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Información sobre la turbidez del agua

La dirección de Obras Sanitarias de la Municipalidad de Villa Regina informa que debido a las recientes precipitaciones que se dieron en la región del Alto Valle y por los afluentes río arriba se generó una masa de turbiedad que va a afectar el servicio de agua de la ciudad. Asimismo, se anuncia que el problema estará solucionado a corto plazo cuando se regularice la situación del río.

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  • Elige tu propio Santilli

     

    Hay una historia que pinta de cuerpo y alma al flamante jefe de Gabinete. Corría el año 2009. Diego Santilli acababa de conseguir su primer cargo ejecutivo en el Gobierno porteño: ministro de Espacio Público. El jefe de Gabinete era Horacio Rodríguez Larreta y veía al Colo como un posible competidor para la sucesión de Mauricio Macri. Larreta había centralizado toda la comunicación y la pauta publicitaria en su figura. Era habitual verlo en las pantallas de las estaciones de subte, incluso más que a Macri. Santilli quería hacerse más conocido, pero la orden era dejarlo afuera. Hasta que descubrió que en el contrato de la basura había un fondo destinado a fomentar la ecología y el reciclado. Y se mandó, esquivando el cerco de Larreta. Ahí fue cuando en los cines se vio a Santilli, promoviendo el cuidado del ambiente. Y usó el Ministerio para empezar a promover su propia imagen. 

    Otros tiempos. 

    Santilli llega hoy a la jefatura de Gabinete reconvertido al credo de la extrema derecha y con la idea de relanzar el Gobierno de La Libertad Avanza, aceitar los contactos políticos y cimentar su camino a la gobernación bonaerense o a la jefatura de Gobierno porteña, dos destinos que —en su momento— Macri le negó.

    Entrador, campechano, Santilli es el prototipo de operador político: un político profesional que destina horas a almuerzos, cafés, y rosca sin mezquinar tiempo. Es todo lo que Milei decía despreciar y, para hacer un salto temporal, Macri como presidente también: los rosqueros eran “los orcos”, que se metían en el barro, y los “elfos” eran la nueva política. Milei trocó esa división en “casta” y “argentinos de bien”. Lo que queda claro: Santilli es alguien que sabe meterse en el barro de la política. Y ambos presidentes lo necesitaron. 

    Durante bastante tiempo, en las usinas de LLA, gastaron a Santilli por acompañar desde el discurso sin nada a cambio. Era, para bosses trolls como El Gordo Dan, un cero a la izquierda, un arribista. Pero todo cambió el año pasado cuando logró ir tercero en la boleta bonaerense —después de Karen Reichardt— como parte de un acuerdo entre LLA y el PRO que negoció Cristian Ritondo (otro personaje importante en la vida política de Santilli). Luego vinieron las revelaciones del pago de Fred Machado a José Luis Espert y “El Profe”, al que Milei —sin escuchar las advertencias— le había dado la cabeza de la boleta, se cayó.

    Entonces Karina Milei eligió a Santilli para que encabezara la campaña. No se privó de nada: hizo spots diciendo “para votar al Colorado, marcá al Pelado”, fue al programa del Gordo Dan y se comprometió a pelarse si ganaba la elección. Finalmente, con la victoria bajo el brazo, se cortó un poco el pelo en los estudios de Carajo. Ese rapado fue como su bautismo: ya era un mileísta más.

    Cuando lo nombraron ministro de Interior, comenzó a acumular poder internamente, pese a que Adorni le hacía la marca personal (al principio, quería estar en todos los encuentros que el nuevo ministro tenía con los gobernadores). De hecho, cuando lo nombraron, le recortaron funciones a su ministerio para que tuviera poco manejo de áreas con caja.

    Pero todo esto fue lo que se vio públicamente. Detrás hubo horas y más horas de trabajo de artesano para construir relaciones personales de confianza con los principales actores de LLA. De rosca, vamos. Fue construyendo un lugar que pocos tienen: puede hablar con Karina Milei y con Santiago Caputo, además de con el presidente. Ese fue su principal valor: al elegirlo, ningún sector de la interna oficialista resigna nada.

    ¿Cómo lo hizo?

    Cuando Milei asumió como presidente, Santilli era diputado. A diferencia de otros dirigentes del PRO, giró su discurso público hacia la prédica anticasta y comenzó a tuitear como el más libertario. Al punto de que los compañeros de bancada PRO lo gastaban: “El Colo se sobregiró”, decían. El Colo, más bien, leyó los tiempos.

    Junto con Cristian Ritondo se convirtió en uno de los dirigentes que más trabajó para tender puentes entre amarillos y violetas. Con extensa experiencia parlamentaria, los dos trabajaron más que los mileístas para que se aprobara la Ley Bases. Hicieron la mayoría de los acuerdos luego de la gaffe de Oscar Zago —entonces jefe de bloque— que terminó con la caída de la primera Ley Ómnibus.

    Hubo una suerte de división de frentes con Ritondo: mientras el jefe de la bancada PRO estableció una relación cercana con Santiago Caputo, Santilli fue por el karinismo. El Colo cimentó sus vínculos con los Menem: primero fueron cenas con Lule y con Darío Wasserman, titular del Banco Nación y marido de Pilar Ramírez, la lugarteniente porteña de la secretaria general de la Presidencia. De esas cenas empezó a participar la hermanísima. Y luego Santilli comenzó a compartir comidas mano a mano con ella. Ninguno de esos encuentros se filtró a la prensa, algo que ayudó a construir una relación de confianza mucho antes incluso de asumir un cargo en el gabinete. Fueron dos años de construir vínculos. Sobre esa construcción llegó Santilli al lugar donde está hoy. Convergieron la astucia del Colo con la tendencia del gobierno a incendiarse: siempre Santilli aparece para apagarles el fuego. Un operador sonriente, dispuesto y útil. Así fue, también, como se ganó un lugar en la mesa política del Gobierno.

    La primera negociación electoral de la que tuvo que participar fue con Sebastián Pareja, hombre duro de la hermanísima, que lo relegó al tercer lugar en la lista con la idea de esconderlo. Es el contrincante de Santilli por la gobernación bonaerense. Salvo que el Colo dé un giro y vuelva a su primer amor: la jefatura de Gobierno porteña (algo que por ahora niega).

    Peronista y millonario

    De chico la pasaba mal por ser pelirrojo. Un compañero grandote “como King Kong” lo jodía todos los días: “Fideos con tuco, fideos con tuco”. Hasta que El Colo le dio una buena patada en la entrepierna. No fue la única vez que su color del pelo fue el protagonista: una vez, con otros amigos traviesos del colegio, tiraron huevos e intentaron huir. Pero el cura del colegio lo cazó al vuelo después de correrlos tres cuadras. Le gritó: “Dejá de correr, Santilli, que vos sos colorado y ya te reconocí”. Estuvo un año entero sin recreo.

    Hijo de una familia acomodada de Palermo, Santilli se fue y volvió de la casa paterna hasta los 32 años. Se recibió de contador público en la UBA y después hizo posgrados afuera: Marketing en Berkeley; Mercados de Futuros y Opciones en el Instituto de Industrias Futuras en Washington, y Administración y Gestión Pública en la Escuela de Administración Pública de París. Terminó su ciclo en el exterior trabajando como broker en el World Trade Center: lo recordó en una entrevista que le hice hace tiempo: “Había comenzado a funcionar el mercado de opciones y futuros (Commodity Futures Trading Commission) y era uno de los mercados más volátiles con los que las empresas se financiaban. Me fui a operar en las Torres Gemelas, en el pit, el recinto de transacciones. Es igual que en las películas. Me iba bien porque estaba acostumbrado a la volatilidad argentina”.

    Su jefe de ese entonces murió en el atentado del 11 de septiembre. “Para entonces era director del Banco Ciudad. Llegué a mi despacho y tenía un televisor chiquito, de 14 pulgadas, detrás de una puerta de madera. Entonces, vengo entrando y veo una torre incendiada y un avión que se estrella contra la segunda. Y digo: ‘No me acuerdo de esta película. No la vi esta’. Y después me di cuenta que estaban transmitiendo en vivo. No lo podía creer. Era donde había laburado”, cuenta Santilli. 

    Volvió a la Argentina en 1994 y se reinsertó en el peronismo. De nuevo, Santilli: “Me acuerdo que me llamó la atención cuando iba a Ciencias Económicas en la UBA que no veía representado al peronismo. Era todo Franja Morada. Ahí me puse a militar en la Juventud Peronista. Me metí a hacer lo que hace todo el mundo cuando empieza: militar en la Unidad Básica, repartir volantes, alguna pintada en algún paredón que en ese momento eran grandes. Ahora, cada vez quedan menos. No era bueno como letrista. Tal vez con algún blanqueado anduve bien, pero como letrista no era bueno”.

    En política tuvo ayuda de su padre, Hugo Santilli, dirigente peronista y de River Plate. Fue uno de los doce que apoyaron a Carlos Saúl Menem para derrotar a Antonio Cafiero en la interna. Menem recompensó a Hugo Santilli con la presidencia del Banco Nación. Pero Santilli se terminó yendo, principalmente por sus diferencias con Domingo Cavallo. En la Capital, el padre de El Colo peleó contra Carlos Grosso, pero perdieron con el peso que sumó Franco Macri. Era un peronista histórico: trabajó para el tercer gobierno de Juan Domingo Perón, en el ministerio de Bienestar Social. Se peleó con José Lopez Rega y tuvieron que huir a Córdoba con toda la familia.

    También el paso de Santilli padre por la presidencia de River dejó historias que marcan al Colo. En una oportunidad, en la cancha de Ferro, el entonces presidente del club le pidió al comisario que bajara a unos hinchas que estaban colgados moviendo el alambrado y los oficiales le respondieron: “Señor, ese es su hijo”.

    “Una vez, mi viejo se iba en una gira – recuerda el Colo – me dio la llave del despacho para buscarle algo y veo quince remeras. Pensé que eran para regalar. Nos llevamos una remera cada uno y nos fuimos a jugar a la plaza Chile con mi hermano. Cuando fue a la gira no estaban las remeras y casi se arma un lío con Adidas, hasta que mamá nos vio. Eran las de los jugadores”. 

    Del menemismo al PRO

    En los noventa, cuando volvió a la Argentina, mezcla de yuppie y dirigente peronista —muy en la vibra del menemismo—, Santilli se metió de cabeza en el PJ comandado por Miguel Ángel Toma, que fue su padre político y el de Ritondo. Se sumaron a la campaña de “Palito” Ortega presidente (allí Santilli coincidió tanto con Sergio Massa, como con Jorge Capitanich y Horacio Rodríguez Larreta). 

    A mediados de los noventa Santilli recaló en  la dirección de Migraciones, a cargo de Hugo Franco. Luego fue al Instituto de Previsión Social de Buenos Aires, nombrado por el entonces gobernador Carlos Ruckauf junto a Larreta. Desembarcó allí de la mano de Gustavo Béliz. Fue entonces cuando conoció a su primera esposa, la periodista Nancy Pazos, quien apuntaló su carrera política; con ella tuvo tres hijos. Desde 2014 está en pareja con la ex modelo y empresaria Analía Maiorana.

    En 2003, la dupla Ritondo-Santilli acompañó a Daniel Scioli como candidato a jefe de gobierno porteño, pero Néstor Kirchner se llevó a Scioli como compañero de fórmula. Allí se encontró con un límite dentro del PJ porteño: Alberto Fernández. Recordó: “Fueron épocas durísimas. Entró a Diputados a reemplazar a Daniel Scioli, que se va y deja una vacante. Era muy duro: rodeaban el Congreso, las sesiones era difícil que sucedieran, estaban las asambleas. Ahí conozco bastante a Eduardo Duhalde, tengo una relación mucho más importante. Él era presidente y yo secretario de la comisión de Presupuesto. Un montón de temas me tocó trabajarlos con él”. 

    Fueron los años en que empezaron a tomar cuerpo los proyectos políticos de Néstor Kirchner y Mauricio Macri. Entonces Santilli eligió e hizo su movimiento: “Ahí tenés un grupo del peronismo que va a buscarlo a Kirchner para ser candidato a presidente. Ese grupo lo comandaba Alberto Fernández, que tenía una enemistad manifiesta sobre mi persona. No sé por qué. Será porque le gané la interna en la Ciudad. Entonces, dije: ‘Acá no tengo ninguna posibilidad de construir y de crecer’. Y ahí fui a buscarlo a Mauricio. Él tenía valores más parecidos a los míos que los del kirchnerismo.”

    Así se sumó a un partido naciente llamado Compromiso para el Cambio, junto con Ritondo y Juan Pablo Schiavi. Conoció a Macri, con el que realmente nunca terminó de llevarse bien. Fueron épocas de Santilli desarrollando su muñeca política como vicepresidente primero de la Legislatura. Eran comunes los “acuerdos de los Diegos”, por Santilli y el entonces jefe del bloque kirchnerista, Diego Kravetz.

    Pero Santilli quería llegar a un cargo ejecutivo y lo logró en 2009, cuando Macri lo nombró ministro de Espacio Público, cargo que luego tuvo que dejar para ser senador. Mientras tanto, intentó hacerse más conocido y empapeló la ciudad con portadas del libro para chicos Familia Verde, que publicó en 2014, para reforzar su perfil ecologista. “Me gustaría ser el Al Gore de Macri, por su trabajo con el ambiente”, me decía en esa época. De nuevo, otros tiempos.

    La relación con Rodríguez Larreta, que era tirante, mejoró mucho. Al punto que conformaron una fórmula para ganarle a Gabriela Michetti en la interna PRO. Lo acompañó como vicejefe en dos gestiones. La segunda le cerró la posibilidad de ser candidato a jefe de Gobierno, porque la Constitución porteña impide presentarse después de dos mandatos, ya sea como jefe o vicejefe.

    Espiado por el uno

    Cerrado su sueño de ser jefe de Gobierno, Santilli se volcó a la provincia de Buenos Aires. En 2023 compitió por la gobernación, pero Macri y Patricia Bullrich apoyaron a Néstor Grindetti, que le ganó la interna. Era la segunda vez que Macri lo dejaba fuera de competencia.

    El punto de no retorno con Macri fue cuando se conoció que el grupo de espías llamado “Super Mario Bross” había tenido como uno de sus objetivos a Santilli. Uno de los agentes involucrados en el espionaje ilegal era Alan Ruiz, que fue grabado sin su conocimiento hablando sobre el Colorado: “El uno le bajó el dedo a Santilli. Santilli gastó 1.600.000 de dólares el año pasado. Y no usa tarjeta de crédito. Es un narco. No hay forma que tenga… No, no. Me refiero a la operatoria. No hay forma que justifique el nivel de vida que tiene. Se fue con su pareja a Dubái. Se fue con las hijas de la pareja nueva, con la suegra, con la mujer. Se fue con dos amigos. Pagó 260 mil dólares, así de una, el hotel, el avión. O sea, tiene un nivel de vida que no da con lo que gana nadie”. 

    Ruiz también mencionaba una mudanza de la suegra de Santilli desde Pompeya a un departamento en la calle República Árabe Siria, en una de las zonas más elegantes del territorio porteño. “Le metimos un flaco de una empresa de limpieza”, se jactó.

    Santilli se presentó como querellante contra los espías de Macri en 2020. El macrismo intentó vender que habían sido “cuentapropistas”, que espiaban y extorsionaban sin seguir órdenes de sus superiores. Ya separada de Santilli, Nancy Pazos nunca lo creyó: “Cuando Macri mandó a espiar a mis hijos fue mi límite, y queda clarísimo que no eran cuentapropistas”. Santilli y su familia fueron espiados desde julio de 2018, con seguimientos a los integrantes. Anotaban a donde iba, en qué auto se movía y con quienes se juntaba. En código, le decían a Santilli “el objetivo pibe”. Ruiz les decía que era por una causa por enriquecimiento ilícito, pero Santilli no tenía ninguna.

    Lo máximo que llegó a tener fue una aparición de offshores en las investigaciones internacionales conocidas como Panamá y Paradise Papers. Ahí se mencionaron 14 cuentas vinculadas a su familia. Santilli explicó que dos eran de su hermano, una era una vieja empresa que tuvo con Nancy Pazos (vendía quesos y dulces) radicada en la Argentina que cerró en 2014 y la única que seguía siendo de él era Sanfor Investment SA.

    De hecho, en su declaración jurada de 2020, declaró un patrimonio total de $17.955.421 ante las autoridades porteñas. Señaló que tenía el 50 por ciento de Sanfor Investment SA (el resto es de su padre y su hermano), que se dedica al desarrollo inmobiliario y la construcción. 

    Después del espionaje, no es raro que la relación con Macri no sea del todo buena. Santilli no le pidió permiso ni para ser ministro del Interior de Milei, ni para ser jefe de Gabinete. Sí lo llamó antes de asumir, porque buscará tender puentes para una alianza del PRO y LLA en 2027. “Pero no es empleado de Macri”, aclaran en su entorno. 

    Cuatro días después de asumir como Jefe de Gabinete de Milei, Santilli dio una entrevista con La Nación donde dejó en claro su lejanía con el partido amarillo: “Yo soy del proyecto del Presidente, quiero que reelija, quiénes son los candidatos de PRO es un tema de PRO”.

    Quien también puso en duda la honestidad de Santilli y su patrimonio fue el propio Presidente. En enero de 2023 además de insultarlo, decía que tenía que “explicar su estilo de vida”. En mayo de 2023, Milei dijo: “Yo no tengo la culpa si Juntos por el Cargo tiene un pésimo candidato, horrible, como el caso de Santilli, que es un engendro que estaba en Capital y lo pasaron a Provincia. La gente se da cuenta cómo se mueve por los negocios cierta parte de la política y es lógico que tenga ese rechazo”. Algunos meses más tarde, tuiteó: “No hay nadie que no diga que (Santilli) es un corrupto”, y reafirmó que es quien “se pagaba la fiesta de cumpleaños con la tuya” y que integraba “un pantano de corrupción, delincuencia, y vínculos con el crimen organizado, manejada por los mismos de siempre hace décadas”.

    De ahí, a nombrarlo ministro del Interior en noviembre del año pasado y ahora, jefe de Gabinete. Otro salto más en una carrera que ya acumula varios partidos y varios gobiernos.

    La entrada Elige tu propio Santilli se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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    De La Forestal a las apps: cien años después, la explotación laboral cambió de tecnología, pero no de dueños

     

    Mientras los peones rurales y los hacheros de principios del siglo XX eran obligados a comprar en las proveedurías de las empresas que los empleaban mediante vales y fichas, miles de repartidores argentinos del siglo XXI terminan endeudados con las propias plataformas para las que trabajan. Separados por un siglo de historia, ambos modelos revelan una misma lógica: trabajadores cada vez más dependientes de empresas extranjeras que convierten el salario en un mecanismo de control.

    Por Alcides Blanco para NLI

    Cuando el salario dejó de ser libertad

    Hay escenas de la historia argentina que parecen haber quedado definitivamente enterradas en los libros escolares. La Patagonia Rebelde, entre 1920 y 1922, y las huelgas de La Forestal, entre 1919 y 1922, suelen recordarse por la brutal represión que sufrieron los trabajadores. Sin embargo, detrás de aquella violencia existía un sistema económico cuya esencia resulta sorprendentemente familiar para la Argentina de 2026.

    Los peones rurales patagónicos trabajaban jornadas que podían extenderse entre 10 y 16 horas, mientras que los hacheros que desmontaban los quebrachales para la compañía británica The Forestal Land, Timber and Railways Company Limited, conocida simplemente como La Forestal, sobrevivían con salarios miserables y condiciones de vida extremadamente precarias. En ambos casos, la dependencia respecto del empleador iba mucho más allá del trabajo cotidiano.

    En numerosos establecimientos, especialmente en La Forestal, una parte importante del salario no se entregaba en dinero sino mediante vales, bonos o fichas emitidos por la propia empresa. Aquellos papeles solamente podían utilizarse en las proveedurías de la compañía, donde los productos solían venderse a precios superiores a los del mercado o donde los vales eran reconocidos por un valor inferior al nominal. El trabajador cobraba de su patrón y, casi inmediatamente, ese mismo dinero regresaba al patrón.

    Aquella práctica no solo reducía el poder adquisitivo de los obreros. También impedía que pudieran ahorrar, elegir dónde comprar o abandonar fácilmente el empleo. El salario dejaba de representar independencia para convertirse en un instrumento de subordinación.

    La tecnología cambió, pero la lógica permanece

    Un siglo después, la Argentina vuelve a exhibir un fenómeno que, aunque adopta formas digitales, reproduce mecanismos sorprendentemente similares.

    Miles de repartidores que trabajan para plataformas de delivery comenzaron a recurrir masivamente a préstamos ofrecidos por las propias aplicaciones o por empresas financieras asociadas, en un contexto de caída del poder adquisitivo, precarización laboral y escasez de crédito tradicional.

    Según un informe difundido en los últimos días, la deuda promedio ya ronda el millón de pesos, mientras que algunos créditos alcanzan costos financieros equivalentes a tasas cercanas al 700% anual, cifras que transforman el préstamo en una pesada carga para trabajadores cuyos ingresos dependen de jornadas cada vez más extensas.

    El mecanismo presenta diferencias formales respecto del sistema de fichas de hace cien años, pero comparte un rasgo fundamental: el trabajador vuelve a quedar económicamente atado a la empresa para la que presta servicios.

    Ya no recibe un vale de papel para comprar alimentos en la proveeduría. Ahora obtiene un préstamo digital cuyo cobro suele descontarse directamente de los ingresos que genera trabajando para esa misma plataforma. La dependencia deja de materializarse en una ficha de cartón y pasa a expresarse mediante algoritmos, aplicaciones móviles y débito automático.

    En ambos casos, el empleador no solamente organiza el trabajo. También condiciona el modo en que el trabajador administra su economía personal.

    Truck System

    En la historia del trabajo existe incluso un nombre específico para este tipo de mecanismos: el truck system. Así se conocía al sistema mediante el cual los empleadores pagaban total o parcialmente los salarios no con dinero, sino con vales, fichas, mercancías o créditos que únicamente podían utilizarse en comercios pertenecientes a la propia empresa o vinculados a ella. Muy extendido durante la Revolución Industrial en Gran Bretaña y luego replicado en distintos países, este esquema permitía a los patrones recuperar buena parte de los salarios abonados mediante la venta de productos con sobreprecios, generando un círculo de dependencia económica que impedía a los trabajadores disponer libremente del fruto de su trabajo.

    La gravedad de este mecanismo fue tal que numerosos países comenzaron a prohibirlo desde fines del siglo XIX mediante las denominadas Truck Acts británicas y otras legislaciones similares, que establecieron como principio básico que el salario debía abonarse en dinero y quedar bajo el control exclusivo del trabajador. Más de un siglo después, las plataformas digitales no pagan en fichas ni obligan a comprar en una proveeduría, pero cuando el trabajador termina financiándose con créditos otorgados por la propia empresa o por entidades asociadas, cuyos descuentos se realizan directamente sobre sus futuros ingresos, vuelve a aparecer una lógica muy parecida: el empleador deja de limitarse a organizar el trabajo y pasa también a controlar, en buena medida, la economía personal de quien trabaja para él. La tecnología cambió, pero el principio que el truck system buscaba imponer —mantener cautivo al trabajador mediante la dependencia económica— encuentra hoy nuevas formas de manifestarse.

    De los capitales británicos a las plataformas globales

    Existe otro elemento que vuelve especialmente sugestivo el paralelismo histórico.

    La Forestal era una empresa de capitales británicos que llegó a controlar millones de hectáreas, ferrocarriles, pueblos enteros, puertos y hasta fuerzas parapoliciales propias para defender sus intereses económicos. Su poder excedía ampliamente la producción de tanino: construía un verdadero Estado dentro del Estado argentino.

    Las principales plataformas de reparto que hoy dominan el mercado argentino también responden a grandes corporaciones internacionales, cuyos centros de decisión se encuentran fuera del país y cuyos modelos de negocios son diseñados para maximizar rentabilidad a escala global.

    Naturalmente, las diferencias históricas son enormes y nadie podría equiparar mecánicamente las condiciones de violencia física que caracterizaron a La Forestal o a la Patagonia Rebelde con la realidad contemporánea. Sin embargo, la comparación permite observar una continuidad inquietante: la subordinación económica de trabajadores argentinos frente a grandes empresas extranjeras que concentran el poder de fijar condiciones laborales, ingresos y mecanismos de dependencia financiera.

    El escenario tecnológico cambió radicalmente. Donde antes había obrajes, hoy existen aplicaciones. Donde antes había fichas impresas, hoy aparecen créditos digitales. Donde antes un capataz vigilaba el rendimiento, hoy lo hace un algoritmo que asigna pedidos, califica desempeños y determina ingresos.

    Pero la concentración del poder económico conserva una estructura reconocible.

    Las luchas obreras de comienzos del siglo XX surgieron precisamente para cuestionar un modelo que transformaba al trabajador en un engranaje completamente dependiente de la empresa. Cien años después, el desafío parece regresar bajo nuevas formas, impulsado por la economía de plataformas, la financiarización del trabajo y la pérdida progresiva de derechos laborales conquistados durante décadas.

    Quizá la mayor diferencia entre ambas épocas sea que la explotación ya no necesita alambrados ni fichas de cartón. Ahora cabe en el bolsillo, dentro de un teléfono celular, y puede administrarse mediante una aplicación que promete flexibilidad mientras convierte el salario futuro en garantía de una deuda cada vez más difícil de cancelar.

     

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  • YPF Luz sale a cotizar en Wall Street y confirma que las empresas de energía son las ganadoras del modelo

     

    YPF Luz dio un paso clave para convertirse en la primera empresa argentina en salir a la Bolsa de Nueva York en más de ocho años. La compañía presentó ante la Comisión de Valores de Estados Unidos (SEC) la declaración de registro necesaria para una eventual oferta pública inicial (IPO), una operación que también incluiría una cotización en Bolsas y Mercados Argentinos (BYMA).

    La firma aclaró que el registro constituye un paso formal dentro del proceso y que la operación todavía depende de la aprobación regulatoria y de las condiciones del mercado. Además, precisó que no se trata de una emisión de nuevas acciones para captar fondos, sino de la venta de una participación perteneciente a uno de sus accionistas.

    La empresa tiene como accionistas a YPF, con el 75,01% del capital, y a BNR Power -participada en partes iguales por GE Vernova y el fondo chino Silk Road Fund-, con el 24,99% restante.

    El mercado global de bonos verdes se enfría y Genneia evitó que Argentina profundizara la caída

    La presentación de YPF Luz llega poco después de que Genneia iniciara el mismo trámite ante la SEC, un hecho que para los analistas refleja un cambio de escenario para las compañías argentinas.

    «YPF Luz acaba de presentar su solicitud para cotizar en Nueva York y Buenos Aires, once días después de que Genneia hiciera lo mismo. Dos generadoras eléctricas argentinas peleando por la misma ventana de Wall Street en la misma quincena de julio», destacó Priscilla Sosa, asesora financiera en Bull Market Brokers.

    La especialista recordó que un fenómeno similar no ocurría desde 2018, cuando Central Puerto y Corporación América debutaron en los mercados estadounidenses con pocos días de diferencia.

    «El dato de fondo es que la ventana de equity argentino en Nueva York se abrió nuevamente», afirmó.

    YPF Luz acaba de presentar su solicitud para cotizar en Nueva York y Buenos Aires, once días después de que Genneia hiciera lo mismo. Dos generadoras eléctricas argentinas peleando por la misma ventana de Wall Street en la misma quincena de julio.

    En la misma línea, Damián Vlassich, líder de Estrategias de Inversión en IOL, sostuvo que, si la operación prospera, será la primera salida a bolsa de una empresa argentina en Wall Street desde 2018, un hecho que «por sí solo habla del renovado interés que despiertan hoy los activos locales».

    Más allá del contexto favorable para las emisiones, los analistas destacan que YPF Luz llega al mercado con fundamentos financieros robustos.

    Según Vlassich, tomando los últimos doce meses cerrados a marzo de 2026, la compañía registró ingresos por aproximadamente USD 709 millones y un EBITDA cercano a USD 450 millones, equivalente a un margen de alrededor del 63%.

    Por su parte, Sosa señala un margen incluso superior, del 66,7%, y destaca que los ingresos se encuentran mayormente dolarizados y respaldados por contratos de largo plazo.

    Otro de los aspectos que más valoran los especialistas es el bajo nivel de endeudamiento.

    «La deuda neta equivale a apenas 1,6 veces el EBITDA anual. Para una compañía que viene invirtiendo en el desarrollo de centrales y parques, mantener el endeudamiento contenido es una virtud y refleja una administración financiera ordenada», explicó Vlassich.

    Sosa destacó además que la empresa llega a la bolsa justo cuando comienzan a entrar en operación algunos de sus principales proyectos de inversión, como el paque solar El Quemado y CASA. «La inversión fuerte finalizó y teóricamente comienza la generación de caja», sostuvo.

    Actualmente, YPF Luz cuenta con una capacidad instalada cercana a 3,8 gigavatios, abastece alrededor del 10% de la demanda eléctrica argentina y opera 17 activos entre centrales térmicas y parques renovables distribuidos en ocho provincias. Además, construye un proyecto de almacenamiento mediante baterías de 90 megavatios en la central Dock Sud.

    Vlassich comentó que la capacidad instalada pasó de niveles muy reducidos hace una década a cerca de 3,7 GW, con proyectos que permitirían alcanzar aproximadamente 3,9 GW hacia fines de este año.

    Asimismo, destacó que la facturación de 2025 fue más de siete veces superior a la registrada en 2017, reflejando una expansión sostenida del negocio.

    Si bien los fundamentos aparecen como una fortaleza, los analistas coinciden en que el precio de salida será determinante para evaluar el atractivo de la inversión.

    «Central Puerto y Pampa son el parámetro de referencia. Si sale en línea con CEPU, es una buena oportunidad de posicionarse en equity local. Por encima de estas, los buenos fundamentos no alcanzan para compensar una entrada sin margen», advirtió Sosa.

    Vlassich agregó que la compañía posee otros atributos que fortalecen su perfil para los inversores: contratos de largo plazo con clientes como Toyota, Ford y FEMSA, ingresos mayormente dolarizados y el respaldo accionario de YPF y GE Vernova, además de proyectos encuadrados dentro del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).

    «YPF Luz accede al mercado con fundamentos de primer nivel y un perfil defensivo infrecuente en un activo argentino, lo que la posiciona como un nombre a monitorear con atención», concluyó el especialista.

     

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