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‘Retrospectiva Spinetta’ llega al Galpón de las Artes

La Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina presenta una gran propuesta para los amantes del ‘Flaco’ Spinetta: ‘Retrospectiva Spinetta’, este sábado 25 a las 21 horas en el Galpón de las Artes.

Los artistas que participan de esta producción son Rock FCP, integrado por Guillermo Pérez y Ángel Pino, guitarra y canto; Sebastián Mozzoni, bajo y canto; y Cristian Vallejos, batería y canto; los cantantes Pablo Aristimuño y Alfonsina Magariño y el pianista Diego Bascur.

El concierto hace un recorrido por los discos más reconocidos del compositor y músico argentino, comenzando por las últimas canciones que compuso y finalizando en las primeras épocas.

El programa está conformado por “Ya no mires atrás” (2020), “Tu vuelo al fin” (2008), “Dale luz al instante” (2005), “Halo lunar” (2003), “El enemigo” (2001), “Perdido en ti” (1999), “Dedos de mimbre” (1993), “Fina ropa blanca” (1989), “Lejísimo” (1988), “Rezo por vos” (1986), “No te alejes tanto de mi” (1983), “Maribel se durmió” (1983), “El anillo del Capitán Beto” (1976), “Las habladurías del mundo” (1973) y “Ana no duerme” (1970).

La capacidad es limitada: las reservas se realizan al 2984-650817.

(Foto: Fundación Cultural Patagonia)

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    En el punto máximo de su carrera, cuando todo el mundo ya lo estaba mirando, lideraba todas las listas de globales y había arrasado con todos los premios de música, Bad Bunny se instaló un tiempo en Los Ángeles. Se puso de novio con la supermodelo estadounidense Kendall Jenner y ella, junto a muchos otros amigos famosos como Jimmy Fallon, le mostraron el fastuoso mundo hollywoodense. Durante todo 2023, el chico que había sido cajero en un supermercado de Vega Baja en Puerto Rico, diez años después tomaba Dom Pérignon en alguna fiesta con caviar y valet parking.

    En esos meses entre California y Nueva York conoció gente de todas partes del mundo. Personas que no podrían identificar su país en un mapa salpicado de islas en el medio del Atlántico y que no tienen ni idea lo que es un país periférico. A todos ellos quiso contarles sobre Puerto Rico. Pero se frustraba por la falta de argumentos sólidos sobre la coyuntura política e histórica de su país. Sumado a su inglés rudimentario, porque Benito no se esfuerza en aplicar bien la fonética y cuando la formulación de las oraciones se le complica demasiado cambia automáticamente a ese español puertorriqueño donde las erres son eles y las eses brillan por su ausencia. Un fenómeno fonético llamado lambdacismo, que se remonta a la presencia de población africana en la región, cuyas lenguas rara vez cuentan con el sonido de la erre. En esas conversaciones en spanglish parecía no tener herramientas para generarles un cambio de percepción. “Quise educarlos sobre Puerto Rico, pero para hacerlo me tuve que educar a mí mismo en ciertos temas”, cuenta ahora.

    En esos meses de fama y estrellato hollywoodense, después de sacar Nadie sabe lo que va a pasar mañana (2023), parecía que Benito buscaba la aprobación definitiva de un mercado anglosajón a quien ya había conquistado con los sonidos latinos de Un Verano Sin Ti (2022). En NSLQVAPM, donde el sonido predominante es el trap, ya renegaba de la fama y empezaba a hacerse preguntas más profundas sobre el legado que estaba construyendo en torno a su figura.

    Su paso por el corazón del capitalismo lo llevó a revisar sus raíces para encontrar la forma de contarle a un primer mundo totalmente ensimismado, dueño absoluto de la industria cultural global, al que no le interesa saber nada sobre los demás, la riqueza cultural y el bagaje histórico de su isla. Es, justamente, esa búsqueda por compartir su identidad sobre la que se construye DeBÍ TiRAR MáS FOToS, el sexto trabajo discográfico solista de Bad Bunny, publicado el 5 de enero. Usando la plataforma de difusión que alcanzó con su fama mundial y en el podio máximo de su alcance como músico, Bad Bunny hizo su jugada más consciente políticamente y produjo un álbum cien por ciento puertorriqueño. En un contexto en el que la nostalgia se volvió un producto en sí misma y donde emular tiempos pasados de la mano de la digitalización revive constantemente creaciones de otras épocas para mercantilizarlas nuevamente, Bad Bunny toma la historia musical de su país para producir un nuevo disco y dar una declaración de visibilidad de Puerto Rico hacia el mundo.

    Si bien cada uno de sus discos siempre tuvo un concepto muy marcado que atraviesa desde su música hasta su arte y difusión, DTMF es la pieza más conceptual que hizo hasta el momento, inspirada en uno de sus amores más sostenidos, como es su cultura y su identidad boricua.

    La antesala de la salida del disco fue un cortometraje que se estrenó a tres días de haber comenzado el 2025. El video imagina una Puerto Rico totalmente tomado por la cultura americana, donde las costumbres de los nativos son reemplazadas por el idioma, los consumos y rasgos más imperialistas de la nación colonizadora. La película, protagonizada por el actor y director puertorriqueño multipremiado y nominado al Oscar, Jacobo Morales, propone una conversación entre él y un sapo concho, una especie endémica del país que se encuentra en peligro de extinción. Juntos abren una cápsula del tiempo enterrada por Bad Bunny en el pasado y empiezan a ver fotografías de esa época mientras Jacobo, que parece ser un Benito anciano, le cuenta nostálgico al sapo sobre aquella Puerto Rico que ya no existe: “Quisiera haber tirado más fotos porque son momentos vividos, recuerdos de cosas que pasaron”, dice.

    A partir de este momento, todo el universo en torno al álbum reaviva la identidad boricua desde múltiples aristas y con una mirada frontalmente anticolonialista, con la música como gran unificador. Benito reúne a distintos talentos de su nación en un proyecto multiplataforma que trasciende el sonido para llevar su declaración a todos los tipos de consumo disponibles en la actualidad. Si uno entra a Youtube y busca bad bunny debí tirar más fotos lo primero que devuelve la plataforma son distintos visualizers, unas piezas sin contenido audiovisual que, con texto y apenas una foto, hacen de soporte de cada canción y repasan hechos históricos de Puerto Rico narrados por el joven historiador Jorell Meléndez Badillo. En esos relatos breves, el historiador —también boricua, como absolutamente todos los participantes de este trabajo discográfico— cuenta el desembarco de las tropas genovesas de Colón a la isla, las diversas etapas de colonización por parte de Estados Unidos, detalles sobre la creación de la bandera o datos sobre el origen del nombre del país. Y sin dejar a ningún grupo social afuera, los fragmentos homenajean a jíbaros y mencionan a esclavos de los campos, a los estudiantes universitarios que batallaron por la educación gratuita en la década del sesenta, los obreros ilustrados que estimularon la producción cultural nacional, los movimientos feministas del siglo XIX y las especies nativas en peligro de extinción, entre otros temas.

    ***

    En Puerto Rico cae el sol y Benito Antonio Martínez Ocasio sale a dar un paseo en auto por su querida y calurosa San Juan. Es, desde hace varios discos, el artista de habla hispana más escuchado en todo el mundo. Incluso en países donde el español es un idioma que solo aparece en el traductor. Viajó demasiado y necesita estar en casa, volver a conectar con su gente, con su tierra. Mira el mar y cada ola parece cruzar la arena blanca y alcanzar la carretera. Ve también a un grupo de turistas gringos bailando en la playa, riéndose, tomandose fotos. Están felices. Benito piensa que esos turistas no saben nada sobre su tierra, sobre los problemas reales: la gentrificación americana que invade el país, la migración constante y masiva de boricuas a primeros mundos en busca de progreso. No tienen idea del anhelo de siglos de un pueblo que quiere, al fin, ser libre.

    Esa vivencia se vuelve canción. Se llama “TURISTA” y su estribillo dice: “En mi vida, fuiste turista / Tú solo viste lo mejor de mí y no lo que yo sufría / Te fuiste sin saber el porqué, el porqué de mis herida’ / Y no te tocaba a ti curarla’, viniste a pasarla bien”. Un bolero lento y melancólico en el que Bad Bunny juega sus mejores cartas, las de un cantante seductor, amante y con el corazón roto. Una fórmula que le funciona a la perfección porque derrite los corazones de sus fans disco a disco, pero en esta oportunidad, el tema propone una letra ambigua. Puede estar hablándole a un viejo amor pasajero, a alguien que no llegó profundo en su vida y con quien solo vivieron juntos un buen momento. Pero también, fiel al corazón del álbum, es la representación de aquel recuerdo de Benito conduciendo, la frustración de que el mundo no conoce los dolores de su país.

    Si la música es el elemento neurálgico de la obra, allí es donde Benito despliega todo su talento y deja muy en claro que sigue teniendo la habilidad de crear hits mundiales con ritmos bailables, siguiendo sus sonidos emblema: reggaetón, trap y pop. Todo mientras le hace honor a su tierra y a su legado musical con samples de grandes bandas de salsa o ritmos originarios de su pueblo, como la plena, un género similar al candombe que surgió como una respuesta campesina y que hoy los jóvenes reivindican de forma combativa. Y a eso le suma una lírica que deja en evidencia la realidad de Puerto Rico y un futuro poco alentador para su cultura si sigue siendo una colonia de Estados Unidos.

    El álbum empieza con “NUEVAYoL”, un tributo a los salseros puertorriqueños con un sample de la canción “Un Verano En Nueva York” de Andy Montañez y El Gran Combo de Puerto Rico. Los primeros 20 segundos de la canción sintetizan lo que Benito hará en los siguientes 60 minutos del disco: el ritmo de la salsa se interrumpe abruptamente por un dembow profundo, un estilo que es la base de muchos de los reggaetones modernos y el sonido que estructurará el ritmo en el resto de la canción. Todo el disco es un mix constante entre la instrumentación tradicional de la región, con la salsa como base —una mezcla de ritmos afroantillanos y del Caribe donde se recuperan estilos como rumba, bolero, bomba y plena— y la producción moderna. Ésta última se traduce a la identidad musical que Bad Bunny logró forjar con sus conocimientos en el trap latino, el pop e incluso el house junto a samples y otros homenajes al reggaetón clásico de los dos mil que lo criaron.

    Con esta mixtura musical, Bad Bunny busca —y logra— ser el engranaje entre dos generaciones muy distantes: “No son nuevos ritmos, son reinterpretaciones con mi voz, mi estilo y mi flow. Estuvieron aquí desde antes de que yo naciera. Quería demostrarle a los jóvenes que no es música de ‘abuelitas’, que pueden tomarlas, ponerles su estilo y hacerlas cool”, explicó en Popcast, el podcast de The New York Times.

    Para enfatizar el linaje musical que reconoce en sí mismo y en otros de su misma generación, en el tercer track del disco, “BAILE INoLVIDABLE” —que se encuentra en el puesto número 3 de lo más escuchado del mundo según Spotify al cierre de este texto—, Benito convocó a jóvenes de la Escuela Libre de Música San Juan para la parte instrumental de la salsa y los coros. En el tema hay un guiño al piano de “Boranda”, de La Sonora Ponceña. En esa misma línea, también suma a otros artistas emergentes como la cantautora RaiNao en “PERFuMITO NUEVO” y a Lorén Torres de la banda Chuwi que lo acompaña en “WELTITA”, dos voces femeninas de las que él se declara fanático. En busca de traer a la actualidad la plena folclórica es que el reggaetonero se junta con Los Pleneros de la Cresta para entonar “CAFé CON RON”, con quienes presentó el tema hace unos días en The Tonight Show, el programa de Jimmy Fallon, a quién le dio una pava, un sombrero jíbaro tradicional de Puerto Rico hecho con hojas de palma. En la canción también abundan los congos, los coros y las referencias a una borrachera amigable de la mano de unos carajillos. En esta aventura, Bad Bunny en ningún momento se olvida de dónde proviene él como músico y también le hace un espacio al reggaetón de la vieja escuela junto a todos los productores boricuas que lo acompañan, entre los cuales se destaca Tainy. En distintos temas como son “EoO” y “VeLDÁ” los músicos aplican referencias, samples, beats, intros y outros de los máximos ídolos de la escena reggaetonera del país como son los dúos Wisin & Yandel; Héctor & Tito; Ángel & Khriz; Alexis & Fido; Nova & Jory.

    La instrucción de Bad Bunny sigue. En las letras de sus canciones termina de dejar en claro su postura política frente a la invasión yanki. En temas como “LO QUE LE PASÓ A HAWAii”, compara la lucha actual de su país con la que perdió Hawaii, que terminó siendo absorbida en su totalidad por Estados Unidos. Allí le canta a sus compatriotas: “No, no suelte’ la bandera ni olvide’ el lelolai” (villancicos de origen campesino). En “LA MuDANZA”, último tema del disco, también toma una postura: “Aquí mataron gente por sacar la bandera, por eso es que ahora yo la llevo donde quiera”.

    ***

    En este punto parece que Benito lo ha dado todo y que no hay arista de su último disco sin rendir tributo a su tierra, pero va por más y lleva su militancia a la estrategia de difusión y marketing en distintas acciones. En principio, la escucha oficial del disco la hizo abierta a la comunidad en la Casa Histórica De La Música en el municipio de Cayey. Allí convocó al pueblo que se acercó caminando los primeros días del año nuevo con heladeritas llenas de bebida. Benito salió por un balcón del edificio colonial, de madera y de dos plantas, y reprodujo el disco de principio a fin mientras bailaba con sus músicos. Un rato antes había estado tocando la puerta de las casas para cantar canciones folclóricas con ayuda de un pequeño sistema de audio integrado con micrófono y un grupo de tamboristas que a esta altura de la historia ya son como su sombra.

    Con el fin de llegar con su mensaje a un público nacional que no lo tiene en su radar, como puede ser la tercera edad o las señoras amas de casa, al día siguiente de lanzado el álbum se sumó como presentador invitado en Noticentro, el noticiero del prime time puertorriqueño. Usando su nombre real y vistiendo un traje formal, participó informando seriamente a la audiencia sobre las principales noticias del día para luego cerrar el programa con una entrevista exclusiva, en la cual compartió toda la visión que tiene con este álbum: “Estoy en un punto en el que puedo hacer algo y plantar una semilla. Ahora tengo un propósito y es darle una plataforma a los jóvenes músicos de Puerto Rico, explotar la cultura y sonidos de mi país. Eso me llena de orgullo, mucho más que cualquier premio”. Y mientras él se paseaba por todos los programas de radio y streaming de Puerto Rico, en varios países del mundo aparecieron unos camiones repletos de vegetales, brandeados con la identidad del disco. Una manera de llevar las tradiciones boricuas, como es la venta callejera de frutas a ciudades como Londres y Madrid. 

    Benito dice que hoy puede dormir en Los Ángeles y mañana en Nueva York, pero que su casa es Puerto Rico y allí siempre vuelve. Justamente ahí es donde convoca a un entrevistador de Apple Music. Lo recibe en un bar de la ciudad en ojotas con medias y le pica algunas canciones mientras le explica detalles de la grabación en español. El periodista anglosajón intenta disimular que no entiende nada. San Juan también es la locación elegida para un exclusivo evento de lanzamiento junto a Spotify. ¿La dinámica del encuentro? Un torneo de dominó, el juego que los más viejos disfrutan bajo la sombra de una palmera en las plazas de la ciudad desde hace décadas. El mismo juego que Benito disfrutaba con su abuelo.

    Mientras todos esperaban la noticia de una gira mundial de promoción de este disco, su última jugada maestra ha sido anunciar una residencia de treinta fechas en el Coliseo de Puerto Rico en San Juan. Nueve de esos shows son exclusivos para residentes de la isla y los accesos se consiguieron a la vieja usanza, haciendo cola en puntos de venta de la ciudad. Ya se agotaron. La idea de Bad Bunny es que, si la gente quiere verlo, que viajen y de paso conozcan su tierra. Una jugada que tiene como objetivo, además, incrementar el turismo para recaudar ingresos para el país. La residencia, llamada “No me quiero ir de aquí”, fue anunciada con un video en el cual Benito camina frente a todos los pósters de sus giras anteriores y reconoce que le faltan países por visitar, que hay muchos otros a los que quiere volver, pero que por ahora quiere estar ahí.

    ***

    Probablemente una de las mejores síntesis que encontró Bad Bunny para tanta simbología se encuentren en el arte de tapa de “DeBÍ TiRAR MáS FOToS”. La portada muestra paisaje verde selvático de la zona que bien podría ser el patio de una casa o una plaza, da igual. La foto se completa con matas de plátano con un cacho frondoso de bananas, la fruta emblema de exportación de Puerto Rico. Delante hay dos sillas monobloques de plástico blanco que ni siquiera son iguales. Una representación de lo que podría ser una reunión familiar de la clase media trabajadora de cualquier país latinoamericano. Baratas, durables, apilables para guardar en lugares pequeños. Para que no le falte una silla a ningún miembro de la familia, ni a la abuela que está grande, ni a los chiquitos que se quedan dormidos entre el barullo de la fiesta. Y vacías, en homenaje a los que no están y a los que tuvieron que emigrar.

    La entrada El regreso del hijo pródigo se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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  • Los héroes de la cruzada viril

     

    Hayden Davis, el creador de $LIBRA, encaja a la perfección en el arquetipo cryptobro: joven, verborrágico, vendedor antes que técnico, y con esa mezcla de Silicon Valley y chamuyo motivacional que promete “libertad”. En la criptoestafa aparece como la cara visible de una operación que se presentó como oportunidad y terminó en desastre. Si hubiera que buscar un personaje, Davis podría ser el Rasputín de la era blockchain: alguien que viene de un universo religioso y opaco, se presenta como intérprete del “futuro” y se vuelve influyente por proximidad al poder. Esa proximidad fue la que le permitió llevar a cabo la primera cryptoestfa presidencial del mundo.

    Performance, agresividad y promesa de ascenso individual: así se arman estas nuevas masculinidades. Desde ahí se vuelve posible pasar del caso $LIBRA a una pregunta de fondo: qué tipo de varón —y qué política— se celebra en el ecosistema libertario.

    ***

    Un hombre musculoso, exitoso, siempre ganador: el chad. Ese es el modelo que sobrevuela la manósfera, el submundo digital de donde sale buena parte del vocabulario y las fantasías de los influencers de la extrema derecha. En el ecosistema del presidente Javier Milei, estos perfiles abundan: cuentas de X (ex Twitter) con más de 50.000 seguidores, caracterizadas por un tono agresivo y virulento, que monetizan el odio a través de suscripciones mensuales y buscan la bendición final de Milei en forma de reposteo. Ese léxico —chads, perdedores, dominantes, sometidos— se volvió habitual en la discursividad de las redes de la derecha radical argentina y global.

    Originariamente, la manósfera se conformó a través de una serie de intercambios online entre distintos usuarios con una postura que reproduce la filosofía red pill, inspirada en la película Matrix. Su objetivo es ilustrar la toma de conciencia sobre la realidad del sistema: apela a dejar de ser engañado por los avances del feminismo y descubrir la información que ese sistema te oculta.

    Esta manósfera es producto de la interacción entre los usuarios que son parte y que constantemente alimentan el imaginario de cómo se deben estructurar las relaciones entre los géneros y qué rol deben ocupar las mujeres y los hombres. Por un lado, la manósfera se enoja con la “realidad del sistema y con el feminismo” que hace que los hombres dejen de ser elegidos por las mujeres y por el sistema. Por otro, ensaya un modelo de “hombre ideal”, mucho más recargado, que sí tiene posibilidades de éxito (material y con las minas) porque, claro, estas son lógicas heterosexuales.

    Los principales usuarios que participan de estos espacios son los denominados Incels (célibes involuntarios) que se encuentran asociados con la incapacidad del ejercicio de una masculinidad alpha dominante que es la que logra encuentros sexuales con mujeres. Según estos usuarios, esa masculinidad se construye con base en la predominancia de aspectos físicos atractivos, dominantes y seguros (en términos materiales), lo que asegura la posibilidad de estar en el 30% superior que se “queda con las mujeres”, “medidas” en una escala del 0 al 10.

    Muchos de estos usuarios se autoperciben “sin chances” para entablar una relación sexoafectiva, y desde la privacidad de sus hogares exultan el odio y el desprecio al sistema que “no les da la chance” de poder relacionarse. Y desde esta misma privacidad, es que maceran un tipo de hombre aspiracional. Un tipo de quijada marcada, el cuerpo bien trabajado, exitoso con las mujeres y el mundo material: Un chad. Se trata de un role model o modelo a seguir que se construye diariamente a cuenta gotas de sangre, sudor y lágrimas. Más sangre y sudor. Los chads no lloran. La sangre, fruto de la pasión por desarrollarse y ser exitoso. El modelo es un hombre de negocios al fiel estilo “Lobo de Wall Street”. El sudor, únicamente del gimnasio. Porque, ya que estamos, no se piensa en el trabajo físico al estilo obrero, eso es de negro. Este sudor tiene que provenir de la dedicación por el cuerpo, no como daño colateral de un trabajo forzoso.  

    Lo que te hace ser un chad es básicamente ser un hombre con poder, de poder y en el poder (lo que se conoce como “virilidad hegemónica”). Además de tener rasgos físicos hegemónicos y ejercer una dominación a través de los insultos, agravios y la humillación hacia el “otro” inferior a vos.

    Para la manosfera, el Presidente tilda casi todas las casillas del chad: poder político, mucho pelo, quijada marcada, ojos color zafiro y una gran altura —aunque sea potenciada por una tarima—. Además, se dedica a humillar a los “kukas tirapiedras” en público, por lo que su séquito de influencers lo lee como un “verdadero chad”. El día que asumió la presidencia fue, para ellos, la coronación oficial.

    A Milei le gusta mucho hablar sobre el ano masculino.  Adrián Melo indagó en Anfibia sobre esa performatividad hetero-hegemónica que el Presidente encarna en su discursividad al referirse muy detalladamente al asunto y su impulso viril por “cerrárselos a todos”. Y en el contexto de una crisis de la masculinidad, no es de extrañar que sea necesaria esta reafirmación viril. 

    Esta crisis de la masculinidad se conforma en dos aristas. Por un lado, la crisis material y por otro la crisis de sentido. En el contexto de un neoliberalismo galopante, con la retirada del estado y la intervención pública en la vida privada, las exigencias hacia el individuo (masculino) son extremadamente forzosas. Nicolás Pontaquarto y Ariel Sánchez, del Instituto de Masculinidades y Cambio Social, hablan de una “autoexclusión” producto de la incapacidad de alcanzar los mandatos que estructuran el género, y que, en esta línea, convierten a los sujetos en sujetos elegibles. 

    Este fenómeno es nuevo. Se trata de una “autoexclusión” de los que no se consideran elegibles. La hiperconectividad nos muestra todo el tiempo lo que los demás tienen y uno no. Existe una suerte de checklist de las cosas que hay que tener para ser. No se da, entonces, una exclusión causada por un otro (aunque la misma aún esté presente también). Es el mismo sujeto que se baja. La socialización en redes sociales alimenta y recrudece los estándares de elegibilidad y promueve la autoexclusión. 

    ***

    Se han conformado espacios de socialización que comprenden a la masculinidad como “en la mira”, repletos de hombres que se sienten atacados por los avances que supusieron las olas feministas. Allí surge la manósfera.

    La explosión del caso $Libra, en Argentina, terminó de dar visibilidad a una nueva identidad dentro de la manosfera: los cryptobros. Cuyo origen se puede rastrear luego de la popularización de la cryptomoneda Bitcoin en 2009. Con el desarrollo de la tecnología blockchain y nuevas billeteras digitales, se fueron creando nuevas cryptos y se fue democratizando el acceso a invertir. Lo que antes estaba reservado para un selecto grupo de nerds, se habilitó para el resto, que se agrupó debatiendo sobre las formas de invertir y cómo hacerlo. Al igual que con la manosfera, estos intercambios se dieron en distintos foros de internet como: Reddit, 4chan, Twitter, además de la plataforma de YouTube, que fue un espacio para “educar en inversión”.

    El caso $Libra puso en la escena mediática-digital las nuevas herramientas de la economía digital, con sus riesgos, márgenes de error y engaños que se tejen a su alrededor. Los gurúes de las finanzas digitales, mientras se abren una Monster Mango Loco, concentran dentro de sus características las mismas que sostienen el nuevo sistema de mercado financiero e idiosincrático del neoliberalismo: un marcado desprecio a cualquier tipo de intervención estatal en la vida individual, la promoción de cryptoactivos sumamente volátiles, y la tendencia al riesgo, propia del sujeto financiarizado que la extrema derecha propone como salida de la crisis de la masculinidad. 

    Los cryptobros logran acceder al mundo de las finanzas de Silicon Valley mientras terminan una partida del call of duty y sin la necesidad de levantarse de su silla gamer. Esto, además, se complementa con una ritualización de la vida diaria que es la clave del éxito. Levantarte a las 5 am, leer a las 6 am, mirar el mercado a las 7 am, darte un baño de hielo a las 8 am y salir para el gym a las 9:30.

    Desde esta representación es que los influencers digitales arman el modelo de éxito que luego es vendido en sus redes sociales. Autos caros, relojes grandes y vistosos, “mentalidad de tiburón”, perseverancia estoica, programación esquemática de la vida diaria y conocimiento por encima de la media para invertir. 

    Sin embargo, aún hay una tensión entre estos influencers cryptos y los que son propios del ecosistema del presidente Javier Milei. Estos últimos son críticos de estas comunidades y en sus discursividades se encuentra la conformación de un “otro” al que ellos catalogan de “manijeros” o con poco conocimiento. Aquí marcan la distancia en la calidad de su conocimiento en contraparte a la de estos cryptobros poco serios.

    Ese fue el mensaje circulante durante la explosión del caso $Libra, en el que también fue evidente la gimnasia para desligar al presidente Javier Milei de su responsabilidad en la difusión de una criptomoneda que abruptamente perdió su valor dejando a miles de inversores con pérdidas. Se teorizó sobre un hackeo a la cuenta presidencial y cuando el relato fue insostenible, se procedió a separar los tipos de comunidades en “técnicos” de los “manijeros”.

    Así como se conformó   la “manósfera”, es posible pensar en una “cryptosfera” en la que se aglutina este ideal del éxito masculino. Que se materializa en las nuevas herramientas de la economía digital y las redes sociales. Así la cryptosfera define el éxito y cómo alcanzarlo.

    En este contexto, la extrema derecha carga al individuo de toda responsabilidad por su desarrollo personal, pero además le añade ciertos requisitos que debe cumplir para ser un hombre. Estos requisitos son indispensables para su constitución como hombre(s) y refuerzan la avanzada individualista en la sociedad al atomizar al ser humano nuevamente. 

    La construcción desde los influencers de Javier Milei y del propio presidente como un modelo a seguir que concentra estas características, supone que estos ideales de la masculinidad se potencien desde el sillón de Rivadavia. Tradicionalmente la investidura presidencial fue una referencia de modelo a seguir. En esta línea, la representación de la masculinidad que se imprime desde la figura del Presidente Milei presenta características nuevas, propias del contexto de esta nueva fase del capitalismo. Por primera vez, el presidente no es esposo ni padre. Legitima a la figura del varón roto y solo, a la búsqueda de un nuevo modelo de éxito y desarrollo personal, que ya no están ni en la familia, ni los hijos ni el trabajo. Un individualismo que subsume al sujeto masculino a pensar sólo en él.

    Ante este escenario tan hostil en el que nos encontramos, se vuelve indispensable proponer una perspectiva e imaginar qué tipo de masculinidad queremos como sociedad. Además de encontrar la forma que permita la sociedad permita concebir al estado como el verdadero garante de las instancias de desarrollo humano y que de manera igualitaria anule y cancele la carga de ser, alojada en los requisitos para el “éxito” y la “elegibilidad”.

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