Como parte de una ofensiva feroz contra el gobierno, el juez Ariel Lijo ordenó levantar el secreto fiscal y bancario de Manuel Adorni y de su esposa Bettina Angeletti en la causa por enriquecimiento ilícito.
El juez federal acató el pedido del fiscal Gerardo Pollicita, que además llamó a declarar a otros cinco testigos. En una jugada de alto impacto, que habla de cómo están rodeando al jefe de gabinete, el fiscal citó al portero del edifico de Caballito en el que Adorni tiene un departamento comprado con 200 mil dólares que le «prestaron» dos jubiladas.
Además citó a Pablo Martín Feijoo, hijo de una de las jubiladas que fue dueña del departamento de Caballito de la calle Miró y que estuvo en la Rosada con Adorni.
Los otros tres citados a declarar fueron los dueños de la inmobiliaria, la martillera Natalia Rucci y su esposo Marcelo Trimarchi y Juan Ernesto Cosentino, quien le vendió al matrimonio Adorni la casa en el country Indio Cuá de Exaltación de la Cruz.
La orden de Lijo se dio el mismo día en que citaron a declarar a Diego Spagnuolo por las coimas de la Andis, el otro caso que tiene en sus manos y que preocupa a Karina Milei.
La baja del dólar de las últimas semanas reavivó la discusión sobre el atraso cambiario. El Gobierno celebra la calma, pero distintos sectores productivos advierten que la estabilidad esta construida sobre un precio de dólar ficticio que erosiona la competitividad de la economía argentina y que amenaza con un ajuste brusco.
La foto de la jornada muestra una plaza cambiaria relativamente tranquila. El dólar oficial cerró en 1.415 pesos y en el segmento mayorista, que es la referencia del mercado, cerró a $1.394,50.
La convergencia entre los distintos tipos de cambio vuelve a aparecer como una señal de estabilidad financiera, aunque detrás de ese dato empieza a crecer otro debate más profundo.
Se habla de atraso cuando el precio de los bienes y servicios de un país quedan desalineados respecto del de sus socios comerciales. El Banco Central mide ese fenómeno a través del Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM), que compara el precio relativo de la economía argentina frente a los principales países con los que comercia.
Cuando el peso se aprecia -es decir, cuando el dólar queda relativamente barato- los productos argentinos se encarecen frente a los del exterior. Eso impacta en la competitividad de las exportaciones. Un auto fabricado en Argentina, puede volverse más caro que uno producido en Brasil. Y esa diferencia se traduce en menos ventas externas.
El atraso cambiario también aparece cuando la inflación corre por encima del ritmo de devaluación, algo que claramente está pasando con un dólar que baja, mientras la economía sufre una infalción mensual que ronda el 3%. El economista Matías Surt, de la consultora Invecq, explicó que ese fenómeno se conoce como «inflación en dólares»: los precios internos suben más rápido que el tipo de cambio y el país se encarece.
Nadie le tiene confianza a este dólar en $1400 porque todos saben que tendría que estar a $2500.
En la misma línea, el economista Santiago Manoukian, ex jefe de research de Ecolatina, adviertió que cuando esto ocurre «la economía pierde competitividad, las exportaciones se resienten y se incentivan las importaciones».
Un informe reciente del Centro RA sobre atraso cambiario y costo de vida advierte que este proceso ya empezó a sentirse en la economía real. Entre enero 2024 y febrero del 2026, el dólar aumentó un 71%. La inflación durante el mismo período fue del 220%.
Según el trabajo, tras la fuerte devaluación inicial del gobierno de Javier Milei, a la inflación persistente terminó oxidando los movimientos administrados del tipo de cambio . Esa dinámica, agrega el informe, deterioró el poder adquisitivo de los salarios y elevó los precios medidos en dólares.
El debate se vuelve más complejo cuando se observan comparaciones internacionales. Un estudio del think tank industrialista Fundar muestra que la Argentina está 8% más barata en dólares que el promedio de América Latina.
Aun así, cuando se toma una perspectiva más larga, el diagnóstico cambia: comparado con 2021, el país se encareció 50% en dólares. Ese diagnóstico alimenta la discusión sobre la política cambiaria del Gobierno.
El economista Guido Zack sostuvo que una devaluación podría ayudar a cumplir objetivos macroeconómicos como la acumulación de reservas, la reducción del riesgo país y el pago de deuda externa. Sin embargo, también advierte que estabilizar la economía con precios en dólares similares al promedio regional es un desafío complejo en términos inflacionarios, especialmente cuando aún quedan precios relativos por acomodar, como las tarifas.
Cuando Milei llegó, el dólar se puso a $800, que son $2.000 de hoy. El promedio histórico son $1,600. No estoy proponiendo una devaluación, no estoy pronosticando un precio del dólar, pero si valiera $1.650, estaría más contento y tranquilo.
Las críticas también llegan desde el campo. El ex presidente de la Federación Agraria Argentina, Eduardo Buzzi, aseguró que el actual tipo de cambio solo favorece la especulación financiera. «Es un dólar retrasado para facilitar el carry trade y beneficiar a los especuladores», afirmó en diálogo con AM 650. Según el dirigente rural, muchos productores están reteniendo granos porque desconfían del valor actual del dólar.
Buzzi fue más allá y planteó que en el sector agropecuario hay consenso en que el tipo de cambio debería ser mucho más alto. «Nadie le tiene confianza a este dólar en $1400 porque todos saben que tendría que estar a $2500», dijo.
La discusión también alcanzó al economista Carlos Melconian, quien planteó que el tipo de cambio debería ubicarse en torno a $1.650 para evitar un nuevo atraso.
«Cuando Milei llegó, el dólar se puso a $800, que son $2.000 de hoy. El promedio histórico son $1,600. No estoy proponiendo una devaluación, no estoy pronosticando un precio del dólar, pero si valiera $1.650, estaría más contento y tranquilo», afirmó Melconian al dar una charla en una nueva edición de la feria agroindustrial Expoagro.
El Fondo Monetario le volvió a correr el arco al equipo económico. La revisión del programa prevista para este mes es volvió a postergar sin fecha cierta, aunque s ehabla de abril. La revisión del acuerdo con Argentina, que originalmente debía resolverse en noviembre. No es un tema burocrático, de la aprobación de esa instancia depende la liberación de fondos frescos para el país por unos USD 1.000 millones.
«En el staff técnico del Fondo consideran que el ritmo actual de acumulación de reservas no implica una mejora sustancial y se trata de un aspecto clave para evaluar la sostenibilidad externa del plan económico», explicó a LPO un economista al tanto de las negociaciones.
Por eso, lo que está en juego no es la revisión en sí, sino el waiver que el organismo tendrá que conceder por el incumplimiento de la meta de reservas. Es una escena conocida: el gobierno necesita esa dispensa para mantener vivo el programa y destrabar los desembolsos. «Este delay debe leerse como un reto, pero no hay soltada de mano», agregó la fuente.
El FMI, mientras tanto, gana tiempo. El problema es que la distancia entre lo prometido y lo logrado se volvió demasiado grande para disimularla. Según la consultora EcoGo, que dirige Marina Dal Poggetto, el desvío respecto de la meta de acumulación de reservas ronda los USD 20.000 millones. Un número que obliga a recalcular todo el programa.
En la última revisión comparable, en julio de 2025, la brecha había sido de apenas USD 3.000 millones. Aquella revisión de julio ocurrió durante la primera evaluación del acuerdo firmado en abril de 2025. El programa exigía que para el segundo trimestre el Banco Central hubiera acumulado unos USD 4.700 millones de reservas internacionales netas. La meta no se cumplió. El BCRA quedó corto, entre pagos de deuda y una estrategia deliberada del gobierno de no emitir pesos para comprar dólares en el mercado.
Según la consultora EcoGo, que dirige Marina Dal Poggetto, el desvío respecto de la meta de acumulación de reservas ronda los USD 20.000 millones. Un número que obliga a recalcular todo el programa.
Aun así, el Directorio del FMI decidió aprobar la revisión y otorgar un waiver por ese incumplimiento. El argumento fue que el resto de las metas del programa estaban razonablemente encaminadas. La decisión habilitó un desembolso inmediato de unos USD 2.000 millones (equivalentes a DEG 1.529 millones) y el organismo además recalibró el sendero de acumulación de reservas, admitiendo que el punto de partida del programa había sido demasiado optimista.
La historia ahora es distinta. La distancia con las reservas es mucho mayor y el margen político para repetir aquella indulgencia parece más estrecho. El gobierno sostiene que el problema no es la falta de dólares sino la forma en que entran y salen.
En lo que va de 2026 el BCRA compró USD 3.100 millones, pero las reservas no acompañan ese movimiento. Las reservas brutas subieron unos USD 4.600 millones en lo que va del año, pero las reservas netas cayeron más de USD 3.000 millones porque hay que descontar los distintos pasivos del Banco Central.
La razón es sencilla: sin acceso a los mercados internacionales, el Tesoro debe pagar sus vencimientos en efectivo. Para hacerlo, el BCRA le vende los dólares. El resultado es una contabilidad extraña.
Para entender ese movimiento hay que mirar el balance cambiario. El último disponible es el de enero. Allí aparece el patrón que dominó casi todo 2025: déficit de cuenta corriente compensado por ingreso de capitales financieros. Ese mes la cuenta financiera registró un superávit de USD 3.147 millones, suficiente para que las reservas del BCRA aumentaran USD 2.240 millones.
La cuenta corriente, en cambio, arrojó un rojo de USD 919 millones, El superávit comercial llegó a USD 2.014 millones. Del lado financiero, el ingreso de divisas tuvo tres motores claros: el repo por USD 3.000 millones que tomó el BCRA, la venta de USD 1.742 millones de divisas del sector financiero y el rubro préstamos y líneas de crédito, que aportó USD 2.030 millones, el tercer registro más alto desde la asunción de Javier Milei.
Pero buena parte de esos dólares volvió a salir. La línea de compraventa de billetes del sector privado no financiero marcó un déficit de USD 2.730 millones. Dentro de ese número, las personas humanas explicaron USD 3.103 millones. Fue el mayor saldo negativo para un mes de enero en toda la serie. Parte corresponde al pago de consumos con tarjeta en dólares y a transferencias al exterior.
La incógnita hacia adelante es si este esquema se puede sostener. La estrategia oficial apuesta a que la cuenta financiera siga aportando dólares mientras el comercio exterior mejora con la cosecha. Pero el interrogante es cuánto de ese flujo terminará en atesoramiento privado y cuánto en reservas del Banco Central, sobre todo en un escenario que luce más exigente hacia 2027, con elecciones y vencimientos de deuda más pesados.
En el medio aparece un mecanismo financiero que en los despachos del Fondo siguen con atención. Funciona así: el Banco Central compra dólares emitiendo pesos. Luego el Tesoro absorbe esos pesos colocando deuda. Después el propio Tesoro usa esos pesos para volver a comprarle dólares al BCRA. El resultado es que la cantidad de pesos queda relativamente estable, el Banco Central no acumula reservas y el stock de deuda del Tesoro sigue creciendo.
Desde el piso 22 del evento que organizó JPMorgan en Nueva York, Javier Milei se permitió cruzar una línea «Tenemos equilibrio fiscal y nuestras cuentas externas se van a favorecer; preparate Santiago porque te van a salir los dólares por las orejas», le dijo en público a Bausili, presidente del Banco Central. Y enseguida agregó una advertencia: «Que esos dólares no se vayan a inflación. Cuidado cómo los comprás».
La escena refleja otro punto que inquieta al establishment financiero: la independencia del Banco Central. En el modelo que admiran los inversores (Chile, Perú, incluso Brasil) el banco central se ocupa de la política monetaria y el gobierno de la fiscal. Esa división es un dogma en ese universo.
«El FMI está pidiendo flexibilizar encajes y aflojar la política monetaria después del ajuste previo a las elecciones de medio término», contó a LPO una fuente al tanto de las negociaciones. Según esta fuente, el FMI reclama además una hoja de ruta clara para desarmar el cepo.
A eso se suma el ruido político. Las salidas de Marco Lavagna del INDEC por defender el cambio metodológico fue financiado por el propio FMI; y de Alejandro Lew, que tenía en sus manos la estrategia de regreso al mercado internacional, agregaron incertidumbre en Washington.
En ese contexto, la postergación de la revisión funciona como un mensaje. «Es un tirón de orejas, no una ruptura», resumió la fuente consultada y remarcó «El Fondo no está dispuesto a soltar la mano. Pero tampoco quiere firmar el perdón sin antes ver cómo piensa el gobierno cerrar el agujero de reservas».
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Patricia Bullrich puso a Lázaro Báez como ejemplo para pedir que la gente suelte los dólares, ante la desesperación del equipo económico por reactivar la economía.
«Vamos a fundir a todas las fábricas de colchones, porque no van a poder guardar más los dólares en los colchones», ironizó la senadora en Tucumán, adonde acompañó a Javier Milei a un acto con empresarios. La broma se da justo cuando se funden fábricas todas las semanas por la recesión.
«Saquen los dólares que tuvieron que guardar porque la Argentina no daba seguridad jurídica», dijo la ex ministra de Seguridad. «Inviertánlos, hagan mejor sus casas, mejoren sus negocios, vayan al banco y llevan la plata, hasta 10 mil millones de pesos no los mira nadie», admitió.
«Miren lo que nos pasó con la ley de inocencia fiscal, como la ley penal tributaria es retroactiva, hasta Lázaro Báez se benefició, miren las consecuencias no deseadas de las buenas leyes», dijo Bullrich.
Durante el mes de diciembre, la Municipalidad de Villa Regina, a través de la Dirección de Obras Públicas, puso en marcha el plan de recambio de luminarias en distintos sectores de la ciudad. En la Calle España desde Ruta 22 hasta la Avenida 9 de Julio y en la Avenida General Paz desde Ruta 22…