| | |

AGENDA CULTURAL

Te dejamos las actividades para este finde: opciones para las infancias, música, gastronomía y deportes, estrenos en el cine.

SÁBADO 5 DE MARZO

El cierre de la edición verano de las JORNADAS RECREARTE será en B° Villa Alberdi desde las 15 hs. Actividades de escritura, títeres, teatro, organizadas por Cultura y la Secretaría de Desarrollo Social.

Por la tarde, espectáculos musicales en el marco de VERANO CULTURAL. Como siempre, se desarrollarán al aire libre en Plaza de los Próceres desde las 20 hs.

Evento de Hip-Hop y Freestyle en el Anfiteatro Chico, desde las 16:30 hs, pueden acercarse competidores y público a disfrutar de batallas de freestyle:

De Cerca, cierra con artistas regionales imperdibles este sábado 5 de marzo a las 21 hs. Se presenta Emi Alessandroni y el dúo Cecilia Pérez y Sebastián González con poesía y música. Es un evento con reserva previa (2984 500715).

A bailar con todo en Mon bohemi con Matías LeMusic trayendo el mejor #freestylermx:

DOMINGO 6 DE MARZO

Triatlón de la Vendimia: para corredores de Huergo a Chichinales se entregarán kits el día sábado 5 a las 19 hs en el Polideportivo Cumelén. Para visitantes de otras localidades la entrega será en la concentración previa al evento en la Isla 58, de 8 a 8,30 hs. El reconocimiento del circuito será el sábado 5 a las 14 hs.

Domingos de plaza, en Plaza de los Próceres desde las 20 hs.

Y si elegís ir al cine, vas a encontrar el estreno imperdible de Batman y dos películas del espacio INCAA sobre temáticas relacionadas con el 8M. Revisá la cartelera en www.circuloitaliano.ar

Difunde esta nota

Publicaciones Similares

  • Comenzó el ciclo ‘Domingos de Plaza’

    Este fin de semana, la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina puso en marcha el ciclo ‘Domingos de Plaza’ para que los vecinos puedan disfrutar de distintas expresiones de la mano de artistas reginenses. Rey David, Alicia Triviño y Zule Vega animaron la primera entrega en la Plaza de los Próceres. El…

    Difunde esta nota
  • Sufrimiento y éxtasis ricotero

     

    Publicado el 16 de septiembre de 2013

    Mauro, 37 años, ricotero, entra en el autódromo de San Martín minutos antes de que el Indio salga a escena y se arrodilla. Besa el barro y apoya la cabeza en la bandera enrollada. El amigo se para y abre las manos mirando al cielo, como si la lluvia que no cae desde hace seis meses en Mendoza, fuera una bendición y no lo único que le falta a su viaje.

    —Llegué. Acá estoy pelado. ¡Acá estoy!- dice, uniformado con pañuelo árabe, sweater, jean topper blancas, una bandera que dice Misiones y la cara del indio, la frase: “tu esqueleto me trajo hasta aquí”.
    Salió hace 43 horas desde Misiones en un micro que se rompió dos veces en el camino. La última fue definitiva, a 20 kilómetros de llegar. Se bajó con el bolso y empezó a hacer dedo con sus tres amigos. Se dividieron en dos para poder llegar y todavía no pudieron reencontrarse. Tampoco saben cómo ni cuándo van a volver.

    ***

    Un día antes, al anochecer, la Ruta 7 empieza a cargarse. Los camiones entorpecen la hilera de autos y micros que marchan desde Buenos Aires hacia Mendoza: uno de cada cinco, uno de cada cuatro, uno de cada tres, dos seguidos; todos, llevan la insignia. En esta religión hay, como en casi todas, un solo Dios; pero las maneras de adorarlo y simbolizarlo, incluso de nombrarlo, son de libre albedrío: Indio o Patricio Rey, la reproducción del arte de Rocambole en cualquier disco, todas las frases que se hayan escrito en los treinta años de esta banda que hace una década se redujo a su líder.

    “Vamos a misa”, dice el ploteado en el parabrisas y en el capot de un Peugeot 307; “El que abandona no tiene premio”; “El lujo es vulgaridad”; “Vivir sólo cuesta vida”; “Tu esqueleto me trajo hasta aquí”; “Este infierno es encantador”; “Nadie es capaz de matarte en mi alma”; “Lo mejor de nuestra piel es que no nos deja huir”.

    No llevar bandera es traicionar el rito, como el católico que no se hace la señal de la cruz al pasar por una Iglesia. Que todos sepan que se es parte, es casi una condición.

    Belén y Kevin, de 26 y 38 años, entran en la estación de servicio de Rufino a los gritos y cantando. Se olvidaron la bandera en La Plata y no se bancan los 700 kilómetros que quedan con el auto despojado de identidad.

    —¿Tenés cinta aisladora? —le piden a la vendedora.

    —Sí.

    —¿De qué color?

    —Negro.

    —¡Esaaa! —grita Belén. A las 11 de la noche y con dos grados se ponen a “plotear” el Clio en el estacionamiento. Andrés, el más joven de los ocho que viajan juntos en dos autos, corta la cinta y Kevin la pega con una cuidada desprolijidad: se toma el tiempo para que las curvas sean curvas y que la distancia entre las letras sea más o menos pareja. El resto le festeja cada cinta que pega. Cuando termina, todos toman distancia para mirar cómo se ve desde lejos: INDIO.

    Ahora sí. Se sacan la foto y arrancan.

    Las banderas van enganchadas en el baúl y cubren toda la parte trasera de los autos. La fiesta ya empezó. Esta vez hace demasiado frío; si se pudieran abrir las ventanillas, se escucharían las voces entonando y desafinando un tema atrás del otro a todo volumen. Como ahora en la estación de servicio del kilómetro 350: un Fiat Palio musicaliza con Gulp y afuera los viajeros comparten una cerveza. Cada auto que llega se suma al ritual: el saludo, casi como un código, es cantar un poco de la canción que suena y mover la cabeza como afirmando lo que los une. Así, siempre el mismo gesto, tan emocionante como estúpidamente igual, se repite en cada parada; sean 450 kilómetros como en último recital, en diciembre de 2011 en Tandil, sean los mil que hay que hacer esta vez para llegar a Mendoza. En cada parada, una y otra vez.

    ***

    Elba no lo puede creer.

    —Imagínese que acá no tenemos ningún turismo. Es la que gente que anda de paso nomás o los viajantes. Pero ayer… Ayer eran micros, micros y micros —dice mientras sirve el desayuno en el Parque Hotel Laboulaye, un alojamiento rutero en el kilómetros 490 de la 7.

    Se calcula que entre el jueves y el viernes pasaron por ahí unas 50 mil personas. Novecientos o mil micros y cinco mil autos.

    —Esto yo no lo vi nunca, jamás, ni con el fútbol ni con nada —confirma el mito la señora— Cuando me dijeron que estemos preparados, yo no lo creía. ¿Quién es este indio que la gente hace tanto viaje para verlo? Ni que fuera la Virgen de San Nicolás. Después me dijeron que son los Redonditos de ricota. A esos sí los escuche, pero ¿tan famosos son? —pregunta con el sentido común del que mira desde afuera. Los que están adentro parecen haberlo perdido.

    —Gente grande, familias con chicos… Algo deben tener. La gente no es tonta.

    Cada ricotero tiene su ritual de entrada: besar el piso, alzar las manos y agradecerle a alguien -o algo- más allá de lo terrenal; correr como si hubiera por delante una línea de llegada; gritar, saltar, rodar. Llegar es también cumplir una promesa. 

    Como si se tratara de alcanzar la cima del Aconcagua, cruzar a nado el Río de la Plata o caminar hasta Luján. El momento se saborea como un logro personal, casi un sacrificio.

    Como si haber pagado una entrada de 300 pesos no alcanzara para tener derecho a ver el show. Algo de la operación básica del capitalismo se pierde en el transe. O se borra, porque sólo así puede haber mística. Y eso es lo que ellos necesitan. Nada más puede justificar el esfuerzo.

    Despojado de eso, el fenómeno se vuelve absurdo. Sus 120 mil protagonistas, simples víctimas de la industria del entretenimiento. 

    IndioSolari_Garcia_02_CAJA

    La furia empieza con el anuncio. Un día, casi sin rumores previos, ocurre la aparición: Carlos Solari sale de la caja de cristal que se construyó para sobrellevar una popularidad que dice que no le gusta, que dice no quiere ni buscó; que dice ni siquiera entiende.

    —14 de septiembre. Mendoza.

    Con ese mensaje anónimo y sin sujeto alcanza. Como un virus que inocula hasta el último ricotero del país, la noticia entra en el cuerpo, la maquinaria se pone en marcha. Todos los recursos -propios, prestados o robados-, se ponen a disposición de una logística que empieza en ese instante y continúa los dos o tres meses que faltan para la peregrinación.

    Para muchos será corta: un avión y un lindo hotel que se paga con tarjeta de crédito. Para otros, empieza por ver cómo juntar los 300 pesos que esta vez cuesta la entrada.

    Él, Carlos Alberto Indio Solari, llegó en un chárter privado desde San Fernando. Sus músicos, en aviones de línea. Hace tiempo que el líder de la multitud dejó de tocar por el mango: se calcula que con este show embolsó unos 15 millones de pesos. Lo suficiente para recluirse otros dos años; lo suficiente para no trabajar nunca más, si quiere.

    ¿Cómo será la cabeza y el ego de un tipo que sabe que genera esto? No hay fanatismo que pueda obnubilar tanto como para no preguntarse esto cuando en el kilómetro 850, a 140 del destino y a 16 horas de haber salido, el tránsito se frena de manera imprevista: son diez kilómetros de cola, una hora después serán 20, dos más tarde ya llega a 30. Cuatro horas para avanzar 10 mil metros. Los más impacientes van por la banquina; al rato, de la banquina ya pasan a la tierra lindante a los alambrados o, directamente, al otro lado de la autovía para acelerar en contramano.

    —Imaginate al Indio en la suite del 5 estrellas viendo esto por la tele. No hay manera de no sentirte poderoso —dice uno de los fanáticos en el auto.

    La gente se baja, prepara un fernet al costado de la ruta o en el baúl, camina por el medio de los autos o charlando con el que maneja; avanzan a un promedio de 2,5 kilómetros por hora, envueltos en banderas; hablan de lo que se viene a la noche, de que hay que abrigarse, comprar Fernet, ubicarse bien para Jijiji.

    IndioSolari_Garcia_03_CAJA

    Una botella de gaseosa cortada y doblada hacia afuera para no lastimarse. Una parte de Fernet y dos de Coca Cola. Laura y Marcela preparan el trago para el grupo en una barra improvisada en el baúl de un cero kilómetro, varias horas antes del recital. En la división de roles de esta noche, a ellas les toca armar el porro.

    Fernet, Coca Cola, marihuana y cerveza; la mezcla acompaña las horas de espera. Una semana antes del recital, en los alrededores del autódromo ya había cinco carpas; tres días antes, cincuenta; el viernes más de cien.

    El día del show, a partir del mediodía, llega la multitud. Y los alrededores del autódromo colapsan. Hay autos, traffics y micros seis kilómetros a la redonda. Desde esa distancia parte la peregrinación caminada.

    —Voy a verlo por primera vez. No lo puedo creer —dice Ignacio, un uruguayo de 25 años que llegó desde Montevideo con cinco amigos en uno de los treinta micros que partieron el viernes.

    —Vengo de San Antonio de Padua. A todos lados desde hace 20 años —dice Carlos. Una hora antes de que empiece el recital vendió las últimas dos petacas de vodka a 20 pesos. Las otras 98 a 25. En tres horas y media recaudó dos mil pesos limpios.

    —Me pagué el viaje. Negocio redondo.

    Como él, son muchos los que se financian el viaje con puestos improvisados de alcohol o comida, venta de pósters y remeras.

    El autódromo de la ciudad San Martín es un continuo de cabezas y capuchas, de banderas y brazos alzados; desde el centro de la multitud no se ve el horizonte: sigue y sigue. La sensación de eternidad se vuelve miedo cuando en el segundo tema todo ese centro empieza a bambolearse como si lo estuvieran revolviendo. Empujan para un lado y para el otro, no se puede salir, hay que ir en puntas de pie porque si uno se cae, todos caerán encima, empiezan los gritos y aparece el pánico. El Indio sigue cantando. Desde dónde él está, desde arriba, lo que se ve es otra cosa: 120 mil personas coreando su nombre, cantando que se vaya a tocar a la luna y que la luna van a copar.

    —Esto es una ciudad. ¿Se dan cuenta? Somos una ciudad —dice. Decir que tiene una ciudad a sus pies sería demasiado.

    Y sigue:

    —Me dicen que este es el show con entrada paga más multitudinario que se haya hecho. Yo se los agradezco. No me voy a cansar de agredecérselos.

    Al mensaje demagógico, la respuesta es crítica.

    —¿Cómo no lo vas a agradecer? Si te hacemos millonario. Dale, cantá loco, cantá —dice alguien.

    Suena el primer acorde del próximo tema y ya nada se cuestiona: cada letra es coreada como el padre nuestro. Se la cantan a él, a alguien que no está, a la cara unos a otros, amigos o desconocidos.

    Es como en el carnaval: la riqueza y la pobreza, el origen de cada uno, se olvidan en la fiesta. La multitud es homogénea cuando se hace masa, como un rebaño de ovejas obedientes. Al menos no en lo que dura este rito no hay robos ni descontrol; ni una sola pelea.

    —Acá todos queremos vivir la fiesta. No hay intereses ni egoísmo. Yo le convido porro a uno que tiene una 4×4 y él me da birra. Estamos todos para lo mismo —dice Paco. Llegó en un Renault 9 desde Wilde con cuatro amigos más. Un poco de ropa, unas frazadas para dormir en el auto, cuatro botellas de Fernet, tres vinos, 5 cervezas y una heladerita con hielo. Pero calcularon mal: a las seis de la tarde ya no tenían más alcohol.

    Sufriendo el mismo frío, vibran las mismas letras, acusadas de ser las más crípticas del rock nacional y que, sin embargo, crean eslóganes e identificación como pocas otras.

    La fe no desconoce el sacrificio.

    —Indio, ¡la concha de tu madre! ¿Te resbalás? ¿Te duele la garganta? Vení acá hijo de puta —grita uno cuando a cinco temas de empezar el show, la llovizna se hace lluvia y cae a dos grados bajo cero sobre cuerpos transpirados, aplastados, mal dormidos, colmados de alcohol.

    IndioSolari_Garcia_04_CAJA

    —Hoy más que nunca prepárense para hacer el pogo más grande del mundo —dice Solari justo a la medianoche, después de dos horas de show en las que hubo tantos clásicos de los Redondos como de su etapa solista.

    Las luces se apagan y empieza a sonar Jijiji. Como la asunción del Indio Solari a la categoría de líder, que esta canción y no otra sea el himno de cierre, no admite explicaciones. Desde los primeros shows de los Redondos fue así. Y nadie quiere que cambie. El ritual repetido, una y otra vez, es lo que moviliza. Es lo que se va a buscar, lo que se disfruta.

    Al borde de la hipotermia, todos saltan en una euforia irrepetible. Los gritos, ya afónicos, son los más fuertes de la noche. Se arman rondas por todo el autódromo y los cuerpos se cruzan, chocan, giran, van y vienen; las banderas se agitan. La sensación de que se termina es más excitante todavía. “Estos chicos son como bombas pequeñitas”, dice la canción, y la metáfora se vuelve literal en este instante, pequeñas explosiones individuales que hacen estallar el estadio. La fiesta ser repite de una punta a la otra, replicada en 120 mil. Hasta que la luz se apaga y sólo queda el silencio. Por unos segundos todos siguen mirando el escenario.

    Lo que quedaba de energía se acaba de ir. Real o no, el legendario temblor que los ricoteros afirman se siente. No sólo es mito, también es realidad. 

    La entrada Sufrimiento y éxtasis ricotero se publicó primero en Revista Anfibia.

     

    Difunde esta nota
  • Estupor en el gobierno con Adorni: «Ahora no cierra ni el blanco ni el groncho»

     

    En el gobierno quedaron paralizados por el harakiri de Manuel Adorni y creen que se enterró tras declarar que tiene medio millón de dólares sin declarar conseguidos en una inesperada carrera de trader de bitcoins.

    LPO anticipó en exclusiva que en el gobierno sabían que el blanco de Adorni no cerraba en una suma de entre 300 y 400 mil dólares. Por eso estaba hace tres meses a la búsqueda de una creatividad contable para tapar ese agujero.

    «Ahora no cierra ni el blanco ni el groncho», reconocieron a LPO altas fuentes de Casa Rosada. El impacto de la revelación de Adorni fue brutal: en el gobierno compartieron durante todo el día el tuit del propio Adorni con fecha de 2021, cuando festejaba que había conseguido un paté sabor provenzal tras hacerle un reclamo por salchichas Swift en mal estado. Así como la foto demoledora del jefe de Gabinete en un precario asado, justo cuando supuestamente invertía cientos de miles de dólares en Bitcoin.

    Ningún ministro bancó a Adorni y a Patricia le sugirieron que no comiera la torta que le llevó por su cumple 

    El contraste de aquel Adorni con el Adorni millonario en bitcoins fue demasiado para las espadas libertarias, que en muchos casos decidieron ni siquiera opinar sobre el tema. «No hablamos de Adorni», dijo a LPO una libertaria que hasta un par de semanas se mostraba con Adorni.

    Se hizo todo mal, debió presentar la declaración jurada y no decir nada, que la investiguen y chau. Ahora no cierra ni el banco ni el groncho.

    «Se hizo todo mal, debió presentar la declaración jurada y no decir nada, que la investiguen y chau», dijo a LPO un funcionario, que admitió que lo que incineró a Adorni fue la entrevista con la que creyó que iba a dar el tema por saldado. El dato que tienen en la Rosada es que el fiscal Gerardo Pollicita, que instruye en la causa de enriquecimiento ilícito, está «recaliente».

    Adorni les dijo el miércoles a los Milei y a los Menem que ya tenía resuelta la declaración jurada y que saldría a poner el cuerpo en una entrevista acolchonada en La Nación+. Los Milei le dieron el ok, incluso con la promesa de que lo saldrían a bancar después de la emisión.

    Pero Adorni no les dijo que saldría con tamaña explicación, que entró a la historia como una de las inmolaciones más rocambolescas emitidas en vivo por un político argentino.

    La reacción fue la esperada. Milei tuiteó a reglamento y, lejos de la habitual locuacidad que manifiesta por medio de sus falanges retuiteadoras, sólo compartió un posteo de Santiago Oría. El cineasta de pulso fluctuante dio el tema por saldado en la noche del miércoles, apagó el teléfono y ni siquiera esperó la repercusión bestial que tuvieron las declaraciones del jefe de gabinete, acusado de «ladrón», «delincuente», «medio pelo» y «laucha» incluso por algunos de los periodistas que tratan al gobierno de manera indulgente.

    Baby recordó la vida de Adorni cuando «invertía» una fortuna en Bitcoin: «Eras un laucha sin una moneda»

    Ningún ministro salió a bancar al jefe de gabinete. «Ni bajo tortura», dijo un ministro a LPO. Por el contrario, Patricia Bullrich aprovechó para patearlo en el suelo y los aliados del PRO amenazan con interpelarlo.

    El caso Adorni, que le hizo perder a Milei ya unos diez puntos de imagen positiva de acuerdo a algunos sondeos, ya tiene consecuencias sobre la economía. Como explicó LPO, en el palacio de Hacienda están furiosos con el pésimo timming del ex vocero. Adorni difundió su declaración jurada justo cuando el Gobierno intenta mostrar otra película ante Wall Street. S&P subió la nota soberana de Argentina a B- y el ansiado egreso a los mercados voluntarios de deuda está un paso más cerca.

    La mancha venenosa que representa Adorni, que para el gobierno ya se convirtió en una avispa atrapada dentro de un casco, impacta además en el funcionamiento del Congreso.

    Con su adhesión al régimen simplificado de Ganancias, Adorni generó un efecto cascada, con un torrente mucho mayor a la que se hizo construir en su casa del country Indio Cuá. Decenas de funcionarios y hasta periodistas fueron escrachados por adherirse al régimen, una situación que no tiene impacto judicial sobre ellos pero sí daña la confianza en el plan económico.

    La decisión del jefe de Gabinete de sumarse al olvido fiscal arrastró al barro a Federico Sturzenegger, que se acogió al mismo beneficio y activó una caza de brujas que pone en riesgo el éxito de la norma, una apuesta central de Toto Caputo para que salgan los dólares del colchón y se mueva un poco la economía.

    La mancha venenosa que representa Adorni, que para el gobierno ya se convirtió en una avispa atrapada dentro de un casco, impacta además en el funcionamiento del Congreso. LPO explicó que los aliados de la Rosada advierten que no podrán sacar ninguna ley mientras el contador de la UADE continúe en el cargo.

     

    Difunde esta nota
  • Formosa informó dos nuevos contagios de coronavirus

    «En las últimas 24 horas se han diagnosticado dos casos positivos a coronavirus. Se trata de un hombre de 63 años que se encontraba aislado en el Hospital Interdistrital número 8 y una joven de 16 años, esta asintomática», informó el ministro de Gobierno provincial, Jorge González, en la lectura del reporte diario de situación. Según…

    Difunde esta nota
  • Las ventas cayeron un 18% en Córdoba y crece el fiado para comprar alimentos

     

    El principal logro que exhibe el gobierno de Javier Milei -la desaceleración de la inflación- todavía no consigue traducirse en una recuperación de la economía real. Al menos eso reflejan los últimos informes de las principales entidades comerciales de Córdoba, que muestran una fuerte caída de las ventas, un deterioro de la rentabilidad y un creciente endeudamiento de las familias para comprar alimentos.

    Mientras el Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE), del Centro de Almaceneros de Córdoba, registró para junio una inflación de apenas 1,87%, la más baja de los últimos once meses, la actividad comercial continúa en retroceso tanto en los grandes corredores comerciales como en los negocios de cercanía.

    Los datos de la Cámara de Comercio de Córdoba son contundentes. Durante junio las ventas minoristas cayeron 18% interanual en unidades y la rentabilidad retrocedió 20% respecto del mismo mes de 2025. En comparación con mayo, las ventas volvieron a bajar otro 5% y las ganancias se redujeron 9%.

    La serie confirma una tendencia que comenzó a profundizarse en marzo. Ese mes las ventas habían caído 10%; en abril el desplome llegó al 23%; en mayo fue del 21% y en junio volvió a ubicarse en un muy elevado 18%.

    La rentabilidad muestra un deterioro todavía mayor: pasó de una caída interanual del 15% en marzo al 24% en abril, 22% en mayo y 20% en junio, obligando a muchos comerciantes a resignar márgenes para sostener el nivel de actividad.

    El clima entre los comerciantes tampoco mejoró. Apenas el 11% aseguró haber cumplido las expectativas de ventas durante junio. Aunque representa una leve recuperación respecto del crítico 5% registrado en abril y del 9% de mayo, continúa muy lejos de un escenario de normalización.

    Pero el dato más preocupante aparece cuando se observa qué ocurre con los alimentos, el rubro más sensible para medir el consumo cotidiano.

    Según el Centro de Almaceneros, las ventas en los comercios barriales de alimentos retrocedieron 8,6% interanual durante junio, incluso en un contexto donde la inflación de alimentos se desaceleró hasta el 1,7%, el menor incremento mensual desde julio de 2025.

    El informe atribuye esa moderación principalmente a la estabilidad de los precios de la carne vacuna, que prácticamente no registró aumentos durante junio e incluso mostró bajas cercanas al 2% en algunos cortes.

    Sin embargo, el alivio en los precios no alcanzó para recomponer el poder de compra de las familias.

    Los indicadores sociales muestran un escenario delicado: el 56,6% de los hogares aseguró no haber logrado cubrir adecuadamente la Canasta Básica Alimentaria; el 53,2% redujo la cantidad diaria de comidas; el 32,4% sufrió situaciones de hambre sin poder resolverlas y el 11,4% declaró haber atravesado períodos en los que debió alimentarse una sola vez al día.

    La forma en que hoy se financia la alimentación también refleja el deterioro del ingreso disponible. Nueve de cada diez hogares recurrieron a algún mecanismo de crédito para comprar comida. El 39,3% compró fiado en almacenes de barrio, el 38,4% utilizó tarjetas de crédito y el 11,2% necesitó dinero prestado. Apenas uno de cada diez hogares pudo adquirir alimentos sin recurrir a financiamiento.

    Ese fenómeno también empieza a golpear a los propios comercios. Según el informe, la morosidad en las ventas fiadas ya alcanza el 28%, mientras que la incobrabilidad llega al 17,7%, un nivel que pone en riesgo la continuidad financiera de numerosos pequeños negocios.

    El cuadro deja en evidencia una de las principales tensiones que enfrenta el programa económico nacional. La estabilidad de los precios comienza a consolidarse -el IETSE proyecta una inflación cercana al 30% para todo 2026-, pero esa mejora macroeconómica todavía no logra recomponer los ingresos reales ni reactivar el consumo privado.

    En una provincia como Córdoba, donde el consumo interno constituye uno de los principales motores de la actividad comercial, la fotografía de junio muestra que la desinflación todavía no llegó a los bolsillos. Los precios crecen cada vez menos, pero las ventas siguen en caída libre y una porción creciente de los hogares necesita crédito, fiado o ayuda familiar para llegar a fin de mes.

     

    Difunde esta nota

Deja una respuesta