Sociedad

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    La “tarifa” de Milei: dice que podría cobrar 500 mil dólares por conferencia

     

    El propio Milei lo dijo sin rodeos. Mientras millones de argentinos enfrentan salarios deteriorados y un ajuste económico brutal, el mandatario afirmó que si hoy diera una conferencia podría cobrar hasta 500 mil dólares. La frase generó polémica por el contraste entre el discurso de austeridad que impulsa su gobierno y la valoración millonaria que hace de sus charlas.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    Una cifra que desató polémica

    Durante una entrevista reciente, Milei habló de su futuro después de la política y explicó cómo imagina su vida una vez que deje el poder. Allí lanzó la frase que rápidamente se viralizó: “Hoy si yo diera una conferencia la podría cobrar 500 mil dólares”, aunque aclaró que fuera del cargo el precio “valdría la mitad”.

    El mandatario incluso describió su proyecto personal para cuando deje la política: retirarse a escribir, convivir con sus perros y dedicarse a dar conferencias en distintos países.

    La cifra llamó la atención por varias razones. Primero, porque el propio Milei en el pasado hablaba de montos muy inferiores: antes de llegar a la presidencia sus charlas se pagaban entre 10 mil y 20 mil dólares, según había declarado en entrevistas años atrás.

    El salto de valor que ahora menciona —hasta medio millón de dólares— refleja el capital político y mediático que cree haber acumulado desde que llegó al poder.

    El contraste con la realidad económica

    Las declaraciones no pasaron desapercibidas en un contexto donde el gobierno impulsa un fuerte ajuste fiscal, caída del consumo y pérdida del poder adquisitivo.

    Incluso el propio Milei reconoció desde el inicio de su gestión que el plan económico implicaría un período duro para la sociedad, con recortes del gasto público y consecuencias negativas para la actividad económica en el corto plazo.

    En ese marco, la idea de conferencias valuadas en cientos de miles de dólares aparece para muchos como un símbolo del contraste entre la retórica libertaria y la realidad social.

    De economista mediático a marca global

    Antes de llegar a la presidencia, Milei ya había construido una carrera mediática como economista, escritor y conferencista. Ese perfil internacional es el que ahora proyecta explotar cuando termine su carrera política.

    Sin embargo, la afirmación de que una charla suya podría costar 500 mil dólares abrió un debate inevitable:

    • ¿Es una exageración retórica?
    • ¿Una forma de autopromoción política?
    • ¿O la construcción de una “marca Milei” para el circuito global de conferencias?

    Lo cierto es que, en medio de una Argentina golpeada por la recesión y el ajuste, la frase terminó alimentando una discusión incómoda para el gobierno: la distancia cada vez más visible entre la vida cotidiana de los argentinos y la elite política que gobierna.

     

  • Los Menem recibieron a los belgas de Deme y se meten en la pelea de la Hidrovía

     

    La licitación de la vía navegable troncal que conecta a Santa Fe, Entre Ríos y Paraguay con el océano Atlántico, tuvo un giro inesperado y dejó al descubierto una disputa más profunda dentro del Gobierno. 

    La semana que pasó, Martín Menem recibió en su despacho de la Cámara de Diputados a una delegación de la empresa belga DEME que compite por la licitación de la Hidrovía con la también belga Jan de Nul, actual dragadora de la vía fluvial Paraná-Paraguay.

    La irrupción de los Menem en la privatización más importante de la era Milei -se trata de un negocio de 10 mil millones de dólares- representa un avance sobre áreas de Santiago Caputo y coincide con el golpe de poder que dieron al quedarse con el aval de Karina Milei, con el ministerio de Justicia.

    Luego de esa reunión, la empresa brasileña DTA Engenharia, que era la tercera en discordia, decidió bajarse de la competencia. La lectura es política: la compañía entendió que no tenía terminal en el poder libertario. DTA abandono el proceso y no presentó las garantías exigidas en el pliego. 

    El conflicto en Medio Oriente tensiona la hidrovía y reabre la pulseada con Argentina por el peaje

    El retiro de DTA deja entonces la licitación reducida a un duelo entre dos gigantes globales del dragado: la belga Jan de Nul, histórica operadora de la hidrovía, y su competidora, también belga, DEME. Pero detrás de ese enfrentamiento empresarial asoma otra pelea, la que se reedita hacia dentro del triángulo de poder que rodea a Javier Milei. 

    Jan De Nul, histórica operadora del sistema durante más de dos décadas, llega a esta nueva licitación con una ventaja evidente: conoce el río, la logística y la estructura regulatoria del negocio. Pero además cuenta con una red de relaciones empresariales y políticas construida durante años de presencia en el país. 

    Jan De Nul, histórica operadora del sistema durante más de dos décadas, llega a esta nueva licitación con una ventaja evidente: conoce el río, la logística y la estructura regulatoria del negocio. Pero el acercamiento de los DEME a los Menem les da un volumen político que puede ser determinante.

    En ese entramado aparece el nombre de los hermanos Neuss, uno de los grupos ganadores del ciclo libertario, que han logrado tejer buenas relaciones con Jan de Nul. 

    Del otro lado aparece DEME, que en las últimas semanas construyo su propio canal político. Según confirmaron a LPO fuentes al tanto de la pelea, ejecutivos de esa compañía belga se reunieron con Martín Menem en la Cámara de Diputados. 

    «Con el acercamiento de DEME a los Menem, ya no se trata solo de quién presenta la mejor oferta técnica y económica para administrar uno de los nodos logísticos más importantes del país. La pulseada empresaria ahora suma un capítulo político evidente», agregó a LPO la fuente consultada. 

    El negocio vale el esfuerzo. Se trata de un contrato de 25 años de concesión con posibilidad de prórroga por cinco más, de la principal vía navegable para sacar las exportaciones argentinas. Una de las autopistas fluviales más extensas e  importantes del mundo en el corazón logístico de Sudamérica.

    El adjudicatario deberá encargarse del dragado, el balizamiento, el mantenimiento del canal y la administración del sistema de peajes. Pero detrás de la concesión hay tres variables que explican el verdadero poder del negocio. 

    La primera es el peaje que pagan los buques: cada dólar adicional en esa tarifa se multiplica por miles de barcos y termina impactando en toda la cadena exportadora. 

    La segunda es la profundidad del canal. Cada pie adicional de dragado permite que los buques salgan con más carga desde los puertos del Gran Rosario, aumentando la competitividad del sistema portuario. 

    La tercera es el control de la información logística. Quien administra la hidrovía tiene acceso privilegiado a los flujos de carga, tiempos de navegación y dinámica del comercio exterior. 

    La hidrovía es, en apariencia, una obra de infraestructura. Pero en la práctica funciona como la autopista por la que circulan los dólares de la economía argentina. Y por eso, mientras las empresas discuten quién manejará las dragas, dentro del Gobierno se libra otra disputa más silenciosa: qué sector del poder termina administrando uno de los nodos estratégicos del negocio exportador argentino.

     

  • «Si en tres años de crecimiento no aparece el empleo privado formal, revisamos la teoría económica»

     

    Ivan Carrino es uno de los jóvenes economistas libertarios más escuchados del momento, y también el más reposteado por Javier Milei. En un mano a mano con LPO, se dispone a explicar cuánto hay realmente de ideología y cuánto de economía convencional detrás del programa oficial. 

    A Carrino le divierte remarcar que la Universidad de Buenos Aires, cuna histórica del pensamiento crítico, es, según cuenta, la única universidad argentina donde se enseña formalmente a Murray Rothbard. Claro, dentro de la materia que dicta como profesor en Económicas. 

    Desde ese cruce entre academia, redes y poder político, defiende el rumbo económico del Gobierno, relativiza la idea de un experimento ideológico y sostiene una tesis incómoda: el padecimiento presente, para un bienestar futuro. La pregunta central del momento: cuánto dolor puede tolerar una estabilización económica.

    -Quiero arrancar por algo más conceptual. Vos estudiaste durante años la escuela austríaca. ¿Qué distancia encontras entre la teoría y el ejercicio real del gobierno? 

    -Sí, es cierto que lo estudié mucho. Conozco a los economistas austríacos desde chico. Mi primer acercamiento fue con un libro que tenía mi viejo cuando yo tenía 15 años, Camino de servidumbre. Tal vez no es el libro más específico de la escuela austríaca, porque es más bien un análisis económico-político general. Entendí el 30% de lo que leí en ese momento, te imaginarás. Después me regaló un libro de Mises, Seis lecciones sobre el capitalismo. Ese libro tuvo un momento viral el año pasado cuando un luchador brasileño dijo que Occidente estaba en peligro y recomendó leerlo. 

    Después hice mi carrera, estudié administración en la UBA, llegó la crisis del 2008. Yo ya me consideraba liberal, había atravesado la crisis del 2001 con 15 o 16 años, leía mucho a Roberto Cachanosky, Juan Carlos de Pablo, José Luis Espert, López Murphy. 

    En 2008 me reconecté con la escuela austríaca ya con nombre formal. Descubrí que existía toda una corriente intelectual. En 2011 decidí seguir estudiando específicamente eso y me fui a España a hacer una maestría con Huerta de Soto. 

    Cuando miras la política concreta, un economista formado en la escuela austríaca va a tener una mirada muy parecida a la de un economista formado en la tradición de Chicago. Ajustar el déficit fiscal, bajar la emisión monetaria, ordenar el tipo de cambio, desregular, privatizar, proteger la propiedad privada.

    Yo sentía que venía de los márgenes del mundo económico y de repente esas ideas quedaron en el centro de la escena. Eso es algo simpático para mí. 

    La escuela austríaca es una corriente de pensamiento, como puede ser el keynesianismo o la escuela de Chicago. Hoy no forma parte del mainstream. 

    Entonces aparece la pregunta: ¿qué hay de la escuela austríaca en el programa de gobierno? Porque Milei también es un gran conocedor de los autores austríacos. Uno podría pensar que estamos viendo una política económica austríaca, pero eso es más difícil de ver. Cuando uno lee a la escuela austríaca encuentra posiciones sobre política monetaria, el Banco Central, regulaciones específicas. Muchos autores plantean que el Estado debería correrse de muchos lugares. Ahora, cuando miras la política concreta, un economista formado en la escuela austríaca va a tener una mirada muy parecida a la de un economista formado en la tradición de Chicago o incluso del mainstream. Ajustar el déficit fiscal, bajar la emisión monetaria, ordenar el tipo de cambio, desregular, privatizar, proteger la propiedad privada. Hay consensos básicos en economía. Yo trato de ser ante todo un economista, más allá de las escuelas.

     – ¿No es un gobierno estrictamente austríaco? 

    -Y hay una inspiración liberal fuerte. Por supuesto, hay inspiración austriaca de decir que hay un norte ahí donde creemos realmente que el mercado es muy eficiente, bastante superior a otros arreglos institucionales. Sí. Y en lo concreto que hacemos? Y qué sé yo, hay que llevar la economía desde una especie muy sovietizada, ultra intervenida, con precios máximos, restricción para importar, altísimos niveles de inflación.  

    Hay que llevar esa economía a una economía más normal. ¿Y qué se hace? Pregúntale a un economista que más o menos entienda de las cosas y te va a decir que hay que hacer lo que más o menos se está haciendo: ajustar el déficit fiscal, bajar la emisión monetaria, tener más o menos controlado el tipo de cambio. 

    Desregular, privatizar, dar un mensaje que vas a proteger la propiedad privada y teniendo en cuenta el punto de partida, un austriaco está de acuerdo. Un tipo de la escuela Chicago está de acuerdo. Te diría que muchos keynesianos también están de acuerdo. Entonces, me parece para mí interesante enfatizar eso. 

    -Entonces el gobierno estaría haciendo algo que buena parte de la profesión económica considera necesario. 

    -Sí, y sumale la convicción, la fuerza y el empuje con el que se hace. Estas cosas que parecían inevitables tal vez necesitaban alguien con inspiración más radical para correr el eje de la discusión. Huerta de Soto es un radical. Hay autores austríacos que han sostenido que el Estado tiene que correrse del sistema sanitario o educativo. Son posiciones libertarias fuertes. Tal vez necesitabas alguien tan convencido de eso para que lo normal volviera a ser algo aceptable en Argentina.

    Hay que llevar la economía desde una especie muy sovietizada, ultra intervenida, con precios máximos, restricción para importar, altísimos niveles de inflación, a una economía más normal. ¿Y qué se hace? Pregúntale a un economista que más o menos entienda de las cosas y te va a decir que hay que hacer lo que más o menos se está haciendo.

    -Vos alguna vez planteaste que Milei es un líder populista. 

    -Sí. Lo tomo de un artículo de Rothbard de 1992 que se llama Populismo de derecha. Él decía que el Partido Libertario había logrado instalar identidad ideológica pero no impacto político. Entonces propone una estrategia distinta: una actitud de denuncia contra el gobierno, ciertos empresarios y líderes de opinión. No usa la palabra «casta», pero la lógica es parecida. El discurso político de Milei, sobre todo al principio, es compatible con eso: confrontativo, denunciante. No digo que Milei haya leído eso y decidido aplicarlo. Pero la similitud está.

     -Y ahí aparece inevitablemente la comparación con Trump. ¿Trump entra en esa categoría?

     -Trump sí encajaría en una descripción de populismo de derecha por el estilo político. Pero no desde el punto de vista económico. Sus planteos sobre comercio exterior son verdaderamente absurdos desde el consenso económico básico. Son proteccionistas, nacionalistas. Tiene el estilo populista, pero no el componente libertario.

    Lo que no tiene Trump, que sí tiene Milei y que sí tenía la categoría de Rothbard, es inteligencia del punto de vista económico. Los planteos de Trump son verdaderamente absurdos en materia de comercio exterior, por ejemplo. No pasan la prueba de lo razonable del punto de vista económico.

    Hay muchísimo consenso en economía de que la economía abierta funciona mejor que la economía cerrada. Entonces lo que no tiene Trump, que es populista en el sentido de amigo y enemigo, la estrategia de denuncia, casta, etcétera; pero no tiene el condimento libertario. 

    Trump encajaría en una descripción de populismo de derecha por el estilo político. Pero no desde el punto de vista económico. Sus planteos sobre comercio exterior son verdaderamente absurdos desde el consenso económico básico. Son proteccionistas, nacionalistas. Tiene el estilo populista, pero no el componente libertario. 

    – Entonces, Trump rompe con el consenso básico económico… 

    -Yo creo que simplemente está formado en en otro punto de vista, en otras ideas, tiene asesores económicos que discuten con el consenso general de la de la economía. ¿No? También habrá una estrategia. A ver, también ahí está este tema de lo conveniente políticamente. Trump le está hablando una base electoral desencantada que por ahí tenía trabajo en una fábrica y lo perdió y el que encontró no es el que le gusta. Tal vez (en Estados Unidos) hay mucha gente con, digamos, el nacionalismo. El pensamiento tribal es algo bastante propio del ser humano, no?

     -Voy al punto incómodo. Hay estabilidad pero mucha gente siente que vive peor. ¿Cómo se explica esa distancia entre los datos macro y la experiencia cotidiana? 

    -Ahí me parece importante ser respetuoso de los datos. Entre el tercer trimestre de 2023 y el tercer trimestre de 2025 se crearon 409.000 puestos de trabajo. Eso está en la base del Indec. Entonces hay creación de empleo. Ahora, cuando miras el desagregado, se perdieron más de 200.000 puestos asalariados formales privados, pero se crearon más de 600.000 empleos informales o no asalariados, muchos monotributistas. No voy a desconocer esa realidad. El ideal es empleo registrado, estable y bien pago. Para eso necesitas crecimiento económico sostenido. Si en tres años de crecimiento no aparece empleo privado formal, ahí sí revisamos la teoría económica. 

     -Pero aun así estamos hablando de precarización laboral…

    -Sí, pero es un fenómeno que viene de antes y también es global. La economía cayó fuerte tras la corrección cambiaria de 2024. Ahí se perdió empleo en industria, comercio y servicios. Ahora cae menos. Todavía no se recupera el empleo formal, pero sí el empleo total.

     -El Gobierno habla de reconversión productiva hacia energía, minería y servicios. Pero reconvertirse en Estados Unidos no es lo mismo que hacerlo en Argentina. ¿Cuán doloroso puede ser ese proceso? 

    -Desde el año 2000 Estados Unidos perdió 4,6 millones de empleos industriales y hoy tiene 4% de desempleo. Esos trabajadores fueron a servicios. Todas las economías desarrolladas funcionan así. La industria argentina representa 18% del PBI y del empleo formal. El grueso está en servicios. Ahora, decirle a alguien que perdió su trabajo dónde va a trabajar mañana es difícil. Yo no tengo una respuesta concreta para esa persona. Pero históricamente las economías reasignan empleo.

    Entre el tercer trimestre de 2023 y el tercer trimestre de 2025 se crearon 409.000 puestos de trabajo. Eso está en la base del Indec. Entonces hay creación de empleo. Ahora, cuando miras el desagregado, se perdieron más de 200.000 puestos asalariados formales privados, pero se crearon más de 600.000 empleos informales. El ideal es empleo registrado, estable y bien pago. Para eso necesitas crecimiento económico sostenido. Si en tres años de crecimiento no aparece empleo privado formal, ahí sí revisamos la teoría económica. 

     – ¿Decis que hay que atravesar  inexorablemente un período de sufrimiento social? Suena insensible. 

    -Dos cosas. Si fuera por mí y si mi bolsillo fuera el de Donald Trump, le pago la vida a todo el mundo. Pero no depende de la generosidad de nadie. Hay que pensar cómo salvas a todos con el mejor sistema institucional posible, para que cada uno pueda salvarse a sí mismo. Puede sonar insensible, pero no hay forma de hacer las cosas muy mal en economía durante años y que no tenga costos después. Argentina emitió para financiar déficit, puso precios máximos, cepos. Todo dio exactamente el resultado que tenía que dar. Cuando corregís eso, aparecen costos. No hay salida gratis. Pasar de un déficit fiscal de cinco puntos del PBI a equilibrio financiero y bajar la inflación desde más de 200% implica costos. Eso existe en cualquier manual de economía.   

    No estamos tan mal.  O bueno, es la resistencia social. Ahí no sabemos si no dolió tanto o no, Pero que será que tendrá este presidente que la gente lo sigue apoyando. ¿Hay que preguntarse esas cosas, no? Y lo segundo que vale la pena decir es que Milei puede ser, digamos, austríaco, el insensible, lo que sea, pero lo primero que hizo fue decir lo que iba a hacer. 

    Si vos de clase media con un ingreso donde estabas ahí y ahora tenés que pagar mucho más que la inflación, el gas y el agua. Y sí, estás complicado, pero son los costos que hay que pagar. Como economista lamentablemente lo que tengo que decir.

     -¿La inflación va a bajar? 

    -Hay un rebrote de la inflación en el último tiempo, que tiene que ver por un lado con un tipo de cambio que en los últimos seis meses del año pasado tuvo una tasa de evaluación mucho mayor de la que venía teniendo. Y eso tiene un impacto de corto plazo en los precios.

    Pero por otro lado, también hubo detrás demasiada emisión monetaria, digamos. Ahí hubo cuestiones que tuvieron que ver con esto de voy a sanear el balance del Banco Central. Desde mi punto de vista, se emitió más dinero del que era necesario. Bueno, eso generó una masa. Si a eso encima le sumo que el tipo de cambio ahora en vez de valores al uno se devaluó al tres, que fue más o menos el promedio de lo que subió el dólar oficial desde abril hasta octubre, entonces eso afecta la tasa de inflación. Ahora, en febrero está cayendo el dólar. Si tomas los últimos tres meses tenés una estabilidad cambiaria bastante importante. Eso ayuda a estabilizar la inflación y cuando vos ves los datos monetario de este año, está muy dura la política monetaria, se está cayendo la base monetaria a pesar de la compra de dólares.

    No hay forma de hacer las cosas muy mal en economía durante años y que no tenga costos después. Argentina emitió para financiar déficit, puso precios máximos, cepos. Todo dio exactamente el resultado que tenía que dar. Cuando corregís eso, aparecen costos. No hay salida gratis. 

    Entonces a mí eso me da la pauta que la inflación va a seguir bajando este año y veo a la economía en condiciones de seguir creciendo. O sea, a pesar de que va a haber sectores o subsectores o empresas dentro de los subsectores que encontrarán dificultades, porque obviamente hay un poco más de competencia extranjera, porque ya no es tan fácil maquillar errores empresariales con subas de precio.

    – Entonces hay pass trough….

    – Si, en términos coyunturales. Pero la inflación es un fenómeno monetario

     -Todo parece ordenarse, pero el riesgo país no termina de bajar. ¿Qué está viendo el mercado? 

    =Es una buena pregunta y no tengo una respuesta tan clara. Tenés superávit fiscal, inflación bajando, reformas aprobadas y un gobierno revalidado electoralmente. Tal vez pesa la historia argentina. Pero la dirección general es de normalización.

    – ¿Sós optimista? 

    -Sí. Si el gobierno sigue haciendo la tarea de los países normales: orden fiscal, estabilidad monetaria, respeto por la propiedad privada y apertura económica.

     

  • Karina le ordenó a Mahiques que congele las designaciones de los nuevos jueces que Caputo había negociado con los gobernadores

     

    Karina Milei se metió con la designación de los jueces para cubrir las más de 200 vacantes de los juzgados federales y los gobernadores que habían acordado sus candidatos con Santiago Caputo entraron en estado de deliberación.

    La preocupación se expandió después que trascendió lo que la secretaria General de la Presidencia dijo en la reunión que mantuvo el martes con los presidentes del partido de La Libertad Avanza en las provincias. Una de las autoridades partidarias presentes le comentó a LPO que Karina les ordenó a los dirigentes libertarios que «no tengan ningún acercamiento con gobernadores, ni aunque parezcan aliados».

    En la reunión, la hermana de Javier Milei simuló un estado de armonía con Caputo. «Santiago, Javier y yo somos uno solo», afirmó sin ponerse colorado y llamó a «evitar conflictos entre los distintos espacios en las provincias». «Tenemos clarísimo el escenario y estamos laburando juntos», fue el mensaje que dejó.

    Sin embargo, menos de 24 horas después barrió con los cargos que tenía Caputo en la cartera de Justicia a través de sus delegados, como el caso de Sebastián Amerio. Karina dijo una cosa pero hizo otra.

    Mahiques echó a los jefes de los organismos que investigan a la AFA 

    Por eso, los gobernadores empezaron a preguntarse si Milei respetará los acuerdos por las vacantes judiciales que tejieron con Caputo o si todo vuelve a fojas cero con el cambio de autoridades que implicó el desembarco de Juan Bautista Mahiques. Un gobernador aliado de la Casa Rosada manifestó que en la terna para una de las vacantes en su provincia había cerrado el nombre del primero de los candidatos pero sabía que el gobierno pretendía al tercero: «¿Van a mandar el pliego del mío al Senado?», se preguuntaba con preocupación.

    No tengan ningún acercamiento con gobernadores, ni aunque parezcan aliados.

    LPO reveló que en provincias aliadas, como Tucumán, la elección de los candidatos para los juzgados federales vacantes ya estaba muy avanzada. El trámite está en manos del Presidente, igual que otros tantos pliegos de magistrados para cubrir vacantes, después de la aprobación de las ternas por parte del Consejo de la Magistratura. Milei solo debe definir el nombre en cada caso y remitirlo para que lo trate la comisión de Acuerdos, presidida por el riojano Juan Carlos Pagotto, y que luego se apruebe en recinto.

    El senador libertario Juan Carlos Pagotto.

    El problema es que Karina tiene ahora la fuerza para alterar lo que hubiera acordado Caputo con los gobernadores y tejer otro tipo de estrategia para el Poder Judicial. Por más que uno de los caminos posibles sea trabar entendimientos con las provincias para garantizarse el apoyo de diputados y senadores aliados para votaciones legislativas, también se evalúa la chance de que la hermana presdiencial y los Menem capitalicen las aptitudes del clan Mahiques para retomar las postergadas negociaciones con el peronismo.

    Aunque la tropa parlamentaria del peronismo quedó reducida a 25 senadores tras la ruptura de Carolina Moisés, el kirchnerismo retiene todavía un tercio más uno para bloquear el nombramiento de ministros de la Corte y el procurador general de la Nación. Pero bajo la conducción de Karina Milei avanza la idea de avanzar con la designación de los jueces federales y postergar la negociación por la Corte y el Procurador.

    Karina Milei por ahora avanza con la idea de avanzar con la designación de los jueces federales y postergar la negociación por la Corte y el Procurador..

    El origen mercedino de la dinastía Mahiques, liderada por el juez de la Casación Carlos «Coco» Mahiques y el ascendente Juan Bautista, abre la chance de que se aceiten las conversaciones con el cristinismo vía Eduardo Wado de Pedro, amigo de los Mahiques desde sus épocas de vecinos de Mercedes.

    Desde el entorno del exministro del Interior negaron q-como hacen siempre con casi todo lo que existee- que exista la cercanía que se le atribuye con los Mahiques y afirmaron «no conocemos las intenciones del gobierno, si buscarán proponer algo o negociar y, en ese caso, con quién. Perono parecen muy predispuestos a negociar nada con el kirchnerismo».

    El senador kirchnerista Wado De Pedro.

    En efectoo, la llegada de los Mahiques al gobierno, que sugiere un acuerdo entre Karina Milei y el tano Angelici, encierra el riesgo para el kirchnerismo de quedar afuera de la negociación por los jueces federales, que la Casa Rosada parece meas cómoda conversando directamente con los gobernadores.

    Aún cuando el clan Mahiques haya sido parte delas causas contra Cristina, según las denuncias de sus defensores, un dirigente peronista le contó a LPO que Máximo Kirchner, Juan Martín Mena y De Pedro, una semana antes que Cristina recibiera Miguel Pichetto, conversaron sobre la situación legal de la expresidenta. «Bajemos un cambio, hay que encontrar la forma de aliviar las condiciones de detención de Cristina», habría sido el pedido de Máximo.  

     

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    Ramón Carrillo: el médico que quiso curar la pobreza y terminó perseguido por haber puesto la salud en manos del Estado

     

    Nacido el 7 de marzo de 1906 en Santiago del Estero, Ramón Carrillo fue el cerebro sanitario del primer peronismo. Desde el Ministerio de Salud impulsó una revolución en hospitales, campañas sanitarias y medicina social que cambió la historia argentina. Pero su proyecto de salud pública chocó de frente con los intereses de las élites médicas, económicas y políticas. El resultado fue una campaña de odio que buscó borrar su legado.

    Por Walter Onorato

    El 7 de marzo de 1906 nació en Santiago del Estero un médico que cambiaría para siempre la historia sanitaria argentina. Ramón Carrillo no fue simplemente un funcionario más dentro del engranaje estatal: fue el arquitecto de una de las transformaciones más profundas del sistema de salud del país y, al mismo tiempo, uno de los blancos predilectos del odio político que desató el antiperonismo después de 1955.

    Neurocirujano prestigioso, formado en la Universidad de Buenos Aires y con reconocimiento académico internacional, Carrillo parecía destinado a una carrera científica brillante y tranquila. Sin embargo, eligió un camino mucho más incómodo: llevar la medicina al terreno de la política y convertir la salud pública en un derecho social.

    Ese giro se produjo cuando conoció a Juan Domingo Perón en el Hospital Militar Central en 1944. Perón quedó impactado por el pensamiento del médico santiagueño, que sostenía una idea radical para la época: las enfermedades no podían comprenderse sin analizar las condiciones sociales en las que vivía la población.

    Cuando Perón asumió la presidencia en 1946 lo convocó para dirigir la Secretaría de Salud Pública. Tres años más tarde, al elevar ese organismo al rango ministerial, Carrillo se convirtió en el primer ministro de Salud de la Argentina.

    Desde ese lugar desplegó un proyecto sanitario que rompía con décadas de abandono estatal. Hasta entonces, gran parte del sistema de salud argentino estaba basado en hospitales de beneficencia o instituciones privadas, donde el acceso dependía muchas veces de la caridad y no de un derecho garantizado.

    Carrillo propuso lo contrario: construir un sistema sanitario nacional que llegara a todos los rincones del país.

    Su programa partía de un principio que hoy parece obvio, pero que en aquel momento era profundamente disruptivo. “No puede haber política sanitaria sin política social”, sostenía. Para él, las enfermedades no eran meramente problemas biológicos sino el resultado de condiciones estructurales como la pobreza, la mala alimentación, la falta de vivienda digna o la ausencia de agua potable.

    Bajo esa lógica impulsó una política sanitaria integral que combinaba infraestructura hospitalaria, prevención, campañas de vacunación y educación sanitaria.

    El impacto fue inmediato.

    Durante su gestión se construyeron decenas de hospitales en todo el país y se multiplicó la cantidad de camas hospitalarias disponibles. Entre 1946 y 1951 se levantaron más de veinte grandes hospitales con unas veintidós mil camas nuevas, algo inédito en la historia sanitaria argentina.

    La expansión hospitalaria estaba acompañada por una red de institutos especializados y centros de atención que buscaban llevar la medicina a regiones que durante décadas habían estado completamente abandonadas por el Estado.

    Pero Carrillo no se conformó con levantar edificios.

    Su proyecto también incluyó campañas sanitarias masivas contra enfermedades que habían sido históricamente endémicas en la Argentina. El paludismo, por ejemplo, fue prácticamente erradicado en pocos años gracias a un agresivo plan de control epidemiológico.

    También se redujo drásticamente la mortalidad por tuberculosis y se combatieron epidemias como el tifus y la brucelosis. Las campañas de vacunación y los programas de prevención comenzaron a instalar una idea novedosa: la salud no debía limitarse a curar enfermedades, sino a evitar que aparecieran.

    Los resultados se reflejaron en los indicadores sanitarios. La mortalidad infantil descendió de manera significativa durante la década peronista y las tasas de mortalidad por enfermedades infecciosas cayeron de forma notable.

    Carrillo también impulsó iniciativas innovadoras para la época, como el Tren Sanitario, que recorría el país llevando atención médica, análisis clínicos y radiografías a poblaciones rurales que nunca habían tenido acceso a un médico.

    En paralelo promovió la producción estatal de medicamentos a través de una empresa pública destinada a garantizar remedios a bajo costo. La lógica era simple pero profundamente disruptiva: la salud no podía quedar subordinada a la lógica del mercado.

    Muchas de estas políticas se articularon con la Fundación Eva Perón, que construyó policlínicos, hogares para ancianos y centros sanitarios en todo el país. Mientras el Ministerio de Salud diseñaba la política sanitaria, la fundación ampliaba la red de asistencia social.

    El resultado fue una expansión sin precedentes del acceso a la atención médica para los sectores populares.

    Pero ese mismo proyecto que transformaba la salud pública generaba resistencias cada vez más fuertes en determinados sectores del poder.

    La derecha argentina nunca le perdonó a Carrillo tres cosas.

    La primera fue su convicción de que el Estado debía intervenir activamente en el sistema sanitario. Su modelo chocaba con los intereses de sectores médicos ligados a la práctica privada y con empresas que veían en la salud un negocio.

    La segunda fue su identificación política con el peronismo. Carrillo no era un técnico neutral: era un funcionario comprometido con un proyecto de justicia social que buscaba ampliar derechos para las mayorías.

    La tercera razón del rechazo fue más profunda. Su concepción de la medicina desafiaba directamente la estructura social argentina. Al afirmar que la enfermedad estaba ligada a la pobreza, Carrillo señalaba una verdad incómoda: la salud no podía resolverse sin transformar las condiciones de vida.

    Ese enfoque convertía la política sanitaria en una herramienta de transformación social.

    Cuando el golpe militar de 1955 derrocó a Perón, el nuevo régimen inició una ofensiva sistemática contra todo lo que oliera a peronismo. Carrillo, como uno de los símbolos del proyecto social del gobierno depuesto, quedó inmediatamente en la mira.

    Muchos de los proyectos sanitarios que había impulsado fueron abandonados o desmantelados. Obras hospitalarias quedaron inconclusas y programas de prevención se desarticularon.

    La persecución política y el clima hostil lo empujaron al exilio. Carrillo se instaló en Brasil, donde murió en 1956, apenas un año después del golpe.

    Murió lejos de su país, enfermo y prácticamente olvidado.

    Durante décadas su nombre quedó relegado en la historia oficial, víctima de la misma lógica de borramiento que el antiperonismo aplicó a buena parte de las políticas sociales del primer peronismo.

    Sin embargo, el tiempo terminó colocando su figura en el lugar que le corresponde.

    Hoy Ramón Carrillo es reconocido como uno de los grandes fundadores del sanitarismo argentino. Su visión de la salud como derecho social anticipó conceptos que décadas más tarde se convertirían en principios fundamentales de la salud pública moderna.

    La paradoja es evidente.

    El médico que dedicó su vida a demostrar que la enfermedad no puede separarse de la injusticia social terminó convertido en un enemigo político por haber intentado curar algo más profundo que las dolencias del cuerpo: la desigualdad estructural de la sociedad argentina.

     

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    HIPÓCRITA: Mientras pide a la gente que saque los dólares del colchón Caputo los tiene en el exterior

     

    El ministro de Economía, Luis Caputo, volvió a pedir públicamente que los argentinos saquen los dólares que guardan fuera del sistema financiero y los vuelquen a la economía. Sin embargo, su propia declaración jurada revela que buena parte de su fortuna está radicada en el exterior, lo que expone una fuerte contradicción entre el discurso oficial y las prácticas personales del funcionario.

    Por Roque Pérez para NLI

    El pedido de Caputo a los ahorristas

    En medio de las dificultades para atraer divisas y sostener el esquema económico del gobierno de Milei, Caputo volvió a apelar al ahorro privado de los argentinos. Durante una intervención ante empresarios y sectores financieros, el ministro insistió en que los ahorristas deberían sacar los dólares “del colchón” e incorporarlos al circuito formal para financiar inversiones y crédito.

    Según el funcionario, mantener los dólares guardados fuera del sistema implica una pérdida tanto para los ahorristas como para el país. En esa línea, defendió el programa económico del gobierno libertario y aseguró que la nueva legislación busca dar garantías para que esos fondos ingresen a bancos o al mercado financiero.

    La idea central del planteo es clara: el gobierno necesita que los dólares que los argentinos guardan fuera del sistema vuelvan a circular para sostener el esquema económico.

    Pero el discurso oficial choca con un dato incómodo.


    La fortuna de Caputo, mayormente en el exterior

    De acuerdo con la declaración jurada presentada ante la Oficina Anticorrupción, el ministro informó un patrimonio de más de 11.800 millones de pesos, lo que lo ubica entre los funcionarios más ricos del gabinete nacional.

    Lo más llamativo es la composición de esa fortuna: casi dos tercios de sus bienes están radicados fuera de la Argentina, incluyendo cuentas bancarias y acciones en el exterior.

    Sólo en cuentas fuera del país declaró el equivalente a unos 5.900 millones de pesos, además de participaciones en empresas y otros activos financieros internacionales.

    El contraste entre su discurso público y su estructura patrimonial abre un interrogante evidente:
    si el propio ministro no confía en el sistema local para mantener sus ahorros, ¿por qué los argentinos deberían hacerlo?


    El antecedente de las offshore

    La relación de Caputo con estructuras financieras offshore tampoco es nueva. Antes de llegar al gobierno ya había estado vinculado a fondos de inversión registrados en paraísos fiscales como las Islas Caimán, donde funcionaba el Alto Global Fund, un vehículo financiero del que fue administrador.

    Las Islas Caimán son conocidas como uno de los principales centros offshore del mundo, utilizados habitualmente para gestionar capitales fuera de los sistemas fiscales nacionales.

    Ese antecedente vuelve a cobrar relevancia ahora que el ministro pide confianza en el sistema financiero argentino.


    Un mensaje que expone la contradicción del modelo

    La paradoja es evidente:
    el mismo funcionario que reclama a los ciudadanos que vuelquen sus dólares a la economía local mantiene buena parte de su patrimonio fuera del país.

    La contradicción no es sólo simbólica. También refleja una lógica histórica de las élites financieras argentinas: exigir confianza al público mientras resguardan su propio capital en el exterior.

    En un país marcado por crisis recurrentes, devaluaciones y fugas de capitales, el mensaje del ministro parece enfrentar un problema básico de credibilidad.

    Porque si quienes diseñan el modelo económico prefieren mantener su dinero lejos de la Argentina, la pregunta se vuelve inevitable:
    ¿por qué el resto de los argentinos debería hacer lo contrario?