Llaryora lanza obras claves en barrios ricos para evitar que LLA gane Córdoba Capital
Martín Llaryora y Daniel Passerini entran en 2026 con una certeza incómoda: si el peronismo no logra mostrar gestión, el proyecto provincial podría empezar a crujir en el año previo a la elección de 2027. Por su fragilidad financiera, en parte por la herencia que recibió Passerini al suceder a Llaryora, y por «funcionarios que no funcionan», la capital cordobesa aparece como el eslabón más frágil del esquema cordobesista, aunque claro que no es el único.
Para revertir esta situación, confiaron en el peronismo provincial, habrá tres grandes apuestas durante este año: se habilitarán tres majestuosas obras viales en la ciudad; se apostará al mantenimiento de alumbrado, bacheo y plazas (varias de ellas cerradas) y aparecerá como gran objetivo erradicar a los «naranjitas» (trapitos), algo que Llaryora intentó en diciembre aunque finalmente clavó los frenos a último momento por las críticas de la Iglesia.
Por ahora, en la agenda del gobernador aparecen programadas para este año las habilitaciones del altonivel de Valle Escondido, que beneficia principalmente a los vecinos del mega country homónimo y otros barrios ABC1 de la zona de la ciudad donde La Libertad Avanza arrasa; del altonivel de avenida Vélez Sársfield, uno de los ingresos más importantes desde el sur provincial; y del acceso sobre la ruta 19, a la altura de Malvinas Argentinas, una obra clave para la logística y el transporte regional.
A Passerini, por su parte, le toca el complejo día a día, con cuentas en crisis por los pagos de la deuda y la caída de la recaudación. La sistematización de los bulevares San Juan (en el Centro) y Ambrosio Olmos (Nueva Córdoba), cuya finalización está prevista para el primer semestre, le permitirá al jefe comunal mostrar obra vial propia.
Daniel Passerini
Ambas obras son un símbolo ambivalente: para la gestión, es modernización urbana, ordenamiento del tránsito y recuperación del espacio público; pero para comerciantes y vecinos, sinónimo de cortes, caída de ventas y una planificación que no termina de convencer, sobre todo por el lento avance producto de la situación financiera, pero también de la burocracia municipal.
Como contrapeso, Passerini tiene que lidiar con la gestión diario de bacheo, mantenimiento de alumbrado y el espacio público, con varias plazas emblemáticas de la ciudad cerradas porque las empresas abandonaron las obras de refuncionamiento iniciadas durante la gestión de Llaryora, una descoordinación que horada la expectativa electoral.
Llaryora cede a la presión de la Iglesia y posterga la prohibición de los trapitos
Sin embargo, el capítulo más sensible es el de los «naranjitas» (cuidacoches). Llaryora pasó de largo en diciembre cuando amagó con prohibir esa actividad y reculó por la presión de la iglesia católica. Es un tema de doble filo: avanzar implica confrontar con denuncias de criminalización de la pobreza y un conflicto social latente. No hacerlo implica pagar el costo del hartazgo ciudadano frente a prácticas extorsivas cada vez más visibles. Como dato objetivo: durante 2025, la Policía detuvo en la ciudad de Córdoba más de 350 cuidacoches por ejercer violencia hacia automovilistas.
«Si se logra sacar a los naranjitas ilegales y a los limpiavidrios, los libertarios se quedan sin una de sus principales banderas en la ciudad. Y con las obras viales deberíamos representar a nuestro electorado tradicional», dice un funcionario que confía en el plan para que el peronismo recupere la iniciativa de gestión.

