Donald Trump dio otro paso en su evidente estrategia de usar el conflicto de soberanía por las Islas Malvinas para molestar al Reino Unido, que se niega a acompañarlo en su fallida incursión militar en Medio Oriente. Ahora, directamente habló de una eventual guerra entre Argentina y Gran Bretaña y se ofreció como mediador. Delirante, pero real.
Y lo hizo desde Irlanda, donde abogó por la unificación de los territorios irlandeses, una línea roja para los gobiernos británicos. «Las Islas Malvinas…acá vamos de nuevo. Son muy interesantes. El Reino Unido tiene algunos problemas con la inmigración, con la energía, así que no lo sé. No sé si estarán dispuestos a viajar tan lejos. Están muy lejos», empezó Trump en respuesta a una pregunta de los periodistas irlandeses, sobre el conflicto de las Malvinas.
Lo hizo el marco de su visita oficial a Irlanda, donde ofreció una conferencia de prensa junto al primer ministro irlandés, Micheál Martin, y sugirió que podría intervenir en un eventual conflicto armado entre Argentina y Reino Unido. «Estoy seguro de que me llamarán para intervenir en ese potencial desastre. Si lo hacen, probablemente podré resolverlo», aventuró.
«Pero ahora mismo hay dos países que no están contentos con la situación en las Malvinas. Devolver las Malvinas… es una buena pregunta», continuó.
Es imposible, conociendo el estilo transaccional de Trump, no vincular su repentino interés por las Malvinas con la tensión que mantiene con el gobierno laborista inglés por su negativa a intervenir en la guerra en Irán.
Esto explica la idea de «revisar» la posición estadounidense de neutralidad sobre la soberanía de las Malvinas, que deja flotando la administración republicana, pero no termina de concretar en ninguna acción concreta que -por ahora- vaya más allá de las declaraciones.
Las Islas Malvinas…acá vamos de nuevo. Son muy interesantes. El Reino Unido tiene algunos problemas con la inmigración, con la energía, así que no lo sé. No sé si estarán dispuestos a viajar tan lejos. Están muy lejos.
Pero en la pelea con Inglaterra, Trump solo usa a las Malvinas. En Irlanda reiteró su petición de que el Reino Unido abra el Mar del Norte a la extracción de petróleo y gas y respaldó una posible unidad de Irlanda, entre el actual territorio independiente y el que permanece bajo control de los ingleses.
La visita de Trump a Irlanda incluyó protestas contra su presencia en Dublin, donde se mostraron banderas palestinas y se cuestionó la guerra en Medio Oriente.
Protestas contra Trump en Dublin.
«Me disgusta tener que decir esto, pero ellos podrían observar lo que hemos hecho, al igual que otros europeos, ya saben, amo a Europa. Mi madre era de Escocia y mi padre de Alemania. Amo a Europa. Siento una inclinación natural hacia ella».
Estoy seguro de que me llamarán para intervenir en ese potencial desastre. Si lo hacen, probablemente podré resolverlo. Ahora mismo hay dos países que no están contentos con la situación en las Malvinas.
«Me duele ver lo que está sucediendo en Europa. Me disgusta ver lo que ocurre con el comercio. Me disgusta ver lo que pasa con la energía. Y me disgusta ver lo que sucede con la inmigración. Ay, esa inmigración… lo que se están haciendo a sí mismos; simplemente se están destruyendo», agregó.
Sobre la unificación de Irlanda, Trump señaló: «¿Cómo podría ser algo malo, ¿verdad? Me encantaría verla unificada. Creo que sería un gran logro, un gran motivo de orgullo para todos, si eso sucediera».
«Va a ocurrir tarde o temprano… Bien podría ocurrir ahora. Ahora bien, el Reino Unido tendrá algo que decir al respecto, obviamente. Pero creo que sería algo magnífico», concluyó.
En los años 70 y 80, miles de chicos argentinos pasaban el verano en las piletas de los clubes. La historia de las colonias y aquella vida de barrio.
Por Alcides Blanco para NLI
Hubo una Argentina en la que las vacaciones de verano no necesariamente implicaban viajar cientos de kilómetros ni reservar un departamento frente al mar. Para muchísimas familias, especialmente en las grandes ciudades, el verano empezaba cuando abría la pileta del club. Enero y febrero podían transcurrir a pocas cuadras de casa, entre una reposera, una pelota, un sándwich envuelto en papel, una gaseosa caliente y varias horas bajo el sol. Los chicos llegaban temprano para la colonia de vacaciones y volvían a casa agotados al mediodía; por la tarde, muchas veces, regresaban con sus padres o con los amigos del barrio. El club deportivo se convertía durante esos meses en una especie de playa doméstica, accesible para quienes no podían afrontar un viaje y, al mismo tiempo, en uno de los principales espacios de encuentro social de los barrios argentinos.
La colonia como parte de la infancia
La colonia de vacaciones tenía una organización que hoy puede resultar entrañable. Los chicos se agrupaban por edades, tenían profesores, horarios y actividades, y aprendían a nadar o perfeccionaban sus habilidades en la pileta mientras afuera se desarrollaba una vida paralela de juegos y amistades. Para muchos niños, la colonia era una prolongación de la escuela, pero sin guardapolvo, sin cuadernos y con la promesa de pasar buena parte del día en el agua. Había competencias, juegos por equipos, carreras, actividades deportivas y excursiones, pero también largos momentos de tiempo libre en los que la imaginación hacía el resto.
El club tenía además una ventaja decisiva para muchas familias: estaba cerca. En una época en la que no todos tenían automóvil y el transporte cotidiano tenía otras características, poder llegar caminando, en colectivo o en bicicleta significaba que los chicos podían desarrollar una autonomía que hoy resulta menos frecuente. El barrio era el territorio cotidiano y el club formaba parte de él. Los padres podían conocer a los profesores, a los dirigentes y a otras familias, mientras los chicos iban construyendo durante el verano una red de amistades que muchas veces continuaba durante todo el año.
La pileta también modificaba el ritmo familiar. El verano tenía horarios propios: almorzar más tarde, dormir una siesta, volver a la pileta después de las cuatro cuando el calor aflojaba y quedarse hasta que empezara a caer el sol. No había necesidad de llenar cada hora con una actividad organizada. Buena parte del atractivo consistía precisamente en tener tiempo libre. Los chicos podían pasar una tarde entera jugando a la pelota, haciendo competencias de clavados, charlando al borde de la pileta o inventando alguna aventura que en ese momento parecía importantísima.
El club como vacaciones posibles
Para las familias que no podían viajar, la pileta del club tenía además un significado económico. Las vacaciones fuera de la ciudad implicaban transporte, alojamiento, comida y otros gastos que no estaban al alcance de todos. El club ofrecía una alternativa mucho más accesible: una cuota social y, en algunos casos, un adicional por temporada permitían utilizar las instalaciones durante los meses de calor. La posibilidad de disfrutar del verano no dependía necesariamente de poder viajar, y eso convertía a las instituciones barriales en actores importantes de la vida social.
Esta característica estaba relacionada con una tradición mucho más antigua. Durante buena parte del siglo XX, los clubes argentinos fueron construyendo instalaciones deportivas y recreativas que excedían ampliamente la práctica competitiva. La pileta, el gimnasio, el salón de fiestas, la cancha y el buffet formaban parte de un mismo universo institucional. El club podía ser el lugar donde un chico aprendía a nadar, donde jugaba al fútbol, donde sus padres participaban de una comisión y donde la familia terminaba celebrando un cumpleaños. La institución acompañaba distintas etapas de la vida, algo que ayudaba a explicar su enorme arraigo.
En verano, además, aparecía una escena muy característica: las familias cargadas con bolsos, toallas, ojotas, termos y comida. La heladerita podía contener sandwiches, fruta y alguna bebida para evitar gastar demasiado en el buffet. Las madres y los padres buscaban un lugar con sombra mientras los chicos desaparecían rápidamente hacia la pileta. Al rato aparecía el problema inevitable: quién había perdido la toalla, quién tenía que ponerse protector solar nuevamente, quién había dejado las ojotas junto a la pileta y quién todavía no quería salir del agua.
También estaba la figura del guardavidas, que durante aquellas temporadas adquiría una autoridad especial. Su silbato podía detener una carrera, impedir una conducta peligrosa o anunciar que era momento de salir del agua. Los chicos aprendían así algunas de las primeras reglas de convivencia fuera de la escuela y de la familia. La pileta era diversión, pero también aprendizaje colectivo: había turnos, límites, normas y adultos responsables de hacerlas cumplir.
Una Argentina que también veraneaba cerca
Con el paso del tiempo, el modelo fue cambiando. Las vacaciones familiares se diversificaron, aumentaron las posibilidades de viajar y aparecieron nuevas propuestas de entretenimiento. Los barrios también se transformaron, los clubes atravesaron dificultades económicas y algunas instituciones perdieron parte de la infraestructura que habían construido durante décadas. La televisión por cable, los videojuegos, las nuevas tecnologías y, posteriormente, internet modificaron además la manera en que los chicos ocupaban su tiempo libre.
Sin embargo, las colonias y las piletas de los clubes nunca desaparecieron completamente. Siguen existiendo porque responden a una necesidad que no es solamente recreativa. Para muchas familias representan un espacio seguro, cercano y comunitario donde los chicos pueden encontrarse con otros chicos, practicar deportes y aprender a desenvolverse colectivamente. Lo que quizás cambió es el lugar que ocupan dentro de una sociedad en la que el tiempo libre está cada vez más fragmentado.
Recordar aquellas temporadas de pileta no significa afirmar que antes todo era mejor. También había desigualdades, clubes deteriorados, familias que no podían siquiera pagar una colonia y barrios en los que las condiciones de vida eran muy diferentes. Pero aquellas escenas permiten observar algo importante: la recreación también formaba parte de la vida comunitaria y no estaba necesariamente separada del deporte, la educación o la organización barrial.
Por eso, cuando quienes fueron chicos en los años 70 u 80 recuerdan el verano, muchas veces no aparece primero una playa lejana ni un hotel. Aparece una pileta. Aparece el olor a cloro, el piso caliente, la bolsa con la merienda, el silbato del guardavidas, la carrera para ocupar una reposera bajo un árbol y la orden repetida de una madre: «Salí un rato del agua». Para miles de argentinos, esas fueron sus vacaciones, y en esa pileta del club encontraron algo que excedía largamente el entretenimiento: amigos, autonomía, deporte, barrio y una forma de aprender que el verano también podía ser una experiencia compartida.
La caución bursátil, conocida habitualmente como el «plazo fijo de la bolsa», comenzó a perder atractivo para los inversores que buscan obtener rendimiento en pesos mientras mantienen una elevada disponibilidad de sus fondos.
Con tasas cercanas al 20% anual y una inflación que todavía se proyecta por encima de ese nivel, el rendimiento real de esta alternativa puede ser negativo.
La caución se utiliza principalmente para administrar liquidez de corto plazo. El mecanismo permite colocar pesos durante períodos breves y obtener una tasa pactada, con la ventaja de operar dentro del mercado de capitales y conocer de antemano el rendimiento de la operación.
Sin embargo, el escenario cambia cuando el objetivo deja de ser simplemente estacionar dinero durante algunos días y pasa a ser preservar el poder adquisitivo del capital. En ese caso, otras alternativas de renta fija comienzan a ofrecer una relación más atractiva entre plazo y rendimiento.
«La caución, con una tasa cercana al 20% anual, es una herramienta muy útil para administrar liquidez de corto plazo. Pero si la inflación esperada ronda el 30%, como vehículo de ahorro pierde atractivo porque el rendimiento real termina siendo negativo», explicó el asesor financiero Leandro Stainnekker.
Por eso, el ejecutivo planteó que para períodos de inversión algo más extensos conviene analizar instrumentos que permitan capturar una tasa superior. «Hoy, por ejemplo, la Lecap S30N6 ofrece una TIR cercana al 30% anual, bastante por encima de la caución», señaló.
El menú también incluye los Boncaps, que permiten fijar una tasa en pesos durante un período más prolongado, y los bonos ajustados por inflación. Entre estos últimos, Stainnekker mencionó al TX28, que actualmente ofrece un rendimiento aproximado de CER + 8,4% anual.
La caución, con una tasa cercana al 20% anual, es una herramienta muy útil para administrar liquidez de corto plazo. Pero si la inflación esperada ronda el 30%, como vehículo de ahorro pierde atractivo porque el rendimiento real termina siendo negativo.
Para el consultor Omar De Lucca, la comparación más directa de la caución ya no necesariamente debe hacerse contra un plazo fijo tradicional, sino contra las billeteras virtuales que remuneran los saldos.
«A mi opinión, rinde casi lo mismo que una billetera virtual, podrás tener 1 punto más, 1 punto menos», sostuvo. Según explicó, existe además una diferencia importante en materia de liquidez: los saldos en billeteras están disponibles diariamente, mientras que en una caución el inversor debe esperar el plazo pactado o el vencimiento para recuperar los fondos.
«Normalmente las cauciones son a una semana de plazo», indicó De Lucca. A cambio de esa menor liquidez, la caución ofrece una ventaja: se trata de una renta fija, mientras que las alternativas vinculadas a fondos de inversión pueden tener componentes de renta variable y rendimientos que no están necesariamente garantizados.
El experto también puso el foco en el atraso cambiario frente a la inflación, una cuestión que puede modificar las decisiones de los inversores.
«Si se estabiliza la inflación, claramente comienza a convenir más dolarizarte porque se viene un 2027 electoral», sostuvo. Por eso, el interrogante pasa por determinar cuál de las dos variables -el dólar o la inflación- tiene mayor recorrido alcista.
Así, la caución mantiene su utilidad como herramienta para administrar liquidez de muy corto plazo, pero pierde atractivo como instrumento de ahorro cuando se la compara con alternativas capaces de ofrecer tasas más elevadas o cobertura frente a la inflación. El desafío para los inversores será definir cuánto tiempo pueden inmovilizar sus pesos y cuánto riesgo cambiario están dispuestos a asumir.
Un reciente fallo de la Corte Suprema disparó alarmas en los municipios del Conurbano que tienen como epicentro de su recaudación tasas que son cuestionadas por el Gobierno, que advierte ausencia de contraprestación.
La Corte revocó un fallo Tribunal Superior de Justicia cordobés que habilitaba al municipio de Córdoba a cobrarle al Banco Galicia una tasa que, según el Máximo Tribunal nacional, no indicaba contrapestación alguna.
«La contraprestación concreta, efectiva e individualizada de un servicio municipal es la clave de bóveda del sistema de distribución de competencias tributarias entre las distintas jurisdicciones», planteó el fallo firmado por Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti.
Lo dictaminado cobra especial relevancia ante la posibilidad de que genere un efecto vinculante en la jurisprudencia de las Cámaras Federales Argentinas donde los bancos probablemente recurrirán para aplicar este último fallo.
Así, consideró quee la norma tributaria en cuestión, «en lugar de determinar los servicios por los que se pretende cobrar la tasa que se crea, constituye una coartada para gravar actividades de los contribuyentes para quienes no se brinda ningún servicio o prestación»
Frente a eso, la Corte habló de «laxitud» del municipio cordobés a la hora de imponer su norma tributaria y concluyó que la tasa en cuestión -denominada «Contribución que incide sobre la actividad comercial, industrial y de servicios»- es un «tributo que la demandada carece de facultades constitucionales para crear».
Lo dictaminado cobra especial relevancia ante la posibilidad de que genere un efecto vinculante en la jurisprudencia de las Cámaras Federales Argentinas donde los bancos probablemente recurrirán para aplicar este último fallo.
En efecto, existen numerosos planteos judiciales del Banco Nación contra municipios (mayormente gobernados por el peronismo) en los que ponen en cuestión el cobro de tasas a sus sucursales.
Además de esos tributos relativos a entidades bancarias, en los intendentes también preocupa que el fallo impacte en la Tasa Vial, que varios municipios cobran a la carga de combustible y que es blanco de acusaciones de Toto Caputo.
También, en 2024 el ministro de Economía intentó prohibir el cobro de tasas municipales en las boletas de servicios, algo que afectaba puntualmente a la tasa de alumbrado público.
Eso fue judicializado por los intendentes, que habían advertido que no podrán pagar el alumbrado público si no cobraban las tasas en las boletas. En esas presentaciones, los municipios consiguieron fallos favorables pero la aparición del fallo de la Corte de este jueves reabrió la preocupación también por ese tributo.
En el peronismo bonaerense están convencidos que Axel Kicillof se inclina por unificar la elección provincial con la nacional. Un diagnóstico que comparten en la Casa Rosada. El empuje de los intendentes peronistas quedó en evidencia en las pasadas elecciones bonaerenses y ahora en el gobierno de Milei creen que si Kicillof termina siendo el candidato a presidente, no se perderá ese motor.
«La elección está desdoblada de hecho porque son elecciones concurrentes, se vota con dos sistemas -boleta única y boleta tradicional-, pero unificar concentra esfuerzos», afirmó a LPO un intendente peronista al tanto de las versiones que mencionan una inclinación del gobernador por la unificación.
En el entorno de Kicillof relativizaron la versión: «La decisión todavía no se tomó, vamos a esperar a ver que sucede con las PASO», afirmaron a LPO.
El desdoblamiento de las pasadas elecciones fue una bandera de Kicillof y le generó un público enfrentamiento con Cristina Kirchner que lo calificó la decisión de error político. El resultado fue agridulce: el peronismo ganó la elección provincial por una diferencia abrumadora, pero perdió las nacionales de octubre, resultado que fortaleció a Milei.
Este viernes el gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, anunció que decidió unificar las elecciones. En su caso es lo natural: las elecciones catamarqueñas fueron unificadas en 2015, 2019 y 2023. El gobierno pretende que Jalil se vuelva a postular y rompa el pacto con Lucía Corpacci y Gustavo Saadi, para que este última sea el candidato. Patear la elección hasta octubre le da una mayor margen de maniobra para ver que hace.
Volviendo a la provincia, como existe una ley que ata las PASO provinciales a las nacionales, esto le da a Kicillof la excusa perfecta para postergar la decidión hasta que se sepa que pasará con la sprimarias a nivel nacional.
Si Milei llega en caída por ahí nos conviene que no se desdoble, porque va a hundir a todos sus candidatos.
El tema se presta para la especulación política y como en el 2025 hay argumentos para todas las posiciones. Varios intendentes quieren desdoblar y hasta planear reforzar su posición, cuando la discusión se abra, apelando a los argumentos del propio Kicillof en 2025.
Pero algunos de sus colegas no están tan seguros. Un intendente del axelismo evaluó en diálogo con LPO: «Si Milei llega en caída por ahí nos conviene que no se desdoble, porque va a hundir a todos sus candidatos».
Los intendentes Espinoza, Watson y Secco.
Ya en junio habían circulado rumores que hablaban que Kicillof empezaba a analizar seriamente unificar la elección. Al correr esa versión, se dispararon alarmas entre los intendentes peronistas que impulsan desdoblar.
Ahora, varios de los intendentes del axelismo que en marzo de 2025 salieron con un documento pidiendo desdoblar, esta vez evitan dar definiciones sobre la estrategia a seguir, alineados con el hermetismo de La Plata.
«La inmensa mayoría de los intendentes va a querer que se desdoble. Lo más lógico sería adelantar la elección y lo máximo posible», había manifestado al streaming Uno Tres Cinco el intendente de Ezeiza, Gastón Granados, miembro de la Liga de Intendentes que este viernes se reunió con el riojano Ricardo Quintela en la Quinta de Perón de San Vicente.
«No vamos a aceptar el dedo de nadie. Si no nos llevan a una mesa, si no nos participan, nosotros tomamos la decisión de participar», desafió Granados en un mensaje que pareció dirigido a Cristina, porque aventuró que si en la lista de diputados nacionales del 2025 se hubiese integrado a los intendentes «ganábamos la elección y hoy la historia sería otra».
Fue Granados quien, durante la misma noche de la derrota electoral del peronismo en octubre de 2025, sostuvo que la derrota fue «un mensaje para nuestros dirigentes nacionales que tienen que entender que los intendentes somos los que tenemos los votos, los que representamos a la gente».
«Lo único seguro es que se tiene que tomar una decisión antes de diciembre», concluyó en diálogo con LPO, uno de los intendentes consultados.
La ex diputada Soledad Carrizo publicó este viernes una foto del homenaje de los dirigentes peronistas a José Manuel De la Sota retocada con IA, para que Sergio Massa, Martín Llaryora, Juan Schiaretti, Juan Manuel Olmos y Cecilia Moreau, entre otros, aparezcan disfrazados de cucarachas.
Actual directora del INAES, la legisladora cordobesa posteó junto a la imagen una frase alusiva. «Les quieren hacer creer a la gente que son un peronismo diferente pero son los mismos de siempre: Llaryora, Massa, Schiaretti, Vigo y compañía», tipeó, y agregó que «podrán cambiar el discurso, pero el modelo ya lo conocemos».
La respuesta contra la ex diputada radical no tardó en llegar. El presidente de la bancada peronista en la Cámara Baja, Germán Martínez, le recordó sus coincidencias con el peronismo en el trabajo parlamentario: «Qué feo esto, Soledad. Te conocí en Diputados y nunca pensé que podías tener mensajes tan violentos y discriminatorios. Prefiero quedarme con esa diputada trabajadora con la que muchas veces logramos acuerdos importantes», escribió en X.
De hecho, un tuitero le recordó a Carrizo su apoyo a Cristina Kirchner en 2011. «¡Pero Soledad! Si vos militaste la campaña de Cristina presidenta en 2011, aliada con esos mismos de siempre y haciéndote la boluda con tu partido», dijo un tal Primo Louis.
Les quieren hacer creer que la derecha y ultraderecha son diferentes. Pues no, hace décadas que nos vienen afanando los mismos. Andá pallá boba!
En efecto, la actual funcionaria del INAES ganó aquel año en la pelea por la intendencia de Quilino, en Córdoba, para el mandato 2011-2015. Sin embargo, renunció al municipio para asumir su banca como diputada por la UCR en 2013.
Cuando asumió Javier Milei, Carrizo integraba el bloque de 34 legisladores radicales en Diputados, bajo la conducción de Rodrigo De Loredo, pero en 2024 la bancada empezó a desgranarse: primero pegaron el salto los seis radicales con peluca que defendieron los vetos presidenciales contra los aumentos jubilatorios y el presupuesto universitario y después se partió en tres.
De un lado quedaron los que se agruparon bajo la figura de Facundo Manes y Pablo Juliano y, en otro costado, los que siguieron a De Loredo, mientras que el santafecino Mario Barletta prefirió armarse un monobloque. Carrizo quedó del lado de De Loredo.