BOMBEROS VOLUNARIOS – ESTADISTICAS

Estadística mensual correspondiente al mes de Junio 2020.-

Saludos cordiales. Oficial Inspector Sandoval, Cesar A.Encargado Área Ayudantía
Bomberos Voluntarios Villa Regina.


Central Alarma TE:100 TE: 2984461477-2984461999 Fray Luis Beltrán 322 V.R. (R.N)

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    MÁS CASTA: Milei y Santilli nombran en puesto clave a ex funcionario menemista y de la Alianza

     

    Javier Milei y Diego Santilli designaron como subsecretario de Proyectos Estratégicos a Guillermo Nicanor Toranzos Torino, un ex funcionario de los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa con una extensa trayectoria en la Sociedad Rural Argentina.

    Por Tomás Palazzo para NLI

    El Gobierno de Javier Milei continúa completando el organigrama de la nueva Jefatura de Gabinete encabezada por Diego Santilli. Esta vez lo hizo con la designación de Guillermo Nicanor Toranzos Torino como subsecretario de Proyectos Estratégicos, un cargo de fuerte peso político y técnico que dependerá de la Vicejefatura de Gabinete. Sin embargo, el dato que sobresale de su nombramiento no está en sus antecedentes académicos sino en su extensa trayectoria dentro del Estado: fue funcionario durante el menemismo y luego continuó ocupando responsabilidades durante el gobierno de la Alianza, una continuidad que vuelve a poner en evidencia el reciclaje de cuadros de los años noventa dentro de la administración libertaria.

    Un hombre de los ’90 vuelve al Gobierno

    La designación fue oficializada mediante el Decreto 647/2026, firmado por el presidente Javier Milei y el jefe de Gabinete Diego Santilli. Toranzos Torino tendrá a su cargo la flamante Subsecretaría de Proyectos Estratégicos, un área creada para coordinar programas considerados prioritarios por la Casa Rosada, intervenir en proyectos con organismos internacionales y asistir técnicamente a la Jefatura de Gabinete en iniciativas de alcance nacional.

    Pero detrás de ese perfil técnico aparece una historia política que atraviesa distintos gobiernos. Entre 1995 y 1999, durante la segunda presidencia de Carlos Menem, se desempeñó como Coordinador General de la Subsecretaría de Comercio Exterior del Ministerio de Economía y también fue director ejecutivo de la Unidad Coordinadora de Política de Fomento de Exportaciones, formando parte del esquema económico que impulsó la apertura comercial y las reformas estructurales de aquella década.

    Lejos de finalizar allí su paso por el Estado, logró mantener presencia durante el cambio de signo político. Entre 2000 y 2001 trabajó como asesor de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación durante la presidencia de Fernando de la Rúa, consolidando una continuidad que atravesó tanto el menemismo como la gestión de la Alianza.

    Vínculos históricos con la Sociedad Rural

    Antes incluso de ingresar al Gobierno nacional, Toranzos Torino había construido una carrera ligada a uno de los sectores más tradicionales del poder económico argentino.

    Durante una década, entre 1984 y 1994, fue Jefe de Economistas del Instituto de Estudios Económicos de la Sociedad Rural Argentina, una de las entidades históricamente enfrentadas con los gobiernos peronistas y protagonista de numerosos debates sobre política agropecuaria. Posteriormente desarrolló una extensa actividad como consultor para organismos internacionales como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la FAO, además de desempeñarse como docente universitario en distintas instituciones.

    Su currículum también incluye participación como experto argentino en mecanismos de solución de controversias del Mercosur y cargos vinculados al comercio exterior y la economía forestal, conformando un perfil eminentemente técnico especializado en planificación económica y agronegocios.

    El regreso de los cuadros de los años noventa

    Toranzos Torino integró el equipo técnico que ejecutó la política de comercio exterior del menemismo, orientada a la apertura de mercados y la promoción de exportaciones durante la segunda presidencia de Carlos Menem. Desde la Subsecretaría de Comercio Exterior del Ministerio de Economía, donde se desempeñó entre 1995 y 1999, formó parte del entramado estatal que impulsó la inserción de la economía argentina en los mercados internacionales, en un período marcado por la reducción de barreras comerciales, la profundización del Mercosur y el modelo de apertura económica que caracterizó a la década del noventa.

    Aquel esquema económico, presentado entonces como una vía para modernizar la economía y aumentar la competitividad, también fue objeto de fuertes críticas por sus efectos sobre sectores industriales nacionales, que denunciaron dificultades para competir frente a la apertura importadora y la pérdida de capacidades productivas. Tres décadas después, uno de los cuadros técnicos de aquella etapa vuelve al Estado de la mano del gobierno de Javier Milei y Diego Santilli.

    La incorporación de Toranzos Torino se produce en plena reorganización del Gobierno tras el desembarco de Diego Santilli al frente de la Jefatura de Gabinete. Aunque el oficialismo suele presentarse como una fuerza que busca romper con «la vieja política», la elección de un funcionario con responsabilidades durante los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa vuelve a mostrar una tendencia creciente dentro de la administración libertaria: la recuperación de cuadros técnicos formados durante las reformas económicas de los años noventa.

    En este caso, además, se trata de un funcionario que arriba a una dependencia encargada de coordinar proyectos estratégicos y la relación técnica con organismos internacionales, un área con capacidad de incidencia sobre algunas de las principales políticas públicas que impulsará la Jefatura de Gabinete en la nueva etapa de gestión.

     

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  • La cena de los 15 millones de dólares

     

    Los encuentros del Yacht fueron la escenificación del financiamiento político del gobierno de Milei y de la Fundación Faro. La organización es el think tank de la batalla cultural del presidente y tiene al frente al ultra Agustín Laje. El socio operativo es Francisco “Pancho” Caputo, el hermano de Santiago, el asesor sin cartera de Milei. Faro tiene una sede en los pisos 2, 3 y 4 del ex edificio del Banco Francés ubicado frente a Plaza de Mayo. En ese lugar hay varias oficinas e instalaciones preparadas para hacer streaming, uno de los fetiches de los libertarios. Para entrar al lugar hay una palabra mágica a pronunciar: “Pancho”.

    La Fundación Faro está encabezada por Laje, que según la revista Forbes es “la voz independiente más influyente de la derecha en el mundo hispanohablante”. Su objeto de estudio, o mejor dicho su obsesión, es desarmar las ideas de lo que él considera la izquierda. Buena parte de la retórica “anti” zurdo de Milei sale de la cabeza de Laje. En términos formales, Faro se apoya en tres máximas.

    1. “Promover las ideas del liberalismo económico y los valores históricos de la cultura argentina, para contribuir al desarrollo económico y social de nuestra Nación, librando la batalla cultural”.

    2. “Argentina debe ser faro del mundo y recuperar la jerarquía mundial a la altura de nuestra identidad y nuestra historia”.

    3. “Estamos abocados a formar cuadros políticos, referentes culturales y liderazgos en las distintas esferas de la sociedad para promover el crecimiento y desarrollo de las ideas de la libertad a lo largo y a lo ancho del país; como también a desarrollar programas de formación económica y empresarial, inserción y capitalización de proyectos para jóvenes profesionales y emprendedores”.

    Con la articulación con Faro, Milei le aportó al Gobierno un hecho comunicacional institucionalizado, algo que todos sus antecesores tuvieron. El PRO vía la Fundación Pensar y el kirchnerismo con diferentes variantes militantes y de batalla cultural. La más reconocida, Carta Abierta.

    Quizás Faro se conecte más con Pensar que con Carta Abierta, por el rol que ambas tuvieron. La organización libertaria se utilizó como un sistema de difusión de las ideas y, a la vez, de recaudación.

    De hecho, el sponsor más grande que tiene Faro es una mega cámara empresaria, la más alineada con Milei. Endeavor, que agrupa a Unicornios libertarios como Marcos Galperin, de Mercado Libre, y Martín Migoya, de Globant, sostiene económicamente la organización y creó recientemente un programa para startups, en sociedad con Faro. Todo está blanqueado en su sitio web.

    Entre las actividades que hace Faro hay varias “masterclass”. “La macro en la era Milei: el retorno a la libertad”, se llama la que dicta Ramiro Castiñeira, un economista fiel y parte del equipo de asesores del presidente. En su introducción apunta que “Argentina está atravesando un proceso de cambio estructural que busca desmontar el modelo económico estatista instalado desde la década de 1930, y retornar a un sistema basado en la libertad, el protagonismo del sector privado y la inserción en el mundo”. Otra de las clases la dicta María José Romano Boscarini, egresada de la Universidad Di Tella, una rareza para ese polo ultraliberal.

    En Faro también trabaja Martín Krause, miembro de la sociedad Mont Pelerín, la organización de libertarios que fundó en 1947 Friedrick Von Hayek, el ídolo austríaco de Milei. Krause, además, es economista del CEMA e integra el Cato Institute, el think tank libertario con sede en Washington, Estados Unidos. “Diferencia entre filosofías políticas y utopías” se llama su clase. En esta masterclass, “el Dr. Martín Krause explora la posibilidad de una sociedad sin Estado desde una mirada filosófica y libertaria. A partir del concepto de utopía, se analizan los fundamentos del orden político: libertad, justicia, autoridad y poder. Lejos de la fantasía, se plantea un horizonte normativo que desafía el statu quo. Una invitación a repensar el rol del Estado y a imaginar formas de convivencia más libres. Ideal para quienes buscan cuestionar lo establecido y abrir nuevos debates”.

    En Chile, Axel Kaiser, socio de Laje en la Argentina, es director de la Fundación Progreso, hermana de Faro y fundada en 2012. Kaiser es un abogado chileno-alemán que viene de una familia ultraconservadora con hermanos volcados a la política partidaria de la derecha. Como pasa en la fundación libertaria argentina, la hermana chilena también se financia con fondos empresarios.

    El factótum de la “Faro” chilena es el empresario Nicolás Cirilo Ibáñez Scott, quien además ejerce de presidente. Ávido cultor de la política, es muy fanático del dictador Augusto Pinochet. Fue dueño de la cadena de supermercados Líder, hasta que en 2009 la estadounidense Walmart le compró el negocio. Desde ese momento, quedó como director de Walmart Chile.

    Los medios trasandinos reportaron años atrás una anécdota particular. Relatan que apareció una placa de Pinochet en la sucursal de Walmart en la localidad de Quilicura. En medio de ese bronce, donde figuraba el rostro del dictador, se podía leer la frase: “Augusto Pinochet Ugarte, Patriota Soldado y Estadista Visionario”. La situación generó un escándalo tal que la estadounidense Walmart decidió removerla, porque la había puesto el empresario en 1999 y nunca la había quitado.

    El mismo Kaiser se expresó como defensor del dictador chileno. Hace un tiempo dijo que “la defensa a la Constitución de Pinochet es la máxima prioridad de todo líder político, intelectual y empresarial chileno que aspira, por su propio bien, el de sus hijos y el de sus compatriotas, a proyectar hacia el futuro el éxito de las pasadas décadas”. Axel Kaiser, el que infiltró el Ministerio de Hacienda argentino con ideas libertarias, tiene un hermano igual o más ultra, que se dedica a la política en Chile. Johannes Kaiser fue, en 2025, candidato presidencial por el Partido Nacional Libertario.

    El acto de presentación de su candidatura tuvo varias curiosidades. Una de ellas, que el himno chileno se cantó con la tercera estrofa, que fue quitada por la Concertación en el regreso a la democracia por referirse al ejército y los “valientes soldados”. Las apelaciones del hermano de Kaiser a los dictadores no se quedan sólo en Pinochet. Un último dato de color que pinta a los Kaiser: en el programa televisivo Contracara, contó la anécdota de que en el colegio alemán, cuando era chico, Johannes regalaba calcomanías nazis. “Mi papá me decía vos estás loco”, se sinceró. Y concluyó: “Yo le decía que en las películas los alemanes eran nazis, yo soy alemán, tendría que ser nazi”.

    Kaiser escribió muchos libros sobre lo que entiende como las maldades de la izquierda. Uno de ellos se llama Parásitos mentales: siete ideas progresistas que infectan nuestro pensamiento. En 2025, el chileno mantuvo varias reuniones en el Ministerio de Hacienda argentino para presentar ese libro y bajar línea ideológica.

    Los ceos que convivieron en la era Macri no terminan de entender cómo funcionarios como Luis Caputo, Pablo Quirno o Federico Sturzenegger se adaptaron a un esquema de poder con un discurso más agresivo y confrontativo.

    La batalla cultural de Milei no sólo logró instalar conceptos en la sociedad, sino también transformar a cuadros políticos conservadores clásicos en militantes más radicalizados de las ideas de la libertad.

    La consagración

    Hubo muchas cenas y almuerzos de recaudación de Faro en el Yacht Club, pero al inicio el clima era otro. En los primeros encuentros, los empresarios invitados se escondían, evitaban los flashes y medían su cercanía con Milei. Temían quedar demasiado expuestos a un estilo político y a un think tank ideológico que todavía generaban desconfianza.

    Ese clima cambió en 2025, cuando Milei consolidó su poder parlamentario tras un triunfo contundente en las legislativas. El punto de inflexión fue el 15 de diciembre de ese año, en la llamada cena de los 15 millones de dólares: ese fue el monto que se recaudó para el partido y la causa de la batalla cultural. “¿Por qué, durante décadas, hemos impulsado una ideología política que suponía que el Estado debía estar por encima de las empresas?”, abrió Agustín Laje ante más de 500 invitados, en su mayoría empresarios. Lo aplaudieron sin reservas. Ya nadie se escondía.

    El establishment había dejado atrás la incomodidad inicial. Empezaba a percibir un ciclo largo de Milei, favorecido por la debilidad de la oposición, en especial del peronismo, con Cristina Kirchner fuera de juego. Aquella noche selló el cierre de filas entre el poder económico y el Gobierno: pocas veces se había visto una convocatoria tan masiva y tan explícita. Lo que antes eran ceos esquivando cámaras se transformó en militancia abierta.

    El aporte también cambió de escala. Se pagaron hasta 250 mil dólares por mesa —40 mil por cubierto— y, aunque hubo regateo, la mayoría aceptó las condiciones. La recaudación en dólares, una obsesión constante del entorno de Milei, volvió a quedar en evidencia.

    La escena tuvo su propia liturgia. Los invitados comenzaron en el deck del Yacht, en una tarde distendida, pero la cena no empezó hasta después del discurso de Milei, que habló durante una hora y media. Los Neuss oficiaron de anfitriones, mientras que Francisco Caputo organizó las mesas, mezclando empresarios y funcionarios. La logística estuvo a cargo de Mariana Galante, con el objetivo explícito de reforzar la pertenencia de los ceos al proyecto libertario.

    Entre los funcionarios se dejaron ver Luis Petri, Martín Menem, Sandra Pettovello y Manuel Adorni. Milei, fiel a su estilo, convirtió la intervención en un show: habló de sostener la batalla cultural contra el “oscurantismo de izquierda” y llevó el clima a un punto de euforia cuando afirmó que “se terminó la masacre populista”.

    En el salón, colmado, la lista de asistentes reflejaba el nuevo alineamiento. Estaban los Eurnekian, Horacio Marín, Alejandro Simón, Martín Cabrales y Manuel Santos Uribelarrea, entre otros. También empresarios ligados a nuevas operaciones energéticas, como los socios de Inverlat, y figuras tradicionales como Mauricio Filiberti. Se sumaron nombres del mundo financiero, industrial y comercial: Juan Nápoli, Martín Rappallini, Luis Galli, Rubén Cherñajovsky y Francisco De Narváez.

    La escena tuvo incluso proyección regional. Axel Kaiser celebraba el triunfo de José Antonio Kast en Chile y se movía como una figura central entre los empresarios argentinos. Uno de los más curiosos era el ex presidente de River Rodolfo Donofrio, quien asistió acompañado por su pareja, Zulemita Menem, un apellido simbólico y anhelado para muchos de los presentes. La sensación compartida era la de un momento histórico: proyectos políticos alineados a ambos lados de la cordillera.

    Aquella noche terminó de cristalizar un proceso que llevaba meses. El poder económico ya no observaba: participaba. Y lo hacía a cara descubierta.

    La entrada La cena de los 15 millones de dólares se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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    ✅El Comité de Crisis local indicó que no se registran novedades en nuestra ciudad, por lo que no hay casos sospechosos. Se hizo hincapié en que se sigue de cerca los resultados de los cuatro casos sospechosos de General Roca teniendo en cuenta la cercana distancia de 45 kilómetros. En consecuencia, se pidió tomar mayor…

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  • Ucrania: una paz que avanza a la fuerza

     

    En menos de 72 horas, la relación transatlántica cambió de naturaleza y todo parece indicar que los ucranianos han perdido la guerra. El 12 de febrero de 2025, el flamante secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, dio inicio a las negociaciones de paz en Ucrania. Ya desde un comienzo cedió ante las dos principales exigencias de Moscú: la no adhesión de Kiev a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la ratificación de las “nuevas realidades territoriales”, es decir, la anexión de cuatro regiones ucranianas a Rusia, así como también de Crimea. Al día siguiente, tras una larga conversación telefónica con Vladimir Putin, el presidente Donald Trump anunció su intención de reunirse con su par ruso en Arabia Saudita –sin los ucranianos ni los europeos– y expresó su deseo de que pronto se organicen elecciones en Ucrania. Finalmente, el 14 de febrero, en un discurso pronunciado en una conferencia en Munich, el vicepresidente estadounidense, más que abordar la cuestión ucraniana, reprochó a los dirigentes europeos el hecho de que deshonraran las aspiraciones de sus propios pueblos restringiendo la libertad de expresión en las redes sociales o anulando las elecciones en Rumania por supuestas injerencias rusas (1).

    Semanas antes, Trump había lanzado una ofensiva comercial al aumentar los aranceles a las importaciones de Canadá, México y la Unión Europea, y también había expresado sus intenciones anexionistas sobre Groenlandia (2). Sin embargo, de ahora en adelante, ya no se trata tan sólo de manipular a sus “aliados” para que compren más armas o para equilibrar la balanza comercial. Al declarar que Estados Unidos no les concedería garantías de seguridad ni a Ucrania ni a las tropas europeas que pudieran desplegarse para hacer cumplir un eventual alto el fuego, Trump inevitablemente sembró dudas sobre la solidaridad estadounidense en caso de un ataque al territorio de un miembro de la OTAN. Sin su contrapartida de seguridad, el vínculo transatlántico se parecería más bien a una completa relación de dependencia.

    No obstante, desde 2022, Estados Unidos ha “invertido” un promedio de 35.300 millones de dólares por año en Ucrania (3). Mucho más que los 3.000 a 5.000 millones de dólares que Washington destinó cada año a Israel antes del ataque del 7 de octubre de 2023 y el equivalente a casi la mitad de los gastos militares anuales para Afganistán entre 2001 y 2019 –un esfuerzo para financiar una ocupación militar y operaciones directas–. El nivel de apoyo a Ucrania se sitúa, por lo tanto, en algún punto intermedio entre la ayuda brindada a un aliado histórico en Medio Oriente y el compromiso de una intervención directa en el campo de batalla en su propio nombre. Pero a Trump poco le importa todo eso: la guerra en Ucrania no es la de Estados Unidos, sino la de su antiguo rival Joseph Biden…

    Errores de cálculo

    Evidentemente, la magnitud de la ayuda occidental llevó a Kiev a cometer un error y la alentó a rechazar la negociación. En la primavera boreal de 2022, incluso antes de que Occidente le proporcionara su apoyo militar, la resistencia ucraniana podía enorgullecerse de haber frustrado la operación de cambio de régimen fomentada por el Kremlin y de haber minimizado las pérdidas territoriales. Después de cuatro semanas de combates, los beligerantes estaban cerca de llegar a un acuerdo. En Estambul, Kiev aceptó un estatus de neutralidad –es decir, renunció a adherirse a la Alianza Atlántica– y confirmó su intención de no dotarse de armas nucleares. A cambio, buscaba conseguir la retirada voluntaria de Moscú de los territorios que había ocupado desde el 24 de febrero. Sin embargo, Kiev necesitaba garantía de seguridad por parte de los líderes occidentales, quienes se la negaron. Boris Johnson se convirtió en el portavoz de la posición occidental durante una visita a la calle Bankova, sede de la Presidencia ucraniana. El Primer Ministro británico afirmó que nunca firmaría un acuerdo con Putin. Por eso, lo que ofrecían no eran garantías, sino armas (4).

    Europa deberá pagar la reconstrucción de Ucrania y, al mismo tiempo, afrontar los costos de su seguridad.

    Por un tiempo fue posible creer que dicha apuesta resultaría exitosa. Tras una primera contraofensiva, en noviembre de 2022, Kiev recuperó la ciudad de Jersón, ubicada en la orilla derecha del río Dnieper. Se desató la euforia. La palabra “negociaciones” se volvió tabú. No alinearse con los objetivos ucranianos –es decir, recuperar por la fuerza las fronteras de 1991– equivalía a firmar un pacto con el diablo. Los grandes medios de comunicación occidentales respaldaron el decreto ucraniano de octubre de 2022 que prohibía las negociaciones con Putin, a quien buscaban llevar ante la justicia internacional por crímenes de guerra (5).

    Sin embargo, la segunda contraofensiva ucraniana de junio de 2023 resultó en una derrota. En los medios de prensa, los estadounidenses expresaron su descontento: Kiev habría escatimado demasiado sus hombres para privilegiar ataques tácticos dispersos a lo largo del frente en lugar de enviar soldados en masa a los campos de minas rusos con la esperanza de traspasar las defensas del adversario y cortar el puente terrestre entre Rusia y Crimea (6). Bajo la presión de Washington, Kiev redujo la edad de reclutamiento de 27 a 25 años en abril de 2024, pero en diciembre se negó a bajarla a los 18 años. Así, la apuesta hecha en base a las exhortaciones occidentales fracasó trágicamente. Tanto el costo humano –cientos de miles de muertos y heridos– como los sacrificios exigidos a la sociedad fueron en vano (7).

    Como lógica consecuencia, durante el mismo período, Rusia experimentó una suerte inversa. El inicio de su “operación militar especial” resultó un fiasco. Los servicios de inteligencia rusos sobrestimaron los apoyos con los que contarían tanto por parte de la población como dentro de las élites ucranianas. El Ejército se estancó en los barrios periféricos de la capital ucraniana y fracasó en su intento de tomar el control del país. El Kremlin decidió entonces concentrar su dispositivo militar en el Donbass y Crimea. Concebida inicialmente como una expedición relámpago, la guerra fue cambiando de escala y de naturaleza. La movilización forzada decretada en septiembre de 2022 provocó una ola de protestas y exilios.

    Atrapada en su propia guerra, Rusia agravó su situación en materia de seguridad. Su “operación militar especial” tenía como objetivo, por un lado, prevenir que Ucrania se rearmara –antes de que Kiev recuperara por la fuerza las regiones separatistas prorrusas– y, por otro lado, poner un freno a la expansión de la OTAN hacia el Este. No obstante, unos meses después del inicio del conflicto, Rusia enardeció el patriotismo de un adversario que recibía un flujo continuo de armas y que contaba con el respaldo de una Alianza Atlántica reforzada con dos nuevos miembros: Suecia y Finlandia, que limitan con la zona ártica, estratégica para Moscú. Los dirigentes europeos reforzaron los batallones enviados al flanco oriental de la alianza, incluida Francia, que hasta entonces se oponía a una presencia permanente. La fuerza de reacción rápida de la OTAN cuadruplicó su número de efectivos; también continuó la construcción de la nueva base antimisiles estadounidense en Polonia, en donde los norteamericanos elevaron su presencia militar a 10.000 soldados. Lejos de calmarse, en Rusia las preocupaciones respecto de la seguridad se intensificaron por no haber previsto la fuerza y la unidad de la reacción occidental. Empero, al apostar por la consolidación de sus defensas detrás del Dnieper, Rusia logró estabilizar el frente. Los avances territoriales, como la toma de Bajmut en mayo de 2023, se consiguieron a costa del sacrificio de numerosas tropas, en un país ya golpeado por su crisis demográfica.

    El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada.

    Si bien Rusia mostró debilidades militares, la resiliencia de su economía resultó sorprendente. El Banco Central había acumulado suficientes reservas para asumir una confrontación financiera con Occidente. Logró sostener eficazmente el rublo y salvar su sistema bancario a pesar del congelamiento de sus activos en Europa y Estados Unidos. En cuanto a las sanciones energéticas, terminaron volviéndose en contra de los propios impulsores europeos: el aumento de los precios del gas compensó la pérdida de los volúmenes enviados al Viejo Continente, dando tiempo a Rusia para reorientar sus exportaciones de hidrocarburos hacia Asia (8). El fracaso de la estrategia de aislamiento se volvió evidente porque, si bien Moscú se vio obligada a recurrir a “Estados parias”, como Corea del Norte o Irán, para obtener armas o soldados, la realidad es que no le faltaron socios económicos interesados en sus descuentos energéticos. Los países que forman el núcleo del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) vieron con preocupación la ofensiva punitiva financiera de Washington contra uno de sus miembros y profundizaron de forma preventiva su cooperación para reducir el uso del dólar en sus intercambios. En 2024, BRICS acogió a cinco miembros nuevos, entre los que destacan los Emiratos Árabes Unidos, un actor clave en las nuevas rutas del petróleo ruso (véase el artículo de págs. 12-14).

    ¿Acercamiento al hermano menor?

    Al elegir negociar cara a cara con Moscú, Trump le ofrece una vía de escape al Kremlin. El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada. Las concesiones, por ahora sólo verbales, resultan vertiginosas: reanudación de las negociaciones sobre el desarme, promesa de reincorporación al G7 y, a largo plazo, levantamiento de las sanciones. Aunque el Presidente estadounidense trate de morigerar estas promesas en las próximas semanas, la solidaridad transatlántica parece estar ya profundamente deteriorada.

    Estas declaraciones podrían cerrar la era geopolítica que comenzó en 1949. Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos creó la Alianza Atlántica para imponer su influencia a la mitad de Europa, mientras que la otra mitad se alineaba primero con el bloque soviético y luego se unía al Pacto de Varsovia en 1955. Sin embargo, a fines de la década de 1980, el último líder soviético, Mijail Gorbachov, al frente de un país agotado por la carrera armamentista, se comprometió con una serie de concesiones unilaterales y desordenadas: aceptó la reunificación de Alemania y su adhesión a la OTAN sin obtener garantías escritas sobre la no expansión de la alianza occidental en Europa del Este. De este modo, el antiguo instrumento de seguridad sobrevivió a la Guerra Fría, y la Unión Europea, al expandirse, permaneció firmemente vinculada a Washington. Aunque en 1989 y 1990 se llegó a considerar por un momento la posibilidad de implementar un nuevo sistema de seguridad, no surgió ninguno alternativo tras la disolución de la URSS en 1991. Si bien el conflicto ruso-ucraniano tiene en parte su origen en esta oportunidad perdida, su resolución negociada está provocando una reconciliación ruso-estadounidense a espaldas de Europa.

    En Munich, el vicepresidente James David Vance incluso señaló una nueva dirección estratégica de Estados Unidos: “A Putin no le interesa ser el hermano menor en una coalición con China” (9). ¿Se trata del regreso a la estrategia de triangulación que había puesto en marcha el presidente estadounidense Richard Nixon en 1971 al acercarse al “hermano menor” (en ese entonces, China) para aislar mejor al enemigo principal (la URSS)? Si este es el “plan”, Trump tendrá dificultades para romper el eje Rusia-China. Pekín, si bien se molestó por el hecho consumado de la invasión rusa y le ha reprochado a Moscú su abuso de la amenaza nuclear, no le ha retirado su apoyo. China suministra de manera discreta tecnologías necesarias para el complejo militar-industrial ruso, al mismo tiempo que profundiza su cooperación militar con Moscú. Aunque desequilibrada, esta relación se basa en una fuerte frustración compartida respecto de un orden internacional dominado por Estados Unidos desde el final de la Guerra Fría.

    ¿Y Europa?… Europa se encuentra en la peor situación posible: ya debilitada por la crisis energética que ella misma provocó al renunciar –a petición de Washington– al gas ruso barato y pronto golpeada también por la guerra comercial decretada por la Casa Blanca, ahora se ve obligada a gestionar en soledad las consecuencias del revés occidental en Ucrania. Mientras la confrontación con Rusia alcanza un nivel incandescente y sus arsenales se han vaciado en favor de Kiev, Europa se prepara para aumentar de forma urgente su gasto militar, lo que implica comprar armamento estadounidense. Washington le exigía un “reparto de la carga” de la financiación de la alianza. Ahora la carga es doble: pagar la reconstrucción de Ucrania (que, a esta altura, Rusia deja de buena gana en manos de la Unión Europea) y, al mismo tiempo, asumir su propia seguridad. El gasto parece simplemente inasumible para los presupuestos europeos y augura nuevas divisiones.

    1. Benoît Bréville, “Liquidación electoral”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2025.
    2. Philippe Descamps, “Affoler la meute”, Le Monde diplomatique, París, febrero de 2025.
    3. “Ukraine support tracker”, Kiel Institute for the World, 2024.
    4. Samuel Charap y Sergueï Radchenko, “¿Podría haber terminado la guerra en Ucrania?”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2024. Volodimir Zelensky se esfuerza en negar el papel que habría desempeñado así Johnson; véase también Shaun Walker, “Zelensky rejects claim Boris Johnson talked him out of 2022 peace deal”, The Guardian, Londres, 12 de febrero de 2025.
    5. Véase, por ejemplo, “Soutenir l’Ukraine pour assurer la paix”, Le Monde diplomatique, 10 de enero de 2023.
    6. Alex Horton y John Hudson, “US intelligence says Ukraine will fail to meet offensive’s key goal”, The Washington Post, 17 de agosto de 2023.
    7. Hélène Richard, “Ucrania, una sociedad dividida por la guerra”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2023.
    8. Hélène Richard, “Sanciones de doble filo”, Le Monde diplomatique, noviembre de 2022.
    9. Bojan Pancevski y Alexander Ward, “Vance wields threat of sanctions, military action to push Putin into Ukraine deal”, The Wall Street Journal, Nueva York, 14 de febrero de 2025.

     

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