Una de las herramientas de Luis Caputo para contener la suba de precios acaba de recibir un revés judicial. El juez federal Alejo Ramos Padilla declaró la inconstitucionalidad de la resolución que eliminó la obligación de informar en tiempo real los precios de los combustibles.
El fallo dejó sin efecto la Resolución 717/2025 del Ministerio de Economía, mediante la cual Caputo derogó el sistema creado en 2016 que obligaba a las estaciones de servicio a informar cada modificación de precios dentro de las ocho horas. Ese esquema alimentaba una base pública, permitía comparar valores entre estaciones y habilitaba denuncias cuando el precio cobrado no coincidía con el informado.
Para el magistrado, la eliminación de ese mecanismo implicó un retroceso en el derecho de los consumidores a recibir información adecuada y veraz. Ramos Padilla argumentó que el Estado no puede limitarse a argumentar que los precios están publicados en los surtidores o en las aplicaciones de las petroleras porque esa información aparece dispersa, depende de cada empresa y no permite una comparación sencilla entre todos los operadores.
Ramos Padilla también rechazó uno de los principales argumentos del Gobierno y de las empresas expendedoras. Señaló que, si los precios pasan a modificarse con mayor frecuencia mediante sistemas de «micropricing», la necesidad de contar con un mecanismo público, uniforme y actualizado resulta todavía mayor. En otras palabras, cuanto más dinámico es el mercado, más importante es que exista una ventana única que permita saber cuánto cuesta cargar combustible en cada estación.
Ramos Padilla argumentó que el Estado no puede limitarse a argumentar que los precios están publicados en los surtidores o en las aplicaciones de las petroleras, porque esa información aparece dispersa, depende de cada empresa y no permite una comparación sencilla entre todos los operadores.
La decisión judicial aparece en un contexto donde el precio de los combustibles ocupó un lugar central en la estrategia antiinflacionaria de Caputo. Durante buena parte de 2025 el Ministerio de Economía postergó o aplicó sólo parcialmente las actualizaciones del Impuesto a los Combustibles Líquidos y del impuesto al dióxido de carbono. La consecuencia fue un atraso tributario que evitó trasladar todo el aumento previsto por la ley al surtidor y ayudó a contener el impacto sobre el IPC.
El juez federal Alejo Ramos Padilla.
Ese esquema convivió con otra herramienta. Cuando el petróleo se disparó por la escalada en Medio Oriente, YPF anunció aumentos cercanos al 23%, pero aclaró que absorbería parte del incremento internacional para evitar un traslado pleno al mercado interno. La petrolera actuó como un dique que amortiguó parte de la presión externa y volvió a consolidar el papel del combustible como una de las variables utilizadas para estabilizar los precios.
El problema apareció cuando el Brent inició el recorrido inverso. Con el barril bastante por debajo de aquellos máximos, las rebajas no llegaron al surtidor con la misma velocidad con la que habían sido absorbidas las subas. En un mercado donde además desapareció la obligación de informar cada modificación de precios en un sistema oficial, el seguimiento de esos movimientos quedó exclusivamente en manos de las empresas.
La demanda fue presentada por el Centro de Estudios para la Promoción de la Igualdad y la Solidaridad (CEPIS), que sostuvo que la derogación debilitaba el control estatal y reducía la transparencia del mercado. El Gobierno respondió que la información seguía disponible mediante aplicaciones privadas y sitios web de las compañías, además de defender la medida como parte de la política general de desregulación impulsada por la administración de Milei.
El juez descartó esos argumentos. Recordó que la propia resolución de 2016 había considerado insuficiente el viejo sistema de información mensual y cuestionó que el Estado eliminara la herramienta sin explicar por qué aquello que antes juzgaba inadecuado ahora alcanzaría para proteger a los consumidores. También remarcó que la Constitución obliga a garantizar información pública, comparable y fácilmente accesible, no simplemente la existencia de datos dispersos.
La Cámara Federal de Mar del Plata ordenó al gobierno de Javier Milei a adoptar medidas urgentes para mejorar las condiciones de seguridad en un tramo de la ruta nacional 3 que presenta un estado crítico tras la parálisis de la obra pública.
Los jueces hicieron lugar a una medida cautelar impulsada por el municipio de Azul ante el grave estado de la calzada donde se vienen registrando varios accidentes.
La resolución alcanza al tramo de la ruta que une la ciudad de Azul con la localidad de Cacharí y obliga tanto a Vialidad como a la empresa Corredores Viales S.A. a implementar acciones inmediatas para reducir los riesgos que enfrentan los automovilistas en esa ruta.
El fallo revocó una decisión previa del Juzgado Federal 2 de Azul, que había rechazado la cautelar. Al analizar el caso, los camaristas concluyeron que existe un riesgo actual y concreto para los usuarios de la ruta, respaldado por distintos elementos incorporados al expediente.
Entre ellos, destacaron que durante los últimos seis meses se registraron 11 siniestros viales en ese tramo y que informes elaborados por la Policía Federal Argentina constataron la presencia de baches, hundimientos, huellas producidas por el tránsito pesado y deficiencias en la señalización.
La Cámara intimó al gobierno libertario a presentar, en un plazo de 10 días hábiles, un plan de trabajo detallado ante el Juzgado Federal de Azul. El documento deberá especificar las obras previstas, el orden de prioridades, los responsables de su ejecución, el cronograma de tareas y las medidas de contingencia que se aplicarán durante el proceso.
Además, los jueces establecieron que los trabajos deberán completarse en un plazo máximo de 120 días corridos y quedar sujetos al control judicial, con la obligación de presentar informes mensuales sobre el avance de las obras.
Mientras se ejecutan las reparaciones definitivas, el fallo también ordena la adopción de medidas preventivas para disminuir el peligro en la circulación. Entre ellas, la colocación de carteles de advertencia y señalización preventiva, la implementación de reducciones de velocidad, balizamiento, dispositivos para mejorar la visibilidad nocturna y reparaciones provisorias en los sectores considerados más críticos.
Al fundamentar la decisión, los magistrados señalaron que la medida cautelar tiene como objetivo evitar que se produzcan nuevos daños frente a un riesgo comprobado, sin que resulte necesario esperar una definición sobre las responsabilidades de fondo.
Asimismo, recordaron la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que establece que los organismos encargados de servicios vinculados con la seguridad de las personas tienen el deber de adoptar todas las medidas razonables para prevenir riesgos previsibles, y remarcaron que la resolución busca resguardar el derecho a la vida y la integridad de quienes circulan por la ruta 3.
Desde que vencieron en 2025 las exenciones impositivas previstas por la Ley de Energías Renovables, hay municipios que avanzan en un esquema destinado a cobrarle tributos locales a los parques eólicos, algo que ya genera tensiones con empresas y opositores, que denuncian un «impuesto al viento».
En Olavarría, donde existen tres parques eólicos y se está construyendo un cuarto, el intendente camporista Maximiliano Wesner mandó un proyecto para crear una tasa de seguridad e higiene destinada a esos predios y que fijaría un valor de USD 5.200 por aerogenerador por año.
Recién está teniendo tratamiento en las comisiones internas del deliberativo y, más allá del rechazo de todos los bloques opositores, se espera que la iniciativa salga a partir de la mayoría propia con la que cuenta el Ejecutivo local en el Concejo.
El proyecto ya genera resistencia de las empresas que acusan «inconstitucionalidad» y aseguran que los municipios no tienen potestad sobre actividades reguladas a escala nacional.
El proyecto del intendente fijaría una tasa de USD 5.200 por aerogenerador por año.
También, citan como antecedente el caso de Puerto Madryn, donde las empresas a cargo de los parques eólicos consiguieron un fallo favorable en la Justicia para no pagar un tributo de similares características al que intenta aprobar Wesner.
«Más impuestos representa menos inversiones», acusó la concejal del Partido Libertario Adela Casamayor, que adelantó su rechazo a la iniciativa, lo mismo que el resto de los bloques opositores. Sin embargo,el oficialismo tiene la mitad del recinto y la presidencia, suficiente para que el proyecto pueda avanzar.
En las empresas dicen que, por las variaciones propias del viento, la generación concreta es mucho más reducida que la potencia instalada, razón por la que ya lanzan advertencias sobre la rentabilidad de sus proyectos con este tributo.
El Parque Eólico Vientos de Olavarría que controla Ternium
La ley 27.191 de energías renovables en su artículo 17 establece que el acceso y la utilización de las fuentes renovables de energía «no estarán gravados o alcanzados por ningún tipo de tributo específico, canon o regalías, sean nacionales, provinciales, municipales o de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, hasta el 31 de diciembre de 2025».
Vencido ese plazo, hay sectores del Gobierno que empujan una prórroga de esas exenciones en el Congreso. Mientras tanto, ya hay municipios que empiezan a discutir con los privados la manera de instaurar esquemas tributarios en tiempos donde la recaudación municipal y los recursos que llegan a las comunas por coparticipación cayeron a pisos históricos.
Mientras el Gobierno celebra el récord exportador que encuentra impulso en pocos sectores, la economía real sigue mostrando una postal muy distinta. De un lado avanzan el petróleo y la minería, el agro y los negocios financieros. Del otro quedan el consumo, la inversión y el empleo.
Las exportaciones volvieron a romper récords históricos. Alcanzaron los USD 9.055 millones, un 24,5% más que en junio de 2025, mientras que las importaciones totalizaron USD 6.861 millones, con un incremento interanual del 7,3%. El superávit de balanza comercial fue de USD 2.194 millones en junio y lleva casi USD 14.000 millones en el primer semestre.
Entre los productos más exportados en junio se destacaron el petróleo crudo, con ventas por USD 918 millones; la harina y pellets de soja USD 874 millones; el aceite de soja en bruto USD 769 millones; el maíz USD 639 millones y los vehículos automotores USD 463 millones.
En conjunto, los diez principales productos representaron el 56,8% de las exportaciones del mes y sobresalió el crecimiento de las ventas de combustibles y energía, minería y el complejo agroindustrial.
Pero lo interesante es que la contradicción también aparece dentro de los propios sectores ganadores. La caída del empleo en el sector de «petróleo y minería» a nivel nacional alcanzó los 8.735 puestos de trabajo formales. Esta pérdida representa una baja de casi el 9,2% en la dotación de personal de estas industrias respecto a noviembre de 2023, según datos del SIPA que elabora el Ministerio de Capital Humano.
El sistema financiero, mientras tanto, continúa cerrando sucursales físicas como parte de un proceso de digitalización y reducción de costos. Eso implicó la pérdida de más de 5.000 puestos, según datos de La Bancaria, quedan 94.325 trabajadores activos bajo el convenio bancario
La inversión tampoco acompaña el discurso oficial. Pese a la aprobación del RIGI y a las expectativas generadas por algunos grandes proyectos energéticos y mineros, la inversión extranjera directa viaja en sentido opuesto. El último dato publicado por el BCRA, al cierre del 2025, confirma que la Inversión Extranjera Directa (IED) total anual se desplomó un 73,1% interanual, alcanzando apenas USD 3.134 millones. Según los datos mensuales de la balanza cambiaria de la IED, tocaron un histórico negativo de USD 797,73 millones durante el primer semestre del año
Respecto al potencial del RIGI para apuntalar inversiones, fue determinante Marina Dal Poggetto en diálogo con Clarin » El RIGI quivale al 1,5% de la inversión hoy. El total anunciado van USD 124.000 millones pero aprobados en el Boletín Oficial hay USD 21.300 millones y sólo USD 8.000 millones están comprometidos en los dos primeros años. Pero lo efectivamente invertido al día de hoy son apenas USD 1.800 millones, que es el 1,5% de la inversión. Con lo cual aún no vemos el impacto esperado y de hecho no alcanza para traccionar la inversión que este año cae», señaló una de las economistas más escuchadas por el establishment.
El mayor cuello de botella aparece justamente allí. El impulso financiero no logra transformarse en consumo ni en inversión productiva. Marina Dal Poggetto definió esa situación con una frase que sintetiza el problema: «La cadena de transmisión de la economía está rota». La economista sostiene que el crédito no consigue traccionar ni el consumo ni la inversión porque el proceso de monetización encuentra múltiples obstáculos.
Dal Poggetto explica que buena parte de los pesos disponibles continúan siendo absorbidos por el Tesoro. El Estado necesita ofrecer tasas elevadas para renovar su deuda en moneda local y esterilizar liquidez. Ese mecanismo termina compitiendo con el financiamiento al sector privado. Los bancos encuentran más rentable colocar recursos en títulos públicos que expandir el crédito a empresas y familias. El dinero gira sobre sí mismo como una rueda que nunca abandona el mismo surco.
«El consumo está trabado y puede crecer poco teniendo en cuenta la lógica de este modelo: crecimiento basado en exportaciones e inversiones impulsadas por el esquema RIGI. Lo primero está ocurriendo y a tasas altas en un contexto donde por el parate de la economía, las importaciones no traccionan. Pero esto no alcanza para generar una expansión genuina de la economía cuando los salarios están básicamente estancados en términos reales y el empleo formal sigue cayendo compensado en parte con el empleo informal. Hubo un aumento de dos puntos en la tasa de desempleo desde que llegó Milei y un punto más cuando se suma el subempleo. Entonces hay insuficiencia de ingresos de los hogares y falta de rentabilidad de las empresas en los sectores que no están favorecidos por el cambio de precios relativos y el RIGI», apuntó Dal Poggetto.
Dal Poggetto trazó el límete del modelo económico. «Estas dos velocidades no arrastran los niveles de actividad y empleo en su conjunto y a mi juicio es lo más complicado en términos de sostenibilidad del modelo porque así como está no hay rentabilidad en esta economía. La economía nueva tributa mucho menos que la vieja. Sé que para la lógica del Gobierno esto no es un problema pero son mis inquietudes si usted me pregunta», expuso Dal Poggetto.
Las consecuencias ya aparecen en las encuestas. El último informe de Giacobbe & Asociados muestra que el 54,7% de los consultados considera que la situación económica continúa empeorando. En paralelo, Javier Milei alcanza un 56,9% de imagen negativa. El estudio también encuentra un límite para la expansión electoral del oficialismo: el voto seguro del Presidente se ubica alrededor del 39%, mientras un 53% afirma que nunca lo votaría.
Los datos de Opina Argentina, dirigida por Facundo Nejamkis y con trabajo de campo de Solmoirago, muestran un cambio todavía más significativo. El desempleo y los bajos salarios pasaron a encabezar las preocupaciones sociales con el 35%, desplazando a la inflación, que quedó en 17%. Además, el 61,9% de quienes desaprueban la gestión explican su posición por razones económicas vinculadas con la recesión, la caída del consumo y la pérdida de empleo. En intención de voto, La Libertad Avanza y el peronismo aparecen prácticamente empatados, con pisos cercanos al 35% y 34%, respectivamente.
Otros relevamientos, como los de CB Consultora Opinión Pública, incluso muestran al peronismo encabezando algunos escenarios nacionales de cara a 2027. Según la medición, la coalición opositora oscila entre el 32% y el 33,7%, mientras La Libertad Avanza se mueve entre el 26% y el 34%, según el escenario evaluado. Cuando se pregunta por las razones del voto, el 47,2% identifica la recesión, la caída de las ventas y el desplome del consumo como el principal problema que condiciona su respaldo al Gobierno.
En la Casa Rosada sostienen que el crecimiento terminará derramando sobre el resto de la economía una vez consolidada la estabilidad macroeconómica.
«Hay un error de base en toda esta discusión. Se habla de estabilidad macroeconómica como si fuera un estado permanente, cuando en realidad la macro es un terreno en disputa. Pensar que el sector externo, por sí solo, va a derramar sobre el mercado interno es una teoría que ya fracasó demasiadas veces en la Argentina», comentó un referente económico del kirchnerismo.
«La idea de un modelo exportador tampoco es nueva. Es un esquema que puede funcionar para economías con otra escala demográfica o productiva, como Australia, o con estructuras muy distintas, como Filipinas. Pero para un país de casi 50 millones de habitantes difícilmente alcance para generar empleo de calidad, consumo masivo y movilidad social. Es un modelo que, en el mejor de los casos, integra plenamente a una parte de la sociedad y deja al resto dependiendo de que ese crecimiento llegue algún día», observó este economista nostálgico.
«El problema de la oposición es que, aun cuando muchos de estos límites empiezan a hacerse visibles, todavía no logra ofrecer una alternativa económica sólida y creíble para las mayorías. Hay diagnóstico, pero falta liderazgo. Y sin liderazgo tampoco aparece un programa capaz de disputar el sentido común económico que hoy domina el debate», se lamentó.
Una frase de Lionel Messi antes de salir a jugar la final del Mundial disparó una serie de teorías conspirativas sobre una «mano negra» contra la Selección argentina, que perdió el título contra España sin un solo tiro directo al arco en 120 minutos. En la AFA rechazan todas las explicaciones conspiranoicas y aseguran que el equipo perdió dejando todo en la cancha.
En el video se ve a Messi cuando sale junto al resto de los jugadores del vestuario y les da una arenga inusual para un partido semejante. «Olvidémonos de todo», dice el astro. «Estemos tranquilos, tranquilidad. Pensemos en jugar nomás», dijo Messi.
Esas palabras motivaron interpretaciones en las redes y entre algunos periodistas deportivos que se preguntaron si no había algo más detrás de las declaraciones del capitán de la Scaloneta.
El partido que jugó la selección, que no llegó al área rival hasta el último minuto del alargue, abonó la teoría de que el equipo que venía remontando todos los partidos había jugado condicionado por un factor externo.
«Empezaron las teorías conspiraticas y desestabilizadoras desde el mismo lugar de siempre», dijo el periodista deportivo Hernán Castillo, que viajó a EEUU a cubrir el mundial para ESPN.
«Messi dijo ‘olvidémonos de todo’ por los jugadores españoles y sus dichos (muy calientes los argentinos estaban) y porque el árbitro era europeo. Quiso sacarlos de ese clima a sus compañeros. Eso fue en una arenga casi pública porque ellos saben que ahí hay cámaras. La verdadera arenga fue un rato antes y puertas para adentro y apuntó al corazón y al grupo bien armado y unido como siempre. Argentina perdió porque España fue mejor. Y el grupo lloró íntimamente y en público sabiendo que dejó todo y que quiere seguir juntos. Incluso van a intentar ellos convencer a Scaloni de que se quede. No desestabilicen con pavadas», dijo Castillo.
En otro video, filmado en el entretiempo, aparece el Dibu Martínez pidiéndole a sus compañeros que vayan para adelante. «Para atrás juegan los cagones», gritó el arquero de la selección.
En las redes recordaron que tras la presión que ejercieron los españoles sobre el arbitraje en la previa del partido, la FIFA designó una terna europea. El árbitro Slavko Vini y los jueces de línea eran eslovenos, la misma nacionalidad que Aleksander eferin, el presidente de la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA), siempre refractaria al éxito sudamericano.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, había sido cuestionado públicamente por la UEFA luego de que le retiraran la roja al delantero norteamericano Falorin Balogun por pedido del propio Donald Trump.
El ex presidente de Independiente, Andrés Ducatenzeiler, fue uno de los personajes mediáticos que se adhirieron a las teoría conspirativas. «¿Qué pasó hoy que no nos vamos a enterar nunca los de a pie? Cuéntenme un partido en donde salgan el 4, el 2 y el 6 por lesión en una final. ¿Apuestas deportivas? ¿La bandera Las Malvinas son Argentinas?», dijo «Duka».
«Ningún jugador habló con la prensa. Sacan un comunicado de Afa diciendo que algunos jugadores no van a venir a Argentina… Van a haber mil versiones y nunca sabremos la verdad», dijo el ex presidente del Rojo. «No se olviden que estamos en un Mundial en donde echaron al 9 de un equipo y lo hicieron jugar por orden de un presidente. Hoy puede haber llamado un presidente y decir que los tres defensores se tenían que ir porque dos de ellos juegan en la Premier», sugirió Duka.
«¿Quién puede creer que los jugadores fueron para atrás? Llegamos rotos, cansados sin resto y así y todo el cuco nos ganó porque pudieron meter una», dijeron a LPO fuentes de la AFA.
«Perdimos en la nuestra peleando contra todo. Y fuimos los verdaderos animadores de este mundial. Cada vez que el mundo lo recuerde va a ser el mundial que Argentina volvió de la muerte 2 veces. Creamos una marca registrada que reforzó una identidad. Los claros ganadores de este mundial por legado, construcción de marca y futuro somos nosotros», dijeron en la asociación que preside el Chiqui Tapia.
«En el 2022 dejamos la mejor final de la historia de los mundiales y en el 2026 dimos la mayor lección de carácter de la historia del deporte. El futbol de la década del 20 sin Argentina no existe», agregaron las fuentes.
Respecto de Ducatenzeiller, en la AFA dijeron que «busca cámara». «Es muy triste porque era un dirigente y se transformó en un Azzaro», remataron.
Todo empieza con una caminata a orillas del Mediterráneo, donde el mar y la playa se encargan de no dejar rastros. Las olas y el viento borran todo tipo de marca que quede sobre la arena. Dejar huellas en el mar, como canta García, se sabe, es tarea de locos. En las playas de Valencia, con su agua cristalina, su arena blanca, sus palmeras, sus pececitos de colores y sus turistas extranjeros, dos tipos en apariencia muy cuerdos, empezaron a construir la selección argentina que dejaría la gran huella de este siglo. Tiran nombres, barajan posibilidades, piensan futuros. Son los últimos días de julio de 2018. Hace menos de dos semanas terminó el mundial en Rusia. La participación argentina, mucho antes, en octavos de final contra Francia. El mundial fue caótico. Formaciones difíciles de explicar, futbolistas con pocas ganas de entender, discusiones al interior del cuerpo técnico, negociaciones entre los jugadores y el entrenador en los días previos al último partido de la fase de grupos. Lo que vino después también fue difícil de entender: un partido ante Nigeria —donde el único resultado posible era ganar— que se terminó ganando sobre la hora; octavos de final contra Francia —un equipo visiblemente superior— al que por un instante se le nubló el futuro de campeón cuando, en la última jugada, Argentina casi empata el partido cuatro a cuatro.
Hay dos elementos que unen a ese artefacto extraño llamado Scaloneta con esa selección caótica e inmediatamente anterior: el corazón y la presencia de Lionel Scaloni. Es uno de los dos tipos que camina por la playa de Valencia recitando nombres como quien los memoriza antes de rendir un final. El otro es entrenador de las selecciones juveniles y se llama Pablo Aimar. Ambos están en esa región de España dirigiendo al seleccionado sub-20 que compite en el torneo de L’Alcudia, el primero para una selección argentina después del caos de Rusia. De ahí, de ese agujero negro que pareció devorarse todo —hasta la expectativa de poder ver alguna vez a Messi feliz con la camiseta argentina —, surgió la tercera estrella. “Cuando todo era nada, el principio”, canta Vox Dei. “Una nueva esperanza”, dicen los rebeldes de la guerra de las galaxias. Las grandes creaciones devienen del caos. La Scaloneta no es la excepción.
Scaloni y Aimar fueron los encargados de unir los restos del naufragio argentino de 2018. La propuesta de dirigir a la Selección les llegó durante L’Alcudia. El equipo necesitaba un cuerpo técnico para los partidos amistosos a disputarse en el segundo semestre de 2018. Allá lejos, al otro lado del Océano Atlántico, empezaba a armarse el Ministerio de la Alegría que nos haría felices en Argentina todos estos años. Sin dudarlo, Scaloni aceptó la propuesta. Le propuso a Aimar encarar el proyecto juntos. La respuesta de Pablo César pareció guionada: “Vos estás loco”, le dijo y, obviamente, aceptó.
Salieron entonces, a las horas de aceptar, a caminar por la orilla del Mediterráneo y pimponear nombres que conformarían la primera de las tres listas que darían de ahí hasta el fin de ese año. Piensan en un interinato y en probar jugadores para ofrecerlos como material a disposición del técnico que venga después. Un tiempo casi sin presiones, para inventar sin buscar resultados inmediatos. Veinte días más tarde sale la lista y Scaloni da su primera conferencia de prensa. Nadie lo nota porque no lo toman en serio, pero hay una frase que sienta las bases de lo que luego será su ciclo: “El chico que debuta ahora, que se pone la camiseta por primera vez, que intente no sacársela más”. Muchos futbolistas de esas primeras listas —Paredes, Lo Celso, Palacios, entre otros— le harán caso.
Como en el cuento de Hansell y Gretel, Scaloni va dejando miguitas de pan. Mojones que marcarán el camino de su ciclo. En su segundo partido, curiosamente en el mismo estadio donde la selección perderá la final del mundial 2026 con España, un familiar de Paulo Dybala twitteó en contra del cuerpo técnico por la ausencia del jugador entre los titulares. Después del partido, Scaloni habla en cámara abrazado con el futbolista. Si hay una virtud importante para manejar un grupo es poder solucionar los problemas internos con rapidez. Otra vez, en ese mismo primer semestre, Eduardo Coudet declara que es una falta de respeto que Scaloni sea el técnico de la selección. Cuando le preguntan por esa declaración, Scaloni dice que ya habló con el técnico y estaba todo solucionado.
Scaloni y Aimar piensan que su paso por la selección durará seis partidos. En los últimos dos hubo más muestras gratis de lo que veremos en el futuro: después del primer amistoso, Scaloni dice: “Sabemos defender, sabemos sufrir”. Luego del último amistoso le preguntan cómo evalua su paso por la selección: tras ensayar una respuesta la voz se le quiebra y abandona la entrevista para irse a llorar tranquilo. Todavía es 2018. Ni nos imaginamos lo que vendrá.
Un cuerpo
El seleccionador de uno de los países más futboleros del universo parece vivir esperando el momento para escaparse, para volver a andar bici o entrenar a unos chicos de una escuelita en Mallorca. En un ambiente lleno de flashes, en el que la mayoría de los técnicos busca que lo destaquen y le pregunten cómo creó ese sistema de juego, una de las singularidades de Scaloni es su búsqueda del anonimato. Su liderazgo pasa por otro lado. Scaloni es un primus inter pares, el primero entre sus iguales. Sabemos el nombre de la mayoría de su cuerpo técnico, no solo porque muchos son ex futbolistas de selección, sino porque él se encarga de que tengan protagonismo. Al principio eran cuatro: Scaloni, Aimar, Martín Tocalli y Matías Manna. Antes de viajar a L’Alcudia, un preparador físico se acercó a la puerta del predio de AFA, era Luis Martín. Se presentó con Scaloni y empezó a trabajar con ellos. Durante 2018 se sumó Walter Samuel. En marzo de 2019, cuando ya los habían confirmado hasta la Copa América de ese año, se incorporó Roberto Fabián Ayala. El verbo incorporar tiene varios significados, me quedo con dos: “unir una persona o una cosa a otra para que haga un todo con ellas” y “agregarse a otras personas para formar un cuerpo”.
Scaloni, Aimar, Samuel, Tocalli, Manna, Ayala y Martín conforman un cuerpo. “Mi cuerpo es como mi mundo”, canta Gabo Ferro. El mundo del cuerpo técnico de la selección es el que diseñó el nuestro en los últimos cinco años. Un mundo horizontal, llano, en el que Scaloni toma las últimas decisiones pero que escucha y permite el diálogo con el resto. Si quisiera, podría vivir de dar charlas sobre liderazgo por el resto de su vida. Nos perderíamos un gran entrenador pero quizás el mundo sería un lugar más habitable. Scaloni, Aimar, Samuel y Ayala comparten elementos biográficos: fueron futbolistas, jugaron en la selección, disputaron mundiales, empezaron en divisiones juveniles, no lograron ningún título en la selección mayor, los dirigió José Pekerman y —en el país unitario— ninguno nació en Buenos Aires: Scaloni es de Pujato; Aimar, de Río Cuarto; Ayala, de Paraná; Samuel, de Laborde —tierra del malambo—, aunque se crió en Firmat, Santa Fe. Incluso Matías Manna, también santafesino, es de San Vicente. Federalismo para la victoria.
Scaloni, Aimar y Samuel se conocen desde adolescentes: los tres fueron campeones del mundo juveniles en Malasia 97. Ayala, unos años más grande, fue parte del seleccionado que ganó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Entre los cuatro se puede trazar la línea que va de Messi a Maradona. De Francia 98 a Sudáfrica 2010. Ayala, Aimar y Scaloni compartieron el plantel con Messi en Alemania 2006. Cuando Scaloni sostiene que si el equipo pierde no pasa nada, que el sol sale igual, lo dice por experiencia de todo el cuerpo técnico. Porque la Scaloneta no solo se construyó en base a las frustraciones de Messi y su camada, sino de todas las anteriores también. Si usamos el método Pity Álvarez de causalidades —para destruir hay que hacer, para morir hay que nacer, para odiar hay que querer— en nuestra Selección para ganar hay que perder. Las finales que perdimos, cuantos años las lloré. Cuando las cosas salen como no las espero, la vida me hace más guerrero.
Si el eslabón perdido entre Menotti y Bilardo es José Néstor Pekerman —técnico campeón mundial en juveniles en 1995, 1997, 2001 y director técnico en Alemania 2006—, Scaloni, Aimar, Samuel y Ayala son sus apóstoles. Pekerman fue el camino que encontraron Scaloni y Aimar para refundar la selección argentina. Porque lo que hicieron fue volver a crear algo donde parecía que no quedaba nada, después de la salida espantosa de Sampaoli. Menotti fundó al seleccionado como una entidad en 1974, Bilardo consolidó el proyecto y construyó su casa —el predio de Ezeiza—, Maradona inventó el tipo ideal “futbolista de selección” y Pekerman los moldeó desde pibes. Scaloni, cinco décadas más tarde que Menotti, encabezó una refundación. Como en un círculo, el que le sugirió a Tapia que Scaloni y su cuerpo técnico debían continuar fue Menotti. Volviendo al Pity: Si lo sembrás, lo recogés. Y si esperás, vas a entender. Casi como Muchachos, en donde elegimos contarnos desde las finales perdidas, con la esperanza como bandera, como una plegaria, con la certeza de que las victorias nacen en las derrotas.
Vengo a ofrecer mi corazón
Scaloni suspendió la última conferencia del mundial porque lo desbordó el llanto. Ya había contado antes que en el vestuario lo apodaron La Llorona. “El que no sabe de amores, Llorona. No sabe lo que es martirio”, canta Chavela Vargas. La canción no está dedicada a Scaloni, claro, pero esa línea podría ser el lema de su selección. Su equipo, ese que construyó a partir de 2018 y trajo hasta 2026. Ese que destacó después de Egipto, cuando dijo, entre lágrimas por supuesto, “Qué grupo de jugadores, hermano”. Ese que decidió sostener en la final a pesar que muchos no daban más físicamente. Ese que no nos iba a dejar tirados. Ese que, Scaloni sabe, será difícil de superar, no en el sentido de ser mejor, sino en uno mucho peor: en el de dejarlo atrás. Ese que juega con el corazón en la mano. Ese que te hace vivir como si tuvieras un nervio a la intemperie y con cada brisa el dolor te recordara que estás vivo.
La Scaloneta surgió en una época en la que es difícil encontrar alguien que te represente. Por eso a veces se les pide tanto, porque tiene que ocupar espacios y llenar vacíos que nos vienen de otros lados. La creación de Scaloni logró una forma de jugar que representa no solo por su estética, sino por su componente dramático. Y porque tiene esa cosa, medio Rocky, de dar vuelta instancias que parecen imposibles. De ahí que se la compare tanto con esa otra selección querida que es la de Italia 90. “Soy hincha de la selección, aliento con el corazón”, dice la canción de este año y refleja lo que ocurre dentro de la cancha. Pelota al piso, sí. Sufrimiento también. Nos gusta el tango, nos gusta contar que sufrimos y nos gusta sufrir para recordar que estamos vivos.
En la serie documental El método Scaloni, los jugadores y el cuerpo técnico reconstruyen la charla previa a la final con Francia en 2022. El elemento del relato es el opuesto al de aquello que se recuerda. Todos se ríen mientras cuentan que Scaloni no pudo dar la charla previa porque se quebró. Que entonces le dio paso a Aimar, pero también fue vencido por las lágrimas. Lo intentó Walter Samuel, pero en la garganta se le hizo un nudo marinero. Lo fueron a buscar a Matías Manna, pero tampoco le hizo frente al llanto. La charla técnica fue esa, una secuencia de lágrimas por parte de los que debían estar serenos. En ese sentido Scaloni no se guarda mucho, llora puertas adentro y frente a las cámaras. De ahí el apodo y también una de las marcas de la identidad de esta Selección. Se puede perder. Se puede llorar. Se sigue con el corazón.