La Directora de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina Silvia Alvarado recibió la semana pasada a María Victoria Araoz, Valeria Fasciglione y ‘Pelusa’ Miño que participaron del concurso de murales ‘Pinta Payé’ en Corrientes, obteniendo el segundo puesto con su increíble mural.
En la oportunidad, Alvarado les entregó un presente en nombre de la Municipalidad como reconocimiento a su labor. También estuvo el referente de la Secretaría de Estado de Cultura de Río Negro en la zona, Martín Betancourt.
“Siempre es un placer recibir a estas grandes artistas que tenemos en la ciudad, que nos representaron maravillosamente en Corrientes. Además de compartir lo que significó esta experiencia para ellas, hablamos de la posibilidad de realizar un encuentro de muralistas en nuestra ciudad”, manifestó la Directora de Cultura.
Un anciano que no comía hacía cuatro días no le quedó otra que incendiar un colchón para llamar la atención. El hombre estaba encerrado con candado en una habitación húmeda y oscura y cuando los bomberos entraron a la vivienda de José Gollán al 10.100, en la ciudad de Santa Fe, se encontraron con el infierno. Siete adultos mayores y personas con discapacidad hacinados, con hambre, sarna y sin atención médica.
Las imágenes de las víctimas muestran condiciones estremecedoras. Los residentes convivían entre la mugre, sin alimentos suficientes y con enfermedades que no recibían tratamiento. Uno de ellos aseguró que le habían prometido cuidados y comida; otro denunció que llevaba dos años sin documentos, dinero ni posibilidad de salir. «Me tienen secuestrado», dijo.
El descubrimiento de este geriátrico clandestino puso en jaque al intendente Juan Pablo Poletti y expuso la ausencia de controles sobre los establecimientos que alojan adultos mayores en la capital provincial.
Residentes del geriátrico clandestino rescatados tras el escándalo
El intendente fue director del Hospital Cullen, uno de los más importantes de la provincia y su gestión en la pandemia le permitió construir su imagen para la carrera política alrededor de su experiencia en la gestión sanitaria. El escándalo de la red de geriátricos clandestinos impacta de lleno en la administración municipal.
Consultados por LPO, los funcionarios del área de adultos mayores eludieron las explicaciones. Florencia Gentile, responsable del Observatorio de Geriátricos, se limitó a remitirse a las actuaciones judiciales.
El secretario de Políticas Sociales, Hugo Marchetti, y de la directora de Adultos Mayores, Susana López pertenecen a la Unión Cívica Radical y responden al sector del ex intendente Mario Barletta, uno de los principales aliados de Poletti. En el municipio se limitaron a señalar que el caso se encuentra bajo investigación judicial y no dieron respuestas sobre las acciones políticas.
Si bien Poletti integra la coalición Unidos, en el gobierno provincial no ocultan el fastidio con el intendente. Fuentes de la Casa Gris dijeron a LPO que están cansados de tener que intervenir para cubrir las fallas de la gestión municipal y cuestionaron la falta de capacidad de respuesta en áreas sensibles: «La falta de gestión termina provocando problemas humanitarios como este», resumió una fuente provincial del área social.
La Justicia investiga una trama que podría exceder al establecimiento descubierto. La presunta administradora ya había sido denunciada en 2025 por situaciones similares en otros lugares y permanece prófuga. La PDI detuvo a un hombre que cumplía funciones en la vivienda, mientras el fiscal Manuel Cecchini reunió pruebas para avanzar con las imputaciones.
La falta de gestión termina provocando problemas humanitarios como este
El mecanismo de financiamiento de estos geriátricos es tan estremecedor como las condiciones que ofrecían a los ancianos. El administrador se quedaba con las tarjetas de débito con la que los residentes cobraban sus jubilaciones o pensiones. Las familias entregaban a los adultos mayores junto con esos ingresos y, en muchos casos, se desentendían de su cuidado. El sistema quedó expuesto porque uno de los alojados pagaba alrededor de 300 mil pesos mensuales y denunció que le habían retenido la tarjeta de débito.
Fuentes que conocen el funcionamiento de estos establecimientos explicaron a LPO que el derrumbe del poder adquisitivo de las jubilaciones profundizó el deterioro. Con ingresos cada vez más bajos, la trama redujo todavía más los gastos en comida, higiene y atención médica para sostener la rentabilidad de un negocio que ya funcionaba en condiciones precarias.
Residentes tras la clausura del geriátrico
La investigación también busca determinar cómo llegaban las víctimas a esos lugares y si algunas habían sido derivadas informalmente después de pasar por hospitales públicos o por áreas de asistencia social. El Ministerio Público de la Acusación abrió además una investigación interna para establecer por qué no avanzaron las denuncias realizadas durante 2025.
El escándalo dejó al descubierto un circuito de abandono familiar, explotación económica y ausencia estatal, además de abrir una crisis política en el gobierno de Poletti.
Ignacio Fidanza contextualizó el llamado de Karina Milei a Mauricio Macri durante su columna en GPS, el programa de Rolando Graña. En su intervención, planteó que «hubo un pedido» del ministro de Economía, Luis Toto Caputo: «cada vez que se complica la situación económica, Caputo le echa la culpa a la política».
En ese sentido, precisó que «subieron la tasa, la inflación y el riesgo país, tres variables del modelo lubertario, no el empleo» y, sin embargo, Caputo alertó sobre el peso de los problemas políticos. «Karina lo llama a Macri y, al mismo tiempo, abre conversaciones serias con los gobernadores del medio. Todos le piden lo mismo: ‘liberame la reelección o no me presentes candidato fuerte o no presentes candidato’. Y ella está aceptando todo», detalló Fidanza.
La hermana presidencial, según el director de LPO, «les pide dos meses para empezar a blanquear estos acuerdos». «Los gobernadores del medio que acuerden con ella van a ir, además, bajo un sello propio provincial y ella les dice: ‘dejame liberada la lista de octubre para diputados y senadores nacionales y, si querés, te doy colectora’. Para los gobernadores, es un negocio redondo: cierran ahora y después ven», analizó.
Mientras tanto, está en curso la negociación por la eliminación de las PASO, una iniciativa para la que el oficialismo no tiene los votos de los aliados pero se especula con que «se la entregan en dos minutos». «Acá todos se están guardando una carta», advierte Fidanza.
Al respecto, repone que hay un debate al interior del gobierno. Por un lado, Milei dice que hay que eliminar las PASO porque, entre agosto y octubre, con muchas elecciones se complica la economía.
Y hay otro sector que está demandando que se piense mejor la estrategia. «Nos arman una candidatura de Villarruel, una de Jorge Brito y alguna otra y vamos derecho a la primera vuelta y nos sacan 3 puntos y perdemos la primera vuelta. No está tan claro que nos beneficie eliminar las PASO», alertan quienes dudan de la idea.
El copresidente de la Asamblea Parlamentaria Eurolatinoamericana (Eurolat), Jorge Pizarro, dijo este lunes ante la delegación europea de este organismo que América Latina «no será la misma» después de la pandemia de coronavirus, que dejó al continente en una «delicada» situación, y alertó sobre el riesgo de que resurjan «nacionalismos y voces que busquen cerrar…
Este lunes se realizó el acto de asunción de autoridades en la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), con la presencia del intendente de Malvinas Argentinas, Leo Nardini.
Nardini estuvo acompañando en el estrado por referentes académicos y gremiales como Flavia Terigi, rectora de la institución en uso de licencia y actual directora general de Cultura y Educación bonaerense.
En su discurso, Nardini resaltó el valor de la institución para las familias de toda la región: «La Universidad General Sarmiento es el orgullo, la usina de profesionales que nos acompañan en nuestros equipos y que nutren la política institucional de municipios como San Miguel, José C. Paz, Pilar, Tigre y muchos otros», dijo.
A mediados de la década de 1980, vecinos del viejo General Sarmiento impulsaron el Consejo Multisectorial Pro-Universidad, que integró a distintos sectores de la comunidad con el objetivo de instalar una universidad nacional en la región.
Ese esfuerzo logró la sanción de la Ley 24.082 en mayo de 1992, que dio origen a la Universidad Nacional de General Sarmiento. Con la división del distrito en 1994, el campus fue instalado en Los Polvorines, dentro del municipio de Malvinas Argentinas.
Hace no mucho tiempo hubo un gobierno con una mirada inclusiva que pensaba un país donde la educación era primordial, donde había que invertir en el conurbano para que los chicos tengan la oportunidad de acceder a la educación pública y de calidad
Más de 30 años después, universidad y distrito crecieron a la par. En 2016, ya como intendente, Nardini firmó un convenio marco que consolidó hitos de gestión conjunta y fortaleció la articulación institucional.
«En estos años que nos tocó estar al frente del municipio, hemos tenido la suerte de articular y llevar adelante diferentes acciones con esta universidad, que les da la oportunidad a miles de jóvenes de seguir formándose porque quieren un país mejor, una provincia más pujante y poder aportar en el lugar donde viven», dijo Nardini.
Este año, la comunidad académica realizó su octava elección, designando a Germán Pinazo como rector y a Julia Smola como vicerrectora para el período 2026-2030. El intendente puso de manifiesto el valor de un Estado que tenga como pilar fundamental la educación.
«Hace no mucho tiempo hubo un gobierno con una mirada inclusiva que pensaba un país donde la educación era primordial, donde había que invertir en el conurbano para que los chicos tengan la oportunidad de acceder a la educación pública y de calidad», dijo.
Así, reafirmó el apoyo y acompañamiento a las nuevas autoridades desde el Estado municipal: «En estos momentos difíciles, con un gobierno nacional que no cree que hay que seguir destinando recursos a la educación, tenemos que redoblar el esfuerzo», sostuvo.
En ese sentido, puso a disposición el municipio «para colaborar en todo lo posible y trabajar codo a codo por un Malvinas mejor, una región más fuerte, una provincia digna y la Argentina grande que todas y todos queremos».
También participaron en la actividad el titular de la Federación de Trabajadores de Universidades Nacionales (FATUN), Walter Merkis, la titular de la Confederación de Docentes Universitarios (CONADU), Clara Chevalier y el rector de la Universidad Nacional de Hurlingham, Jaime Perczyk.
Además, Franco Bartolacci, presidente del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y rector de la Universidad Nacional de Rosario (UNR); y Germán Pinazo, rector entrante.
Con un clima ideal y con el cumplimiento de los protocolos por COVID-19, la tercera etapa de la Regata del Río Negro arribó ayer al balneario de la Isla 58 en Villa Regina. Damián Pinta y Facundo Lucero se quedaron con el primer lugar en el parcial que unió Huergo y nuestra ciudad y, de…
Antes de la lapicera, escribir significaba convivir con plumas, tinteros y manchas. La historia de László Bíró y el invento que transformó para siempre la escritura cotidiana.
Por Redacción de NLI
Hay objetos que utilizamos tantas veces a lo largo de nuestra vida que terminamos olvidando que alguna vez no existieron. Una lapicera sobre un escritorio, dentro de una mochila escolar o perdida en el fondo de un cajón parece formar parte del paisaje natural de cualquier sociedad alfabetizada, al punto de que pocas personas se detienen a pensar qué significaba escribir antes de que aquel pequeño instrumento llegara a nuestras manos. Durante siglos, poner palabras sobre un papel implicó convivir con tinteros, plumas, manchas y una serie de dificultades que hoy parecen casi prehistóricas: había que controlar la cantidad de tinta, evitar que el papel absorbiera demasiado líquido, mantener la punta en condiciones y recargar constantemente el instrumento. La lapicera moderna cambió todo eso porque resolvió un problema aparentemente sencillo pero extraordinariamente persistente: cómo transportar tinta dentro de un objeto pequeño y conseguir que esa tinta llegue al papel únicamente cuando queremos escribir.
La solución terminaría llevando el nombre de un periodista húngaro que observó un detalle cotidiano mientras trabajaba y consiguió transformarlo en una idea revolucionaria. László Bíró, nacido en Budapest en 1899, no pertenecía originalmente al mundo de la fabricación de instrumentos de escritura, pero su trabajo periodístico lo puso frente a una diferencia que despertó su curiosidad: la tinta utilizada en las imprentas se secaba con mucha mayor rapidez que la tinta de las plumas convencionales. Aquella observación sería el punto de partida de una serie de experimentos que desembocarían en el bolígrafo moderno, un invento que posteriormente encontraría en la Argentina uno de los capítulos fundamentales de su historia.
Antes de la birome, escribir era una pequeña hazaña cotidiana
Durante siglos, la escritura estuvo condicionada por la herramienta utilizada para realizarla. Las plumas de aves, especialmente las de ganso, fueron fundamentales en Europa porque podían cortarse y afilarse hasta obtener una punta capaz de retener una pequeña cantidad de tinta y depositarla sobre el papel. El procedimiento funcionaba, pero exigía cierta habilidad y un mantenimiento permanente. La persona que escribía debía tener cerca un recipiente con tinta y calcular cuidadosamente cuándo volver a cargar la pluma, porque una cantidad excesiva podía provocar una mancha y una cantidad insuficiente podía interrumpir la escritura.
La aparición de las plumas metálicas durante el siglo XIX mejoró considerablemente la situación, pero no eliminó el inconveniente esencial: la tinta seguía siendo un elemento externo al instrumento. Las estilográficas fueron otro paso decisivo porque incorporaron depósitos internos que permitieron llevar tinta dentro de la propia herramienta, pero el problema del flujo continuaba siendo complejo. La tinta debía tener una consistencia adecuada y el mecanismo interno tenía que conseguir que llegara hasta la punta sin derramarse ni secarse.
La cuestión puede parecer menor desde nuestra perspectiva actual, pero durante siglos condicionó la manera en que millones de personas escribieron. La escritura no dependía únicamente de saber formar letras o construir palabras; también requería dominar el comportamiento físico de un líquido y de un instrumento. La gran innovación del bolígrafo consistió en separar finalmente la escritura de buena parte de esas dificultades.
Bíró comprendió que la tinta de imprenta ofrecía una pista importante. Era más espesa que la utilizada habitualmente en las plumas y, precisamente por esa característica, no se comportaba bien dentro de los mecanismos tradicionales. Sin embargo, tenía una ventaja decisiva: una vez depositada sobre el papel, se secaba con rapidez y no producía las mismas manchas que las tintas convencionales.
El desafío consistía entonces en encontrar una manera de hacerla circular.
La pequeña esfera que resolvió un problema de siglos
La respuesta de Bíró fue extraordinariamente ingeniosa porque no intentó obligar a la tinta a comportarse como la tinta de una estilográfica. En lugar de diseñar un canal cada vez más sofisticado para conducirla hasta el papel, desarrolló un sistema basado en una pequeña esfera ubicada en la punta del instrumento. Esa bolita podía girar mientras el usuario desplazaba la lapicera sobre la superficie, recogiendo tinta desde el depósito interno y depositándola sobre el papel de manera controlada.
La idea parece evidente después de haber sido inventada, que es precisamente una de las características de los grandes inventos. Antes de que existiera, sin embargo, había que imaginar que una pieza tan diminuta podía resolver el problema de transportar una tinta espesa y convertirla en una línea continua.
La importancia de esa esfera no reside solamente en su funcionamiento mecánico. Lo verdaderamente revolucionario fue que permitió integrar en un único objeto el depósito de tinta, el mecanismo de transporte y la punta de escritura, eliminando buena parte de los elementos que durante siglos habían acompañado al acto de escribir.
La persona que utilizaba una birome ya no necesitaba un tintero, ni debía detenerse constantemente para recargar una pluma, ni tenía que preocuparse demasiado por la cantidad de tinta que había en la punta. Podía guardar el instrumento en un bolsillo, trasladarlo hasta cualquier lugar y comenzar a escribir inmediatamente.
La tinta, por primera vez, viajaba con quien escribía.
La Argentina ocupa un lugar fundamental en esta historia
La historia de Bíró tiene además una particularidad que la vuelve especialmente significativa para los argentinos. Durante la Segunda Guerra Mundial, el inventor llegó a la Argentina junto con su hermano Georg Bíró, químico que colaboró en el desarrollo de la tinta y del mecanismo. Aquí continuó trabajando sobre su invento y encontró las condiciones necesarias para avanzar hacia su producción y comercialización.
En 1943, los hermanos Bíró obtuvieron una patente argentina para el sistema de escritura que habían desarrollado. La empresa que posteriormente comercializó el producto utilizó el nombre Birome, formado a partir de los apellidos de Bíró y su socio Juan Jorge Meyne. Con el tiempo, aquella denominación comercial terminó incorporándose al habla cotidiana de nuestro país hasta convertirse en una palabra prácticamente equivalente a lapicera.
La paradoja es extraordinaria: un invento nacido de la observación de un periodista húngaro terminó dejando una huella tan fuerte en la cultura argentina que el apellido de su creador se convirtió en una palabra de uso cotidiano. Millones de personas que dicen “pasame una birome” probablemente nunca hayan escuchado hablar de László Bíró, pero están pronunciando una versión abreviada de su nombre.
Argentina, además, no fue simplemente un lugar de paso en su trayectoria. El país formó parte del desarrollo y de la expansión comercial del invento, hasta el punto de que la historia de la birome quedó vinculada de manera permanente con Buenos Aires y con la industria argentina de mediados del siglo XX.
De la invención a la revolución cotidiana
Una cosa es inventar un objeto y otra muy distinta conseguir que ese objeto cambie la vida de millones de personas. Para que una innovación se convierta realmente en un fenómeno social tiene que ser accesible, resistente, relativamente económica y fácil de fabricar. La birome consiguió reunir esas características y por eso pudo salir del ámbito de los experimentos para convertirse en un elemento habitual de escuelas, oficinas, comercios y hogares.
La Segunda Guerra Mundial también contribuyó indirectamente a su expansión. Las características de la tinta y del mecanismo resultaban particularmente útiles para determinadas actividades en las que las estilográficas tradicionales podían presentar dificultades, y posteriormente el producto encontró un mercado civil cada vez mayor. La producción industrial permitió reducir costos y mejorar la confiabilidad del mecanismo, mientras que la sencillez del diseño facilitó su fabricación a gran escala.
Ese proceso modificó algo mucho más importante que la industria de los instrumentos de escritura: modificó la relación cotidiana de las personas con la escritura.
Una herramienta que antes requería cierta preparación pasó a estar disponible permanentemente. Los estudiantes podían llevar varias en la mochila, los empleados podían guardarlas en un bolsillo y los comerciantes podían utilizarlas durante toda una jornada sin necesidad de detenerse para cargar tinta. La escritura manual se volvió portátil en un sentido que anteriormente era difícil de imaginar.
Y esa portabilidad tuvo consecuencias culturales. Una persona podía escribir en un banco de plaza, en un colectivo, en una estación, en una fábrica, en una escuela o en la calle sin necesidad de preparar previamente el espacio de trabajo. La herramienta de escritura dejó de pertenecer exclusivamente al escritorio y pasó a acompañar a la persona.
El invento que terminó transformando la escuela
Probablemente ningún espacio cotidiano haya incorporado la lapicera con tanta intensidad como la escuela. Durante generaciones, aprender a escribir había implicado aprender simultáneamente a manejar un instrumento relativamente delicado. La aparición de una herramienta barata, resistente y sencilla redujo considerablemente esa dificultad y permitió que millones de estudiantes se concentraran en aquello que realmente importaba: aprender a escribir.
La lapicera también transformó la relación entre el objeto y su propietario. Una pluma estilográfica podía tener un valor importante, ser reparada, limpiada y conservada durante décadas. Una birome económica podía perderse y ser reemplazada por otra sin que aquello representara una tragedia económica. La escritura se convirtió así en una actividad apoyada sobre un objeto prácticamente descartable, una característica que anticiparía una transformación mucho más amplia de la cultura material del siglo XX.
Esa transformación tuvo ventajas evidentes, pero también introdujo una nueva lógica de consumo. Cuando un objeto se vuelve suficientemente barato como para ser reemplazado en lugar de reparado, cambia nuestra relación con él. La birome fue uno de los primeros instrumentos de uso cotidiano en los que esa lógica se volvió especialmente evidente: su valor ya no estaba necesariamente en conservarla durante toda la vida, sino en disponer de una herramienta funcional cada vez que fuera necesaria.
El hombre detrás de la palabra «birome»
La historia de László Bíró también sirve para recordar que los grandes inventos rara vez son el resultado de una única inspiración instantánea. Detrás de la birome hubo experimentación, modificaciones, problemas técnicos, búsqueda de materiales, desarrollo de tintas y colaboración con otras personas. La famosa bolita de la punta fue solamente la parte visible de un proceso mucho más complejo.
Además, el éxito comercial del invento no convirtió automáticamente a su creador en el dueño absoluto de una fortuna gigantesca. La historia de la propiedad intelectual está llena de casos similares: quien descubre una solución tecnológica puede no ser necesariamente quien controla las fábricas, las redes comerciales y los mercados capaces de convertir esa solución en un producto mundial.
La diferencia entre inventar y producir a escala es fundamental para entender la historia económica de la tecnología. Una idea puede nacer en un pequeño taller, pero para convertirse en un objeto presente en millones de hogares necesita una estructura industrial completamente diferente.
Bíró aportó la solución técnica.
La industria convirtió esa solución en un fenómeno mundial.
Una revolución que todavía llevamos en el bolsillo
Hoy vivimos rodeados de pantallas y dispositivos digitales. Escribimos mensajes con los pulgares, redactamos documentos en computadoras y firmamos contratos mediante sistemas electrónicos. Buena parte de la escritura cotidiana abandonó el papel, pero la lapicera continúa apareciendo cada vez que necesitamos completar un formulario, tomar una nota, firmar un documento, resolver un ejercicio o simplemente escribir algo que queremos conservar fuera de una pantalla.
Eso explica una de las paradojas más interesantes de este invento: la tecnología digital redujo enormemente el uso de la escritura manual, pero no consiguió volver obsoleta la herramienta que hizo de esa escritura una actividad sencilla y portátil.
La razón quizás esté en que escribir a mano conserva una dimensión física que ningún teclado reproduce exactamente. La presión de la mano, la velocidad del trazo, la forma de las letras y hasta la personalidad de una firma quedan impresas sobre el papel de una manera que pertenece exclusivamente a quien escribe. Una lapicera no transmite solamente palabras: deja una huella.
Y todo eso depende de una pequeña esfera que gira dentro de una punta.
Resulta difícil pensar en muchos inventos que hayan tenido una relación tan directa con la vida cotidiana y que, al mismo tiempo, pasen tan inadvertidos. La birome no necesita electricidad, conexión a internet, baterías ni conocimientos técnicos. Es una tecnología extraordinariamente sencilla que resolvió un problema extraordinariamente antiguo.
Por eso su historia merece ser contada.
Porque detrás de ese objeto que aparece olvidado sobre cualquier escritorio existe una cadena de transformaciones que atraviesa la historia de la escritura, la industria, la guerra, la inmigración, la tecnología y hasta la identidad argentina. Y porque cada vez que alguien dice “pasame una birome”, sin saberlo está pronunciando el apellido de un hombre que observó cómo funcionaba una imprenta, se preguntó por qué aquella tinta podía resultar más práctica que la que utilizaban las plumas y terminó encontrando una solución que permitió que la tinta dejara de ser un obstáculo para convertirse, simplemente, en una línea que acompaña el movimiento de la mano.
Ese fue el verdadero milagro de la birome: hacer que algo que durante siglos había requerido paciencia, técnica y cuidado se volviera tan sencillo que termináramos olvidando que alguna vez escribir fue difícil.
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