La Secretaría de Obras y Servicios de la Municipalidad de Villa Regina trabaja desde este martes en la limpieza y desobstrucción de las cañerías del sistema cloacal en un sector del loteo Ledda donde se produjo un desborde de líquidos cloacales.
Al respecto, el Secretario del área Francisco Lucero manifestó que en el lugar estuvieron el tractor con el carro desobstructor y una máquina retroexcavadora. “El personal procedió a retirar trapos y restos de escombros que no permitían el paso de los líquidos y había obstruido la cañería. Con el tractor se destaparon los caños y con la máquina retroexcavadora se estaba pasando por la calle para desagotar los líquidos en la vía pública”, explicó Lucero.
En este sentido, hay que destacar que el pasado 20 de enero se trabajó en la intersección de las calles Paulino Cantero y Lina Cordero, donde el camión atmosférico realizó una tarea similar y además procedió a desobstruir las cámaras en 6 viviendas.
Desde la Secretaría de Obras y Servicios se solicita a los vecinos no arrojar residuos que obstaculicen el funcionamiento del sistema de cloacas.
Los squatters versión criolla del movimiento contracultural europeo, son un colectivo interdisciplinario que recorren las calles buscando marquesinas publicitarias para transformar los mensajes corporativos, disputando sentido desde 2018. Se unen también a organizaciones sociales para intervenir en los debates públicos, desde la Ley de Humedales al etiquetado frontal y la soberanía alimentaria. Proyecto Squatters es…
El copresidente de la Asamblea Parlamentaria Eurolatinoamericana (Eurolat), Jorge Pizarro, dijo este lunes ante la delegación europea de este organismo que América Latina «no será la misma» después de la pandemia de coronavirus, que dejó al continente en una «delicada» situación, y alertó sobre el riesgo de que resurjan «nacionalismos y voces que busquen cerrar…
Rodeado de las figuras más importantes del entramado productivo bonaerense, Axel Kicillof trazó un oscuro diagnóstico de la situación industrial y les advirtió a los referentes de cámaras sectoriales que es «la macro de Milei lo que los está fundiendo».
«El objetivo de Milei es desindustrializar el país. Es un objetivo central, constitutivo. Lo que yo les quiero decir es que no es que algo está andando mal. La política económica está funcionando en el sentido de dar los frutos esperados. Está quebrándolos a todos ustedes. Ese es el objetivo», dijo el gobernador durante el acto por el Día de la Industria.
La actividad se realizó en Morón, en el Parque Industrial Tecnológico Aeronáutico, y hubo una particularidad: diez industriales pudieron expresar frente a Kicillof y sus ministros los problemas que atraviesa su sector.
«Milei quiere cambiar la matriz industrial histórica. Ese es uno de los puntos centrales. Yo creo que el famoso proyecto económico y la batalla cultural tiene como eje central la desindustrialización de la Argentina», dijo el gobernador.
Hubo algunos contrapuntos, incluso entre los propios industriales. El flamante presidente de UIPBA, Alejandro Gentile, volvió a plantear la necesidad de eliminar Ingresos Brutos, un planteo que días atrás el industrial de Techint le llevó al propio Kicillof.
«Bajo ningún punto de viste buscamos achicar el Estado. Lo que queremos es acercar una propuesta para mejorar lo más rápido posible la situación de las PyMES», dijo y aclaró que «el peor de los males para la industria es la caída del consumo, el contrabando, la competencia desleal y China».
Milei quiere cambiar la matriz industrial histórica. Ese es uno de los puntos centrales. El proyecto económico y la batalla cultural tiene como eje central la desindustrialización de la Argentina.
Curioso, cuanto tocó el turno de Fernando Mutti, representante de Fenaba, le salió al cruce a Gentile. «Yo entiendo que hay que ir a una reforma tributaria, me encantaría no pagar ningún impuesto pero hay que cuidar a la provincia de Buenos Aires», dijo.
Mutti lanzó varios elogios al gobernador y contó que gracias al gobierno provincial consiguió su empresa consiguió invertir en una maquina abocardadora (una máquina que utiliza para ensanchar de forma cónica el extremo de un tubo) que mandó a pedir a China. «Conseguimos el financiamiento gracias al gobierno bonaerense porque cuando el Estado se pone la camiseta de la industria, suceden cosas maravillosas», dijo.
Le siguió Pablo Gaspari, representante de la Cámara de Industriales Fundidores (CIFRA) quien no dudó en cruzar a Mutti por comprar en China lo que se puede fabricar en Argentina. «A mí me hubiese gustado que la abocardadora que compraron los de Fenaba se fabrique en Argentina. Acá tenemos la capacidad para fabricar la mayoría de las máquinas que necesita la industria», dijo. Gaspari además cruzó algunos números que mostró el ministro de Producción, Augusto Costa, al inicio del acto: «Nuestros números no coindicen con los de la provincia, son peores», le dijo.
El gobernador descartó la posibilidad de hacer cambios en Ingresos Brutos y citó un estudio de la Fundación FADA que establece que el 94% de los impuestos son nacionales. «Podemos hablar uno, dos o tres puntos menos de Ingresos Brutos pero no va a cambiar la ecuación», dijo.
Cuando escucho a los industriales decir: ‘bueno, pero la macro está bien’, siento que prácticamente es un daño autoinfligido.
Kicillof planteó que no se trata de libre mercado sino que las políticas del gobierno son decisiones deliberadas. «Se trata de la intervención del Estado. Hay un Estado fuerte que interviene en la economía para generar esta política económica que es de desindustrialización. Otra gran mentira. ¿Qué libre mercado? Si son todas decisiones del Estado desindustrializar», dijo el gobernador.
«Es la macro de Milei. La famosa macro que, teóricamente, anda bien tiene como objetivo desindustrializar el país», dijo Kicillof y siguió con una críticas hacia los industriales que festejan la macroeconomía del gobierno libertario.
«Cuando los escucho decir: ‘bueno, pero la macro está bien’, siento que prácticamente es un daño autoinfligido. Dicen ‘bueno, habría que cambiar tal cosa, pero dejemos la macro’. Es la macro lo que los está fundiendo».
Hoy por la mañana, el juez Álvaro Meynet dictó sentencia, informó que el ginecólogo Leandro Javier Rodriguez Lastra fue declarado culpable penalmente del delito de incumplimiento de sus deberes de funcionario público y posteriormente expresó en función del artículo 86 del código penal cuando un aborto se considera no punible. También resaltó que Rodríguez Lastra…
Los pozos de fracking se instalan en medio de las chacras y pegado a zonas urbanas. Los vecinos que conviven con esta actividad se quejan de: el ruido las 24 hs, vibraciones que rompen sus casas, problemas de salud, agua contaminada, gases en el ambiente, infertilidad del suelo. También cuentan de enfermedades que empezaron después de la llegada de las torres, como enfermedades en la piel, en el sistema digestivo y respiratorio.
Los bailes de los clubes de barrio fueron una tradición argentina que reunió música, familias, jóvenes y comunidad durante décadas. Una mirada a aquella vida social.
Por Alcides Blanco para NLI
Hubo un tiempo en que para salir un sábado a la noche no hacía falta conocer la cartelera de una discoteca, reservar una mesa ni cruzar media ciudad buscando el lugar de moda. En buena parte de la Argentina, alcanzaba con caminar unas pocas cuadras hasta el club del barrio, donde podía haber baile, orquesta, buffet, pista, rifas, juegos, partidos, reuniones y, sobre todo, gente conocida. Durante décadas, esas instituciones fueron mucho más que espacios deportivos: funcionaron como verdaderos centros comunitarios en los que distintas generaciones compartían buena parte de su tiempo libre. En los años 60 y 70, los grandes bailes de carnaval y las fiestas organizadas por clubes llegaron a convocar multitudes, con artistas populares, orquestas y precios accesibles.
El sábado empezaba mucho antes del baile
La preparación para el baile también formaba parte del ritual. Había que decidir qué ponerse, arreglarse un poco más de lo habitual y, en el caso de los adolescentes, negociar con los padres la hora de regreso. Para muchos jóvenes, el club era además uno de los pocos lugares donde podían encontrarse con amigos y compañeros fuera de la escuela, el trabajo o la familia. La pista se convertía así en un territorio de sociabilidad donde se cruzaban generaciones y grupos que durante la semana tenían rutinas completamente diferentes. En algunos barrios, además, el baile estaba directamente vinculado con la identidad de la institución: el club organizaba la fiesta, vendía las entradas, contrataba a los músicos y convertía sus instalaciones deportivas en un salón de celebraciones.
La escena podía ser muy sencilla: mesas alrededor de la pista, familias conversando, parejas jóvenes esperando que empezara la música y chicos que entraban y salían del salón. En otros casos, especialmente cuando llegaban artistas reconocidos, el acontecimiento adquiría una dimensión mucho mayor. Boca Juniors, Vélez Sarsfield, San Lorenzo y otros clubes fueron escenario de grandes bailes populares, en los que podían presentarse figuras de enorme convocatoria. En los años 60 tuvieron presencia artistas como Los Cinco Latinos y Los Gatos, mientras que durante los 70 los bailes de clubes porteños llegaron a reunir a figuras como Sandro, Palito Ortega, Leonardo Favio y Joan Manuel Serrat.
La música también contaba la transformación de una sociedad que estaba cambiando rápidamente. El tango seguía presente, pero convivía con la música tropical, el folklore, el pop y el naciente rock nacional. En una misma década podían coexistir una orquesta de tango, una banda de música tropical y un conjunto juvenil que tocaba canciones eléctricas. Esa mezcla no era solamente musical: expresaba el encuentro entre generaciones y la incorporación de nuevas formas de vestirse, bailar y relacionarse. El baile era uno de los lugares donde los cambios culturales podían verse en vivo, sin necesidad de que nadie los explicara.
El club como segunda casa
El fenómeno no apareció de la nada. Los clubes de barrio se habían consolidado durante las décadas anteriores como organizaciones sociales profundamente arraigadas en los barrios populares y de clase media, vinculadas al deporte, la educación física, las actividades culturales y la vida comunitaria. Investigaciones sobre la historia de estas instituciones destacan precisamente su papel en la formación de la cultura popular argentina durante las décadas de 1930 y 1940.
Por eso el club podía ser, para una familia, una especie de segunda casa. Allí se jugaba al fútbol, al básquet o al baby fútbol, se practicaba gimnasia, se organizaban campeonatos de cartas, se festejaban cumpleaños y se realizaban reuniones sociales. También estaban el buffet, el salón, las comisiones de vecinos y las actividades de las distintas categorías deportivas. En algunos lugares había biblioteca, teatro o cine. La institución pertenecía al barrio porque el barrio participaba activamente de su funcionamiento, una diferencia importante respecto de buena parte de los espacios de entretenimiento posteriores, cada vez más organizados alrededor del consumo.
Los bailes tenían además una dimensión económica. Para muchos clubes, las fiestas constituían una fuente de ingresos que permitía financiar actividades deportivas y mantener las instalaciones. No era extraño que una noche de gran convocatoria sirviera para recaudar fondos destinados a comprar equipamiento, reparar el techo del gimnasio o sostener alguna disciplina infantil. El espectáculo y la vida comunitaria se mezclaban entonces de una manera que hoy puede resultar extraña: la diversión del sábado podía contribuir a pagar el funcionamiento cotidiano de una institución del barrio.
Hacia fines de los 70 y durante las décadas siguientes, ese mundo comenzó a transformarse. Las nuevas formas de entretenimiento, la expansión de las discotecas, los cambios en las pautas de consumo y las modificaciones en la vida urbana fueron quitándole centralidad a los grandes bailes de club. Una mirada retrospectiva sobre aquella época señala justamente que hasta los años 70 los clubes podían concentrar una vida social intensa que luego comenzó a fragmentarse.
La desaparición de aquellos bailes no significó solamente el reemplazo de un tipo de música por otro. También representó la pérdida progresiva de un espacio de encuentro territorial, donde era posible conocer a personas de distintas edades sin que existiera necesariamente una finalidad comercial detrás. El club seguía siendo club, pero algunas de las funciones sociales que había concentrado comenzaron a repartirse entre gimnasios, centros comerciales, discotecas, restaurantes, televisión y, mucho después, las nuevas formas de comunicación digital.
Quizás por eso, cuando alguien recuerda aquellos sábados de baile, no está evocando únicamente una canción o una pista. Está recordando una forma de vivir el barrio. La entrada podía costar poco, la orquesta podía tocar durante horas y alguien podía terminar la noche sentado en una mesa conversando con personas que conocía desde hacía años. En tiempos en que buena parte del entretenimiento se consume de manera individual y a través de una pantalla, aquellos salones representan una experiencia diferente: la de una comunidad que se reunía físicamente para divertirse, encontrarse y, de paso, sostener la institución que consideraba propia.
Los clubes de barrio todavía existen y muchos continúan cumpliendo funciones sociales fundamentales. Lo que cambió fue el lugar que ocupan dentro de la vida cotidiana. Aquellas pistas de baile llenas durante los sábados y carnavales forman parte de una Argentina que ya no existe de la misma manera, pero que dejó una huella profunda en la memoria de varias generaciones. Y quizá la mejor forma de entender aquellos bailes no sea preguntarse solamente qué música sonaba, sino qué clase de sociedad necesitaba reunirse en un club para bailar hasta la madrugada.
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