ADORNI NO LA DECLARA PERO LA GASTA: se mudó a una casa de US$8.000 y sigue con custodia y autos oficiales
Pablo Duggan reveló una nueva postal del exjefe de Gabinete de Milei: Manuel Adorni se habría mudado con su familia a una vivienda en zona norte por la que paga US$8.000 mensuales. Y, pese a haber dejado el Gobierno, continúa disfrutando de custodia y vehículos oficiales. La motosierra parece tener algunas excepciones.
Por Tomás Palazzo para NLI
Manuel Adorni dejó de ser jefe de Gabinete, pero aparentemente no dejó atrás todos los beneficios que rodeaban su paso por el poder. Según reveló el periodista Pablo Duggan, el exfuncionario se mudó junto con su familia a una vivienda de zona norte por la que estaría pagando nada menos que US$8.000 mensuales de alquiler, mientras continúa utilizando recursos del Estado que, en principio, deberían estar asociados a las funciones de un funcionario en actividad.
La información difundida por Duggan vuelve a poner al exvocero presidencial en el centro de una tormenta que ya acumula varios capítulos. Porque la cuestión no es solamente dónde vive Adorni ni cuánto cuesta su vivienda. El dato explosivo aparece cuando esos US$8.000 mensuales se combinan con la continuidad de la custodia oficial y el uso de vehículos del Estado después de su salida del Gobierno.
Adorni dejó formalmente la Jefatura de Gabinete a fines de junio, cuando Javier Milei aceptó su renuncia y designó a Diego Santilli en su reemplazo. Sin embargo, pocos días después el propio Gobierno confirmó que el exfuncionario mantenía custodia oficial, aunque presentó el dispositivo como un servicio reducido.
Y ahora aparece la otra parte de la historia: los autos oficiales.
Se fue del cargo, pero el Estado quedó en la puerta
La continuidad de los recursos oficiales no es una especulación nueva. En los primeros días de julio ya había trascendido que Adorni seguía contando con custodia y vehículo oficial pese a no ocupar un cargo en el Poder Ejecutivo. La diputada Marcela Pagano llegó incluso a denunciar públicamente esa situación.
Pero la revelación de Duggan agrega una escena difícil de pasar por alto. El exjefe de Gabinete ya no está en el despacho más importante después del Presidente, pero sigue teniendo custodia y movilidad oficial mientras comienza una nueva etapa de vida familiar en una vivienda cuyo alquiler rondaría los US$8.000 mensuales.
Es una postal particularmente incómoda para un gobierno que construyó su identidad política alrededor de la austeridad, la motosierra y la denuncia permanente contra los privilegios de la llamada “casta”.
Porque una cosa es que un funcionario tenga protección mientras desempeña una tarea que pueda justificarla. Otra es preguntarse qué ocurre cuando abandona el cargo y continúa disponiendo de recursos estatales.
Y una tercera pregunta aparece inevitablemente: ¿cuánto cuesta todo eso?
No solamente el combustible. No solamente el vehículo. No solamente los salarios del personal afectado a la custodia. También están el mantenimiento, la logística, los choferes, los reemplazos, la infraestructura y todos los gastos asociados a sostener un esquema de seguridad estatal alrededor de una persona que ya no ocupa el cargo por el cual llegó al poder.
El Gobierno había explicado que la custodia de Adorni continuaba por razones de seguridad. Esa explicación fue difundida cuando se conoció que el exfuncionario seguía contando con protección oficial.
Lo que falta saber es hasta cuándo, bajo qué criterio y a qué costo.
Los US$8.000 que vuelven a poner el patrimonio bajo la lupa
El dato del alquiler adquiere todavía mayor impacto porque llega después de meses en los que el patrimonio y el nivel de gastos de Adorni ya habían sido objeto de fuertes cuestionamientos públicos y de investigaciones periodísticas y judiciales.
Durante 2026 se conocieron informaciones sobre propiedades, gastos, viajes y consumos del entonces jefe de Gabinete. También trascendieron detalles de obras y refacciones realizadas en una vivienda familiar en el country Indio Cuá, mientras avanzaba una investigación judicial sobre su situación patrimonial. La prensa había puesto además bajo la lupa la compra de un departamento en Caballito y otros bienes vinculados al exfuncionario.
Ahora la escena cambia de escenario.
Ya no se trata solamente de cuánto vale una propiedad que aparece en una declaración jurada o cuánto gastó una familia en determinada obra. Aparece un gasto mensual de US$8.000.
Si el dato difundido por Duggan es correcto, hablamos de US$96.000 por año solamente en alquiler.
Y eso equivale, dólar sobre dólar, a una suma que para millones de argentinos representa años enteros de ingresos. Mientras tanto, el Gobierno que integró Adorni durante más de dos años convirtió la palabra “austeridad” en una bandera política y utilizó el ajuste del gasto público como argumento para justificar decisiones que afectaron salarios, jubilaciones, universidades, organismos científicos y distintas áreas del Estado.
Por eso la imagen resulta tan potente: la motosierra pasó por muchos lugares, pero no parece haber llegado hasta la puerta de la casa del exjefe de Gabinete.
La motosierra, con chofer
Hay una ironía adicional.
El discurso libertario prometió terminar con los privilegios de los funcionarios, reducir estructuras, eliminar gastos considerados innecesarios y terminar con lo que Javier Milei denominó durante años “la casta”.
Sin embargo, alrededor de Adorni se configura una situación que parece pertenecer a otro manual: un exfuncionario con custodia estatal, vehículos oficiales y ahora una vivienda de alquiler que, según la revelación periodística, cuesta US$8.000 mensuales.
Y no se trata de cualquier exfuncionario.
Adorni fue durante años una de las caras más visibles del Gobierno. Fue el encargado de defender públicamente cada ajuste, cada recorte y cada decisión de Milei. Desde su lugar de vocero presidencial explicó una y otra vez que el Estado debía dejar de gastar lo que no tenía. Después llegó a la Jefatura de Gabinete, desde donde pasó a ocupar uno de los puestos centrales de la administración nacional.
Ahora está afuera del Gobierno, pero el Estado parece seguir acompañándolo.
Duggan fue directo al plantear la cuestión en su intervención televisiva: el exfuncionario se habría mudado con su familia y estaría pagando una cifra extraordinaria por su nueva vivienda, mientras conserva custodia y vehículos oficiales. La continuidad de la custodia ya había sido reconocida por el Gobierno, y las denuncias sobre los vehículos también habían tomado estado público.
La pregunta entonces deja de ser solamente cuánto cuesta la casa.
La pregunta es cuánto cuesta mantener el estilo de vida de quienes alguna vez estuvieron en el poder con recursos que pertenecen a todos.
Porque si la austeridad era una obligación para los trabajadores, los jubilados, las universidades, los científicos y los organismos públicos, resulta inevitable preguntar por qué esa misma vara no debería aplicarse a los funcionarios y exfuncionarios que durante años fueron los encargados de explicarla.
Adorni ya no firma como jefe de Gabinete. Ya no ocupa el despacho. Ya no representa oficialmente al Gobierno.
Pero, según la información conocida, todavía tiene custodia, todavía dispone de vehículos oficiales y ahora, según reveló Duggan, vive con su familia en una casa cuyo alquiler rondaría los US$8.000 mensuales.
La escena parece escrita para un manual de contradicciones del mileísmo: el funcionario que defendía la motosierra se fue del Gobierno, pero la motosierra todavía no parece haberse animado a cortarle el auto oficial.



