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APAN NECESITA DONACIONES DE ROPA Y LIBROS

La Asociación Protectora de Animales de Villa Regina comienza una campaña en la que necesita de toda la sociedad reginense, ¿Cómo podés colaborar? Donando ropa y libros usados en buen estado. ¿Por qué? En este contenido te lo explicamos…

POR QUÉ?: Porque haciendo ferias de ropa y libros, APAN logra recaudar parte del dinero necesario para los enormes gastos fijos que tiene en el refugio.

CUÁLES SON ESOS GASTOS?: Al ser una institución ONG, generan gastos contables (llevan todos los papeles al día) además del gasto de 40 kilos diarios de alimento balanceado, al tener perros adultos y con discapacidades, se usa mucha medicación y vitaminas.
También se invierte en arreglos de caniles ( se rompen puertas, tejidos, hacen pozos) que por seguridad los tienen que arreglar inmediatamente. Canillas, bombas de agua, tanques de agua, desparasitación, antipulgas y garrapatas… Pfff lista interminable…

Apan tiene un gasto de 40 kilos diarios de alimento balanceado, al tener perros adultos y con discapacidades, se usa mucha medicación y vitaminas.

POR QUÉ NO RECIBEN MÁS PERROS?: Reciben perros igualmente. Pero no los ingresan en un principio en el refugio, porque allí hay 100 más, en caniles, y eso implica peleas entre ellos. Y muchas veces, las casas particulares de las colaboradoras están llenas también de «perritos que nadie quiere». Con lo cual, cuando dicen » NO PODEMOS RECIBIR UN PERRITO MÁS», no te enojes con ellas, son pocas y hace más de 11 años que se están haciendo cargo de esos perritos. Perros que a veces quedan en el refugio para siempre.
Son 10 personas cuidando 100 perros. Vos, tu familia, amigos, pueden hacerse cargo de un solo perrito. APAN colabora fomentando su adopción. Pero no traslades el problema, a los que ya se están ocupando de muchísimos más.

SE PUEDE VER ESE TRABAJO QUE HACEN?: Por supuesto que SÍ! Todos los días van al refugio, en los horarios que cada voluntaria puede. Y de paso, si vas, les das una mano con todas las tareas que tienen a dario!

Acá te dejamos una entrevista que hicimos en el refugio hace algunos años, si bien el tiempo pasa, la entrevista no deja de reflejar el gran trabajo que hacen las colaboradoras de APAN, tomate unos minutos y miralo: https://latapa.com.ar/apan-ocho-anos-de-carino-y-compromiso-constante/

POR QUÉ ES «DIFÍCIL» ADOPTAR EN APAN?: Porque son perros grandes, que en algún momento tuvieron problemas de morder, o simplemente les molestaba al ciudadano verlo deambular todo pulgoso por Regina, y que con el cuidado en el refugio tienen una calidad de vida espectacular. Y el único requisito, luego de tanto sacrificio… Es que ese perro sea adoptado en un hogar donde esté mejor! ( Siempre buscan perros chiquitos, de raza o grandes para «cuidar terrenos»)

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  • Karina le ordenó a Mahiques que congele las designaciones de los nuevos jueces que Caputo había negociado con los gobernadores

     

    Karina Milei se metió con la designación de los jueces para cubrir las más de 200 vacantes de los juzgados federales y los gobernadores que habían acordado sus candidatos con Santiago Caputo entraron en estado de deliberación.

    La preocupación se expandió después que trascendió lo que la secretaria General de la Presidencia dijo en la reunión que mantuvo el martes con los presidentes del partido de La Libertad Avanza en las provincias. Una de las autoridades partidarias presentes le comentó a LPO que Karina les ordenó a los dirigentes libertarios que «no tengan ningún acercamiento con gobernadores, ni aunque parezcan aliados».

    En la reunión, la hermana de Javier Milei simuló un estado de armonía con Caputo. «Santiago, Javier y yo somos uno solo», afirmó sin ponerse colorado y llamó a «evitar conflictos entre los distintos espacios en las provincias». «Tenemos clarísimo el escenario y estamos laburando juntos», fue el mensaje que dejó.

    Sin embargo, menos de 24 horas después barrió con los cargos que tenía Caputo en la cartera de Justicia a través de sus delegados, como el caso de Sebastián Amerio. Karina dijo una cosa pero hizo otra.

    Mahiques echó a los jefes de los organismos que investigan a la AFA 

    Por eso, los gobernadores empezaron a preguntarse si Milei respetará los acuerdos por las vacantes judiciales que tejieron con Caputo o si todo vuelve a fojas cero con el cambio de autoridades que implicó el desembarco de Juan Bautista Mahiques. Un gobernador aliado de la Casa Rosada manifestó que en la terna para una de las vacantes en su provincia había cerrado el nombre del primero de los candidatos pero sabía que el gobierno pretendía al tercero: «¿Van a mandar el pliego del mío al Senado?», se preguuntaba con preocupación.

    No tengan ningún acercamiento con gobernadores, ni aunque parezcan aliados.

    LPO reveló que en provincias aliadas, como Tucumán, la elección de los candidatos para los juzgados federales vacantes ya estaba muy avanzada. El trámite está en manos del Presidente, igual que otros tantos pliegos de magistrados para cubrir vacantes, después de la aprobación de las ternas por parte del Consejo de la Magistratura. Milei solo debe definir el nombre en cada caso y remitirlo para que lo trate la comisión de Acuerdos, presidida por el riojano Juan Carlos Pagotto, y que luego se apruebe en recinto.

    El senador libertario Juan Carlos Pagotto.

    El problema es que Karina tiene ahora la fuerza para alterar lo que hubiera acordado Caputo con los gobernadores y tejer otro tipo de estrategia para el Poder Judicial. Por más que uno de los caminos posibles sea trabar entendimientos con las provincias para garantizarse el apoyo de diputados y senadores aliados para votaciones legislativas, también se evalúa la chance de que la hermana presdiencial y los Menem capitalicen las aptitudes del clan Mahiques para retomar las postergadas negociaciones con el peronismo.

    Aunque la tropa parlamentaria del peronismo quedó reducida a 25 senadores tras la ruptura de Carolina Moisés, el kirchnerismo retiene todavía un tercio más uno para bloquear el nombramiento de ministros de la Corte y el procurador general de la Nación. Pero bajo la conducción de Karina Milei avanza la idea de avanzar con la designación de los jueces federales y postergar la negociación por la Corte y el Procurador.

    Karina Milei por ahora avanza con la idea de avanzar con la designación de los jueces federales y postergar la negociación por la Corte y el Procurador..

    El origen mercedino de la dinastía Mahiques, liderada por el juez de la Casación Carlos «Coco» Mahiques y el ascendente Juan Bautista, abre la chance de que se aceiten las conversaciones con el cristinismo vía Eduardo Wado de Pedro, amigo de los Mahiques desde sus épocas de vecinos de Mercedes.

    Desde el entorno del exministro del Interior negaron q-como hacen siempre con casi todo lo que existee- que exista la cercanía que se le atribuye con los Mahiques y afirmaron «no conocemos las intenciones del gobierno, si buscarán proponer algo o negociar y, en ese caso, con quién. Perono parecen muy predispuestos a negociar nada con el kirchnerismo».

    El senador kirchnerista Wado De Pedro.

    En efectoo, la llegada de los Mahiques al gobierno, que sugiere un acuerdo entre Karina Milei y el tano Angelici, encierra el riesgo para el kirchnerismo de quedar afuera de la negociación por los jueces federales, que la Casa Rosada parece meas cómoda conversando directamente con los gobernadores.

    Aún cuando el clan Mahiques haya sido parte delas causas contra Cristina, según las denuncias de sus defensores, un dirigente peronista le contó a LPO que Máximo Kirchner, Juan Martín Mena y De Pedro, una semana antes que Cristina recibiera Miguel Pichetto, conversaron sobre la situación legal de la expresidenta. «Bajemos un cambio, hay que encontrar la forma de aliviar las condiciones de detención de Cristina», habría sido el pedido de Máximo.  

     

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    En menos de 72 horas, la relación transatlántica cambió de naturaleza y todo parece indicar que los ucranianos han perdido la guerra. El 12 de febrero de 2025, el flamante secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, dio inicio a las negociaciones de paz en Ucrania. Ya desde un comienzo cedió ante las dos principales exigencias de Moscú: la no adhesión de Kiev a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la ratificación de las “nuevas realidades territoriales”, es decir, la anexión de cuatro regiones ucranianas a Rusia, así como también de Crimea. Al día siguiente, tras una larga conversación telefónica con Vladimir Putin, el presidente Donald Trump anunció su intención de reunirse con su par ruso en Arabia Saudita –sin los ucranianos ni los europeos– y expresó su deseo de que pronto se organicen elecciones en Ucrania. Finalmente, el 14 de febrero, en un discurso pronunciado en una conferencia en Munich, el vicepresidente estadounidense, más que abordar la cuestión ucraniana, reprochó a los dirigentes europeos el hecho de que deshonraran las aspiraciones de sus propios pueblos restringiendo la libertad de expresión en las redes sociales o anulando las elecciones en Rumania por supuestas injerencias rusas (1).

    Semanas antes, Trump había lanzado una ofensiva comercial al aumentar los aranceles a las importaciones de Canadá, México y la Unión Europea, y también había expresado sus intenciones anexionistas sobre Groenlandia (2). Sin embargo, de ahora en adelante, ya no se trata tan sólo de manipular a sus “aliados” para que compren más armas o para equilibrar la balanza comercial. Al declarar que Estados Unidos no les concedería garantías de seguridad ni a Ucrania ni a las tropas europeas que pudieran desplegarse para hacer cumplir un eventual alto el fuego, Trump inevitablemente sembró dudas sobre la solidaridad estadounidense en caso de un ataque al territorio de un miembro de la OTAN. Sin su contrapartida de seguridad, el vínculo transatlántico se parecería más bien a una completa relación de dependencia.

    No obstante, desde 2022, Estados Unidos ha “invertido” un promedio de 35.300 millones de dólares por año en Ucrania (3). Mucho más que los 3.000 a 5.000 millones de dólares que Washington destinó cada año a Israel antes del ataque del 7 de octubre de 2023 y el equivalente a casi la mitad de los gastos militares anuales para Afganistán entre 2001 y 2019 –un esfuerzo para financiar una ocupación militar y operaciones directas–. El nivel de apoyo a Ucrania se sitúa, por lo tanto, en algún punto intermedio entre la ayuda brindada a un aliado histórico en Medio Oriente y el compromiso de una intervención directa en el campo de batalla en su propio nombre. Pero a Trump poco le importa todo eso: la guerra en Ucrania no es la de Estados Unidos, sino la de su antiguo rival Joseph Biden…

    Errores de cálculo

    Evidentemente, la magnitud de la ayuda occidental llevó a Kiev a cometer un error y la alentó a rechazar la negociación. En la primavera boreal de 2022, incluso antes de que Occidente le proporcionara su apoyo militar, la resistencia ucraniana podía enorgullecerse de haber frustrado la operación de cambio de régimen fomentada por el Kremlin y de haber minimizado las pérdidas territoriales. Después de cuatro semanas de combates, los beligerantes estaban cerca de llegar a un acuerdo. En Estambul, Kiev aceptó un estatus de neutralidad –es decir, renunció a adherirse a la Alianza Atlántica– y confirmó su intención de no dotarse de armas nucleares. A cambio, buscaba conseguir la retirada voluntaria de Moscú de los territorios que había ocupado desde el 24 de febrero. Sin embargo, Kiev necesitaba garantía de seguridad por parte de los líderes occidentales, quienes se la negaron. Boris Johnson se convirtió en el portavoz de la posición occidental durante una visita a la calle Bankova, sede de la Presidencia ucraniana. El Primer Ministro británico afirmó que nunca firmaría un acuerdo con Putin. Por eso, lo que ofrecían no eran garantías, sino armas (4).

    Europa deberá pagar la reconstrucción de Ucrania y, al mismo tiempo, afrontar los costos de su seguridad.

    Por un tiempo fue posible creer que dicha apuesta resultaría exitosa. Tras una primera contraofensiva, en noviembre de 2022, Kiev recuperó la ciudad de Jersón, ubicada en la orilla derecha del río Dnieper. Se desató la euforia. La palabra “negociaciones” se volvió tabú. No alinearse con los objetivos ucranianos –es decir, recuperar por la fuerza las fronteras de 1991– equivalía a firmar un pacto con el diablo. Los grandes medios de comunicación occidentales respaldaron el decreto ucraniano de octubre de 2022 que prohibía las negociaciones con Putin, a quien buscaban llevar ante la justicia internacional por crímenes de guerra (5).

    Sin embargo, la segunda contraofensiva ucraniana de junio de 2023 resultó en una derrota. En los medios de prensa, los estadounidenses expresaron su descontento: Kiev habría escatimado demasiado sus hombres para privilegiar ataques tácticos dispersos a lo largo del frente en lugar de enviar soldados en masa a los campos de minas rusos con la esperanza de traspasar las defensas del adversario y cortar el puente terrestre entre Rusia y Crimea (6). Bajo la presión de Washington, Kiev redujo la edad de reclutamiento de 27 a 25 años en abril de 2024, pero en diciembre se negó a bajarla a los 18 años. Así, la apuesta hecha en base a las exhortaciones occidentales fracasó trágicamente. Tanto el costo humano –cientos de miles de muertos y heridos– como los sacrificios exigidos a la sociedad fueron en vano (7).

    Como lógica consecuencia, durante el mismo período, Rusia experimentó una suerte inversa. El inicio de su “operación militar especial” resultó un fiasco. Los servicios de inteligencia rusos sobrestimaron los apoyos con los que contarían tanto por parte de la población como dentro de las élites ucranianas. El Ejército se estancó en los barrios periféricos de la capital ucraniana y fracasó en su intento de tomar el control del país. El Kremlin decidió entonces concentrar su dispositivo militar en el Donbass y Crimea. Concebida inicialmente como una expedición relámpago, la guerra fue cambiando de escala y de naturaleza. La movilización forzada decretada en septiembre de 2022 provocó una ola de protestas y exilios.

    Atrapada en su propia guerra, Rusia agravó su situación en materia de seguridad. Su “operación militar especial” tenía como objetivo, por un lado, prevenir que Ucrania se rearmara –antes de que Kiev recuperara por la fuerza las regiones separatistas prorrusas– y, por otro lado, poner un freno a la expansión de la OTAN hacia el Este. No obstante, unos meses después del inicio del conflicto, Rusia enardeció el patriotismo de un adversario que recibía un flujo continuo de armas y que contaba con el respaldo de una Alianza Atlántica reforzada con dos nuevos miembros: Suecia y Finlandia, que limitan con la zona ártica, estratégica para Moscú. Los dirigentes europeos reforzaron los batallones enviados al flanco oriental de la alianza, incluida Francia, que hasta entonces se oponía a una presencia permanente. La fuerza de reacción rápida de la OTAN cuadruplicó su número de efectivos; también continuó la construcción de la nueva base antimisiles estadounidense en Polonia, en donde los norteamericanos elevaron su presencia militar a 10.000 soldados. Lejos de calmarse, en Rusia las preocupaciones respecto de la seguridad se intensificaron por no haber previsto la fuerza y la unidad de la reacción occidental. Empero, al apostar por la consolidación de sus defensas detrás del Dnieper, Rusia logró estabilizar el frente. Los avances territoriales, como la toma de Bajmut en mayo de 2023, se consiguieron a costa del sacrificio de numerosas tropas, en un país ya golpeado por su crisis demográfica.

    El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada.

    Si bien Rusia mostró debilidades militares, la resiliencia de su economía resultó sorprendente. El Banco Central había acumulado suficientes reservas para asumir una confrontación financiera con Occidente. Logró sostener eficazmente el rublo y salvar su sistema bancario a pesar del congelamiento de sus activos en Europa y Estados Unidos. En cuanto a las sanciones energéticas, terminaron volviéndose en contra de los propios impulsores europeos: el aumento de los precios del gas compensó la pérdida de los volúmenes enviados al Viejo Continente, dando tiempo a Rusia para reorientar sus exportaciones de hidrocarburos hacia Asia (8). El fracaso de la estrategia de aislamiento se volvió evidente porque, si bien Moscú se vio obligada a recurrir a “Estados parias”, como Corea del Norte o Irán, para obtener armas o soldados, la realidad es que no le faltaron socios económicos interesados en sus descuentos energéticos. Los países que forman el núcleo del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) vieron con preocupación la ofensiva punitiva financiera de Washington contra uno de sus miembros y profundizaron de forma preventiva su cooperación para reducir el uso del dólar en sus intercambios. En 2024, BRICS acogió a cinco miembros nuevos, entre los que destacan los Emiratos Árabes Unidos, un actor clave en las nuevas rutas del petróleo ruso (véase el artículo de págs. 12-14).

    ¿Acercamiento al hermano menor?

    Al elegir negociar cara a cara con Moscú, Trump le ofrece una vía de escape al Kremlin. El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada. Las concesiones, por ahora sólo verbales, resultan vertiginosas: reanudación de las negociaciones sobre el desarme, promesa de reincorporación al G7 y, a largo plazo, levantamiento de las sanciones. Aunque el Presidente estadounidense trate de morigerar estas promesas en las próximas semanas, la solidaridad transatlántica parece estar ya profundamente deteriorada.

    Estas declaraciones podrían cerrar la era geopolítica que comenzó en 1949. Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos creó la Alianza Atlántica para imponer su influencia a la mitad de Europa, mientras que la otra mitad se alineaba primero con el bloque soviético y luego se unía al Pacto de Varsovia en 1955. Sin embargo, a fines de la década de 1980, el último líder soviético, Mijail Gorbachov, al frente de un país agotado por la carrera armamentista, se comprometió con una serie de concesiones unilaterales y desordenadas: aceptó la reunificación de Alemania y su adhesión a la OTAN sin obtener garantías escritas sobre la no expansión de la alianza occidental en Europa del Este. De este modo, el antiguo instrumento de seguridad sobrevivió a la Guerra Fría, y la Unión Europea, al expandirse, permaneció firmemente vinculada a Washington. Aunque en 1989 y 1990 se llegó a considerar por un momento la posibilidad de implementar un nuevo sistema de seguridad, no surgió ninguno alternativo tras la disolución de la URSS en 1991. Si bien el conflicto ruso-ucraniano tiene en parte su origen en esta oportunidad perdida, su resolución negociada está provocando una reconciliación ruso-estadounidense a espaldas de Europa.

    En Munich, el vicepresidente James David Vance incluso señaló una nueva dirección estratégica de Estados Unidos: “A Putin no le interesa ser el hermano menor en una coalición con China” (9). ¿Se trata del regreso a la estrategia de triangulación que había puesto en marcha el presidente estadounidense Richard Nixon en 1971 al acercarse al “hermano menor” (en ese entonces, China) para aislar mejor al enemigo principal (la URSS)? Si este es el “plan”, Trump tendrá dificultades para romper el eje Rusia-China. Pekín, si bien se molestó por el hecho consumado de la invasión rusa y le ha reprochado a Moscú su abuso de la amenaza nuclear, no le ha retirado su apoyo. China suministra de manera discreta tecnologías necesarias para el complejo militar-industrial ruso, al mismo tiempo que profundiza su cooperación militar con Moscú. Aunque desequilibrada, esta relación se basa en una fuerte frustración compartida respecto de un orden internacional dominado por Estados Unidos desde el final de la Guerra Fría.

    ¿Y Europa?… Europa se encuentra en la peor situación posible: ya debilitada por la crisis energética que ella misma provocó al renunciar –a petición de Washington– al gas ruso barato y pronto golpeada también por la guerra comercial decretada por la Casa Blanca, ahora se ve obligada a gestionar en soledad las consecuencias del revés occidental en Ucrania. Mientras la confrontación con Rusia alcanza un nivel incandescente y sus arsenales se han vaciado en favor de Kiev, Europa se prepara para aumentar de forma urgente su gasto militar, lo que implica comprar armamento estadounidense. Washington le exigía un “reparto de la carga” de la financiación de la alianza. Ahora la carga es doble: pagar la reconstrucción de Ucrania (que, a esta altura, Rusia deja de buena gana en manos de la Unión Europea) y, al mismo tiempo, asumir su propia seguridad. El gasto parece simplemente inasumible para los presupuestos europeos y augura nuevas divisiones.

    1. Benoît Bréville, “Liquidación electoral”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2025.
    2. Philippe Descamps, “Affoler la meute”, Le Monde diplomatique, París, febrero de 2025.
    3. “Ukraine support tracker”, Kiel Institute for the World, 2024.
    4. Samuel Charap y Sergueï Radchenko, “¿Podría haber terminado la guerra en Ucrania?”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2024. Volodimir Zelensky se esfuerza en negar el papel que habría desempeñado así Johnson; véase también Shaun Walker, “Zelensky rejects claim Boris Johnson talked him out of 2022 peace deal”, The Guardian, Londres, 12 de febrero de 2025.
    5. Véase, por ejemplo, “Soutenir l’Ukraine pour assurer la paix”, Le Monde diplomatique, 10 de enero de 2023.
    6. Alex Horton y John Hudson, “US intelligence says Ukraine will fail to meet offensive’s key goal”, The Washington Post, 17 de agosto de 2023.
    7. Hélène Richard, “Ucrania, una sociedad dividida por la guerra”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2023.
    8. Hélène Richard, “Sanciones de doble filo”, Le Monde diplomatique, noviembre de 2022.
    9. Bojan Pancevski y Alexander Ward, “Vance wields threat of sanctions, military action to push Putin into Ukraine deal”, The Wall Street Journal, Nueva York, 14 de febrero de 2025.

     

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