Autor: Invitad@ Especial

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    Cancillería adjudicó un contrato millonario a la esposa de Sturzenegger: la motosierra pasa, la familia queda

     

    Por enésima vez, los que odian el Estado te demuestran que sólo saben vivir a sus expensas.

    Por Tomás Palazzo para NLI

    El escándalo volvió a impactar en el corazón del Gobierno libertario: **el Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto adjudicó un contrato por $114.044.133 —casi USD 78.000 al tipo de cambio actual— para la capacitación en inglés de su propio personal a la Asociación Argentina de Cultura Inglesa (AACI), entidad dirigida por María Josefina Rouillet, esposa del actual ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger.

    El expediente —formalizado mediante adjudicación simple por especialidad y publicado en el sistema COMPR.AR— activó los mecanismos de control previstos en el Decreto 202/2017 por el vínculo familiar entre la directora ejecutiva de la AACI y el funcionario responsable de parte del ajuste estatal, con intervención de la Oficina Anticorrupción (OA) y la Sindicatura General de la Nación (SIGEN).

    Contra viento y ajuste
    Resulta inevitable el contraste: mientras Sturzenegger se presenta como el ejecutor de una política de recortes masivos, ventas de activos y “motosierra” a programas estatales, el Estado decidió asignar más de 114 millones de pesos a la asociación de su propia pareja en un contrato directo y sin licitación competitiva.

    Las críticas políticas no tardaron: la senadora del bloque Justicialista Juliana di Tullio anunció que denunciará formalmente ante la Justicia a Sturzenegger y a Rouillet por considerar “irregular” el contrato, pese a que el propio canciller Pablo Quirno negó irregularidades y afirmó en redes que la contratación “cumplió con todos los mecanismos de control y transparencia”.

    Viejas prácticas, nuevo escándalo

    Este episodio no surge de la nada. Desde hace años Noticias La Insuperable ya había documentado la trayectoria de Rouillet en espacios públicos vinculados a la “casta” política:

    • En abril de 2017, el portal reveló que su nombramiento en un cargo oficial se oficializó con un año de demora, en medio de cuestionamientos por nepotismo y falta de transparencia.
    • Más recientemente, en diciembre de 2023, también en NLI y en exclusiva pusimos en evidencia el “increíble kiosquito” que armó Rouillet en el Programa de Mecenazgo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, donde manejó millones de pesos del presupuesto cultural porteño y desde donde incluso promovió proyectos vinculados a su rol posterior en la AACI.

    Aquellas investigaciones muestran un patrón persistente: constante tránsito entre cargos públicos, interferencias privadas y negocios con recursos del Estado, con un denominador común que hoy se repite bajo el gobierno de Milei.

    El doble estándar

    Mientras en el discurso oficial se habla de “quitar privilegios”, “ajustar el Estado” y recortar gastos, este contrato deja al descubierto que el ajuste no siempre aplica a círculos cercanos al poder. En plena ola de privatizaciones de servicios estatales y cierre de organismos, la decisión de destinar fondos públicos a la asociación que dirige la esposa del ministro que implementa esos recortes expone un flagrante doble estándar que alimenta la crítica política y judicial.

    ¿Una moda de campaña o una regla de gobierno?

    Con denuncias judiciales en puerta, defensas públicas desde el Gobierno y una oposición que promete ir hasta las últimas consecuencias, este caso podría convertirse en un emblema de lo que NLI desde hace años señalamos: la persistencia del amiguismo y la falta de transparencia dentro de las estructuras del poder, sin importar quién gobierne.

    La controversia está abierta. Y mientras los mecanismos de control se activan, lo que queda claro es que la motosierra sí corta para los trabajadores y programas sociales, pero parece no llegar al círculo íntimo del propio ministro encargado de llevarla adelante.

     

  • Inflación en una economía con baja emisión: ¿la base monetaria subió o bajó con Milei?

     

    La base monetaria volvió al centro del debate económico argentino, pero no por las razones habituales. Mientras el Gobierno insiste en que la inflación es el resultado de una expansión del dinero que ya quedó atrás, los números muestran un fenómeno distinto: una economía que atraviesa uno de los procesos de compresión monetaria más intensos de los últimos años. El problema ya no parece ser el exceso de pesos, sino su escasez relativa en una economía que sigue funcionando con bajo nivel de actividad. 

    Entre diciembre de 2019 y enero de 2026, la Base Monetaria pasó de aproximadamente $1,7 billones a más de $43 billones en términos nominales. El dato aislado puede sugerir una expansión significativa. Pero cuando se corrige por inflación, la lectura cambia. En términos reales, el stock de dinero cayó cerca de un 32%. Es decir, hoy circula menos dinero en relación al tamaño de la economía que al inicio del período, lo que refleja un proceso sostenido de contracción monetaria. 

    La tendencia descendente fue persistente entre 2020 y 2024. El piso se alcanzó durante ese último año, con una recuperación parcial recién en 2025. Aun así, el nivel actual continúa claramente por debajo del registrado al comienzo del ciclo. El ajuste monetario existió y fue profundo, aunque no siempre coincida con la narrativa pública que domina la discusión. 

    Caputo avisa que se viene un trimestre duro por la caída de la recaudación y el agotamiento del crédito 

    El mismo fenómeno aparece cuando se mide la base monetaria contra el PBI. A fines de 2019 representaba alrededor del 8% de la economía. Hoy ronda el 5,1%. No es un detalle técnico. Significa que la economía está menos monetizada. 

    La contracción se observa cuando se mide la base monetaria contra el PBI. A fines de 2019 representaba alrededor del 8% de la economía. Hoy ronda el 5,1%. 

    El control de la liquidez dejó de depender de la emisión directa y pasó a apoyarse en otros instrumentos: tasas de interés elevadas, absorción vía pasivos remunerados y condiciones financieras más restrictivas. Se trata, en los hechos, de un cambio de régimen. El Banco Central administra la escasez como herramienta de estabilización. La lógica es simple: menos pesos en circulación, menor presión nominal. Excepto, que la inflación baja en lugar de subir, como debería pasar según el manual libertario.

    Es que el costo de esta política aparece en otro lado. El crédito se encarece, el consumo se enfría y la actividad pierde dinamismo. Como en una vieja imagen de la economía argentina, el motor no cuenta con combustible suficiente para acelerar. 

    En ese contexto, el debate entre economistas se volvió público y expuso diferencias conceptuales profundas. Carlos Maslatón sostuvo que «la base monetaria no es moneda sino una pequeña fracción de la moneda», y agregó que también deben considerarse encajes, cuentas corrientes, cajas de ahorro y plazos fijos. Según su visión, «Milei ha quintuplicado la cantidad de moneda en el país», cuestionando la idea de emisión cero y advirtiendo que los efectos terminarían viéndose en los precios. 

    Todos los agregados monetarios volaron en términos reales entre julio de 2024 y julio de 2025, la expansión no desapareció sino que cambió de forma.

    Desde otra posición crítica, Diego Giacomini, ex socio de Milei devenido en feroz crítico, afirmó que «todos los agregados monetarios volaron en términos reales entre julio de 2024 y julio de 2025», señalando que la expansión no desapareció sino que cambió de forma. El foco de su planteo apunta a los agregados más amplios y al comportamiento del crédito y los depósitos, más que a la base estricta. 

    La respuesta llegó de economistas cercanos al enfoque oficial. Julián Yosovitch sostuvo que «este gobierno no emite ni expande base monetaria», mostrando series donde la variación de la base aparece compensada por absorción monetaria y operaciones del Banco Central. 

    El cruce dejó al descubierto que la discusión ya no es solo empírica, sino también conceptual: qué se entiende por dinero y qué variable debe mirarse para evaluar la política monetaria. 

    Hay otro dato menos visible pero relevante. La relación entre Base Monetaria y reservas internacionales se mantiene prácticamente estable. Pasó de alrededor del 65% en 2019 a cerca del 67% en 2026. 

    Esto sugiere que, pese al ajuste monetario, la restricción externa sigue operando como límite estructural. La falta de dólares continúa condicionando el esquema económico, independientemente del nivel de pesos en circulación. 

    El discurso oficial sigue señalando a la emisión como causa central de los desequilibrios, pero los datos muestran una economía comprimida, con menor circulación real de dinero y con el crédito lejos de convertirse en motor de recuperación. La inflación convive con ese escenario, alimentada también por precios relativos y expectativas, marcando un límite a la frase que Milei repitió hasta el hartazgo y ahora -no curiosamente- no tan seguido: «la inflación es en todo momento y lugar un fenómeno monetario».

     

  • Escándalo en Defensa: Presti volvió a contratar a una empresa que Petri bajó por sospechas de corrupción

     

     Carlos Presti tomó una decisión que generó ruido dentro del ministerio de Defensa. Volvió a contratar a la empresa State Grid para que sea proveedora de la Armada luego que fuera desafectada por el anterior ministro, Luis Petri. 

    La empresa se define como una firma que ofrece «la fabricación de productos esenciales como leche, yerba mate y aceites con procesos de alta calidad para el mercado mayorista». 

    A su vez, según su propia definición, se encarga también de «la distribución de alimentos a lo largo de todo el país, garantizando entregas confiables a escuelas, Fuerzas Armadas, municipios y más».

    El problema, según un importante funcionario de Defensa, es que Petri la había sacado del ministerio esgrimiendo el resultado de una auditoría que encargó y arrojó que la firma entregaba un 25 por ciento menos de los alimentos que se habían comprado. 

    En la Armada dicen que Presti cobra el doble que un almirante gracias a un decreto a medida

    «Petri hizo una auditoría y descubrió esta irregularidad y por eso le quitó del servicio», explicó la fuente consultada, que siguió de cerca el proceso durante la gestión anterior. Esta empresa estuvo involucrada también en un escándalo por el gasto de 200 millones de dólares en postres para el Ejército.

    State Grid tenía a su cargo la entrega de alimentos para la Armada, pero el ex ministro Petri encargó una auditoría y el trabajo habría indicado que se entregaba alrededor de un 25% menos de la mercadería comprada. 

    Un dato importante es que State Grid Argentina S.A. está vinculada a State Grid Corporation of China, que es la empresa de transmisión eléctrica más grande del mundo, en medio del acercamiento con Estados Unidos.  

    Luis Petri.

    Como sea, el nuevo ministro Presti está bajo presión por varios temas sensibles en las Fuerzas Armadas. Uno es el reciente decreto de Javier Milei que le permite ejercer el cargo sin dejar el rango de Teniente General, una decisión que lo beneficia directamente. 

    En ese marco, como reveló en exclusivo LPO, la Armada sostiene que cobra el doble que un almirante gracias a ese «decreto a medida», algo que irrita al extremo a sus compañeros de armas.

    El Gobierno disuelve IOSFA pero sigue con una deuda de 200 mil millones de pesos 

    Un malestar que se agrava porque hay temas que no terminan de resolverse como la dramática situación de la obra social que acaba de ser disuelta pero arrastra una deuda de 200 mil millones de pesos y no se sabe como y cuando se pagarán las deudas con hospitales y clínicas de todo el país que ya cortaron servicios a los militares.

    Además, los bajos salario -en algunos casos por debajo de la línea de la pobreza- siguen siendo un problema grave, dado que los militares quedaron desfasados en relación a las fuerzas de seguridad porque para ahorrar, Milei abandonó el plan de jerarquización salarian que empezó a implementar el anterior gobierno.

     

  • Los contactos del clan Mahiques con la AFA, detrás del pliego que mandó Milei para renovarle el cargo

     

    El juez Alberto «Coco» Mahiques consiguió que Javier Milei enviara su pliego a la comisión de Acuerdos del Senado para que el Congreso le renueve su cargo en la Cámara de Casación, antes que cumpla los 75 años de edad en noviembre próximo. Toda una novedad en un gobierno que tiene trabados los pliegos de más de 200 jueces federales.

    La jugada despertó inquietantes sospechas sobre la necesidad del gobierno de contar con magistrados que puedan influir en el Poder Judicial para que no avancen causas como la que investiga la estafa Libra o las coimas de la Andis. Mahiques ingresó muy debatido a la Cámara de Casación Penal Federal, el máximo tribunal penal federal de la Argentina, que tiene la última palabra en causas de corrupción como las que complican a Karina Milei.

    Mahiques, un amable francófilo que suele dar clases en Paris, ingresó a la Cámara de Casación Federal sin concurso y por una decisión que impuso el macrismo en el Consejo de la Magistratura durante el gobierno de Macri, que habilitó su traslado desde la Camara de Casación porteña. Venía de licencia por ocupar el Ministerio de Justicia bonaerense con María Eugenia Vidal.

    Ahora le llegó la edad legal para jubilarse, pero Milei curiosamente optó por cursas su pedido excepcional para quedarse 5 años más en el cargo. El gobierno habilita con cuenta gotas esos pedidos. El último fue a una camarista de Misiones, luego del lobby que hizo el aliado Carlos Rovira.

    Tapia consiguió correr al juez de Patricia Bullrich de la causa AFA: hablan de una gestión Angelici-Peronismo

    Sin embargo, la renovación del cargo para Mahiques podría tener ramificaciones delicadas para Javier Milei. Fuentes judiciales comentaron a LPO que el juez habría celebrado uno de sus cumpleaños en la famosa mansión atribuida a Pablo Toviggino, el poderoso tesorero de la AFA envuelto en causas que investigan lavado de activos y evasión, que seguramente terminarán en la Cámara de Casación Federal que integra Mahiques.

    La renovación del cargo para Mahiques podría tener ramificaciones delicadas para Javier Milei. Esta familia, de fuerte peso en la Justicia, tiene vínculos muy sólidos con la estructura de poder que lidera el titular de la AFA, Claudio «Chiqui» Tapia.

    LPO no pudo confirmar la veracidad de esa versión, que puede ser alimentada por las rivalidades típicas de la justicia. Pero las relaciones de la familia Mahiques con la AFA son frondosas. Esteban Mahiques, por caso, se desempeña como director de Relaciones Institucionales de la Cancillería argentina pero integra el Tribunal de Disciplina de la AFA, mientras que Juan Bautista Mahiques no solo es el titular del Ministerio Público Fiscal de la Ciudad de Buenos Aires sino que también figuraba hasta hace poco como vicerrector de la Universidad Nacional de la AFA (Unafa), otra audacia de Tapia.

    Los jueces Alberto Mahiques y Diego Barroetavaña integran la Sala I de Casación penal que debe tratar la causa AFA.

    El vínculo de Mahiques con la causa AFA que también acorrala a su presidente, Claudio «Chiqui» Tapia, no es especulativo. Mahiques integra la sala I de Casación y esa sala tiene que resolver el recurso de queja presentado contra el traslado de la causa de la mansión atribuida a Toviggino a los juzgados de Escobar, donde se espera un tratamiento más favorable para el tesorero de la AFA. El compañero de Sala de Mahiques es el camarista Diego Barroetaveña, que fue miembro del tribunal de disciplina de la AFA hasta diciembre.

    Mahiques integrará la Sala I de Casación hasta el 15 de Junio. Apenas cuatro días antes empieza el Mundial, cuando se supone que Tapia será intocable hasta ver como le va a la Selección de Messi.

    Por eso, el movimiento en favor de Mahiques y los contactos de sus hijos con el mundo del fútbol y la política habilitan especulaciones en Comodoro Py sobre la posibilidad que Milei analice desescalar la confrontación con Tapia y Pablo Toviggino, como parte de un entendimiento que podría incluir a Daniel «El Tano» Angelici, que hace años no habla con Tapia, pero si mantiene un vínculo cercano con el tesorero de la AFA .

    Bullrich intentó trabar el traspaso del fuero laboral porque sospecha de un acuerdo Karina-Angelici para favorecer a Adorni

    Los Mahiques son muy cercanos a Angelici, que está en un pico del poder que construyó con paciencia de orfebre, con extensos contactos en la política porteña, la justicia, el fútbol y el mundo del juego, entre otras áreas de actividad empresarial.

    Mahiques integra la sala I de Casación y esa sala tiene que resolver el recurso de queja presentado contra el traslado de la causa de la mansión atribuida a Toviggino a los juzgados de Escobar, donde se espera un tratamiento más favorable para el tesorero de la AFA. 

    Para quienes siguen el escándalo que tiene al Chiqui y Toviggino como protagonistas, hay una profunda desorientación por el silencio de Mauricio Macri, de estrecho vínculo con Angelici. Acaso eso sea otro signo de que su estrella se apaga, al igual que las sospechas de un acuerdo entre Karina Milei y el Tano para ordenar la disputa electoral en CABA, algo que causó desesperación en Patricia Bullrich, cuando en la sesión de la reforma laboral trató de frenar el paso del fuero del trabajo a la Ciudad, una movida que hizo coincidir al Tano con la hermana del Presidente.

    Como sea, el trámite para revalidar a «Coco» en Comodoro Py iniciaría su camino a partir de marzo, en la comisión de Acuerdos de la Cámara Alta. LPO informó que este viernes salió la nota formal con la conformación de ese ámbito que debe dictaminar los pliegos de los jueces con un total de 13 miembros sobre 17, dejando al kirchnerismo con solo cuatro plazas vacantes para completar y otorgando una inapelable mayoría al gobierno y sus aliados.

     

  • La CGT convocó a un paro general contra el recorte a las licencias y el peronismo vota unificado en contra

     

    La aventura libertaria de incluir sobre la hora un artículo que reduce el pago de licencias por enfermedad o accidentes hasta un cincuenta por ciento, despertó a la CGT que finalmente convocará a un paro nacional este jueves cuando la reforma laboral se trate en Diputados.

    Cristian Jerónimo, uno de los tres líderes de la central obrera, confirmó este domingo la medida de fuerza. «Creo que están dados los consensos colectivos de los distintos sectores para ir a un paro nacional. Trabajaremos para que sea con el mayor grado de acatamiento de todos los sectores, para que sea una gran huelga», afirmó a Radio 10 y anticipó que este lunes feriado se reunirá la cúpula de la central obrera para formalizar la decisión. 

    El paro no nace del clima general. Lo que cambió la posición negociadora de la CGT fue un episodio puntual. Mientras avanzaba el debate en el Senado, el oficialismo incorporó durante la madrugada la modificación del régimen de licencias por enfermedad. La inclusión del artículo, sin discusión previa y fuera del texto original, fue leída en el sindicalismo como una ruptura de los acuerdos informales que todavía sostenían el diálogo.

    Además, complicó el trámite de la norma en Diputados, despertando resistencia en los bloques dialoguistas del PRO, UCR y Provincias Unidas, como anticipó en exclusiva LPO

    Unificó además el rechazo blindado del bloque peronista, que venía votando dividido ante iniciativas del Gobierno como el acuerdo del Mercosur con la Unión Europea o la baja de edad de imputabilidad penal. «El proyecto de reforma laboral es malo, vamos a votas unidos en contra», anticipó a LPO un diputado peronista del interior.

    Provincias Unidas ahora dice que no quiere votar el polémico artículo de las licencias por enfermedad

    La modificación del artículo 208 de la Ley de Contrato de Trabajo, establece que, ante una enfermedad o accidente no vinculado a la tarea laboral, el trabajador cobrará el 50% de su salario si la imposibilidad de trabajar fuera consecuencia de una actividad voluntaria y consciente que implicara riesgo para la salud, durante tres meses si no tiene personas a cargo o seis meses si las tiene. Si la enfermedad que no fuera producto de esa conducta, la remuneración será del 75% durante el mismo período. 

    Con una capacidad intacta para meter al Gobierno en problemas, el ministro desregulador Federico Sturzenegger justificó la modificación con un argumento delicado para un país futbolero como la Argentina: «Si, por ejemplo, te lastimaste jugando al fútbol -es decir, en una situación en la que tomaste una acción activa y el empleador no tuvo nada que ver- y quedaste temporalmente incapacitado para trabajar, en ese caso la cobertura es del 50%».

    Creo que están dados los consensos colectivos de los distintos sectores para ir a un paro nacional. Trabajaremos para que sea con el mayor grado de acatamiento de todos los sectores, para que sea una gran huelga.

    Aunque especialistas señalan que el cambio apunta a limitar abusos como en algunas licencias psiquiátricas eternas, la defensa pública de Sturzenegger activó al mundo sindical y los abogados laboralistas. 

    El asesor laboral de Milei admitió que la reforma que redactó no va a generar empleo

    La sorpresa alcanzó incluso a quienes participaron del diseño de la reforma. El abogado laboralista, Julián de Diego, tomó distancia del artículo y reconoció que «salió como un fantasma». Advirtió además que el cambio generará más litigiosidad, exactamente lo contrario del objetivo oficial de reducir la judicialización laboral. 

    Reuniones en los pasillos de la sede histórica de la CGT en la calle Azopardo.

    Hasta ese momento, en el oficialismo descontaban que la aprobación en Diputados sería un trámite Pero el escenario cambió. El artículo unificó al peronismo y generó resistencias en los bloques dialoguistas, que abrieron un debate al interior del gobierno sobre la conveniencia de apurar el tratamiento para este jueves.

    Macri manda a hacer lobby por Galperin, tras el acuerdo de Milei con los bancos

    Si la oposición logra derribar el artículo de las licencias, el proyecto debería volver al Seando, algo que Milei y el ministro Caputo rechazan de plano, como anticipó LPO, ante el pedido previos del PRO de incorporar el artículo que incorporó el dueño de Mercado Libre, Marcos Galperín, para que su empresa pueda pagar sueldos. 

    El artículo ademeas abrió una puerta para que avanace la impugnación judicial de la reforma. Especialistas advierten que la modificación podría entrar en conflicto con las normas de la OIT y tratados internacionales firmados por la Argentina, que incluyen la adhesión a normas de protección del trabajo y el salario. 

    El ex ministro de Trabajo del menemismo, Armando Caro Figueroa, señaló en una entrevista publicada por Clarín que el proyecto incorpora aspectos que podrían afectar derechos protegidos por los convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ratificados en el reciente acuerdo comercial con Estados Unidos y el tratado entre el Mercosur y la Unió Europea, que acaba de refrendar el Congreso

    «El proyecto tiene algunas connotaciones que podrían afectar la libertad sindical, como el derecho a huelga o cobrar el 75% del sueldo en caso de enfermedad», afirmó y advirtió que «la reforma laboral necesita decisiones, pero luego tiene que pasar una prueba jurídica y de la realidad».

     

  • Una fiesta de puertas abiertas

     

    Tum, tum, tum. ¡Ya llega el murgóóóón / que de Boedo es! Tum, tum, tum. ¡Así trae el fervoooor que ya sabés! Tum, tum, tum. ¡Se vienen a luciiiir los murgueros acá! ¡Alentándote a voooos, mirá el murgón! ¡Muy buenas noches! Ya está desfilando el centro murga Ilusiones de una noche, del barrio de Boedo. Rojo, negro, blanco y turquesa son los colores que llevamos en el corazón. ¡Fuerte el aplauso para ellos!

    Las mascotas adelante, las fantasías detrás, murgueras y murgueros tiran los pasos prohibidos, las patadas en el aire, el cuerpo que parece caer pero se levanta, rebota, brilla. Tum, tum, tum. ¡Boedo! Los bombos y redoblantes completan el ingreso de este centenar de personas —esta familia— que lleva casi todo un año ensayando, igual que tantas otras, en una plaza de Buenos Aires.

    “Suenen bombos y platillos
    Hagan el barrio vibrar
    Canten todos con más fuerza
    Ya comienza el carnaval”

    El cielo encapotado de un septiembre que no entibia. Algunos pocos vecinos alrededor del anfiteatro. Parece mentira la promesa de un verano y de su fiesta en la calle. Y aunque todavía son pocos, ahí están: no más de quince chicas y chicos que bailan al compás de la percusión. Recuerdo haber estado alguna vez en un corso cuando era chico, en los ya lejanos años ochenta. Es una imagen borrosa y triste, como casi todo en la infancia. La murga me empezó a gustar de grande. Escucho la percusión y enseguida sigo el ritmo. Los veo bailar y sonrío; me encantaría moverme así, pero por el momento agradezco tener algo que me alegre. Por eso no entiendo que tanta gente no lo disfrute. Algunos hasta parece que la odiaran. Yo me mudé hace poco al barrio y uno de los motivos fue su identidad. Así que apenas escuché los bombos corrí a la plaza. Pregunté quién era el responsable de Ilusiones de una noche. Quería saber cómo es una murga más allá de los prejuicios que circulan en medios y en redes sociales, de la queja de los vecinos “por el ruido” y de las denuncias de violencia y aprovechamiento político. Qué tipo de gente la habita. Por qué nos gusta tanto a muchos y a otros les molesta tanto.

    “Siempre fui murguero
    de un barrio de tango
    y entre conventillos
    aprendí a bailar”

    Gastón “el Tonga” Vassallo tiene cuarenta y un años y es el director general de la asociación civil Ilusiones de una noche, que ya supera las dos décadas de vida. “Vomitar arte”, dice sentado en lo alto del anfiteatro de la plaza Mariano Boedo, atento a cada detalle, y aclara que usa esa palabra por la “virulencia” de haber transitado la juventud en los noventa. Me cuenta que estaba vivo cuando mataron a Walter Bulacio y recuerda cuando lo agarraron entre cuatro policías y le pegaron. “Esto es una expresión artística, pero es también una revancha de lo que nos pasa como pueblo”. Mientras a nuestro alrededor los murgueros y las murgueras se bambolean con sus pasos, es fácil imaginar la bronca contenida que hubo detrás de esa alegría.

    En los orígenes de la murga porteña, igual que en los del tango, están los esclavos negros. Los arrancaban de países distintos, de tribus distintas, de idiomas que no servían para hablar entre ellos. El baile era su manera de comunicarse. En cuanto podían liberarse del trabajo de sol a sol, invertían roles: se ponían al revés los trajes de los patrones, ubicaban galera y bastón y bailaban para burlarse del amo. “Y todavía hay gente que hoy, en 2026, nos dice negros de mierda”, reflexiona el Tonga, que además de director de una murga está camino a recibirse de licenciado en Higiene y Seguridad en el Trabajo. Lo cierto es que en Boedo la convivencia es bastante pacífica, aunque más de una vez algunos vecinos hicieron denuncias por ruidos molestos. Los patrulleros llegan, pero no tardan en irse al comprobar que todo está en regla. En otros barrios, sí: hace poco hubo un enfrentamiento con una murga de San Cristóbal. Acusaciones cruzadas, insultos, golpes. Alguna vez, también, volaron huevos desde los balcones.

    “La calle empedrada
    y el ritmo de un bombo
    que con su platillo
    me puso a soñar”

    “Antes se llamaba murga al grupo de chicos de un barrio que salíamos disfrazados por las calles a ganarnos el mango —explica Enrique ‘Marciano’ Ausmeque, que a sus casi ochenta años ostenta el diploma de ser uno de los dos sobrevivientes de los fundadores de Los Cometas de Boedo, nacida en 1959—. El bombo lo hacíamos con una lata de galletitas Canale y los platillos, con dos tapas de cacerolas —cuenta, sentado en el living de su casa, este hijo de carpintero que trabajó toda su vida arreglando persianas—. Salíamos a las tres de la tarde por los bares del barrio. Los muchachos nos llamaban a las mesas para que nos acercáramos a cantarles canciones picantes. Después nos íbamos al subte, vagón por vagón, pasando la gorra. De a poco fuimos creciendo hasta que nos invitaron a participar de los corsos”. Entre los años cincuenta y sesenta, los carnavales en la ciudad eran multitudinarios, el público se disfrazaba, las murgas eran larguísimas. “En el mejor momento llegamos a ser más de trescientas personas —recuerda Marciano, sin pena y con nostalgia—. En el público eran miles, los corsos ocupaban diez cuadras. Pero cuando llegaron los militares cambió todo”.

    “Yo llevo murga en el alma
    la rebeldía también
    si canto con entusiasmo
    los corsos saben por qué”

    “Existe ese prejuicio de que el murguero es un negro cabeza que no estudia ni trabaja —dice Stella ‘la Peque’ Cabañas, de veintiocho años y una personalidad fuerte que asoma enseguida—, pero hay gente con título, gente sin trabajo, gente que gana fortunas y otros que no tienen para comer. Las puertas están abiertas. Lo que buscamos es que sea un círculo de contención”. La Peque es directora de percusión y directora general junto con el Tonga. Además, enfermera y empleada de un call center. Entró porque le insistieron las amigas. Primero, por edad, fue premurguera. Después se enganchó con la percusión. Algo poco usual: por lo general, los percusionistas son hombres. “Como directora, me fijo que todos tengan su bombo, que puedan tocar, que aprendan su ritmo —dice en su casa, rodeada de apliques con los que decorará su vestuario y el de sus compañeros—. Pero además acompaño, escucho, sé qué les pasa a los demás. Si alguien no aparece por mucho tiempo, se lo busca. Si hay un problema entre dos integrantes, se intercede. Sería algo así como la tía copada”.

    “Señores, hoy criticamos
    con toda sinceridad
    por eso quieren prohibirnos
    nuestras calles y carnaval”

    El tiempo pasa rápido entre un domingo de ensayo y el siguiente. El clima más benévolo de octubre invita a sumarse, pero para noviembre la murga ya es casi el doble de grande. Esta plaza —que supo ser una antigua estación de tranvías y fue espacio verde gracias a la lucha de los vecinos— y tantas otras en la ciudad empiezan a llenarse. Yo bajo con mi mate. Es la primera vez que vivo en un barrio con una historia tan rica —el tango, la literatura, el arte pintado en las calles— y pienso disfrutarlo. Hay otras siete murgas en Boedo, pero esta es la nuestra. Mamás y papás de las “mascotas” —los chicos entre cinco y doce años— hacen lo mismo que yo mientras sus hijos se divierten tirando pasos.

    Nuevos integrantes de la familia hacen su entrada: Pablo Tozzo, que se ocupa de escribir las canciones que acompañan esta crónica. Tiene sesenta años, trabaja como chofer y se enamoró de la murga a los nueve, cuando bailaba en Los Viciosos de Villa Martelli. Hablamos por videollamada después de un ensayo. “Cuando volvió la democracia —dice Pablo, que además hizo cursos de quiropraxia y es el encargado de acomodar los huesos de sus compañeros—, cortábamos la calle por nuestra cuenta y salíamos, pero teníamos que correr cada vez que venía la policía”. Le pregunto por qué hay tanta resistencia en algunos sectores. “Lo que molesta es que el pueblo tenga algo de donde servirse sin tener que poner un peso”, responde con seguridad, aunque agrega que también hay cuestiones políticas en el medio.

    “Señores, los jubilados
    seremos todos un día
    hoy te vetan un aumento
    y mañana la comida”

    La entrada de la murga al corso se divide en partes: saludo, presentación, despedida. La más esperada es la crítica, el momento en que el pueblo canta contra el poder. Una forma colorida de reclamar y rebelarse. Sin embargo, los límites existen. “Si le llego a sentir olor a porro a alguno, lo bajo en cualquier lado”, asegura Marciano, con una convicción que inspira respeto. Dice que mucha gente cree que los murgueros son todos “negros borrachos”, pero que en carnaval compra mil trescientos litros de agua mineral para llevar en los micros. “Entonces, ¿qué hago? —pregunta y se responde él mismo—: dejo salir la murga y a mitad de camino me subo al primer micro. Me voy al tambor donde está el agua, a ver si no le echaron otra cosa. Si está todo bien, bajo en el siguiente semáforo y me subo al otro micro. Hay chicos en la murga. Están mis nietos. No voy a permitir desde ningún punto de vista que pasen esas cosas”.

    “Siempre fui murguero
    de un barrio de tango
    y entre conventillos
    aprendí a bailar”

    La familia es clave en este mundo de bailes alborotados y golpes de bombo. Ezequiel Cuomo es hincha de San Lorenzo (por eso prefiero hablar con él) y tiene diecinueve años. Toca el bombo, pero además es guitarrista de una banda que mezcla el heavy metal con el thrash. Su madre, sus dos tías y su abuela también fueron murgueras. La abuela le enseñó a coser su propio traje. Ezequiel también arregla sombreros funyi para otros murgueros. “Para entender a un murguero tenés que ser amigo o familiar de un amigo —dice sentado bajo un jacarandá—. Si tuviste un mal día y no encontrás una salida, venís acá y estás en familia. Eso no quiere decir que no giren cosas, pero la mayoría de las veces son cosas lindas”.

    “Yo no entiendo a la gente —nos interrumpe una señora que nos escuchó hablar, debe andar por los setenta años, vive ‘justo enfrente de la plaza’ y lleva un caniche toy a cuestas—. Acá tienen un espectáculo gratis, una actividad para que los chicos hagan sin estar pegados al celular. Es ideal para toda la familia, pero en lugar de disfrutarlo, se quejan del ruido”. Se sorprende, y a mí me pone contento saber que tengo una vecina que piensa igual que yo.

    “La calle empedrada
    y el ritmo de un bombo
    que con su platillo
    me puso a soñar”

    Solo diez de aquellas primeras murgas porteñas sobrevivieron a la dictadura. La perseverancia de muchos vecinos y vecinas de la gran familia murguera mantuvo este pedazo de identidad de Buenos Aires de pie. En 1997, la Legislatura declaró al carnaval porteño Patrimonio Cultural de la Ciudad. En 2011 se restituyeron los feriados que habían sacado los militares. Hoy, más de cien de estos centros y agrupaciones participan de las actividades que organiza el gobierno de la ciudad. También hay una buena cantidad que funcionan por fuera del circuito oficial. ¿Y hay plata oficial?, le pregunto al Tonga, porque es lo que escuché que se hablaba en televisión por estos días, por el enfrentamiento entre una murga de San Cristóbal con un grupo de vecinos. “Hacer una salida cuesta alrededor de doscientos cincuenta mil pesos por micro. El presupuesto que asigna la ciudad por murga para todas sus presentaciones es de un millón ciento setenta mil pesos que recibiremos el próximo julio. O sea: como mucho, pagamos cuatro micros y lo cobramos seis meses después. Por eso la mayor parte la financiamos nosotros mismos con rifas o eventos a lo largo del año. También ponemos plata los directores”. Le pregunto si hay murgas bancadas por la política. Me dice que no es el caso de la mayoría, pero que “hay de todo, como hay de todo siempre”, y se levanta para sumarse a tocar el bombo.

    “Yo soy un murguero reo
    Boedo es donde nacimos
    lugar de los carnavales
    bombo y platillo son mis latidos”

    La de mi plaza es una murga joven, pero ya tiene su historia. Mariano “Marianito” Domínguez es uno de los fundadores. Aunque hoy es encargado de un edificio en Villa Crespo, nació y se crió en el barrio. Se acercó al mundo de la murga en un taller que daban en el colegio. Los Cometas de Boedo eran su inspiración; fue parte de La Gloriosa hasta que, junto con su hermano y un par de amigos, le dieron forma a Ilusiones de una noche. Aunque está alejado de la murga porque, dice, “para estar hay que estar”, algún que otro domingo viene a ver cómo va todo. Marianito pertenece a la misma generación que el Tonga y habla desde la madurez de haber tenido veinte años en una época difícil. “Durante mucho tiempo hubo rivalidades y peleas. Acá también se traían los problemas del fútbol. Nosotros no podíamos ir a Parque Patricios. Después nos dimos cuenta de que estábamos todos defendiendo nuestro arte, ¿cómo nos íbamos a pelear?” Le pregunto por qué cree que tanta gente siente rechazo por lo que hacen. “Hay mucha desinformación —dice sentado en un banco desde donde alcanzo a ver el balcón de mi casa—, mucho prejuicio y mucha gente que tiene dos pesos más que vos y pasa por acá y te mira de reojo. Pero todos vivimos en el mismo barrio, así que tan diferentes no debemos ser”. Y deja una frase: “El carnaval son las vacaciones de los pobres”, mientras el sol cae y los redoblantes serpentean en el aire.

    “¿Cómo aguantás el ruido?”, me pregunta un vecino que me cruzo en el ascensor un domingo cualquiera. Le respondo que no me molesta, que son nada más que dos horas de ensayo por semana y que, al contrario, me gusta. El hombre, de unos sesenta años, perfume intenso y camisa abierta por el calor, me dice que él ya no sabe qué hacer, que no lo dejan dormir, que están todo el día dale que dale con el bombo. Le repito que son nada más que dos horas, de seis de la tarde a ocho, que tienen autorización de la ciudad y que el horario se respeta siempre. Le recuerdo que cuando se organizan encuentros de zumba en la plaza hacen más ruido y nadie se queja. Se baja del ascensor sin saludarme.

    “Hoy me puse la levita
    vos me pediste que baile
    el corazón late fuerte
    y ahora no hay quien lo pare
    Llegamos hoy desfilando
    y desfilando nos vamos
    Que suenen fuerte los bombos
    y el murgón ya se está yendo”

    Febrero en Buenos Aires. Mercedes Tozzo, Mechi, la hija de Pablo, revolea piernas, salta, baja la mano al suelo. “¡Boedo!”, grita con sus compañeras desde la columna de las murgueras. Tiene treinta y un años, cuatro hijos y está casada con un bombista de otra de las murgas del barrio. Llegó por herencia familiar: se emociona al acordarse cuando eran chicos y su papá los hacía saltar la valla a ella y a su hermano para que se sumaran a bailar. “La murga es mi lugar en el mundo, mi lugar de paz —dice, y los ojos se le llenan de lágrimas—. Ese sonido del bombo con platillo y redoblantes me lleva a cuando tenía cuatro o cinco años y con mi viejo jugábamos con espuma y bombuchas”. Para Mechi, “hay mucho odio y la resistencia viene por el desconocimiento de los orígenes de las murgas, nuestra historia y la posibilidad de expresar al menos un mínimo de esa sensación de sentirse libres”.

    “Señora, nos retiramos
    y hay más cosas para contar
    les pido todos las griten
    a la hora de votar”

    La primera noche de carnaval en Boedo deja atrás sus ecos de rebeldía, sus colores, su desfile de circo urbano. Al igual que otras tantas murgas, Ilusiones de una noche acaba de sacar a relucir seis meses de ensayo, pasos, golpes, patadas, letras contra los políticos que nos empobrecen. Murgueras y murgueros se suben exhaustos y satisfechos a los micros. Gastón, la Peque, Pablo, Mechi, Ezequiel y otros artistas que forman parte de la familia murguera dejarán caer ese cuerpo que tantas veces amagó con desarmarse frente a grandes y chicos, entre la espuma y la brisa del verano. Parten rumbo a la próxima presentación, en otro barrio porteño. Camino de regreso a casa, me alejo lo suficiente como para mezclarme otra vez con esa ciudad que le da la espalda a sus murgas. Probablemente el odio tenga que ver con ese asco que una parte de la sociedad le tiene a su propio espejo. Pero vuelvo a acordarme de manera difusa de aquel corso cuando era chico; quizás para muchos la infancia también sea un recuerdo ya demasiado borroso, y eso los pone tristes. Así como debían sentirse los esclavos de la Buenos Aires del siglo XIX. Una tristeza alegre que también es un baile de libertad. Esa palabra que en estos tiempos nos resuena tan contradictoria como necesaria.

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