Sociedad

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    La doble vara judicial: cuando la sospecha condena y la prueba no alcanza

     

    La comparación entre la causa que derivó en la condena de Cristina Fernández de Kirchner y otros expedientes recientes que involucran a funcionarios del actual gobierno expone una tensión cada vez más evidente: mientras en un caso bastó con una presunción interpretativa —“no podía no saber”—, en otros, con abundancia de indicios y documentación, la reacción judicial y mediática parece notablemente más tenue.

    Por Ramiro C. Ferrante para NLI

    La historia judicial argentina ofrece múltiples ejemplos de selectividad, pero pocos tan paradigmáticos como el contraste entre la denominada “causa Vialidad” y las investigaciones que hoy rodean a distintos funcionarios del gobierno de Javier Milei. En el primer caso, el eje de la condena a Cristina Fernández de Kirchner giró sobre un razonamiento que excede la prueba directa: la idea de que, por su investidura, “no podía no estar al tanto” de las irregularidades atribuidas a la obra pública en Santa Cruz.

    Esa formulación, que en términos jurídicos tensiona principios básicos como la responsabilidad penal individual y la necesidad de prueba concreta, fue sostenida tanto por sectores del Poder Judicial como por buena parte del sistema mediático dominante. Sin embargo, cuando se observan expedientes actuales —donde aparecen transferencias, vínculos contractuales, decisiones administrativas documentadas o movimientos patrimoniales verificables— la vara parece desplazarse hacia un estándar mucho más laxo.

    La lógica de la presunción: el caso Vialidad

    En la causa que culminó con la condena de Cristina Fernández de Kirchner, uno de los aspectos más controvertidos fue la ausencia de evidencia directa que acreditara su participación personal en maniobras ilícitas. No se incorporaron registros de conversaciones, correos electrónicos, transferencias bancarias ni documentos firmados por la exmandataria que vincularan de manera concreta su accionar con los hechos investigados.

    La construcción acusatoria se apoyó, en cambio, en una inferencia estructural: que la entonces presidenta debía necesariamente conocer lo que ocurría en la asignación de obra pública. Esta interpretación, si bien puede tener peso político, abre un debate jurídico profundo sobre el alcance de la responsabilidad por jerarquía y sobre los límites entre presunción y prueba.

    En términos estrictamente legales, la doctrina penal exige certeza basada en evidencia. Sin embargo, el fallo incorporó un razonamiento más cercano a la sospecha estructural que a la demostración empírica, lo que fue celebrado por sectores mediáticos que durante años instalaron la idea de culpabilidad como sentido común.

    ANDIS, $LIBRA y otras causas: cuando la prueba no moviliza

    En contraste, investigaciones recientes como las vinculadas a la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), el denominado caso $LIBRA o las denuncias por enriquecimiento que salpican a figuras del oficialismo presentan un cuadro distinto: aquí sí aparecen elementos materiales, registros administrativos y circuitos financieros que permiten trazar relaciones más concretas.

    Sin embargo, la respuesta institucional no ha tenido la misma intensidad. En el caso de ANDIS, por ejemplo, se mencionaron irregularidades en la asignación de fondos y contrataciones que derivaron en cuestionamientos internos, pero sin avanzar con la celeridad que se observó en otras causas de alto impacto político.

    Algo similar ocurre con el entramado de $LIBRA, donde la existencia de documentación, decisiones administrativas y posibles beneficiarios identificables no logró instalar en el debate público la misma noción de escándalo estructural que sí se construyó en torno al kirchnerismo.

    El patrimonio y las explicaciones: el caso Adorni

    El caso de Manuel Adorni resulta ilustrativo en este esquema comparativo. Las discusiones sobre su patrimonio, operaciones inmobiliarias y financiamiento de adquisiciones abrieron interrogantes que, en otro contexto político, probablemente habrían derivado en investigaciones más profundas y en una cobertura mediática sostenida.

    Sin embargo, la reacción predominante fue la relativización o la rápida disipación del tema en la agenda pública. La diferencia no es menor: mientras en la causa Vialidad se construyó una narrativa de culpabilidad sin prueba directa, en estos casos la existencia de elementos verificables no alcanza para generar una presión equivalente.

    El rol de Karina Milei y las sospechas de intermediación

    Otro punto que alimenta la discusión sobre la doble vara es la aparición de versiones vinculadas a presuntos esquemas de intermediación o retornos —como el denominado “3%”— que involucran a Karina Milei. Si bien muchas de estas denuncias requieren aún confirmación judicial, lo cierto es que el tratamiento mediático ha sido, en general, más prudente o marginal.

    En términos comparativos, basta recordar cómo hipótesis mucho menos documentadas en el pasado fueron amplificadas durante meses hasta consolidarse como verdades instaladas.

    A diferencia de lo ocurrido con Cristina Fernández de Kirchner, donde la centralidad del cargo fue utilizada para inferir conocimiento y eventual participación, en el caso del actual presidente parece imponerse la lógica inversa.

    Créditos del Banco Nación y decisiones administrativas

    Las operaciones crediticias otorgadas por el Banco Nación a determinados actores también ingresan en este análisis. La existencia de expedientes, montos y condiciones específicas ofrece un terreno fértil para la investigación judicial. No obstante, nuevamente, la intensidad de la respuesta institucional dista de la observada en otras etapas políticas.

    El contraste no implica necesariamente afirmar culpabilidades, sino señalar una diferencia en el estándar de exigencia: lo que en un caso se interpreta como indicio suficiente, en otro parece no alcanzar ni siquiera para activar mecanismos de investigación robustos.

    En este punto aparece un elemento particularmente revelador: la forma en que el propio Javier Milei queda sistemáticamente por fuera de las hipótesis de responsabilidad. A diferencia de lo ocurrido con Cristina Fernández de Kirchner, donde la centralidad del cargo fue utilizada para inferir conocimiento y eventual participación, en el caso del actual presidente parece imponerse la lógica inversa. Aun cuando los hechos investigados involucran áreas sensibles del gobierno o funcionarios de su máxima confianza, la interpretación dominante —tanto en ciertos sectores judiciales como mediáticos— tiende a considerar plausible que Milei “no esté al tanto”. Esta asimetría no es menor: mientras en un caso la jerarquía implicaba necesariamente conocimiento, en el otro habilita una presunción de desconocimiento que lo excluye preventivamente del análisis de responsabilidades.

    Medios, justicia y construcción de sentido

    El punto de convergencia entre todos estos casos es el rol de los medios de comunicación en la construcción de sentido. La condena de Cristina Fernández de Kirchner fue precedida por años de cobertura sistemática que instaló una narrativa de corrupción estructural, incluso en ausencia de pruebas directas.

    En cambio, las causas que hoy afectan a funcionarios del oficialismo no han logrado —o no se ha buscado que logren— ese mismo nivel de penetración en la opinión pública. La diferencia no es sólo cuantitativa, sino cualitativa: cambia la forma en que se interpreta la evidencia y el peso que se le asigna.

    Una justicia bajo sospecha

    La comparación deja al descubierto una pregunta incómoda pero inevitable: ¿existe un criterio uniforme en la administración de justicia o las decisiones están condicionadas por el contexto político y mediático?

    Cuando una condena puede sostenerse en una presunción y otras investigaciones con mayor volumen de pruebas no avanzan con igual firmeza, la percepción de doble vara se vuelve difícil de refutar. Y esa percepción, más allá de las posiciones partidarias, erosiona uno de los pilares fundamentales del sistema democrático: la confianza en la justicia.

    En definitiva, el problema no es sólo jurídico, sino institucional. Porque una justicia que parece medir distinto según el acusado deja de ser justicia para convertirse en un instrumento de disputa política. Y en ese terreno, la verdad —con pruebas o sin ellas— corre siempre el riesgo de quedar relegada.

     

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    Carolina Píparo canceló una deuda de USD 50 mil tras la llegada de Milei y crecen las sospechas

     

    En medio del escándalo por créditos hipotecarios otorgados a dirigentes libertarios, salió a la luz un dato que vuelve a poner en discusión el uso del Banco Nación: Carolina Píparo canceló una deuda cercana a los 50 mil dólares apenas iniciado el gobierno de Milei.

    Por Celina Fraticiangi para NLI

    La revelación no es menor ni aislada. Según datos oficiales de la Central de Deudores del Banco Central, la dirigente Carolina Píparo registraba compromisos financieros por alrededor de 60 mil dólares que se redujeron prácticamente a cero en diciembre de 2023, justo cuando asumió Javier Milei.

    Aunque cancelar deudas no constituye un delito en sí mismo, el timing del movimiento financiero encendió alertas en un contexto ya atravesado por denuncias sobre supuestos beneficios para funcionarios del oficialismo.

    Un dato que se suma al escándalo del Banco Nación

    El caso de Píparo no aparece en el vacío. Forma parte de una polémica mayor vinculada a los denominados créditos hipotecarios “VIP” otorgados a dirigentes de La Libertad Avanza, que generaron cuestionamientos sobre posibles privilegios en el acceso al financiamiento estatal.

    La información surge de registros públicos procesados por herramientas que permiten visualizar la evolución de las deudas de funcionarios. Allí fue donde comenzaron a detectarse movimientos llamativos en cuentas de dirigentes oficialistas, entre ellos el abrupto saneamiento financiero de Píparo.

    Lo que profundiza el conflicto es que, lejos de mantenerse al margen, Píparo fue designada como directora del Banco Nación, es decir, pasó a ocupar un rol clave dentro de la misma institución que hoy está bajo sospecha.

    De deudora a garante de “transparencia”

    El contraste resulta difícil de ignorar. La dirigente, con formación en trabajo social y trayectoria política, quedó al frente de una entidad financiera de peso sin experiencia técnica específica en el sector bancario, lo que ya había generado críticas previas.

    Ahora, el foco se traslada a su situación patrimonial: cancelar una deuda significativa justo en el inicio de una gestión que hoy es investigada por posibles beneficios financieros a funcionarios abre interrogantes inevitables.

    Porque el punto no es únicamente si la operación fue legal —que lo es—, sino si existieron condiciones privilegiadas, acceso diferencial al crédito o información anticipada que expliquen la rapidez del saneamiento.

    El modelo libertario bajo la lupa

    Este episodio vuelve a alimentar una discusión más amplia sobre el funcionamiento del gobierno de Milei: un esquema que prometía terminar con los privilegios de la “casta” pero que acumula cuestionamientos por prácticas que parecen reproducirlos.

    La combinación de funcionarios beneficiados, movimientos financieros sospechosos y designaciones en organismos clave configura un escenario que, lejos de disipar dudas, las profundiza.

    En definitiva, el caso Píparo no es un hecho aislado sino una pieza más en un rompecabezas que empieza a mostrar patrones. Y en política, cuando los patrones se repiten, dejan de ser casualidad.

     

  • Montoneros, putos y faloperos

     

    El Frente de Liberación Homosexual (FLH) marchó por primera vez con una bandera propia el día de la asunción de Héctor Cámpora. Se asomó a la Plaza de Mayo con algo de temor, pero al mismo tiempo, con una ilusión: la democracia pondría fin a décadas de persecución, según reconstruyó Santiago Insausti en un artículo sobre los cuatrocientos desaparecidos gays. Los jóvenes revolucionarios iban a abrazar a estos militantes de la diversidad como no había ocurrido antes con el peronismo.

    En 1973 seguía vigente un edicto del primer gobierno de Perón, del año 1949, que le permitía a la Policía Federal encarcelar por treinta días a “las personas de uno u otro sexo que públicamente incitaran o se ofrecieran al acto carnal”. A pesar de la vigencia de esa normativa, para fines de la década del sesenta se había consolidado un movimiento cultural y político potente en defensa del colectivo LGTB y de los derechos de la mujer, que en 1971 dio paso a la creación del FLH.

    Aquel 25 de mayo su columna se sumó a la plaza que colmaron los montoneros. El temor que sentían aquel día ante una posible “reacción anti-marica” quedó registrado en la revista 2001 Periodismo de Anticipación, que publicaba artículos de temas tan variados y contrapuestos como la carrera al espacio, ovnis, vida extraterrestre, ecología, parapsicología y también, sexualidad. Una extensa crónica contó que el FLH entró por Retiro y se ubicó frente al Banco Hipotecario. Alguien les gritó: “Aquí necesitamos hombres. No luchamos dieciocho años para que ustedes vengan a esta plaza”, y un integrante del frente le respondió: “Nosotros también somos hombres, y tan dueños de la plaza como vos”. Las mujeres de las minorías sexuales todavía no formaban parte de la conversación.

    Durante el gobierno de Cámpora —por unas pocas semanas—, el FLH se convirtió en un interlocutor respetable en distintos ámbitos públicos. Sus miembros se reunieron con legisladores, enviaron cartas a todos los comisarios para que dejaran de aplicar los edictos represivos y repartieron volantes en bares gays. Nació el periódico Somos y se imprimió el manifiesto Sexo y revolución, con el poeta y escritor Néstor Perlongher como activista destacado.

    Formado en la izquierda trotskista, el futuro autor de “Cadáveres” había sufrido en el Partido Obrero la discriminación por ser gay; ahora Perlongher venía a plantear a la juventud peronista que los procesos de liberación debían incluir al cuerpo y el combate del modelo heteropatriarcal de familia funcional a la opresión capitalista.

    Los integrantes del FLH marcharon por segunda vez el 20 de junio para recibir a Perón en su regreso del exilio. Llegaron en micros que salieron de Constitución a la avenida Ricchieri, se sumaron a la Columna Oeste de la Juventud Peronista y para aflojar los primeros momentos de tensión reformularon estrofas de la marcha peronista que se podían interpretar como un canto a la diversidad sexual: “Por ese gran argentino,/ que trabaja sin cesar/ para que reine en el pueblo/ el amor y la igualdad”.

    El empoderamiento de la derecha peronista a partir de los episodios ocurridos en Ezeiza significó el fin de la primavera camporista para la comunidad homosexual. En respuesta a los carteles de la JP que lo señalaban como el responsable de una “masacre”, el coronel Jorge Osinde empapeló la ciudad con carteles en los que “acusaba” a los montoneros de ser “homosexuales y drogadictos”. La respuesta de la izquierda peronista mantuvo el mismo tono homofóbico: “No somos putos/ no somos faloperos:/ somos soldados de Perón/ y Montoneros”.

    En el mes de octubre se estrenó la película El último tango en París, de Bernardo Bertolucci, que escandalizó por una escena en la que Marlon Brando, actor que ya tenía más de cincuenta años, para tener sexo con una muy joven María Schneider le untaba el ano con manteca. Aunque fue parcialmente censurada, a la JP le inspiró una rima machista del mismo tenor: “Brujo vení,/ Brujo vení, Brujo vení/te va a quedar el culo/ como el Tango de París”.

    Con el tercer peronismo volvieron las razias y las detenciones arbitrarias en los bares y ambientes que frecuentaba la comunidad homosexual. A partir de enero de 1974 Perón repuso en un cargo jerárquico de la Policía Federal a Luis Margaride, un comisario que había estado al frente de las Brigadas de Moralidad durante el régimen del dictador Juan Carlos Onganía. Era católico ferviente, no le gustaban los hombres con barbas ni las mujeres en minifalda y en nombre de las buenas costumbres había encabezado personalmente operativos en hoteles alojamiento para exigir la libreta de matrimonio a sus huéspedes.

    Con Isabel Perón, Margaride —el FLH lo apodó la tía Margarita— llegó a jefe de la Policía Federal y recibió la orden de parte de López Rega de “asustar” a la comunidad gay para que no volviera a salir a la calle.

    El 13 de octubre de 1974 aparecieron en Villa Soldati los cuerpos de Pedro Barraza y Carlos Laham, una pareja que se reivindicaba como “putos peronistas”: la brutalidad escalaba.

    Barraza tenía treinta y seis años y veinticinco orificios de bala; Laham, que no llegó a cumplir veintiuno, recibió cincuenta y cinco balazos. Una cinta adhesiva le cubría los ojos.

    Barraza era periodista y había investigado en 1963 la tortura y desaparición del sindicalista Felipe Vallese; responsabilizó a Juan Fiorillo, jefe de la Brigada de Servicios Externos, quien fue condenado en 1971 a tres años que no cumplió. Fiorillo, liberado poco antes del crimen, se sumó a la Triple A.

    Barraza había conocido a Laham al regresar de Europa, en noviembre de 1970. La hermana, Virgina, era novia de uno de sus grandes amigos, el periodista Carlos Eichelbaum; los tres lo fueron a buscar a Ezeiza. Desde ese día no se separaron: se mudaron juntos y vivieron como pareja.

    En una ocasión notaron que un auto los seguía. La última vez que los vieron fue el 11 de octubre; dos días después faltaron a un almuerzo con la madre de Carlos.

    Pasaron casi cuarenta años hasta que una agrupación recuperó la historia del FLH, se apropió del pretendido insulto y le cambió el sentido para formar en La Matanza, en el conurbano, una línea interna del Partido Justicialista llamada “Putos Peronistas”.

    La entrada Montoneros, putos y faloperos se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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    Cuando el mercado era libre

     

    COMBUSTIBLES BAJO CONTROL | La cháchara de la libertad irrestricta de los mercados y el declamado odio a los controles de precios era solamente eso: cháchara altisonante de trasnochados para fanáticos e ingenuos.

    Por Nerio Corello para NLI

    Cuarenta y cinco días de control del precio de los combustibles por parte de la estatal YPF. ¿Será el principio del fin de falsos principios? Principio no, en realidad, porque la pléyade de la libertad arrancó su era poniéndole precio al dólar y continuó con aprietes blandos –valga la contradicción- a supermercadistas, prepaguistas y formadores de precios.

    Pero este control anunciado con el eufemismo “buffer”[i] parece el tiro del final a los principios libertarianos que el entusiasta de los bienes raíces, Manuelito, el tortugo más rápido del mundo para las escrituras traslativas, enunciaba con soberbia cuando ocupaba el púlpito de la vocería presidencial.

    El trago amargo del tampón fue para Horacio, que anunció el naufragio:

    “En YPF hemos decidido crear un buffer de precios para estabilizar los precios de los combustibles hasta 45 días”, declaró el director ejecutivo de YPF, Horacio Marín, en una entrevista televisiva este miércoles, “sea que el precio del Brent suba o baje, vamos a mantener los precios aproximadamente constantes”; “YPF va a ayudarte [consumidor], va a mantener los precios estables”, remató.

    Parece que la guerra en Irán y en todo lugar es un fenómeno estrictamente monetario, digamos, porque suma presión inflacionaria, excusa que dispara el hasta ayer aborrecido e innombrable control de precios, ahora nombrado como “buffer” para contener con disimulo verbal la hemorragia de principios.

    Pronto, seguramente, los puristas hablarán de esos viejos buenos tiempos, cuando los mercados eran libres y los precios volaban como pájaros de pico encorvado en libertad, sin control ni techo.


    [i] Una solución tampón o buffer es una mezcla acuosa de un ácido débil y su base conjugada que resiste cambios drásticos en el pH cuando se añaden pequeñas cantidades de ácido o base.

     

  • Petovello echó a su jefe de Gabinete por los créditos del Nación y expuso a Caputo y Adorni

     

    Sandra Pettovello echó a su jefe de Gabinete, Leandro Massaccesi, por haber recibido un crédito del Banco Nación por más de 400 millones de pesos y, en ese acto, sentó un precedente moral que dejó expuestos nada menos que a Luis Toto Caputo y Manuel Adorni.

    La ministra de Capital Humano tomó la decisión después que se viralizara en Twitter el nombre de Massaccesi en una lista de los funcionarios, tuiteros y legisladores oficialistas y aliados que se beneficiaron con los préstamos de mismo banco que los libertarios amagaron con privatizar. El ministro de Economía, sin embargo, no dijo todavía una palabra sobre el privilegio de su secretario de Finanzas, Federido Furiase, y su asesor Felipe Núñez, que recibieron 410 y 470 millones de pesos, respectivamente, de parte de la entidad crediticia.

    Pese a que se lo vio sacado con los empresarios en la Bolsa de Comercio, Caputo guardó estricto silencio sobre Furiase y Núñez, muy lejos de las ganas que manifestó de «cagar a patadas en el culo» a los que piden devaluar. Pero el escándalo es mayúsculo porque el Ministerio de Economía ejerce control sobre el Banco Nación.

    Ambos funcionarios trabajan, además, codo a codo con el ministro pero, encima, el secretario de Finanzas es el que define la política crediticia, lo que hace suponer que habría maniobrado de los dos lados del mostrador para aplicar al préstamo. «Furiase es el que hace las colocaciones de deuda y es el que maneja la política financiera», comentó un especialista a LPO.

    Funcionarios de Toto Caputo, tuiteros y diputados libertarios, beneficiados con créditos millonarios del Banco Nación

    En cambio, Pettovello reaccionó sin titubear, pese a que no tiene una relación funcional con el Nación. Al primer trascendido en redes sociales, no dudó en echar a Massaccesi, el funcionario que le maneja políticamente el ministerio.

    De este modo, la ministra fija una regla ética que deja completamente en off-side a Caputo, pero también a Karina, que sigue respaldando a Manuel Adorni aunque los escándalos de corrupción se multiplican su alrededor.

    Furiase y Núñez.

    La determinación de Pettovello puede caer como una bomba en Casa Rosada, porque la ministra fetiche de Javier Milei termina teniendo una estatura moral mucho más alta que la de su hermana, quien ya evaluó la posibilidad de echar a la ministra en otra oportunidad.

    El problema de Karina es que la definición política de la jefa de Capital Humano es coherente con la prédica libertaria anticasta, un discurso que cada vez resulta más difícil de honrar para un gobierno minado por hechos de corrupción. Sin ir más lejos, Adorni no puede explicar cómo compró su casa en el country, con qué dinero adquirió el departamento de Caballito, con qué recursos viajó en avión privado a Punta del Este y qué capacidad de pago tenía para planificar, como si fuera poco, un viaje al Caribe en medio de semejante volumen de inversiones.

    La determinación de Pettovello puede caer como una bomba en Casa Rosada, porque la ministra fetiche de Javier Milei termina teniendo una estatura moral mucho más alta que Karina.

    Para desgracia de Karina, Pettovello le muestra a Milei que hay dos formas de lidiar con la corrupción en su gobierno: la de la negación y la búsqueda de influencia en el Poder Judicial o la de exigir la renuncia del funcionario réprobo.

    Leandro Massaccesi es el hijo de Horacio Massaccesi, el ex gobernador de Río Negro al que en sus horas de desesperación habría apelado el presunto narco Fred Machado para hacer lobby a su favor en Buenos Aires, tal como informó LPO.