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LALCEC: CAMPAÑA PREVENCIÓN

Desde LALCEC Villa Regina queremos comunicar que realizaremos junto con el Hospital Área Programa de Villa Regina, una Campaña sin costo de Prevención de Cáncer de Piel mediante el Control de lunares y manchas sospechosas, para personas que no posean  cobertura médica, durante la semana del 03 al 06 de Diciembre. Para solicitar turnos pueden llamarnos al 0298-4465 555 o acercarse a nuestra Sede en calle Alessandrini 1006 de lunes a viernes de 8:00hs a 12:00hs.

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  • El golpe a la acción de SoFi, una advertencia para la salida a la bolsa de Ualá

     

    Las fintech fueron durante años una de las apuestas favoritas de Wall Street. La promesa era sencilla: sumar usuarios a gran velocidad, expandirse a nuevos mercados y construir escala. Las ganancias podían esperar. Pero esa lógica empezó a cambiar y hoy los inversores exigen ganancias concretas.

    El fenómeno quedó expuesto en la evolución reciente de acciones como SoFi o Nubank. Ambas compañías siguen creciendo y ampliando sus negocios financieros, pero el mercado se volvió mucho más exigente a la hora de valorar ese crecimiento.

    «Durante años los inversores estuvieron dispuestos a financiar compañías que crecían aceleradamente incluso sacrificando rentabilidad. Hoy la lógica cambió: Wall Street exige ganancias, eficiencia y capacidad de monetización», explicó Mariano Dragani de Somos Inversores.

    El caso de Nubank suele aparecer como el ejemplo más exitoso dentro del universo fintech. La entidad brasileña logró superar los 100 millones de clientes y, al mismo tiempo, construir un negocio rentable. Para los analistas, esa combinación es la que explica buena parte de su valor de mercado.

    Advierten que las billeteras virtuales usaron los viajes gratis para minar los datos de los usuarios

    La clave ya no pasa solamente por la cantidad de usuarios. «El mercado ya no premia la cantidad de usuarios por sí sola, sino la capacidad de generar ganancias sobre cada usuario incorporado», sostuvo Dragani.

    La experiencia de SoFi muestra hasta qué punto aumentó la vara. La compañía presentó ingresos récord, mantuvo un fuerte ritmo de crecimiento y acumuló varios trimestres consecutivos de ganancias. Sin embargo, la acción sufrió luego de la publicación de resultados porque la empresa no mejoró sus proyecciones para el resto del año.

    Para Dragani, ese episodio refleja el nuevo estándar de Wall Street. «Ya no alcanza con crecer. El mercado exige superar expectativas, expandir márgenes y mostrar una aceleración constante de resultados», afirmó.

    Ualá, que para varios especialistas representa el caso más parecido al recorrido que hizo Nubank en sus primeros años. La compañía cuenta con presencia regional, licencia bancaria e inversores internacionales.

    La volatilidad de estas compañías responde justamente a esa exigencia. Mientras hace algunos años los inversores proyectaban crecimiento futuro, ahora examinan indicadores mucho más cercanos a los que utilizan para analizar bancos tradicionales: rentabilidad, retorno sobre el capital, calidad crediticia, costo de fondeo e ingresos por cliente.

    El cambio de criterio también empieza a trasladarse a América Latina y abre una discusión sobre cuáles son los jugadores mejor posicionados para protagonizar la próxima historia bursátil de la región.

    En Argentina, el líder indiscutido es Mercado Pago. Su ecosistema combina pagos, crédito, inversiones y seguros dentro de una plataforma con presencia regional. Sin embargo, algunos analistas advierten que tamaño y rentabilidad no necesariamente avanzan al mismo ritmo.

    «Mercado Pago juega en otra liga por el tamaño de su ecosistema, pero eso no implica necesariamente una alta rentabilidad», señaló el operador financiero Daniel Pesalovo.

    Detrás aparece Ualá, que para varios especialistas representa el caso más parecido al recorrido que hizo Nubank en sus primeros años. La compañía cuenta con presencia regional, licencia bancaria e inversores internacionales, elementos que suelen ser valorados por el mercado.

    «Ualá sería el retador que puede conseguir ese nivel de escalabilidad. Es el gran candidato para salir a cotizar en bolsa», afirmó Pesalovo. De hecho, mencionó que su fundador, Pierpaolo Barbieri, tiene muy en mente la posibilidad de una futura salida a la bolsa.

    Brubank y Lemon. El primero es visto por algunos analistas como el modelo argentino más cercano a SoFi, por su apuesta a captar depósitos y desarrollar un negocio bancario digital integral. Lemon, en tanto, construyó su crecimiento alrededor de las criptomonedas y las stablecoins.

    Para Dragani, el desafío será el mismo que enfrentó Nubank antes de consolidarse: demostrar que puede transformar una amplia base de usuarios en ganancias sostenibles. En el mercado consideran que esa prueba será determinante para cualquier fintech que aspire a captar inversores globales.

    Más atrás aparecen otros jugadores como Brubank y Lemon. El primero es visto por algunos analistas como el modelo argentino más cercano a SoFi, por su apuesta a captar depósitos y desarrollar un negocio bancario digital integral. Lemon, en tanto, construyó su crecimiento alrededor de las criptomonedas y las stablecoins, un segmento que ganó relevancia en Argentina por la búsqueda de cobertura frente a la volatilidad cambiaria.

    Sin embargo, distintos operadores del mercado coinciden en que el contexto actual obliga a demostrar algo más que crecimiento de usuarios. La próxima fintech argentina que llegue al mercado probablemente no será presentada como una startup tecnológica de rápido crecimiento, sino como una entidad financiera rentable y capaz de expandirse de manera sostenida. 

     

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  • Tras el boom de SpaceX, Wall Street espera a Open IA y Anthropic: ¿nace una nueva generación de trillonarios tecnológicos?

     

     El debut bursátil de SpaceX dejó a Wall Street mirando hacia adelante. La empresa de Elon Musk cerró este viernes por encima de los USD 161 por acción y alcanzó una valuación superior a los 2 trillones de dólares.  El volumen de capital movilizado pulverizó el récord de la petrolera Saudi Aramco en 2019 y de la tecnológica Alibaba en 2014. 

    Se estima que la colocación inicial dejó a la empresa de Elon Musk alrededor de USD 75.000 millones en efectivo fresco, con el porcentaje que se destinó a flotar en la bolsa con un valor inicial de USD 135 que rápidamente escaló a USD 161 la acción. Fue la IPO más grande de la historia. 

    El mayor estreno bursátil de la historia no solo convirtió a Musk en el primer trillonario del planeta, sino que abrió un debate global sobre la extrema desigualdad en el mundo actual, donde un hombre acumula meas riqueza que varios países. «El dato es que la riqueza de algunos y la desigualdad está creciendo a niveles que nunca vimos», le dijo Steven Durlauf, académico de la University of Chicago al NYT.

    De hecho, el único antecedente de semejante riqueza en el mundo contemporáneo es John D. Rockefeller que en 1937 llegó. acumular una fortuna personal equivalente a 1.5 por ciento del PBI de Estados Unidos. Luego de la IPO de Space X, Musk alcanzó una fortuna equivalente al 3 por ciento del PBI de Estados Unidos. El empresario no vendió ni una de las acciones de la empresa espacial en su poder, que de manera inmediata pasaron a valer casi 900 mil millones de dólares, más de doble de la deuda externa de Argentina. «Si esto no es un ejemplo de oligarca, no se que es», afirmó el senador demócrata Bernie Sanders.

    El caso Facebook enfría la euforia por la salida a la bolsa de Space X

    Como sea, el sismo que causó la irrupción  bursatil de Space X, que de inmediato su hizo un lugar entre las siete magníficas abrió una pregunta más profunda: ¿estamos frente al nacimiento de una nueva camada de gigantes tecnológicos capaces de redefinir Silicon Valley?.

    Nunca antes tres compañías con valuaciones cercanas o superiores al trillón de dólares habían apuntado a salir a bolsa en un mismo ciclo. Después de SpaceX, todas las miradas se concentran en OpenAI y Anthropic, las dos empresas que lideran la carrera global por la inteligencia artificial.

    La respuesta que circula entre bancos de inversión y analistas es afirmativa. Nunca antes tres compañías con valuaciones cercanas o superiores al trillón de dólares habían apuntado a salir a bolsa en un mismo ciclo. Después de SpaceX, todas las miradas se concentran en OpenAI y Anthropic, las dos empresas que lideran la carrera global por la inteligencia artificial.

    Según reconstruyó el diario The New York Times, ambas compañías aceleraron durante las últimas semanas sus preparativos para cotizar en los mercados de capitales. Anthropic presentó de manera confidencial su documentación ante la SEC el 1 de junio. OpenAI hizo lo mismo una semana después. El procedimiento permite que los reguladores revisen la información financiera sin exponer todavía los detalles al mercado.

    El CEO de Open IA, Sam Altman.

    Anthropic, pese a la batalla que mantiene con la administración Trump -o quizás gracias a ella- parece llevar ventaja. Los mercados financieros le asignan mayores probabilidades de convertirse en la próxima gran IPO. Las estimaciones ubican su estreno hacia octubre. OpenAI mantiene un calendario más flexible. Su directora financiera, Sarah Friar, insiste públicamente en que la prioridad es construir una empresa sostenible antes que acelerar los tiempos de cotización. Sin embargo, la presión del mercado se siente.

    La pelea central pasa por las valuaciones. Anthropic fue impulsada por una sucesión de rondas privadas que la llevaron a valores cercanos a los USD 965.000 millones. Mientras que OpenAI, la compañía que creó ChatGPT, ya exhibe ingresos anualizados cercanos a los USD 25.000 millones. Los bancos que trabajan en la operación buscan sostener una valuación de referencia del trillón de dólares.

    La magnitud del fenómeno obliga a mirar más allá de cada empresa. Analistas de mercado calculan que SpaceX, OpenAI y Anthropic podrían captar cerca de USD 200.000 millones en conjunto si colocan alrededor del 5% de su capital. La cifra supera todo lo recaudado por las grandes IPO estadounidenses entre 2022 y comienzos de 2026. Es un elefante entrando a una pileta que ya parece llena. El agua necesariamente se moverá.

    Muchos esperan que OpenAI y Anthropic produzcan un fenómeno similar, pero esta vez sobre los nombres más pesados del sector tecnológico. Microsoft, Alphabet o Meta podrían sufrir ventas técnicas a medida que Wall Street reequilibre posiciones para incorporar a los nuevos jugadores puros de inteligencia artificial.

    De hecho, el primer efecto ya apareció. El estreno de SpaceX provocó ventas en compañías vinculadas al sector espacial y satelital. Fondos y ETFs tuvieron que liberar espacio en sus carteras para incorporar al nuevo gigante, la cotización de varias «espaciales» caía, mientras Space X se disparaba. Muchos esperan que OpenAI y Anthropic produzcan un fenómeno similar, pero esta vez sobre los nombres más pesados del sector tecnológico. Microsoft, Alphabet o Meta podrían sufrir ventas técnicas a medida que Wall Street reequilibre posiciones para incorporar a los nuevos jugadores puros de inteligencia artificial.

    Los optimistas sostienen que las métricas tradicionales ya no alcanzan para evaluar compañías que aspiran a controlar la infraestructura tecnológica del siglo XXI. Argumentan que SpaceX domina sectores estratégicos como los lanzamientos espaciales y las comunicaciones satelitales, mientras que OpenAI y Anthropic compiten por desarrollar inteligencia artificial general. Para este grupo, la IA será la nueva electricidad: una plataforma transversal sobre la que funcionará buena parte de la economía global. Bajo esa lógica, las valuaciones actuales serían apenas una estación de paso.

    Los escépticos observan otra escena. Recuerdan que OpenAI y Anthropic consumen miles de millones de dólares en chips, centros de datos y energía. El problema no es la innovación sino la rentabilidad. Nadie sabe todavía si los ingresos futuros podrán compensar semejante nivel de gasto. La gran incógnita es si estas compañías venden una autopista o simplemente el peaje de una promesa.

    El CEO de Space X, Elon Musk.

    Las advertencias se multiplican. Ali Ghodsi, CEO de Databricks, advirtió días antes de la salida de SpaceX que 2026 podía convertirse en «un año terrible para salir a bolsa» debido a la feroz competencia por captar liquidez. Ivan Cosovic, director gerente de Breakout Point, describió el clima de época en Wall Street: «Ven el juego que se está jugando, se burlan abiertamente de él y luego planean jugarlo de todos modos».

    Incluso dentro de OpenAI existen dudas. En el sector se conocen las tensiones entre Sarah Friar y Sam Altman respecto al momento adecuado para cotizar. La preocupación gira alrededor de los compromisos multimillonarios de inversión en infraestructura y la velocidad real a la que crecerán los ingresos. El debate es simple: cuánto tiempo puede sostenerse una carrera donde el combustible cuesta decenas de miles de millones de dólares.

    Desde la política también llegaron cuestionamientos. La senadora demócrata Elizabeth Warren criticó duramente el debut de SpaceX y puso bajo sospecha las proyecciones que justifican semejantes valuaciones. Para sus detractores, el entusiasmo actual recuerda otros momentos de euforia tecnológica donde el mercado terminó descubriendo que el futuro llegaba más lento de lo prometido.

    De hecho, las ganancias de Space X vienen en picada, debido a las monumentales inversiones que está haciendo en mega campus de IA. Las inversiones masivas en inteligencia artificial de casi todas las tecnológicas están drenando sus ganancias, bajo la promesa de rentabilidades futuras. Una apuesta que inquieta a varios inversores.

    Pero por ahora, SpaceX cotiza a múltiplos que hace pocos años hubieran parecido delirantes. Los inversores los aceptan porque creen estar comprando algo más que ingresos o ganancias: una porción del futuro, que se supone ofrecerá la «economía espacial». OpenAI y Anthropic generan expectativa bajo la misma lógica. Ya no se trata de cuánto ganan hoy, sino de la pelea por quién controlará las herramientas con las que f-se supone- funcionará la economía de mañana. Cuanto hay de burbuja y cuanto de pronóstico fundado es la pregunta que contestará el tiempo.

     

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