Un hombre cercano a Daniel Angelici quedará al frente de la comisión que frena o impulsa la destitución de jueces federales y nacionales.
Alberto Maques reemplazará a Luis Juez en la presidencia de la Comisión de Acusación del Consejo de la Magistratura.
Maques llegó al Consejo en representación de los abogados. Fue suplente de Miguel Piedecasas en la lista de 2022 que integró a la UCR, al PRO y a la Coalición Cívica. Mientras que en segundo lugar el PRO postuló a Jimena de la Torre, la elección del primer puesto fue más compleja.
Como no había acuerdo en el radicalismo entre la corriente que lideraban Ernesto Sanz y Gerardo Morales con la de Daniel Angelici y Emiliano Yacobitti, las dos líneas internas se repartieron el mandato.
Angelici impulsaba a Carlos Matterson, que ya había sido consejero y además era abogado del Tano. Carrió no logró poner ningún candidato, pero sí vetar a Matterson. Por eso, Maques quedó como suplente e ingresó en 2024 tras la renuncia de Piedecasas.
Maques Es un tipo del sistema, del statu quo. No tiene quilombos y vuela por abajo del radar.
La Comisión de Acusación está integrada por Maques, Juez, Álvaro González, Rodolfo Tailhade, Vanesa Siley y César Grau. Grau entró como suplente por el fallecimiento de Héctor Recalde y además preside la Comisión de Disciplina.
Alberto Maques.
A pesar de su integración, los votos de la Comisión de Acusación no tienen un comportamiento partidario y no es imposible la conformación de mayorías. Un dato importante es que la comisión no cuenta con ningún magistrado entre sus integrantes.
El peronismo tiene a tres de los seis miembros, y los otros tres no siempre votan alineados. Maques parte en desventaja para lograr mayorías, pero tiene el poder de dilatar el tratamiento de expedientes.
Las denuncias que debe abordar la Comisión de Acusación incluyen a varios pesos pesados. Sandra Arroyo Salgado, el juez federal de Rosario Gastón Salmain, María Capuchetti, Federico Villena y Alfredo López son algunos de los magistrados que tienen expedientes en el Consejo. También Patricio Marianello, el juez que frenó la difusión de los audios de las coimas donde se acusaba a Karina Milei.
Las denuncias que debe abordar la Comisión de Acusación incluyen a varios pesos pesados. Sandra Arroyo Salgado, el juez federal de Rosario Gastón Salmain, María Capuchetti, Federico Villena y Alfredo López son algunos de los magistrados que tienen expedientes en el Consejo.
Si un expediente pasa el filtro de la comisión, el juez debe ser sometido a un jury. Entre 1999 y 2022 tan solo fueron destituídos 18 jueces de los 26 que fueron acusados según un estudio de la Universidad Austral.
De origen radical, en 2018 Maques fue elegido presidente del Consejo de la Magistratura de la Ciudad tras un acuerdo entre Daniel Angelici y Jorge Rizzo, que luego se distanciarían. En 2020, Maques fue reelecto y permaneció a la cabeza del consejo porteño hasta 2022.
Durante el gobierno de Fernando de la Rúa fue vicepresidente de la Corporación Puerto Madero. En 2017 desembarcó como síndico de Ceamse mientras el Chiqui Tapia era vice del organismo.
«Es un tipo del sistema, del statu quo. No tiene quilombos y vuela por abajo del radar», lo definió un hombre de la justicia federal.
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Al despertarme en el día de ayer, encontré a mi compañera viendo atentamente una película que estaban dando por cable. Al presta atención veo que se trataba de Mujer Bonita. Un clásico de los 90 que inmediatamente me trajo a la mente un maravilloso artículo del filósofo José Pablo Feinmann.
Es verdad que en la película Mujer bonita, Hollywood, vendió un cuento de hadas moderno, pero JP Feinmann supo leer ahí algo más que romance y vestidos caros. En su célebre texto “Julia Roberts contra el capitalismo salvaje”, el filósofo supo desarmar la película hasta mostrar su núcleo ideológico: una crítica —suave, edulcorada, pero crítica al fin— al capitalismo financiero depredador. Sí, el mismo que volvió a invadir nuestras vidas con el ascenso al poder de Javier Milei, un presidente que, como Edward Lewis, no habla de producir sino de destruir, no habla de trabajo sino de costos laborales, y no concibe al Estado ni a las empresas como espacios de organización social, sino como objetos a ser desarmados y liquidados. Todo es un loop que nos lleva y trae a los 90.”
Edward Lewis, es un millonario obsceno, no produce nada. No fabrica, no crea, no emplea. Se dedica a desarmar empresas, las desguaza en mil pedazos para convertirlas en papeles, negociables en mesas de “inversionistas” que multiplican su valor sin producir absolutamente nada. La película muestra al capital financiero en estado puro. Vivian Ward, una prostituta de Hollywood Boulevard, entiende algo que el magnate no: que ganar dinero sin producir nada es moralmente vacío. Ella, que vende su cuerpo, conserva una ética; él, que compra empresas, no sabe nada de eso.
Un detalle que me llamó mucha la atención y que Feinmann lo dejó pasar, es que Edward Lewis es una persona rota. El millonario menciona la ausencia de un padre que abandona a su madre, y lo hace en términos de odio y ruptura. Cuenta que su primer gran negocio fue comprar la empresa de su propio padre para desmantelarla y venderla en partes.
No es un detalle menor, el odio es el acto fundacional de su identidad como empresario del capital financiero, es lo que conocemos con el nombre de neoliberalismo. Edward no hereda la empresa para continuarla, la destruye. No la transforma, no la moderniza, no la hace más productiva: la hace desaparecer. Es un parricidio simbólico. Matar al padre equivale a matar el modelo de capitalismo que ese padre representaba: probablemente productivo, industrial, ligado al trabajo y a la continuidad.
El paralelismo con Javier Milei es evidente y perturbador. Así como Edward Lewis compra la empresa del padre para hacerla desaparecer, el actual presidente argentino construyó su identidad política prometiendo dinamitar el Estado, destruir lo público y borrar toda forma de capitalismo productivo nacional. En ambos casos, el gesto fundacional no es crear algo nuevo, sino odiar y demoler lo existente. El parricidio simbólico se transforma en programa económico.
El modo de acumulación de Edward nace del odio: ganar dinero destruyendo lo que otros han construido con esfuerzo. Por eso no produce nada. Por eso no crea empleo. Por eso sólo sabe comprar, desarmar y liquidar. El millonario de la película es un hijo que confunde emancipación con demolición. Cree que ser libre es arrasar con todo lo anterior. No supera al padre: lo borra. Y al hacerlo, inaugura su adhesión total al capitalismo financiero salvaje, abstracto, sin rostro ni responsabilidad social. ¿Te suena conocido?.
Ahora volquemos un instante la mirada sobre Vivian Ward. Ella no sólo vende “placer”, en el guion queda muy claro, vende tiempo, disponibilidad corporal y fuerza de trabajo. Es exactamente lo que describe Karl Marx en El Capital: el trabajador no vende el producto, vende su capacidad de trabajar durante un lapso determinado. Vivian negocia por hora, por noche, por semana. Hay tarifa, contrato verbal, condiciones, penalidades y hasta cláusulas implícitas. Edward no compra a Vivian: alquila su fuerza de trabajo, como cualquier capitalista alquila mano de obra. La diferencia es sólo el rubro. No hay romanticismo ahí: hay mercado.
Han intentado vender esta película como una moderna historia de princesa. Lamento decirles que no, en esta historia Vivian produce valor en términos económicos, no son mercancías materiales. Produce servicio. Edward, en cambio, no produce nada. Vive de la valorización abstracta del capital. En términos clásicos, Vivian está más cerca del trabajo productivo que Edward, aunque el sistema declare lo contrario.
Y podemos darle una rosca más de tuerca. Vivian pertenece al sector más desprotegido del proletariado como son los repartidores del estilo Rappi. No tiene derechos laborales. No tiene seguridad social. No tiene estabilidad. No controla el proceso, ni el resultado, pero la prostituta tiene lo aventaja al repartidor en un aspecto: cobra por adelantado porque sabe que el capital incumple.
Volvamos al texto de Feinmann, el filósofo señaló otra arista, con ironía nos cuenta sobre la inversión de roles: la prostituta es quien humaniza al capitalista. Vivian no sólo enamora al príncipe; lo civiliza. Cuando Lewis decide salvar la empresa naviera de James Morse y sostener el trabajo de cientos de obreros, no se vuelve socialista: retrocede al viejo capitalismo burgués, productivo, industrial, con fábricas, máquinas y salarios. Vuelve a la producción industrial. El dinero vuelve a estar al servicio de la producción y no de la especulación.
Por otro lado tenemos al villano, que no es casual. Philip Stuckey, el abogado financiero, es la encarnación del capital salvaje, sin rostro ni escrúpulos que te recuerda rápidamente al 3% de las coimas, el cierre de los fondos para el CONICET, el cierre de escuelas, la quita de alimentos para comedores… La escena donde el abogado intenta violar a Vivian, no es un exceso del guion, es la metáfora brutal y más cercana a la realidad de un sistema que avanza sobre todo lo que no comparte su ideología, incluso sobre los cuerpos. Esa escena se repite a diario cuando se quitan los remedios a los discapacitados o a los jubilados. Cuando Lewis lo expulsa, también expulsa —momentáneamente— a la lógica financiera extrema. Es lo que sucedió en diciembre del 2001 cuando la sociedad toma conciencia y expulsa el gobierno de De la Rua.
Lo importante de este análisis es no idealizar a Hollywood, al contrario, darnos cuenta de que en el corazón mismo del imperio cultural y económico, el capital financiero aparece y es señalado como reprochable. Mientras que la producción y el trabajo conservan un resto de legitimidad moral. El príncipe es bueno porque crea empleo; la Cenicienta es hada porque devuelve sensibilidad a un millonario desalmado. Y acá caemos en la cuenta de que se trata sólo de un simple cuento. Muy difícil que se haga realidad.
Pero hagamos con el cine como enseñó Feinmann: pensar la política donde otros veían sólo entretenimiento. Y por eso esta película sigue siendo incómoda, necesaria y actual. Porque el problema que vio en Mujer bonita en los ’90 es el nuestro en pleno 2025/2026.
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