Autor: Invitad@ Especial

  • Molesto por una nota de La Nación, Milei atacó a Fernán Saguier con un durísimo mensaje

     

     Javier Milei escaló otro peldaño su pelea con el diario La Nación. Este domingo aprovechó un tuit de Toto Caputo contra una nota del columnista político Jorge Liotti, para insultar al editor y propietario del diario, Fernán Saguier.

    «AQUÍ BASURA INMUNDA DE NUEVO MINTIENDO. Obviamente estas mentiras están avaladas por editores delincuentes y dueños de moral cuestionable», opinó sobre la nota de Liotti, un periodista muy respetado y equilibrado en sus columnas.

    Pero la furia de Milei, más allá del estado de frustración que traviesa porque la inflación se le escapó, viene de antes.

    Entre caníbales

    Meses atrás el periodista Luis Majul logró concertar una reunión entre Milei y Saguier. Recién se habían sentado a la mesa para compartir un almuerzo en la Quinta de Olivos, cuando el Presidente descolocó el editor de La Nación al sacar una lista y enumerar todos los periodistas que tenía que echar.

    AQUÍ BASURA INMUNDA DE NUEVO MINTIENDO.Obviamente estas mentiras están avaladas por editores delincuentes y dueños de moral cuestionable.CIAO! https://t.co/WbUa7C3dUe

    — Javier Milei (@JMilei) April 19, 2026

    «Presidente nosotros tenemos más de cien años de historia, no podemos aceptar esto», le contestó Saguier. «Entonces no hay nada más que hablar, esta reunión terminó», le contestó Milei.

    Saguier intentó reconducir el almuerzo pero no hubo manera, la tensión escaló y el periodista se terminó yendo de la Quinta de Olivos de mala manera. 

     

  • Oh my god

     

    Veinticuatro horas antes de hacer bailar a una multitud en Plaza de Mayo, el padre Guilherme Peixoto se detiene en silencio frente a un mural en la Villa 31: ve a Maradona recostado estirar un brazo y el dedo índice intentando tocar, del otro lado, la mano de Messi; la imágen imita el fresco de Miguel Ángel donde Dios le da vida a Adán en el Génesis. Peixoto —el cura DJ, portugués, 51 años, zapatillas, jeans y camisa negra con el alzacuello blanco y la pelada brillante— medita un instante frente a la imágen y dice: 

    —Falta Cristiano Ronaldo. 

    Los demás se ríen. Cada quién con su Dios.

    Al padre Guilherme lo acompaña el padre Nacho —Ignacio Bagattini, un cura guapo de camisa gris a juego con el pelo y la barba al ras, párroco de la iglesia Cristo Obrero de la Villa 31— que le hace de guía durante todo el recorrido. Antes de lo de Maradona y Messi se habían detenido frente a un pilar de los que sostienen la autopista Illia, que pasa por arriba de la villa, donde hay un altar con una imagen del Papa Francisco. Un grupo de hombres que tomaban cerveza al pie de la imagen de Bergoglio se levantaron cuando vieron llegar al padre Nacho con toda la comitiva:  la sobrina del padre Guilherme, Mariana Gonçalves, de 21 años, la coreógrafa que le enseñó los pasos a los chicos de Ciudad Oculta que bailarán para el padre en el escenario de Plaza de Mayo; Ricardo Campos, asistente y productor; Walter Peña y Nicolás Cuiñas de la pastoral villera, y dos sobrinas del Papa Francisco. 

    En los pasillos de la villa se mezcla la música y cambia a medida que caminamos. En esta parada,  la que suena más cerca sale de un bar-kiosko con luces y mesas. Es Antes que me vaya de L-Gante. Mariana baila tímidamente.

    —¿Te gusta esta música?

    —Me gusta toda esta música— dice con su español de España, raspando la lengua entre sus dientes para pronunciar la ese.

    Ella es el puente de comunicación, porque el portugués de Peixoto es fuerte y su español es débil. Se hace entender, pero falta. Así que, además de organizar la coreografía, ella es la que traduce. También canta, su voz está en algunas de las canciones que el padre DJ mezcla con electrónica. Canciones que están en las plataformas en las que figura Padre Guilherme como artista. En Spotify tiene más de 245 mil oyentes mensuales. En la Plaza de Mayo y varias cuadras sobre la avenida se juntarán, al día siguiente, 250 mil. 

    ***

    La canción de “Protégeme señor con tu espíritu”, que hoy mezcla el padre Guilherme en el show, es muy conocida. También es un famoso meme-reel de Instagram. Pero algunas de las señoras de más de cincuenta que están en primera fila, frente al cura DJ, no lo saben. El público es enorme. Son las señoras. También son familias jóvenes y no tanto. Es un chico gay. Es una monja. Un chico disfrazado de cura. Uno que fuma porro, otro que lleva a su hija en los hombros. Otro que alza un muñeco de un extraterrestre. 

    Están los que creen, están los que se divierten. A algunos les pasan las dos cosas. 

    ***

    El viernes, previo al recorrido por el barrio, el padre Guilherme y su equipo ensayan con los chicos de Ciudad Oculta que bailarían en Plaza de Mayo: Fabián, Eva, Maca y Marcelo. Muchachos de no más de 25 años del Hogar de Cristo que andan con unas capas de tela translúcida tornasol con lucecitas amarillas. Capas que tienen palos en las puntas y que los chicos agarran para moverlas, en coreografía, como alas. Serán, en palabras de Oscar Soria, los angelitos. Oscar, activista argentino que vive en Nueva York, es vicepresidente de Miserando, una organización que se fundó en 2013 para expandir el legado de Francisco y que decidió organizar este evento para homenajearlo a un año de su muerte. Lo hicieron con el apoyo de decenas de voluntarios que se pusieron todas las tareas al hombro, a lo que se sumó el respaldo del Gobierno de la Ciudad y el Arzobispado de Buenos Aires. Desde el principio imaginaron un evento donde iba a venir gente de distintos lugares, pero sabían que el escenario debía ser la periferia del mundo y un lugar histórico y de peso político como la Plaza de Mayo: 

    —En tiempos de batalla cultural— dice Oscar —este es un evento que piensa en juntar a todo el mundo en busca de la paz cultural. 

    El ensayo es el salón de la escuela María Elena Walsh, cerca de la terminal de Retiro. Es una caja de cemento rectangular, vacía, con una pequeña tarima. Al cura le pusieron la consola encima de un banco de los que usan las maestras en las aulas. Mariana indica los movimientos. Fabián, Eva y Maca se dedican al baile, pero tienen poca experiencia, dan clases en la parroquia de su barrio. Marcelo es uno de los chicos que está en rehabilitación en los programas de la Familia Grande del Hogar de Cristo.

    En el ensayo, el padre toma mate, mientras maneja un controlador sencillo, muy distinto a los cuatro Pioneer que usará en el escenario de Plaza de Mayo.

    —Mañana va a tener cuatro controladores grandes y un monitor— dice Thiago, que hoy es su asistente pero antes fue profesor de Guilherme en el instituto de Porto donde aprendió a mezclar.

    Casi al final del ensayo, el padre pone un preámbulo de lo que será el mega evento: un pedazo modificado de Café con ron, de Bad Bunny, mezclado con con kicks y hi-hats. Los chicos bailan en círculo, las asistentes se suman a la rueda. También las sobrinas de Bergoglio y Walter y Nicolás de la pastoral villera. Arman un trencito y bailan la melodía del conejo malo con la letra cambiada “por la mañana café, por la tarde oración. Por la noche Dios con su protección”.

    ***

    Mientras cae la tarde del sábado, un rato antes de que empiece el show, el sociólogo y antropólogo Pablo Semán se refugia en el atrio de la Catedral, donde todavía queda un poco de espacio para circular y hablar con la gente. Semán lleva años estudiando la religiosidad popular y este le parece un acontecimiento fascinante. Charla con los que pasan. Les pregunta de dónde vienen y qué hacen aquí. Está tan entusiasmado que no ha venido solo. Otros cinco investigadores de su equipo se mezclaron entre el público en diferentes sectores para intentar hacer un gran barrido del lugar. 

    Para Semán, una buena parte de esta fiesta habla de una especie de movilización de una periferia del catolicismo que no se habría reunido así en la Plaza de no haber sucedido el papado de Francisco. 

    —Además de extenso y rico— dirá Semán a Anfibia después de la fiesta —se trata de un evento vinculado sobre todo con el mensaje más aperturista en lo social y cultural del papa Francisco. No de un mundo politizado que quiere encontrar una especie de anabólico para proyectos políticos que no están funcionando, que es algo que hacen los progresistas que admiran a Francisco y los peronistas más ortodoxos que lo admiran también. Aquí hay un público mucho más masivo y mucho más interesante, sobre todo desde el punto de vista de la iglesia católica. 

    ***

    El viernes por la tarde, antes de la fiesta, el padre Nacho apura el paso en el recorrido por la villa. Quiere llegar a tiempo a la misa de las siete, porque el padre Guilherme tiene prueba de sonido a las ocho en Plaza de Mayo.

    El padre Nacho saluda, lo saludan. Abraza, pega palmadas en hombros, levanta la mano para decir hola y adiós. Un grupo de gendarmería viene a contramano y uno de ellos saluda al padre Nacho, van camino a uno de los destacamentos de la policía que hay en el barrio, por el que la comitiva acaba de pasar. El destacamento está protegido por unas rejas de metal color gris.

    —Si la Gendarmería tiene rejas, qué podemos esperar nosotros —dice uno de los del grupo. Repite la frase entre risas, se celebra el chiste.

    El grupo camina al costado derecho, son varios y casi ocupan toda la calle. Detrás, autos o motos tocan la bocina cada tanto para pedir paso. El sonido de las bocinas se mezcla con el de los megáfonos con diferentes ofertas, con las voces de la calle. Con la voz del padre Nacho, que intenta explicarle los detalles del recorrido al padre DJ, que asiente, solo asiente. No dice mucho. A los costados los comercios en los primeros pisos de las casas chorizo están a luz prendida, con música para llamar la atención.

    —En el barrio hay mucha música —había advertido el padre Nacho en la parroquia del padre Mugica, donde vive. Antes de entrar al barrio. —Música peruana, que se mezcla con música de Bolivia, de Paraguay, de Colombia.

    Arriba, la tarde que cae sobre los cables y las escaleras caracol de hierro que parecen colgar de las casas. El cielo se pone algo rosa, algo naranja. Ya casi van a ser las siete, la hora en que la gente vuelve a casa del trabajo, la hora en que la gente sale a comprar algo para la cena. La hora de la misa.

    Ananás, tomates, papas, mamones, zanahorias en cajones de verdulerías. Ropas en maniquíes y en percheros sobre las veredas. Accesorios en tienditas color rosa. Pendones con los nombres de almacenes y el listado de cosas que venden. En un costado una casa de colores blancos y rojos: un santuario al Gauchito Gil. Arriba una “telaraña de cables”, como la describe el padre Nacho.

    El que hizo el chiste de las rejas de Gendarmería dice con algo de gracia: 

    —Esto sería una diversión para un electricista. 

    El padre Nacho, con tono serio, aclara que ese desorden de cables genera muchos incendios. Le repite de modo pausado al padre Guilherme, por si no entendió, y él asiente con el mismo gesto con el que ha estado toda la caminata: impávido, estático y con una leve mueca de sonrisa.

    El recorrido se detiene frente a una estructura pequeña, cuadrada y de dos pisos, de cemento pintado de celeste. A la entrada, arriba de la puerta, está la virgen del Rosario, debajo, en letras doradas dice: Capilla Virgen del Rosario. Adentro todo está pintado de blanco y azul Francia. A la entrada está el coro ensayando para la misa. El sonido es superior al espacio. Las voces y las melodías resuenan en las paredes. En los costados, diferentes vírgenes miran a los bancos de madera color marrón oscuro, algunos pocos tienen reclinatorios.

    Al fondo la mesa de eucaristía, flores, un Jesús crucificado en el centro. Al costado izquierdo, el altar más grande de todo el espacio, el de la Virgen de Copacabana, allí frente a la vitrina se detiene el padre Guilherme un rato a observar. Una virgen morocha vestida de colores amarillos y blancos con una bandera de Bolivia cruzada y una corona de la que se suelta un velo blanco. En una mano sostiene una vela, en la otra un niño Jesús. La adornan flores artificiales: girasoles y rosas doradas y beige.

    Al final una puerta da a una cocina. Tres mujeres, un adolescente y una nena toman mates, esperan al padre. Ni bien llega, le piden fotos. En esa cocina hay una puerta que da a la calle, es la salida por detrás, por ahí sale el padre Nacho a buscar aguas que pocos de los del equipo van a tomar. Porque el padre DJ y su sobrina tienen sus propias botellas de agua.

    Luego de las fotos, el Nacho, Guilherme y la comitiva se sientan alrededor de una mesa a descansar del recorrido.

    —Padre, ¿cuándo empezó a tocar? —pregunta una de las mujeres al cura DJ.

    El padre Guilherme contesta lo que ya se sabe, lo que se ha repetido: que inició con eventos musicales para recaudar plata para su parroquia. Primero karaokes, luego toques de electrónica. La parroquia era la de São Miguel de Laúndos en Póvoa de Varzim, con el proyecto ‘Ar de Rock Laúndos’.

    Para perfeccionarse, un tiempo después, Guilherme se metió a una  escuela en Porto la que conoció a Thiago, también DJ, profesor del instituto donde el padre aprendió a manejar controladores Pioneer y el software Rekordbox con el que mezcla música electrónica combinada con música eclesiástica.

    Thiago es parte de la comitiva, pero el grupo lo dejó en el camino ni bien empezó el recorrido por el barrio. Thiago es un muchacho de veintipico, alto, flaco y prolijo. Se quedó en una oficina del Ministerio de Educación de la ciudad porque necesitaba internet y sentarse a trabajar, pidió que lo buscarán luego de la misa. Debía cortar y nivelar el audio de algunas frases del papa Francisco que iban a sumar al repertorio del recital y también unas del padre Mugica que decidieron poner a última hora. Justo antes de que el padre Guilherme entrara a la parroquia del padre Mugica, donde vieron su sotana colgada en una vitrina, un pedazo de tela con sangre del cura peronista asesinado. También visitó la que fue su habitación, donde ahora duerme el padre Nacho. En otra habitación, sobre una cama, vio cómo reposaba un Cristo Crucificado, al lado una caja que dice “frágil”. En el mismo espacio están los zapatos “con sangre”, aclara el padre Nacho, del padre Mugica.

    Algo del estado de esos zapatos tienen también los famosos zapatos gastados del Papa Francisco. Algo de ese desgaste tienen los pies del padre Nacho. 

    Más tarde, en la cocina al fondo de la capilla de Nuestra señora del Rosario no hay más tiempo de conversación. Hora de la misa. El padre DJ saca un libro con los textos de la liturgia en portugués. Primero lee en voz alta. Después pregunta si le entendieron.

    Unos menean la cabeza. Otros dicen que no. Hay risas. Una nena dirá después:

    —Como que entendí mientras leía, pero no recuerdo nada.

    Al padre Guilherme lo entenderán mejor al día siguiente, cuando esté en el escenario.

    ***

    Son algo más de quince canciones en dos horas. Todo arranca con los mensajes del Papa Francisco. El de “hagamos lío”, el de la iglesia para “todos, todos, todos”, el de “sé que están en la Plaza, sé que están orando”. Y ahí están, en una especie de oración, creyentes y no creyentes, amantes de la electrónica y otros ni tanto, escuchando El granito de mostaza, Lift Up The Fallen, un poco de Nueva Yol de Bad Bunny, avemarías, Knocking on heavens doors, los violines de Vivaldi en uno de los conciertos de Las cuatro estaciones.

    Una de las mezclas del final es con Solo le pido a Dios de León Gieco, ahí, con el público y la producción algo cansada de estar de pie. Son varios los que no aguantan la emoción. Una mujer de producción, con el handy colgado en el bolsillo, llora parada en el paso de un sector VIP a otro.

    Entre la multitud, una madre carga a su hijo que sostiene una espada hecha con globitos, lo tuvo a upa la mayor parte del recital. Su esposo —que parece algo borracho— se conmueve con las imágenes del Papa Francisco, y las frases del Papa que se escuchan en medio de los sonidos electrónicos que mezcla el padre Guilherme en el escenario. El señor llora. Delante tiene a un joven y a su novia. Ella canta, se toca el pecho, él trata, con los dedos en los lagrimales, que las lágrimas no caigan. En frente, el cura DJ, bajo las luces que acompañan la electrónica y lo pintan de todos colores. Un chico con musculosa, brillantina alrededor de los ojos y pelo engominado se toca el pecho y llora también. Su pareja, un hombre mayor que viste camisa roja, esta a su lado y baila con él.

    Algo queda, al final de la fiesta y en medio del desasosiego de los tiempos que corren, del pueblo argentino que suele salir a la calle. Sea para escuchar a un cura DJ, festejar a un equipo campeón, o  celebrar alguna otra alegría. Cualquiera, que las alegrías escasean.

    Ahora, al final, una mujer agotada apoya la cabeza y las manos en la valla que separa al público del escenario. Se acerca otra mujer a ver qué le pasa. Un hombre también se preocupa y se arrima a preguntar: 

    —¿Te sentís bien?

    —Sí, sí. Lo que pasa es que me duelen mucho los pies.

    Algo queda, tras el cansancio feliz de la fiesta, de un pueblo que se siente unido en el goce del baile y el alivio. Unido en ese orgullo tan argentino de tener al Papa Francisco. O a Messi o Maradona. Un pueblo que, mientras se jacta de sus dioses, todavía guarda el reflejo muy humano de preocuparse por quien tiene al lado. 

    La entrada Oh my god se publicó primero en Revista Anfibia.

     

  • Sturzenegger se adjudica el acuerdo con el FMI y aumenta sus críticas a Caputo por la inflación

     

    La interna del gobierno por el rumbo económico pasó a jugar en la superficie. El dato de inflación expuso una fisura entre Javier Milei y Luis Caputo. Y en ese ruido, Federico Sturzenegger encontró terreno fértil para moverse.

    El contraste fue inmediato y quedó plasmado en redes. Caputo salió primero. Publicó un hilo técnico en el que culpó a la guerra de Medio Oriente por la suba de combustibles, pero insistió que la inflación núcleo, excluyendo carnes, se mantuvo en 2,5% y que el proceso de desinflación sigue en pie.

    Horas después, Milei eligió otro registro. «El dato es malo. No nos gusta», escribió. No hubo guiños al ministro. No hubo respaldo explícito. 

    La diferencia no es solo de tono. En un gobierno donde la comunicación suele estar alineada, la divergencia llamó la atención. Cuando se conoció el dato, Sturzenegger le dijo a Milei que eso no podía pasar y que la suba de la inflación era culpa de Caputo y de su socio y presidente del Banco Central, Santiago Bausili.

    Nada marcha de acuerdo al plan

    Las diferencias de tono entre Milei y su ministro de Economeia son cada vez más evidentes. Días antes de conocerse el dato de inflación, en la Bolsa de Comercio, Caputo prometió que comenzaban «los mejores dieciocho meses de la historia argentina». Un mensaje que pocos economistas comparten. Esa misma noche, en la Televisión Pública Milei pidió paciencia. Habló de un proceso más largo. Dos discursos para un mismo momento.

    Federico suma puntos cada vez que Toto queda expuesto.

    En ese desacople se metió Sturzenegger, que como nunca vio la oportunidad de cobrarse viejas cuentas con su colega del macrismo. Tiene historia con Caputo. Y no es menor. Ambos chocaron en el gobierno de Mauricio Macri por las metas de inflación y el control del dólar. Aquella disputa terminó con la salida de Sturzenegger del Banco Central y dejó una marca en el ministro desregulador.

    Hoy, ese rencor encuentra una ventana. Sturzenegger se posiciona como el técnico confiable ante Washington. Su paso por el MIT le abre puertas. En el Fondo lo escuchan. En conversaciones privadas, Sturzenegger se adjudica haber destrabado el acuerdo con el FMI, que venía demorado desde enero. 

    No parece casualidad que al anunciar el acuerdo en Washington, la titular del FMI, Kristalina Georgieva, haya subrayado la suba de la inflación como un tema negativo. «Vamos a tratar el dato de la inflación en la reunión con Caputo», dijo Georgieva a la prensa. 

    «Federico suma puntos cada vez que Toto queda expuesto», afirmó a LPO un funcionario que conoce bien la dinámica del área económica.

    De hecho Sturzenegger empezó a moverse con más intensidad en los últimos días. Mas allá del cerco mediático que impuso Karina Milei a los funcionarios del Gobierno, el ministro desrelugador multiplicó los contactos con periodistas de confianza. Llama, comenta, baja línea. Nunca en público. Pero busca instalar su mirada y, al mismo tiempo, marcar diferencias con el enfoque del Palacio de Hacienda sin exponerse directamente.

     

  • Karina le vació a Santiago Caputo el lanzamiento del FBI argentino

     

    La interna en el corazón del gobierno vuelve a levantar temperatura. La escena es imposible de disimular. El Gobierno inauguró su «FBI argentino» sin Seguridad ni Defensa. Detrás de esa postal está la mano de Karina Milei y un golpe directo al armado de Santiago Caputo.

    La Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) inauguró este jueves el Centro Nacional de Antiterrorismo (CNA) junto al FBI. El evento contó con la presencia del embajador de Estados Unidos en la Argentina, Peter Lamelas. La misión oficial del nuevo organismo es intercambiar información e inteligencia en materia de terrorismo y reforzar la cooperación bilateral.

    Pero la foto tuvo un vacío difícil de explicar. No estuvieron la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, ni el ministro de Defensa, Carlos Presti. Y eso pese a que el CNA estará integrado por áreas clave de ambos ministerios, además de la SIDE, la Unidad de Información Financiera, la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), Migraciones, Cancillería y Justicia, entre otras dependencias estratégicas del Estado.

    Entre caníbales

    La ausencia no fue casual. «Karina le ordenó a Monteoliva y Presti que no fueran», confirmó a LPO una fuente del gobierno. La decisión dejó al descubierto una jugada interna que excede las peleas de las redes sociales y apunta al control del sistema de inteligencia, un terreno donde se juega poder real.

    Santiago Caputo ya hizo saber que si pierde el control del organismo, se va. Para el asesor, la estructura de inteligencia es mucho más que un área técnica: es el canal directo con Washington.

    El breve armisticio posterior al escándalo de Manuel Adorni y la tensión en el Poder Judicial duró poco. La disputa volvió a escalar con rapidez. El lanzamiento del CNA, que buscaba mostrar coordinación institucional, terminó exhibiendo lo contrario: un Gobierno fragmentado en áreas sensibles.

    En ese tablero, la SIDE es una pieza central. Santiago Caputo ya hizo saber que si pierde el control del organismo, se va. Para el asesor, la estructura de inteligencia es mucho más que un área técnica: es el canal directo con Washington y un activo clave en la relación estratégica con Estados Unidos.

    Esa relación tuvo gestos concretos. En medio de la escalada bélica con Irán, el director de la CIA, John Ratcliffe, recibió en Langley al titular de la SIDE Cristian Auguadra. El encuentro fue interpretado como un respaldo explícito al trabajo de la agencia de inteligencia local bajo la órbita de Caputo en materia antiterrorista y operaciones conjuntas.

    La fractura también se filtró en la superficie política. La guerra en redes entre Lilia Lemoine y Daniel Parisini, conocido como el Gordo Dan, de esta semana escaló a un nivel de confrontación pública que antes de evitaba.

     

  • El gobierno quiere aprobar una ley para que los periodistas presenten declaración jurada como los funcionarios

     

    El enojo violento de Javier Milei con el diario La Nación no es un episodio aislado. Forma parte de una ofensiva más amplia que incluye la idea de presentar un proyecto de ley para que los periodistas estén obligados a presentar una declaración jurada, como si fueran funcionarios públicos.

    La idea, que busca además ser una venganza contra la lluvia ácida que recibe Manuel Adorni en los medios por sus inconsistencias de ingresos y gastos, ya empezó a circular en despachos oficiales y llegó al Congreso.

    De hecho, diputados kirchneristas ya fueron contactados para ver si apoyarían la iniciativa, con la idea de los libertarios que acaso se sumen dada su propia y larga pelea con los mismos medios que hoy enfrenta Milei.

    Molesto por una nota de La Nación, Milei atacó a Fernán Saguier con un durísimo mensaje

    La propuesta no apareció de la nada. Se apoya en declaraciones presidenciales y en una ofensiva en las redes de tuiteros alineados con la Casa Rosada que publicaron los supuestos domicilios de periodistas famosos, en un doxeo que ya los tiene transitando por los tribunales, por una práctica similar que aplicaron a su enemigo interno, Sebastián Pareja.

    Diputados kirchneristas ya fueron contactados para ver si apoyarían la iniciativa, con la idea de los libertarios que acaso se sumen dada su propia y larga pelea con los mismos medios que hoy enfrenta Milei.

    Diputados de la oposición consultados por LPO, anticiparon su rechazo a la iniciativa.  «Es un intento burdo de presión sobre el periodismo crítico y otra mala señal para la libertad de expresión», dijo uno de los consultados. 

    Pero el clima viene cargado, desde que estalló el caso Adorni uqe los hermanos Milei no logran sacar del tope de la agenda pública. Semanas atrás se prohibió a los acreditas de varios medios ingresar a la Casa Rosada, donde incomodaban al jefe de Gabinete con sus preguntas sobre su patrimonio, con la excusa que sus medios habían publicado notas supuestamente financiadas por Rusia, algo que no se terminó de comprobar.

    «No tengo problema en presentar mi declaración jurada de bienes. Es una hoja en blanco con una firma. Podes darme vuelta y sacudirme que no se me cae una moneda», bromeó en diálogo con LPO uno de los profesionales a los que se les impidió el ingreso a la Casa Rosada.   

     

  • Según dos estudios Macri y Alberto crearon muchos más puestos de trabajo que Milei

     

     La inflación pulveriza los salarios. Ya son seis meses consecutivos de caída real en el sector formal. El dato se repite en distintas mediciones. La mejora nominal no alcanza. El poder de compra retrocede .

    Los números son concretos. En febrero, los salarios registrados del sector privado subieron 1,6% nominal, pero con una inflación de 2,9% implicaron una caída real de 1,3%. Con eso, quedaron 3,5% por debajo del nivel de noviembre de 2023, tal como publicaron desde el Centro de Economía Política Argentina (CEPA). 

    El informe del CEPA agrega otro dato relevante. En el caso del empleo público nacional, la caída es más pronunciada: en febrero los salarios retrocedieron 2,2% mensual en términos reales y acumulan una baja de 37,2% frente a noviembre de 2023. Si se corrige la inflación con una canasta actualizada la pérdida de poder adquisitivo llega al 18,3%.

    Nada marcha de acuerdo al plan

    Desde otra orilla ideológica, el economista Gabriel Caamaño coincide con los datos y el diagnóstico. Camaño señaló que el índice de salarios del sector privado formal subió 1,6% en febrero, pero implicó una caída real de 1,3%. Fue la sexta baja consecutiva. En ese período, el retroceso acumulado es de 3,5% y el nivel actual quedó por debajo del de noviembre de 2023.

    El índice de salarios del sector privado formal subió 1,6% en febrero, pero implicó una caída real frente a la inflación del 1,3%. Fue la sexta baja consecutiva. 

    Pero el problema no es sólo el salario. También aparece el frente del empleo. Ahí se abre una discusión interesante. El filo oficialista Fernando Marull destacó que, según datos del INDEC, los empleos totales crecieron en 113 mil entre el cuarto trimestre de 2023 y el cuarto trimestre de 2025. Pero ese número es engañoso si se lo pone en contexto.

    Daniel Schteingart, de Fundar, salió a cuestionar esa lectura. Señaló que ese aumento representa apenas un 0,6%, mientras que la población en edad de trabajar creció cerca de 2%. Además, remarcó que en 2025 no se crearon puestos netos pese a la recuperación de la actividad. «Primera vez en el siglo XXI que la economía crece sin crear empleo», sintetizó Schteingart  

    El cruce suma otro dato clave. En dos años, esos 113 mil empleos equivalen a poco más de 56 mil por año, muy por debajo de los ritmos de creación de empleo de gestiones anteriores. Con Mauricio Macri se crearon 280 mil por año y con Alberto Fernández 440 mil.  

    La composición también cambió: se destruyen puestos formales en sectores como industria y construcción, con una caída de 228 mil puestos, mientras crecen ocupaciones más precarias en sobre todo en plataformas, que explican un aumento de 341 mil. 

    En el Gobierno relativizan el impacto. Sostienen que la nominalidad todavía está acomodándose y que la baja de la inflación debería recomponer ingresos más adelante. «Primero se ordenan los precios y después los salarios», dicen cerca del equipo económico.

    Pero los datos actuales muestran otra cosa. El ajuste se está procesando sobre los ingresos laborales. Y sin una recomposición sostenida del salario real, el rebote de la actividad queda limitado.