgo país es de 400 puntos», afirmó. Para el economista, tampoco alcanza con atribuir el menor desempeño a la apertura comercial o al cambio estructural. «Cuando se habla de dos velocidades dicen que es lógico que la industria caiga por las importaciones o por el cambio estructural. Pero, aun suponiendo que eso pudiera argumentarse para la industria, en la construcción no», sostuvo.

    Su diagnóstico fue todavía más lejos. Señaló que la construcción incluso se beneficia de insumos importados más baratos, pero aun así no logra recuperarse. «La construcción tiene insumos en dólares más baratos por la apertura, si querés. ¿Y por qué falla? Porque el costo de construir es muy alto respecto a los precios». 

    Luego comparó el escenario actual con los primeros años de la década del noventa. «Cero no es una tasa de crecimiento para una Argentina que está en una revolución de recursos naturales, orden fiscal y reformas. A principios de los 90 el crecimiento era del 5, 6 o 7%». Y remató con una definición que cayó como una piedra en el equipo económico: «A mí no se me ocurre otra hipótesis que un tipo de cambio que está forzado hacia abajo».

    Georgieva sugirió en una reunión con empresarios que el dólar tiene que estar más alto

    Las declaraciones de Llach tampoco aparecen en el vacío. Expresan una mirada que circula en el entorno de Sturzenegger, es uno de los funcionarios con mejor vínculo con Kristalina Georgieva, que como reveló LPO en exclusiva, en la reunión que mantuvo en Buenos Aires con empresarios afirmó que el dólar debería estar más alto y dijo que al organismo no le preocupa el impacto que tendría en la inflación. La titular del FMI incorporó este año a Sturzenegger a un Consejo Asesor del Fondo y la sintonía entre ambos volvió a quedar en evidencia durante la reciente visita de Georgieva al país.

    ¿Cuál es la hipótesis oficial de por qué la economía está a baja intensidad? El riesgo Kuka ya no puede ser. El riesgo país es de 400 puntos. A principios de los 90 el crecimiento era del 5, 6 o 7%. A mí no se me ocurre otra hipótesis que un tipo de cambio que está forzado hacia abajo.

     La afirmación de Georgieva pidiendo una devaluación controlada en la cena en el Palacio Duhau, surgió luego que ella comentara que el gobierno tenía que acumular más reservas y un empresario le preguntara cómo se podía seguir acumulando divisas un programa económico que ya exhibe exportaciones en niveles récord. Fue ahí que dijo que se podían aumentar por precio o cantidades y todos entendieron que se refería a una corrección, que por ejemplo empuje al campo a liquidar los USD 10 mil millones que atesora. 

    Ese planteo choca de frente con la estrategia de Milei y Caputo. En las últimas semanas, distintos informes privados revelaron que el Gobierno intervino para impedir que el dólar mayorista superara la zona de los $1.500. La versión comenzó a circular entre las mesas de dinero y terminó ganando fuerza cuando los datos diarios del Banco Central, que mostraron un movimiento inusual en la cuenta que el Tesoro mantiene en la autoridad monetaria.

    Los analistas detectaron que el 28 de julio, justamente el día en que el Banco Central interrumpió una racha de 135 jornadas consecutivas de compras de divisas y el dólar mayorista tocó los $1.500, los depósitos en dólares del Tesoro cayeron unos USD 146 millones mientras sus depósitos en pesos aumentaron el equivalente a USD 141 millones.

     Portfolio Personal Inversiones interpretó esa secuencia como una venta de dólares del Tesoro para abastecer la demanda y evitar un salto del tipo de cambio. Según esta sociedad de bolsa, habría sido la primera intervención de ese tipo desde octubre del año pasado.

    La compra de dólares de personas creció en julio y agita el debate sobre el tipo de cambio

    Ese mismo día se fijaba el tipo de cambio de referencia para una letra atada al dólar. Cuanto más alto cerrara la cotización, mayor sería el costo para el Tesoro. Por eso, el Gobierno tenía un incentivo extra para contener la suba. Así, el Central tampoco compró dólares por primera vez desde enero e incluso habría intervenido en el mercado secundario de bonos dólar linked, donde el volumen operado alcanzó los USD 403 millones, el mayor desde junio.

    Desde la consultora 1816 hablaron directamente de una nueva «línea en la arena». Si durante buena parte del primer semestre ese límite había sido $1.400, ahora el mercado interpreta que el Gobierno no quiere que el dólar supere los $1.500.

    La consultora 1816 habla de una nueva «línea en la arena» que Caputo trazó para el dólar. Si durante buena parte del primer semestre ese límite fue $1.400, ahora el mercado interpreta que el Gobierno no quiere que el dólar supere los $1.500.

    Según 1816, entre letras y bonos que protegen frente a una devaluación ya hay alrededor de USD 12.000 millones de valor nominal en manos privadas, de los cuales USD 6.600 millones vencen antes del final del mandato de Milei. 

    La discusión excede al equipo económico. El nuevo vocero presidencial, Adrián Ravier, sostuvo que dentro del esquema de bandas el dólar podría ubicarse cerca de los $1.800 sin comprometer el programa económico. Una opinión que no compratió el equipo económico que enfureció con el vocero.

    En las redes apareció enseguida el «dólar Ravier», una forma irónica de describir un tipo de cambio más alto. Detrás de la chicana del «dólar vocero» quedó instalada una discusión de fondo sobre si el peso se apreció demasiado y si conviene permitir una corrección para recuperar competitividad, como pide el campo.

    El ministro Toto Caputo y el presidente del Banco Central, Santiago Caputo.

    Uno de los primeros en respaldar esa idea fue Salvador Di Stefano, un habitual defensor del equipo económico, que dejó en evidencia con su giro el malestar de los productores agropecuarios, a quien suele asesorar. En un extenso posteo explicó las maniobras del gobierno para sostener el tipo de cambio en sus valores actuales y luego en una entrevista con radio La Voz, confirmó que existe una gran retención de soja, maíz y trigo por parte de los productores y sugirió que el Gobierno debería «poner un terroncito de azúcar» para incentivar la venta de granos. 

    Carlos Maslatón aprovechó esa explicación para cargar contra la política cambiaria oficial. «Agradezco que confirmes que el gobierno sostiene el tipo de cambio artificial bajo pagando intereses y aumentando la deuda pública. 100% Martínez de Hoz puro», escribió.

    Arriazu advirtió que «la corrida va a existir» y afirmó que el crecimiento dependerá de que los argentinos dejen de comprar dólares

    La referencia a Martínez de Hoz apunta los faroles hacia Ricardo Arriazu, uno de los pocos economistas respetados por Milei y uno de los diseñadores del programa económico de la última dictadura, que volvió a colocar la dolarización de los ahorros en el centro de su análisis. 

    «Por lejos la variable macro más importante es cuántos dólares compra la gente», afirmó. Recordó que el año pasado los argentinos adquirieron USD 40.000 millones y estimó que este año podrían comprar alrededor de USD 30.000 millones. 

    Así, mientras el debate gana intensidad, los datos del balance cambiario muestran la tensión del programa. En junio la cuenta corriente cambiaria registró un superávit de USD 857 millones, un 60% menor al de un año atrás. Las exportaciones alcanzaron un récord de USD 9.438 millones, pero las importaciones crecieron hasta USD 6.420 millones. Y la salida de utilidades y dividendos por USD 1.023 millones, la cifra más alta desde 2010.

    La cuenta financiera, en tanto, mostró un déficit de USD 3.181 millones. La formación de activos externos financiera alcanzó USD 2.458 millones y la no financiera otros USD 2.065 millones, parcialmente compensados por préstamos financieros por USD 961 millones. 

    A eso se suma el comportamiento de los ahorristas. En junio las personas humanas compraron USD 2.445 millones en billetes y divisas sin destino específico, por encima de mayo, y acumulan USD 15.300 millones en lo que va del año.

    Con ese telón de fondo, la frase de Llach adquiere un peso político distinto. Mientras Caputo y Bausili tratan de sostener un dólar de $1.500, desde el entorno de Sturzenegger -el funcionario más cercano al FMI- aparece una voz que sostiene que esa ancla cambiaria es hoy el principal freno para la actividad. La discusión dejó de ser un intercambio entre economistas. Ya atraviesa el corazón del programa económico de Milei. 

    Qué buen posteo, Salvador, ideal que así lo expliques y que seas vos el autor. Agradezco que confirmes que el gobierno sostiene el tipo de cambio artificial bajo pagando intereses y aumentando la deuda pública. 100% Martínez de Hoz puro. Que se fundan todos. https://t.co/UsmO15KJBz

    — Carlos Maslatón (@CarlosMaslaton) August 3, 2026

     

  • Puedes quedarte si te callas

     

    El 29 de julio Marlene leyó la noticia en su celular mientras viajaba en subte, como todos los días, para ir al terciario donde enseña francés a estudiantes de hotelería. Se paralizó. Inmediatamente empezó a perseguirse. Se preguntó si alguna vez la habrían escuchado conversando con su novio, renegando con los dos mangos que le pagan a los docentes o con la burocracia argentina. ¿Ahora podrían mandarla de vuelta a Francia después de 5 años en Buenos Aires?  El decreto que acaba de publicar Milei que modifica por segunda vez durante su gobierno la Ley Nacional de Migraciones la enfrenta a esa posibilidad. 

    El decreto 681/2026 modifica la ley sin pasar por una sesión parlamentaria. Establece que ahora el Estado puede cancelar la residencia o expulsar extranjeros por motivo de “haber dirigido mensajes de odio en forma oral o escrita, o incitado a la violencia contra el pueblo argentino en su conjunto, o contra algún ciudadano argentino, motivado en la nacionalidad de este último; haber realizado o participado en actos de ultraje de símbolos patrios nacionales”.

    Como justificación, afirma que el aumento de discursos de odio contra los argentinos pone en riesgo la convivencia y convierte esa falta de respeto en un motivo para revisar el derecho a permanecer en el país.

    La pregunta que surge inevitablemente es ¿cómo se definirá qué constituye un discurso de odio y qué garantías habrá para evitar interpelaciones arbitrarias? 

    Algunas paradojas

    El Gobierno responde al supuesto problema del «racismo contra los argentinos», instalado en un intenso debate en redes sociales durante el Mundial de fútbol, del que participaron personajes como el actor estadounidense Samuel Jackson, quien afirmó que Argentina es el país más racista y su mensaje fue replicado por distintas figuras públicas internacionales. No entraremos  en esa  discusión, sino en lo que parece una salida rápida por parte de la Presidencia mediante una medida que introduce una diferenciación jurídica basada en el origen nacional.

    El Gobierno justifica la reforma diciendo que protegerá a los argentinos frente a discursos discriminatorios. Pero la herramienta consiste justamente en diferenciar personas según su nacionalidad. Es decir: para combatir una discriminación se institucionaliza otra. No es solamente una contradicción política. Es una paradoja democrática.

    La segunda paradoja es que el Gobierno denuncia discursos de odio mientras hace del discurso agresivo una forma de gobierno. Mediante insultos permanentes, la creación de enemigos internos, el menosprecio continuo hacia periodistas, científicos, docentes universitarios, artistas, y opositores políticos, durante su campaña — y más aún desde que asumió la presidencia —, no ha cesado en insultar a quien le parece oportuno en cada discurso y posteo en redes.

    El Gobierno justifica la reforma diciendo que protegerá a los argentinos frente a discursos discriminatorios. Pero la herramienta consiste justamente en diferenciar personas según su nacionalidad.

    Entonces ¿quién decide qué constituye odio cuando el propio Estado utiliza sistemáticamente una retórica de confrontación? ¿qué garantías existen de que el concepto «discurso de odio» no termine utilizándose en otras esferas como amedrentamiento?

    El decreto probablemente tenga menos efecto por la cantidad de expulsiones que por el mensaje político que produce. Pero este efecto no es menor, la autocensura, el miedo, la incertidumbre y la sensación de una pertenencia continuamente condicionada, generando parálisis y malestar.

    Este decreto, además, no se produce en el vacío, sino que refuerza un cambio en la mirada y gestión migratoria que inició con un decreto anterior,  el DNU 366/2025, publicado el 29 de mayo de 2025, que modificó de manera amplia la Ley de Migraciones N.º 25.871. Fue la primera reforma integral del régimen migratorio desde la sanción de la ley de 2004 y se realizó sin pasar por el Congreso, algo que a esta altura ya parece habitual.

    El DNU de 2025 amplió los supuestos por los cuales una persona puede ser inadmitida o expulsada, facilitó la expulsión de extranjeros con condenas penales, habilitó el cobro de prestaciones de salud a extranjeros que no sean residentes permanentes y también habilitó a las universidades nacionales a cobrar aranceles a estudiantes extranjeros sin residencia permanente, e introdujo modificaciones en los criterios para acceder a la ciudadanía, incluyendo mecanismos vinculados a inversiones.

    Esta reforma significó un cambio en la filosofía de la política migratoria argentina, cuya ley, promulgada en 2004, había sido reconocida internacionalmente por concebir la migración como un derecho humano y por garantizar el acceso a derechos básicos independientemente de la situación documental. 

    El DNU 366/2025 desplazó el eje hacia una lógica de control, seguridad y prevención del delito, acompañado de la creación de una policía migratoria que realiza controles en espacios de la Ciudad y el AMBA donde se concentran migrantes andinos, trabajadores, a los cuales se criminaliza por su color de piel y su clase social.

    Es en ese contexto que el decreto sancionado hace unos días puede leerse como una segunda parte de esta reforma: si el DNU 366/2025 amplió las herramientas para controlar el ingreso, la residencia y la expulsión, la nueva modificación incorpora un criterio adicional con la posibilidad de evaluar la permanencia de una persona migrante también en función de expresiones consideradas ofensivas hacia «el pueblo argentino», su cultura o su identidad nacional. No sólo dejan de protegerse derechos sino que el merecimiento para habitar en el país depende de un mérito que se debe demostrar continuamente, ahora también en su discurso o su silencio.

    No sólo dejan de protegerse derechos sino que el merecimiento para habitar en el país depende de un mérito que se debe demostrar continuamente, ahora también en su discurso o su silencio.

    Una foto de los migrantes

    Si el decreto se apoya en la idea de una amenaza creciente asociada a la migración, los datos dibujan un paisaje bastante diferente. El porcentaje de personas migrantes nacidas en el extranjero en la Argentina es del 4,2% de la población total en viviendas particulares, según los datos oficiales del INDEC de acuerdo al último censo realizado en 2022. Esto equivale a un total de 1.933.463 personas. Se trata del porcentaje más bajo del último siglo y una proporción casi igual a la del Censo de 2010 (4,4%). 

    El principal país de origen de esta población sigue siendo Paraguay, con el 27%, seguido por Bolivia con el 17,5% y Venezuela con el 8,4%, porcentaje que se incrementó sobre todo desde el censo de 2010 reemplazando a Perú en ese tercer puesto. Más del 73% de la población de origen migrante vive en la Provincia de Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires, en un flujo históricamente vinculado al trabajo, el comercio y las redes familiares.

    Tampoco la asociación entre migración y delito encuentra respaldo consistente en la evidencia disponible. A nivel nacional, las personas extranjeras representan alrededor del 6% de la población carcelaria, una proporción que se ha mantenido relativamente estable a lo largo de los años y que guarda relación con su peso dentro de la población residente. La percepción de una participación mucho mayor suele surgir de observar únicamente el sistema penitenciario federal, donde los extranjeros representan entre el 21 y el 23% de las personas detenidas. Esa diferencia, sin embargo, responde a que la justicia federal concentra la investigación de delitos transnacionales, como el narcotráfico o la trata de personas, en los que es más frecuente la participación de personas de distintas nacionalidades. Considerando el conjunto de la población migrante que vive en Argentina, las estadísticas muestran que menos del 0,3% se encuentra privada de su libertad, una proporción similar a la de la población nacida en el país. Los datos, en otras palabras, no sostienen la idea de que la migración constituya, en sí misma, un factor de criminalidad.

    Sin embargo, la construcción del migrante como sujeto sospechoso ha demostrado ser una herramienta política persistente: aun cuando los datos la desmienten, la percepción de amenaza continúa siendo un recurso eficaz para justificar mayores controles y restricciones.

    La contribución de la población migrante tampoco suele ocupar un lugar central en el debate público. Los migrantes participan activamente del mercado laboral, especialmente en sectores como la construcción, la agricultura, el trabajo doméstico, el comercio, la industria textil y los servicios, donde muchas veces cubren tareas con alta demanda y baja cobertura. También consumen, pagan impuestos, alquilan viviendas, emprenden pequeños negocios y sostienen circuitos económicos que forman parte de la vida cotidiana de las ciudades argentinas. Lejos de constituir una carga excepcional para el Estado, distintos estudios muestran que su utilización de los sistemas de salud y educación responde, en términos generales, a patrones similares a los del resto de la población residente.

    La construcción del migrante como sujeto sospechoso ha demostrado ser una herramienta política persistente.

    Algo similar ocurrió con el debate sobre las universidades públicas. El Gobierno sostuvo que los estudiantes extranjeros «inundaban» las aulas e incluso llegó a afirmar que representaban el 39% de la matrícula de la Universidad de Buenos Aires. La propia UBA desmintió esa cifra: los estudiantes internacionales representan apenas el 2,5% del total de la matrícula y el 6,1% en la Facultad de Medicina, la unidad académica con mayor proporción de alumnos extranjeros.

    El endurecimiento de la política migratoria impulsado en los últimos años no responde, entonces, a una transformación demográfica extraordinaria, sino a un cambio en la forma en que el Estado decide mirar la migración: menos como una cuestión de integración y más como un problema de seguridad y control.

    Este cambio tampoco ocurre en el vacío, sino que replica la política que ha adoptado Trump en los Estados Unidos, tanto durante su campaña con un fuerte discurso anti inmigrante, como durante su mandato, donde la policía migratoria (ICE) adquirió una gran visibilidad por el incremento de redadas, detenciones y deportaciones, así como por las críticas de organizaciones de derechos humanos respecto del trato a las personas migrantes, las condiciones de detención y la separación de familias.

    El discurso antiinmigrante también ha ganado fuerza en Europa, donde distintos sectores políticos presentan la migración como una «amenaza», una «estampida» o una «invasión». Esa narrativa encuentra un terreno fértil cada vez que ocurre un episodio de llegada masiva de personas, como el que vemos estos días en Ceuta, ciudad autónoma española ubicada en el norte de África que constituye, junto con Melilla, la única frontera terrestre entre la Unión Europea y Marruecos. Desde el jueves 30 de julio hasta el lunes 3 de agosto más de 50.000 personas ya habían cruzado o intentado cruzar hacia ese enclave en la mayor crisis migratoria de su historia reciente. La tragedia dejó decenas de personas muertas durante la travesía y, tras el operativo desplegado por las autoridades españolas, la gran mayoría de quienes ingresaron fueron devueltos a Marruecos. El episodio deja abiertas muchas preguntas sobre la instrumentalización de las personas migrantes en contextos de tensión internacional y el uso del miedo como estrategia política.

    El discurso antiinmigrante también ha ganado fuerza en Europa, donde distintos sectores políticos presentan la migración como una «amenaza», una «estampida» o una «invasión».

    Sin embargo, convertir un episodio extraordinario como el de Ceuta en la imagen paradigmática de la migración resulta problemático. La excepcionalidad de estas escenas, amplificadas por su enorme impacto visual y mediático, termina alimentando la idea de una frontera permanentemente desbordada y de una migración fuera de control. Esa representación contrasta con la realidad argentina: los flujos migratorios hacia el país son comparativamente reducidos, estables y se producen, en su inmensa mayoría, por vías regulares, muy lejos de las escenas de crisis humanitaria que suelen ocupar las portadas internacionales.

    Milei y el camino de la erosión democrática 

    Si abrimos el foco al problema, saltan las alertas de las mediciones sobre erosión democrática frente a la estrategia de gobernar por decreto que el gobierno de Milei desplegó desde su primera semana en el poder. El índice de V-Dem que mide el estado de la democracia a nivel global, alertó que desde 2023 Argentina vive un periodo de retroceso democrático. En un análisis específico de caso, a través de la metodología de Marcadores de Erosión Democrática, Asuntos del Sur analizó el funcionamiento de la democracia en Argentina a partir de seis dimensiones: el contexto político, social y cultural nacional; la movilización y legitimación de un proyecto ideológico de cambio; la participación en redes antidemocráticas globales; la competitividad del sistema de partidos; las reformas orientadas a mantener y concentrar el poder; y las limitaciones a libertades civiles y políticas. El gobierno de Javier Milei erosiona la democracia en al menos 5 de las 6.

    Las dimensiones de libertades civiles y políticas; movilización y legitimación del proyecto ideológico de cambio; y participación en redes antidemocráticas globales, se encuentran en el nivel más grave de deterioro, lo que indica una autocratización profunda cuyo impacto puede ser de largo plazo y requerir reconstrucción desde cero. Mientras que las dimensiones de contexto político, social y cultural y reformas para la concentración de poder registran un valor de alerta medio. La medida de condicionar la libertad de expresión de las personas migrantes no hace más que profundizar ese camino. Afecta específicamente a un segmento de la población, pero daña la democracia para todos. 

    No es la primera vez que el gobierno de Milei intenta silenciar las voces que le resultan incómodas. La separación del espectro político entre “buenos y malos” y el ruido de las redes sociales le han servido para intentar aleccionar a periodistas, artistas, colectivos de género y opositores políticos. Pero es la primera vez que el gobierno trata de institucionalizar el silencio. 

    No es la primera vez que el gobierno de Milei intenta silenciar las voces que le resultan incómodas.

    Sin embargo, las medidas en contra de la población migrante rara vez despiertan el interés y la protesta de sectores más amplios de la sociedad. Por el contrario, los discursos que promueven la polarización en contra de ese sector calan hondo en el río revuelto de las emociones digitales que el gobierno bien sabe agitar. 

    Javier Milei ha avanzado sin oposición visible contra los derechos de los extranjeros y esa soledad se siente en las vidas migrantes. 

    Abdou, por ejemplo, vende pantalones deportivos sobre su manta en la calle Mitre desde hace 15 años, cuando llegó de Senegal. Aprendió a negociar con la policía en los numerosos operativos que en diferentes momentos intentaron “limpiar” a los manteros de Balvanera (Once para la mayoría de los porteños). Pero hace un mes, por primera vez llegó la policía migratoria a pedir documentos, él tiene su DNI gracias a un programa especial que se abrió en 2022 para regularizar a los migrantes senegaleses en la Argentina. Su amigo, Charlie, que llegó desde Perú hace tres años no tuvo la misma suerte, la policía lo llevó esposado y hoy tiene una orden de expulsión. Por primera vez Abdou tuvo miedo, muchos años vivió sin el DNI, pero nunca sintió ese peligro inminente, esa búsqueda que se parece tanto  a una caza de brujas.

    Evelina, que sólo tiene su cédula de identidad boliviana, llegó hace unos días al Centro de Salud de su barrio, en el Bajo Flores, con doce semanas de embarazo para solicitar un IVE. A la administrativa del CESAC le dio el número de DNI de una amiga argentina. La empleada dudó, le preguntó por su nombre, y la acusó de usurpación de identidad. Para su suerte, una trabajadora social que trabajaba en el lugar escuchó la discusión, y se acercó para interceder: le dijo que no se preocupara, que podía empadronarse con su célula boliviana y Evelina fue derivada con la obstétrica. Una amiga suya que fue a otro CESAC de la ciudad no tuvo la misma suerte de ser asesorada y debió irse sin ver a la médica.

    Efectos

    El decreto pretende combatir los discursos de odio habilitando una nueva forma de discriminación, esta vez dirigida a la población migrante. Tal vez no derive en expulsiones masivas, pero ese no parece ser su efecto más profundo. Lo que produce, antes que nada, es incertidumbre. Introduce la idea de que el derecho a permanecer ya no depende únicamente de cumplir la ley, sino también de la posibilidad de que las propias palabras sean interpretadas como una amenaza. El derecho a quedarse empieza, de algún modo, a depender también del derecho a hablar.

    El decreto pretende combatir los discursos de odio habilitando una nueva forma de discriminación, esta vez dirigida a la población migrante. Tal vez no derive en expulsiones masivas, pero ese no parece ser su efecto más profundo.

    Desde que leyó aquella noticia, Marlene ya no quiere hablar cuando está en el subte o en la calle, le da miedo que se le escape una palabra de más, mucho menos postear en redes sociales. Abdou, con quince años en la Argentina, revisa si tiene las llaves, el celular pero también su DNI antes de salir a la calle. El padre de Evelina cada vez habla más seguido con los vecinos del Bajo Flores, sus paisanos están preocupados, los grupos de whatsapp se han activado, se avisan de los operativos, y también de las respuestas de los abogados del CELS, de CAREF y otras organizaciones que tratan de darles mayores precisiones sobre los trámites de radicación, los papeles que deben juntar para llevar a la Dirección Nacional de Migraciones, y los plazos que se han extendido, otra paradoja de un gobierno que aumenta requisitos pero no el personal para atenderlos. 

    Las políticas públicas no sólo producen efectos administrativos; también producen emociones, silencios y formas de habitar un país. Un país que se describe como abierto a la migración y que se enoja profundamente cuando lo acusan de racista, pero que en su respuesta institucional sólo profundiza las desigualdades.

    La entrada Puedes quedarte si te callas se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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    Elecciones en Santiago del Estero: punta de lanza del derrumbe de Milei

     

    El triunfo del Frente Cívico de Gerardo Zamora con el 66% de los votos y la derrota de La Libertad Avanza en Santiago del Estero exponen los límites del proyecto libertario en el interior argentino y anticipan una nueva disputa por el rumbo político nacional.

    Por Roque Perez para NLI

    Las urnas de Santiago del Estero dejaron mucho más que un resultado municipal. Detrás del contundente triunfo del Frente Cívico por Santiago, liderado por Gerardo Zamora, aparece una señal política que incomoda a la Casa Rosada: el discurso de La Libertad Avanza comienza a encontrar límites concretos cuando abandona el escenario de las redes sociales y se enfrenta al territorio real de la Argentina profunda.

    Con el 66% de los votos, el oficialismo santiagueño se impuso en todos los municipios y departamentos donde se disputaron cargos, mientras que la fuerza de Milei quedó relegada al segundo lugar con apenas el 8% de los sufragios. La diferencia no fue solamente numérica: fue una demostración de estructura, presencia territorial y capacidad de representación política frente a un espacio libertario que todavía no logra construir raíces fuera de los grandes centros urbanos.

    El resultado tiene una lectura nacional porque ocurre en un momento donde el Gobierno intenta instalar la idea de que su proyecto posee una adhesión social irreversible. Santiago del Estero muestra otra fotografía: una parte importante del electorado argentino continúa votando en función de identidades provinciales, obras públicas, presencia estatal, gestión concreta y vínculos comunitarios que no pueden ser reemplazados por una narrativa basada exclusivamente en la confrontación ideológica.

    Un golpe al relato de una Argentina pintada de violeta

    Desde la llegada de Milei al poder, La Libertad Avanza construyó una interpretación política según la cual el país habría iniciado una transformación histórica destinada a desplazar definitivamente a las fuerzas tradicionales. Bajo esa mirada, cada elección debía confirmar una expansión permanente del fenómeno libertario.

    Pero el mapa electoral argentino es más complejo. Las provincias tienen dinámicas propias, liderazgos locales y estructuras políticas que no desaparecen simplemente porque un movimiento nacional logre una fuerte presencia mediática. Santiago del Estero volvió a mostrar que la política argentina no se define solamente desde Buenos Aires ni desde las tendencias digitales.

    El Frente Cívico por Santiago, que gobierna la provincia desde hace más de dos décadas, logró sostener una alianza amplia donde confluyen sectores del radicalismo, del peronismo y fuerzas provinciales. Esa construcción territorial fue precisamente lo que La Libertad Avanza todavía no consiguió desarrollar.

    La derrota libertaria adquiere mayor relevancia porque no ocurrió frente a una oposición fragmentada que apenas logró sobrevivir electoralmente, sino ante una fuerza provincial con una identidad consolidada y una red política capaz de competir municipio por municipio. Según los datos difundidos tras los comicios, el espacio de Milei incluso tuvo una representación muy limitada en la disputa por concejalías.

    El problema para la Casa Rosada es que Santiago del Estero no aparece como un caso aislado sino como parte de una pregunta más amplia: ¿qué ocurre cuando el ajuste económico impacta sobre comunidades donde el Estado tiene un rol histórico y donde la política se mide por resultados concretos?

    El interior frente al experimento libertario

    La elección santiagueña expone una tensión central del proyecto de Milei: mientras el Gobierno nacional busca reducir el Estado y presentar esa reducción como una condición necesaria para el crecimiento, muchas provincias construyeron durante décadas una relación política basada precisamente en la presencia estatal.

    Escuelas, hospitales, rutas, programas sociales, empleo público y obras de infraestructura forman parte de una discusión que excede la economía y entra directamente en el terreno de la identidad política. En ese punto, el discurso libertario encuentra una resistencia diferente a la que puede enfrentar en sectores urbanos donde predominan otros reclamos.

    La elección también representa un desafío para quienes sostienen que el peronismo y los espacios provinciales atraviesan un proceso irreversible de desaparición. La realidad electoral muestra que, cuando existe organización territorial y capacidad de gestión, esos espacios conservan una importante capacidad de representación.

    El triunfo de Zamora no implica automáticamente una derrota nacional de Milei, pero sí funciona como una advertencia: el mapa político argentino no está completamente alineado con la lógica libertaria. La Argentina federal sigue teniendo actores propios, intereses locales y tradiciones políticas que no pueden ser anuladas por una construcción presidencial.

    Santiago del Estero como primer aviso del desgaste

    Toda elección provincial o municipal tiene sus particularidades y sería un error trasladar mecánicamente un resultado local a todo el país. Sin embargo, los procesos políticos suelen comenzar con señales pequeñas antes de transformarse en tendencias más amplias.

    Santiago del Estero puede convertirse en una de esas señales porque muestra una contradicción que empieza a aparecer con mayor fuerza: mientras Milei sostiene un discurso de victoria permanente, las urnas comienzan a exhibir territorios donde su fuerza todavía no logra consolidarse.

    El Gobierno nacional llegó al poder prometiendo una ruptura total con la política tradicional. Pero para transformar una sociedad no alcanza con ganar una elección presidencial: hace falta construir mayorías, organizar territorios y generar una representación que sobreviva al impacto inicial de un liderazgo carismático.

    El resultado santiagueño deja una pregunta abierta para el oficialismo: si el proyecto libertario pretende convertirse en una nueva hegemonía política, deberá demostrar que puede algo más que movilizar adhesiones en redes sociales y grandes ciudades. Deberá disputar la Argentina real, esa que vive en municipios, provincias y comunidades donde la política todavía se construye cara a cara.

    Porque allí, en el territorio donde los votos no se consiguen únicamente con consignas, apareció la primera grieta visible en el relato de un triunfo permanente. Santiago del Estero encendió una luz amarilla para Milei: la Argentina profunda todavía no está escrita en color violeta.

     

  • Dos encuestas muestran a Milei lejos de un triunfo en primera vuelta

     

    Dos encuestas nacionales realizadas en los últimos días de julio muestran que Javier Milei está lejos de un triunfo en primera vuelta en las elecciones de 2027 y con el peronismo cerca de dejarlo segundo.

    LPO accedió a los sondeos de las consultoras Zuban Córdoba y CB Global Data, que tienen proyecciones similares respecto al escenario electoral del año que viene. 

    En ambas encuestas Milei está lejos del 40% de los votos, el primer requisito que establece el sistema electoral para ganar en primera vuelta. Además de ese 40%, el candidato ganador necesita sacarle diez puntos de diferencia al segundo. Mucho más lejos está Milei del 45% que le daría la reelección automáticamente.

    Cambio de tendencia: El 63,7% cree que el responsable de la crisis económica es Milei 

    En la encuesta de CB Global Data, Milei lidera la intención de voto con un 32,4 por ciento contra 15,2% de Cristina Kirchner y 14,7% de Axel Kicillof, en un escenario de división del peronismo. Ambas opciones sumadas dan un 29,9%, a dos puntos y medio de Milei, es decir que la diferencia estaría dentro de un margen de error.

    La consultora que dirige Cristian Buttié también midió un escenario de ballotage, donde Kicillof queda mejor posicionado que Cristina. En el primer caso, Milei aventaja al gobernador con 43% contra 41,6% y casi 9 puntos de indecisos. En el segundo escenario, el libertario le ganaría a la expresidenta por 44,88% contra 39% y los indecisos bajan a 4,5.

    En la encuesta de Zuban Córdoba, la consulta es por espacios políticos y no por candidatos, pero los números son similares. La diferencia principal es que el peronismo como espacio supera a La Libertad Avanza en los dos escenarios que mide.

    La consultora de Paola Zuban y Gustavo Córdoba parte de la hipótesis de un peronismo unido. En el primer escenario, el peronismo tiene 31,3% de intención de voto contra 28% de La Libertad Avanza y 6,8% del PRO. En el segundo escenario, sin el PRO, el peronismo lidera con 35,3% contra 33,8 de LLA.

    Este trabajo también marca que la desaprobación del gobierno nacional llega al 65,3% y la imagen negativa de Milei trepa al 61%. En línea con eso, el 61,9% dice que votaría por un cambio de gobierno en 2027.

     

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    Paro docente: la Nación busca entrar a las escuelas provinciales y Buenos Aires denuncia una intromisión en sus competencias

     

    El Gobierno de Milei anunció inspecciones en escuelas durante el paro docente para controlar el cumplimiento del servicio educativo. La Provincia de Buenos Aires rechazó la medida y advirtió sobre una invasión de competencias federales.

    Por Redacción de NLI

    El conflicto docente sumó un nuevo capítulo y dejó expuesta una disputa más profunda sobre el rol del Estado nacional y el federalismo educativo argentino. En el marco del paro nacional convocado por los gremios docentes, el Gobierno de Javier Milei anunció que desplegará inspecciones en establecimientos educativos de todo el país para verificar el cumplimiento de un supuesto piso mínimo de funcionamiento del servicio educativo. La decisión generó una fuerte reacción de la Provincia de Buenos Aires, que advirtió que la administración nacional pretende avanzar sobre facultades que corresponden a las jurisdicciones provinciales.

    La medida impulsada por el Ministerio de Capital Humano, conducido por Sandra Pettovello, se ampara en la declaración de la educación como servicio esencial establecida por la Ley 27.802, una de las normas impulsadas por el oficialismo dentro de su agenda de reforma laboral. Según explicó el Gobierno, los controles buscarán constatar que durante la huelga se garantice el 75% de la prestación habitual del servicio educativo, y advirtió que ante eventuales incumplimientos podrían aplicarse sanciones a las organizaciones sindicales.

    Pero detrás de la discusión sobre el porcentaje de clases garantizadas aparece una cuestión institucional de fondo: quién tiene autoridad sobre las escuelas argentinas. Desde la reforma constitucional de 1994, la educación es una competencia compartida, pero la administración directa de los establecimientos educativos corresponde principalmente a las provincias. En ese marco, el gobierno bonaerense cuestionó que funcionarios nacionales ingresen a escuelas provinciales para realizar controles sin coordinación con las autoridades educativas locales, interpretando la decisión como una avanzada sobre atribuciones propias.

    El conflicto educativo detrás del operativo nacional

    El paro docente convocado por la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA) no surge únicamente por una discusión salarial. El reclamo gremial incluye la convocatoria a la Paritaria Nacional Docente, la restitución del Fondo Nacional de Incentivo Docente (FONID), el financiamiento educativo y mayores recursos para infraestructura, conectividad, becas y programas escolares.

    La eliminación de transferencias nacionales hacia las provincias fue uno de los puntos centrales del deterioro de la relación entre el Gobierno nacional y los gobernadores. Desde la llegada de Milei a la Casa Rosada, la administración libertaria redujo programas educativos financiados desde Nación y dejó en manos de las provincias mayores responsabilidades presupuestarias, en un contexto donde muchas jurisdicciones denuncian dificultades para sostener salarios y servicios básicos.

    La respuesta oficial, en lugar de abrir una instancia de negociación, fue trasladar la discusión al terreno del control y la sanción. El Ministerio de Capital Humano anunció operativos de inspección y planteó que, si se detectan incumplimientos, se activarían mecanismos sancionatorios contra los gremios. Para el Gobierno, la prioridad es garantizar el derecho a la educación; para los sindicatos, la estrategia oficial busca limitar el derecho constitucional a la protesta frente a una pérdida salarial y un ajuste sobre el sistema educativo.

    Buenos Aires rechaza la presencia de inspectores nacionales

    La Provincia de Buenos Aires, que concentra la mayor matrícula educativa del país, fue una de las primeras jurisdicciones en rechazar el mecanismo. Desde el gobierno de Axel Kicillof señalaron que la Nación no puede disponer unilateralmente controles dentro de escuelas que dependen de la administración provincial, ya que la gestión cotidiana del sistema educativo está bajo responsabilidad de cada distrito.

    La disputa tiene una dimensión política evidente. Desde el inicio de su gestión, Milei construyó una narrativa donde el Estado nacional debe reducir su intervención y limitarse a funciones consideradas esenciales. Sin embargo, en el caso educativo, el Ejecutivo nacional decidió adoptar una postura activa de supervisión sobre estructuras administradas por las provincias, generando una contradicción entre el discurso de descentralización y una práctica de mayor intervención.

    El episodio también vuelve a poner sobre la mesa una tensión histórica del federalismo argentino: mientras la Nación conserva capacidad de establecer políticas generales y distribuir recursos, son las provincias las que sostienen la infraestructura educativa, pagan buena parte de los salarios docentes y administran las escuelas. La disputa por las inspecciones no es solamente administrativa; es una discusión sobre el equilibrio de poder entre el Gobierno central y los territorios.

    Una pelea que excede al paro docente

    El conflicto educativo se inscribe dentro de una serie de enfrentamientos entre el Gobierno nacional y sectores estatales que cuestionan el impacto del ajuste. La Casa Rosada intenta presentar cada protesta como una resistencia corporativa frente a sus reformas, mientras que los gremios sostienen que se trata de una reacción frente a la pérdida del poder adquisitivo y el debilitamiento de políticas públicas.

    En este escenario, el paro docente se convirtió en un nuevo punto de choque entre dos modelos de país. Por un lado, un oficialismo que plantea que el Estado debe intervenir menos y aplicar reglas de mercado y disciplina fiscal. Por otro, sectores sindicales y gobiernos provinciales que reclaman que la educación sea considerada una inversión estratégica y no solamente un servicio sujeto a restricciones presupuestarias.

    La decisión de enviar inspectores nacionales a escuelas provinciales agrega un nuevo capítulo a esa disputa. Más allá del resultado concreto del operativo, el conflicto deja una pregunta abierta sobre los límites del poder nacional en un sistema educativo federal y sobre cómo se resolverán las diferencias cuando las políticas de ajuste choquen con las estructuras históricas del Estado argentino.