El “deslomado” que no explica sus números: las cuentas de Manuel Adorni y su esposa que no cierran
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El “deslomado” que no explica sus números: las cuentas de Manuel Adorni y su esposa que no cierran

 

Las inconsistencias entre ingresos declarados, deudas millonarias y viajes de lujo volvieron a colocar a Manuel Adorni en el centro de un escándalo político. Mientras el funcionario intenta justificar el uso del avión presidencial para viajar con su pareja, surgen nuevos datos que ponen en duda la compatibilidad entre sus ingresos y su nivel de gastos.

Por Roque Pérez para NLI

Deudas millonarias con ingresos oficiales mucho menores

El jefe de Gabinete Manuel Adorni percibe un sueldo cercano a 3,5 millones de pesos mensuales, según datos difundidos en los últimos días. Sin embargo, registros del Banco Central indican que en enero acumulaba deudas por más de 9 millones de pesos, una cifra que resulta difícil de explicar en relación con sus ingresos oficiales.

Las inconsistencias no se limitan al funcionario. También aparecen interrogantes sobre las finanzas de su pareja, Bettina Julieta Angeletti, en un contexto donde ambos protagonizan polémicas por viajes costosos y movimientos económicos que todavía no han sido aclarados públicamente.

El viaje en el avión presidencial que desató el escándalo

El caso estalló cuando se conoció que Angeletti viajó a Nueva York junto a la comitiva oficial en el avión presidencial, pese a no ocupar ningún cargo en el Estado. La situación generó fuertes críticas y obligó al propio Adorni a admitir que su esposa fue invitada a subir al Tango 01.

El funcionario intentó justificarse argumentando que quería que su pareja lo acompañara mientras él viajaba para trabajar, en medio de una agenda oficial. Sin embargo, lejos de cerrar la polémica, la explicación abrió nuevas preguntas sobre quién paga realmente esos viajes y bajo qué criterios se utilizan los recursos del Estado.

El dato que reveló NLI: vuelos privados, consultora y negocios alrededor del poder

Pero la polémica no se limita al vuelo presidencial. Una investigación exclusiva publicada por NLI reveló información adicional que amplía el escándalo y coloca a la pareja en el centro de un entramado de viajes, negocios y vínculos políticos.

Según esa investigación periodística, Adorni también habría realizado en febrero un viaje a Punta del Este en un avión privado cuyo costo rondaría los 10.000 dólares, acompañado por su familia y un periodista de la TV Pública. El episodio generó nuevas preguntas sobre el origen de los fondos utilizados para financiar ese traslado, dado que el monto resulta difícil de compatibilizar con los ingresos declarados por el funcionario.

El informe de NLI también puso el foco en la actividad empresarial de Bettina Angeletti, quien creó recientemente su propia consultora llamada “MasBe”, dedicada a asesoramiento y coaching empresarial. La aparición de esa empresa coincide con el ascenso político de su esposo y, según la investigación, habría comenzado a sumar clientes vinculados al entorno del oficialismo.

La conexión con el negocio de Tecnópolis

El punto más delicado del informe apunta a los vínculos comerciales entre la consultora de Angeletti y sectores cercanos al entorno de Karina Milei, particularmente en torno a proyectos vinculados con Tecnópolis, un espacio estratégico del Estado que podría quedar bajo nuevas concesiones privadas.

Según los datos publicados, la consultora de la esposa del jefe de Gabinete tendría relaciones laborales con actores empresariales vinculados a ese proceso, lo que abre interrogantes sobre posibles conflictos de intereses entre los negocios privados del entorno familiar de Adorni y decisiones políticas del gobierno.

Un escándalo que golpea el discurso oficial

La polémica resulta particularmente incómoda para el gobierno de Milei, que construyó buena parte de su narrativa política denunciando a la “casta” y prometiendo austeridad en el manejo del Estado.

En ese contexto, el caso Adorni funciona como una paradoja difícil de disimular: un funcionario que defiende el ajuste y la motosierra estatal, pero que no logra explicar con claridad sus propios números ni los negocios que orbitan alrededor de su entorno familiar.

Mientras el jefe de Gabinete continúa en el exterior y las denuncias políticas y mediáticas se multiplican, el interrogante permanece abierto. En un gobierno que hizo de la transparencia un eslogan, las cuentas del hombre encargado de comunicar el rumbo oficial parecen ser, por ahora, las más opacas de todas.

 

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  • Desde Melconian a Buzzi afirman que el dólar está atrasado y advierten el riesgo de una corrección brusca

     

    La baja del dólar de las últimas semanas reavivó la discusión sobre el atraso cambiario. El Gobierno celebra la calma, pero distintos sectores productivos advierten que la estabilidad esta construida sobre un precio de dólar ficticio que erosiona la competitividad de la economía argentina y que amenaza con un ajuste brusco. 

    La foto de la jornada muestra una plaza cambiaria relativamente tranquila. El dólar oficial cerró en 1.415 pesos y en el segmento mayorista, que es la referencia del mercado, cerró a $1.394,50.  

    La convergencia entre los distintos tipos de cambio vuelve a aparecer como una señal de estabilidad financiera, aunque detrás de ese dato empieza a crecer otro debate más profundo. 

    Se habla de atraso cuando el precio de los bienes y servicios de un país quedan desalineados respecto del de sus socios comerciales. El Banco Central mide ese fenómeno a través del Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM), que compara el precio relativo de la economía argentina frente a los principales países con los que comercia. 

    La inflación de febrero marcó 2.9% y se evapora la promesa de Milei de una suba anual del 10%

    Cuando el peso se aprecia -es decir, cuando el dólar queda relativamente barato- los productos argentinos se encarecen frente a los del exterior. Eso impacta en la competitividad de las exportaciones. Un auto fabricado en Argentina, puede volverse más caro que uno producido en Brasil. Y esa diferencia se traduce en menos ventas externas.

    El atraso cambiario también aparece cuando la inflación corre por encima del ritmo de devaluación, algo que claramente está pasando con un dólar que baja, mientras la economía sufre una infalción mensual que ronda el 3%. El economista Matías Surt, de la consultora Invecq, explicó que ese fenómeno se conoce como «inflación en dólares»: los precios internos suben más rápido que el tipo de cambio y el país se encarece. 

    Nadie le tiene confianza a este dólar en $1400 porque todos saben que tendría que estar a $2500.

    En la misma línea, el economista Santiago Manoukian, ex jefe de research de Ecolatina, adviertió que cuando esto ocurre «la economía pierde competitividad, las exportaciones se resienten y se incentivan las importaciones». 

    Un informe reciente del Centro RA sobre atraso cambiario y costo de vida advierte que este proceso ya empezó a sentirse en la economía real. Entre enero 2024 y febrero del 2026, el dólar aumentó un 71%. La inflación durante el mismo período fue del 220%. 

    Según el trabajo, tras la fuerte devaluación inicial del gobierno de Javier Milei, a la inflación persistente terminó oxidando los movimientos administrados del tipo de cambio . Esa dinámica, agrega el informe, deterioró el poder adquisitivo de los salarios y elevó los precios medidos en dólares. 

    El debate se vuelve más complejo cuando se observan comparaciones internacionales. Un estudio del think tank industrialista Fundar muestra que la Argentina está 8% más barata en dólares que el promedio de América Latina. 

    Aun así, cuando se toma una perspectiva más larga, el diagnóstico cambia: comparado con 2021, el país se encareció 50% en dólares. Ese diagnóstico alimenta la discusión sobre la política cambiaria del Gobierno. 

    El economista Guido Zack sostuvo que una devaluación podría ayudar a cumplir objetivos macroeconómicos como la acumulación de reservas, la reducción del riesgo país y el pago de deuda externa. Sin embargo, también advierte que estabilizar la economía con precios en dólares similares al promedio regional es un desafío complejo en términos inflacionarios, especialmente cuando aún quedan precios relativos por acomodar, como las tarifas. 

    Cuando Milei llegó, el dólar se puso a $800, que son $2.000 de hoy. El promedio histórico son $1,600. No estoy proponiendo una devaluación, no estoy pronosticando un precio del dólar, pero si valiera $1.650, estaría más contento y tranquilo.

    Las críticas también llegan desde el campo. El ex presidente de la Federación Agraria Argentina, Eduardo Buzzi, aseguró que el actual tipo de cambio solo favorece la especulación financiera. «Es un dólar retrasado para facilitar el carry trade y beneficiar a los especuladores», afirmó en diálogo con AM 650. Según el dirigente rural, muchos productores están reteniendo granos porque desconfían del valor actual del dólar. 

    Buzzi fue más allá y planteó que en el sector agropecuario hay consenso en que el tipo de cambio debería ser mucho más alto. «Nadie le tiene confianza a este dólar en $1400 porque todos saben que tendría que estar a $2500», dijo. 

    La discusión también alcanzó al economista Carlos Melconian, quien planteó que el tipo de cambio debería ubicarse en torno a $1.650 para evitar un nuevo atraso. 

    «Cuando Milei llegó, el dólar se puso a $800, que son $2.000 de hoy. El promedio histórico son $1,600. No estoy proponiendo una devaluación, no estoy pronosticando un precio del dólar, pero si valiera $1.650, estaría más contento y tranquilo», afirmó Melconian al dar una charla en una nueva edición de la feria agroindustrial Expoagro.

     

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