Política

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    Adorni y el jet del sigilo: el vocero de la “casta austera” que voló a Punta del Este y no puede (ni quiere) explicar cómo pagó

     

    Mientras el Gobierno de Milei repite a diario el discurso del ajuste, la austeridad y la lucha contra los privilegios de la “casta”, el jefe de Gabinete y exvocero presidencial, Manuel Adorni, quedó envuelto en una nueva polémica luego de que se revelara que viajó a Punta del Este en un vuelo privado que habría costado unos 10.000 dólares, acompañado por un periodista de la TV Pública y su familia, además de haber pedido un tratamiento migratorio especial para evitar ser visto al regresar al país.

    Por Roque Pérez para NLI

    Manuel Adorni, Lilia Lemoine y Marcelo Grandio, durante la campaña de 2023

    El vuelo VIP del funcionario que predica austeridad

    La información surge de documentación oficial y fuentes vinculadas al operativo aéreo que el periodista Sebastián Lacunza mostró en ElDiarioAr y permitió reconstruir el viaje realizado entre el 12 y el 17 de febrero, cuando Adorni partió desde el aeropuerto de San Fernando rumbo a Punta del Este a bordo de un Honda Jet contratado a la empresa Alpha Centauri, una aeronave ejecutiva considerada de alta gama dentro de los jets livianos.

    El vuelo transportó al funcionario, a su pareja Bettina Angeletti, a dos familiares y al periodista libertario Marcelo Grandio, conductor de un programa en la TV Pública y cercano al actual jefe de Gabinete desde antes de la llegada de Milei al poder. Según los registros aeronáuticos, cada tramo de ese tipo de aeronave ronda los 5.800 dólares, aunque el paquete completo de ida y vuelta habría sido contratado por unos 10.000 dólares.

    El detalle no es menor: mientras el Gobierno repite que “no hay plata” y aplica recortes sobre jubilaciones, salarios públicos y programas sociales, uno de sus principales funcionarios eligió trasladarse en un avión privado de lujo para pasar el feriado de carnaval en Uruguay.


    El pedido de “sigilo” para no ser visto

    El episodio, sin embargo, no termina con el viaje. Al regresar al país, Adorni solicitó realizar el trámite migratorio en un hangar privado del aeropuerto de San Fernando, evitando el circuito habitual de pasajeros y el contacto con las áreas comunes de la terminal aérea.

    Ese tipo de tratamiento es excepcional y suele reservarse para funcionarios o personalidades VIP que prefieren no exponerse públicamente durante su ingreso al país, lo que agrega un elemento político difícil de explicar para un funcionario que construyó buena parte de su imagen pública denunciando los privilegios de la dirigencia tradicional. En otras palabras: no solo hubo un vuelo privado costoso, sino también un operativo de discreción para evitar que el viaje trascendiera.


    El periodista amigo y la TV Pública libertaria

    Otro elemento que complejiza la escena es la presencia de Marcelo Grandio, conductor del programa “Giros en Línea Recta” en la TV Pública, quien acompañó a Adorni en el viaje de ida a Punta del Este.

    La relación entre ambos no es reciente. Antes de que Milei llegara a la Casa Rosada, Adorni y Grandio ya compartían espacios mediáticos y proyectos vinculados al universo libertario. Una vez que el economista asumió la presidencia y el exvocero comenzó a tener influencia sobre los medios públicos, el periodista terminó desembarcando en la programación del canal estatal con un ciclo propio, donde el propio Adorni fue entrevistado en varias oportunidades, en un clima que el funcionario llegó a describir como “el living de casa”.

    La escena resume con crudeza la lógica que empieza a instalarse en los medios públicos bajo el gobierno libertario: amigos políticos que pasan a ocupar espacios en la pantalla estatal mientras el discurso oficial insiste en la necesidad de achicar el Estado.


    “Es mi vida privada”: la respuesta que no responde

    Consultado por el episodio, Adorni optó por una respuesta que ya se volvió frecuente entre los funcionarios libertarios cuando surgen situaciones incómodas: sostuvo que se trata de un asunto de su “vida privada” y evitó dar explicaciones.

    El problema es que el argumento de la vida privada resulta difícil de sostener cuando se trata de un funcionario que ocupa un cargo central en el gobierno nacional y cuya agenda, relaciones y eventuales beneficios deben someterse a un estándar de transparencia pública mucho más exigente que el de cualquier ciudadano.

    Más aún cuando la figura de Adorni se construyó precisamente denunciando los supuestos privilegios de la “casta política”.


    La paradoja de los discursos libertarios

    El episodio también deja al descubierto otra contradicción que persigue al actual jefe de Gabinete: en años anteriores, el propio Adorni había criticado con dureza a los políticos que viajaban en vuelos privados o participaban de comitivas costosas, cuestionando la falta de gestos de austeridad de la dirigencia.

    La escena actual, sin embargo, parece reflejar lo contrario: un funcionario que construyó su carrera denunciando privilegios termina protagonizando una historia que recuerda demasiado a aquello que decía combatir.

    En definitiva, el llamado “anticasta” parece haberse transformado rápidamente en una nueva versión de la vieja política, donde el discurso público habla de sacrificios colectivos mientras algunos funcionarios disfrutan de escapadas en jets privados y regresos discretos por hangares VIP.

     

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    Adorni y el avión presidencial: criticaba a la “casta” y ahora (con la tuya) viaja con la esposa

     

    El jefe de Gabinete Manuel Adorni quedó envuelto en una fuerte polémica luego de confirmar que su esposa viajó a Estados Unidos a bordo del avión presidencial junto a la comitiva oficial. La explicación del funcionario —“vengo a deslomarme y quería que me acompañe”— generó críticas y reavivó el debate sobre el uso de recursos del Estado por parte de un gobierno que llegó prometiendo austeridad y denunciando privilegios de la “casta”.

    Por Tomás Palazzo para NLI

    La “austeridad” libertaria, versión avión presidencial

    Mientras el gobierno repite como mantra que “no hay plata”, el jefe de Gabinete Manuel Adorni admitió públicamente que su esposa, Bettina Julieta Angeletti, viajó con la comitiva oficial a Estados Unidos en el avión presidencial que trasladó a Milei y a varios funcionarios a Nueva York.

    La revelación generó un inmediato pedido de informes en el Congreso para saber quién pagó el viaje, por qué se la incluyó en la comitiva oficial y qué rol cumplía, ya que Angeletti no ocupa ningún cargo público.

    Ante la polémica, Adorni no negó el hecho. Por el contrario, lo confirmó y lo justificó con un argumento que sorprendió incluso a periodistas afines: “Vengo a deslomarme cinco días a Estados Unidos y quería que me acompañe porque es mi compañera de vida”, sostuvo.

    El funcionario insistió además en que “no le sacamos un peso al Estado”, afirmando que la invitación para que su esposa se subiera al avión presidencial habría surgido desde Presidencia. Sin embargo, la explicación no hizo más que aumentar las críticas.


    El privilegio que el propio gobierno denunciaba

    El episodio expone una contradicción que ya se volvió habitual en la gestión libertaria. Durante la campaña y los primeros meses de gobierno, Milei y sus funcionarios construyeron su discurso sobre una idea central: terminar con los privilegios de la “casta política”. Pero ahora, en la práctica, el relato parece desmoronarse.

    El avión presidencial ARG-01, un Boeing 757 utilizado para trasladar al Presidente y su comitiva oficial, no es precisamente un transporte privado ni un taxi aéreo: es un recurso del Estado destinado a misiones oficiales. Que una persona sin cargo público viaje en él, aunque no se facture un asiento adicional, plantea inevitablemente preguntas políticas y administrativas. Más aún cuando el argumento central es que el jefe de Gabinete “quería que su esposa lo acompañara”.


    Un gobierno que exige sacrificios… pero viaja cómodo

    La polémica ocurre en un contexto social especialmente delicado. Mientras el gobierno insiste en el ajuste fiscal, recortes presupuestarios y tarifas en alza, los gestos de privilegio dentro de la cúpula del poder adquieren otra dimensión política. Porque el problema no es sólo si el asiento generó o no un costo adicional. El problema es la concepción del Estado.

    Cuando un funcionario utiliza un recurso público para resolver un deseo personal —aunque se lo disfrace de invitación oficial— el mensaje que llega a la sociedad es claro: el sacrificio es para los de abajo, mientras el poder se reserva sus comodidades. La lógica es demasiado conocida en la historia política argentina.

    Y lo irónico es que quienes hoy gobiernan construyeron su identidad denunciando exactamente ese tipo de prácticas.


    A qué se dedica la mujer de Adorni

    La esposa del jefe de Gabinete, Bettina Angeletti, se presenta profesionalmente como coach ontológica y consultora en desarrollo organizacional, actividad vinculada a cursos de liderazgo y coaching empresarial.

    Sin embargo, su entorno familiar ya había aparecido vinculado a polémicas. En una investigación publicada anteriormente por NLI, se reveló que la hermana de Angeletti —socia suya en actividades de formación— participaba en cursos para emprendedoras financiados por el gobierno porteño de Jorge Macri, lo que generó cuestionamientos sobre el uso de fondos públicos para ese tipo de programas mientras el propio Adorni atacaba la perspectiva de género.

    La situación no sólo exhibía una contradicción discursiva: también dejaba al descubierto cómo determinados circuitos de consultoría y coaching se nutren de programas estatales mientras el gobierno nacional cuestiona esas políticas.

    Hoy, con el viaje en el avión presidencial, el apellido vuelve a quedar en el centro de la escena. Y la pregunta que queda flotando es inevitable: ¿era esto lo que Milei llamaba terminar con la casta?

     

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    Milei avanza con la privatización de un activo estratégico del sistema energético argentino

     

    El gobierno de Milei volvió a mover una pieza clave de su política de privatizaciones en el sector energético. A través de una resolución publicada en el Boletín Oficial, el Ministerio de Economía aprobó modificaciones al pliego del concurso público que busca vender la participación estatal en CITELEC, la sociedad que controla Transener, la empresa responsable del transporte de electricidad en alta tensión en la Argentina. La medida confirma que el proceso privatizador sigue avanzando y entra en su etapa decisiva.

    Por Roque Pérez para NLI

    El nuevo paso publicado en el Boletín Oficial

    El Ministerio de Economía formalizó hoy una nueva actualización del proceso de venta mediante la Resolución 281/2026, que incorpora cambios al pliego de la licitación pública nacional e internacional para vender las acciones que el Estado posee en CITELEC.

    La norma aprobó una “Circular Modificatoria N° 2” que introduce ajustes en las bases del concurso, en respuesta a consultas realizadas por los interesados y a modificaciones de oficio en los pliegos que regulan la operación. El proceso tiene un objetivo concreto: vender el 50% de CITELEC que pertenece a Energía Argentina S.A. (ENARSA), la empresa estatal que el gobierno incluyó dentro de su programa de privatizaciones.

    El cronograma oficial establece que las ofertas para quedarse con ese paquete accionario deberán presentarse hasta el 23 de marzo de 2026, fecha en la que se realizará la apertura de sobres.


    Qué se está vendiendo realmente

    Aunque el nombre CITELEC puede sonar técnico o poco conocido para el público general, lo que está en juego es uno de los activos más estratégicos del sistema energético argentino.

    CITELEC es la empresa que controla Transener, la principal transportadora de electricidad del país, responsable de la red de alta tensión que conecta las centrales eléctricas con los centros de consumo.

    Según la estructura societaria actual:

    • ENARSA posee el 50% de CITELEC
    • CITELEC controla el 52,65% de Transener
    • Ese paquete incluye la totalidad de las acciones Clase A, que otorgan el control de la compañía.

    En términos prácticos, quien compre ese paquete accionario obtendrá el control de la principal red de transporte eléctrico del país.


    El primer paso de la privatización energética

    La venta de CITELEC no es una decisión aislada. Forma parte de un programa más amplio impulsado por el gobierno para privatizar ENARSA y desprenderse de activos energéticos del Estado. Ese proceso fue habilitado previamente por decretos y por la legislación aprobada en el marco de la Ley de Bases, que permitió declarar a varias empresas públicas sujetas a privatización.

    Dentro de ese esquema, la venta de la participación estatal en CITELEC fue definida como la primera etapa del desguace de ENARSA, separando y vendiendo cada unidad de negocio de la empresa estatal. Distintos análisis del sector energético advierten que esta operación podría rondar los 200 millones de dólares, dependiendo de las ofertas que reciba el concurso.


    Un negocio estratégico en manos del mercado

    El transporte eléctrico es considerado en la mayoría de los países una infraestructura crítica, porque constituye el sistema que permite que la energía generada en centrales hidroeléctricas, térmicas o nucleares llegue a los hogares y a la industria.

    La red operada por Transener conecta prácticamente todo el territorio nacional a través de miles de kilómetros de líneas de alta tensión y es un componente central para la estabilidad del sistema eléctrico. Por esa razón, la decisión de avanzar con la privatización del paquete accionario que controla esa red reabre una discusión histórica en la política energética argentina: si los servicios estratégicos deben quedar bajo control estatal o en manos del mercado. La respuesta libertaria es obvia.

     

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    Milei dijo que se siente «orgulloso de ser el presidente más sionista del mundo» y afirmó que «Irán es el enemigo»

     

    Durante una exposición en Nueva York, Milei reafirmó su alineamiento internacional con Estados Unidos e Israel, declaró a Irán como “enemigo” y aseguró que se siente “orgulloso de ser el presidente más sionista del mundo”. La frase abre un debate sobre política exterior argentina y sobre el significado del sionismo.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    La declaración se produjo durante una conferencia del mandatario en la Universidad Yeshiva de Nueva York, una institución académica vinculada a la comunidad judía ortodoxa. Allí, ante estudiantes y asistentes, Milei afirmó sin rodeos: “Estoy orgulloso de ser el presidente más sionista del mundo”.

    La frase no fue aislada. En el mismo discurso, el presidente argentino ratificó su alineamiento político con Estados Unidos e Israel en el actual conflicto de Medio Oriente y lanzó una frase que generó polémica y a su vez es peligrosa: “Vamos a ganar la guerra”, en referencia al enfrentamiento que involucra a Israel y a Irán.

    “Irán es enemigo”

    Durante su intervención, Milei fue todavía más lejos y definió a Irán como enemigo de la Argentina, justificando su postura en los atentados terroristas que sufrió el país en los años noventa.

    Según expresó el mandatario, “nos han metido dos bombas, una en la AMIA y otra en la Embajada de Israel. Por lo tanto son nuestros enemigos”, aludiendo a los ataques que dejaron decenas de muertos en Buenos Aires. En esa misma línea, el presidente aseguró que Argentina mantiene “una alianza estratégica con Estados Unidos e Israel”, reafirmando así el giro diplomático que su gobierno viene impulsando desde el inicio de su gestión.

    La exposición duró más de una hora y fue recibida con aplausos por parte del auditorio, integrado en su mayoría por estudiantes.

    Qué es el sionismo

    La palabra utilizada por Milei tiene un significado histórico concreto. El sionismo es un movimiento político y nacional surgido en Europa a fines del siglo XIX cuyo objetivo fue establecer un Estado judío en la región histórica de Palestina, considerada la tierra ancestral del pueblo judío.

    Ese proceso culminó en 1948 con la creación del Estado de Israel, tras décadas de migraciones, conflictos y disputas territoriales en la región. Para sus defensores, el sionismo representa el derecho del pueblo judío a la autodeterminación y a tener un Estado propio.

    Pero el término también genera controversias, especialmente en el contexto del conflicto entre Israel y Palestina, ya que numerosos sectores sostienen que el proceso histórico que llevó a la creación de Israel implicó desplazamientos y conflictos con la población palestina.

    Un posicionamiento geopolítico explícito

    La frase de Milei no es solo una definición ideológica personal. También constituye una señal diplomática clara en el escenario internacional.

    Argentina históricamente sostuvo posiciones relativamente equilibradas respecto al conflicto en Medio Oriente, apoyando en general la solución de dos Estados. Sin embargo, la política exterior del actual gobierno se caracteriza por un alineamiento mucho más directo con Washington y con el gobierno israelí.

    En ese contexto, la autodefinición del mandatario como “el presidente más sionista del mundo” refuerza ese giro y abre un nuevo debate sobre el rumbo internacional que está tomando la Argentina y su alineamiento señalando a Irán como enemigo nos pone en situación de riesgo.

     

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    Milei y los “cadaunitos”: la ideología del individuo absoluto y sus consecuencias políticas

     

    El concepto de “cadaunitos” desarrollado por el sociólogo Josep-Vicent Marqués en el libro No es natural permite analizar con notable precisión el núcleo ideológico del mileísmo: una visión del mundo donde la sociedad se disuelve en individuos aislados. Desde una perspectiva política, económica y sociológica, esa concepción no sólo redefine el rol del Estado sino que también tensiona los fundamentos mismos de la democracia moderna.

    Por Tomás Palazzo para NLI

    Imagen modificada digitalmente

    Los “cadaunitos” de Marqués: la ilusión de la sociedad sin sociedad

    En el primer capítulo de No es natural, Marqués propone una crítica al sentido común que naturaliza el orden social. Allí utiliza el término “cadaunitos” para referirse irónicamente a una concepción según la cual la sociedad sería simplemente la suma de individuos aislados, cada uno viviendo su vida privada sin mediaciones colectivas.

    El autor señala que muchas formas de vida que creemos naturales en realidad son construcciones históricas y sociales, y que podrían ser distintas. La vida cotidiana de los “cadaunitos” aparece entonces como una ficción ideológica: individuos que creen actuar libremente pero que en realidad reproducen estructuras sociales que se presentan como naturales.

    Esta crítica es central para la sociología moderna. Desde Émile Durkheim hasta Karl Marx, las ciencias sociales han sostenido que el individuo no existe fuera de la sociedad, sino que es producido por ella. El propio Marx sintetizó esta idea al afirmar que el ser humano “solo puede individualizarse en sociedad”. En otras palabras: el individuo no es el punto de partida de la sociedad, sino su resultado.


    El individualismo radical en el ideario de Milei

    El proyecto político de Javier Milei se inscribe dentro del libertarismo económico y del anarcocapitalismo, corrientes que sitúan la libertad individual como valor político supremo. En esa tradición, el Estado aparece como una institución sospechosa o incluso ilegítima, mientras que el mercado y las decisiones individuales son considerados los mecanismos más eficientes para organizar la vida social.

    Esta concepción ha sido señalada por distintos analistas como una forma de individualismo radical. Un artículo de Carla Yumatle advierte ya, antes de su llegada a la presidencia, que en el ideario libertario mileísta la libertad individual ocupa el centro del sistema moral, mientras que el lugar de la democracia como valor político aparece difuso o subordinado.

    En términos ideológicos, esto se expresa en varios rasgos característicos del discurso mileísta:

    • la crítica a la “justicia social” como principio organizador del Estado;
    • la deslegitimación de la intervención estatal en la economía;
    • la exaltación del éxito individual y el mérito personal;
    • la reducción de los problemas sociales a decisiones individuales.

    Desde una perspectiva sociológica, este marco conceptual se acerca notablemente a la lógica que Marqués ironizaba con los “cadaunitos”.


    Economía política de los “cadaunitos”

    En el plano económico, la visión libertaria supone que la sociedad funciona como un mercado compuesto por individuos autónomos que intercambian libremente. Esta idea tiene raíces en el liberalismo clásico de Adam Smith, pero alcanza su forma más radical en el libertarismo contemporáneo, donde el mercado reemplaza casi por completo a la política. Sin embargo, numerosos autores han cuestionado esta premisa.

    El economista Karl Polanyi sostiene —en su libro The Great Transformation— que la idea de un mercado que funciona solo, sin intervención del Estado ni de la sociedad, es relativamente reciente en la historia (siglo XIX, con el capitalismo liberal). Antes de eso, las economías no funcionaban solo por oferta y demanda. La producción, el trabajo y el comercio siempre estuvieron regulados por normas sociales, costumbres, religiones o decisiones políticas.

    De manera similar, el sociólogo Pierre Bourdieu describió el neoliberalismo como una utopía que pretende crear un mundo compuesto por individuos empresarios de sí mismos, donde cada persona compite permanentemente con las demás.

    En ese esquema, la sociedad se transforma en un campo de competencia entre “cadaunitos”.


    Política sin comunidad: el problema democrático

    La crítica más profunda al individualismo radical aparece en el plano político. La democracia moderna se funda en la idea de soberanía popular, es decir, en la existencia de un sujeto colectivo llamado pueblo. Sin embargo, si la sociedad se concibe únicamente como la suma de individuos, esa noción se vuelve problemática.

    De allí que algunos analistas hablen de un individualismo antidemocrático, en el sentido de que la lógica libertaria privilegia la libertad individual por sobre la deliberación colectiva o el bien común.

    La paradoja es evidente: si la sociedad está formada por individuos aislados, entonces el espacio político se reduce a la defensa de intereses privados. En ese punto, la política tiende a desaparecer o a convertirse en mera gestión técnica del mercado.

    La filósofa Hannah Arendt advertía que la destrucción de los vínculos sociales y comunitarios puede generar un terreno fértil para fenómenos autoritarios, porque los individuos aislados son más fácilmente movilizables por discursos simples y polarizantes.


    De la sociedad a la “jungla competitiva”

    La crítica sociológica al individualismo extremo también se vincula con el problema de la desigualdad. Si cada individuo es responsable exclusivo de su destino, entonces la pobreza deja de ser un problema estructural y pasa a interpretarse como un fracaso personal.

    Este enfoque ignora lo que el sociólogo C. Wright Mills llamó la “imaginación sociológica”: la capacidad de comprender que muchos problemas individuales son en realidad problemas sociales. Cuando esa dimensión desaparece, el resultado es una sociedad fragmentada donde cada sujeto queda librado a su propia suerte.

    En términos de Marqués, el mundo de los “cadaunitos”.


    Milei y la naturalización del individualismo

    Volviendo a la tesis central de Marqués, el autor advertía que muchas ideologías intentan presentar como “natural” aquello que en realidad es histórico y político. El individualismo radical funciona exactamente de ese modo.

    La idea de que cada persona debe arreglarse sola, que el mercado es el mecanismo más justo o que la desigualdad es inevitable, se presenta como una ley natural cuando en realidad responde a decisiones políticas concretas.

    En este sentido, el mileísmo puede interpretarse como una forma contemporánea de naturalización del orden social: un relato donde la sociedad desaparece y sólo quedan individuos compitiendo entre sí.


    La política contra los “cadaunitos”

    El concepto de Marqués resulta sorprendentemente actual para interpretar el debate político argentino.

    Si el mundo está compuesto por “cadaunitos”, la política pierde sentido y el mercado se convierte en árbitro universal. Pero si aceptamos que los seres humanos viven en sociedades estructuradas por relaciones de poder, desigualdades y vínculos colectivos, entonces la política vuelve a ser indispensable.

    En definitiva, el problema no es la libertad individual —valor central de la modernidad— sino su absolutización. Porque cuando la sociedad se reduce a individuos aislados, lo que desaparece no es el poder, sino la posibilidad de controlarlo colectivamente.

     

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    El año que nunca existió

     

    Cada vez que cambia un siglo o un milenio reaparece la misma pregunta: ¿hubo un “año cero” entre el 1 a. C. y el 1 d. C.? La respuesta corta es no. Pero la historia detrás de esa ausencia revela una compleja mezcla de religión, matemáticas, astronomía y tradición historiográfica que todavía genera debates entre especialistas.

    Por Alcides Blanco para NLI

    El calendario que usamos… y su extraño salto

    En el calendario que domina la vida moderna —el gregoriano, heredero del juliano romanono existe el año cero. Después del 31 de diciembre del año 1 a. C. siguió directamente el 1 de enero del año 1 d. C..

    Esta particularidad tiene una explicación histórica. El sistema de datación “Anno Domini” (Año del Señor) fue elaborado en el siglo VI por el monje Dionisio el Exiguo, quien intentó calcular el año del nacimiento de Jesús para reemplazar los calendarios basados en emperadores romanos. Pero Dionisio no incluyó el cero, porque en la cultura matemática europea de su tiempo los años se contaban empezando en uno. En la mentalidad latina, el cero no existía como concepto: los romanos no tenían símbolo para el vacío y contaban los años como posiciones en una lista ordinal. Antes del “primer” año, simplemente no había nada.

    La convención fue consolidada dos siglos después por el historiador anglosajón Beda el Venerable, cuya obra sobre cronología difundió el sistema por toda Europa medieval. Así quedó fijado el esquema que aún utilizamos.


    El problema histórico: ¿dónde empieza realmente la era cristiana?

    La ausencia del año cero generó una paradoja cronológica. Si el calendario comienza en el año 1, entonces la primera década fue del 1 al 10, no del 0 al 9. Lo mismo ocurre con siglos y milenios. Esta cuestión reaparece periódicamente en debates públicos: por ejemplo, cuando se discutió si el siglo XXI comenzó en 2000 o en 2001. Desde el punto de vista estrictamente histórico, la respuesta correcta es 2001, porque la cuenta empieza en 1.

    Pero el problema es aún más complejo: ni siquiera el año 1 coincide con el nacimiento real de Jesús. Investigaciones modernas sitúan ese hecho entre el 6 y el 4 a. C., debido a errores en los cálculos originales basados en el reinado de Herodes el Grande. En otras palabras, el calendario cristiano empezó tarde respecto del acontecimiento que pretendía marcar. Sobre este punto, ya hemos realizado un análisis detallado que examina las evidencias históricas y los errores de cálculo del calendario cristiano.


    Qué dicen los historiadores

    La mayoría de los historiadores coincide en que el año cero nunca existió en la cronología histórica tradicional, pero el debate surge cuando se comparan disciplinas. El historiador del tiempo Anthony Aveni señala que los sistemas cronológicos antiguos no eran matemáticos sino narrativos, por lo que “los años se numeraban como reinados o ciclos, no como secuencias abstractas”.

    Los astrónomos, en cambio, sí utilizan un año 0 en sus cálculos modernos. En la cronología astronómica, el año 0 corresponde al 1 a. C., el año −1 al 2 a. C., y así sucesivamente. Este sistema facilita los cálculos matemáticos con fechas antiguas. El historiador de la ciencia Jacques Le Goff resumía la situación con ironía:“La historia vive sin el año cero; la astronomía no puede trabajar sin él.”


    Calendarios que sí tienen año cero

    Curiosamente, otros sistemas de medición del tiempo sí incorporan un año cero.

    Algunos calendarios modernos o científicos —como ciertas cronologías astronómicas o calendarios reformados— lo utilizan porque facilita las operaciones matemáticas y la continuidad numérica.

    Incluso hay calendarios históricos que comienzan explícitamente con un año 0, como algunas eras astronómicas o sistemas de datación modernos diseñados para evitar el salto entre el 1 a. C. y el 1 d. C. Pero la tradición occidental heredada de la Edad Media nunca adoptó ese criterio.


    Un error que se convirtió en tradición

    El resultado es una paradoja fascinante de la historia cultural. La cronología más usada del planeta —la que organiza contratos, aniversarios, calendarios escolares y archivos históricos— contiene una discontinuidad matemática en su punto de origen.

    No es un error técnico reciente, sino una herencia del pensamiento medieval, cuando el número cero todavía no formaba parte del lenguaje cotidiano de Europa. En otras palabras, la humanidad cuenta los años desde hace quince siglos con un pequeño vacío en el origen del tiempo. Y ese vacío se llama, precisamente, el año que nunca existió.


    Notas

    1. La cronología “Anno Domini” fue creada en el siglo VI por Dionisio el Exiguo.
    2. El sistema se difundió en Europa gracias a la obra histórica de Beda el Venerable en el siglo VIII.
    3. El calendario gregoriano —vigente desde 1582— heredó la ausencia del año cero del calendario juliano y del sistema medieval de datación.