Política

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    Gobierno nacional reordena el RENAPER: se va un funcionario bajo investigación y llega un exjerárquico porteño con antecedentes polémicos

     

    El Ejecutivo aceptó la renuncia de Pablo Luis Santos, indagado en una causa por contratos sospechados de corrupción, y designó al abogado Diego Sebastián Pérez Lorgueilleux como nuevo titular del Registro Nacional de las Personas. El recambio, firmado por Milei, vuelve a exponer la lógica de reciclaje de cuadros del macrismo porteño en áreas sensibles del Estado.

    Por Roque Pérez para NLI

    El Gobierno nacional oficializó este lunes cambios en la conducción de la Dirección Nacional del Registro Nacional de las Personas (RENAPER), un organismo clave para la identificación de millones de argentinos y argentinas. A través del Decreto 33/2026, Milei aceptó la renuncia de Pablo Luis Santos, que se hará efectiva a partir del 1° de febrero, y designó en su reemplazo a Diego Sebastián Pérez Lorgueilleux.

    La salida de Santos no es un dato menor. El ahora ex director del RENAPER fue indagado en 2024 por la jueza federal Sandra Arroyo Salgado en el marco de la causa conocida como Securitas, una investigación que analiza contratos de seguridad sospechados de encubrir el pago de coimas en distintos organismos del Estado, entre ellos el Ejército, el Senasa, la Anmac y Aeropuertos Argentina 2000. Pese a ese contexto, el decreto presidencial se limita a “agradecer los servicios prestados”.

    Santos no era un recién llegado al Estado: fue funcionario del Registro Nacional de las Personas durante las gestiones de Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri y Alberto Fernández, lo que grafica una continuidad administrativa que atravesó gobiernos de distinto signo político y que hoy vuelve a quedar bajo la lupa judicial.

    Un reemplazo con sello PRO

    El nuevo titular del RENAPER, Diego Sebastián Pérez Lorgueilleux, es abogado, egresado de la Universidad de Buenos Aires, con especialización en Derecho Administrativo. Su carrera se desarrolló casi íntegramente en la estructura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, donde comenzó a trabajar en 2005 y fue ocupando cargos de mayor jerarquía.

    Entre otros antecedentes, fue Gerente Operativo en el Ministerio de Ambiente y Espacios Públicos y luego Director General de Habilitaciones y Permisos en la Agencia Gubernamental de Control. En ese rol impulsó reformas normativas como la Ley 6.101, marco de regulación de actividades económicas en la Ciudad.

    Sin embargo, su paso por la AGC está lejos de ser neutro. En 2016 ocupaba ese cargo cuando ocurrió la tragedia de la fiesta electrónica Time Warp, en la que murieron cinco jóvenes por el consumo de drogas adulteradas. Un año después, fue procesado por el juez Sebastián Casanello, en una causa que puso en cuestión los controles estatales sobre ese evento.

    De la Ciudad al Estado nacional

    Entre 2019 y 2023, Pérez Lorgueilleux se desempeñó como Subsecretario de Gestión Administrativa del Ministerio de Justicia y Seguridad porteño, con responsabilidad sobre la planificación y administración de bienes y servicios de la Policía de la Ciudad, los Bomberos y el conjunto del ministerio.

    Desde diciembre de 2023 y hasta su designación en el RENAPER, ocupaba el cargo de Secretario Administrativo de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Su llegada al organismo nacional refuerza el desembarco de cuadros provenientes del macrismo porteño en áreas estratégicas del Estado, en sintonía con la alianza política que Milei sostiene con Diego Santilli, uno de los referentes de ese espacio.

    Un organismo sensible, sin explicaciones políticas

    El RENAPER no es una dependencia más: administra el sistema de documentos de identidad, padrones y datos personales de la población. El decreto presidencial, amparado en el artículo 99 inciso 7 de la Constitución, no ofrece explicaciones políticas ni administrativas sobre el criterio del recambio, más allá de la formalidad institucional.

    Mientras se acepta la renuncia de un funcionario bajo investigación judicial y se designa a otro con antecedentes controvertidos, el Gobierno avanza en su reconfiguración del Estado sin rendir cuentas públicas. Una vez más, los organismos sensibles quedan atrapados entre causas judiciales, reciclaje de funcionarios y silencios oficiales.

     

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    El Gobierno reescribe el Código Aduanero por decreto y acelera las reglas del comercio exterior

     

    Mediante el DNU 41/2026, Milei modificó artículos clave del Código Aduanero para redefinir quién decide y cómo las reglas antes de importar o exportar. Bajo el argumento de cumplir con compromisos de la OMC, el decreto limita la discrecionalidad estatal, fija plazos máximos y habilita avanzar con operaciones aun cuando el Estado no responda.

    Por Celina Fraticiangi para NLI

    El Poder Ejecutivo avanzó con una nueva modificación estructural del andamiaje normativo del comercio exterior argentino. A través del Decreto de Necesidad y Urgencia 41/2026, el Gobierno sustituyó los artículos 226 y 323 del Código Aduanero, reorganizando el sistema de resoluciones anticipadas tanto para importaciones como para exportaciones.

    La medida se inscribe en la misma lógica que atraviesa toda la política económica de Milei: menor margen de intervención estatal, mayor previsibilidad para los operadores privados y alineamiento explícito con los estándares de la Organización Mundial del Comercio (OMC). No es casual que el decreto invoque como razón central la urgencia de cumplir con el Acuerdo de Facilitación del Comercio.

    Qué son las resoluciones anticipadas y por qué importan

    Las resoluciones anticipadas son decisiones administrativas que los importadores o exportadores pueden solicitar antes de realizar una operación, para saber con antelación cómo será tratado un producto por el Estado. Incluyen cuestiones clave como clasificación arancelaria, valoración de la mercadería y origen.

    En la práctica, funcionan como un blindaje jurídico: una vez emitidas, la Aduana no puede cambiar el criterio después, salvo que cambie la ley o los hechos. Para las grandes empresas del comercio exterior, esto implica reducir riesgos, costos y conflictos posteriores.

    El reparto de poder entre Aduana y Economía

    El decreto introduce una división tajante de competencias. Por un lado, el servicio aduanero conserva la potestad de dictar resoluciones anticipadas sobre clasificación arancelaria, valoración y otros aspectos técnicos tributarios, tanto en importación como en exportación.

    Por otro lado, las resoluciones anticipadas sobre origen de la mercadería dejan de estar bajo la órbita aduanera y pasan a manos de la Secretaría de Industria y Comercio del Ministerio de Economía, que incluso puede delegar esa facultad en funcionarios de rango inferior. Este corrimiento no es menor: el origen determina aranceles, preferencias comerciales y la aplicación de acuerdos internacionales.

    Plazos cortos y silencio que juega a favor del privado

    Uno de los puntos más sensibles del DNU es la fijación de un plazo máximo de 30 días para que el Estado emita la resolución anticipada. Si ese plazo se cumple y no hay respuesta, el importador o exportador puede avanzar igual con la operación, en los términos que propuso originalmente.

    El decreto habilita a la Aduana a exigir una garantía, pero le quita la posibilidad de frenar la operatoria por falta de definición. Se trata, en los hechos, de un silencio administrativo favorable, una figura históricamente resistida por el Estado y celebrada por los grandes actores del comercio exterior.

    Un DNU con destinatarios claros

    El Gobierno justifica el uso del DNU en la urgencia de cumplir los plazos otorgados por la OMC, que vencían el 23 de enero de 2026. Sin embargo, el trasfondo político es evidente: consolidar un esquema pro-mercado, reducir instancias de control y trasladar el riesgo desde el privado hacia el Estado.

    Lejos de beneficiar a pymes o economías regionales, el nuevo régimen favorece principalmente a grandes importadores y exportadores, con capacidad técnica y jurídica para anticipar escenarios y litigar si es necesario. Mientras tanto, el Congreso vuelve a quedar relegado a un rol meramente revisor, a través de la Comisión Bicameral.

    En nombre de la “facilitación del comercio”, Milei vuelve a gobernar por decreto y a redefinir reglas estructurales sin debate legislativo. Una vez más, la urgencia invocada funciona como atajo para reconfigurar el Estado en favor de los intereses concentrados del comercio internacional.

     

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    Milei firmó un decreto para allanar el ingreso de personal militar en Defensa

     

    El DNU 34/2026 no es una reforma administrativa neutra: es la llave que le permite a Carlos Presti poblar el Ministerio de Defensa con personal militar en actividad sin que eso tenga costo para sus carreras. Un cambio legal hecho a medida de una nueva conducción, que diluye el límite entre mando civil y estructura castrense.

    Por Roque Pérez para NLI

    Desde hpy, con la publicación del Decreto 34/2026, el gobierno de Milei modificó por DNU la Ley para el Personal Militar N° 19.101. El cambio central es claro: los militares designados para cumplir funciones dentro del Ministerio de Defensa pasan a ser considerados en “servicio efectivo”, algo que hasta ahora no ocurría.

    Hasta este decreto, cualquier oficial superior que aceptara un cargo en Defensa que no fuera estrictamente operativo veía afectada su carrera: quedaba en situación de disponibilidad o pasiva, el tiempo no computaba plenamente para ascensos y se resentía el cálculo del haber de retiro. En los hechos, ir al Ministerio era un freno profesional.

    Ese obstáculo acaba de ser removido.

    Un decreto funcional a una nueva conducción

    La modificación legal encaja de manera perfecta con el desembarco de Carlos Alberto Presti como ministro de Defensa. Con origen militar y sin una estructura civil propia consolidada, Presti necesitaba una herramienta concreta para traer oficiales en actividad al corazón del Ministerio sin que eso implicara sacrificar trayectorias ni generar resistencias internas.

    El DNU hace exactamente eso: convierte al Ministerio de Defensa en una extensión válida de la carrera militar, permitiendo que oficiales del cuadro permanente ocupen cargos clave —secretarías, subsecretarías, direcciones estratégicas— sin perder antigüedad, posibilidades de ascenso ni futuro previsional.

    El propio texto del decreto reconoce el problema y lo justifica: habla de “incongruencia” en castigar la carrera de quienes son designados por el Poder Ejecutivo y de la necesidad de cubrir cargos “de manera inmediata”. Traducido: Presti necesitaba traer gente ya, y el andamiaje legal anterior se lo impedía.

    Militarización de la gestión civil

    El cambio no es menor desde el punto de vista institucional. Se reduce de hecho la frontera entre conducción civil y estructura militar, una línea que fue cuidadosamente trazada en la Argentina desde el retorno democrático.

    Aunque el decreto aclara que no se pueden ejercer cargos simultáneos en las Fuerzas Armadas y en el Ministerio, el efecto político es evidente: militares en actividad pasan a ocupar funciones administrativas y políticas dentro de Defensa como parte normal de su carrera.

    Esto altera el equilibrio histórico del Ministerio, donde los cuadros civiles especializados —en planificación, presupuesto, control democrático y política de defensa— pierden peso frente a una conducción cada vez más castrense. El Ministerio deja de ser un espacio de control civil fuerte para convertirse en una zona de circulación interna del poder militar.

    El DNU como atajo

    No es casual que la reforma se haya hecho por Decreto de Necesidad y Urgencia. El texto invoca la “urgencia” de cubrir cargos y evitar perjuicios en las carreras militares. Lo que se evita, en realidad, es el debate parlamentario sobre un cambio sensible en la relación entre Fuerzas Armadas y poder civil.

    El Congreso queda relegado a una revisión posterior, mientras la nueva estructura ya está en marcha.

    Una reforma con nombre y apellido

    El DNU 34/2026 no responde a una demanda histórica del sistema de defensa ni a un reclamo generalizado del personal militar. Responde a una necesidad política concreta de esta etapa: permitir que Carlos Presti arme su equipo con personal de las Fuerzas Armadas sin pagar costos internos.

    En síntesis, el decreto no solo protege carreras militares: reconfigura el Ministerio de Defensa, fortalece el peso castrense en su conducción y consolida una decisión política de Milei que va mucho más allá de una corrección técnica.

     

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    Milei reordena los subsidios al gas

     

    Con un DNU firmado en pleno ajuste, el Gobierno modificó el Plan Gas.Ar para “aplanar” las tarifas durante el año. El cambio garantiza el cobro de las petroleras y traslada al Estado —y al presupuesto— el costo completo de la variación estacional del gas.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    El Decreto 26/2026, publicado este lunes en el Boletín Oficial, introduce una modificación clave en el Plan Gas.Ar para hacerlo compatible con el nuevo régimen de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF). Bajo el argumento de evitar saltos tarifarios en invierno, el Gobierno de Milei resolvió que el precio del gas que pagan los usuarios se calcule como un promedio anual, eliminando el diferencial estacional visible en las boletas. Sin embargo, el trasfondo del cambio deja una certeza: el Estado pasa a absorber íntegramente las diferencias de precio, garantizando la renta del sector hidrocarburífero.

    La medida se adoptó por Decreto de Necesidad y Urgencia, sin debate previo en el Congreso, y redefine uno de los puntos centrales del esquema creado en 2020 para asegurar producción local de gas y reducir importaciones.


    Precio “plano” para el usuario, cobertura total para las petroleras

    El núcleo del decreto es la sustitución del punto 13 del Plan Gas.Ar, que habilita explícitamente a la Secretaría de Energía a fijar un Precio Anual Uniforme del gas. Ese valor será el que llegue a los usuarios residenciales, independientemente de la época del año.

    En la práctica, esto implica que:

    • En verano, cuando el gas es más barato, el usuario pagará un precio más alto que el de mercado.
    • En invierno, cuando el gas es más caro, el usuario pagará menos que el precio real de abastecimiento.

    La diferencia —ya sea a favor o en contra— queda siempre a cargo del Estado nacional. El decreto es explícito: el Tesoro cubrirá cualquier desfasaje entre el precio anual uniforme y el precio que surge de las subastas del Plan Gas.Ar, ajustadas por estacionalidad.

    De este modo, las empresas productoras cobran el precio pleno comprometido, sin asumir riesgos por la nueva modalidad de facturación al usuario.


    Subsidios “focalizados”, pero garantizados

    El Gobierno presenta la medida como parte del ordenamiento de los subsidios energéticos. Sin embargo, lejos de reducirlos, el decreto consolida un esquema donde el Estado actúa como amortiguador absoluto del sistema. No solo subsidia cuando el precio es alto, sino que también administra compensaciones inversas cuando el precio de mercado es menor.

    Para ello, el DNU ordena modificar el régimen de cálculo de compensaciones del Plan Gas.Ar, admitiendo que:

    • En algunos meses el Estado deba pagar montos adicionales a los productores.
    • En otros meses, se realicen deducciones.
    • El balance cierre siempre a favor de la estabilidad del negocio energético.

    El objetivo declarado es evitar cortes en la cadena de pagos y garantizar previsibilidad al sector, aun en un contexto de ajuste fiscal severo sobre jubilaciones, salarios y políticas sociales.


    Ajuste para abajo, blindaje para arriba

    Mientras Milei sostiene un discurso de “déficit cero” y poda del gasto público, el Decreto 26/2026 muestra otra cara de la política energética: cuando se trata del gas y de las petroleras, el Estado sigue siendo garante de rentabilidad. El riesgo del mercado no se traslada a las empresas, sino al presupuesto público.

    En términos concretos, el usuario puede ver boletas más estables a lo largo del año, pero el costo estructural del sistema sigue recayendo sobre el Estado, en un esquema que posterga cualquier discusión de fondo sobre tarifas, renta energética y soberanía sobre los recursos.

    El DNU ahora deberá ser tratado por la Comisión Bicameral del Congreso. Pero, como ya es habitual, el modelo queda en marcha: precios “suavizados” para el consumo, negocios asegurados para arriba y un Estado que paga la cuenta.

     

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    Cuando la política avanza sobre el conocimiento: las heridas que Trump deja en la ciencia y la advertencia para la Argentina de Milei

     

    Un artículo de Science traza un panorama inquietante sobre cómo ciertas intervenciones políticas profundas en el ámbito científico de Estados Unidos podrían dejar huellas duraderas en su ecosistema de investigación. Aunque gran parte del texto se centra en el contexto estadounidense, sus conclusiones ofrecen un espejo útil para analizar la situación de la ciencia en Argentina bajo el gobierno de Milei.

    Por Celina Fraticiangi para NLI

    Una tormenta política sobre la ciencia estadounidense

    Un artículo de Science titulado Which of Trump’s upheavals in U.S. science are likely to stick, destaca que, tras la asunción de Donald Trump, el sistema científico de Estados Unidos entró en una fase de “sacudidas” que afectan estructuras, financiación y la libertad académica. Aunque algunos cambios pueden revertirse con futuros gobiernos, varias medidas profundas tienen potencial para arraigarse —como la reorientación de la financiación y la politización de los procesos de evaluación de proyectos científicos— lo que podría transformar la manera en que se hace ciencia en ese país.

    Estos cambios no surgen de manera aislada. En 2025, miles de científicos firmaron cartas de advertencia señalando la erosión de la ciencia independiente y la creciente interferencia política en decisiones académicas y de investigación; advierten que esta politización amenaza con “aniquilar” el ecosistema científico tal como ha existido en las últimas décadas.

    Algunas de las principales transformaciones incluyen recortes y congelamientos en la financiación de organismos clave, revisión ideológica de proyectos de investigación, despidos masivos y purgas de datos científicos relacionados con temas como cambio climático, diversidad y salud pública.


    ¿Qué cambios podrían “pegar” y no revertirse?

    Según la reflexión de Science y del seguimiento de analistas internacionales, algunos efectos de estas políticas podrían perdurar incluso si cambian las administraciones:

    • Reconfiguración de prioridades científicas: al condicionar financiamiento o investigación a criterios políticos, Estados Unidos corre el riesgo de institucionalizar sesgos que privilegian ciertos temas sobre otros, afectando la capacidad para generar conocimiento básico a largo plazo.
    • Daño institucional: agencias con décadas de historia y estructuras robustas como la National Science Foundation (NSF) y los Institutos Nacionales de Salud (NIH) enfrentan transformaciones que —si se consolidan— podrían debilitar su independencia científica.
    • Clima de incertidumbre académica: la politización del proceso de financiamiento y la inseguridad en el futuro de las investigaciones pueden desalentar a nuevas generaciones de científicos e impulsar la “fuga de cerebros”, un fenómeno ya observado en datos recientes de encuestas al personal científico.

    La situación de la ciencia en Argentina bajo Milei

    En Argentina, la ciencia también ha estado bajo tensiones crecientes desde la llegada de Javier Milei al poder. Aunque el contexto es distinto al estadounidense (diferente estructura institucional, financiamiento y cultura política), existen paralelos preocupantes:

    1. Financiamiento en retroceso: la ciencia argentina viene enfrentando años de subejecución presupuestaria, depreciación de subsidios y pérdida de competitividad para atraer y retener talento investigador.
    2. Politización y recortes: decisiones gubernamentales recientes han priorizado ajustes fiscales por sobre la inversión sostenida en investigación y desarrollo, debilitando programas estratégicos en áreas como energía, salud y agricultura.
    3. Fuga de cerebros acentuada: jóvenes científicos y técnicos han emigrado para buscar oportunidades más estables en Europa y América del Norte, un fenómeno que recuerda a las preocupaciones expresadas por científicos estadounidenses frente al panorama de Trump.

    A diferencia de Estados Unidos, donde una parte de la comunidad científica aún puede apoyarse en redes y fondos privados o institucionales amplios, en Argentina la ciencia pública tiene un rol central y fiscalizaciones orientadas por prioridades macroeconómicas pueden resultar en daños estructurales difíciles de revertir si no se sostienen políticas claras de apoyo a largo plazo.


    ¿Lecciones compartidas?

    El análisis de Science nos recuerda que la ciencia no es un sector aislado: es una infraestructura social e intelectual que requiere estabilidad, financiamiento adecuado y autonomía respecto de ciclos políticos. La evidencia internacional —tanto en Estados Unidos como en Argentina— sugiere que cuando el conocimiento se subordina a lógicas exclusivamente ideológicas o de ajuste cortoplacista, el impacto no se siente solo en laboratorios, sino en generaciones de innovación, salud pública y soberanía tecnológica.

    Si los cambios impulsados bajo administraciones como la de Trump o la de Milei arraigan profundamente, el retorno a prácticas de apoyo estable a la ciencia puede demandar años de reconstrucción y reconfiguración institucional.


    El artículo de Science sobre las sacudidas en la ciencia estadounidense no es solo una advertencia sobre la situación de Estados Unidos, sino también un llamado de atención global: cuando la política invade la ciencia sin resguardar su independencia y sustentabilidad, las sociedades enteras pierden capacidad para enfrentar sus propios desafíos técnicos, sociales y productivos. Argentina, con una comunidad científica valiosa pero frágil frente a recortes y restricciones, debe tomar nota de que la defensa de la ciencia es también la defensa del futuro colectivo.

     

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    El arte rupestre más antiguo conocido no está en Europa y obliga a reescribir la historia

     

    Un descubrimiento arqueológico en una cueva de Indonesia reveló una pintura de al menos 67.800 años de antigüedad, anterior a cualquier expresión artística conocida en Europa. El hallazgo derriba mitos eurocéntricos sobre el origen del arte y confirma que la capacidad simbólica humana es mucho más antigua y diversa de lo que se enseñó durante décadas.

    Por Alcides Blanco para NLI

    El contorno tenue de una mano (sobre la figura oscura del ave) en la cueva Liang Metanduno, en Sulawesi, corresponde al arte rupestre más antiguo conocido en el mundo.
    Crédito: Maxime Aubert

    Durante más de un siglo, la historia oficial del arte sostuvo que las primeras manifestaciones simbólicas complejas surgieron en Europa, con ejemplos emblemáticos como Altamira o Lascaux. Sin embargo, un hallazgo reciente en la isla de Sulawesi, en Indonesia, desmonta esa narrativa: científicos confirmaron que una pintura rupestre hallada en una cueva de la región tiene al menos 67.800 años, convirtiéndose en la obra de arte figurativo más antigua conocida hasta hoy.

    Un hallazgo que cambia los manuales

    La pintura representa una escena con figuras humanas estilizadas interactuando con un animal, posiblemente un cerdo salvaje, una especie recurrente en el arte rupestre del sudeste asiático. Lo relevante no es solo la antigüedad, sino su complejidad narrativa: no se trata de simples marcas o manos estampadas, sino de una escena con intención simbólica y social.

    La datación se realizó mediante un método avanzado que analiza las capas minerales formadas sobre la pintura, lo que permitió establecer una edad mínima con alto grado de precisión. El resultado fue contundente: esta obra es miles de años más antigua que cualquier pintura rupestre europea conocida.

    El mito del origen europeo del arte

    Durante décadas, la arqueología dominante sostuvo que el arte surgió como un “salto cognitivo” asociado a poblaciones humanas que habitaron Europa hace unos 40.000 años. Este descubrimiento confirma lo que muchos investigadores venían señalando: la capacidad simbólica y artística no nació en un único lugar, ni fue patrimonio exclusivo de una región del mundo.

    El sudeste asiático, África y otras zonas no europeas ya habían aportado indicios de arte antiguo, pero este hallazgo coloca definitivamente a Indonesia en el centro de la historia cultural de la humanidad, desplazando a Europa del lugar exclusivo que se le asignó durante años.

    Arte, pensamiento y comunidad

    El arte rupestre no era decoración. Estas pinturas cumplían funciones sociales, rituales y comunicacionales. Implicaban pensamiento abstracto, transmisión cultural y organización comunitaria, rasgos que definen a las sociedades humanas complejas.

    Que estas capacidades estén documentadas hace casi 70.000 años obliga a replantear cuándo y cómo los seres humanos comenzaron a pensarse a sí mismos, a su entorno y a los otros. El arte aparece así como un elemento constitutivo de la humanidad, no como un lujo tardío.

    Un golpe al relato colonial del conocimiento

    No es un dato menor que este descubrimiento vuelva a poner en cuestión la mirada colonial que organizó el saber histórico durante siglos. La idea de que la “civilización” y la “cultura” nacen en determinados centros y luego se expanden es cada vez menos sostenible frente a la evidencia científica.

    Este hallazgo confirma que las periferias del relato occidental fueron, en realidad, núcleos fundamentales de la experiencia humana, invisibilizados por una historiografía funcional al poder colonial y académico del norte global.