La Municipalidad de Villa Regina recuerda que durante este sábado 5 y domingo 6 de junio regirá en el ejido municipal el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) N° 334 del Presidente Alberto Fernández.
De acuerdo a lo establecido en el mismo, la circulación estará permitida entre las 6 y las 18 horas.
Hay dos guerras en Oriente Medio. Una se libra con misiles, portaaviones y drones sobre el territorio iraní y de las monarquías del Golfo Pérsico. La otra tiene lugar en los mercados de energía, en las bolsas de materias primas, los boards de las grandes corporaciones petroleras y de los alimentos.
Un quinto. Un tercio. Un tercio. Dos quintos. Casi la mitad. Estas son las proporciones de las exportaciones mundiales de gas natural licuado (GNL), petróleo crudo, fertilizantes, y también de helio y azufre que transitan por el estrecho de Ormuz, controlado por Irán. Son materias primas indispensables para producir combustibles y alimentos, así como el helio y el azufre son indispensables para fabricar microchips, y por tanto automóviles o, data centers y, en fin, para el desarrollo de la inteligencia artificial. El abastecimiento mundial de estas materias depende de su transporte por el estrecho que quedó cerrado desde el inicio de la guerra, casi para todo el mundo.
Desde el ataque israelo-estadounidense a fines de febrero, el precio del crudo subió más de un 50%. Es el impacto de la escasez en los precios de las mercancías. Scarcity! Algunos analistas advirtieron que este precio podría alcanzar los 150 y hasta 200 dólares por barril. Según la consultora Rystad Energy, si el precio de referencia del petróleo estadounidense pasara a promediar los 100 dólares por barril a lo largo del año, los flujos de caja del sector petrolero norteamericano pasarían a ser 63.000 millones de dólares más altos que en un escenario estándar de 70 dólares/barril.
Es la mayor amenaza a la seguridad energética global en la historia, en palabras de Fatih Birol, director de la Agencia Internacional de Energía (AIE). La publicación Foreign Policy destacó que esta es, tanto en volúmenes totales como en porcentaje del consumo mundial, la mayor disrupción del suministro energético jamás registrada.
Antes de la guerra, 20 millones de barriles diarios pasaban por el estrechó de Ormuz, controlado militarmente por Irán. Tres semanas más tarde ese volumen cayó a casi la mitad. La liberación de reservas estratégicas por parte de EE.UU., así como el saqueo de las reservas de Venezuela, solo puede inyectar 2 o 3 millones de barriles diarios al mercado. Ninguna intervención política podrá compensar tamaña disrupción.
¿Por qué? Porque cuando los depósitos de petróleo y gas ubicados en el entorno del estrecho se llenaron, varios yacimientos tuvieron que detener la producción: están, en el lenguaje de la industria, shut in. Cero suministro.
Imagen de María Lupan en Unsplash
Y los yacimientos y refinerías no se reactivan de la noche a la mañana. Sin contar con que la infraestructura de producción y transporte ha sido dañada físicamente en Irán y en Qatar. Los ataques israelíes alcanzaron el campo de gas South Pars, el más grande del mundo, y entonces Irán golpeó la planta de GNL de Ras Laffan, norte de Qatar, eliminando 3,5% de la producción mundial de GNL durante los próximos tres a cinco años.
A la fórmula del caos se le agrega que los rebeldes hutíes de Yemen lanzaron ataques contra Israel. Si esta facción pro iraní intensificara sus acciones, podría agravar la situación causada por el cierre de Ormuz al entorpecer aún más el tráfico marítimo comercial global al bloquear el estrecho de Bab el-Mandeb, que controla el acceso al Mar Rojo. Por el momento, se trata de ataques limitados: una «escalada controlada«. Pero la guerra no es matemática. El dominio completo de las consecuencias de echar a andar una guerra es imposible.
Como se puede ver, son muy malas noticias para el mundo. Aunque no para todos. Las empresas petroleras volvieron a ver sus ganancias multiplicarse de la noche a la mañana, como en 2022 tras la invasión rusa de Ucrania, por una decisión adoptada en oficinas muy lejanas de Teherán.
La guerra es una máquina de ganancias para las petroleras Pero también una máquina de riesgos. La diferencia está en quién paga los riesgos y quien cobra las ganancias. Una asimetría que lleva la forma misma de la estructura de propiedad desigual del capitalismo petrolero.
No están siendo los pueblos del Sur Global los que recogen los beneficios. Sobre todo no los venezolanos, que liberados por Estados Unidos de la tiranía unipersonal de Nicolás Maduro se han visto expropiados de su petróleo. Recibirán aún menos regalías que durante el bloqueo previo a la invasión. Al mejor estilo corsario del siglo XVIII, EE.UU. se jacta de haberle robado hasta sus reservas de oro.
Son compañías como ExxonMobil las que vieron disparar sus ganancias sin haber para ello invertido, ni innovado. Aramco, la mayor petrolera del mundo superó sus previsiones de ganancias y sin embargo su CEO advirtió que una interrupción prolongada en el estrecho de Ormuz tendría “consecuencias catastróficas” en los mercados globales.
La lógica es obscena: el conflicto restringe la oferta global, los precios suben, y quien controla la producción y la logística se alza con una renta extraordinaria que luego se distribuye en dividendos entre accionistas.
El mismo mecanismo que enriqueció a las petroleras durante la guerra de Ucrania está funcionando hoy, a mayor velocidad y con mayor intensidad.
Un síntoma de esto: los contratos a futuro del petróleo WTI —el crudo de referencia que cotiza en Texas y sirve de pronóstico de los operadores del mercado — que tenían vencimiento en abril se negociaron en 96,14 dólares el 20 de marzo. Pero la realidad superó la imaginación del mercado y esta semana la cotización osciló en los 120 dólares por barril.
¿Qué es lo que ocurrirá con esa renta si el gas y el petróleo siguen aumentando? La investigación pionera de la economista alemana Isabella Weber sobre el shock posterior a la invasión rusa de Ucrania en 2022, explica que los ingresos netos de las compañías petroleras que cotizan en bolsa alcanzaron entonces los 916.000 millones de dólares en un solo año. En EE.UU., el 50% de esas ganancias fue a dar a los bolsillos del 1% más rico de la población, mientras que el 50% más pobre recibió apenas el 1%.
Así es como funciona la hiperconcentración de riqueza. La economía global está administrada por corporaciones gigantes que fijan sus propios precios. Cuando los costos de sus insumos suben, las corporaciones los trasladan a los consumidores. Esto se llama “inflación de vendedores”. Y se agrava cuando los insumos escasean físicamente, porque eso otorga a las empresas un monopolio temporal.
En la Argentina, esa mecánica se agrava por una paradoja institucional: el Estado está conducido por quienes consideran que los impuestos son, en sí mismos, un robo. Eso se traduce en desmantelamiento de capacidad fiscalizadora —la AFIP achicada, los cuerpos técnicos vaciados— y en la imposibilidad práctica de determinar con precisión la magnitud de la renta extraordinaria apropiada por las petroleras y las empresas de alimentos. Una parte de esa renta terminará en guaridas fiscales, eludiendo cualquier tributación local. Otra se convierte en distribución de dividendos: las empresas de alimentos, por ejemplo, registraron ganancias extraordinarias durante los ciclos inflacionarios y respondieron no con inversión productiva sino con remesas a sus casas matrices. «Son las élites las que debilitan la economía de cada país», anticipaba Agustina Paz Frontera en su análisis «Poniendo estaba la casta», en noviembre 2024 en Anfibia.
La renta extraordinaria de corporaciones multinacionales no se limita al gas y al petróleo y sus derivados (no olvidar los fertilizantes, es decir, los alimentos). El mecanismo se extiende con igual ferocidad a las ganancias a los seguros del transporte marítimo. Para empezar, reportes de Lloyd’s List y Bloomberg indican que Irán pasó a cobrar hasta 2 millones de dólares por buque para garantizar el ‘paso seguro’ a través de Ormuz, un peaje no oficial. Las grandes navieras —Maersk, MSC, CMA CGM, Hapag-Lloyd— estarían entre las perdedoras. Debieron suspender sus rutas por el Golfo y desvían sus buques por el Cabo de Buena Esperanza en el sur de África, alargando semanas los tiempos de tránsito y en costos.
Según un informe de mercado de febrero, las tarifas de flete para petroleros de gran porte en la ruta del Golfo Pérsico a China alcanzaron niveles récord: 423.736 dólares por día. Estos aumentos generarán ganancias no previstas con relación al cálculo original de costos para estas operaciones. Es el costo del miedo.
Ante la crisis, Trump ordenó crear un respaldo de reaseguro de 20.000 millones de dólares para intentar reactivar el tránsito por el estrecho. Aquí, nuevamente, liberales anti Estado en gobierno echan mano al presupuesto para subsidiar el riesgo y que ‘el mercado’ pueda seguir recogiendo ganancias extraordinarias.
Países: súbditos del lucro geopolítico
El mapa de los Estados ganadores es complejo. Según la BBC, mientras los productores del Golfo —Qatar y Arabia Saudita, principalmente— sufren ataques iraníes sobre su infraestructura, son otros quienes recogen los frutos del alza de precios.
El gran beneficiario sería Rusia. Washington relajó las sanciones para aliviar la escasez global de hidrocarburos y entonces las ventas de petróleo crudo ruso a India saltaron un 50%. Moscú habría recaudado así 5.000 millones de dólares adicionales solo en el primer mes de esta guerra. Según Foreign Policy, el petróleo ruso pasó rápidamente de cotizarse muy a la baja a hacerlo con un precio incluso por encima del precio global.
Expertos reunidos el mes pasado en el Institut Francais des Relations Internationales (IFRI), señalaron que el diferencial de precios entre el crudo Urals —la variedad rusa, que cotiza más barato a causa de las sanciones— y el Brent, referencia internacional, se redujo de 30 dólares a solo 10 por barril.
Sin embargo, no hay euforia en Moscú. Las ganancias parecen ser absorbidas por intermediarios y por la guerra en Ucrania. El déficit presupuestario ruso, que ya era elevado, alcanzó en enero y febrero el 90% del proyectado para todo el año.
Ucrania entonces comenzó a atacar la infraestructura de exportación de petróleo ruso, para cortar la ventaja comercial que está recibiendo de la guerra en Irán. Por eso el escenario óptimo de Moscú es que la crisis dure lo suficiente para reponer las arcas del Estado sin provocar una desestabilización duradera en el Golfo. Una guerra corta que lo enriquezca; una paz rápida que no lo exponga.
El caso de Irán es la paradoja mayor. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos emitió una autorización de 30 días para la venta del petróleo iraní almacenado en alta mar. Ahora Irán puede vender más barriles más rápido y a un mejor precio. Las percepciones erróneas de fragilidad de Irán resultaron en una trampa, advierten especialistas de Goldman Sachs.
Imagen de Javad Esmaili en Unspash.
Noruega y Canadá también emergen como ganadores potenciales del lado del suministro. Canadá se posiciona como productor estable, confiable y basado en valores, luego del posicionamiento antiimperialista de su Primer Ministro Mark Carney en la cumbre de Davos.
Estados Unidos encarna la paradoja central: las corporaciones basadas en su territorio ganan mientras que sus ciudadanos pagan. EEUU pasó de importar el 60% de su petróleo hace dos décadas a exportar hoy entre 3 y 4 millones de barriles diarios, con una producción que escaló de 5 a casi 14 millones de barriles por día —la expansión más rápida de la historia. Sin embargo, esto no protege a sus ciudadanos del encarecimiento global. Y ese dato, junto con la oposición a la guerra contra Irán incluso en el seno del espacio MAGA que sostiene al presidente Trump y el impacto de la brutal política anti inmigratoria en su base de apoyo latina, empieza a hacer crujir las expectativas electorales de medio término del presidente.
China, por su parte, importa 50% de su petróleo y un tercio de su GNL a través de Ormuz. Pero las élites del Partido Comunista prepararon al país para esta crisis durante las últimas dos décadas. Un tercio de su sistema energético chino está electrificado, la mitad de los autos nuevos vendidos son eléctricos, y China acumuló una reserva estratégica de 1.500 millones de barriles mientras EEUU vendía las suyas.
El escenario óptimo para China sería una derrota militar rápida de EEUU e Israel que desacredite a Washington y, sobre todo, distraiga a la potencia norteamericana de su proyección estratégica en Asia. Es decir, que contenga el entusiasmo expansionista de la Primer Ministra de Japón, Sanae Takaichi, aliada eufórica de Trump, y le abra el margen de maniobra en el Mar de China para su ambición irreductible de reunificación a través de la anexión de Taiwán.
Los costos económicos de la guerra resultan aceptables para China si a cambio gana mayor espacio geopolítico.
India es de los más afectados. Importa el 60% de su gas licuado de petróleo (LPG) a través del estrecho de Ormuz. El 47% de su gas natural licuado proviene de Qatar, cuya capacidad exportadora fue dañada por ataques iraníes. Resultado: racionamiento de gas, escasez de cilindros, cierre masivo de restaurantes y pequeñas empresas. Los 10 millones de trabajadores indios en los países del Golfo —que envían 50.000 millones de dólares anuales en remesas— ven amenazadas sus condiciones laborales. El gobierno indio congeló los precios en surtidores.
La crisis pone a prueba su ‘autonomía estratégica’. El gigante asiático dispone de 170 buques de guerra y ambiciones de convertirse en garante de seguridad en el Océano Índico. Tiene media docena de fragatas desplegadas cerca del estrecho de Ormuz para escoltar a buques propios. Pero su posición diplomática es cada vez más incómoda: India guardó silencio cuando un submarino estadounidense hundió una fragata iraní en el Océano Índico, su área de influencia regional. Su presidencia del BRICS (con Brasil, Rusia, Sudáfrica, entre otros) no produjo ningún comunicado.
Japón importa más del 90% de su petróleo crudo del Medio Oriente; el 93% de éste transita por el estrecho de Ormuz. Tokio está bajo presión de Washington para intervenir militarmente, a lo que se resiste. Por ahora.
Pakistán pidió a las universidades que pasen a modo remoto, pues no pueden pagar los costos de la electricidad.
Corea del Sur enfrenta la misma presión. Cerca del 70% de sus importaciones de crudo se canalizan por el mismo estrecho. Los políticos advierten del riesgo para su industria de semiconductores, que produce más de la mitad de los chips del mundo. Esta semana el gobierno coreano introdujo una segunda inyección de dinero en el consumo y la industria de 17.300 millones de dólares para amortiguar el impacto. El paquete incluye compensaciones a las refinerías, vouchers para consumidores, ayuda a hogares vulnerables y jóvenes. Lo financiarán con un impuesto a las ganancias extraordinarias generadas por el boom de chips para inteligencia artificial.
Atentos a este dato, pues de las brumas de la batalla comienzan a emerger soluciones. El gobierno de Dinamarca, por ejemplo, ganó unas elecciones parlamentarias cruciales con una plataforma de impuestos a las ganancias extraordinarias de corporaciones. Los gravámenes de este tipo aplicados en 2022 por Colombia y Argentina son antecedentes en los que se fijan los especialistas para promover reparaciones ante el shock. Por esa razón, tanto Greenpeace como los expertos de la comisión independiente ICRICT que presiden los economistas Joseph Stiglitz y Jayati Ghosh llamaron a que los países introduzcan impuestos permanentes y automáticos para las ganancias de los combustibles fósiles. Cinco países de la UE lanzaron una propuesta similar la semana pasada.
Alimentos, horizonte opaco
Un tercio de los fertilizantes del mundo ya está bloqueado en Ormuz. China, además, restringió sus exportaciones de fertilizantes para proteger su mercado doméstico con lo cual agrava la escasez global. Con el 40% de las exportaciones mundiales de fertilizantes en riesgo en plena temporada de siembra en mercados clave desde Estados Unidos hasta India, la caída en la producción de alimentos durante la próxima cosecha es un riesgo real.
Lo que en el Norte Global se manifestara como un shock de precios, en las regiones importadoras netas del Sur Global será hambre.
Cuando suben los precios de los fertilizantes, suben los precios de los alimentos. Cuando suben los alimentos, los que más sufren son siempre los mismos.
Así lo hizo notar el Programa Mundial de Alimentos: el alza de los precios de alimentos y combustibles causada por la guerra en Irán puede tener efectos en cascada que agravará el hambre en las poblaciones vulnerables. El índice de precios de los alimentos de la ONU en marzo se situó en 128,5 puntos, un aumento del 2,4 % con respecto a febrero; el segundo incremento mensual consecutivo tras cinco meses de descensos.
Al subir sus precios, las grandes empresas capturan la escasez como si fuera mérito, pero no lo es: en EEUU, el 10% más rico de los hogares posee el 87% de las acciones de las empresas de energía. El aumento de la cotización en Bolsa de estas empresas es celebrado por sus accionistas. Y el resultado es un incremento de la desigualdad. En el caso de 2022, las ganancias extraordinarias fluyeron hacia los accionistas ricos. La misma dinámica opera hoy. No se crea valor: se redistribuye hacia arriba lo apropiado.
Incluso con una resolución rápida del conflicto hoy por hoy inverosímil, las disrupciones físicas en la producción de GNL, las redes globales de producción y su logística tardarán años en recuperarse. Y las consecuencias políticas de este tipo cambian el sentido de lo esperable. Hace cuatro años, la derecha radical resultó la ganadora. El shock actual podría golpear la gobernabilidad de aquellas mismas administraciones de ultraderecha.
Las guerras en Irán y en Ucrania son conflictos geopolíticos y también mecanismos de redistribución masiva de riqueza, en tiempo real, desde los muchos de abajo hacia los pocos de arriba. Nombrar a los ganadores, identificar a los perdedores y reclamar los instrumentos fiscales para reequilibrar esa transferencia con impuestos sobre la renta extraordinaria es lo que separa a un gobierno de una escribanía al servicio del capital.
FEDE HARINA-VILLA MITRE BB Este martes cerró la segunda burbuja de la Liga Argentina de Basquet realizada en Mar del Plata, y el equipo de Villa Mitre que integra el reginense Federico Harina finalizó con el mejor record de la zona SUR con 6pg y 2pp. Llegó al último partido con 3 triunfos: vs Ciclista…
Veinticuatro horas antes de hacer bailar a una multitud en Plaza de Mayo, el padre Guilherme Peixoto se detiene en silencio frente a un mural en la Villa 31: ve a Maradona recostado estirar un brazo y el dedo índice intentando tocar, del otro lado, la mano de Messi; la imágen imita el fresco de Miguel Ángel donde Dios le da vida a Adán en el Génesis. Peixoto —el cura DJ, portugués, 51 años, zapatillas, jeans y camisa negra con el alzacuello blanco y la pelada brillante— medita un instante frente a la imágen y dice:
—Falta Cristiano Ronaldo.
Los demás se ríen. Cada quién con su Dios.
Al padre Guilherme lo acompaña el padre Nacho —Ignacio Bagattini, un cura guapo de camisa gris a juego con el pelo y la barba al ras, párroco de la iglesia Cristo Obrero de la Villa 31— que le hace de guía durante todo el recorrido. Antes de lo de Maradona y Messi se habían detenido frente a un pilar de los que sostienen la autopista Illia, que pasa por arriba de la villa, donde hay un altar con una imagen del Papa Francisco. Un grupo de hombres que tomaban cerveza al pie de la imagen de Bergoglio se levantaron cuando vieron llegar al padre Nacho con toda la comitiva: la sobrina del padre Guilherme, Mariana Gonçalves, de 21 años, la coreógrafa que le enseñó los pasos a los chicos de Ciudad Oculta que bailarán para el padre en el escenario de Plaza de Mayo; Ricardo Campos, asistente y productor; Walter Peña y Nicolás Cuiñas de la pastoral villera, y dos sobrinas del Papa Francisco.
En los pasillos de la villa se mezcla la música y cambia a medida que caminamos. En esta parada, la que suena más cerca sale de un bar-kiosko con luces y mesas. Es Antes que me vaya de L-Gante. Mariana baila tímidamente.
—¿Te gusta esta música?
—Me gusta toda esta música— dice con su español de España, raspando la lengua entre sus dientes para pronunciar la ese.
Ella es el puente de comunicación, porque el portugués de Peixoto es fuerte y su español es débil. Se hace entender, pero falta. Así que, además de organizar la coreografía, ella es la que traduce. También canta, su voz está en algunas de las canciones que el padre DJ mezcla con electrónica. Canciones que están en las plataformas en las que figura Padre Guilherme como artista. En Spotify tiene más de 245 mil oyentes mensuales. En la Plaza de Mayo y varias cuadras sobre la avenida se juntarán, al día siguiente, 250 mil.
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La canción de “Protégeme señor con tu espíritu”, que hoy mezcla el padre Guilherme en el show, es muy conocida. También es un famoso meme-reel de Instagram. Pero algunas de las señoras de más de cincuenta que están en primera fila, frente al cura DJ, no lo saben. El público es enorme. Son las señoras. También son familias jóvenes y no tanto. Es un chico gay. Es una monja. Un chico disfrazado de cura. Uno que fuma porro, otro que lleva a su hija en los hombros. Otro que alza un muñeco de un extraterrestre.
Están los que creen, están los que se divierten. A algunos les pasan las dos cosas.
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El viernes, previo al recorrido por el barrio, el padre Guilherme y su equipo ensayan con los chicos de Ciudad Oculta que bailarían en Plaza de Mayo: Fabián, Eva, Maca y Marcelo. Muchachos de no más de 25 años del Hogar de Cristo que andan con unas capas de tela translúcida tornasol con lucecitas amarillas. Capas que tienen palos en las puntas y que los chicos agarran para moverlas, en coreografía, como alas. Serán, en palabras de Oscar Soria, los angelitos. Oscar, activista argentino que vive en Nueva York, es vicepresidente de Miserando, una organización que se fundó en 2013 para expandir el legado de Francisco y que decidió organizar este evento para homenajearlo a un año de su muerte. Lo hicieron con el apoyo de decenas de voluntarios que se pusieron todas las tareas al hombro, a lo que se sumó el respaldo del Gobierno de la Ciudad y el Arzobispado de Buenos Aires. Desde el principio imaginaron un evento donde iba a venir gente de distintos lugares, pero sabían que el escenario debía ser la periferia del mundo y un lugar histórico y de peso político como la Plaza de Mayo:
—En tiempos de batalla cultural— dice Oscar —este es un evento que piensa en juntar a todo el mundo en busca de la paz cultural.
El ensayo es el salón de la escuela María Elena Walsh, cerca de la terminal de Retiro. Es una caja de cemento rectangular, vacía, con una pequeña tarima. Al cura le pusieron la consola encima de un banco de los que usan las maestras en las aulas. Mariana indica los movimientos. Fabián, Eva y Maca se dedican al baile, pero tienen poca experiencia, dan clases en la parroquia de su barrio. Marcelo es uno de los chicos que está en rehabilitación en los programas de la Familia Grande del Hogar de Cristo.
En el ensayo, el padre toma mate, mientras maneja un controlador sencillo, muy distinto a los cuatro Pioneer que usará en el escenario de Plaza de Mayo.
—Mañana va a tener cuatro controladores grandes y un monitor— dice Thiago, que hoy es su asistente pero antes fue profesor de Guilherme en el instituto de Porto donde aprendió a mezclar.
Casi al final del ensayo, el padre pone un preámbulo de lo que será el mega evento: un pedazo modificado de Café con ron, de Bad Bunny, mezclado con con kicks y hi-hats. Los chicos bailan en círculo, las asistentes se suman a la rueda. También las sobrinas de Bergoglio y Walter y Nicolás de la pastoral villera. Arman un trencito y bailan la melodía del conejo malo con la letra cambiada “por la mañana café, por la tarde oración. Por la noche Dios con su protección”.
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Mientras cae la tarde del sábado, un rato antes de que empiece el show, el sociólogo y antropólogo Pablo Semán se refugia en el atrio de la Catedral, donde todavía queda un poco de espacio para circular y hablar con la gente. Semán lleva años estudiando la religiosidad popular y este le parece un acontecimiento fascinante. Charla con los que pasan. Les pregunta de dónde vienen y qué hacen aquí. Está tan entusiasmado que no ha venido solo. Otros cinco investigadores de su equipo se mezclaron entre el público en diferentes sectores para intentar hacer un gran barrido del lugar.
Para Semán, una buena parte de esta fiesta habla de una especie de movilización de una periferia del catolicismo que no se habría reunido así en la Plaza de no haber sucedido el papado de Francisco.
—Además de extenso y rico— dirá Semán a Anfibia después de la fiesta —se trata de un evento vinculado sobre todo con el mensaje más aperturista en lo social y cultural del papa Francisco. No de un mundo politizado que quiere encontrar una especie de anabólico para proyectos políticos que no están funcionando, que es algo que hacen los progresistas que admiran a Francisco y los peronistas más ortodoxos que lo admiran también. Aquí hay un público mucho más masivo y mucho más interesante, sobre todo desde el punto de vista de la iglesia católica.
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El viernes por la tarde, antes de la fiesta, el padre Nacho apura el paso en el recorrido por la villa. Quiere llegar a tiempo a la misa de las siete, porque el padre Guilherme tiene prueba de sonido a las ocho en Plaza de Mayo.
El padre Nacho saluda, lo saludan. Abraza, pega palmadas en hombros, levanta la mano para decir hola y adiós. Un grupo de gendarmería viene a contramano y uno de ellos saluda al padre Nacho, van camino a uno de los destacamentos de la policía que hay en el barrio, por el que la comitiva acaba de pasar. El destacamento está protegido por unas rejas de metal color gris.
—Si la Gendarmería tiene rejas, qué podemos esperar nosotros —dice uno de los del grupo. Repite la frase entre risas, se celebra el chiste.
El grupo camina al costado derecho, son varios y casi ocupan toda la calle. Detrás, autos o motos tocan la bocina cada tanto para pedir paso. El sonido de las bocinas se mezcla con el de los megáfonos con diferentes ofertas, con las voces de la calle. Con la voz del padre Nacho, que intenta explicarle los detalles del recorrido al padre DJ, que asiente, solo asiente. No dice mucho. A los costados los comercios en los primeros pisos de las casas chorizo están a luz prendida, con música para llamar la atención.
—En el barrio hay mucha música —había advertido el padre Nacho en la parroquia del padre Mugica, donde vive. Antes de entrar al barrio. —Música peruana, que se mezcla con música de Bolivia, de Paraguay, de Colombia.
Arriba, la tarde que cae sobre los cables y las escaleras caracol de hierro que parecen colgar de las casas. El cielo se pone algo rosa, algo naranja. Ya casi van a ser las siete, la hora en que la gente vuelve a casa del trabajo, la hora en que la gente sale a comprar algo para la cena. La hora de la misa.
Ananás, tomates, papas, mamones, zanahorias en cajones de verdulerías. Ropas en maniquíes y en percheros sobre las veredas. Accesorios en tienditas color rosa. Pendones con los nombres de almacenes y el listado de cosas que venden. En un costado una casa de colores blancos y rojos: un santuario al Gauchito Gil. Arriba una “telaraña de cables”, como la describe el padre Nacho.
El que hizo el chiste de las rejas de Gendarmería dice con algo de gracia:
—Esto sería una diversión para un electricista.
El padre Nacho, con tono serio, aclara que ese desorden de cables genera muchos incendios. Le repite de modo pausado al padre Guilherme, por si no entendió, y él asiente con el mismo gesto con el que ha estado toda la caminata: impávido, estático y con una leve mueca de sonrisa.
El recorrido se detiene frente a una estructura pequeña, cuadrada y de dos pisos, de cemento pintado de celeste. A la entrada, arriba de la puerta, está la virgen del Rosario, debajo, en letras doradas dice: Capilla Virgen del Rosario. Adentro todo está pintado de blanco y azul Francia. A la entrada está el coro ensayando para la misa. El sonido es superior al espacio. Las voces y las melodías resuenan en las paredes. En los costados, diferentes vírgenes miran a los bancos de madera color marrón oscuro, algunos pocos tienen reclinatorios.
Al fondo la mesa de eucaristía, flores, un Jesús crucificado en el centro. Al costado izquierdo, el altar más grande de todo el espacio, el de la Virgen de Copacabana, allí frente a la vitrina se detiene el padre Guilherme un rato a observar. Una virgen morocha vestida de colores amarillos y blancos con una bandera de Bolivia cruzada y una corona de la que se suelta un velo blanco. En una mano sostiene una vela, en la otra un niño Jesús. La adornan flores artificiales: girasoles y rosas doradas y beige.
Al final una puerta da a una cocina. Tres mujeres, un adolescente y una nena toman mates, esperan al padre. Ni bien llega, le piden fotos. En esa cocina hay una puerta que da a la calle, es la salida por detrás, por ahí sale el padre Nacho a buscar aguas que pocos de los del equipo van a tomar. Porque el padre DJ y su sobrina tienen sus propias botellas de agua.
Luego de las fotos, el Nacho, Guilherme y la comitiva se sientan alrededor de una mesa a descansar del recorrido.
—Padre, ¿cuándo empezó a tocar? —pregunta una de las mujeres al cura DJ.
El padre Guilherme contesta lo que ya se sabe, lo que se ha repetido: que inició con eventos musicales para recaudar plata para su parroquia. Primero karaokes, luego toques de electrónica. La parroquia era la de São Miguel de Laúndos en Póvoa de Varzim, con el proyecto ‘Ar de Rock Laúndos’.
Para perfeccionarse, un tiempo después, Guilherme se metió a una escuela en Porto la que conoció a Thiago, también DJ, profesor del instituto donde el padre aprendió a manejar controladores Pioneer y el software Rekordbox con el que mezcla música electrónica combinada con música eclesiástica.
Thiago es parte de la comitiva, pero el grupo lo dejó en el camino ni bien empezó el recorrido por el barrio. Thiago es un muchacho de veintipico, alto, flaco y prolijo. Se quedó en una oficina del Ministerio de Educación de la ciudad porque necesitaba internet y sentarse a trabajar, pidió que lo buscarán luego de la misa. Debía cortar y nivelar el audio de algunas frases del papa Francisco que iban a sumar al repertorio del recital y también unas del padre Mugica que decidieron poner a última hora. Justo antes de que el padre Guilherme entrara a la parroquia del padre Mugica, donde vieron su sotana colgada en una vitrina, un pedazo de tela con sangre del cura peronista asesinado. También visitó la que fue su habitación, donde ahora duerme el padre Nacho. En otra habitación, sobre una cama, vio cómo reposaba un Cristo Crucificado, al lado una caja que dice “frágil”. En el mismo espacio están los zapatos “con sangre”, aclara el padre Nacho, del padre Mugica.
Algo del estado de esos zapatos tienen también los famosos zapatos gastados del Papa Francisco. Algo de ese desgaste tienen los pies del padre Nacho.
Más tarde, en la cocina al fondo de la capilla de Nuestra señora del Rosario no hay más tiempo de conversación. Hora de la misa. El padre DJ saca un libro con los textos de la liturgia en portugués. Primero lee en voz alta. Después pregunta si le entendieron.
Unos menean la cabeza. Otros dicen que no. Hay risas. Una nena dirá después:
—Como que entendí mientras leía, pero no recuerdo nada.
Al padre Guilherme lo entenderán mejor al día siguiente, cuando esté en el escenario.
***
Son algo más de quince canciones en dos horas. Todo arranca con los mensajes del Papa Francisco. El de “hagamos lío”, el de la iglesia para “todos, todos, todos”, el de “sé que están en la Plaza, sé que están orando”. Y ahí están, en una especie de oración, creyentes y no creyentes, amantes de la electrónica y otros ni tanto, escuchando El granito de mostaza, Lift Up The Fallen, un poco de Nueva Yol de Bad Bunny, avemarías, Knocking on heavens doors, los violines de Vivaldi en uno de los conciertos de Las cuatro estaciones.
Una de las mezclas del final es con Solo le pido a Dios de León Gieco, ahí, con el público y la producción algo cansada de estar de pie. Son varios los que no aguantan la emoción. Una mujer de producción, con el handy colgado en el bolsillo, llora parada en el paso de un sector VIP a otro.
Entre la multitud, una madre carga a su hijo que sostiene una espada hecha con globitos, lo tuvo a upa la mayor parte del recital. Su esposo —que parece algo borracho— se conmueve con las imágenes del Papa Francisco, y las frases del Papa que se escuchan en medio de los sonidos electrónicos que mezcla el padre Guilherme en el escenario. El señor llora. Delante tiene a un joven y a su novia. Ella canta, se toca el pecho, él trata, con los dedos en los lagrimales, que las lágrimas no caigan. En frente, el cura DJ, bajo las luces que acompañan la electrónica y lo pintan de todos colores. Un chico con musculosa, brillantina alrededor de los ojos y pelo engominado se toca el pecho y llora también. Su pareja, un hombre mayor que viste camisa roja, esta a su lado y baila con él.
Algo queda, al final de la fiesta y en medio del desasosiego de los tiempos que corren, del pueblo argentino que suele salir a la calle. Sea para escuchar a un cura DJ, festejar a un equipo campeón, o celebrar alguna otra alegría. Cualquiera, que las alegrías escasean.
Ahora, al final, una mujer agotada apoya la cabeza y las manos en la valla que separa al público del escenario. Se acerca otra mujer a ver qué le pasa. Un hombre también se preocupa y se arrima a preguntar:
—¿Te sentís bien?
—Sí, sí. Lo que pasa es que me duelen mucho los pies.
Algo queda, tras el cansancio feliz de la fiesta, de un pueblo que se siente unido en el goce del baile y el alivio. Unido en ese orgullo tan argentino de tener al Papa Francisco. O a Messi o Maradona. Un pueblo que, mientras se jacta de sus dioses, todavía guarda el reflejo muy humano de preocuparse por quien tiene al lado.
Controvertido punto de placer que hoy se sitúa en el cuerpo argentino. Realizamos un paralelismo entre el encuentro de los principales mandatarios del mundo (G20) y el punto G. Para ello, utilizamos una brújula imaginaria para identificar lo que pasamos a llamar: » los cuatro puntos gardinales «. El norte de lo Global, el oeste…
El Intendente Marcelo Orazi acompañó al Secretario de Estado de Cultura de Río Negro Ariel Ávalos durante su visita a distintas instituciones de la ciudad, oportunidad en la que dialogaron con sus referentes y se interiorizaron sobre las actividades y proyectos en marcha. También fue el marco para ultimar detalles para la realización del programa…
Las familias reginenses y de alrededores vuelven a encontrarse este domingo 21 de noviembre desde las 20:30 hs en el Anfiteatro Cono Randazzo de Villa Regina para vivir una noche inolvidable. Más de cuarenta años de trayectoria tiene el FOGÓN ESTUDIANTIL en nuestra ciudad y muchos de nosotros siendo estudiantes del Instituto Nuestra Señora del…
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