En el marco de la celebración de la fiesta Provincial de la Vendimia, el Hospital desarrolló distintas actividades de prevención y promoción de Salud, en los tres días de celebración, invitados por el Municipio local.
Tuvieron participación el área de Epidemiología e infecciones, Vacunación y desde la organización El Garage, se realizaron Test rápido de VIH, además de brindar consejería sobre Enfermedades de Transmisión Sexual, entrega de preservativos, y orientación.
Además en el triatlón llevado a cabo en el balneario de la Isla 58, organizado por la Secretaria de Deportes del Municipio, se brindó asistencia a los participantes del evento.
Gracias al personal de Apoyo, Mantenimiento, Choferes, Jefes de Áreas, Agentes Sanitarios, Enfermería, Profesionales y a todos los que sumaron su aporte para hacer efectiva la presencia del Hospital en esta Fiesta Provincial .
Gracias al Municipio por participarnos, y a las autoridades que se acercaron a saludar e informarse por nuestro espacio.
Nuevamente gracias y felicitaciones a todos. Dirección y Consejo Asesor Técnico Hospital Público Villa Regina
En el marco del programa ‘Maratón Cultural’, a partir de hoy viernes y hasta el domingo se desarrollará el Festival de Arte en el Cine Teatro Círculo Italiano que se transmitirá vía streaming en vivo. La segunda edición de este programa provincial tiene a Villa Regina como sede y comenzó con las capacitaciones a los…
Este viernes, juezas y jueces de distintos fueros participaron de una visita a la casa comunitaria Madre del Pueblo, un espacio territorial llevado adelante por el padre Damián, dedicado al acompañamiento de mujeres solas con sus hijos en un momento de profundo desgaste político judicial.
De la actividad formaron parte las juezas Jimena Monsalve y Ángela Ledesma, el juez de la Cámara Federal de Casación Penal Alejandro Slokar y el camarista laboral Gabriel de Vedia y la presidenta de la Fundación AS, Anita Sicilia, quien regaló libros para las mujeres y niños que están transitando su vida en la casa comunitaria, como hacen en todo el país.
La visita tuvo una fuerte carga simbólica y política. En un momento de creciente cuestionamiento al Poder Judicial, el gesto puso en primer plano una de las deudas más profundas del sistema judicial argentino: la protección efectiva de las mujeres y las infancias, los sectores más expuestos cuando la Justicia se vuelve distante, selectiva o desconectada de la realidad social.
El nombre del espacio tampoco resultó casual. Madre del Pueblo volvió a interpelar una agenda de género y derechos que recobró centralidad tras la condena contra Cristina Fernández de Kirchner, leída por amplios sectores como una decisión atravesada por sesgos políticos, con impactos que exceden lo individual y alcanzan a millones de mujeres que sienten que la justicia no las cuida ni las representa.
Desde ese marco, Slokar volvió a advertir sobre una «pandemia silenciosa» dentro del Poder Judicial: la desconexión social. Según planteó, existe hoy una fuerte expansión de la conectividad digital, pero un deterioro del contacto real con el sufrimiento concreto de la sociedad.
En ese sentido, remarcó que la tecnología y la inteligencia artificial no pueden reemplazar la presencia territorial, la escucha directa ni el compromiso humano.
Durante la visita, se insistió en la necesidad de reconstruir el vínculo comunitario y recuperar una justicia cercana. Frente a un tejido social fragmentado, se planteó una prioridad ética clara: los niños y las mujeres primero.
La actividad se inscribe en una línea de trabajo que viene sosteniendo desde hace más de dos años un amplio grupo de funcionarios judiciales desde la Pastoral Judicial, donde participan jueces como Cassanello, Ledesma, Erbetta y Slokar, con énfasis en la inclusión, la fraternidad y la presencia en las periferias. Esa postura está en sintonía con la idea de una «Justicia madre», promovida por el Papa Francisco y orientada a cuidar, reparar y acompañar a los sectores más vulnerables, en lugar de profundizar las desigualdades.
En un acto que atenta contra la transparencia, el poder ejecutivo eliminó el acceso público a los datos de los proveedores estatales. Este oscuro accionar se da a posteriori de la investigación en la que El Disenso descubrió que PAMI le paga 65 millones de pesos por el alquiler mensual de un piso, en el marco…
El ‘Mes de la Niñez’ se festejará en distintos sectores de la ciudad con el objetivo de que niños y niñas puedan disfrutar de una jornada con juegos y refrigerio, cerca de sus domicilios y así evitar traslados y aglomeraciones. Con este objetivo, distintas áreas de la Municipalidad de Villa Regina organizaron los festejos que…
Aunque suene a leyenda rural o a cuento de terror, Argentina es el único país del mundo que conserva una ley nacional vigente inspirada en el miedo popular a los hombres lobo. Mientras en Europa las supersticiones quedaron en tradiciones olvidadas, acá se transformaron en norma escrita, con firma presidencial y todo.
Por Alcides Blanco para NLI
Una superstición que llegó al Boletín Oficial
Durante siglos, en amplias zonas de Europa y América Latina circuló la creencia de que el séptimo hijo varón estaba condenado a convertirse en hombre lobo. En el Río de la Plata, esa figura adoptó nombre propio: el lobizón, una criatura nocturna, maldita y temida, que supuestamente atacaba ganado y personas durante las noches de luna llena.
Ese miedo no era solo simbólico. En comunidades rurales, los séptimos hijos eran marginados, estigmatizados e incluso amenazados, todo por una superstición heredada de la colonización europea y mezclada con mitos guaraníes. El problema no era el monstruo: era la violencia social que generaba el mito.
De la leyenda al Estado
Para frenar esa persecución silenciosa, en 1974 se sancionó la Ley 20.843, conocida como Ley de Padrinazgo Presidencial. La norma establece que el Presidente de la Nación debe apadrinar al séptimo hijo varón o séptima hija mujer, otorgándole reconocimiento oficial y beneficios materiales.
El mensaje era claro: si el Estado reconoce al niño, no hay maldición posible. La ley no menciona hombres lobo, pero su origen está directamente ligado al intento de neutralizar el miedo al lobizón. Fue una forma institucional de combatir la superstición sin nombrarla.
Desde entonces, miles de chicos fueron apadrinados por presidentes argentinos, recibiendo medallas, diplomas y becas. Una política pública nacida del folclore, algo impensado en otros países.
Del mito rural al Congreso Nacional
Lejos de haber surgido de la nada, la Ley 20.843 tiene antecedentes concretos y documentados en la historia argentina. El primer caso registrado de padrinazgo presidencial se remonta a 1907, cuando un matrimonio de inmigrantes alemanes del Volga radicados en Coronel Pringles solicitó al entonces presidente José Figueroa Alcorta que apadrinara a su séptimo hijo varón, siguiendo una tradición heredada de la Rusia zarista, donde se creía que ese nacimiento estaba ligado a la maldición del hombre lobo. El pedido fue aceptado y sentó un precedente informal que se repitió durante décadas. Recién en 1974, durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón, esa práctica fue llevada al plano institucional: el Congreso sancionó la norma que obliga al Presidente de la Nación a asumir el padrinazgo del séptimo hijo varón o séptima hija mujer. El fundamento oficial no hablaba de monstruos ni supersticiones, pero sí de protección social, integración y educación, en un contexto donde el Estado buscaba evitar la discriminación y la violencia simbólica que todavía pesaban sobre estos nacimientos. Así, una creencia popular que había generado miedo y exclusión terminó transformándose en política pública escrita en el Boletín Oficial.
En Francia y Bélgica, existieron tradiciones similares de padrinazgo del séptimo hijo, pero nunca se consolidaron como leyes modernas y permanentes. En Italia, Portugal o Rumania, los hombres lobo —lupo mannaro, lobisomem, vârcolac— formaron parte del imaginario popular, pero la respuesta fue religiosa o comunitaria, no estatal.
En algunos casos, la Iglesia promovía bautismos urgentes; en otros, las autoridades intentaban erradicar las supersticiones. Ningún país llevó el mito al nivel de una ley nacional vigente, como sí ocurrió en Argentina.
Una rareza jurídica con raíz popular
Lo que distingue al caso argentino no es la creencia, sino la decisión política de legislar contra el daño social de la superstición. Sin discursos racionalistas ni campañas educativas, el Estado eligió una solución pragmática: dar protección oficial a quienes podían ser víctimas del mito.
Así, Argentina terminó siendo —al menos en los papeles— el país más seguro del mundo para nacer en luna llena siendo el séptimo hijo. No porque crea en hombres lobo, sino porque decidió enfrentar una superstición con herramientas institucionales.
Una ley insólita, sí. Pero también un recordatorio de que el folclore, cuando se mezcla con el miedo, puede convertirse en un problema político real.
El gobierno nacional dio marcha atrás a las 24 cuotas retroactivas que iban a pagar los usuarios a partir del año que viene. La resolución la publicó el viernes pasado en el Boletín Oficial Javier Iguacel, titular de la secretaría de energía, y establecía que los usuarios de la red de gas de todo el…
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