Sociedad

  • Adorni gastó 8 mil dólares en un flipper de Los Locos Addams para su casa del country

     

    Javier Milei continúa sosteniendo a Adorni a pesar de que todos los días se conocen nuevos gastos millonarios en las cuentas del jefe de Gabinete.

    La explicación de Adorni sobre sus inversiones en criptomonedas dejó más expuesto al funcionario y el Senado podría echarlo de su cargo en las próximas semanas.

    Tras la revelación de un gasto de 8 millones de pesos en sábanas de lujo, la periodista Romina Manguel develó que el jefe de Gabinete compró por 8 mil dólares en un flipper de colección.

    Ahora revelan que Adorni se gastó 8 millones en sábanas de lujo

    Se trata del juego de Los Locos Addams fabricado por la empresa Bally. El flipper comenzó a producirse en 1992, tras el estreno de la película protagonizada por Raul Julia y Anjelica Huston.

    Los Locos Addams son retratados como una parodia de la familia nuclear. A pesar de su goce por las cuestiones macabras, en la serie de los años 60 el acento está puesto en el amor y la lealtad entre sus integrantes.

    El pinball de Los Locos Addams es el flipper de estado sólido más vendido de la historia con 20.270 unidades. Sus principales etapas son un tour por la mansión y el acceso a la bóveda, que tiene como premio un multiball.

    El juego se consigue en Mercado Libre por entre 12 y 14 millones de pesos. Adorni habría recibido su flipper en julio de 2025, cuando su salario no llegaba a los 2 millones de pesos.

     

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    Los chats que complican más a Adorni: la Justicia pone la lupa sobre una secretaria y el contratista de la casa de Indio Cuá

     

    La investigación por presunto enriquecimiento ilícito que involucra a Adorni sumó un nuevo capítulo con una medida que podría aportar información clave sobre el origen de los fondos utilizados para remodelar su vivienda en el country Indio Cuá. La Justicia comenzó a analizar conversaciones extraídas del teléfono celular del contratista Matías Tabar, incluyendo intercambios con una secretaria de la Jefatura de Gabinete y con el propio funcionario.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    La medida profundiza una causa que ya había generado fuerte repercusión luego de que el contratista declarara bajo juramento que la obra demandó unos 245.000 dólares, pagados en efectivo y sin facturación, un dato que abrió interrogantes sobre la consistencia patrimonial del actual jefe de Gabinete.

    Una pericia que puede cambiar el rumbo del expediente

    De acuerdo con la información conocida, la extracción del contenido del teléfono del contratista se realizó de manera completa y el material quedó incorporado al expediente judicial. Ahora los investigadores revisan mensajes de WhatsApp, llamadas y otras comunicaciones que podrían reconstruir cómo se desarrolló la contratación, la ejecución de la obra y los pagos realizados.

    Entre los elementos bajo análisis aparecen conversaciones con una secretaria del jefe de Gabinete, una circunstancia que amplía el universo de personas involucradas en la reconstrucción de los hechos y que podría aportar detalles sobre la coordinación de los trabajos y los contactos entre las partes.

    La expectativa de la fiscalía es determinar si las comunicaciones son compatibles con la versión oficial o si revelan inconsistencias respecto de las fechas, los montos abonados o la modalidad de contratación.

    La declaración que abrió nuevas preguntas

    El avance judicial se produce después de que Tabar brindara un testimonio que colocó a Adorni en una situación delicada. Según su declaración, las refacciones se extendieron durante aproximadamente diez meses y tuvieron un costo total de 245.000 dólares, abonados en dos etapas y siempre en efectivo.

    El contratista sostuvo además que durante la ejecución de las obras el funcionario alquiló otra vivienda dentro del mismo country y explicó que las remodelaciones incluyeron cocina, baños, pisos, quincho y pileta, además de otros trabajos complementarios.

    Ese relato impulsó nuevas medidas de prueba y derivó en la incorporación del teléfono celular como una de las evidencias centrales de la investigación.

    Una causa con creciente impacto político

    Mientras la Justicia revisa los chats y la documentación obtenida, el expediente mantiene bajo observación la evolución patrimonial del funcionario y la correspondencia entre los gastos declarados y las obras realizadas en la propiedad de Indio Cuá.

    La aparición de conversaciones entre el contratista y una integrante del equipo de la Jefatura de Gabinete agrega un nuevo elemento de análisis, ya que permitirá reconstruir la dinámica de la relación entre las partes y verificar si existieron gestiones administrativas o coordinaciones vinculadas con la millonaria remodelación.

    Con la información digital ya incorporada al expediente, la fiscalía avanza sobre una etapa que puede resultar determinante para establecer si las explicaciones ofrecidas hasta el momento alcanzan para despejar las dudas sobre el origen de los fondos y la forma en que se desarrolló la contratación.

     

  • La gran batalla de nuestro tiempo

     

    Hay que ver en el capitalismo una religión, es decir, el capitalismo sirve esencialmente a la satisfacción de las mismas preocupaciones, suplicios e inquietudes a las que daban respuesta antiguamente las llamadas religiones.
    Walter Benjamin
    El capitalismo como religión, 1921

    Un acontecimiento tecnológico concita, por primera vez en la historia, una vehemente encíclica papal de 111 páginas. En Magnifica Humanitas, León XIV llama a “la custodia de la persona humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial”. Esto —que por sí solo indicaría que nos encontramos, con las más recientes inteligencias artificiales (IA) generativas y predictivas, ante un hecho de inédita relevancia histórica— parece, sin embargo, un episodio más de la sobrecogedora serie que, desde finales de 2022, envuelve a Occidente en una vertiginosa convulsión política, social, cultural, espiritual, epistémica.

    Para circunscribirnos a este año, el 3 de enero fuerzas militares de Estados Unidos capturaron al entonces presidente de Venezuela, Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, en Caracas, y los trasladaron a Nueva York para enfrentar imputaciones por narcoterrorismo. La incursión incluyó ataques aéreos sobre la capital y zonas estratégicas militares. Fuentes de ambos gobiernos estimaron que murieron entre setenta y cien personas. A fines del mismo mes, el Departamento de Justicia estadounidense publicó más de tres millones de documentos, imágenes y videos —“un total de 300 GB de datos”, dice la prensa— de los Archivos Epstein, que dejaron a la vista una oscura cadena de equivalencias entre banca internacional, narcotráfico, políticos, celebrities del espectáculo y de la academia, poder judicial, servicios de inteligencia, crímenes sexuales, redes de trata de niñas y adolescentes, sacrificios rituales, extorsiones, casas reales europeas en, más que sorprendente, decadente rehabilitación pública.

    A fines de febrero comenzó la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, que hace sentir su impacto en todas las economías nacionales del hemisferio. En tanto, prosigue la guerra de Gaza, iniciada en 2023, que incluye la masacre abierta al pueblo palestino, el pedido de arresto del presidente israelí Benjamin Netanyahu por parte de la Corte Penal Internacional en noviembre de 2024 y las sucesivas detenciones y vejaciones a los integrantes de las flotillas humanitarias que periódicamente buscan traspasar, sin éxito, el bloqueo de ayudas básicas para los palestinos atrapados entre los bombardeos masivos, las hambrunas por falta de alimentos, la destrucción de escuelas y hospitales y el cierre de rutas. 

    Para recargar un poco más el ambiente, el 18 de abril, Palantir publicó en la red social X su manifiesto: una declaración de veintidós puntos que resume la visión del CEO de la empresa, Alex Karp, socio de Peter Thiel. El documento defiende la fusión entre Silicon Valley y el complejo militar-industrial para garantizar la hegemonía de Occidente mediante el uso de inteligencia artificial. Afirma que la era de disuasión nuclear está llegando a su fin y será reemplazada por una disuasión basada en IA, descalificando de antemano cualquier intento de debate democrático sobre el uso militar de la IA. “La pregunta no es si se construirán armas de IA; es quién las construirá y con qué propósito”, asegura. Y desde un abierto supremacismo cultural, exhorta a resistir “la tentación superficial de un pluralismo vacío”, ya que a su criterio, contra lo que afirman los principios liberales, las culturas [no habla de regímenes políticos, sino de culturas] no merecen trato igualitario: “algunas han producido avances vitales; otras siguen siendo disfuncionales y regresivas”.

    En este escenario infernal, en esta atmósfera densamente intoxicada, Magnifica Humanitas es un documento cargado de humanismo. Se apoya fuertemente en la Doctrina Social de la Iglesia, con persistentes referencias a lo común (la verdad como bien común, la Tierra como hogar común, los datos que deben ser tratados como bienes comunes, derechos humanos como lenguaje común, discernimiento comunitario, comunidad, comunión), citas precisas de J.J.R. Tolkien —el devoto católico que imaginó las ambivalentes, pharmakologicas piedras videntes Palantir[1]— y hasta una mención explícita al Beato Enrique Angelelli, asesinado por la última dictadura argentina en 1976.

    El texto del Vaticano, publicado el 25 de mayo, subraya algunas tesis que la filosofía de la técnica viene sosteniendo hace años: que la tecnología —y especialmente una infraestructura lingüística y cognitiva, como son los ecosistemas digitales en los que emergen las nuevas IA— “no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza”[9]. Tampoco “es un simple instrumento”, ya que “cuando se vuelve criterio, termina por establecer qué cuenta y qué puede descartarse, reduciendo la creación a un objeto de explotación y a las personas a engranajes de un sistema que sea cada vez más eficaz”[92] —una alusión precisa, sea o no deliberada, a la célebre figura de la megamáquina de Lewis Mumford, tan apreciada por Gilles Deleuze y Felix Guattari—. Incluso más que un ensamble técnico, la IA, dice la encíclica, es “un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar”[110].

    Deja de lado, en cambio, otras nociones del pensamiento sobre la técnica que habrían podido ser aportes a su argumento. La encíclica denuncia, por ejemplo, la voluntad de poder “prometeica” —los “sueños prometeicos” de la tecnología [128]—. Sin embargo, ya hace décadas el sociólogo Hérminio Martins y luego la antropóloga Paula Sibilia distinguieron entre dos sensibilidades típicas y tradicionales en Occidente, una prometeica y otra fáustica, una alineada con los intereses humanos y respetuosa de los límites de la condición humana, la otra volcada a superar “las limitaciones derivadas del carácter material del cuerpo —señala Sibilia en El hombre postorgánico—, a las que entiende como obstáculos orgánicos que restringen las potencialidades y ambiciones” humanas. La encíclica también rechaza las diferentes corrientes del transhumanismo y de los posthumanismos. Ahondar en las distinciones internas dentro del núcleo imaginario o mitopoiético de las tecnologías avanzadas permite ser críticos sin desdeñar posibilidades que contribuyen, precisamente, a la justicia y el desarrollo colectivos, como las investigaciones en medicina o los estudios sobre cambio climático; a la vez que limita la infaltable, facilona acusación de “ludita”. Donde el documento sí es certero e incidental es cuando exhorta a cultivar un “antropocentrismo situado”, que reconoce al humano como “inserto en una trama de relaciones con los demás seres vivos y con la totalidad de la creación” [237].

    A lo largo de una introducción, cuatro capítulos y un epílogo, en un lenguaje coloquial pero no impreciso, la encíclica se pronuncia contra el “paradigma tecnocrático”, al que define como “la tendencia a dejar que la lógica de la eficiencia, del control y del lucro gobierne por sí sola las decisiones personales, sociales y económicas”. Advierte sobre las “nuevas esclavitudes que se alimentan de cadenas económicas e infraestructuras digitales” [179] y sobre “el colonialismo [que] muestra en la actualidad un rostro inédito”, ya que “no solo domina los cuerpos, sino que se apropia de los datos, transformando las vidas personales en información explotable”.

    Señala con agudeza que “las IA modernas están más ‘cultivadas’ que ‘construidas’, pues los desarrolladores no diseñan cada detalle, sino una arquitectura sobre la cual la IA ‘crece’”, y en consecuencia, “los aspectos científicos fundamentales —como las representaciones internas y los procesos computacionales de estos sistemas— siguen siendo desconocidos”. Frente a esto, exhorta a una doble acción: profundizar la investigación científica y ejercitar el discernimiento ético y espiritual.[99] Y concluye: “Cuando un poder de tal magnitud se concentra en pocas manos, tiende a hacerse opaco y a eludir el control público, y crece el riesgo de un desarrollo distorsionado que provoca nuevas dependencias, exclusiones, manipulaciones y desigualdades” [95].

    Frente a esta potencia concentrada en el mundo digital, “en un mundo donde pocos sujetos concentran datos, capital informático y capacidad normativa”, antepone los cinco principios de la Doctrina Social de la Iglesia: “la dignidad inalienable de la persona, el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social”. Y sale en defensa de las “instituciones capaces de proteger la vida común”; cita a movimientos como la Cruz Roja (1863), leyes como la abolición de la esclavitud, organizaciones multilaterales como las Naciones Unidas (1945) y tratados como la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948). 

    Ni formalidad administrativa ni texto críptico, sino un nítido programa político: un “documento de cultura”. Y también, pese a su antibelicismo (a eso se refiere con “desarmar” la IA), un ataque frontal. Uno más, en un escenario profundamente bélico. Uno singular, en un escenario profundamente religioso. Uno no poco desconcertante, en un escenario de transvaloraciones —“inversiones”— incesantes, virtualmente infinalizables.

    El Anticristo como política

    En el mundo realmente invertido, lo verdadero es un momento de lo falso.
    Guy Debord
    La sociedad del espectáculo, 1967

    En los días previos a la publicación de la Encíclica, se había conocido oficialmente que Peter Thiel, un multimillonario de origen alemán e ideas paleolibertarias, fundador de la compañía de vigilancia masiva más famosa de Occidente, Palantir, había comprado una casa de doce millones de dólares en Barrio Parque, un enclave muy exclusivo en la ciudad de Buenos Aires, y anotó a sus hijos en un colegio local (sotto voce se comentó que una afamada escuela católica había declinado con diplomática precaución la solicitud de ingreso presentada por Thiel y su esposo, el inversionista Matt Danzeisen, ex vicepresidente de BlackRock). Medios de comunicación publicaron fotografías de Thiel jugando ajedrez en el barrio del Abasto, en un torneo en el que salió tercero. Se supo, también, que había cenado con economistas a quienes, curiosamente, no les habló tanto de economía como del Anticristo.

    Lo mismo había hecho a mediados de marzo, pero en Roma, en el Palacio Orsini Taverna, donde vivió de niña Lucrecia Borgia, hasta que en 1493, a los 13 años, su padre Rodrigo Borja, más conocido como el papa Alejandro VI, la casó con Giovanni Sforza, el primero de los tres matrimonios que el valenciano le arreglaría para aumentar su poder. Allí, a pocas cuadras del Vaticano, Thiel dictó cuatro conferencias a puertas cerradas sobre lo que él imagina como el máximo peligro inminente de la época: el Anticristo. Según la Associazione Culturale Vincenzo Gioberti, el grupo cristiano conservador que lo recibió, creado en julio de 2023 en la mismísima ciudad Lombarda de Salò, las charlas giraron en torno a cómo “fuerzas ocultas trabajan sin cesar con la intención de destruir lo que queda de Occidente”. La asociación tiene como misión: “restaurar la unidad espiritual de los italianos, partiendo de su identidad católica, sus pequeñas patrias y las costumbres heredadas del Antiguo Régimen”. A comienzos de 2026 su secretario general, Matteo Rossi, escribió una pieza perspicaz sobre la decisión del consejo comunal de Salò de retirar la “ciudadanía honoraria” al Duce Benito Mussolini, que empieza con una boutade: “Sinceramente, no sabía que los muertos pudieran tener ciudadanía terrenal: pensaba que solo tenían derecho a un domicilio, donde es posible llevarles flores…”.

    En los peculiares análisis de Thiel, egresado de Filosofía de Stanford y reconocido financiador de proyectos neoconservadores, el Anticristo es hoy “un ludita que quiere detener toda la ciencia”. En conferencias privadas dictadas en 2025 en San Francisco, se refirió a los escritos apocalípticos de John Henry Newman y a la novela de Vladimir Soloviev Una breve historia del Anticristo (1900) donde este es retratado como un filántropo y sabio que ofrece soluciones racionales al caos “pero sólo se ama a sí mismo”. Según describe The New York Times, Thiel sostiene que la semántica de los riesgos (en particular el llamado riesgo existencial, pero también las preocupaciones ambientalistas de personalidades como Greta Thunberg o las críticas a la tecnología o la inteligencia artificial) es parte de la estrategia de los “legionarios del Anticristo”, que impulsarían una sobrerregulación, fomentando una gobernanza opresiva generalizada, un “estado totalitario global”. “La forma en que el Anticristo se apoderará del mundo es hablando sin cesar del Armagedón”, declaró Thiel al mismo diario en 2025, según recuerda la corresponsal Elizabetta Povoledo. “Hablando sin parar del riesgo existencial y diciendo que, por lo tanto, necesitamos regulación”.

    Ahora bien, ¿quiénes hablaron primero del riesgo existencial o X-Risk, si no las propias corporaciones e instituciones, sus directivos y referentes más conocidos? El think tank Future of Life, promotor en 2017 de los Principios de Asilomar, la primera carta de intenciones éticas para la inteligencia artificial abiertamente conocida, e impulsor de dos conocidas cartas en 2023 y 2025: la que pedía pausar la investigación en modelos de IA iguales o mayores a GPT y la que pedía prohibir la Superinteligencia, que fueron firmadas por personalidades notables, como Yuval Harari, Yoshua Bengio, Steve Bannon, los duques de Sussex (estos tres últimos en la segunda carta). Dan conferencias, asesoran a las principales potencias, investigan e informan cotidianamente acerca del riesgo existencial desde el premio nobel de Física Geoffrey Hinton hasta los AI Security Institutes del Reino Unido y de Estados Unidos, pasando por los grandes medios periodísticos y los investigadores más destacados en IA, como el propio Ilya Sutskever, quien cuando se fue de OpenAI en 2024, fundó una empresa exclusivamente dedicada a desarrollar una “superinteligencia segura”. La cuestión del riesgo existencial es parte de la narrativa oficial de las big tech, y no una poco significativa (estas declaraciones de Thiel, cabe sospechar, son parte de ese mismo gesto, sometido a una calculada inversión).

    Para intentar comprender la obsesión de Thiel por presentar como “Anticristo” a los Estados, los saberes y las regulaciones que podrían limitarlo, cabe recordar la tesis de Jan Assmann en La distinción mosaica (2003), quien sostiene que el monoteísmo bíblico, al establecer la distinción entre verdadero y falso en materia religiosa, desata un fondo de violencia que no es solamente antropológico (como lo podría explicar el propio Thiel siguiendo, y desviando, a quien, se dice, fue su admirado profesor, René Girard) sino también cultural y político. Lo que esa distinción produce, y este es su precio, es la violencia religiosa: los dioses previos o desplazados no desaparecen sino que se vuelven demonios, fuerzas del mal. Siguen operando, clandestinamente, como lo reprimido que retorna. Thiel utiliza esa operación en su beneficio. El regulador, la crítica de la crisis climática, el multilateralismo, la gobernanza de la IA: todo lo que limita la aceleración de los negocios queda del lado del Anticristo.

    Se ha señalado con insistencia la paradoja de que la compañía Palantir, de la que Thiel es cofundador y presidente de su junta directiva, proporciona sistemas de inteligencia artificial al Pentágono y es un instrumento clave en acciones estadounidenses e israelíes contra Irán, así como en las operaciones del ICE para rastrear migrantes, actuando de hecho como una herramienta para la creación de un estado de vigilancia. Quizá no sea estéril considerar nuestro momento histórico-cultural y conjeturar que la paradoja es una táctica, no un efecto colateral. En 2008, cuando estallaba la crisis financiera internacional que derivó en la Gran Recesión, el área de software para Inteligencia y Defensa de Palantir comenzó a llamarse Palantir Gotham.

    Fondo de inversiones

    La ‘gigantomaquia’ en torno al ser es, también y sobre todo, un conflicto entre ser y obrar, entre ontología y economía, entre un ser en sí incapaz de acción y una acción sin ser —y entre los dos, como apuesta, la idea de libertad.
    Giorgio Agamben
    El reino y la gloria, 2007

    Llegados a este punto, la imagen tiene algo de escena primaria. Por un lado, la escena primaria de un tipo particular de enfrentamiento que Occidente conoce bien: el cisma espiritual, la cruzada religiosa. Thiel habla del Anticristo, Leon XIV de Babel y Jerusalén. Si traemos a esta escena los Archivos Epstein, se movilizan relatos todavía más antiguos: Baal y Yahvé, el Becerro de Oro, y siempre y a toda hora cuando hablamos de tecnologías, Fausto y Prometeo, con la tensión incesante entre un Dios neurótico que limita y a la vez cultiva, y un Dios o demonio perverso que goza y a la vez endeuda. La guerra santa civil que Europa conoce bien, con sus diversas mitologías, reversiones, secuelas, precuelas, spin-offs y siempre nuevas formas de expansión narrativa. La lucha contra el Anticristo, en términos de Thiel, y la lucha entre dos culturas, en términos de Leon XIV: la cultura [genérica] de la potencia y la cultura civil [específica] del amor.

    “Evitemos el ‘síndrome de Babel’ —explica la Encíclica—: la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único, incluso digital, capaz de traducirlo todo, aun el misterio de la persona, en datos y rendimientos. (…) Elijamos, en cambio, el ‘camino de Nehemías’, que pone de relieve el valor del trabajo compartido para hacer que la ciudad de Dios sea un lugar seguro para los exiliados que regresaron […] haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad”.

    Por otro lado, es también la escena primaria de la cultura en sentido restringido: Babel, el laberinto, que como dejó escrito Borges puede ser tanto la Biblioteca como el desierto. Un laberinto de espacios liminales que en pleno segundo cuarto del siglo XXI, están, ellos también, sometidos a la máquina de inversión infinita; los “backrooms de la globalización” de los que habló Margarita Martínez días atrás en Dólar Barato y en Cabaret Voltaire. O de tiempos liminales: el scroll perenne, la cola para entregar un CV, las noches de ansiedad estéril, Godot y toda la serie de galimatías y esperas sin esperanza que conocemos bien. Del mismo modo, los villanos como protagonistas “gloriosos” (Joker, Cruella De Vil, pero también la narrativa calcada de los “niños sufrientes” en las biografías de Elon Musk y Javier Milei), son la operación central de nuestro momento cultural, no su periferia. Sobre esto reflexionan últimamente dos libros llenos de sugerencias: Estéticas liminales de Valentina Nanni y el magnífico Fascismo cosplay de Luis Ignacio García.

    En esta guerra, en la “batalla cultural” del signo que sea, la clave —nuestra “agencia”— es la lectura atenta. Todo lo que podamos ser, la libertad que está radicalmente en juego, depende de nuestras habilidades lectoras, nuestra capacidad de interpretación, la recepción como actividad cada vez más elaborada, reflexiva, autoconsciente. Y si nuestro ambiente cotidiano es un laberinto, la lectura pasa a ser un deporte de alto rendimiento. Es lo que nos permitirá captar el shock, la “imagen dialéctica”, la señal impredecible e inequívoca que nos llevará hasta el mástil al cual atarnos y anclar la nave, la mente, en medio de la tormenta semiótica ilimitada. Una apertura que el laberinto, previsiblemente, estrecha minuto a minuto. La teoría del siglo XXI suele invocar “el cuerpo” como posible superficie de inscripción de ese sentido que es áncora y también escalera al cielo. Mutatis mutandis, a eso hacen referencia las diversas tecnologías del yo que incitan a concentrar la atención en el “aquí y ahora”, la “conciencia situacional” de los aviadores militares, el mindfulness de su tripulación.

    Porque el siglo XXI tiene su propia lengua, y el rizoma tecno realiza la inversión ludópata de todos los sentidos estabilizados, como si hubiéramos quedado atrapados en una suerte de taumatropo cuyas imágenes no se conectan jamás. La guerra en la que las religiones, los mitos, las encuestas, la astronomía, las creepypastas, las novelas, los géneros del modernismo popular, las estadísticas y la danza son las armas rústicas y ultra sofisticadas con las que, desde tiempos inmemoriales, se crearon y disputaron territorios afectivos, cognitivos, epistémicos.

    En el mundo de la economía, “invertir” es apostar sobre el futuro de algo que todavía no existe. La inversión clásica —la que describía Ricardo, la que Marx analizaba— era capital que se adelantaba a la producción: había un objeto, un proceso, un trabajo, un tiempo de producción, y la ganancia venía del ciclo productivo. Hoy se invierte sobre expectativas de valorización futura que no dependen del ciclo productivo sino de la narrativa y la expectativa que rodea al activo. El acontecimiento tecnopolítico de gran escala desencadenado por la capilarización de las nuevas IA a partir de finales de 2022 se organizó a través de la combinación entre un potentísimo “hype” publicitario (la “burbuja” de la que se viene hablando hace meses) y la no menos enorme fuerza con que los grandes poderes fácticos están imponiendo una mutación desde arriba: créditos de bancos internacionales, transformaciones en los planes de estudio y en las modalidades de enseñanza, presiones en torno a la legislación, rediseño de la experiencia de usuario de las grandes plataformas, entre otras acciones que se dieron con una velocidad nunca vista y sin un horizonte mínimamente claro de hacia dónde estamos yendo. Todo esto permite que los procesos concretos que están detrás de los retornos de la inversión permanezcan opacos, muchas veces incluso “securitizados”, inaccesibles. En parte, porque todavía no existen: se están creando. El “hype” es aquello a través de lo cual se crea… destruyendo (acá saludan los schumpeterianos). No es un accidente: es la forma del negocio.

    Lo que vemos es, ya no la reproducción, sino la generación mecánica de la propia vida lingüística, emocional, cognitiva y cultural. Una generación de signos incesante y sin referencia alguna con la “realidad” (brainrot), si por realidad entendemos la cadena histórica, cultural y simbólica de hechos, es decir, de relaciones entre seres humanos (y no humanos). Una generación de símbolos y de infraestructuras planetarias que, creando diferencias y desigualdades radicales, busca estar parcial pero decisivamente desencastrada de la relación de reciprocidad entre infligir sufrimientos y goces colectivos, y padecer (o administrar, vía chivo expiatorio) las correspondientes catarsis sacrificiales. La tesis del “tecnofeudalismo” describe este intento, hoy por hoy exitoso, pero altamente inestable, de restauración de diferencias abismales entre clases que nunca se encuentran. Donde la inversión como gesto simbólico y cultural dominante es la correspondencia en el nivel de la cultura de la idea de puro valor de intercambio: el valor, dice la religión capitalista, es el “precio”. Los esfuerzos de Leon XIV al redactar, desde el mismísimo Vaticano, una Encíclica que exige establecer reglas, normas, gobernanzas, responsabilidades “humanas”, tiene analogías estructurales con los esfuerzos de los defensores de la teoría objetiva del valor. En el centro está la defensa radical de la vida (la cultura del amor) y la limitación de las pulsiones tanáticas de la dominación.

    Los dioses no han muerto, dicen Peter Thiel y la Encíclica, sólo se han retirado. Para convocarlos son precisos los rituales cada vez más ostentosos: se gasta la propia humanidad entera (los magnates de las grandes corporaciones no dejan que sus hijos tengan redes sociales, nos dicen las redes sociales todo el tiempo). Nos vemos rodeados, así, de un mundo de inversiones. La “imagen dialéctica” benjaminiana de esa inversión incesante del valor de la vida humana, que es el precio de una economía hecha de “fondos de inversión”, y cuya verdad indecible pero completamente a la vista es que, en muy buena medida, los retornos y la extracción de valor se producen mediante la violencia, el colonialismo, la esclavitud, el vampirismo parásito de la acumulación por desposesión. El sacrificio de naciones enteras, como estamos viendo en este mismo momento en América latina.

    En El capitalismo como religión, Benjamin señala que “el tipo del pensamiento religioso capitalista se encuentra extraordinariamente expresado en la filosofía de Nietzsche”. En particular la figura del “superhombre” (el Más Que Humano, el transhumanista cabal), “desplaza el ‘salto’ apocalíptico, no sobre la conversión, la expiación, la purificación y la contrición, sino sobre una intensificación o potenciación [Steigerung] aparentemente continua, pero en el último momento, a saltos, intermitente, discontinua”. En el ámbito profano de las tecnologías, esto podría reconducir al escalamiento de la capacidad de cómputo. En el ámbito de la póiesis, de la techné poiética, esa intensificación es autoconciencia, pliegue de reflexividad, gramática y gesto que realiza (“transustancia”) el salto de complejidad. Del laberinto, recordaba Leopoldo Marechal, “se sale por arriba, si el alto amor lo quiere”.

    Claro que siempre lo quiere. Esa es nuestra fe, nuestra infinita vitalidad. Nuestra vida eterna.

    [1] Palantir: el nombre viene de las piedras videntes de El Señor de los Anillos, que son lo que el helenista Louis Gernet llamaba ágalma: el objeto precioso que circula en los rituales de don, que condensa valor social y valor divino simultáneamente, y que puede invertirse. El objeto sagrado que une puede volverse el objeto maldito que contamina.

    La entrada La gran batalla de nuestro tiempo se publicó primero en Revista Anfibia.

     

  • Jan De Nul y Servimagnus crearán una nueva firma para operar la Hidrovía

     

    Las empresas ganadoras de la licitación de la Hidrovía, la belga Jan de Nul y la argentina Servimagnus, anunciaron que conformarán una nueva sociedad para la operación de la vía troncal.

    Tras celebrar la adjudicación oficializada este jueves, las compañías anunciaron que conformarán «Vía Navegable Argentina», la sociedad que tendrá a su cargo el desarrollo del proyecto y la operación de la Hidrovía.

    «Jan De Nul y Servimagnus pondrán a disposición su experiencia, capacidad técnica y todos los recursos necesarios para la ejecución de las obras, el mantenimiento y la operación de dicha concesión», anunciaron y prometieron la creación de más de 600 puestos de trabajo.

    «Presentamos una propuesta sumamente sólida, sustentada en la inversión privada, la utilización de equipamiento propio, el cuidado del ambiente, un equipo profesional altamente calificado, y una inédita transferencia tecnológica», destacó Marcos De Vincenzi, gerente general de Servimagnus, la empresa de la familia Román.

    Como explicó LPO, la adjudicación llega después de una disputa picante impulsada por DEME que trató de empañar el proceso para tumbar a Jan de Nul, incluso presentando una oferta más baja cuando el proceso ya estaba casi terminado. Ya con el anuncio de la adjudicación, este viernes NEME volvió a denunciar el proceso.

     Ahora, el gobierno avanzará hacia la firma del contrato que se concretará en las próximas semanas. En Economía aseguran que el nuevo esquema permitirá reducir en un 13,5% los costos logísticos y habilitará una serie de obras destinadas a profundizar el canal, mejorar la navegación y aumentar la capacidad de carga de los buques. 

    El gobierno adjudicó la Hidrovía a Jan de Nul y se termina la pelea por la privatización más importante

    Desde las compañías prometieron que Vía Navegable Argentina (VNA) trabajará para «impulsar una vía navegable más moderna, eficiente y sustentable, incorporando tecnología de última generación bajo los más altos estándares de calidad, seguridad y desempeño ambiental con el objetivo de fortalecer la competitividad del sistema logístico argentino, reducir los costos asociados al comercio exterior y contribuir al crecimiento de las exportaciones y al desarrollo económico del país».

    Además, destacaron que durante la anterior gestión de la Hidrovía los trabajos de profundización y mantenimiento contribuyeron decisivamente al crecimiento de la producción nacional, la expansión de la superficie sembrada, el aumento de los volúmenes exportados y la generación de divisas para la Argentina.

     

  • Myriam Bregman resiste una candidatura en la Ciudad y niega un acuerdo con el peronismo

     

    Myriam Bregman resiste una candidatura en la Ciudad y en el Frente de Izquierda rechazan cualquier tipo de acuerdo con el peronismo o el radicalismo.

    En los últimos meses Bregman escaló en las encuestas en términos de imagen frente a la caída de los dirigentes más tradicionales de la política.

    Son varios los que se tentaron con una candidatura en la Ciudad, el distrito en donde la izquierda tiene sus mejores números y Bregman una mayor aceptación.

    Cerca de la diputada aseguran que no se moverá del FIT y que buscará una candidatura presidencial. Para eso deberá imponerse en la primaria del Frente de Izquierda. De todas formas, aseguran que «no es momento de hablar de candidaturas», porque «el pueblo trabajador no da más, que hay que derrotar en las calles a Milei y su plan de hambre y entrega».

    ¿El crecimiento en las encuestas de Bregman complica a Milei o Kicillof?

    La apuesta es que la boleta presidencial de Bregman traccione votos que le permita al espacio sumar bancas además de los actuales tres diputados por la Provincia (dos son del PO) y la banca por la Ciudad. Jujuy, Mendoza y Neuquén son los distritos donde la izquierda tiene más posibilidades.

    En la última semana, el PTS lanzó comités en varias provincias con el fin de organizar a la militancia para 2027.

    Los peronista leen la visita de Bregman a Cristina Kirchner como una cuestión que puede servirle para disputar los votos del PJ que se referencian en Grabois, pero ven imposible un acuerdo por la naturaleza del trotkismo.

    El crecimiento de la diputada en las encuestas abrió el debate en el peronismo y en la UCR, donde buscan un postulante para las elecciones porteñas de 2027.

    En el peronismo aseguran que las candidaturas están abiertas e incluyen desde Santoro, Lammens y Recalde al actor Leonardo Sbaraglia.

    Los peronista leen la visita de Bregman a Cristina Kirchner como una cuestión que puede servirle para disputar los votos del PJ que se referencian en Grabois, pero ven imposible un acuerdo por la naturaleza del trotkismo que veta los pactos con partidos burgueses.

    «Es un experimento que puede funcionar en un laboratorio, pero va a ser muy difícil que suceda en una ciudad», analizó un dirigente del PJ porteño.

    La imposibilidad de un acuerdo formal también se extiende a la segunda vuelta, pero allí hay una salvedad: en el PJ dicen que son los propios votantes de la izquierda los que apoyarán al candidato no libertario.

    En el radicalismo sostienen que Bregman tiene mucho mejor desempeño en las elecciones legislativas que en las ejecutivas. A pesar de eso, entienden que la diputada quiere ser candidata a la presidencia para engrosar la tropa en el Congreso. «Si pierde en la Ciudad, se le va a complicar hacer una buena elección en octubre», pronosticaron.

     

  • Jorge Macri endureció las penas contra los trapitos y prevén hasta 60 días de detención

     

    El gobierno porteño endureció las penas contra trapitos y limpiavidrios y agrava las sanciones contra los clubes que organicen el negocio.

    La norma fue aprobada con los votos de la UCR, el PRO y los libertarios, mientras que el peronismo la rechazó.

    La modificación al Código contravencional prevé penas de 20 a 50 días de detención para las bandas que se organicen en eventos masivos, de 10 a 30 días para quien cuide coches de manera ilegal en cualquier calle o lugar de la Ciudad y más de 60 días para los organizadores del negocio. Las penas se endurecerán en caso de acoso a los dueños de vehículos.

    Jorge Macri festejó la sanción de la ley. «Si sos trapito, te meto preso. Aprobamos una ley para meter presos a estos delincuentes que se creen dueños de la calle y viven de extorsionar a la gente de bien», expresó a tono el discurso sus últimos meses.

    El juez Gallardo suspendió los desalojos de Jorge Macri 

    En la oposición aseguran que ya existían las sanciones y que el gobierno debería aplicarlas.

    «Agarraron el código contravencional y lo están haciendo bolsa, porque lo importante es el título, no lo que hagan de política pública», dijo Guadalupe Tagliaferri de la bancada larretista.

    «Este es un episodio más de las leyes que tratamos en la Legislatura para que Jorge Macri haga anuncios sin que se resuelva nada. Aquí el eje de la cuestión pasa por la participación de sectores de la Policía», se sumó Claudia Neira del PJ.

    «Queremos que la gente pueda estacionar sin sentirse amenaza. ¡Donde es gratis es gratis!», dijo el bullrichista Juan Pablo Arenaza.