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81 inscriptos en el Rally de Villa Regina

Durante este viernes, sábado y domingo, Regina será escenario de la tercera fecha del Campeonato Regional de Rally denominada ‘Ciudad de Villa Regina’, prueba que contará con 81 corredores.

El jueves a las 19 horas se realizará la asignación de los números a los participantes y el viernes a partir de las 11 horas se entregarán los libros de ruta y la verificación administrativa en el Galpón de las Artes. A partir del mediodía se iniciará el reconocimiento de los caminos y por la tarde se realizará la ceremonia de rampa de largada en Plaza de los Próceres.

El sábado comenzará la competencia plena: se correrá la etapa 1 ’61 años Moño Azul’ por caminos de Cervantes y Villa Regina.

La etapa 2 que lleva el nombre de ‘Horacio Santángelo’ se desarrollará el domingo por caminos de Huergo, Godoy y Regina.

La característica de los caminos que poseen variaciones de piso, el emplear las subidas Mario Franco y Parque Industrial en competencia, son algunos de los factores que llevaron a que un importante número de binomios se hayan inscripto para garantizar una nueva exitosa edición.

“Vamos a tener un gran Rally de Villa Regina”

El lunes se realizó la conferencia de prensa de presentación de lo que será la 8° edición del Rally Ciudad de Villa Regina con la presencia del Intendente Marcelo Orazi, el presidente del Concejo Deliberante Edgardo Vega, el presidente de la Asociación Volantes General Roca (AVGR) Jorge ‘Goyo’ Martínez, el presidente de la Federación 11 Raúl Ginóbili y los pilotos Miguel Ángel Nonnemacher, Rauly Martínez y Leandro Paulovich.

Participaron también el Secretario de Gobierno de Godoy Raúl García y el Director de Deportes de esa localidad Damián Fernández.

En la oportunidad, Orazi manifestó que “es un momento especial para Regina, para mí como intendente y fanático del Rally, nos ha costado muchísimo confirmar esta fecha, la pandemia nos complicaba. Hoy con mucha satisfacción y después de tener la aprobación del Ministerio de Salud de Río Negro podemos estar haciendo esta conferencia”.

“En Villa Regina tenemos un prime muy bueno, las dos subidas de ida y vuelta son un atractivo especial, esperamos al público recomendando siempre las medidas preventivas y disfrutar de un gran espectáculo. Desde el municipio vamos a aportar todo lo necesario para que la prueba se desarrolle con normalidad”, señaló.

Agradeció además a los intendentes de Cervantes, Huergo y Godoy por ser parte de la organización.

En tanto, el presidente de la AVGR Jorge ‘Goyo’ Martínez indicó que “es muy importante el apoyo que hemos recibido del Municipio de Regina, todos sabemos que transitamos un momento difícil, después de un 2020 complicado arrancamos con muchas ansias la primera y segunda fecha, después volvimos a suspenderla y hoy tenemos la posibilidad de retomar el campeonato en Villa Regina”.

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  • Jaldo logró reactivar la obra pública en Tucumán y construye el proyecto de viviendas populares más grande del país

     

    Osvaldo Jaldo logró reactivar la obra pública en Tucumán, una provincia que arrastra décadas de baja inversión en infraestructura y había quedado relegada, incluso frente a vecinos como Jujuy, Catamarca y Salta.

    En su segundo año de mandato y en medio de la caída casi total de la obra pública por el ajuste de Milei, Tucumán activó un ambicioso plan de obra pública que incluye finalizar un complejo de torres Procrear de 1.600 viviendas, que es en los hechos el proyecto de viviendas populares en construcción, más grande del país y que el gobierno de Milei abandonó con apenas el 10 por ciento de avance.

    Al inicio del año Jaldo prometió que el 2025 iba a ser el año de la reactivación de la obra pública en Tucumán y esto generó cierta incredulidad por el adverso contexto nacional, pero Jaldo se las ingenió para reactivar las obras con una combinación de recursos propios y acuerdos puntuales con el gobierno de Milei, con el que siempre mantuvo líneas abiertas y en instancias críticas ayudó con el quórum de sus diputados en el Congreso.

    En plena negociación del Presupuesto, Milei le gira 20 mil millones de ATN a Jaldo

    De hecho, logró que el ministro Toto Caputo le transfiera a la provincia el Procrear Manantial Sur, ubicado en la periferia de San Miguel de Tucumán, que contempla la construcción de 1.600 viviendas y la urbanización de 1.400 lotes con servicios, por un costo total de 80.000 millones. 

    El abandono de los Procrear es uno de los costados más lamentables de la administración de Milei, que tiene en el complejo de Berazategui de la provincia de Buenos Aires su símbolo más evidente, donde torres de viviendas para 1.400 personas casi terminadas, fueron dejadas a la interperie.

    Pese a ser por lejos la provincia con mayor potencia económica del Norte, Tucumán venía muy rezaga en obra pública respeto a sus vecinos y a años luz de provincias como Córdoba o Mendoza, en términos de infraestructura.

    Jaldo logró que Toto Caputo le transfiera a la provincia el Procrear Manantial Sur, ubicado en la periferia de San Miguel de Tucumán, que contempla la construcción de 1.600 viviendas y la urbanización de 1.400 lotes con servicios, por un costo total de 80.000 millones. 

    No es un secreto que el gasto en la política se disparó en Tucumán en las últimas décadas y Jaldo inició su mandato, ayudado por el giro discursivo de Milei, con un fuerte ajuste del Estado provincial. Pero este año las obras se reactivaron y Jaldo terminará el 2025 con 1.700 viviendas en proceso de entrega. 

    «La obra pública es clave para sostener el empleo», repite Jaldo en la intimidad. Es que Tucumán, como otras provincias con tejido industrial, está sufriendo fuerte el impacto de la apertura indiscriminada de importaciones y la recesión en marcha, que hasta golpeó a empresas potentes como la fábrica de camiones Scania, que tuvo que suspender al personal.

    El Procrear de Manantial Sur en las afueras de San Miguel de Tucumán.

    En cuanto a obras viales, la más importante la reparación integran de la ruta provincial 307 que atraviesa los Valles Calchaquíes y conecta Tafí del Valle con Cafayate en Salta. Se trata de uno de los corredores turísticos más importantes del norte y una obra muy compleja de alta montaña.

    La ruta -pavimentada hace 20 años- estaba detonada al inicio del mandato de Jaldo, con tramos casi sin asfalto y pozos gigantes, que la volvían muy peligrosa. Su reparación incluyó un trabajó de conectividad importante para que tenga wifi en todo su recorrido, ya que en los tramos más altos los celulares se quedan sin señal. Además se culminó una obra postergada como el nuevo puente sobre el río Santa María, detruido por una tormenta.

    La obra vial más importante es la reparación integran de la ruta provincial 307, que atraviesa los Valles Calchaquíes y conecta Tafí del Valle con Cafayate. Se trata de uno de los corredores turísticos más importantes del norte y una obra muy compleja de alta montaña.

    La otra obra importante en la zona es la pavimentación de la ruta provincial 357, que busca potenciar el turismo de los valles Calchaquíes tucumanos y que integró en su desarrollo a la comunidad de indios Quilmes de la zona. 

    También se avanza con la repavimentación de la ruta provincial 329, en el tramo que une las localidades de Concepción y Monteagudo, atravesando los departamentos de Chicligasta y Simoca, otro punto turístico importante famoso por su célebre fiesta de carruajes.

    Máquinas en la ruta 307.

    Jaldo, que proviene de la localidad de Trancas del interior tucumano, también le puso prioridad a los accesos a los pueblos y la reparación y asfaltado de los caminos secundarios y terciarios que los conectan.

    Pero la obra más esperada es la construcción del aeropuerto de Tucumán cuyos trabajos comenzarán en abril con una inversión de USD 58 millones. Una vez finalizada la remodelación se podrá operar 1.500.000 pasajeros por año, el doble que en la actualidad y despachar vuelos domésticos e internacionales en simultáneo.

    La obra más esperada es la construcción del aeropuerto de Tucumán cuyos trabajos comenzarán en abril con una inversión de USD 58 millones.

    Es la obra más importante que hará este año en el país el concesionario Aeropuertos Argentina 2000 y arrastra una larga historia de demoras.

    El aeropuerto Benjamín Matienzo quedó relegado en el plan que trazó el gobierno de Mauricio Macri con el grupo de Eurnekian, por el que se remodelaron las terminales más importantes del país. En ese momento, el gobernador Juan Manzur quería avanzar con un proyecto propio del arquitecto César Pelli y rechazó la propuesta de Aeropuertos 2000. Pero  el proyecto era tan costoso que finalmente quedó en la nada.

    Trabajos sobre el puente de la ruta provincial 323.

    También hay obras menores como la repavimentación de la ruta provincial 325. Se trata de cinco kilómetros cruciales que conectan las localidades de El Cercado con Capitán Cáceres, en el departamento Monteros.

    Además hay trabajos de repavimentación de la ruta 331, en el tramo que conecta Aguilares con Monte Bello, una obra largamente esperada por la comunidad y en la ruta provincial 323 se trabaja en la recuperación integral de 14 kilómetros de calzada, que se extienden desde la intersección con la Ruta 306 hasta las proximidades de Agua Azul. La obra incluye la construcción de un nuevo puente sobre el río Vizcacheral y la incorporación de una rotonda.

     

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  • El Intendente mantuvo reuniones en Buenos Aires en distintos Ministerios

    En una semana de intenso trabajo, el Intendente Marcelo Orazi, junto a otros intendentes de la región, se reunieron con distintos Ministerios de Nación, para gestionar acciones en conjunto para nuestra ciudad. Se lograron concretar numerosas obras, en lo que refiere a infraestructura y fuimos recibidos por el Ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, quién se…

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  • Todos sospechosos

     

    Durante años, la inteligencia estatal ocupó un lugar marginal en el debate público argentino: un subsistema opaco, poco discutido y, salvo en momentos de escándalo, resguardado de la política visible. Ese régimen de invisibilidad no fue solo una consecuencia de su función, sino también una condición de su estabilidad institucional.El DNU 941/25, que el presidente firmó el último día del año,  fue presentado como una reorganización necesaria del sistema de inteligencia. Pero leído con atención dice algo muy incómodo: la inteligencia deja de ocupar un rincón modesto y silencioso del Estado para extenderse sobre ministerios, registros, fuerzas armadas y de seguridad y flujos cotidianos de información. No es una reforma técnica ni un ajuste administrativo: es  una decisión política que redefine quién decide, qué se observa y bajo qué lógica se vuelve legítima esa observación y el espionaje en general. 

    Uno de los primeros cambios estructurales es la reconfiguración de la centralidad del poder en la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE). La Ley 25.520 ya la establecía como órgano rector del Sistema de Inteligencia Nacional, pero el DNU refuerza y densifica ese lugar.  En la SIDE se concentran la conducción estratégica, el control presupuestario, la coordinación interagencial y la definición de prioridades. La SIDE no solo produce inteligencia: decide qué información es relevante, quién debe producirla y cómo debe circular. En paralelo, el decreto crea comunidades obligatorias de información —la Comunidad de Inteligencia Nacional y la Comunidad Informativa Nacional— que integran ministerios, fuerzas de seguridad, organismos técnicos y registros administrativos al circuito de inteligencia. Toda una red dedicada al espionaje interno. Así, la frontera entre administración pública e inteligencia se vuelve porosa: áreas que antes generaban datos para políticas sectoriales pasan a alimentar un sistema orientado a la anticipación de riesgos estratégicos.

    Esa centralización vino acompañada, además, por un incremento sostenido de los fondos reservados destinados a la SIDE. En un gobierno que hace de la austeridad una bandera y que no dudó en recortar partidas sensibles —desde discapacidad y educación hasta salud o salarios de las propias fuerzas de seguridad y armadas—, resulta llamativo que el presupuesto de inteligencia haya sido ampliado por decreto en cuatro oportunidades en los últimos dos años y que en 2025 alcance los 107 mil millones de pesos. El debate sobre los fondos reservados no es nuevo y, por su visibilidad, suele encontrar un lugar relativamente rápido en la agenda política. Pero detenerse solo allí corre el riesgo de perder de vista lo más significativo: no cuánto dinero se asigna, sino para qué tipo de sistema de inteligencia se lo asigna.

    Otro cambio relevante modifica el estatuto del secreto. El DNU establece que todas las actividades del sistema de inteligencia revisten carácter encubierto y las justifica en nombre del “riesgo estratégico nacional”. No es una novedad absoluta: desde 1983, la democracia argentina convivió con un sistema donde el secreto fue la regla y el control, la excepción. Pero la sanción de la Ley 25.520 en 2001 —la primera Ley de Inteligencia Nacional— representó un punto de inflexión político e institucional. Cerró un trabajo iniciado durante la transición democrática que incluyó las leyes de Defensa Nacional y de Seguridad Interior, orientadas a delimitar funciones, establecer controles y separar la inteligencia de la represión interna. Aunque esa ley nunca logró desarmar del todo el núcleo opaco heredado, sí expresó un consenso democrático: el secreto debía ser contenido, regulado y justificado. La diferencia es que ahora el DNU invierte esa lógica. El secreto deja de ser una práctica heredada o tolerada y vuelve a constituirse como un principio normativo explícito, blindado jurídicamente.

    A esto se suma la habilitación de funciones policiales para los organismos de inteligencia, incluyendo la posibilidad de “repeler agresiones” y realizar “aprehensiones” en flagrancia, claramente explicitado en la letra del decreto. No se trata de un detalle menor: la detención de personas es una de las expresiones más intensas del poder estatal y, desde el regreso a la democracia, había quedado explícitamente separada de la actividad de inteligencia. Reintroducir esa facultad en un sistema que opera bajo secreto y con controles débiles no sólo amplía competencias: reabre una zona históricamente sensible de la democracia argentina, donde inteligencia, seguridad y coerción estatal vuelven a superponerse.

    Pero el desplazamiento más profundo no está en estas atribuciones visibles, sino en un cambio menos evidente y más decisivo.

    El núcleo del DNU es la expansión del campo de la contrainteligencia. No es un cambio organizativo ni procedimental, sino epistemológico y político. La contrainteligencia deja de limitarse al espionaje clásico y pasa a abarcar fenómenos difusos como la influencia, la injerencia o la interferencia en los procesos decisorios. Su enfoque es preventivo, multidimensional y se proyecta sobre todo en el sector público. 

    Este corrimiento es epistemológico porque cambia qué se considera una amenaza. Ya no hace falta un acto hostil ni una intención comprobable: alcanza con la posibilidad de un daño futuro. Y es político, porque redefine quiénes pueden quedar bajo observación legítima.

    Ahora, la inteligencia no sólo se orienta a identificar enemigos externos, sino a monitorear dinámicas internas, flujos de información y efectos potenciales sobre la política. El riesgo no solo se gestiona: se redefine. Y en esa redefinición se juegan nuevos límites —mucho más inciertos— entre seguridad, democracia y poder estatal.

    Ese corrimiento, sin embargo, no se traduce de manera inmediata en un sistema plenamente operativo. La reorganización que propone el DNU exige estructuras, recursos humanos, capacidades técnicas y protocolos que hoy no existen o permanecen fragmentados. Por ahora, la reforma no es un hecho consumado, sino la primera habilitación de un andamiaje para una política que acaba de ser explícitamente declarada. Pero la orientación ya está fijada, aún cuando su despliegue efectivo sea incremental o acabe fallando.

    Un cambio epistemológico y político

    Ninguno de estos cambios tiene lugar en el vacío. En el contexto actual, la contrainteligencia no es un problema abstracto ni una obsesión anacrónica del Estado. En los últimos años, el sistema político argentino enfrentó al menos dos casos testigo que muestran su relevancia. 

    Por un lado, una infiltración clásica del aparato estatal: actores privados que, aprovechando vínculos informales y zonas grises del sistema de inteligencia, accedieron a información sensible y la utilizaron con fines ilegales, en un entramado documentado por una comisión parlamentaria y cuya figura emblemática fue el caso de Marcelo Sebastián D’Alessio. En 2021, el informe de la Comisión Bicameral dio cuenta de cómo D’Alessio —falso abogado y autoproclamado experto en seguridad— utilizó información obtenida de fuentes reservadas para extorsionar a empresarios, presentándose falsamente como operador con llegada a la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) y a la Drug Enforcement Administration (DEA). Más allá de la veracidad de esos vínculos, el caso expuso un problema estructural: la circulación informal de información de inteligencia, la debilidad de los controles internos y la facilidad con la que el sistema puede ser capturado para fines privados sin ser detectado a tiempo por los mecanismos de contrainteligencia.

    Por otro lado, una amenaza de naturaleza distinta: filtraciones confirmadas en los últimos años de bases de datos estatales —como las que expusieron información personal del Registro Nacional de las Personas— y, más recientemente, una denuncia pública sobre una megafiltración de un terabyte datos de argentinos que aún no cuenta con confirmación oficial plena.

    En conjunto, estos episodios expusieron la fragilidad de las infraestructuras digitales y la vulnerabilidad de bases de datos críticas.

    Reconocer la plausibilidad del problema es indispensable. El punto ciego aparece cuando se analiza desde qué tradición estatal se intenta conjurarlo. Históricamente, la política de inteligencia argentina se pensó y se practicó en términos esencialmente policiales. Desde el derrocamiento de Perón en 1955, la inteligencia fue concebida como una forma de policía secreta orientada a la detección de la amenaza interna —o, más precisamente, interior— y a la vigilancia política de la sociedad. 

    Ese molde no fue obra de la democracia, sino de las dictaduras militares. El retorno democrático no logró transformarlo: apenas consiguió contenerlo, limitar sus excesos más visibles y rodearlo de controles formales. La inteligencia siguió siendo, en lo sustantivo, policial, nunca estratégica en sentido pleno, y siempre inclinada a expandir el campo de la sospecha.

    El DNU 941/25 no rompe con esa tradición. La actualiza. Y desplaza su eje desde la ideología hacia el riesgo.

    Allí donde antes se vigilaban ideas, organizaciones o sujetos identificables, ahora se observan flujos de información, vulnerabilidades técnicas e interferencias posibles. La amenaza deja de ser una figura concreta para convertirse en una condición permanente.

    Se trata de administrar escenarios inciertos donde cualquier circulación de datos, decisión administrativa o infraestructura crítica puede volverse sensible.

    La ciberseguridad aparece allí como la clave de esta mutación. No como un área especializada ni como una respuesta técnica a delitos informáticos, sino como un principio organizador del modelo de inteligencia. El ciberespacio es definido como un dominio estratégico continuo, sin fronteras claras ni tiempos de excepción. En ese terreno, las amenazas no se anuncian ni se declaran: se presuponen. La prevención deja de ser una reacción frente a hechos consumados y se convierte en una lógica permanente. Todo puede ser interferido, influenciado o vulnerado. Todo debe ser monitoreado antes de que algo ocurra.

    Cuando la inteligencia se organiza alrededor del riesgo sistémico, el campo de lo observable se expande inevitablemente: ministerios, agencias, registros, decisiones técnicas y flujos administrativos ingresan en una misma lógica de sospecha preventiva. No porque exista una conspiración concreta, sino porque el riesgo nunca se descarta del todo.

    El DNU no inaugura una inteligencia más eficaz frente a amenazas nuevas, sino una inteligencia distinta en su forma de mirar. No más centrada en sujetos peligrosos, sino en entornos inestables. No orientada a conjurar ataques concretos, sino a gestionar vulnerabilidades permanentes.

    El problema no es que la contrainteligencia gane centralidad —los casos recientes muestran que tiene razones para hacerlo—, sino que lo haga desde una tradición estatal que tiende a confundir prevención con expansión ilimitada del poder de vigilancia y represión. Allí, donde el riesgo ocupa el lugar del enemigo, la frontera entre seguridad, política y democracia se vuelve cada vez más difícil de trazar. 

    Aunque fuerte, la apuesta del Ejecutivo no es irreversible. El Congreso conserva la facultad de rechazar el decreto y la Comisión Bicameral de Fiscalización de los Organismos de Inteligencia, si logra constituirse, puede condicionar su implementación efectiva. A eso se suma la posibilidad de intervenciones judiciales frente a excesos concretos, especialmente si las nuevas facultades colisionan con garantías constitucionales. El problema no es la ausencia de frenos formales, sino la dificultad histórica para que esos controles actúen de manera temprana y eficaz sobre un sistema que, por definición, opera bajo secreto.

    Oportunidad de negocios

    Hay, además, otra dimensión del DNU que no debería quedar fuera del debate público y resulta clave para entender sus efectos de mediano plazo es la reconfiguración del vínculo entre inteligencia, tecnología y mercado. 

    Un sistema de inteligencia organizado alrededor del riesgo permanente y la ciberseguridad como principio rector no puede sostenerse sólo con capacidades estatales propias. Requiere software especializado, infraestructura crítica, sistemas de monitoreo continuo, análisis de datos, inteligencia artificial y actualización tecnológica constante. En ese terreno, el Estado no produce: compra, sobre todo cuando la política oficial avanza en la destrucción del sistema nacional de ciencia y tecnología y del sistema universitario público que podría generar esas capacidades. 

    Este corrimiento no es neutro. La ciberseguridad no es solo un problema técnico, sino un campo económico altamente concentrado, dominado por empresas transnacionales y por potencias que exportan tecnología, estándares y criterios de amenaza. Cuando la inteligencia se apoya crecientemente en soluciones externas, no solo se tercerizan capacidades operativas, como nos enseña nuestra propia historia, se importan formas de ver el mundo, modos de clasificar riesgos y prioridades geopolíticas. La dependencia ya no se expresa únicamente en términos financieros o militares, sino en algo más profundo: la capacidad de definir qué debe ser protegido y de quién.

    El DNU no privatiza la inteligencia ni lo dice explícitamente. Pero crea las condiciones para que el sistema funcione como una plataforma de demanda permanente para el sector de seguridad, defensa e inteligencia tecnológica. Riesgos que no se agotan, amenazas que se presuponen, vulnerabilidades que siempre pueden ampliarse. El modelo no conoce punto de llegada. En ese esquema, la expansión del sistema se vuelve casi automática y el negocio, estructural.

    Lo más inquietante, sin embargo, no es la dependencia ni la comercialización en sí mismas, sino la falta de imaginación política que las acompaña. Frente a problemas reales —infiltraciones, filtraciones, vulnerabilidades digitales y un mundo en guerra— la respuesta vuelve a ser la de siempre: más secreto, más concentración, más poder de vigilancia interna. La inteligencia aparece como un espacio cerrado, técnico, inevitable, sustraído a la deliberación democrática. Como si no hubiera alternativas posibles.

    Tal vez el problema no sea solo qué inteligencia necesita el Estado argentino, sino qué tipo de país imagina cuando decide organizarla de este modo. Porque cuando todo se vuelve riesgo, cuando toda circulación es sospechosa y toda solución viene empaquetada desde afuera, la pregunta por la soberanía deja de ser retórica. Se vuelve concreta y urgente.

    La entrada Todos sospechosos se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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  • Cuestionan a los Menem por musulmanes y los evangélicos de Milei se pelean con los católicos de Villarruel

     

    La interna en el gobierno mutó a una versión criolla de las Cruzadas luego de que el Gordo Dan atacara a los musulmanes y recibiera la respuesta de la familia Menem, en medio de la tensión entre católicos y evangelistas que rodea a la fórmula presidencial.

    Para pegarle por elevación al ala que responde a Karina Milei, el líder de Las Fuerzas del Cielo dijo que la religión del Islam «es liberticida, asesina y pedófila, desde su concepción, desde que fue escrita, siendo absolutamente incompatible con los valores morales de Occidente».

    Zulemita Menem salió a responderle en nombre de su familia al líder tuitero, acusando el golpe que recibieron Martín y Lule Menem. Es que el apellido está abiertamente relacionado al Islam. El ex presidente Carlos Menem tuvo que convertirse al cristianismo pero Zulema Yoma, quien era su esposa cuando llegó a la primera magistratura, no lo hizo.

    «Desde lo más profundo de mi corazón, y como firme defensora de la libertad …valores que me inculcó mi padre , siento la necesidad de decirlo con claridad y serenidad: confundir al Islam con el terrorismo es un error grave y doloroso para quienes profesamos esta fe y rechazamos toda forma de violencia, provenga de donde provenga», dijo Zulemita, que de este modo confirmó que es musulmana.

    Estimado Daniel @GordoDan_ Nos conocemos desde hace muchos años, desde aquellos inicios en Twitter, cuando vos y Agustín Romo @agustinromm comenzaban a involucrarse en el apasionante mundo de la política, y yo colaboré acercándolos a dirigentes y espacios. Recuerdo incluso… https://t.co/aeHLbW028g

    — zulema menem (@zulemitamenem) December 31, 2025

    A la batería de tuits del Gordo Dan contra los musulmanes se sumaron decenas de cuentas de trolls libertarios e incluso el diputado nacional Alejandro Fargosi, que pidió frenar el ingreso de musulmanes a la Argentina. Luego de la polémica que se levantó, el diputado porteño borró el tuit y mandó una aclaración: «Jamás deben generalizarse casos individuales, a toda una religión», se disculpó Fargosi. Entre los libertarios aseguran que no lo hizo tras un momento de recogimiento, sino por una penitencia del titular de la Cámara de Diputados.

    Martín Menem, que aclaró que es católico, ya le había advertido en junio a los trolls de Las Fuerzas del Cielo del Gordo Dan que tenían una falta de «lectura y comprensión» por vincular al terrorismo a una religión.

    El arrepentimiento inducido de Fargosi fue repudiado por los feligreses de Milei. El comentarista financiero autodenominado «El Oráculo de Trenque Lauquen» acusó a los Menem de censurar al diputado. «Fargosi pasó de estar a favor de frenar el ingreso masivo de islamistas, a decir esto. Es grave que los musulmanes en el gobierno, que todos sabemos quienes son, te aprieten Fargosi. Y sabemos que te apretaron. Y temo que si es así, entonces estamos perdidos en este tema», dijo El Oráculo.

    Alejandro Fargosi

    La guerra religiosa también sacude a la fórmula presidencial. Javier Milei no respondió a los pedidos de la Iglesia Católica para realizar la tradicional audiencia navideña en la Casa Rosada, pero sí se hizo tiempo para armar un evento con evangelistas.

    El presidente apenas les dedicó tiempo a los obispos para una carta, pero por segundo año consecutivo no los recibió para el tradicional saludo de las Fiestas.

    Victoria Villarruel respondió en la misma víspera de Nochebuena con la inauguración de un oratorio en el despacho que ocupaba Edgardo Kueider, excomulgado del Senado luego de que lo capturaran con una valija con 200 mil dólares.

     

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