Política

  • |

    La jornada de 8 horas no es un mito peronista: es una ley que existía y un derecho que Perón hizo cumplir

     

    En 1929 Argentina legisló la jornada laboral de 8 horas. Durante más de una década, fue un derecho escrito que el Estado no garantizó.

    Por Walter Onorato para NLI

    En 1929, durante la segunda presidencia de , el Congreso sancionó la Ley 11.544, que estableció por primera vez en todo el país la jornada máxima de 8 horas diarias o 48 semanales. El texto legal recogía una demanda histórica del movimiento obrero argentino y colocaba a la Argentina, al menos formalmente, dentro del mapa de las legislaciones laborales modernas.

    Sin embargo, entre 1929 y 1945, la distancia entre la ley y la realidad fue abismal. La jornada de 8 horas existía en los códigos, pero no organizaba la vida cotidiana de la mayoría de los trabajadores.

    La sanción de la ley no implicó automáticamente su cumplimiento. El Estado argentino carecía —y en muchos casos no tenía voluntad— de los mecanismos necesarios para garantizarla. Las inspecciones laborales eran escasas, las sanciones simbólicas y la justicia tendía a fallar en favor de los empleadores. En los hechos, el límite horario seguía siendo una decisión patronal.

    En algunos sectores urbanos e industrializados la situación fue diferente. Grandes empresas, talleres visibles y actividades con fuerte organización sindical —gráficos, ferroviarios, portuarios— lograron imponer, no sin conflictos, la jornada legal. Aun allí, el cumplimiento era parcial: horas extras obligatorias no pagadas, jornadas partidas que extendían el tiempo total de trabajo y mecanismos de evasión salarial eran prácticas habituales.

    Pero fuera de esos núcleos organizados, la ley simplemente no existía en la práctica. En el campo, donde la relación laboral estaba atravesada por el aislamiento, la dependencia personal y la ausencia casi total de inspección estatal, las jornadas de sol a sol siguieron siendo la regla. En las economías regionales, la situación era aún más evidente. En los ingenios azucareros de Tucumán, la jornada se organizaba en torno al ritmo de la zafra: turnos extensos, calor extremo y trabajo continuo mientras durara la molienda, sin límites horarios reales. En los yerbatales de Misiones, los mensúes cobraban por cantidad de kilos transportados, lo que los obligaba a prolongar indefinidamente la jornada para alcanzar un ingreso mínimo. El tiempo de trabajo no se medía en horas, sino en desgaste físico.

    En los viñedos cuyanos y los algodonales del norte, la lógica era similar: trabajo estacional, pago por rendimiento y jornadas que se extendían mientras hubiera luz natural. La ley de 8 horas era irrelevante frente a un sistema productivo que organizaba el trabajo por campaña y no por jornada.

    En los pequeños talleres urbanos de ciudades como Buenos Aires o Rosario, especialmente en rubros como la confección, el calzado o la metalurgia liviana, eran habituales las jornadas de 10 a 12 horas, justificadas como “aprendizaje” o compensadas con salarios miserables. El trabajo a destajo permitía al empleador exigir una producción diaria fija que solo podía alcanzarse extendiendo el horario real de trabajo.

    El comercio minorista reproducía una lógica similar. Empleados de almacenes, tiendas y casas de ramos generales abrían temprano y cerraban de noche, muchas veces con descanso parcial o inexistente, bajo la excusa de la atención al público. En el servicio doméstico, directamente excluido de toda protección efectiva, la jornada carecía de límites: vivir en la casa del empleador implicaba disponibilidad permanente, sin distinción clara entre tiempo de trabajo y tiempo de descanso.

    La ley estaba vigente, pero no tenía ejecutores. El Estado carecía de un cuerpo de inspectores con presencia territorial, las sanciones eran irrisorias y la justicia laboral —cuando intervenía— tendía a legitimar las prácticas patronales. En ese contexto, la jornada de 8 horas no era un derecho exigible sino una declaración abstracta, desconocida para amplios sectores del mundo del trabajo. Para millones de trabajadores, la jornada legal era una promesa distante, ajena a su vida cotidiana y subordinada a una realidad donde el poder de fijar el tiempo de trabajo seguía en manos del patrón.

    La clave no estaba en el texto legal sino en la correlación de fuerzas. Donde había sindicatos fuertes, comisiones internas y capacidad de huelga, la jornada de 8 horas se defendía. Donde no, el trabajador quedaba librado a su patrón. Durante esos años, el cumplimiento de un derecho laboral dependía más de la organización colectiva que del Estado.

    En los últimos años, sectores libertarios repiten como argumento que el peronismo “miente” porque la jornada de 8 horas no fue creada por Perón, sino sancionada en 1929. El señalamiento es formalmente correcto, pero históricamente falaz. Confunde deliberadamente legislar con garantizar. La Ley 11.544 existía desde hacía más de una década, pero fue incumplida de manera sistemática por amplios sectores del empresariado, con un Estado ausente o complaciente. Reducir la historia social a una fecha en el Boletín Oficial implica borrar la diferencia central entre un derecho escrito y un derecho vivido.

    Ese divorcio entre la ley y la realidad empieza a romperse recién a partir de 1943–1945, cuando el Estado deja de mirar para otro lado y decide intervenir de manera directa en la relación entre capital y trabajo. No se trató de crear nuevos derechos, sino de hacerlos cumplir. Bajo la acción del Estado y el impulso político de , la jornada de 8 horas dejó de ser una recomendación abstracta y pasó a convertirse en una norma exigible. El límite al tiempo de trabajo ya no lo fijó el patrón, sino el Estado. Ese fue el verdadero punto de inflexión.

    La experiencia deja una enseñanza incómoda pero fundamental: los derechos laborales no existen solo porque estén escritos. Existen cuando hay un Estado dispuesto a garantizarlos y una sociedad organizada para defenderlos. Entre 1929 y 1945, la jornada de 8 horas fue una conquista legal sin poder. Su historia demuestra que la legislación social, sin voluntad política, puede convertirse en una promesa vacía.

    La jornada de 8 horas no nació plena. Fue primero una letra, después una pelea y recién más tarde una realidad. Y esa diferencia —entre ley y vida— explica buena parte de la historia social argentina.

     

  • |

    DINERO LIBERTARIO: El financista narco de Espert tenía negocios con el pederasta Jeffrey Epstein

     

    La trama que rodea a José Luis Espert suma un capítulo internacional explosivo: Fred Machado, el financista condenado por narcotráfico que aparece ligado al economista libertario, mantuvo vínculos comerciales y sociales con Jeffrey Epstein, el multimillonario acusado de abuso sexual de menores y tráfico sexual. Aviones, dinero negro, fiestas privadas y un entramado que vuelve a salpicar al entorno político que hoy orbita a Milei.

    Por Roque Pérez para NLI

    Imagen modificada digitalmente por NLI

    Desde hace meses, Noticias La Insuperable viene reconstruyendo la red de negocios, vuelos, transferencias y favores cruzados entre José Luis Espert y Fred Machado, un financista con condena en Estados Unidos por delitos ligados al narcotráfico. Ahora, una investigación difundida este martes por medios nacionales suma un dato inquietante: Machado también aparece vinculado a Jeffrey Epstein, el financista estadounidense señalado como uno de los mayores depredadores sexuales del poder global.

    EL VÍNCULO MACHADO–EPSTEIN: AVIONES, DINERO Y LUJO

    Según documentación y testimonios relevados en Estados Unidos, Fred Machado compartió circuitos de negocios, vuelos privados y encuentros sociales con Epstein, en un esquema donde el dinero fluía sin demasiadas preguntas y los aviones privados funcionaban como moneda de intercambio. No se trata de una amistad casual, sino de coincidencias reiteradas en operaciones financieras y uso de aeronaves de lujo.

    Epstein, hoy muerto en una cárcel federal en circunstancias nunca aclaradas del todo, utilizaba empresas pantalla, jets privados y cuentas offshore para mover fondos y personas. El nombre de Machado aparece en ese mismo ecosistema, lo que refuerza el perfil de un financista habituado a los márgenes más oscuros del sistema financiero internacional.

    ESPERT, LOS LIBROS CONTABLES Y LOS 200 MIL DÓLARES

    En Argentina, el nombre de Machado ya era conocido gracias a una investigación de Noticias La Insuperable, que reveló documentación contable donde figura un pago de 200.000 dólares a nombre de José Luis Espert, registrado en los libros de un narco condenado en Estados Unidos. No es una denuncia mediática: es un documento concreto que forma parte de causas judiciales en curso.

    Lejos de aclarar el origen de esos fondos, Espert optó por el silencio y la victimización, mientras la Justicia avanzaba con medidas que incluyeron allanamientos en su domicilio por presunto lavado de dinero vinculado a Machado.

    VUELOS, COCAÍNA Y UNA RED QUE NO SE EXPLICA

    Otra investigación de este medio detalló la existencia de vuelos privados, vínculos con empresarios ligados al narcotráfico y un circuito de favores que conecta a Espert, Machado y el grupo Bada Vázquez. Aviones que entran y salen, dinero sin trazabilidad clara y relaciones políticas que garantizan protección.

    El dato nuevo —la conexión Machado–Epstein— no hace más que reforzar el patrón: personajes que se mueven entre el delito financiero, el narcotráfico y las redes de poder internacional, con ramificaciones directas en la política argentina.

    EL SILENCIO DE MILEI Y EL PODER QUE MIRA PARA OTRO LADO

    Mientras estas revelaciones se acumulan, Milei evita cualquier explicación pública sobre el entramado de relaciones que rodea a uno de los referentes históricos del liberalismo local. Ni una aclaración, ni un repudio, ni una distancia política clara frente a un caso que mezcla narcotráfico, lavado y ahora también vínculos con un abusador serial de menores.

    En una Argentina golpeada por el ajuste, el dinero libertario vuelve a mostrar su verdadera cara: no la del mérito ni la libertad, sino la de los negocios turbios, los aviones privados y las redes que operan en las sombras. Lo que antes eran “operaciones” hoy son documentos, causas judiciales y conexiones internacionales imposibles de ignorar.

     

  • |

    Un Policía Federal se encadenó a la reja de la Casa Rosada: un grito de alerta contra la precarización salarial y la corrupción institucional

     

    Un hecho político inusual y profundamente revelador tuvo lugar este miércoles frente a la Casa Rosada: un efectivo de la Policía Federal Argentina decidió encadenarse esposado a la reja perimetral del Palacio de Gobierno para visibilizar el descontento y el sufrimiento real que atraviesan las fuerzas de seguridad bajo la gestión actual.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    El protagonista de la protesta individual fue el cabo Miguel Ángel Montiel, quien se presentó uniformado y portando su arma reglamentaria frente a Balcarce 50. Con una pancarta en mano, denunció irregularidades dentro de la institución, maniobras de corrupción y el deterioro de su salario y condiciones laborales.

    “Nos sacan la plata del bolsillo”: reclamos que estallan en plena Casa Rosada

    Según explicó Montiel, su reclamo no se limitó a la cuestión salarial, aunque ésta fue eje central: señaló que la quita de derechos, la existencia de “planillas fantasmas” y maniobras irregulares con adicionales que no se cumplen terminan perjudicando directamente el bolsillo de los efectivos.

    Además, el propio cabo denunció que en su Comisaría, la del Ferrocarril Belgrano Norte, existen prácticas que favorecen la corrupción, especialmente en servicios adicionales que no se efectivizan pero igual aparecen en los registros.

    Lo más llamativo es que Montiel decidió canalizar su protesta en pleno frente de la sede del Poder Ejecutivo, obligando a la Casa Militar y a las fuerzas de seguridad a activar protocolos especiales para contener la situación.

    Un acto con mensaje político claro: el salario como conflicto estructural

    La protesta del cabo Montiel es más que una acción aislada: pone en evidencia el profundo malestar dentro de las fuerzas de seguridad federales ante la precarización salarial y las condiciones de vida que enfrentan miles de agentes en un contexto de creciente inflación y pérdida de poder adquisitivo.

    Mientras el Gobierno insiste en discursos de “orden y seguridad”, la realidad que viven los trabajadores de las fuerzas de seguridad —que también pagan alquileres, comida, transporte y educación— es otra: salarios que no alcanzan, condiciones laborales desactualizadas y ausencia de canales institucionales efectivos para resolver conflictos internos.

    Montiel incluso admitió que los policías no están autorizados a protestar de esta forma, pero aseguró que ya no podía seguir callado frente a lo que calificó como un evidente deterioro de derechos y justicia interna.

    La protesta que interpela al Gobierno

    Este episodio, ocurrido en el corazón del poder estatal, desnuda una realidad incómoda para el gobierno: el descontento salarial trasciende a los sectores tradicionalmente alineados con la autoridad estatal, como son las fuerzas de seguridad, y cuestiona directamente la gestión en materia de políticas de ingresos y transparencia institucional.

    La protesta se da en un contexto social donde los reclamos por salarios dignos, condiciones laborales justas y el fin de prácticas corruptas se multiplican en distintos sectores de trabajadores y trabajadoras. La decisión de Montiel de esposarse frente a la Casa Rosada no es un mero acto simbólico, sino un llamado de atención tan político como la reivindicación de derechos que merece una discusión pública profunda.

     

  • |

    Todo sobre los libertarios que se reunieron con Milei en la Rosada (subsidios y sueldos del Estado incluidos)

     

    Quiénes son los 18 que estuvieron con Milei

    Por Roque Pérez para NLI

    El 8 de enero de 2026, Milei recibió en la Casa Rosada a un grupo de militantes libertarios, influencers y activistas de la llamada “batalla cultural”. La audiencia fue presentada oficialmente como un “saludo protocolar”, pero el detalle de los asistentes y sus trayectorias deja al descubierto algo más profundo: un armado político-cultural sostenido por personas que, mientras demonizan al Estado en el discurso, mantienen o mantuvieron vínculos concretos con él.

    No se trata solo de contradicciones individuales. El encuentro expone el ADN del mileísmo: un proyecto que necesita del Estado para legitimarse, aunque lo niegue públicamente.

    Carlos Alberto Carosia

    Productor y gestor político. Actúa como articulador entre el universo libertario digital y el poder formal. Es quien convierte militancia de redes en acceso real a la Casa Rosada. No discute ideas: ordena, conecta y habilita.

    Aunque el espacio que integra rechaza la intermediación política y la “rosca”, Carosia cumple exactamente ese rol: intermediario político clásico, pero sin asumirlo públicamente. Aspiracional a «gente de bien», buscó hacer sus necesidades más alto de donde le daba residiendo en el exclusivo Club de Campo Haras San Pablo, allá por 2022, y por no pagar le subastaron sus bienes.

    Marina Aldana Biagetti

    Una de las voces más difundidas del libertarismo en redes. Construye identidad desde el rechazo a lo colectivo y la exaltación del mérito individual. Funciona como figura emocional, clave para captar adhesiones desde el relato personal.

    Mientras reniega del Estado y cuestiona políticas públicas, solicitó y obtuvo una eximición del Impuesto al Automotor por su condición de persona con discapacidad, un beneficio otorgado por el mismo Estado que dice despreciar. El derecho estatal aparece legítimo cuando es propio, ilegítimo cuando es ajeno.

    Eric Iván Acosta

    Militante libertario con anclaje territorial. Aporta conocimiento práctico de la gestión local y funciona como puente entre el discurso libertario y realidades municipales.

    Pese a su prédica contra el empleo público y “la casta”, trabajó para el municipio de Santa Fe, es decir, fue parte del aparato estatal que hoy denuncia como ineficiente y parasitario.

    Con ganas de figurar, a su cuenta de Twitter la siguen 11 personas.

    Walter Edgardo Díaz

    Aporta una mirada disciplinada y de orden, muy valorada dentro del mileísmo. Su perfil encaja con sectores libertarios que reivindican fuerzas armadas y autoridad.

    Fue parte integrante de la Armada Argentina hasta su baja en 2021 con el grado se Suboficial Principal, pasando a recibir su pensión del sistema estatal de retiros y pensiones. Mientras el discurso libertario cuestiona jubilaciones y sistemas previsionales, él formó parte de uno de los regímenes especiales del Estado.

    Geraldine Mariana Prais

    Figura provocadora y de alto impacto mediático. Su función es romper consensos, generar polémica y mantener al libertarismo en agenda a través del escándalo permanente.

    Se presenta como antisistema, pero su visibilidad y capital simbólico se construyen gracias a la amplificación mediática y política que hoy le garantiza el poder estatal. Se postuló a Concejal en Esteban Echeverría y su posteo fue un cúmulo de faltas de ortografía (si así escriben los que comunican…).

    Gabriel Nicolás Morel

    Militante digital orgánico. Participa en campañas coordinadas de redes, ataques discursivos y operaciones de sentido. Es parte del aparato comunicacional informal del mileísmo.

    Rechaza la militancia tradicional, pero opera como militante profesional, replicando lógicas de aparato político que el propio libertarismo dice combatir.

    Leonardo Luis Antonio Griffo

    Operador, se define como cristiano, maestro mayor de obras y personal trainer.

    Se lo conoce en las redes como «Vikingo Liberal» y como parece ser la regla de estos comunicadores, escribe bastante mal.

    Aspirante a Creador Digital, su página de Facebook tiene 8 seguidores.

    Juan Manuel Uriarte Rinaldi

    Militante con presencia territorial y digital. Funciona como engranaje entre el activismo online y la estructura partidaria de La Libertad Avanza. En sus posteos se lo ve militando en la Comuna 10 de la Ciudad de Buenos Aires.

    Denuncia a los partidos políticos tradicionales, pero milita activamente dentro de una estructura partidaria clásica, con jerarquías y lineamientos centrales.

    Flavio Martín Arenales

    Desde sus redes promueve un discurso anti-centralista, pero responde a una conducción hipercentralizada en la figura de Milei.

    En julio de 2024, dio una entrevista en el canal de streaming Carajo, en la que señaló que “Las Fuerzas del Cielo” nacieron la noche previa al balotaje presidencial de 2023, cuando él llevó a un acto un cartel de cartón con la leyenda “Las Fuerzas del Cielo – Virrey del Pino”. Este cartel fue alzado por Milei tras su discurso como presidente electo.

    Tiene 50 años y hace menos de diez que vive en la zona rural de Virrey del Pino, con su pareja y un hijastro, aunque también tiene hijos de un matrimonio anterior. Es el casero de un predio de varios terrenos, cuyo patrón le dio el espacio en el que está construyendo su casa.

    Votó a Néstor Kirchner en 2003, pero no a Cristina: “Nunca la quise; yo solamente con mirarla me doy cuenta que es una cínica”.

    César Alberto Alejandro

    Integrante del núcleo de acompañamiento. Perfil bajo, pero funcional al armado general

    Vive en Agustín Roca, en el partido de Junín, provincia de Buenos Aires. Trabaja, según su descripción en Facebook, como prensa y relator en Junín Moto Club, un complejo deportivo de moto y karting, y como auditor en la Asociación Mutual Amacar.

    Dice ser autor del «Himno a Milei».

    Cinthya Romina Laurencio

    Difusora constante del mensaje libertario. Su función es la amplificación acrítica del discurso oficial.

    Vive en Misiones, desde donde reproduce consignas contra el “adoctrinamiento”, pero milita un relato único sin matices ni debate interno.

    Jimena Sabrina Etchevarría

    Parte del armado femenino libertario. Aporta diversidad estética al espacio.

    Residente en Villa Ballester, es licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Palermo y fue editora en La Nación +.

    María Alejandra Morsicato

    Defensora ideológica del programa económico libertario. Con 49 años, participa en debates justificando ajuste y desregulación.

    Es abogada y estudió la Especialización en Derecho de Familia en la Universidad Nacional de Córdoba, según su descripción en Facebook. En 2023 creó un emprendimiento de macetas y decoración.

    Nicolás Ricardo Sosa

    Militante joven, parte de la renovación generacional del libertarismo.

    Aspirante a influencer, es de Almirante Brown y en su biografía escribió “UX/UI Specialist. Sueño con ver al conurbano libre de kirchnerismo”

    Graciela Del Carmen Travaglini

    Ejerció como docente antes de jubilarse. Con 70 años, ive en Loma Hermosa, Tres de Febrero. En sus publicaciones comparte opiniones sobre actualidad en apoyo a Milei y contra el kirchnerismo, y el mismo presidente (siempre tan ocupado) suele escribirle.

    Diego Valenzuela la recibió en una visita oficial.

    Damián Ezequiel Miguel Acosta

    Conocido como “El Tío Tepa”, trabaja como director comercial de una empresa del rubro automotor, aunque es monotributista «C». En diálogo con Chequeado, Acosta contó cómo empezó a dar la “batalla cultural”: “Todo empezó hace 3 años. Mi hijo vino y me mostró un video de Javier Milei, y ahí encontré a una persona que gritaba y se expresaba como la mayoría de los que trabajamos y hacemos las cosas bien (sic). Dije: ‘¡Es él!’. Desde entonces aporto mi granito de arena y doy la batalla cultural desde las redes, a mi manera, como una persona común”.

    Ángel Gabriel Kalenberg

    Humorista y actor cultural. Su tarea es suavizar y banalizar ideas violentas mediante el humor.

    Niega el rol cultural del Estado, pero se beneficia de circuitos culturales construidos históricamente con políticas públicas.

    Samantha Ayelén Aquino Sosa

    Militante joven y activista digital. Representa la captación de nuevas generaciones. Salteña, el año pasado fue candidata a diputada.

    Un patrón que se repite

    Lejos de ser excepciones, las contradicciones son el hilo conductor del encuentro. El mileísmo no rechaza al Estado: rechaza que el Estado funcione para otros. Para los propios, hay exenciones, cargos, trayectorias, legitimación y puertas abiertas en la Casa Rosada.

     

  • |

    Nuevo ataque de Lilia Lemoine: estigmatización, crueldad y desprecio contra un niño con autismo

     

    La diputada libertaria volvió a quedar en el centro de la polémica tras una declaración aberrante contra Ian Moche, un niño con autismo que visibiliza el ajuste del Gobierno en discapacidad. Lejos de pedir disculpas, Lemoine profundiza una lógica de odio que ya es marca registrada del oficialismo.

    Por Roque Pérez para NLI

    La diputada nacional de La Libertad Avanza, Lilia Lemoine, protagonizó un nuevo escándalo público al poner en duda la condición de autismo de un niño de 12 años y acusar a su madre de hacerlo “actuar” para obtener rédito político, en una declaración televisiva que generó repudio transversal y volvió a exponer el nivel de degradación discursiva que promueve el espacio que gobierna la Argentina.

    Ian Moche, un niño autista que se convirtió en una voz visible en la defensa de los derechos de las personas con discapacidad, fue blanco directo de los dichos de la legisladora, quien sugirió que su madre lo manipula y lo expone deliberadamente. No solo se trata de una agresión personal, sino de una forma brutal de estigmatización y negacionismo, impropia de cualquier representante institucional.

    El ajuste en discapacidad y la reacción violenta del oficialismo

    Las declaraciones de Lemoine no son un exabrupto aislado. Se producen en un contexto donde el Gobierno de Milei enfrenta fuertes cuestionamientos por el ajuste salvaje en políticas de discapacidad, la demora en pagos, la falta de actualización de aranceles y el desfinanciamiento de prestaciones básicas.

    Ante la incapacidad de responder con políticas públicas, el oficialismo parece optar por atacar a quienes visibilizan el problema, incluso cuando se trata de niños. En lugar de explicar por qué miles de familias están al borde del colapso, una diputada nacional elige cuestionar la condición neurológica de un menor, un límite ético que jamás debería cruzarse.

    Crueldad como método y provocación como estrategia

    Lemoine ya cuenta con un extenso prontuario de declaraciones misóginas, violentas y provocadoras. Desde relativizar el acoso hasta justificar la represión estatal, su rol dentro del esquema libertario parece ser el de correr permanentemente los márgenes de lo decible, funcionando como una vocera del desprecio social que Milei legitima desde el poder.

    En este caso, el ataque resulta aún más grave: se estigmatiza a la neurodivergencia, se desacredita a una madre y se expone a un niño a la violencia simbólica y digital, todo para sostener un relato que niega derechos básicos.

    Cuando el odio reemplaza a la política

    El episodio deja una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué tipo de democracia se construye cuando una diputada nacional usa su voz pública para humillar a un niño con discapacidad? La respuesta parece evidente. No se trata de libertad de expresión ni de debate político, sino de una estrategia de disciplinamiento y crueldad que busca silenciar reclamos legítimos.

    Mientras el Gobierno ajusta y abandona, sus voceros atacan. Y cuando el blanco es un niño, queda claro que el problema no es Ian Moche ni su familia, sino un modelo político que necesita del odio para ocultar su fracaso.

     

  • |

    Milei reglamentó por decreto la ley de emergencia en discapacidad tras la presión judicial

     

    Después de meses de dilaciones, excusas presupuestarias y reclamos de organizaciones, el Gobierno finalmente reglamentó la Ley de Emergencia Nacional en Discapacidad. Lo hizo mediante un decreto publicado en el Boletín Oficial y con anexos clave, pero no por voluntad política: fue empujado por la Justicia.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    El Decreto publicado este martes reglamenta por fin la Ley de Emergencia en Discapacidad, una norma que había sido sancionada por el Congreso y ratificada tras el rechazo al veto presidencial, pero que permanecía virtualmente congelada por decisión del Ejecutivo. La reglamentación llega tarde y bajo presión, luego de una orden judicial que obligó al Gobierno a cumplir con la ley vigente.

    Una ley vigente que el Gobierno se negaba a aplicar

    La ley de emergencia en discapacidad se encuentra plenamente vigente desde el año pasado. Sin embargo, el Gobierno había optado por no reglamentarla, argumentando supuestas dificultades fiscales y administrativas. Esa omisión tuvo consecuencias concretas: prestaciones demoradas, pensiones paralizadas y miles de personas con discapacidad sin respuestas del Estado.

    La falta de reglamentación derivó en acciones judiciales impulsadas por organizaciones y familias, hasta que un juzgado federal ordenó al Ejecutivo reglamentar la ley en un plazo perentorio. Recién entonces el Gobierno avanzó con el decreto.

    Qué establece el decreto reglamentario

    El decreto reglamenta la ley mediante dos anexos centrales que definen la estructura operativa del sistema. Entre los puntos más relevantes, se dispone:

    • La puesta en marcha del régimen de emergencia en discapacidad en todo el territorio nacional.
    • La reorganización del sistema de pensiones no contributivas por discapacidad, bajo la denominación de pensiones para la protección social.
    • La intervención de la Agencia Nacional de Discapacidad, que queda a cargo de la aplicación, fiscalización y dictado de normas complementarias.

    Además, se instruye a convocar al Consejo Federal de Discapacidad, con participación de las provincias, para coordinar criterios y políticas comunes.

    Auditorías y controles: el eje del enfoque oficial

    Uno de los aspectos centrales del decreto es la insistencia en auditorías, controles y evaluaciones socioeconómicas. El texto establece que se deberán implementar mecanismos periódicos de revisión sobre las prestaciones otorgadas.

    Si bien el control estatal es una obligación, organizaciones del sector advierten que el énfasis casi exclusivo en auditorías genera preocupación, especialmente en un contexto donde ya se denunciaron recortes encubiertos, demoras administrativas y obstáculos para acceder a derechos adquiridos.

    Reglamentación tardía y sin debate presupuestario

    El decreto reglamenta la ley, pero no resuelve el problema de fondo: el financiamiento. El Gobierno sigue sin detallar cómo se garantizarán los recursos necesarios para sostener las prestaciones en un contexto de ajuste generalizado.

    La emergencia en discapacidad implica mayor presencia del Estado, algo que choca con la lógica de recorte que impulsa Milei desde el inicio de su gestión. Por eso, la reglamentación aparece más como una respuesta obligada que como una decisión política genuina.

    Un avance formal que no despeja las dudas

    La reglamentación representa un paso necesario para que la ley pueda empezar a aplicarse. Sin embargo, el verdadero desafío será su implementación real, sin recortes encubiertos ni trabas administrativas que vacíen de contenido la norma.

    Después de meses de incumplimiento, el Gobierno reglamentó la ley porque no le quedó otra. Ahora, la atención está puesta en si garantizará efectivamente los derechos de las personas con discapacidad o si la emergencia quedará, una vez más, solo en el papel.