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#CinMisHijisNiTiMitis

Escribe Mariana Herrero Evans para #LaTapa

Después de levantar el cartel de la Educación Sexual Integral (ESI) como excusa para rechazar el proyecto de la interrupción legal del embarazo, los argentinos nos enfrentamos a este grupo organizado en contra de la misma educación que pregonaban hace apenas 3 meses.

Diversas agrupaciones religiosas lanzaron una campaña bajo el hashtag twittero  #ConMisHijosNoTeMetas en la que una de las cosas que pregonan es que la educación sexual debe ser sin «ideología de género».

Ahora bien, ¿Qué es la ideología de género?

“La ideologia de género” no es ni más ni menos que el miedo a que el hijo (varón sobre todo, no sea cosa que salga gay) elija su género, es el terror a abrirle esa posibilidad. Como si la persona no va a terminar eligiendo en algún momento de su vida.

Tengan en cuenta que la patria potestad (a partir de la reforma del Código Civil se llama Responsabilidad Parental) es de los padres hasta los 18 nada más, después el chico se independiza y tarde o temprano es lo que quiere ser, porque los padres no son dueños de sus hijos. Es bastante obvio lo que estoy diciendo, pero quiero ver a esos padres si los suyos les dijeran lo que tienen que hacer, cómo y con quienes.  Ellos se piensan mirando su ombligo sin mirar el pasado ni el futuro.

La excusa que utilizan, es decir que la ESI sexualiza a los niños/as y adolescentes:

Dicen que en el jardín las señoritas les van a enseñar a los chicos a masturbarse o a ponerse un preservativo,  o que los profesores en la secundaria los alientan a que tengan sexo. Es que en su universo paralelo los adolescentes no tienen sexo hasta el matrimonio. Ah! y claro, esto de que los chicos quieran tener sexo pasa ahora por culpa de la ESI, antes no. ¿Habremos sido muy rebeldes los milenials?

Obviamente también dicen que la educación sexual es competencia de los padres, porque claro, en ese universo paralelo antes mencionado, todos las personas tienen padre y madre, una familia en la que se habla de todo, con todas las necesidades básicas cubiertas, en donde la mamá todas las noches le lee un cuento al hijo y a la hija, arropándolos y dándoles un beso en la frente. 
Lamento en el alma romper esa burbuja: ¡La vida real es diferente!

La ESI no atenta contra la familia, ni nada de esas excusas arcaicas que militan. De hecho, tiene cinco ejes de desarrollo
1- El ejercicio de los derechos
2- El RESPETO por la diversidad
3- El cuidado del cuerpo
4- La equidad de género
5- La valoración de la afectividad

Sabemos que el punto 2 es a lo que llaman «ideología de género», y es un fantasma que solo existe en su cabeza. A los que dudan sobre el tema,  no se dejen engañar, estos grupos fomentan la discriminación, el acoso escolar y el machismo.

Trabajo realizado por estudiantes de 5to 2da de la ESRN 98 de Las Grutas en taller de comunicación (Leila, Natalia y Luisina)

Vayan a las escuelas de sus hijos e hijas, participen, ningún establecimiento educativo está cerrado a las familias, al contrario.

¡Se va a caer!

Escribe Mariana Herrero Evans para #LaTapa

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    La mujer que puso a la Argentina en el mapa de la ciencia mundial: la historia de Cecilia Grierson, la primera médica del país

     

    En una época donde las mujeres tenían enormes obstáculos para acceder a la educación superior, Cecilia Grierson decidió desafiar las reglas de su tiempo y convertirse en la primera médica argentina. Su trayectoria no fue solamente una conquista personal: abrió un camino para miles de mujeres que llegaron después a las universidades, impulsó la enfermería profesional, promovió la educación sanitaria y defendió derechos que todavía hoy forman parte de las discusiones sociales. A más de un siglo de sus primeros logros, su historia revela cómo la educación pública y el conocimiento pueden transformar una sociedad.

    Por Redacción de NLI

    En la Argentina de fines del siglo XIX, imaginar a una mujer dentro de una facultad de Medicina parecía, para buena parte de la sociedad, una provocación. La universidad era un espacio dominado casi exclusivamente por hombres y los prejuicios de la época sostenían que determinadas profesiones no estaban destinadas a las mujeres. En ese contexto apareció Cecilia Grierson, una joven que no solamente decidió estudiar Medicina, sino que tuvo que enfrentar resistencias institucionales, cuestionamientos sociales y obstáculos que iban mucho más allá de lo académico.

    Su historia comienza en 1859, cuando nació en Buenos Aires dentro de una familia de origen escocés e irlandés. Desde joven conoció las dificultades económicas y la necesidad de trabajar. Antes de ingresar a la universidad se desempeñó como docente, una experiencia que sería fundamental en su vida porque entendió que la educación era una herramienta central para mejorar las condiciones de vida de la población.

    La muerte de una amiga cercana por una enfermedad despertó en ella el interés por la medicina. En una época donde las mujeres eran frecuentemente relegadas a tareas vinculadas al hogar y al cuidado informal, Grierson decidió ingresar a la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires, un camino que no estaba preparado para recibir estudiantes mujeres.

    Su ingreso no fue sencillo. Tuvo que demostrar permanentemente que podía cumplir con las mismas exigencias que sus compañeros varones y enfrentó miradas que cuestionaban su presencia en las aulas. No era solamente una estudiante intentando obtener un título profesional: representaba una ruptura con un orden social establecido.

    Una pionera que no buscaba solamente un título

    En 1889, Cecilia Grierson se convirtió en la primera mujer médica argentina. Pero reducir su trayectoria a ese dato sería insuficiente. Su verdadero legado está en todo lo que construyó después.

    A diferencia de quienes podrían haber entendido su logro como una meta individual, Grierson utilizó sus conocimientos para ampliar el acceso de otras personas a la educación y a la salud. Creó instituciones vinculadas a la formación de enfermeras, impulsó la enseñanza de primeros auxilios y trabajó para mejorar la atención sanitaria.

    En una Argentina que atravesaba un crecimiento urbano acelerado, con barrios populares donde las condiciones sanitarias eran muy deficientes, la medicina comenzaba a enfrentar nuevos desafíos. Las enfermedades infecciosas, la falta de infraestructura y las dificultades de acceso a profesionales capacitados exigían políticas públicas que fueran más allá de la atención individual.

    Grierson comprendió que la salud no podía pensarse solamente desde el consultorio. La prevención, la educación y las condiciones sociales eran elementos fundamentales para mejorar la vida de la población.

    Ciencia, educación y derechos de las mujeres

    Uno de los aspectos más interesantes de su figura es que su lucha profesional estuvo conectada con una visión más amplia sobre el lugar de las mujeres en la sociedad.

    Durante décadas participó en debates vinculados a la educación femenina, la formación profesional y los derechos civiles. En una época donde las mujeres tenían una participación política limitada y muchas restricciones legales, defendió la idea de que el acceso al conocimiento era una herramienta indispensable para alcanzar mayor autonomía.

    Su pensamiento se adelantó a discusiones que luego ocuparían un lugar central durante el siglo XX. Para Grierson, una sociedad no podía desarrollarse plenamente si la mitad de su población quedaba excluida de la educación superior y de determinadas profesiones.

    Su trayectoria también muestra la importancia de las instituciones públicas. La posibilidad de estudiar Medicina en la Universidad de Buenos Aires fue una herramienta decisiva para que una mujer pudiera romper una barrera histórica. Sin una universidad abierta y accesible, historias como la suya difícilmente hubieran sido posibles.

    Un legado que sigue presente

    Cecilia Grierson murió en 1934, pero su figura continuó creciendo con el paso del tiempo. Hoy es reconocida como una de las personalidades más importantes de la historia científica y social argentina.

    Su nombre aparece asociado a hospitales, escuelas e instituciones educativas, pero su mayor legado no está solamente en esos homenajes. Está en las miles de médicas, investigadoras, enfermeras y científicas argentinas que continuaron un camino que ella comenzó cuando parecía imposible.

    En momentos donde vuelve a discutirse el papel de la educación pública, el financiamiento de la ciencia y el lugar del conocimiento en el desarrollo nacional, la historia de Grierson adquiere una nueva dimensión. Su vida demuestra que la inversión en educación no produce resultados solamente inmediatos: construye generaciones capaces de transformar una sociedad.

    La ciencia argentina tuvo momentos de enorme reconocimiento internacional porque durante décadas existieron universidades, hospitales, organismos de investigación y profesionales formados en un sistema que permitió que personas de distintos orígenes pudieran acceder al conocimiento.

    La historia de Cecilia Grierson no es solamente la historia de una mujer que consiguió un título universitario antes que nadie. Es la historia de una Argentina que, a través de la educación y la ciencia, fue capaz de desafiar sus propios límites. Su vida recuerda que cada vez que una sociedad abre las puertas del conocimiento, no solamente cambia el destino de una persona: cambia también el futuro de un país entero.

     

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