A pesar de que con el inminente estreno de Estado eléctricoparece que Netflix vaya a volver a las andadas de esas producciones enormemente costosas, la realidad general del terminal sigue siendo en la actualidad, la de una marca que prioriza los proyectos pequeños de fácil retorno económico y que además, crea productos audiovisuales internacionales que consiguen ser líderes en diferentes países. Ese es precisamente el caso del último drama romántico más visto de Netflix: la adaptación de una novela que ha encandilado a los suscriptores de la marca californiana.
No es la primera vez en la que la empresa fundada por Reed Hastings y Marc Randolph logra crear un relato viral por todo el mundo, bajo la producción de un países que no habitúan a configurar proyectos comerciales de tan largo alcance. Sin embargo, la posibilidad de estar presente a un golpe de mando (o tecla) en la televisión o dispositivo de cualquier hogar de Europa, Asia, África o Estados Unidos lleva, a una gran facilidad para ese trasvase cultural entre fronteras. En el formato fílmico tenemos ejemplos de la talla de la noruega Trol, la francesa En las profundidades del Sena e incluso, largometrajes españoles con el impacto mediático de La sociedad de la nieve, Nowherey El hoyo… desconocemos si nuestra recomendación de hoy alcanzará este nivel de reproducciones histórica-lo tiene complicado-pero por el momento, Una historia de amor en Copenhague va camino de ser una de las películas nórdicas más vistas en el 2025 de la «gran N roja». Pero, ¿de qué trata esta triste trama que mezcla temas como el amor o la maternidad?
‘Una historia de amor en Copenhague’
Estrenada el pasado 26 de febrero, la sinopsis oficial del que por el momento es el drama romántico más visto de Netflix es la siguiente: «Después de hallar el amor en Emil, un padre soltero, Mia, escritora de profesión, se enfrenta junto a él a los desafíos de los tratamientos de fertilidad para tener hijos juntos».
En el elenco de Una historia de amor en Copenhague, encontramos a algunos de los rostros más reconocibles del cine danés, con Rosalinde Mynster y Joachim Fjelstrup. A la primera la hemos visto en repartos de producciones como La impaciencia del corazón, Persona non grata o Un asunto real. Sin una gran filmografía, a él lo hemos visto en otras cintas y series de su país; Algo en que creer (2017), Memorias de una escritora (2022) y en la reciente nominada al Oscar a la mejor película internacional, La chica de la aguja(2024). Sara Fanta Traore (La enfermera), Magnus Millang (Otra ronda), Bahar Pars (Descansa en Paz), Anders W. Berthelsen (Mifune) y Mille Lehfeldt (Una segunda oportunidad), completan el elenco secundario de esta emocionante trama de menos de dos horas.
Tras las cámaras, se esconden las cineastas Ditte Hansen y Louise Mieritz, las cuales en realidad debutan en el formato del largometraje. Antes de plasmar audiovisualmente la obra escrita por la escritora Tine Høeg, este dúo de directoras únicamente habían dirigido la serie Chorus Girls, con una carrera que se inició en la interpretación.
El drama romántico más visto de Netflix
Actualmente, Una historia de amor en Copenhague es el drama romántico más visto de Netflix, ocupando el cuarto puesto en el Top 10 de películas de habla no inglesa de la compañía. Con sólo una semana en la prestigiosa lista de la major, el filme acumula 12 millones de horas vistas y 7 millones de reproducciones, casi empatando en sus estadísticas con Squad 36 y a muy poquito de Oni-Goroshi: Ciudad de los demonios.
Así, entre historias de terror y acción, la película ha logrado hacerse un hueco consiguiendo ser la primera opción en dos países y permaneciendo en el Top 10 de territorios tan diferentes como Costa Rica, Bélgica, Malta o Israel. Su desenlace conmoverá a los espectadores, escapándose de los tópicos más habituales de un género que lleva conquistando al público de la plataforma de streaming desde prácticamente, su salto internacional. Una opción de visionado fantástica que de seguro, alcanzará un puesto bastante más alto dentro de poco en la viralidad indisoluble de la corporación.
El pasado jueves día 6 de marzo se anunció, de manera inesperada, que David Cantero y Mediaset España habían cerrado las condiciones para dar por finalizada la etapa profesional del periodista en la compañía después de casi 15 años al frente de de Informativos Telecinco 15:00h, y más recientemente, de la edición de fin de semana. Al día siguiente, le presentador mandó un comunicado en redes sociales explicando su marcha pero durante la madrugada del martes 11 de marzo, Cantero ha vuelto a escribir en su perfil de Instagram y, entre otras cosas, ha confesado que: «Esta es la primera vez en mi carrera que estoy desempleado. Es una sensación extraña, pero estimulante. No sé aún cómo, ni dónde, pero seguiré en ello».
El despido de David Cantero
Tras casi 15 años al frente de Informativos Telecinco 15:00h, y más recientemente, de la edición de fin de semana, David Cantero y Mediaset España cerraron las condiciones para dar por finalizada la etapa profesional del periodista en la compañía después de casi 15 años de fructífera y brillante trayectoria, tal y como anunció la compañía el jueves 6 de marzo.
En su comunicado, Mediaset España destacó que durante estos últimos 15 años, Cantero había sido una figura clave en Informativos Telecinco, aportando rigor, cercanía y el inconfundible estilo que le ha convertido en uno de los comunicadores más valorados de nuestro país. «Su contribución ha sido esencial en la evolución de los servicios informativos de la cadena».
Tras conocerse la noticia, el propio presentador hizo un comunicado a través de su perfil de Instagram en el que confirmó que su marcha no fue por «jubilación». «La vida es una sucesión de cambios más o menos inesperados, trascendentales. Y este lo es. Ya sabéis que soy discreto. Yo me he ido sin hacer ruido, casi en silencio», explicó. «Me voy de Mediaset, tranquilo, agradecido. Han sido 15 años extraordinarios y dejo atrás infinidad de buenos recuerdos, de buenos momentos, de buenos amigos y compañeros que voy a echar muchísimo de menos», contó.
El periodista quiso ser sincero sobre cómo ha sido su marcha y cuál va a ser su futuro profesional: «Digamos que ha sido una separación de mutuo acuerdo, amistosa, acordada… dura, porque es dura, pero amable», reconoció.
El nuevo mensaje de David Cantero
Cinco días después de conocerse la noticia, durante la madrugada del 11 de marzo, Cantero ha vuelto a escribir en su perfil de Instagram sobre su nueva situación: «Si miro atrás siempre me veo ligado a la televisión, detrás y delante de las cámaras, hasta de niño soñaba con ellas. La tele, una de mis ‘cosas favoritas’… Siempre, desde muy jovencito, he vivido agarrado a una cámara, mirando a través de ella o directamente al objetivo. He sido muy afortunado. He podido ganarme la vida durante 43 años gracias a mi verdadera pasión».
Lo que más ha llamado la atención de este texto ha sido la siguiente afirmación: «Esta es la primera vez en mi carrera que estoy ‘desempleado’. Es una sensación extraña, pero estimulante. No sé aún cómo, ni dónde, pero seguiré en ello».
Además, Cantero también ha agradecido el aluvión de mensajes de cariño que ha recibido durante estos días: «Gracias a todas y a todos por tantísimo cariño, apoyo, respeto y admiración, muchísimo más de lo que nadie merece. No tendré muchos de los galardones periodísticos que otros tienen, pero os aseguro que este es el mejor premio que se pueda desear».
Los años de David Cantero en Mediaset
Tras 28 años trabajando en RTVE al frente de El Telediario o programas como Informe Semanal, Cantero arrancó como presentador de la edición de sobremesa de Informativos Telecinco de lunes a viernes, a partir del lunes 13 de septiembre de 2010. Primero lo hizo junto a Marta Fernández hasta el 3 de diciembre de 2010, después en solitario y desde el 18 de julio de 2011 con Isabel Jiménez, estando acompañados seguidamente por Sara Carbonero(2010-2015), Pablo Pinto (2015-2017), José Antonio Luque (2017-2023), J. J. Santos (2023) y Manu Carreño (2023-2024) en los deportes.
El 29 de diciembre de 2023 se despidió de la edición de sobremesa de Informativos Telecinco para pasar a conducir desde el 20 de enero de 2024 las ediciones de fin de semana de Informativos Telecinco con José Ribagorda y Leticia Iglesias. Desde el 21 de septiembre de 2024 ha estado copresentando las ediciones de fin de semana junto con María Casado, produciéndose el reencuentro de ambos 14 años después de haber estado juntos el Telediario Fin de semana de TVE.
¿Cómo actuamos ante lo inédito, lo nunca habitado, el paisaje jamás visto? ¿Cómo reaccionar ante el desamparo en forma de agua que arrastra y atrapa, que no deja dormir ni aún habiendo cesado, que impide la comunicación y el alimento? ¿Qué hacer frente a lo que nos encierra y no nos permite andar ni a pie, ni en auto, ni en bicicleta? ¿Cómo no pensar en la versión inversa, diabólica, de aquel relato bíblico en el cual Moisés y otros israelitas avanzan por el mar Rojo y las aguas se abren para dejarlos pasar, para salvarlos? En Bahía Blanca fue al revés. El asfalto en las calles, rutas y puentes cedió ante la corriente y se abrieron en dos: tragaron autos, colectivos, camiones; flotaron, colgaron, cayeron. La gente separada y aislada como el ejército egipcio del Éxodo bíblico. Sepultados por el agua.
El Paseo de las Esculturas, a una cuadra de donde vive mi madre, no existe más. Los puentes para ir y venir a la casa de mi hermana y cruzar la ciudad tampoco.
Y muchas casas.
Y demasiadas vidas.
El territorio de infancia con colores pastel de pronto se transformó, como en el tríptico de El Bosco, El Jardín de las delicias, de vital paraíso a lúgubre infierno. Sin el paso intermedio que pintó el artista. Algo abrupto, sin transición más que la violencia del shock.
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Las experiencias traumáticas vividas a veces no sirven para nada. Y la falta de experiencia, en el presente, activa misteriosos mecanismos de supervivencia. En El sabor de la muerte, un texto breve y excelente sobre la catástrofe sísmica en Chile de 2010, el escritor Juan Villoro dice: “Los mexicanos tenemos un sismógrafo en el alma, al menos los que sobrevivimos al terremoto de 1985 en el DF. Si una lámpara se mueve, nos refugiamos en el quicio de una puerta. Esta intuición sirvió de poco el 27 de febrero. A las 3.34 de la madrugada, una sacudida me despertó en Santiago”. (…) “Cuando el movimiento cesó, sobrevino una sensación de irrealidad. Me puse de pie, con el mareo de un marinero en tierra. No era normal estar vivo. El alma no regresaba al cuerpo”.
A veces las experiencias previas, entonces, no nos entrenan, ni nos salvan aunque, ahora pienso, quizá, proporcionen algún protocolo mínimo de acción.
En Bahía Blanca, donde nací y me crié, nos la pasamos quejándonos del viento y de la sequía (y de lo que tarda un colectivo en llegar). Si viajamos hacia el norte, desde la ruta miramos con envidia los campos de la “zona núcleo”. “¡Cuánto verde! ¡Mirá qué gordas esas vacas! ¡No corre una gota de viento! ¡Cómo les llueve, y a nosotros nada!”. Unos días antes del viernes 7, intercambié un mensaje con un amigo escritor, ambos debíamos un cuento para una antología: él pudo escribirlo porque, “desgracia con suerte”, no pudo mudarse y eso le dio tiempo. Se quejaba porque, por la lluvia porteña, se le demoró el traslado. Me mandó un video de evidencia: charcos custodiados por árboles espléndidos. Mi respuesta fue: “Ay, qué te quejás. Ojalá lloviera en mis pagos”. El viernes me llegó su mensaje: “Sos bruja, Dios mío”. “Te juro que no pedí tanto”, me defendí. (La frase hecha “desgracia con suerte” cambia y cambia, ahora eso, para los bahienses, es estar vivos.)
El dato, el número, ayuda a dimensionar: los promedios anuales de lluvia en Bahía Blanca son, aproximadamente, de 623 a 640 milímetros. ¿Quién hubiera podido imaginar que en unas horas iba a caer casi la mitad de lo que llueve en un año? Si las dañinas tormentas de viento o granizo pueden estar en el horizonte de posibilidades de las almas orgullosas nacidas en la capital del básquet, también llamada capital del sur argentino, también llamada capital nacional del cubanito, una inundación como la ocurrida era impensable.
Los habitantes de ciudades con peligro de terremoto, o de sufrir atentados, preparan mecanismos de prevención, refugios y bunkers ante la eventual emergencia (los estados que pueden, y los que no, no; pienso en Israel y Palestina). Nosotros nunca consideramos el agua como amenaza. El agua era una bendición.
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“Hola Sonia. Buenos días. Acá en Bahía llueve mucho y tenemos alerta. Los colectivos no andan. La cuidadora está complicada para ir a lo de tu mamá. Estoy quedándome sin batería. Los celulares no cargan”. Antes de las 10 de la mañana recibo, en Buenos Aires, ese mensaje de una de las empleadas de mi madre.
Mi respuesta fue lo suficientemente tonta y negadora, muy digna del inicio de una secuencia de ridiculeces y desesperaciones que duran hasta hoy.
-Hay que esperar, no se me ocurre otra cosa- respondí.
-Están muy asustadas, el agua no deja de subir.
-Ahora la llamo a mi mamá y le digo que cargue el celular.
-No Sonia. Tienen agua hasta las rodillas. Por La Escondida el agua ya llegó al techo. Dios quiera que esto pare pronto.
Se corta la comunicación.
Apenas tres minutos más tarde me llegan videos de la casa de mi madre, a 700 km de donde estoy. Se ve el agua a la altura de la mesa, y tapando las camas. Me siento como la receptora de un canal de noticias al que “la gente” manda sus denuncias y registros de tragedias. Pronto la sensación se evapora: lo que veo, en la distancia, me pasa a mí, es mi ciudad, es mi casa. Llamo al 911. Mientras, gugleo qué hacer ante este tipo de emergencias. Me felicito por tener aún teléfono fijo, dos armas en cada mano. Alcanzo a oír a mi madre. Dice que tiene frío, que el agua sube rápido. Me siento una mezcla de ministra Patricia Bullrich con ex Ministro Berni, de pronto doy órdenes con una firmeza de la cual no me sabía capaz, y actúo una seguridad ante una situación que desconozco absolutamente. Imperativa, digo:
-Agarren una muda de ropa, la medicación, y la llave de la casa de mi hermano. Es una catástrofe natural, qué va a ser. No llores, hay que actuar.
La respuesta son llantos y gritos. Tan efectiva no soy.
Y, como en las películas con guiones de impacto, se corta, de nuevo, la comunicación. Hubiera preferido evitar ese plot. Al instante llegan imágenes de mi primo Juan Justo, refugiado en la YPF de Alem y Perú: se ve un hombre caminando en la corriente que es ahora la avenida. El agua le llega al cuello pero él mantiene, insensato como casi todos –cada uno en su estilo– el celular pegado a la oreja.
Ese viernes intenté hacer como si nada, “fingir demencia” como se estila decir. Trabajé mientras llamaba a Bahía varias veces por hora. Intenté creer que los trabajadores del 911 habrían rescatado a mi madre. A las 22 hs no pude sostenerlo. Mi hermana me decía que era imposible llegar en auto, venía intentándolo durante horas. Un amigo fue a pie: el barro lo detuvo. Claudiqué. Le envié un mensaje de audio: no pude disimular (del todo) mi desesperación. Me pregunto si mis palabras habrán podido ser unas dignas y amorosas palabrasfinales.
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Durante la mañana del 7 de marzo fui de las primeras receptoras de información directa. Así le sucedió a muchas otras personas como mi amiga Brenda Anselmin, bahiense y psicóloga, que vive en Río Grande, y a otras migrantes de otros puntos del país. Hasta que nuestros afectos bahienses ya no pudieron comunicarse. No era posible conseguir información básica que nos hubiera dado, si no la hubieran cerrado hace un año, la agencia federal Telam: ¿funcionaba la Terminal de Omnibus? Hasta que los medios locales restablecieron sus conexiones y luego llegaron los medios porteños. Entonces la dinámica se invirtió. Nuestra gente en Bahía sabía menos que nosotros. Mi hermano Pablo y mi amigo librero, Benjamín Rodríguez de El Quijote, una de las librerías más lindas, viven en uno de los pocos lugares altos y no sufrieron demasiados daños (el término “demasiados” se volvió relativo: “solo me entró barro y agua 20 centímetros”; “solo colapsó el inodoro y sacó las cosas por arriba, un asco”).
Como conquistadores de una colonia que no conocieran, de pronto vieron las imágenes de la catástrofe sin advertencia ni mediación. Habían creído que se trataba de una lluvia fuerte. Y al avanzar no podían cruzar calles ni puentes. Vieron autos chocados, autos apilados. Muebles flotando. Basura en correntadas. La casa de mi madre con marcas de agua, desde afuera, que llegaron hasta el metro cincuenta y más. Incomunicados, no habían llegado a ver el video viral de las médicas y enfermeras del hospital Penna que rescataron bebés de incubadoras con el agua hasta la cintura, el que me hizo llorar el viernes. El lunes un bahiense me lo comenta durante el poco rato en que tuvo batería como si fuera novedad. Emiliano Marconetto, autor de las fotos que dialogan con este texto, me dice al teléfono: “De pronto aparecíamos en la BBC pero tus amigos a dos cuadras no tenían idea de lo que pasaba”.
Ciudad del Siglo XXI convertida en aldea del medioevo. Sin comunicación ni amparo. Personas duermen en techos, o sentadas en una mesa con el agua fría, en los pies. Personas en su fragilidad, libradas a las fuerzas inagotables de la naturaleza que acecha como si no hubiera urbes. Y los de afuera, los que ahora no estamos ahí, viendo una suerte de reality catástrofe del cual sus protagonistas no tenían dimensión.
El psicólogo Hugo Kern, jefe del Departamento de Salud Mental y Adicciones de la secretaría de salud de la MBB, que existe desde hace diez años conversa con Anfibia por audios de Whatsapp, porque la señal es inestable. Él y su equipo de emergencias psicosociales trabajaron con los evacuados del temporal de diciembre de 2023. Aquel que, con su viento violento dejó 13 muertos y 350 evacuados. Porque las referencias secuenciales aparecen. Dice Kern: “Entra en una seguidilla. La pandemia, el temporal, la granizada. Es una acumulación de situaciones traumáticas que hacen que esto sea demasiado. Encontrarte con la fuerza de la naturaleza y lo imparable de esa fuerza y sobre todo con la vivencia concreta de la fragilidad de la vida”.
En el prólogo del libro “Cuánto dura un temporal”, donde poetas bahienses escriben a partir de testimonios recogidos por el grupo Elijo Leer, escribí:
“Tragedia: expresión lavada por el uso diario, exagerado, poco preciso, en redes y medios. Sin embargo, más allá de la frecuente inexactitud, algo unifica a los eventos que en verdad sí, son tragedias. Y de algún modo, los iguala aunque sean de naturaleza diversa. Tornados, inundaciones, terremotos, desastres nucleares. Son fundantes, determinan el momento crucial, el punto de giro, aquel instante donde todo cambia, el minuto del ‘antes y el después’. Cuando la ciudad y sus paisajes dejan de ser lo que eran y nosotros nos derrumbamos con ellos. Y, sobrevivientes, quedamos abombados, atontados, en shock. ¿Alguien es capaz de entender el ‘acontecimiento’? Se experimenta algo como una primera vez, un segundo nacimiento.
Cada cual recuerda qué hacía, con quién estaba, qué pensó. La gratitud de quien aún respira. Los testimonios reiteran un universal: ‘De a poco nos fuimos enterando de las tragedias. Lo que me pasó a mí no había sido tan grave’, dice uno de los afectados que participaron en el proyecto”.
Ante las inundaciones inéditas vuelve la pregunta de cómo contarlo. Y de establecer analogías y diferencias. Yo, de pronto, me encuentro hablando con metáforas remanidas o absurdas, ese recurso fácil a la hora de tratar de explicar algo tan inentendible.
El lenguaje se resquebraja: un vidrio azotado por el viento, que no terminó de estallar. Los tiempos verbales son provisorios. Las imágenes, caóticas, son una masa confusa. Se superpone y nos hace sentir, revivir, imaginar la experiencia bajo nuevas formas que irrumpen haciendo estallar cualquier cronología.
Hugo Kern dice que las analogías con 2023 existen. “Pero vivimos una situación nueva, de alguna forma inesperada, porque no estábamos preparados para una inundación de este tipo, con el desborde del canal Maldonado, con las calles que se convirtieron en ríos y se llevaron vidas, que son lo más importante. Hoy es peor la cantidad de desaparecidos y de muertos. La ciudad está arrasada. Sin servicios. Y con mucha gente en situación de vulnerabilidad y permaneciendo en centros de evacuados. La extensión es mucho mayor”.
Si bien es cierto que se registra cierta carencia en la organización territorial, varios medios de afuera se hacen eco de las legítimas quejas de las víctimas a las cuales aún no les llegó ayuda -lo cual resalta la organización generosa entre los propios vecinos. Y muchas veces azuzan la desesperación sin tener en cuenta las grandes dimensiones de la ciudad.
En la transmisión continua en vivo del desastre (en medios locales como Apepé, La Brújula, LU2, etc y en los de afuera) las personas entrevistadas oscilan. Por momentos, lloran. Por otros, manifiestan una certidumbre inquietante, esperanzadora, discursos aseverativos reiterados: “Vamos a salir de esta”, “Bahía siempre se recupera”. Adrián Salonia, periodista de C5N, pasó, como el equipo local de Apepé, entre otros, horas y horas recorriendo barrios, con botas de lluvia que no creo lo protegieran del todo en medio del agua. Es un gran detalle que, frente a un entrevistado que se quiebra, le toma el hombro en gesto afectuoso: una práctica de ética y responsabilidad, ante el extractivismo del testimonio para el morbo del click. Su actitud recuerda a lo dicho sobre la cobertura de catástrofes por la premio Nobel bielorrusa, Svetlana Alexievich, en una entrevista de Hinde Pomeraniec donde se menciona la relación entre el cronista y las víctimas. Adrián Salonia me responde desde la localidad de Tornquist, a 76 km de Bahía -porque cuando llegó allí había conexión- recién a la 1 de la mañana, cuando se detiene su jornada laboral. No teoriza. Se reconoce discípulo de Chiche Gelblung; cuenta que “el objetivo es mostrar el dolor de la gente y la cercanía. Mostrarme situado y empático. Antes de salir en vivo pregunto si quieren hablar. No voy de una forma altanera, agresiva, que te llame la atención. Voy tranquilo. Juego en mi cancha. Lo hago hace mucho tiempo”. Periodista experimentado, nunca vio algo así en su vida. Según él, que habla durante horas con gente, nota en cada uno la angustia de haberlo perdido todo, y “el caos de ‘qué voy a hacer ahora’. Se combina el momento vivido y cómo me pongo de pie. El trauma de lo vivido que te lo van contando al aire”.
Un hombre en Ingeniero White muestra su casa destruida y dice que es lo segundo peor que le pasó: el año pasado murió su esposa. Y agrega algo como “ayer llorábamos con mis hijos. Después vinieron amigos, tomamos mate. Es como cuando estás en un velorio. Por ahí te reís.”. Las reacciones van variando. Mi amiga Brenda Anselmin coincide con Kern en la descripción general de las reacciones. “En el primer tiempo, durante la vivencia de la catástrofe en sí, puede observarse un estado de confusión, de perplejidad, de no entender lo que sucede, también una falta total de reacción frente a lo que consideramos como desbordante”.
Ante esa sensación de incertidumbre exacerbada se manifiestan relatos particulares. “En mi experiencia personal ese aporte vino de la mano de mi cuñado. Tras haber caminado, nadado y sorteado todo tipo de obstáculos para poder llegar a su casa en medio de la inundación, me escuchó decir que desde esta localidad (Río Grande) estábamos juntando agua para enviar. Su respuesta fue única, valiéndose del humor y su agudeza en el intento de ligar ese exceso de lo vivido. Y respondió: ‘¿Agua? Agua tenemos un montón, manden vino, cerveza’”
El psicólogo Kern agrega que lo común es creer que es transitorio, que va a pasar; son los mecanismos de negación. “Después entra en una etapa de acción en la que pueden pasar dos cosas. Las reacciones básicamente de aquellas personas que no pueden hacer nada y que se entregan. Y de aquellas personas que se ponen en movimiento. Que se enojan también. Pero a partir de ese enojo y de buscar un culpable a veces, por lo menos entra en un proceso de actividad que vuelve un poco más factible que las cosas se vayan reordenando. Si uno se queda paralizado y se empieza a deprimir de alguna forma, es posible que la situación te arrase”. Estas situaciones de incertidumbre son ideales para las teorías conspiranoides, dice Kern, “como pasó en la pandemia”. El periodista Joaquín Baridón, director de Apepé, entrevistado por María O’Donnell hace referencia a las noticias falsas que circulan estos días: que el agua está contaminada, que se viene otra tormenta feroz. Los bahienses recordamos cuando, durante el temporal de 2023, se decía -sin ningún tipo de prueba- que se escondían cuerpos.
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En línea con lo dicho por Maristella Svampa sobre el fuego en la Patagonia, Kern remarca que el sentimiento humano es mucho mayor en las condiciones de vulnerabilidad. “Vulnerabilidades que son anteriores al momento de la catástrofe. Por eso siempre las catástrofes naturales son también sociales, porque se montan sobre la fuerte desigualdad de nuestra sociedad”. Es central la condición de vulnerabilidad psicosocial: los sectores populares están más expuestos. Cuentan con menos redes de apoyo, que hacen que no les quede otra alternativa que acudir a refugios. “Cuanto más vulnerable la persona, peor transita esta situación. En la pandemia, las personas que tenían que ganar el mango día a día y no podían salir a trabajar, tenían una situación distinta a quienes tenían un sueldo asegurado. Las personas que vivían en instituciones y estaban encerradas, geriátricos o centros mentales, los pibes en situación de calle. Todo eso genera una mayor vulnerabilidad. Inclusive la aparición de personas que intentan obtener algún tipo de beneficio en esta situación de crisis”.
Los hechos de vandalismo y robos, en el relato de varias personas, son el motivo por el cual mucha gente se niega a que la evacúen. Y eso en todos los barrios: el fotógrafo Emiliano Marconetto vio cómo quisieron robarle el auto en el centro.
Cuando arrancó la pandemia circulaba como eslogan “vamos a salir mejores de esto”. Pronto se comprobó que no era tan así. “Tendemos a pensar que el sufrimiento nos hace más buenos y el sufrimiento muchas veces nos hace peores. Tiene que haber un espacio mental, psicológico, para poder procesar ese sufrimiento y hacer que no sea un sálvese quien pueda, más entre el discurso social que estamos viviendo, que nos deja un poco librado a las lógicas del mercado, que no tienen en cuenta estas cosas”, dice Kern. El acompañamiento en los centros de evacuación es importante. “La gente llega queriendo no llegar. Llega desconcertada, arrasada por la situación. Llegan a un lugar traídos por las circunstancias”. Sostener la armonía en esa situación de convivencia no elegida es complejo, se dan situaciones de agresividad y tensión. Y también en barrios a los cuales es muy difícil acceder, como vemos en los medios, y el clima de bronca e irritabilidad es grande. “La desesperación está muy cerquita del odio y desde el odio no se construye”.
En Bahía Blanca, como sucedió en las inundaciones de La Plata, la gente saca a la vereda las cosas mojadas que no sirven más. Entonces los recolectores aparecen enseguida para evitar la acumulación en la vía pública. Cuenta Hugo Kern que, al mismo tiempo, “hay gente que pasea por ahí porque es muy llamativo ver cosas como tres autos apilados uno arriba de otro”. En un momento, el conductor de un coche de alta gama, nuevo, impecable empieza a tocar bocina con insistencia. Entonces uno de los recolectores baja, se acerca y trata de hacerlo reflexionar:
–¿Vos entendés que también podría ser tu casa la que estamos tratando de despejar?
–A mí no me importa, dejame seguir.
El recolector de residuos mostró más dignidad y sentido de comunidad que el de la persona que circulaba con su auto limpio.
“Acá aparece lo mejor y lo peor del ser humano. Las dos cosas surgen en una misma situación”.
Más del 70% de los bahienses, según informó el intendente Federico Susbielles, sufrió graves daños. Para reconstruir la ciudad, que ya no será la misma, se estima que se necesitarán 400 mil millones de pesos. Hay 16 muertos y 94 desaparecidos, al 11 de marzo. Las fuerzas estatales, desde el ejército al municipio no son suficientes. “Las necesidades básicas insatisfechas generan un nivel de estrés y de sufrimiento impresionantes”, dice Kern. En estas catástrofes, lo primero que se corta son las líneas y nada de lo que damos por sentado funciona. Ni cajeros, ni conexiones. Y no parecen ser las empresas quienes vayan a salvarnos sino los vecinos que recuperan el sentido de comunidad. El trabajo de voluntarios, ONGs, iglesias evangélicas, católicas, clubes de varias ciudades que organizaron colectas. Y además de las convocatorias de bahienses célebres, desde Manu Ginobilli, a Lautaro Martínez y el joven futbolista de Independiente, Lautaro Millan, entre otros, quienes se destacan son las personas que se ponen la tragedia al hombro. Las que se organizaron no solo para rescatar vecinos sino para llevar viandas, agua, abrigos, ayudar a limpiar.
Las coordenadas espaciales son más tangibles que las temporales. Es difícil calcular los tiempos, dice Kern. Y pienso en el fastidio, y el cansancio, el agotamiento. “Esto es un primer tiempo. Siempre vivimos con cierto nivel de incertidumbre. Pero acá hay que reconciliarse con esa incertidumbre. Va a ser una situación difícil. Está fuera de nuestras posibilidades manejarlo, y hasta te diría, de comprensión. No sé cuando van a llegarte estos mensajes porque hay problemas con las conexiones”.
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Mi madre está viva. Durante mil horas pensé que no: el agua le había llegado al pecho. La puerta de madera, hinchada, no se abría.
Cuando supe la historia y tuve que contarla recurrí a imágenes y frases remanidas de habla cotidiana y a representaciones pop. No la rescataron los del 911. Unos vecinos se convirtieron en héroes. Rompieron una ventana alta desde el techo y se tiraron por ahí como unos hombres arañas acuáticos. Arrancaron la madera ya floja del sillón y la transformaron en una suerte de camilla flotante. La ataron ahí con su perrito León encima. La puerta de calle no aflojaba, otros chicos, desde afuera, ayudaron a abrirla. La sacaron hacia la correntada. Luego volvieron, como rescatistas profesionales, por Fátima, la cuidadora, y la gata Irina, que los rasguño y no se dio el lujo de la evacuación. Las llevaron a lo de una vecina hasta entonces desconocida, del edificio de al lado que albergó, en su monoambiente del segundo piso, a unas 12 personas. Según mi madre, en aquellas horas, casi no hablaron. Tenían hambre. La anfitriona ofreció mate y cocinó un bizcochuelo.
También le conté a un colega: “El Paseo de las Esculturas es ahora un río de la plata intraurbano”. Luego me di cuenta de que él, porteño, no debía tener idea de lo que era esa plaza alargada, sobre el hoy colapsado entubado del Napostá, que llega hasta el Parque de Mayo, donde andábamos en bici, corríamos, tomábamos mates, comprábamos cubanitos en los carritos, paseábamos los perros. Y donde los adolescentes y adultos se juntaban a escuchar música con parlantes o en sus autos con las puertas abiertas.
No es lindo ser una Venecia improvisada del Sudoeste bonaerense pero por suerte esa imagen no se me ocurrió. En estos días, el escenario muestra una acción vejatoria de la naturaleza con la intimidad humana. Ropa, muebles, adornos, libros, juguetes, sábanas, de nuestros nidos domésticos de pronto expuestos, rotos en forma y función, en la intemperie salvaje de las veredas.
En la actualidad, parece que uno de los principales baluartes de la experiencia cinematográfica es la extensa duración de las películas. Una cualidad antagónica a los tiempos de la inmediatez en los que vivimos y sobre todo, que consumimos a nivel audiovisual. La viva prueba de ello se manifiesta en cintas de perfiles aurorales como Los asesinos de la luna de Martin Scorsese o la reciente The Brutalist, de Brady Corbet. Pero la tendencia sobre la prolongación de los metrajes no se reduce únicamente a las piezas más llamativas de la temporada de premios, sino también de aquellos productos comerciales que despliegan grandes presupuestos y que pretenden asombrar a los espectadores a cada plano, el mayor tiempo posible. Ahora, la nueva acometida en este sentido será-cero sorpresa-Avatar 3. Pues el director James Cameron ha revelado en una reciente entrevista la duración exacta que tendrá el cierre de la primera trilogía sobre Pandora y los Na’vi.
Desde que en 2009 estrenase la primera entrega de la multimillonaria franquicia, el realizador canadiense no tiene otra cosa en mente más allá de realizar un seguimiento exhaustivo de una obra que va camino de convertirse en la propiedad intelectual con más dinero acumulado (en menor cantidad de películas) de la historia del celuloide. Porque entre otras cosas, el largometraje original es el filme más taquillero en el recorrido comercial de la industria de la exhibición, manteniéndose en el Top 1 de la lista gracias a los 2.923 millones de dólares aunados en el estreno y en sus sucesivos regresos a las salas. La secuela, Avatar: El sentido del agua (2022) tampoco se queda muy atrás. La continuación tardía ocupa el tercer puesto en el top, habiendo configurado una cartelera con 2.320 millones de dólares. Por lo que se espera que Avatar 3 mantenga la misma senda y al menos, termine en un puesto alto de la prestigiosa lista.
La duración de ‘Avatar 3’
Avatar 3 en realidad, llevará por título oficial Avatar: Fuego y ceniza. Presentándonos por primera vez a una tribu de Pandora que no será tan pacifista como los dos clanes que hemos conocido en las entregas anteriores. Avatar duró 161 minutos (2 h. y 41 minutos), Avatar: El sentido del agua tuvo una prolongación del metraje en 192 minutos (3 h. y 12 minutos). Avatar: Fuego y ceniza no tiene todavía un duración oficial, pero Cameron ya ha contado que será todavía más larga que la secuela bajo el motivo de un desarrollo más extenso de los personajes.
«En pocas palabras, teníamos demasiadas grandes ideas concentradas en el primer acto de la segunda película. El sentido del agua se movía como un tren bala y no profundizábamos lo suficiente en los personajes. Así que dije ‘Chicos, tenemos que dividirla’», explicaba el director de Terminator, Mentiras arriesgadas y Titanic. Por ello, Cameron tiene claro que estaremos todavía más tiempo sentados en las butacas:
«La tercera película será un poco más larga que la segunda», le contaba el autor a Deadline. De esta forma, sabemos que Avatar 3 durará por encima de las tres horas y teniendo en cuenta el tiempo de exposición de la anterior, la cosa podría estar en torno a las tres horas y media.
La cinta volverá a contar con Sam Worthington y Zoe Saldana en los papeles protagonistas principales y también, tendremos el regreso de Stephen Lang, Jack Champion, Bailey Bass, Jamie Flatters, Cliff Curtis, Britain Dalton y Sigourney Weaver. Entre los nuevos personajes e intérpretes que encontraremos en la tercera parte están la ganadora del Oscar, Michelle Yeoh y Oona Chaplin. La sinopsis oficial que por el momento tenemos de Avatar: Fuego y ceniza es la siguiente: «La tercera entrega de la saga Avatar, presenta al Pueblo de las Cenizas, un clan Na’vi no tan pacífico que utilizará la violencia si lo necesita para conseguir sus objetivos, aunque sea contra otros clanes».
¿Cuándo se estrena?
Avatar: Fuego y ceniza llegará a los cines el próximo el 19 de diciembre de 2025. No obstante, ya están programadas tanto Avatar 4 como Avatar 5. La primera llegará en 2029 y la siguiente en 2031. Lo que llevará a que Cameron tenga 76 años cuando termine su saga. Eso sí, entre la dos próximas cintas, el director estrenará Last Train From Hiroshima. La adaptación de la dilogía de libros de de Charles Pelllegrino (‘Last Train From Hiroshima’ y ‘Ghosts of Hiroshima’) que narra los hechos reales de un hombre que sobrevivió a los bombardeos nucleares de Hiroshima y Nagasaki.
La crisis generalizada del mercado de la exhibición no es ningún secreto en Hollywood, pues ya nada parece garantizar un éxito asegurado en el box office internacional. Ni tener a estrellas de cine como protagonistas, ni la visión de un gran cineasta tras las cámaras y ni siquiera, el propio hecho de pertenecer a una franquicia reconocida. Los espectadores cada vez acuden menos a las salas y en la industria todavía no saben como poner remedio a que el público tradicional ahora reciba el nombre de «suscriptores» y que estos, prefieran consumir los contenidos audiovisuales en sus hogares. La última en protagonizar esta tendencia peyorativa para el negocio ha sido Mickey 17. El filme de ciencia ficción protagonizado por Robert Pattinson ha tenido un estreno muy pobre y todo apunta a que Warner Bros tendrá en consecuencia, grandes pérdidas económicas por ello.
Una de las principales alternativas para paliar la audiencia deficitaria de la cartelera pasa por crear productos cinematográficos menos arriesgados. Porque Mickey 17 ha tenido un presupuesto de casi 200 millones de dólares, si contamos su gasto promocional. Y eso, teniendo en cuenta la tipología autoral de su planteamiento, es un error estratégico considerable para una compañía que debía saber ya lo que hacía al poner el proyecto en manos de un cineasta como Bong Joon-ho (Parásitos). Porque en realidad, Mickey 17 no es otra cosa que una sátira de ciencia ficción sin una gran ambición por la espectacularidad y a pesar de las buenas críticas, el boca a boca entre el público no parece estar funcionando. En la taquilla estadounidense, la cinta ha aunado 19 millones de dólares, llegando a superar los 50 en el primer recorrido internacional de un fin de semana que ha terminado de sepultar a la última proyección de Marvel, Capitán América: Brave New World.
Los presupuestos altos lo tienen difícil
El ejemplo reciente de la casa de las ideas viene a reiterar el cambio de paradigma en la meca del cine. Porque Capitán América: Brave New World lleva recaudados 370 millones de dólares en todo el mundo, pero al igual que le acaba de ocurrir a Mickey 17, su inversión presupuestaria es completamente excesiva como para que el retorno de la asistencia a las salas pueda cubrir ese gasto desmesurado que en otro tiempo, habría sido inequívocamente sencillo de recuperar.
De hecho, si repasamos los últimos grandes fracasos taquilleros del cine comercial, la mayoría de ellos poseen unos presupuestos un tanto descabellados para estos tiempos donde cada vez es más complicado atraer a los espectadores al patio de butacas. Furiosa costó 168 millones de dólares,El especialista tuvo una partida 130 millones y Joker: Folie à Deuxpartió de un desembolso de 200 millones de dólares. Cifras que llevan a que dichas películas tengan que recaudar muchísimo dinero para comenzar a ser rentables. Así, esto es lo que le sucederá a Mickey 17 si no logra al menos, alcanzar entre los 250 y los 300 millones de dólares. A partir de ahí, el trabajo del realizador surcoreano comenzará a poder obtener beneficios para la major.
¿De qué trata ‘Mickey 17’?
La sinopsis oficial de Mickey 17 es la siguiente: «Mickey 17 es un miembro de una tripulación prescindible que ha sido enviado a un planeta congelado para colonizarlo. Cada una de las muertes de sus clones anteriores ha supuesto un avance sideral para la empresa para la que trabaja. Pero después de un fallo y tras la no muerte de Mickey 17, Mickey 18 aparece a la mañana siguiente bajo una legislación que prohibe que dos mismos clones puedan convivir al mismo tiempo».
Además de tener a un Pattinson por partida doble, Mickey 17 concentra en su reparto a nombres como Naomi Ackie (Parpadea dos veces), Mark Ruffalo (Shutter Island), Toni Collete (Hereditary), Anamaria Vartolomei (El conde de Montecristo) y Steven Yeun (Minari), entra otros. En la fotografía, el filme contó con el responsable visual de Seven y Midnight Paris, Darius Khondji.
Mickey 17 sufrió muchos retrasos por parte de Warner y desde la prensa norteamericana, se filtraron varios rumores de que al estudio no le había convencido nada el montaje final del cineasta. Todo apunta a que la cinta no alcanzará las previsiones de la marca, mientras Joon-ho está sumergido ya en su nuevo proyecto. Una cinta de animación todavía sin título que versa sobre un drama con criaturas de las profundidades marinas y seres humanos. Tras su paso por cines, lo más probable es que Mickey 17 termine llegando a principios de mayo a la plataforma de Max.
Desde el éxito indiscutible de la serie La casa de papel, las series sobre atracos se han multiplicado. En las plataformas de streaming hemos podido disfrutar de series como Tú también lo harías en Disney+ o El robo del siglo, El asalto al Banco Central y Caleidoscopio en Netflix. La novedad es que estas series no se centran solo en el robo, sino que también nos explican los problemas personales de los protagonistas y las razones por las que han tomado la decisión de perpetrar el atraco. Para los que les gustan este tipo de ficciones, otra buena opción puede ser la serie Ladrones: la tiara de santa Águeda que se estrenará el próximo 18 de junio en la plataforma de streaming Disney+, dirigida por Inma Torrente (Valeria, Los enviados) y protagonizada por los actores Álex González, Silvia Alonso y Asier Etxeandia. Esta nueva serie narra un robo imposible que tiene lugar en una isla paradisíaca y se puede definir como un thriller en el que se combina la acción, la aventura y el romance.
La serie Ladrones: la tiara de santa Águeda ha sido producida por Disney+, que sigue apostando por las ficciones españolas, en colaboración con Plano a Plano (El príncipe, Allí abajo, Valeria, Un cuento perfecto). Una serie de solo 6 episodios que viene a rellenar el vacío dejado por La casa de papel, ya que, aunque ya se está rodando la temporada 2 del spin-offBerlín, sus seguidores tienen ganas de más robos y amores imposibles. Esta serie ha sido rodada en localizaciones de República Dominicana, Málaga y Madrid y puede ser una buena opción para los seguidores de La casa de papel.
Esta nueva serie de atracos imposibles está dirigida por Inma Torrente (Valeria, Los enviados), aunque ha contado con Alejandro Bazzano (Mar de plástico, La casa de papel, Cicatriz) como director de dos episodios. Los creadores son los guionistas Verónica Marzá (Mar de plástico, Cicatriz), Pablo Roa (Vis a vis, La casa de papel, Cicatriz) y Fernando Sancristóbal (La casa de papel, Tierra de lobos). El actor Álex González junto con Verónica Marzá, Pablo Roa, César Benítez y Ángel Armada son los productores ejecutivos.
¿Qué pasa en la serie Ladrones: la tiara de santa Águeda?
La protagonista de esta serie es Amber (Silvia Alonso), la cual es una de las más brillantes ladronas del mundo que, después de un robo fallido en Las Vegas, prepara su próximo golpe. Esta vez el objetivo de esta atrevida ladrona será la tiara de santa Águeda, una joya valorada en 240 millones de dólares, que portará durante su boda la hija del magnate mexicano del petróleo Emilio Villegas (Asier Etxeandia) y que se encuentra en Isla Esperanza, un lugar perdido en el Pacífico.
Amber lleva tres años preparándose para realizar el robo y para lograrlo se ha infiltrado en la familia Villegas como institutriz. Este plan se tuerce cuando aparece en la isla el ladrón Rui (Álex González) con el que tuvo una complicada relación en Las Vegas durante otro de sus atracos.
La vicepresidenta de producción original de Disney+ España Sofía Fabregas ha indicado lo siguiente sobre esta producción: ·»Desde Disney+ España estamos orgullosos y satisfechos de dar un paso más en nuestra producción original y continuar con nuestro compromiso con ficciones de calidad que lleguen a todos los espectadores. Ladrones: la tiara de santa Águeda, es una ambiciosa serie enmarcada en el género de robos que ofrece ingredientes de comedia romántica y de acción. Además del gran trabajo de guion de los creadores Verónica Marzá, Pablo Roa y Fernando Sancristóbal; Álex González y Silvia Alonso elevan cada secuencia consiguiendo una serie única y adictiva».
El reparto de esta serie de acción, comedia y misterio
Los protagonistas de la serie Ladrones: la tiara de santa Águeda son el actor Álex González, al que conocemos por ficciones como Desde el mañana, Operación Marea Negra, El Príncipe y Vivir sin permiso, y la actriz Silvia Alonso a la que hemos visto en Sin instrucciones o ‘Fuerza de Paz, También tiene un papel de peso el actor Asier Etxeandia al que hemos visto en ficciones como Dolor y gloria, La novia o Sky Rojo.
Además en el reparto de esta serie, están los actores Antonio Pagudo, Olga Hueso, Albert Baró, Alicia Jaziz, Jan Buxaderas, Eduardo Gómez, Cumelén Sanz, Oliver Ruano, Milena Radulovic, Saibon Wang y Ainhoa Santamaría, entre otros muchos.
La serie Ladrones: la tiara de santa Águeda es uno de los estrenos más esperados de 2025 en Disney+. Además, a esta plataforma de streaming van a llegar este año las series Daredevil: Born Again, la temporada 4 de The Bear, la temporada 2 de Andor, Alien: Planeta Tierra, Ironheart, Entrepreneurs, Paradise, Chad Powers, Custodia compartida y Pesadillas: La desaparición.