Autor: Invitad@ Especial

  • Georgalos vuelve a suspender trabajadores y reduce los sueldos un 20 por ciento

     

    Se profundiza en Georgalos la crisis desatada en el último trimestre de 2025. Ahora, la empresa notificó una nueva tanda de suspensiones, que involucra a delegados sindicales y personal con más de 30 años de antigüedad.

    Finalizado el proceso de suspensiones que se extendió por tres meses y que acaparó a la totalidad de los 600 operarios de la planta de Victoria, ahora el nuevo periodo de suspensiones arranca con una tanda de 20 trabajadores, los que sufrirán un recorte del 20% en sus salarios.

    A fines del año pasado, el argumento de la empresa que produce el clásico Mantecol fue un drástico derrumbe en las ventas.

    Pero en el sector también hacen acuse de recibo del golpe que representa la importación de golosinas y alimentos desde Brasil, que alienta el gobierno de Milei.

    Los dueños de la empresa que lanzó los caramelos «No hay plata» remataron la fábrica por la caída de ventas

    Ahora, tras conocerse el sostenimiento de las suspensiones, se realizaron asambleas para debatir la ilegalidad de esta medida aplicada mediante el artículo 223 bis, que habla de suspensiones por fuerza mayor o falta/disminución de trabajo no imputables al empleador.

    La apertura total de importaciones está barriendo con la industria nacional de golosinas. Sólo en las últimas semanas cerró la histórica fábrica de alfajores La Paila en Córdoba y la empresa que sacó los caramelos mileistas «No hay plata», tuvo que vender su fábrica.

    En la planta hay malestar con la pasividad del gremio de la alimentación (STIA) y reclamaron una acción «urgente» para repudiar las suspensiones y el adelantamiento compulsivo de vacaciones que -alertan- pueden ser un preludio de una avanzada de reducción de personal. 

    La crisis de Georgalos es apenas un caso más del desastre que está causando en la industria la apertura sin freno de las importaciones que Milei y Caputo instrumentan con la idea de frenar la inflación, que igual se les está escapando

    La apertura total de importaciones está barriendo con la industria nacional de golosinas. Sólo en las últimas semanas cerró la histórica fábrica de alfajores La Paila en Córdoba y la empresa que sacó los caramelos mileistas «No hay plata», tuvo que vender su fábrica. Mientras que la planta de cerveza Corona que se había inaugurado en el 2020 también redujo fuertemente su dotación de personal, por la caída de ventas.

    La histórica fábrica de tractores Pauny entró en crisis y cae la imagen de Milei

    Pero la caída se traslada a todos los sectores industriales. La fábrica de tractores Pauny está en una situación muy delicada, igual que Metalfor. Y la fábrica de neumáticos Fate directamente cerró, en un evento que sí golpeó a una sociedad que hasta ahora parece adormecida ante el cierre de fábricas.

     

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    Para el fútbol en protesta contra el gobierno de Milei

     

    La AFA convocó un paro de partidos entre el 5 y 8 de marzo en protesta por la acusación de evasión impositiva impulsada por el gobierno de Javier Milei y organismos fiscales; el conflicto entre deporte y políticas públicas avanza con fuerte impacto en clubes y economía del sector.

    Por Ignacio Elfrantini para NLI

    Paro y protesta estructural del fútbol argentino

    La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) decidió suspender los partidos oficiales entre el jueves 5 y el domingo 8 de marzo de 2026 como forma de protesta contra la acusación de evasión impositiva impulsada por organismos fiscales vinculados al gobierno de Javier Milei y la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA). La decisión fue votada por unanimidad en el Comité Ejecutivo y se presenta como un gesto de rechazo explícito a la presión judicial y fiscal que enfrenta el fútbol argentino.

    El presidente de Vélez Sarsfield sostuvo que “se está declarando una guerra contra el fútbol”, destacando que el paro no responde solo a una causa deportiva sino a una fractura política más amplia entre el mundo del deporte y las políticas estatales.

    Conflicto fiscal y acusaciones de evasión impositiva

    El trasfondo del paro es un conflicto fiscal de alta gravedad, donde la Dirección General Impositiva (DGI) y la ARCA ampliaron denuncias penales contra la AFA por presuntas irregularidades impositivas que superan ampliamente los $11.700 millones en retenciones de impuestos y aportes previsionales que, según el fisco, no habrían sido ingresados en tiempo y forma.

    Esta denuncia se inscribe en una perspectiva de intervención estatal más agresiva, donde el organismo recaudador busca aplicar la Ley 27.430 y calificar la conducta fiscal de la AFA como apropiación indebida de tributos. El monto investigado oscila incluso por encima de los $19.300 millones cuando se suman las ampliaciones presentadas por el propio gobierno, lo que incrementa la magnitud del conflicto fiscal y político.

    Impacto en clubes, economía del fútbol y debate público

    La medida adoptada por la AFA no solo tiene implicancias deportivas, sino económicas y de comercio para los clubes y el ecosistema del fútbol profesional en Argentina. La suspensión de partidos interrumpe la agenda comercial de la liga, afecta contratos televisivos, impacta en ventas de entradas y merchandising y genera incertidumbre en los sponsors. Esto podría traducirse en pérdidas significativas para entidades que ya operan con márgenes ajustados y dependen de los ingresos por espectáculo y derechos.

    Además, el paro expone el conflicto entre las políticas impositivas del Estado y el modelo económico y organizativo del fútbol argentino, tradicionalmente basado en clubes y asociaciones civiles sin fines de lucro. La presión fiscal y el foco en las retenciones no ingresadas han añadido un elemento de inseguridad jurídica que complica la planificación financiera de los clubes.

    Tensión política y percepción pública

    La disputa entre la AFA y el gobierno de Milei excede lo técnico: se ha politizado fuertemente y se percibe como un choque de modelos. Sectores del deporte consideran que la acusación fiscal obedece a un intento de socavar la autonomía del fútbol argentino y, en algunos casos, de forzar modelos de gestión más privatizados, como las sociedades anónimas deportivas (SAD) promovidas por algunos sectores del gobierno en el pasado reciente.

    Este clima de tensión se refleja incluso en la opinión pública y en el mercado, ya que la posibilidad de interrupciones de torneos genera incertidumbre en inversores, clubes y fanáticos, y coloca al fútbol como un actor relevante en el debate político nacional. El asunto fiscal y la protesta deportiva podrían influir también en la agenda de discusiones económicas más amplias en el país, donde la relación entre el Estado y los sectores productivos continúa siendo un tema central.

     

  • Nosotros también nos estamos derritiendo

     

    Fotos: La Conquista del Hogar, Adriana Lestido, 2022

    La modificación a la Ley de Glaciares es una amenaza directa al pulso vital de las nacientes de treinta y nueve ríos, cuyas cuencas sostienen la vida mucho más allá de las cumbres. Casi la mitad de esos caudales vienen de sistemas glaciares de los Andes áridos, donde el hielo se infiltra en un viaje invisible hacia el territorio de manera interprovincial, abasteciendo a localidades incluso cientos de kilómetros aguas abajo. 

    Hace dieciséis años, cuando la crisis climática apenas era un diagnóstico, la Ley de Glaciares nació de un concenso pionero entre la comunidad científica y la ciudadanía. La Ley establece protecciones mínimas para los cuerpos de hielo y así garantiza el recurso a siete millones de argentinos. Impide, por ejemplo, el extractivismo minero y petrolero donde existen fuentes de agua dulce. Pero bajo supuesto lobby de la “Mesa del Litio” y la “Mesa del Cobre”, Milei envió al Congreso una reforma a esa ley que pretende fragmentar esa protección federal: habilita que este tipo de proyectos, a través de un trámite administrativo ante cada gobierno provincial, puedan ser ejecutados sobre un glaciar. 

    En total, una de cada cinco personas de nuestro país depende del agua que baja de la cordillera. A su vez el 20% de la infiltración a las cuencas depende no solo de los cuerpos glaciales principales, sino del ambiente periglacial. Esa zona congelada alrededor de los principales cuerpos de hielo, junto a glaciares de escombros y nieves perennes, pueden aportar hasta la mitad del agua para la población cordillerana en épocas de estrés hídrico. Esto no es sólo el agua que tomamos, sino también la que estructura todas las actividades humanas, incluyendo el cultivo de alimentos luego comercializados en todo el país. Entender que somos partes de las cuencas en que vivimos es dimensionar hasta qué nivel el agua está inscripta en toda nuestra materialidad. Lo que tocamos, comemos, tomamos, depende de la disponibilidad del agua. Y al menos hasta ahora, la humanidad no pudo desarrollar ninguna infraestructura que sea capaz de reemplazar la función del hielo como fuente de agua.

    La pérdida acelerada de la criosfera andina por el desequilibrio climático reduce la disponibilidad y la estabilidad del agua en gran parte de la Argentina, afectando directamente a cuencas que dependen de glaciares, nieve y ambiente periglacial, y empeorando el estrés hídrico estructural para la mayor parte de nuestro país.

    ¿Qué conflictividad institucional van a generar las empresas mineras y petroleras que se apoyen en una reforma inconstitucional para avanzar en sus actividades? ¿Cuánta licencia social habrá para acaparar agua cuando el sueldo no alcance para bidones? El intento de vaciar la Ley de Glaciares por parte del sector minero es histórico, pero aparece ahora asociado a una ola de retrocesos en la gestión del agua en Argentina que incluye privatizaciones y vaciamientos estructurales varios. En los últimos dos años la política hídrica nacional viene apoyando la destrucción de  las estructuras estatales para dejar en (pocas y extranjeras) manos privadas el poder de decisión sobre la trama de la vida. 

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    Edilsa Ibañez llega al comienzo del páramo colombiano donde creció. Al pie de la pradera de montaña y antes de empezar a echar pata, pide permiso. Sabe que la sierra da paso a quien entiende que en su espacio no hay sólo un recurso, si no un compañero de vida, un sostén. Para quienes habitan todos los días un entorno así, es cotidiano encontrar en ese paisaje un pedazo del propio corazón. Edilse es una  mujer paramera. Su casa  es lo que antes era nombrado tierra adentro, pero ahora es un parque nacional, territorio concesionado al resguardo del pueblo U´wa. Es guía de montaña y vive echando pata, subiendo y bajando de la sierra como modo de vida. Su identidad está inscripta en los glaciares de la sierra del Cocuy, y por esto está en peligro. A lo largo de esas superficies congeladas se criaron, se enamoraron, aprendieron a vivir en sintonía con los tiempos de la montaña, Ahora intentan proteger sus formas, ante la amenaza que significa la crisis ambiental para ese territorio.

    El hielo se derrite, y la que fue la masa continua de nieve más grande de Sudamérica al norte de la línea del Ecuador hoy está fragmentada en quince pequeños glaciares. Para un pueblo criado entre lo congelado, la muerte del hielo implica también su muerte. El quiénes son depende de su entorno de la forma más profunda posible. A los glaciares los U´was los llaman “zizumas”, es el lugar de descanso de grandes sabedores. Hasta dicen que el glaciar-zizuma fue parte de la creación del mundo. Si los Zizumas se derriten, ¿a dónde irán los antepasados?

    Cerca de los veinte picos nevados que el pueblo U’wa entiende como parte de su identidad, empiezan en la Cordillera de los Andes. A lo largo de más de siete mil kilómetros, cientos de picos montañosos alojan a una enorme cantidad de biodiversidad de alta montaña, a lo largo de la cordillera y hasta llegar a Tierra del Fuego y hundirse en las aguas congeladas del Cabo de Hornos. Las conexiones culturales con las cumbres, sus aguas y sus cuencas son distintas para cada comunidad. La creación conjunta es evidente en la identidad de Edilsa y de la Sierra. ¿Cómo se conectan las culturas argentinas con esos cuerpos de hielo, con sus aguas? ¿Qué porción de quiénes somos se pone en juego si la Cordillera se reparte como una torta?

    Sobre el otro contorno de nuestro mapa, el litoral ostenta una identidad indivisible con sus humedales, bajantes y crecientes que pulsan en la gran cuenca del Paraná-Plata. ¿Pero cuántas canciones hay para el Mar Argentino? ¿O para las nieves antárticas? Disputas como la del Río Paraná o la exploración offshore en costas bonaerenses,  los reclamos de soberanía sobre el Mar Argentino cobraron mayor protagonismo en nuestra discusión social y política frente al negacionismo climático  del oficialismo.  La expedición a las profundidades del Mar Argentino realizada por el CONICET es uno de los ejemplos más interesantes para inscribir el territorio en la cultura. Personajes como la estrella culona ingresaron ahora al inconsciente colectivo, y ahora viven en dibujos infantiles, memes  y remeras . La conexión cultural entre el océano y la argentina se ha transformado. Sabemos que en esas aguas hay mucha vida más allá de la humana, y tal vez ahora también ahora esté un pedazo del corazón del pueblo argentino.

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    En ningún lugar del mundo natural el agua existe de forma inodora, incolora e insípida. Sus tonalidades, aromas y sabores son tan variados como los ecosistemas que la producen. Si las temperaturas se acercan a cero grados, cambian sus formas: puede estar congelada, en estado sólido o con porciones cristalizadas. A esa dimensión se la llama “criosfera”, elemento que no es exclusivamente hielo o agua, sino un “gradiente”, espectro de congelamiento fundamental para el balance climático planetario que incluye glaciares, hielos polares, nieve, hielos marinos o el permafrost, esas porciones de suelo, roca o sedimentos que se encuentran congeladas permanentemente. Como los humedales, los glaciares y las nieves andinas son reguladores estacionales: almacenan agua en invierno y la liberan en primavera y verano. 

    La retirada de los glaciares de montaña es global, y esto tiene implicancias irreversibles para la disponibilidad de agua dulce en lugares que no dependen de lluvias locales. Lo confirma el último informe global del Estado de la Criosfera: el daño es mucho más acelerado de lo que se esperaba. Esto tiene un impacto directo en los sistemas hídricos mundiales, por el efecto en la regulación estacional: cada vez habrá menos acceso al agua.  Después de la Antártida, la Patagonia es la región global que mayores campos de hielo alberga.  Y la que experimenta la pérdida más severa. 

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    «Quisiera tener un monte // en un lugar provinciano // 

    para sentir lo sagrado // a la hora en que el silencio // teje las rondas del canto«,

    Atahualpa Yupanqui 

    En Argentina falta agua. El estrés hídrico es estructural: en casi dos tercios del territorio nacional, la necesidad de agua es siempre mayor que su disponibilidad. Y si bien la cuenca Paraná-Plata no tiene escasez crónica, la bajante de los últimos años ya está generando una enorme inestabilidad hídrica. Mendoza, en cambio, vuelve a estar desesperada: este 2026, en la provincia sólo habrá el 61% del agua de la media, según el Departamento General de Irrigación,  principalmente porque en invierno no hubo nieve. Desde hace 25 años los mendocinos padecen la sequía hidrológica, y a pesar de eso la alianza entre Cornejo y la Libertad Avanza insiste en implementar proyectos mineros que consumen enormes cantidades de agua mientras criminalizan a activistas y defensores ambientales que defienden ese bien común. El Proyecto San Jorge, de extractivismo del cobre, data de 2007 pero hasta el último diciembre la protesta social impidió que pudiera concretarse. Fue aprobado en diciembre pasado: desde entonces la población mendocina se moviliza en una nueva gesta por el agua. Llegan a Uspallata para volver a decir no a la mina, el agua de la cordillera no se negocia.

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    «Entre Glaciares y morrenas: agua sostenida por tierra: hielo. 

    Entre subducción y el tiempo: los Andes.”

    Diario de campo de Elían Castellanos-Ruiz, 2021

    La escala geológica de la Cordillera de los Andes involucra nociones de tiempo profundo. Aunque representantes del sector minero digan que los proyectos que avanzarían sobre ambiente periglacial son de “larga duración”, ¿qué son cuarenta años para un glaciar? Latentes entre los congelados pliegues de la montaña hay inscriptas etapas geológicas enteras. La nieve puede durar días, y el permafrost y hielo marino pueden durar años o décadas, pero adormecidas en el hielo glacial reposan tierras, arenas y materia orgánica con miles de años. Entre los cristales hibernan bacterias, algas, hongos y virus que incluso pueden ser enormemente peligrosos para una red global de vida que ha olvidado las defensas contra ellas . 

    La investigadora colombiana Elian Castellanos Ruiz estudia el vínculo entre los glaciares y  el Pueblo U´wa, el campesinado y los montañistas, y para eso también ha caminado los territorios de la Sierra Nevada del Cocuy, en Colombia. En sus estudios retrata que  se suele ver al hielo solo como indicador de la crisis climática, pero en realidad es parte del patrimonio cultural, ontológico y espiritual para muchos territorios. Según prácticas culturales situadas y arraigadas, como las del Pueblo U´wa, es posible afinar el oído y escuchar lo que baja, lento, desde otra era. Al volverse agua los glaciares liberan y cuentan sus historias propias. En el hielo vive también la memoria de las vidas no humanas que han caminado por estos mundos. 

    El proceso de desglaciación producto de la crisis climática sentencia para mitad del siglo la desaparición de los principales cuerpos. La muerte de un glaciar implica también el fracaso civilizatorio de vincularnos con ese tiempo profundo. Ruinas orgánicas que nos recuerdan que el pasado fue real y que hubo un mundo antes que nosotros. 

    Por eso quienes dicen “el agua es vida” no sólo se refieren a la vida biológica, a la supervivencia. El agua no sólo es dadora de vida,  también la impulsa. Imprime movimiento y dinámica a la vida cotidiana. Sin ese arriba de la cordillera, habría ausencias aguas abajo. No sería el mismo el ritmo al cual pulsa la vida y la cultura. La identidad-territorio depende del agua, y cuando muere un glaciar perdemos la posibilidad de que identidades perduren. 

    En constante proceso de existencia y reexistencia, un glaciar nunca es el mismo, sino que a medida que pedazos del pasado se hacen agua en un lado, el presente vuelve a solidificarse. Un colosal barco de Teseo que fluye hacia las ciudades que se referencian geográficamente en los picos nevados, que nutren el orgullo de ser de la tierra desde la cual se ha crecido. El territorio no es sólo lo que moldea a los cuerpos, si no también las identidades. La cordillera nos construye como quienes somos.

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    2019. A Katrín Jakobsdóttir le toca una tarea difícil. Como Primera Ministra de Islandia decide presidir una ceremonia de la cual odia formar parte. Caminará a través del hielo, junto a centenares de personas, para asistir al funeral de Okjökull. A la edad de 700 años, es el primer glaciar que “muere” oficialmente a causa de la crisis climática. Los que están ahí saben que no será la primera de estas despedidas, pero a las lágrimas les cuesta salir en el frío extremo. La conmoción no es tanto por el hielo que se va, sino por la impotencia que inaugura. Sobre el volcán que fue lecho Okjökull, la primera ministra deja una placa en su honor. La titulan Carta al Futuro: “Este monumento es para reconocer que sabemos lo que está ocurriendo y lo que debe hacerse. Solo ustedes sabrán si lo hicimos.”

    ¿Seremos las últimas personas en conocer glaciares? Pensar que el único propósito de un glaciar es ser agua, es limitarlo a una imagen de futuro de su final. Para la mirada economicista, un bosque no tiene ningún aporte a la economía hasta tanto y cuanto es talado. Para enormes sectores del poder, no hay nada que valga de un glaciar, hasta tanto y cuanto se vuelva agua. Hasta que deje de existir. Reducir los glaciares a “reservas estratégicas de agua” es encontrar su valor solamente en su final. Sólo valen hoy porque mañana dejarán de existir.

    Muchos años más adelante, frente a la inestabilidad climática global, las generaciones más jóvenes recordarán aquella tarde en la que sus antecesores les contaron las historias del hielo que parecía eterno. Según la glaciología, la “muerte” de un glaciar es el punto en el que  se reduce hasta tal punto que deja de moverse, entonces ya no será un glaciar sino un campo de nieve. A medida que el ambiente cambia también lo hacen dimensiones de la cultura, que se construye y reconstruye en sinergia constante con su entorno. Y al igual que un glaciar, si la cultura deja de moverse, puede implicar la muerte. Cuenta Castellanos Ruiz que un profesor del departamento de Guican así referenciaba a la pérdida de la memoria: No solo se derriten los glaciares, nosotros también nos estamos derritiendo. 

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    El ataque contra la Ley de Glaciares no es sólo contra los cuerpos de hielo. Es una ofensiva directa contra los vínculos posibles entre agua, cultura y tiempo. Desde aquel tiempo ancestral hasta hoy, hay solo un río de diferencia. El tiempo acumulado hoy es parte nuestra. Una memoria material que aloja pasados que insisten en decir. Que susurran lentitud y sugieren inmanencia. Conectar con su eventual desaparición es anticipar el duelo de lo que se irá. Hasta la tierra misma, la piedra que da forma a la cordillera, vuelve a moverse. Como se mueve también nuestra conexión con los procesos de desaparición de porciones del mundo natural, de duelo y de continuidad. 

    En las frías noches de los páramos colombianos, lo que iluminaba el camino de una joven Edilse y su comunidad eran unas  plantas nativas: los frailejones. Las niñas se maravillaban cuando les tocaba usar las capas secas que recubren al tallo como antorcha que ilumina la oscuridad del páramo sin electricidad. El frailejón no era sólo una planta sino también un compañero que otorgaba la luz. Para los Uˋwa la humanidad y la naturaleza no están separadas, sino que las nieves o las plantas también son gentes. Gente no humana.

    El compromiso con el territorio es tal que cuando el Pueblo U´wa vio fundamentalmente amenazado su territorio por el avance del petróleo entendieron que se trataba de un etnocidio, y así llegaron a tomar la más final de las decisiones. En un Manifiesto Público (hoy dificil de encontrar) declararon: “Preferimos una muerte digna, propia del orgullo de nuestros antepasados que retaron el dominio de conquistadores y misioneros”. Siete mil personas amenazaron con suicidarse colectivamente si su territorio era vulnerado. Casi veinte años después, y gracias a una inclaudicable tenacidad, lograron que la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconociera que tenían que proteger su vida cultural, espiritual y ancestral para tener una vida digna. La corte también reconoció su derecho a participar en la administración del Parque Nacional Natural El Cocuy.    

    Tener el privilegio de presenciar un glaciar y pensar que su presente no vale por sí mismo es algo incomprensible. Su muerte parece inevitable, sí, ¿pero acaso la nuestra no lo es también? Nada que viva es inmortal. Y conocer nuestro final nos abandona la ilusión de perdurar ¿Cómo delinear éticas del cuidado que incorporen los cuerpos helados más allá de la conservación? Castellanos Ruiz propone el cuidado glaciar: “Un cuidado que implica, más que a humanos, a gente(s), pensándonos Naturaleza desde un cuidado expandido. Parte de las redes que actúan desde lo local y sostienen la vida diariamente: en el encuentro de las gentes alrededor de los glaciares, de la vida“.

    ¿Qué tienen los glaciares argentinos para decirnos? ¿Qué de todos sus saberes guardan el potencial de pregnar en la cultura? Es partir de nuestros cuerpos naturales y permitirnos ser naturaleza, en reciprocidad, tensión, conflicto, armonía, comprendiendo la expansión que somos y las redes que nos ombligan”, continúa Castellanos Ruiz.

    ¿Cómo pensar en formas de organización social que habiten las memorias de la naturaleza? Trayendo al presente lo que fue parte de otros pasados. O inscribiendo en el inconsciente colectivo el cuidado por lo que está más allá de lo conocido, desde el fondo del mar hasta el centro del hielo. Lo que, al igual que nosotros, lucha por re-existir en la tierra del pasado que recorremos.

    La entrada Nosotros también nos estamos derritiendo se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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    Hacia la lucidez

     

    En la Argentina retrógrada se agolpan las preguntas sin respuesta: nuestro reino del revés es el imperio de la duda constante.

    Por Jorgelina Áster para NLI

    A medida que el espíritu autocrático se consolida en Argentina, se multiplican los decretos y en el Congreso se aprueban, con aplauso cerrado  de nuestros tribunos de la plebe, leyes antediluvianas, crecen interrogantes que hasta hace no mucho tiempo atrás hubiésemos descartado de plano por ridículos.

    Pero con una década mucho más signada por la infamia que la históricamente llamada infame, con una pandemia -nada aleccionadora por cierto, aunque quién sabe…-  entre medio,  y claros retrocesos civilizatorios, ya no es ridícula ninguna pregunta. En el reino del revés se activan todas las dudas.

    Querer saber, por ejemplo, si la ciudadanía en verdad ansiaba extenderle el certificado de defunción a la democracia e instaurar el vale todo, el sálvese quien pueda, hoy tiene pleno sentido. La vida precaria, la inequidad y la iniquidad en díada, el despojo a cielo abierto de recursos y derechos llevan a preguntarse, incluso, si no estaremos en las fauces de una pesadilla que se estira en la noche.

    ¿La precaria vida material y espiritual que padecemos las personas de a pie proviene del triunfo pírrico de una demostración de desprecio absoluto e irrevocable a las imposturas representativas que antaño sufrimos hasta el hartazgo? ¿Fue intencional entregarle las llaves del reino a la peor caterva, se trató de un escarmiento simbólico pero tan placentero que justificaba la inmolación?

    Aunque parezca mentira, hubo un hombre, un escritor galardonado con el Nobel, que imaginó un brote pandémico, primero, y un brote de lucidez, poco después. El broche de oro del segundo brilló en las urnas: un 83% de votos en blanco. ¿Será el nuestro un estado intermedio entre los efectos psicológicos inconscientes de una pandemia cercana, de evocación reprimida, y un inminente brote de lucidez plena?

    Saramago

    Aunque José Saramago presentó ambas obras como ficciones, usó en el título de las dos novelas la palabra ensayo: Ensayo sobre la ceguera y Ensayo sobre la lucidez. Las concibió, sí, como textos ficcionales, pero daría la impresión de que le resultaron excesivamente verosímiles, mucho más cercanas a la reflexión ensayística que a los placeres estéticos que caracterizan la buena narrativa.

    A medida que lo que aparenta ser una abulia cívica crece en occidente, nunca falta quien nos recuerde la premonitoria imaginación del portugués universal. Suele darse por sentado que la actitud de los votantes de Ensayo sobre la lucidez es digna e implacable, que desespera a los indignos politiqueros por cuestionar su representatividad.

    Sin embargo, tras el cachetazo cívico, no hay beneficios duraderos para la innominada localidad rebelde. La lucidez que representaría el voto, contracara del brote de “ceguera blanca” del “otro ensayo”, finalmente, se convertirá en un boomerang para la ciudadanía: el cuestionado poder político toma revancha con autoritarismo justificado en interpretaciones baladíes del voto en blanco.

    Si pensáramos, entonces, con muchas dudas pero cierta esperanza, que estuviéramos a medio camino pero en marcha hacia la lucidez, deberíamos conformarnos con la promesa de un futuro acto de dignidad que engalanase la ruina por venir, previsiblemente más dura que la actual. Sería quizá bastante para el espíritu, pero poco para el cuerpo. Sería, al menos, algo, podría decirse.

    Pero si, con realismo exacerbado, creyéramos que la necedad convirtió en masoquistas a los electores habilitados, que la frustración orientó su venganza hacia los inocentes y multiplicó el poder de los impostores, que hay un placer morboso en consentir la inequidad programada, ya no nos quedaría siquiera el consuelo de pensar en una lucidez que nos espera a la vuelta de la esquina.

    Podría esgrimirse, por otro lado,  que la idea de un archipiélago de individualidades que, de acuerdo con la triunfante cháchara economicista, configura el país, también alimenta la ficción mental del ego blindado, invulnerable mientras vele por sí mismo y se libere de empatías, rémoras sentimentales, solidarias y justicieras.

    Todas estas cursilerías desaparecerían cuando al fin volviésemos a la Edad de Piedra: darle el poder a los más retrógrados, entonces, valdría la pena. Los caminos del abstencionismo, en las antípodas del voto en blanco, serían tan efectivos como la transitoria asociación de retrógrados que, mientras haya que tolerar al estado, se encargaría de capturarlo con el mínimo de sufragios.

    Después, cada cual seguiría atendiendo su juego. Al fin y al cabo así, desde la infancia, nos instruyó el sabio Antón, insanamente olvidado. En algún momento ya no habría que compartir nada, solamente una idea: las mejores islas serían las islas perdidas. La privacidad de la caverna estaría cerca, y con la IA allí haríamos la pata ancha.

    Quizá, entre hipótesis, sospechas y conjeturas, nos alcance la nada. Una nada más cercana al tropo de La historia interminable que a las inasibles especulaciones filosóficas. El culto a los Gmork del presente puede estar repleto de espejismos para el ego y exacerbar morbos, pero no deja de ser destructivo. Michael Ende es claro: Gmork representa el poder que fortalece la nada.

    Gmork

    Sin Áuryn ni Falcor, que igual de nada servirían porque nuestro Reino de Fantasía se volatilizó hace más de medio siglo –al tiempo que nuestras porciones en la torta de los ingresos se convertían en migajas-, Gmork es la realidad. Y aunque la nada sea difícil de imaginar, bien podría estar a la vuelta de la esquina en lugar de la lucidez.

    Mientras tanto, en el limbo de las dudas, nos quedan tres lecturas –o relecturas- para matizar la espera de unas respuestas que, seguramente, no nos satisfarán.


     

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    PERVERSO – El gobierno elimina protecciones al aluminio y expone a 2.272 empleos de Aluar: el castigo de Milei al dueño de FATE

     

    La Resolución 172/2026 elimina la protección antidumping al aluminio chino y deja expuestos 2.272 puestos de trabajo de Aluar. Análisis político y comercial del castigo de Milei a la industria nacional y su impacto en el comercio manufacturero.

    Por Tomás Palazzo para NLI

    La publicación de la Resolución 172/2026 en el Boletín Oficial no es un simple movimiento técnico de comercio exterior. Es una señal política directa. El Gobierno de Milei decidió eliminar la medida antidumping que protegía al aluminio laminado local frente a importaciones chinas, dejando sin efecto el arancel del 28% que regía desde 2020.

    La decisión se conoce apenas días después del conflicto con el grupo empresario dueño de Aluar y de la planta de neumáticos FATE. El mensaje es claro: el que confronta, paga (y Milei está convencido de que cerraron FATE en pleno debate de reforma laboral a propósito). Y en este caso, el costo potencial de esta «venganza personal» que lejos está de ser una medida de gobierno meditada, no lo asume un empresario, sino 2.272 trabajadores argentinos.


    Apertura comercial en aluminio: impacto en el comercio manufacturero

    La Resolución 172/2026 cierra el examen de la medida antidumping sin prorrogarla. En términos prácticos, significa que el aluminio laminado chino podrá ingresar sin el recargo que equilibraba precios frente a prácticas de dumping.

    En el sector comercio e industria esto implica:

    • Mayor presión competitiva para la producción nacional
    • Riesgo de pérdida de participación de mercado interno
    • Desplazamiento de proveedores locales en cadenas de valor

    El aluminio laminado no es un producto marginal. Es insumo clave en envases de alimentos, medicamentos, construcción y múltiples rubros industriales. El golpe no es sólo para una empresa: es para todo el entramado manufacturero.


    Aluar y el empleo industrial en riesgo

    Aluar emplea, según datos oficiales de la propia compañía, 2.272 trabajadores distribuidos en Puerto Madryn (1.561), Abasto (435) y Ciudad de Buenos Aires (276).

    No estamos hablando de un holding financiero: hablamos de una empresa productiva con fuerte arraigo territorial, especialmente en Chubut.

    Eliminar la protección comercial en un contexto de apertura importadora y caída del consumo interno implica:

    • Compresión de márgenes
    • Ajuste en turnos productivos
    • Posible reducción de personal si se profundiza el ingreso masivo de aluminio asiático

    En economías periféricas, la competencia no es simétrica. China produce con escala, subsidios energéticos y políticas industriales activas. Argentina, en cambio, desarma su defensa comercial.


    ¿Decisión técnica o castigo político?

    El contexto político no puede omitirse. El conflicto con el grupo empresario que controla Aluar y FATE escaló públicamente en las últimas semanas. La quita de la protección se interpreta en el sector industrial como una respuesta disciplinadora.

    El Gobierno sostiene que la medida apunta a bajar costos y fomentar competencia. Sin embargo, no hay un plan de reconversión productiva, ni financiamiento industrial compensatorio, ni esquema de transición para empleo.

    La señal que reciben las empresas manufactureras es otra: si el mercado internacional presiona, el Estado no interviene; si hay conflicto político, la protección desaparece.


    Defensa comercial y soberanía productiva

    Las medidas antidumping no son privilegios. Son instrumentos reconocidos por la Organización Mundial del Comercio para evitar competencia desleal.

    Eliminar una protección de este tipo en medio de un escenario de sobreoferta global de aluminio y guerra comercial entre potencias implica:

    • Debilitar la industria nacional.
    • Exponer empleo estratégico.
    • Profundizar la primarización de la economía.

    La pregunta de fondo es política: ¿se gobierna para equilibrar el desarrollo productivo o para disciplinar sectores empresarios? Porque en este caso, el castigo no impacta en balances corporativos solamente, sino en familias trabajadoras concretas.


    Comercio exterior sin red: el costo social

    La apertura comercial puede bajar precios en el corto plazo. Pero cuando se traduce en cierre de líneas productivas, la ecuación cambia:

    • Menos empleo formal.
    • Menos recaudación.
    • Mayor dependencia importadora.

    Si la protección industrial cae sin estrategia, el resultado no es competencia virtuosa, sino sustitución de producción nacional por importaciones.

    Y cuando se reemplaza industria por contenedores, el que pierde no es un empresario: es el trabajador argentino.

     

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    Milei autorizó a buque de la U.S. Navy a relevar datos estratégicos en el Atlántico Sur: impacto político y riesgos para la soberanía

     

    El Gobierno de Milei autorizó al buque oceanográfico R/V Roger Revelle de la U.S. Navy a operar en aguas del Atlántico Sur para “relevar datos estratégicos”. La decisión abre un debate intenso sobre soberanía, geopolítica y alineamientos externos, con efectos potenciales en sectores vulnerables como jubilados, PAMI y el sistema sanitario nacional.

    Por la Redacción de NLI


    Un giro geopolítico con impacto político

    El pasado 23 de febrero de 2026, el Gobierno argentino autorizó al buque oceanográfico R/V Roger Revelle, propiedad de la U.S. Navy, a ingresar y relevar información en aguas bajo jurisdicción nacional en el Atlántico Sur, bajo el argumentado propósito de una campaña científica internacional. Esta autorización, publicada por En Orsai, no sólo tuvo implicancias técnicas, sino que desató un debate político profundo en torno a la soberanía nacional y el alineamiento estratégico con Estados Unidos.

    Según el artículo de En Orsai, la decisión fue tramitada a través de la Cancillería y aprobada por el Consejo Federal Pesquero, con condiciones mínimas de supervisión argentina y obligación de compartir datos antes de su publicación.


    Ciencia o geopolítica disfrazada

    El Gobierno presentó la autorización como un ejercicio de cooperación científica —con estudios sobre clima y monitoreo oceánico— pero la propia plataforma, diseñada para campañas de larga duración y equipada con tecnología avanzada de hidroacústica, tiene aplicaciones duales, incluso en operaciones antisubmarinas y geoestratégicas.

    Este contexto no es ajeno a otros despliegues internacionales en aguas regionales: ejercicios conjuntos como UNITAS y otras maniobras navales en el Atlántico Sur han reforzado la presencia militar extranjera en la región, con participación de fuerzas estadounidenses y de otros países aliados.


    Alineamiento político y riesgos para la soberanía

    La decisión del Gobierno se enmarca en una política exterior definida por una orientación marcadamente pro-estadounidense, con giros significativos respecto a la defensa de la soberanía marítima en áreas tradicionalmente disputadas, como el Atlántico Sur y las Islas Malvinas.

    Críticos de la medida señalan que, más allá de la ciencia, los datos recolectados por instrumentos de alta precisión pueden alimentar capacidades de inteligencia estratégica que exceden los supuestos fines cooperativos, y que el marco legal argentino carece de mecanismos robustos de control de contrainteligencia para proteger información sensible generada en estas campañas.