Donald Trump recibió otro duro golpe electoral. Esta vez en otra elección especial pero en el 60° Distrito de la Cámara de Representantes del Estado de Luisiana, un territorio que los republicanos habían conquistado por 13 puntos en las presidenciales de 2024.
Ahora , la demócrata Chasity Martínez ganó con un contundente 62% de los votos frente al 38% del republicano Brad Daigle. La diferencia fue de unos 23 puntos, lo que implica un giro de 36 puntos respecto del desempeño del Partido Republicano en el distrito entre esta elección y la anterior.
La elección especial se convocó tras la renuncia del anterior representante del distrito, el demócrata Chad Brown, quien en noviembre de 2025 dejó su banca para asumir como comisionado estatal de la Oficina de Control de Alcohol y Tabaco.
Aunque la victoria de Martínez no implica un cambio de partido, ya que los demócratas retenían la banca, el resultado tuvo impacto político: medios locales señalaron que los republicanos veían la elección como una oportunidad clave para recuperarla, en un distrito que Trump había ganado en tres ocasiones.
El distrito había respaldado históricamente a candidatos demócratas en las elecciones estatales y locales, pero en los últimos años se había inclinado con claridad hacia el Partido Republicano en los comicios federales.
Como ocurrió en las elecciones especiales en Texas de la semana pasada, los Demócratas destacaron la diferencia en recursos en comparación con por republicanos.
«Aunque fue superada en gasto de campaña por una proporción de tres a uno, igual ganó. Esto es lo que pasa cuando los demócratas se movilizan y se organizan», tuiteó la cuenta Demócrata de Luisiana.
En el distrito 9 de Texas, el demócrata Taylor Rehmet dio vuelta una banca en el condado más republicano del país, que el Partido Republicano controlaba desde hacía más de 40 años. En ese distrito, Trump había ganado por 17 puntos en 2024, pero Rehmet se impuso ahora por 14.
Un dato importante es que desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, los demócratas recuperaron ocho distritos que estaban en manos republicanas a través de elecciones especiales y sumaron además 18 bancas en Nueva Jersey y Virginia en las eleciones noviembre pasado. Hasta el momento, los republicanos no lograron revertir ninguna.
El escenario se presenta complejo para Donald Trump que registra si nivel histórico más bajo de popularidad producto de la operación de la policía antiinmigrantes que asesinó dos personas en Minneápolis, una errática política exterior y, especialmente, una caída del empleo como consecuencia de la política de aranceles.
El temor de los republicanos es llegar con este nivel de debilidad a las elecciones legislativas de noviembre que, en caso de una derrota, dejaría a Trump sin mayoría y a tiro de un juicio político.
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El Tesoro de Estados Unidos le mandó US$ 808 millones al gobierno para que puede enfrentar los próximos vencimientos de deuda con el Fondo Monetario Internacional. Se trata de una venta de Derechos especiales de giro (DEGs) que le permitirán a la Argentina pagar US$ 833 millones de intereses que estaban previstos para el 1 de febrero.
Lo llamativo es que esto contradice la narrativa del gobierno y el supuesto récord de reservas que presumen en el equipo de Caputo.
De esta manera, fuentes al tanto de la situación explicaron a LPO que «este movimiento lo hacen para no perder reservas. Tiene que acumular. Si vos con pesos del tesoro compras dolares para girar al FMI, perdes reservas. De esta manera no».
Según datos del Tesoro norteamericano publicados por Clarín, el organismo realizó el 29 de enero una operación de venta por US$ 808 millones a través del Fondo de Estabilización Cambiaria (Exchange Stabilization Fund).
Clarín destaca que el Gobierno habría pagado con pesos los derechos especiales de giro, aprovechando la vigencia del swap de monedas por US$ 20.000 millones con Estados Unidos y la escasez de DEGs propios. De confirmarse esa versión, el Tesoro argentino habría utilizado parte de los $ 2,3 billones de su cuenta en el Banco Central, equivalente a US$ 1.580 millones.
Este movimiento lo hacen para no perder reservas. Tiene que acumular. Si vos con pesos del tesoro compras dolares para girar al FMI, perdes reservas. De esta manera no
El objetivo sería cuidar las reservas y volver a reponer los DEGs a Estados Unidos con el desembolso pendiente del Fondo por US$ 1.000 millones, cuya llegada dependerá de la aprobación de la segunda revisión del programa. A fines de febrero, hay que pagar US$ 990 millones de los bonos colocados a las empresas (Bopreal).
Scott Bessent.
Febrero es una mes importante porque el FMI hará una nueva misión técnica del FMI para evaluar el cumplimiento de las metas y la marcha de las reformas y por eso son tan necesarios los dólares.
Otra información importante que publica Clarín es que Argentina viene de comprar US$ 1.100 millones de reservas en enero después de hacer un giro en su política cambiaria con el ajuste de las bandas al ritmo de la inflación de los dos meses previos y lanzar un plan de compras.
En este contexto y para no desviarse de la meta es que es el Gobierno pide un waiver, recibe un préstamo del Tesoro para pagarle al Fondo y cuando pase la revisión le de devuelve los dólares.
Clarín sostiene que hay expectativas de un retorno a los mercados para refinanciar los pagos de la deuda, con un riesgo país debajo de los 500 puntos.
Hace más de quince años que vivo en Alemania. Como cualquier migrante tuve mi proceso de adaptación, mi tiempo de nostalgia –o duelo migratorio, como se lo ha bautizado – y mis motivaciones personales y profesionales para sostenerme en tierras extrañas. En ese período que no tiene una duración fija y varía de persona a persona he incorporado costumbres, he entendido reglas no escritas, he sumado palabras a mi vocabulario de las cuales no conozco su traducción al español. En resumen, una parte de mí se ha asimilado por obvias razones que obedecen principalmente al paso del tiempo.
Entre ese listado de novedades culturales, que podría considerarse infinita, hay una en particular que tanto en Argentina como en otros países no funciona necesariamente de la misma forma. Me refiero al tratamiento del nacionalsocialismo, de sus crímenes, de sus consecuencias y, especialmente, de su transpolación a situaciones actuales. He aprendido que hay que ser extremadamente cuidadoso y sobre todo riguroso antes de establecer algún tipo de paralelismo entre el nazismo y cualquier otro evento, en particular si son contemporáneos.
Este aprendizaje me dotó de cierta susceptibilidad para evaluar cuándo usar ese concepto, susceptibilidad que me era ajena pero que reforcé con el tiempo al profundizar en mis investigaciones sobre la ultraderecha en el mundo. Un ejemplo de esto es mi obsesión por separar a la extrema derecha de la derecha radical cada vez que tengo oportunidad. Señalar que son problemas diferentes y por eso requieren abordajes distintos aunque en el fondo tenga un objetivo muy similar. Lo mismo me sucede con el uso del concepto de fascismo.
Podría afirmar que casi más de la mitad de los bloqueos que tuve redactando las páginas de Epidemia Ultra (Planeta), esos que sufre todo escritor, se debían a mis dudas sobre si usar o no esos conceptos. Una constante revisión, fundamental.
Las violaciones cometidas por el ICE
Ese marco de pensamiento, esta regla personal que me autoimpuse para el ejercicio de mi profesión quedó a prueba con el retorno de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos.
¿Acaso la violencia y discrecionalidad que vemos a diario en el accionar de las operaciones de la U. S. Inmigration and Customs Enforcement de Trump, más conocida como ICE, será el disparador? Sus agentes han llevado el número de personas detenidas arbitrariamente, y sin mayor proceso que la mera sospecha, a niveles históricos. En diciembre de 2025 superaron las 70.000 personas. En lo que va de enero de 2026, informes de prensa calculan un promedio de 824 detenciones diarias. Son incontables los informes y denuncias de organizaciones no gubernamentales, universidades, colegios de abogados. Hasta investigaciones iniciadas por miembros del Congreso de Estados Unidos dan cuenta de flagrantes violaciones cometidas por el ICE. Se ignoran el debido proceso, los estatutos federales relacionados a la detención de menores, varias enmiendas de la Constitución relativas a derechos ciudadanos y distintos tratados internacionales.
Voces oficiales, como la del vicepresidente J.D. Vance, justificaron los actos de este grupo armado: «El precedente aquí es muy simple. Tienes un oficial federal de cumplimiento de la ley realizando acciones federales de cumplimiento de la ley. Ese es un asunto federal. Ese tipo está protegido por inmunidad absoluta. Estaba haciendo su trabajo.»
La declaración de Vance fue realizada el 8 de enero de 2026, en un intento por legitimar el asesinato de Renee Good en Minneapolis cometido días antes por el agente Jonathan Ross del ICE. Sin embargo, no existe la inmunidad absoluta según los expertos legales. A ese homicidio se le suman otros en enfrentamientos en Chicago y Los Ángeles, y en centros de detención en Texas y New Jersey.
En los últimos días se han visto redadas puerta a puerta del ICE. Un acto que se acerca más a una estrategia terrorista coordinada por el Estado que a obedecer objetivos de control migratorio y de seguridad.
Es fascismo
Ante estas acciones resulta imposible no recurrir al término de fascismo. Y en esto no hay intencionalidad política ni militante, sino un intento por conceptualizar el comportamiento de un gobierno que abandona los principios de la democracia liberal y de los Derechos Humanos. Lo hace en pos de luchar contra una supuesta decadencia moral que demanda el renacimiento de una nación a costa de lo que sea y de quien sea. La división va incluso más allá del antagonismo populista y se convierte en la exigencia de la lealtad absoluta o del castigo brutal. El historiador y experto en fascismo Roger Griffin lo definió en algún momento como palingenesia ultranacionalista.
Su colega, Robert Paxton, cuya posición inicial no sentenciaba al primer gobierno de Trump como fascista, cambió de opinión hace tiempo: «La incitación de Trump a la invasión del Capitolio el 6 de enero de 2021 elimina mi objeción a la etiqueta fascista. Su aliento abierto a la violencia cívica para anular una elección cruza una línea roja. La etiqueta ahora parece no solo aceptable sino necesaria».
La autora Siri Hustvedt publicó una columna en el diario El Paísreclamando la necesidad de abandonar la categoría de “conservador” para referirse al presidente de Estados Unidos. Señaló que estamos ante “un nuevo tipo de fascismo global”. Enzo Traverso ya había escrito sobre posfascismo para referirse a esos fenómenos que reversionan el fascismo clásico pero mantienen sus características principales: nacionalismo radical, rechazo a principios democráticos –pese a haber utilizado esos medios para llegar al poder-, violencia explícita como medio para imponerse y, sobre todo, la construcción del mito del renacimiento tras la decadencia.
La fase actual de la Epidemia Ultra es fiel exponente de esta situación. Lamentablemente nos toca ser testigos, aunque, como digo en el libro, también nos toca ser los primeros para entenderlo y luego construir una propuesta mejor. Tal vez no la veamos, pero habremos hecho nuestra parte.