Sociedad

  • Las consultoras advierten que la inflación de febrero superaría el 3% si se midieran bien los servicios

     

    La mayoría de las consultoras estiman que la inflación de febrero bajará unas décimas del 2,9% que marcó en enero, pero se ubicaría cómoda por arriba del 3% si el gobierno no hubiera decidido abortar la implementación del nuevo IPC, que ponderaba de una manera más cercana a la realidad el peso de los servicios públicos en el costo de vida. 

    Pero aún con el índice viejo, las principales consultoras privadas coinciden en que la inflación de febrero se ubicó más cerca del 3% que del 2%. Eco Go la estimó cerca del 2,7%, Analytica la ubicó en torno al 2,8% y Equilibra proyectó un número similar. C&T Asesores Económicos habló de 2,6%. LCG también registró un registro más elevado que enero. El consenso es claro: la inflación se acerca nuevamente al 3%.

    Se trata de un número malísimo para Milei que proyectó en el Presupuesto aprobado por el Congreso una inflación para todo el 2026 del 10,1%. Si la suba de precios mantiene el rango actual, aún con el índice desactualizado, la meta anual se consumiría en el primer trimestre.

    Un senador de Milei dijo que comer carne «es un lujo, como manejar una Ferrari» Pero el número real sería aún más alto si de ponderaran de manera adecuada los servicios que proyectan una serie de subas muy fuertes. La electricidad tendrá un aumento que, en un cálculo optimista, rondara el 5% para usuarios subsidiados. El agua aumentará 4%, los colectivos del AMBA subirán 7,7% y el subte aumentará 3,25%, con un boleto de $1.363. 

    Los peajes de rutas nacionales subirán hasta un 19%. La nafta también aumentará, afectada además por la suba del precio internacional del petróleo por la guerra en Medio Oriente. Cada movimiento en surtidor tiene efecto en cadena sobre costos logísticos y precios finales. 

    El patrón es claro.Y los servicios pesan cada vez más en el presupuesto de los hogares. No es un detalle técnico. Es la parte fija del gasto familiar. Luz, gas, agua, transporte. Lo que no se puede postergar. 

    Esto explica porque el gobierno pagó el costo político de suspender el nuevo índice y empujar la renuncia de Marco Lavagna. El nuevo IPC le daba mayor participación a servicios, que hoy representan la mayor porción del ingreso destinado al consumo. Con esa actualización, el índice hubiera mostrado con más nitidez el impacto tarifario en una inflación que según las consultoras se habreia ubicado pro encima del 3%. 

     

  • El candidato de los Menem para Justicia habría estado en la quinta de Toviggino

     

    Los vínculos con la AFA del elegido de los Menem para el ministerio de Justicia, Juan Bautista Mahiques, generan una tensión morbosa en la cúpula del gobierno.

    El procurador porteño habría estado en la quinta de Pilar está asociada al número dos de la AFA, Pablo Toviggino. La mansión, investigada por la Justicia en un caso de lavado, fue el lugar en el que el camarista federal Carlos «Coco» Mahiques, padre de Juan Bautista, festejó su cumpleaños, tal como anticipó LPO en exclusiva.

    Juan Bautista no solo es el titular del Ministerio Público Fiscal de la Ciudad de Buenos Aires, el distrito cuna del macrismo que Karina Milei quiere arrebatarle al PRO, sino que también figura como vicerrector de la Universidad de la AFA (Unafa), una viveza de potrero de Claudio «Chiqui» Tapia pero revestida de vocación académica.

    Los Menem quieren que el reemplazante de Mariano Cúneo Libarona sea una carta de negociación con Daniel «Tano» Angelici, empresario del juego y sofisticado operador judicial, con fuerte presencia en el gabinete de Jorge Macri.

    La definición del ministerio de Justicia, el punto de hervor de la interna libertaria

    Como explicó LPO, Mahiques que llega de la mano de Santiago Viola, que es visto como un hombre de Karina Milei, pero en rigor es parte del mismo esquema de poder judicial de raíz radical que tributa a Angelici.

    Además, Mahiques es muy cercano a Mauricio Macri, de quien fue viceministro de Justicia, además de representante del Ejecutivo ante el Consejo de la Magistratura.

    El vínculo con Angelici es aceptado por Karina, que busca un hombre fuerte en la Justicia apesadumbrada por el avance de las causas de Libra y Andis.

    Las paradojas del universo libertario llevaron a que por la misma causa Andis, Javier Milei le declarara la guerra a Tapia y el propio Toviggino, dueño del stream Carnaval donde se filtraron los audios de Diego Spagnuolo.

    Tapia con Pablo Toviggino

    Santiago Caputo convenció al presidente de que en septiembre del años pasado intentaron voltear a su gobierno cuando mancharon a Karina con el caso de las coimas de Andis. Por eso Milei es de la idea de dejarle el ministerio a figuras «simbólicas» como las de Diego Luciani, el fiscal de la causa por la que Cristina Kirchner fue detenida o la jueza Sandra Arroyo Salgado, ex esposa de Alberto Nisman. Milei apuesta a la polarización con el kirchnerismo como la carta para su reelección.

    Pero la presión de los Menem es fuerte para impulsar a Mahiques pese a sus vínculos con la AFA, lo que llevó a sus detractores a preguntarse si el vínculo con Tapia y Toviggino no es también de los propios riojanos.

    Por eso aparece en las conversaciones por la sucesión de Cúneo el rol de la empresa Tech Security de Adrián Menem, hermano de Martín, que tiene contratos para vigilar el predio de la AFA en Ezeiza, además de haber tenido contratos con River y Racing. 

     

  • Industriales y comerciantes de Santa Fe cuestionaron el modelo de Milei y alertan por cierre de fábricas y despidos

     

     Las dos principales entidades empresarias que representan a la industria y al comercio santafesino salieron a cuestionar abiertamente el rumbo económico nacional y advirtieron que el actual modelo «va a dejar un montón de gente afuera».

    En una conferencia conjunta, el presidente de la Federación Industrial de Santa Fe (FISFE), Javier Martín, y el titular de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), Ricardo Diab, describieron un escenario de recesión profunda, caída del consumo y presión importadora que, según sostienen, ya se traduce en cierres de empresas y pérdida de empleo.

    «Tenemos 2.200 empresas menos en Santa Fe y 15.000 puestos de trabajo perdidos en estos dos años», afirmó Martín. El industrial detalló que «más del 70% de las ramas industriales están con niveles que van entre el 45 al 53-54% de capacidad instalada. Eso significa que prácticamente la mitad de las máquinas están sin producir».

    El titular de FISFE apuntó directo contra la decisión oficial de no impulsar una política industrial: «Explícitamente el gobierno ha dicho que no va a tener política industrial y realmente nos preocupa porque vamos a contramano del mundo», y agregó que «una apertura a esta velocidad y de esta manera tan irrestricta lo único que va a generar es más plantas cerradas y más desempleo».

     Explícitamente el gobierno ha dicho que no va a tener política industrial y realmente nos preocupa porque vamos a contramano del mundo 

    Martín también cuestionó el discurso agresivo de Milei en la inauguración del período ordinario: «Se perdió la oportunidad de tener un discurso más institucional, más civilizado, con menos insultos y más propuestas», lanzó.

    A su vez, el dirigente industrial cuestionó el argumento libertario sobre los supuestos beneficios de la apertura: «el presidente dice que la apertura genera ahorro, pero el consumidor se va a quedar sin empleo porque las fábricas van a cerrar y ahí dejará de ser consumidor. Es un falso dilema», dijo.

     El presidente dice que la apertura genera ahorro, pero el consumidor se va a quedar sin empleo porque las fábricas van a cerrar y ahí dejará de ser consumidor. Es un falso dilema 

    De hecho, industriales que se entusiasmaron con el ciclo aperturista y se stockearon con mercadería china ahora tienen grandes dificultades para venderla debido a la recesión que golpea el bolsillo de las familias, contó con preocupación una fuente que maneja información sensible de la producción de electrodomésticos.

    En el comercio, el cuadro no es mejor. «En lo nacional, las estadísticas nos dan negativo hace mucho tiempo. Enero fue un -4,5%. Incluso con movimiento turístico, el gasto es menor», explicó Ricardo Diab presidente de CAME y de la Asociación Empresaria de Rosario. El dirigente graficó el deterioro social: «Hay gente que va al supermercado a comprar alimentos en cuotas».

     Hay gente que va al supermercado a comprar alimentos en cuotas 

    El dirigente mercantil subrayó la dependencia entre industria y comercio. «Necesitamos que haya fábricas funcionando para que los obreros tengan un salario y vengan a nuestro negocio a consumir. Si la industria cierra por una apertura sin condiciones de igualdad, nosotros nos quedamos sin clientes», explicó con sentido común.

    En ese punto también coincidió con Martín que advirtió que sectores como el metalmecánico, la fundición, el calzado y los textiles «están soportando una oleada importadora muy fuerte». Y alertó sobre el efecto multiplicador de los cierres: «por cada trabajador industrial hay tres indirectos».

    «Argentina no puede producir todo, pero tampoco puede importar todo. Si no tenemos actividades de valor agregado, vamos a tener sueldos paupérrimos», afirmó el presidente de FISFE. Y cerró con una definición política: «Este es un modelo de desarrollo que va a dejar un montón de gente afuera».

    La exposición pública de los representantes de la industria y el comercio no es un dato menor ya que son históricamente moderados en sus planteos públicos que ahora coinciden en un cuestionamiento al rumbo económico y encienden las luces rojas sobre la desindustrialización en Santa Fe si no hay un giro en la política económica.

     

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    El Gobierno no sabía: la liberación de Nahuel Gallo dejó expuesta la improvisación total de Milei

     

    El propio oficialismo reconoció que desconocía que el gendarme Nahuel Gallo iba a ser liberado tras 448 días detenido en Venezuela. La gestión que permitió su regreso no fue impulsada por la Casa Rosada sino por la AFA, dejando al desnudo la falta de conducción diplomática de Milei.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    La liberación de Nahuel Gallo, el gendarme argentino detenido desde diciembre de 2024 en Venezuela, debería haber sido una noticia exclusivamente positiva. Sin embargo, el episodio terminó revelando algo mucho más grave: el gobierno de Milei ni siquiera sabía que el operativo que permitió su regreso estaba en marcha.

    Mientras el discurso oficial intentaba capitalizar políticamente el retorno del uniformado, la propia Patricia Bullrich terminó confirmando lo que expone el fondo del problema. El Ejecutivo no estaba al tanto de la gestión que destrabó la situación. La negociación decisiva que permitió la liberación no fue conducida por el Estado argentino, sino que se desarrolló por fuera de los canales oficiales.

    El dato resulta demoledor desde el punto de vista institucional: la salida de Gallo no fue consecuencia de la política exterior argentina, sino de una vía alternativa impulsada desde el fútbol.


    Diplomacia paralela ante un gobierno ausente

    Después de 448 días detenido bajo acusaciones de espionaje, Gallo regresó al país en un vuelo vinculado a gestiones que no fueron coordinadas por la Cancillería ni por la Casa Rosada. La intervención de la AFA como puente humanitario operó sin que el propio gobierno tuviera conocimiento del desenlace inminente.

    Así, el episodio dejó en evidencia una situación tan inusual como alarmante: el Ejecutivo nacional no participó del tramo decisivo de la negociación, no coordinó el traslado y ni siquiera fue informado del operativo que resolvería uno de los conflictos diplomáticos más sensibles de su gestión.

    Mientras desde el oficialismo se insistía en que se habían realizado gestiones formales a través de terceros países, la resolución concreta terminó llegando por otra vía. En términos políticos, el resultado es elocuente: Argentina logró recuperar a un agente de seguridad detenido en el exterior sin que su propio gobierno supiera cómo ni cuándo ocurriría.


    El síntoma de una política exterior sin rumbo

    El caso Gallo había sido presentado durante más de un año como una prioridad diplomática, desde su detención el 8 de diciembre de 2024 al ingresar a Venezuela. Sin embargo, el desenlace dejó al descubierto la fragilidad de la estrategia oficial.

    La relación política con Caracas permanecía bloqueada y las gestiones estatales no habían logrado avances concretos. La resolución, en cambio, apareció por fuera del esquema institucional, confirmando que el éxito no fue producto de la conducción gubernamental sino que se produjo a pesar de ella.

    En ese contexto, el episodio deja de ser una anécdota aislada para transformarse en un síntoma. Lo que aparece es una política exterior desarticulada, sin canales eficaces de negociación y sin capacidad de conducción real.


    Cuando el fútbol reemplaza al Estado

    La liberación terminó concretándose gracias a una gestión humanitaria canalizada desde el ámbito del fútbol, que actuó como puente informal en medio de la tensión política entre Buenos Aires y Caracas.

    La postal que queda es incómoda: un conflicto internacional de alto nivel fue resuelto por actores no estatales mientras la administración nacional se enteraba del desenlace prácticamente en simultáneo con la opinión pública.

    La propia reconstrucción oficial de los hechos deja entrever el nivel de desorden. Gallo ni siquiera sabía que estaba regresando al país cuando subió al avión que lo traería de vuelta.


    Impericia como política de Estado

    Lo ocurrido excede el caso puntual y expone un problema estructural. La falta de coordinación diplomática, el aislamiento político y la ausencia de canales formales eficaces terminan delineando un patrón que atraviesa la gestión.

    Se trata de un gobierno que proclama firmeza pero que no logra conducir los procesos que afirma encabezar. Cuando las resoluciones llegan por fuera del Estado y el Ejecutivo se entera después, lo que queda no es estrategia sino improvisación.

    Y cuando la improvisación se vuelve constante, la impericia deja de ser un error.

    Pasa a convertirse en un método.

     

  • Los sueños y las guerras

     

    1. Se acabaron las excusas

    Milei abre las sesiones ordinarias del Congreso “más reformista de la historia”, con la correlación de fuerzas más favorable desde el inicio de su mandato, con la tranquilidad de una serie de muy importantes triunfos parlamentarios que lo proveen del aplomo necesario para la fase de institucionalización de su proyecto de país. Sin embargo, su discurso no lleva la serenidad del ganador, sino el histrionismo nervioso del desesperado. Un show farsesco que nos devuelve al Milei más desatado, vulgar y procaz. ¿Por qué desplegar semejante demostración de impotencia en un momento de estabilización? Porque la secuencia de reformas propuestas implican la institucionalización de la desinstitucionalización, y porque la volatilidad y la inestabilidad son intrínsecas a una política del caos como la que anhelan Trump y Milei para “the Americas”: guerra imperial hacia fuera, disciplinamiento y crueldad hacia dentro. No hay estabilidad en este modelo, ni siquiera en sus momentos de fortaleza, en los que el acelerador se aprieta para enfrentarnos a una nueva dinámica de shock.

    Repasemos. Una maratón de reformas ultra-regresivas para el trabajo, para la vida en la tierra, para las generaciones futuras. Un neofascismo bananero que nos ata al destino de un imperio en crisis. Una guerra global en curso, que ya ha tocado las puertas de nuestra región. Un tiempo de colapso de las mediaciones y de caída de los velos, donde el poder de los ultrarricos se ejerce y se consolida con la explicitud de lo obsceno. Una época violenta que nos está empujando a las decisiones existenciales más elementales, hacia un umbral de supervivencia donde todo puede suceder, donde la política es menos la negociación de las diferencias que la hipérbole permanente del todo o nada. Y donde la defensa de la democracia se ve obligada a jugar un juego ajeno a las reglas de la democracia. Un tiempo en el que sostener nuestras banderas está dejando de ser una cuestión ideológico-política y está pasando a ser una cuestión de estricta supervivencia. La volatilidad y la aceleración están colaborando, por ahora, con los agentes de la destrucción, pero esa misma volatilidad afecta la fragilidad de su avanzada. La aceleración se parece mucho más a la desesperación por aprovechar una oportunidad de saqueo que a la construcción de un nuevo orden. La convulsión dejará un tendal de víctimas, pero también prepara nuevas formas de radicalidad emergentes. Porque este viaje hacia el colapso está siendo, cada vez más, un viaje a la raíz.

    La sociedad está estallada. El sistema político está estallado. El Congreso no existe. El mundo del trabajo está en ruinas. Nuestras categorías para pensar el mundo estallaron y nuestras formas de vida también. Ante el umbral de una nueva etapa del gobierno libertario, se impone una pregunta: ¿y ahora qué? Una pregunta que, en este contexto convulsionado, no parece poder recibir una ordenada programática de respuesta. Ante el estallido de la vida, juntar las esquirlas, y en el poco tiempo que nos queda entre laburo y laburo, armar molotovs de pensamiento como si fuéramos infiltrados en una batalla cultural que sólo nos incluye para excluirnos.

    Basta de indignación, basta de sorpresas. Basta de encuestas fallidas y de pseudo-predicciones baiteras para el 2027. La catástrofe es hoy. Ya fue dicho mil veces, pero no nos hacemos cargo: el futuro ya llegó, y no era lo que imaginábamos. Ahora, a conocer y habitar sus reglas, para destruirlas desde dentro.

    2. Un auto acelara desbocado hacia nosotros

    Durante décadas, la política pudo pensarse —desde el modelo de la teoría de juegos— a partir del llamado “dilema del prisionero”: dos actores enfrentados, incomunicados entre sí, obligados a decidir sin garantías si cooperar o traicionar. Si ambos cooperan, todos ganan un poco. Si ambos traicionan, todos pierden. Y si uno traiciona mientras el otro coopera, uno se salva y el otro paga el costo entero. La política, en ese esquema, todavía era un arte del cálculo: cuánto conviene ceder, cuánto conviene aguantar, cuánta traición es tolerable para que el sistema no estalle.

    Pero ese tablero ya no organiza la escena.

    El conflicto contemporáneo se parece cada vez menos a un problema de cooperación imperfecta y cada vez más al del llamado “juego de la gallina” (nosotrxs diríamos “juego del gallina”, del cobarde): dos autos lanzados de frente, a toda velocidad, y gana el que no frena. El ejemplo pop es la carrera suicida de Rebelde sin causa: no se trata de negociar, ni de optimizar resultados, sino de demostrar quién está dispuesto a llegar más lejos.

    El pasaje del dilema del prisionero al juego del gallina marca un desplazamiento brutal de las reglas de juego, del trazado del mapa político, previo a la distinción entre derecha e izquierda. Con el trasfondo de la catástrofe inminente, pasamos de la política como administración del conflicto a la política como prueba de coraje destructivo, de la cooperación racional a la intimidación existencial. Ya no se condena al traidor, se humilla al que duda o frena. La victoria no consiste en mejorar el resultado común, sino en obligar al otro a renunciar a su propia estrategia, a su propio relato y, finalmente, a su legitimidad. Si antes había un castigo para el oportunista, hoy se le perdona todo al temerario.

    Aquí no hay equilibrio cooperativo posible. Es un juego asimétrico, de suma cero, gobernado por el riesgo puro. El que pierde no sólo pierde: es despojado de toda legitimidad. Y el que gana sólo puede ganar produciendo, en el otro, la convicción de que está loco. Hacer política en este escenario exige, literalmente, volverse loco. O aceptar la derrota antes de empezar. Por eso el perdedor siempre interpreta al ganador como un desquiciado: alguien dispuesto a destruirlo todo con tal de no aflojar. Y esa percepción no es un malentendido, sino la condición misma de la victoria. En el juego de la gallina, parecer racional es una riesgosa desventaja política y existencial.

    ¿Cómo se actúa en este contexto? ¿Debemos asumir la exasperación y apretar nuestro acelerador? ¿Debemos intentar cambiar las reglas de juego? ¿Podremos cambiarlas si, en esta dinámica bélica que se nos impone, sólo atinamos a pegar el volantazo cada vez que se ponen en juego nuestras banderas más elementales?

    Milei maneja un bólido feroz e incontrolado acelerando directo hacia nosotros. La perspectiva adrenalínica de la catástrofe total, de la destrucción total, fascina, intimida y disciplina. El credo de la posdemocracia reza: con la catástrofe se come, se cura y se educa. ¿Quién ganó cuando todos aceptamos que estas reglas son las únicas posibles? Milei maneja el auto y seguramente morirá en él. Él es el doble de riesgo de quienes necesitan convencernos de que esta es la única política posible: la guerra, la intimidación, la “amenaza existencial”, la eliminación del otro. 

    Necesitamos cambiar las reglas de este juego, pero para que lograrlo no coincida con admitir la trampa de la derrota anticipada, vamos a tener que jugárnosla a todo o nada. Una paradójica democracia de guerra (lucha de clases, para decirlo con los clásicos). O también: jugárnosla a todo o nada por la democracia es la única salida a la avanzada belicista del neofascismo que no implique una claudicación anticipada. Recordar que nunca hubo democracia sin afirmación insumisa, pre-democrática, de las reglas de la democracia. Cambiar las reglas implicará primero admitir que hoy la democracia no es el juego que jugamos. El bólido avanza hacia nosotros, no hay tiempo para juntar firmas. Tenemos que acelerar una salida del juego perverso de la aceleración.

    3. La política del todo o nada

    Esta nueva dinámica de la política, que nos tiene entre frenéticos y paralizados, no es sólo política, es también social. Una política catastrofista, del todo o nada, genera una sociedad en donde el todo y la nada se separan cada vez más: de un lado todos los recursos, del otro nada. El acelerador de Milei es un acelerador de la miseria, tanto macro como micro: cada vez es más visible la relación sistémica entre la destrucción del entramado productivo y sus efectos en las economías cotidianas de la gente.

    La crisis económica, maquillada por el gobierno, inunda cada vez más toda conversación. Hoy la sobremesa argentina reemplazó la vieja grieta por la condición de miseria unánime como tema omnipresente. Que cómo llego a fin de mes; que empecé a hacer Uber para completar; que me despidieron del laburo, y encima estaba en negro; que la prepaga canceló su convenio con el médico que me atendía; que me mudo con dos amigos porque no puedo pagar el alquiler; que sólo tengo una suplencia, así que me bajé Rappi; que a mi pareja no le renovaron el contrato; que estoy terminando una carrera universitaria pero ni sueño dedicarme a aquello para lo que me habilita mi título; que estoy sobrecalificado para un laburo al que se presentaron un montón de sobrecalificados; que no paro ni los domingos; y un largo etcétera que muestra que la aceleración no sólo refiere a las reformas que se propone el gobierno, sino también al recrudecimiento de sus efectos.

    Las ganancias se concentran, la gente sobra, y la IA lubrica, acelera y escala el proceso. Si en los noventa el estallido demoró diez años, la política actual parece acelerar también el choque de su propio modelo. “Hacer lo mismo, pero más rápido” incluía, también, al estallido.

    La política de la catástrofe implica una política social de la catástrofe. El gobierno de Milei es una fábrica de producción de miseria, en la que cada vez más gente tendrá menos que perder. Milei nos está transformando a su imagen: el político sin nada que perder, y por lo tanto dispuesto a todo, está produciendo toda una generación sin nada que perder, que va a estar dispuesta a todo. Y cuando haya un ejército de gente sin nada que perder, será difícil que esto no estalle con la misma fuerza explosiva con que la época encumbró la catástrofe programada como única regla posible de lo social.

    4. La caída de los velos

    Vivimos un tiempo de colapso de las mediaciones. La crisis del sistema de representación política no es un fenómeno aislado: es apenas un síntoma de una crisis mucho más vasta que ha deslegitimado toda forma de institucionalidad, toda figura de intermediación, la gramática misma de la vida pública como vida simbólica. La ultraderecha y los algoritmos son signos convergentes de una misma orientación de la época: populismo de plataformas.

    En este tecnopopulismo, donde toda mediación colapsa, la política se reorganiza alrededor de dos rasgos dominantes: la latencia de la guerra como reverso de lo político, y la espectacularización de la crueldad como tecnología de disciplinamiento. Sí, la guerra como verdad de la política y la crueldad como verdad del sujeto, eso parece escupir la época.

    La latencia de la guerra es la emergencia a primer plano de la política del fondo anómico, violento, de su proceder, ahora liberado de los frenos institucionales que lo contenían. El colapso del multilateralismo y la renovación de las aspiraciones imperiales del “destino manifiesto” norteamericano sumado a la “tierra prometida” de Israel en medio oriente son el norte del nuevo caos global.

    La espectacularización de la crueldad se consuma en la estética de la obscenidad de los ultrarricos. Estética de lo explícito que oficia como una auténtica pedagogía global de la crueldad. Los archivos de Jeffrey Epstein llegan como metonimia de época: caída de los velos, visibilidad total, exhibición orgullosa de los privilegios. Revelaciones que no erosionan el poder, sino que consolidan su perversión más oscura.

    Crisis de las mediaciones, que se expresa, por arriba, en la legitimación abierta, “desinhibida”, como se dice, del despojo económico y la represión policial, y, por abajo, en la inorganicidad y la falta de conducción. Y todo ello bajo una gramática que tiende al aflojamiento de toda referencia normativa en un horizonte cada vez más regido por la anomia del contexto bélico, la ausencia de reglas estructural de un conflicto en el que, sin mediación, ya sólo tramita flujos de violencia y de descarga.

    Para el pueblo trabajador, esta dinámica viene implicando dificultades de organización, en un contexto de declive del poder de los sindicatos, y de defección política de los partidos políticos. Ahora bien, que las formas organizativas estén en crisis de ninguna manera significa que las energías del malestar estén contenidas. Todo lo contrario, se percibe una aceleración del malestar y de las energías liberadas por ese malestar.

    Si la volatilidad es el rasgo más destacado de este momento, si las instancias organizativas de la clase trabajadora están deslegitimadas, debemos preguntarnos no sólo cómo organizarnos en este contexto, sino también cómo aprovechar la volatilidad de época a favor de las mayorías.

    Por supuesto que hay que hacer todo para sumar, organizar y acumular poder popular. Pero al mismo tiempo debemos pensar esa dimensión de la acción colectiva, cada vez más amplia, que va más allá de la lógica de la acumulación. Una turba de precarios es más fácil de gobernar, pero también más difícil. Porque cuando ya no haya nada que perder, esto se va a caldear de verdad. Y allí valdrá no sólo la organización, sino también la actuación estratégica de energías inorganizables que son parte legítima del paisaje caótico de la vida popular contemporánea.

    El estallido vendrá de manera más sorpresiva que en otros tiempos, porque la acumulación de estos tiempos no es primeramente de estructuras, sino acumulación afectiva, física, sensible y nerviosa. Ese acumulado inorgánico de malestar debe ser reconocido en toda su legitimidad.

    Si los “ingenieros del caos” gobiernan, debemos preguntarnos qué fuerzas movilizan a las víctimas del caos. Lo nuevo emergerá menos como respuesta a la pregunta por cómo restaurar el orden que de la disputa por las energías liberadas en este desborde. El problema es qué organización de la resistencia puede hacerse cargo de este caos sin sucumbir a él, pero también sin excluirlo de su esquema de pensamiento y acción.

    5. Desbordar a Milei

    Ya ha sido dicho de muchas maneras: lo que sea que le gane a Milei va a ser algo que desborde a Milei, no que lo contenga, algo post-Milei, no pre-Milei, un futuro más tentador que la seducción de la catástrofe, y no el retorno a un pasado defensivo, que ya no moviliza ningún deseo y ninguna verdad histórica.

    No, no estoy hablando en contra del peronismo, sino justo al revés, a su favor. Lo único que puede desbordar a Milei es un peronismo que sepa renovar la fuerza plástica y polimorfa que lo definió en los grandes umbrales de transformación y convulsión de nuestra historia.

    El peronismo siempre supo moverse en contextos de crisis de la representación, y supo convertir el adelgazamiento de las mediaciones en formas de populismo que, justamente, desde los bordes de la democracia, restituyeran el poder de las clases trabajadoras y postergadas como único fundamento posible de un orden democrático.

    No parece que las versiones actuales del peronismo estén interesadas en activar esa potencia. Ni el kirchnerismo melancólico-defensivo, ni el morenismo doctrinario-trumpista, ni la esperanza blanca de fantasmas estilo Pichetto representan al peronismo mostri que necesitamos. Pero que no nos confundan: el peronismo siempre es mucho más que sus versiones realmente existentes.

    En una época de gobierno a través del caos la resistencia vendrá más en forma de movimientos que de partidos, de estallidos esporádicos que de acumulación progresiva, de energías desatadas que de organización. Organizar el malestar significará dar forma orgánica a lo que carece de forma, pero también detectar esas fuerzas inorgánicas que se oponen a la concentración de la riqueza y el poder, legitimar esas fuerzas antifascistas que, en su deformidad, afirman una actualidad y legitimidad de época.El peronismo es el nombre argentino para ese difícil metabolismo colectivo, siempre inestable, en el que lo inorgánico y lo orgánico negocian sus roles en favor de los destinos populares. La memoria histórica, política y militante de un movimiento que supo hacer de las oscilaciones entre organización y desborde una forma de populismo democrático, es la fuente de aquello que podrá no contener sino desbordar a Milei. No se trata de volver a las formas del pasado, sino de reconectar con las fuerzas vivas del porvenir.

    La entrada Los sueños y las guerras se publicó primero en Revista Anfibia.

     

  • El sector de Santiago Caputo denunció que Menem los borró de la transmisión oficial

     

    Karina Milei ordenó por segundo año consecutivo que borren de la transmisión oficial a Santiago Caputo, que estuvo sentado en los palcos del primer piso junto al secretario de Justicia, Sebastián Amerio, el diputado provincial Agustín Romo y el Gordo Dan.

    La decisión de no darle pantalla al asesor presidencial es otro capítulo más de la interna entre Las Fuerzas del Cielo y Karina y los primos Martín y Lule Menem.

    En la apertura de sesiones de 2025, Caputo recurrió a una pelea con el por entonces diputado Facundo Manes para llamar la atención de los medios. El exlegilsador radical denunció esa noche que el joven consultor lo había amenazado con que le iba «a tirar el Estado encima».

    Esta vez Karina y los Menem dieron rienda suelta para que las cámaras puedan ponchar a exdiputados como Juan Manuel López y Rodrigo De Loredo, aliados del gobierno, pero no a Caputo. «Borraron de la transmisión a las Fuerzas del Cielo», se quejaron cerca del asesor.

    Acompañando al Presidente @JMilei en la Apertura de Sesiones Ordinarias pic.twitter.com/DdWXSehvun

    — Agustín Romo (@agustinromm) March 1, 2026

    Como informó LPO, la confrontación entre Karina y Santiago había quedado congelada a fines del año pasado pero ambas tribus del oficialismo sabían que en marzo volverían a la carga unos contra otros.

    De hecho, la semana pasada estalló una disputa feroz por el Ministerio de Justicia. Mientras que Caputo pretende que Amerio suceda a Mariano Cúneo Libarona tras su partida, Karina y los Menem pensaron en el procurador de la Ciudad, Juan Bautista Mahiques, en un acuerdo con Angelici para mantener el control político en Capital Federal.

    La semana pasada estalló una disputa feroz por el Ministerio de Justicia. Mientras que Caputo pretende que Amerio suceda a Mariano Cúneo Libarona, Karina y los Menem pensaron en el procurador de la Ciudad, Juan Bautista Mahiques.

    La revelación exclusiva de LPO sobre el pacto de Karina con el clan Mahiques no se limita al control de la cartera de Justicia sino que también abrigaría la intención de frenar el avance de las causas judiciales que preocupan al gobierno, como Libra y Andis. Por eso, Milei se apuró a mandar el pliego de Coco Mahiques al Senado, que había solicitado la prórroga para continuar como juez de la Cámara de Casación después de que llegue a los 75 años de edad.

    Lo que complicó la situación de los Mahiques fue otra primicia de LPO, la que informó sobre la fiesta de cumpleaños N° 74 en la quinta de Pilar por la cual investigan al tesorero de la AFA, Pablo Toviggino.

    Como sea, la escalada del conflicto interno entre Santiago y Karina podría deparar un peligro de proporciones para el gobierno.