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Reconocimiento a artistas reginenses premiadas en Corrientes

La Directora de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina Silvia Alvarado recibió la semana pasada a María Victoria Araoz, Valeria Fasciglione y ‘Pelusa’ Miño que participaron del concurso de murales ‘Pinta Payé’ en Corrientes, obteniendo el segundo puesto con su increíble mural.

En la oportunidad, Alvarado les entregó un presente en nombre de la Municipalidad como reconocimiento a su labor. También estuvo el referente de la Secretaría de Estado de Cultura de Río Negro en la zona, Martín Betancourt.

“Siempre es un placer recibir a estas grandes artistas que tenemos en la ciudad, que nos representaron maravillosamente en Corrientes. Además de compartir lo que significó esta experiencia para ellas, hablamos de la posibilidad de realizar un encuentro de muralistas en nuestra ciudad”, manifestó la Directora de Cultura.

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    Mientras miles de hinchas noruegos recrean en las tribunas el movimiento sincronizado de los antiguos remeros escandinavos, el Mundial volvió a poner bajo los reflectores una de las imágenes más poderosas de la historia de Europa. Detrás de ese festejo viral no hay una coreografía improvisada, sino el recuerdo de una organización social y militar que permitió a los vikingos convertirse en una de las mayores potencias marítimas de la Edad Media.

    Por Alcides Blanco para NLI

    El fenómeno comenzó como una celebración futbolera, pero rápidamente despertó la curiosidad de millones de espectadores. Cada vez que Noruega consiguió una victoria en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá, miles de simpatizantes se sentaron en las tribunas para mover sus cuerpos al unísono simulando el avance de un enorme barco, mientras el grito de «Ro!» («¡Rema!») acompañaba el movimiento colectivo. La imagen recorrió el planeta y muchos la interpretaron simplemente como un homenaje a los vikingos. Sin embargo, detrás de ese gesto existe una historia mucho más profunda que ayuda a comprender cómo una sociedad relativamente pequeña logró dominar buena parte de los mares europeos durante casi tres siglos.

    Mucho más que guerreros: los hombres que movían los barcos de Europa

    La cultura popular suele presentar a los vikingos como guerreros brutales que desembarcaban para saquear monasterios y aldeas. Aunque esas incursiones existieron, la realidad histórica fue bastante más compleja. Los pueblos escandinavos también fueron comerciantes, exploradores, artesanos y colonizadores, capaces de establecer rutas marítimas desde el Ártico hasta el Mediterráneo y desde Rusia hasta América del Norte cinco siglos antes del viaje de Cristóbal Colón.

    Nada de eso habría sido posible sin sus embarcaciones. Los célebres drakkars, técnicamente conocidos como langskip, combinaban la navegación a vela con una extraordinaria capacidad de remo que les permitía desplazarse incluso cuando no había viento, remontar ríos poco profundos y sorprender a sus enemigos desembarcando donde ningún otro barco podía hacerlo.

    Contrariamente a una imagen muy difundida por el cine, los hombres que ocupaban los remos no eran esclavos encadenados, como ocurría en algunas galeras del Mediterráneo antiguo. La mayor parte de las tripulaciones estaba integrada por hombres libres, campesinos, pescadores o guerreros que respondían a un jefe local o a un rey y que, además de remar, combatían con espada, lanza o hacha cuando llegaban a tierra.

    Aquella organización tenía incluso un carácter institucional. En buena parte de Escandinavia existía el leiðangr, un sistema mediante el cual las comunidades debían aportar barcos, armamento y hombres cuando las autoridades convocaban una expedición militar. Remar era, por lo tanto, parte del deber colectivo y no un castigo reservado para los sectores subordinados.

    Eso no significa que la sociedad vikinga estuviera exenta de esclavitud. Los llamados thralls constituían una parte importante de la economía escandinava. Eran personas capturadas durante incursiones en Inglaterra, Irlanda, Escocia o los territorios eslavos y luego utilizadas como mano de obra doméstica o agrícola, o directamente vendidas en los mercados del norte de Europa. Muchos de ellos viajaban en los barcos como mercancía, pero la evidencia arqueológica e histórica indica que no conformaban habitualmente la fuerza principal de remo, ya que una maniobra naval exigía coordinación, entrenamiento y confianza mutua entre todos los integrantes de la tripulación.

    El verdadero significado del remo sincronizado

    Remar en un barco vikingo implicaba mucho más que realizar un esfuerzo físico. Cada hombre ocupaba un lugar determinado dentro de la embarcación, cuidaba sus armas, colaboraba con el mantenimiento del barco y compartía responsabilidades con el resto de la tripulación. La supervivencia dependía de que todos mantuvieran exactamente el mismo ritmo.

    Una descoordinación podía hacer perder velocidad, dificultar una maniobra o incluso comprometer el éxito de un combate. Por esa razón, la sincronización del remo terminó convirtiéndose en uno de los símbolos más fuertes de la cultura escandinava: el individuo sólo alcanzaba su máximo potencial cuando trabajaba junto al grupo.

    Ese mismo concepto parece haber inspirado el festejo que hoy identifica a los hinchas noruegos. En lugar de exaltar la violencia asociada al imaginario vikingo, el «remo» pone el acento en la cooperación, la disciplina y el esfuerzo compartido, valores que también explican el sorprendente crecimiento deportivo de una selección que, liderada por Erling Haaland, logró convertirse en una de las revelaciones del Mundial.

    Del drakkar a las tribunas: un símbolo que sobrevivió mil años

    Quizás allí radique el verdadero éxito de esta celebración. En una época en la que buena parte de los rituales futboleros nacen para las redes sociales y desaparecen pocos meses después, el «remo vikingo» consiguió conectar una competencia global con una tradición que hunde sus raíces hace más de un milenio.

    Los miles de noruegos que hoy simulan impulsar un barco desde las tribunas no representan a esclavos obligados a remar, sino a aquellas tripulaciones de hombres libres que hicieron posible una de las mayores expansiones marítimas de la Edad Media. El Mundial 2026 terminó transformando ese viejo símbolo de navegación en una metáfora deportiva: ningún barco llega lejos si cada remero avanza por su cuenta, del mismo modo que ningún equipo puede aspirar a la gloria sin una idea colectiva que marque el ritmo de todos.

     

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    El vocero Adrián Ravier no descartó que el dólar pueda irse a 1.800 pesos en los próximos meses, lo que implicaría una devaluación de casi el 20 por ciento. Para el funcionario eso sería una corrección «mínima» y sin impacto en el bolsillo de los argentinos.

    Aunque descartó «un temblor» y dijo que no ve un escenario de inestabilidad cambiaria, Ravier cometió una osadía para los estándares argentinos al no descartar que el tipo de cambio se pueda devaluar un 20 por ciento.

    Aunque

    el funcionario a cargo de la comunicación del gobierno

    minimizó el impacto que eso tendría, en meses previos a una elección presidencial podría ser una complicación seria para los planes reeleccionarios de Milei.  

    Cayó la actividad, se derrumbó el consumo y el 70% de la economía sigue en recesión

    «No hay temblores posibles como ha pasado en la historia argentina reciente. Después, por supuesto, una mala cosecha, una sequía o inundaciones te pueden golpear por la falta de dólares y te puede generar un cambio» en el escenario, planteó Ravier en el streaming Carajo.

    «Si hay atraso cambiario o no, es muy difícil de decir», dijo el vocero respecto al actual tipo de cambio, en torno a los $ 1.500. «Si querés señalar que hay, la corrección que podríamos tener en algún momento sería mínima. Mínima quiero decir que no es que vas a duplicar el tipo de cambio y eso te va a hundir los ingresos. Podés tener una corrección mínima que no va a tener un impacto significativo en el bolsillo de los argentinos», indicó Ravier.

    Según el funcionario, la compra de reservas por parte del Banco Central y el superávit en la cuenta corriente «claramente no son compatibles con tener atraso cambiario», aunque admitió que podría estar un poco abajo.

    «Si bajo el criterio de mirar el promedio de los últimos años, hoy estamos un poquito abajo y vos tuvieras una corrección, no sería significativa», aseguró Ravier, que eligió medirse con las varas de las crisis más serias de los últimos años lo que también es llamativo para un experto en comunicación. 

    Aunque descartó «un temblor» y dijo que no ve un escenario de inestabilidad cambiaria, Ravier cometió una osadía para los estándares argentinos al no descartar que el tipo de cambio se pueda devaluar un 20 por ciento

    «Cuando uno mira lo que le pasó al macrismo, ellos estaban con un tipo de cambio de 15 pesos y se fue a 60. Cuadruplicar el tipo de cambio significaría que hoy pasamos de $1.500 a $6.000. Si vamos al 2002, donde el tipo de cambio pasó de 1 a 3, sería como hoy pasar de $1500 a $4500. Nadie ve ese escenario», planteó.

    «Ahora, que el tipo de cambio llegue a $1800, a $1700, dentro de unos meses, es una posibilidad. La estabilidad cambiaria está muy clara, yo no me preocupo por ese lado», prometió.

     

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