Pullaro aprueba una reforma de mano dura que tuvo a su alianza al borde de la ruptura

Pullaro aprueba una reforma de mano dura que tuvo a su alianza al borde de la ruptura

El gobierno de Maximiliano Pullaro logró aprobar con una expuesta refriega interna un controvertido paquete de leyes de seguridad que había enviado a la Legislatura. Aunque el proyecto tuvo media sanción, fue a costa de excluir de la normativa los apartados más polémicos, como convertir en evidencia interrogatorios policiales sin abogado defensor, o suspender garantías en zonas especiales por excepción para la intervención de la fuerza de seguridad, lo que los objetores consideraban un estado de sitio de hecho.

Tras la aprobación del paquete en Diputados con 33 votos a 11 el gobierno manifestó su satisfacción porque la adhesión fue por una mayoría amplia y permite a su entender habilitar herramientas para reforzar un estado de seguridad pública que desde hace tres años moderó claramente la violencia. Pero el costo para ello fue muy alto y, sobre todo, muy notorio.

La iniciativa estuvo a orillas de quebrar la coalición de gobierno porque los socialistas, con 14 diputados, anunciaron de forma pública que estaban en las antípodas de lo que mandaba Pullaro. Pero además distintas asociaciones civiles, especialistas en Derecho Constitucional y Penal, el Ministerio de la Defensa Pública, sectores del Ministerio Público de la Acusación (fiscales) y la Corte Suprema demolieron el proyecto en sus aspectos más polémicos, por coincidir que ponía en manos de la policía provincial el control de los procedimientos penales.

El gobierno cree que en noviembre cierra el acuerdo con Pullaro

Tras la media sanción, el gobierno celebra que mantiene las principales herramientas que buscaba. Por ejemplo un régimen más duro para reclusos de alto perfil, modificaciones en las leyes de inteligencia, cambios en el sistema de recompensas, juicio en ausencia del acusado y allanamientos sin aval judicial en casos de urgencia. También remarca que la mayoría lograda con el oficialismo votando en unidad, 33 votos contra 11, indica un holgado consenso hacia la norma.

Fue muy visible, sin embargo, lo que tuvo que conceder al socialismo, que lo hubiera dejado con menos de 20 votos. «Frente al espanto que era el proyecto inicial a todas luces inconstitucional, y aunque siguen en pie cosas preocupantes, estas morigeraciones suponen un avance. Se le puso un freno desde adentro al gobierno. Este no es el proyecto que querían, aunque no vayan a admitirlo», dijo a LPO el constitucionalista Oscar Blando, que fue funcionario en administraciones previas del Frente Progresista, donde participaba el radicalismo.

Frente al espanto que era el proyecto inicial a todas luces inconstitucional, y aunque siguen en pie cosas preocupantes, estas morigeraciones suponen un avance. Se le puso un freno desde adentro al gobierno. Este no es el proyecto que querían, aunque no vayan a admitirlo

«No van a abandonar la intención de seguir por las mismas cosas», continuó Blando. «No hay un abogado defensor frente al fiscal. La exclusión probatoria es un escándalo y sigue estando. El agravamiento de condiciones de presos de alto perfil va en contra de legislación internacional a la que Argentina adhiere. El hecho de que los fiscales puedan tomar medidas de coerción es una calamidad porque son una parte del proceso y esas facultades tienen que ser de los jueces. Y en ese sentido el gobierno tiene razón de que el espíritu de lo que buscaban, que es lamentable, se mantiene. Este proyecto, aunque es mejor como salió, se debió rechazar», analizó. 

No obstante, en el oficialismo se declaran totalmente conformes con lo que quedó aprobado que mantiene, dicen, el espíritu del proyecto. Se lo dijo el diputado radical Martín Rosúa al periodista Damián Schwarzstein de Rosario 3. «La ley es muy parecida a la que mandó el Ejecutivo. Las herramientas conservaron su naturaleza y su potencia. En el tratamiento legislativo se agregaron plazos, condiciones objetivas y mecanismos de control, como ya había pasado en 2024 con la emergencia en seguridad, la ley de inteligencia, la de microtráfico y la reforma del Código Procesal Penal. Por ejemplo, en los allanamientos urgentes por armas o explosivos se agregó el control judicial posterior. Para el juicio en ausencia se incorporó la exigencia de probar que la persona prófuga sabía que había un proceso en su contra. En inteligencia, el proyecto ya venía con controles judiciales y se precisó qué actividades preventivas puede hacer el Ejecutivo y cuáles corresponden a la Justicia a partir de un delito».

El quiebre en el oficialismo pudo ser real. Cuando se cercioraron que por la negativa de los socialistas a votarlo como estaba el gobierno no tenía mayoría, les pidieron a los referentes del socialismo que reformularan la redacción de los artículos más duros.

Pero el gobierno afrontó el precio de un discurso incendiario donde varios de sus referentes acusaron en bloque a los que se opusieran a su paquete de poner en peligro las mejoras conseguidas en seguridad o incluso, en las intervenciones más calientes, en jugar para «los abogados de los narcos».

Pullaro aprueba una reforma de mano dura que tuvo a su alianza al borde de la ruptura

 Lionella Cattalini 

Esos planteos fueron replicados con inusual enojo y dureza de algunos socialistas que transparentaron el frontal choque interno con los radicales. «Nos quisieron poner que estábamos del lado del delito», expresó desde su banca Lionella Cattalini, que le apuntó derecho por eso al macrista Federico Angelini, ex líder nacional del PRO y actualmente secretario en el Ministerio de Seguridad santafesino. Lo definió como «policía del pensamiento» y de buscar la etiqueta de «empleado del mes».

Después su colega Joaquín Blanco mostró una foto del ex gobernador socialista Hermes Binner con el actual ministro de seguridad Pablo Cococcioni cuando el primero lo designó en el Servicio Penitenciario de Santa Fe. Lo hizo para mostrar que el hoy ministro fue funcionario de los tres gobiernos socialistas y expresar, de ese modo, que la pretensión no era socavar la seguridad sino rechazar una reforma inviable. Ambos diputados dicen que ahora el proyecto se ajusta a las exigencias constitucionales, aunque para muchos juristas eso es discutible.

Los socialistas, según fuentes internas, estuvieron a punto de romper por este asunto con el pullarismo, donde las tensiones persisten atizadas por la intención de que el gobernador cierre un acuerdo electoral con Javier Milei.

Los socialistas advierten a Pullaro que no aceptarán un acuerdo con Milei

Entre las iniciativas de seguridad que provocaron la revuelta se cuentan allanamientos automáticos sin orden judicial, facultades para que la policía detenga a una persona hasta 48 horas sin orden judicial, la posibilidad de que interrogatorios a detenidos sin abogado defensor tengan valor de evidencia, la eventualidad de condenar a personas ausentes en juicios en rebeldía, y los procedimientos con sanciones por exclusivo decreto fiscal, es decir, sin una contraparte que defienda al acusado.

Asimismo se debatía la eventualidad de declarar zonas de intervención policial especiales donde la policía puede intervenir por excepción suspendiendo garantías de quienes allí habiten o circulen, con controles de acceso, límites horarios a la circulación y demoras de hasta 24 horas. También se habilitarían derribos de búnkeres por orden fiscal en casos excepcionales y allanamientos generales en esas zonas.

La suspensión de elementales garantías elementales consagradas en la Constitución Nacional en estas iniciativas barrió con la moderación habitual de los discursos de juristas. Daniel Erbetta, ministro de la Corte Suprema de Santa Fe y académico en Derecho Penal con reconocimiento nacional, fue categórico al salir de la Legislatura hace dos semanas cuando los miembros del máximo tribunal fueron invitados a exponer.

«Están jugando sobre el límite cuando están en juego derechos fundamentales», dijo Erbetta tras esa invitación. «Hay en el proyecto una delegación de facultades a la policía y de facultades judiciales a los fiscales que entran en contradicción con las normas constitucionales y con los estándares internacionales. Pero también la necesidad. No son necesarias estas modificaciones cuando la seguridad mejoró notablemente y también la articulación y diálogo entre poderes del Estado».

En relación a algunos de los institutos que propone el gobierno Erbetta había sido lapidario. «Establecer una zona especial donde se suspenden derechos es equiparable a un Estado de sitio. No importa el nombre que le pongan».

En reiteradas manifestaciones, Pullaro tachó a los críticos de pregonar un «garantismo bobo» por lo que cuestionó a la formación en la universidad pública, aludió a una Justicia ingenua y dijo que desde que asumió el 10 de diciembre de 2023 «al delincuente no se lo va a ver como pobrecito».

Los rechazos fueron abundantes, concluyentes y a cara limpia. Este jueves, en un Congreso de especialistas en Rafaela, el camarista penal Matías Drivet que fue secretario de seguridad del socialismo, en una alianza donde estaba el sector de Pullaro, se expresó categóricamente en contra de las facultades de interrogatorio a fuerzas policiales, de los allanamientos automáticos, que a su criterio instituyen un régimen de excepción, debilita el sistema acusatorio y expone a la provincia por su responsabilidad a demandas internacionales. Y, como Erbetta, cuestionó la liviandad de la construcción de un «mal inminente», el uso poco prudente «de una semántica punitiva que tiene efectos prácticos en el debate público y que por eso son alarmantes» y dijo que estas herramientas son innecesarias para mejorar la seguridad.  

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    En una investigación especial de El Grito del Sur, develamos la existencia de un centro clandestino de detención que funcionó durante la última dictadura en el pasaje Obrero Roberto Núñez, en el corazón de la Ciudad de Buenos Aires. Por Yair Cybel (El Grito del Sur).


    Un pasaje en Almagro Hollywood

    El pasaje es cortito, apenas una cuadra. Puede pasar desapercibido incluso para los vecinos del barrio. Durante varios años fue una de las calles más oscuras de la zona hasta que hace un tiempo, en una de sus esquinas, se instaló un cafecito de especialidad, de esos que ofrecen machiatto y roll de canela. La palermización es inevitable: bienvenidos a Almagro Hollywood. 

    En el cartel de una de las esquinas se consigna el nombre de pila. En la otra solo dice Obrero Núñez. La denominación llama la atención. En la ciudad de las avenidas Bullrich, Pueyrredón y Lugones, suena extraño el prefijo que subraya la condición de clase del tal Núñez. Huelga decirlo: es más fácil tener calle propia cuando se nace en cuna de oro.

    El garaje no llama la atención. Es una puerta alta, una más, de galpón, de unos cinco metros de alto y pintada de color marrón. Enfrente, la escuela República de Jujuy, casi la única excusa por la que alguna gente transita la cortada.

    En la década de 1970 era una cuadra parecida: empedrada, con pocos árboles y tal vez menos iluminada, pero apenas un callejón oscuro en el centro de la Ciudad de Buenos Aires. Que no llamaría la atención de ningún cronista. A no ser que en ese lugar hubiese funcionado un centro clandestino de detención.

    Roberto Nuñez, obrero de prensa

    El 12 de abril de 1951, Juan Domingo Perón expropió el diario oligárquico La Prensa. Una definición osada y de fondo en favor del sindicato de canillitas, que desde hacía meses sostenía una protesta exigiendo la participación en las ganancias de los avisos clasificados.

    El periódico había sido fundado en 1869 por un tal José C. Paz (la C es por Clemente) y desde su origen adoptó la vocería de las clases dominantes del país. Consecuentemente, fue una ferviente tribuna de oposición al gobierno de Perón: se opuso al pago del aguinaldo y apoyó públicamente la llegada del embajador estadounidense Sprille Braden.

    En enero de 1951, el sindicato de Vendedores de Diarios, Revistas y Afines elevó una solicitada donde exigía que el 20 por ciento de las ganancias de los avisos clasificados se destinaran a la obra social de los trabajadores. Días después, una patota sin identificación atacó a balazos la redacción de Azopardo y Chile asesinando a Roberto Núñez, un obrero gráfico y padre de familia de apenas 36 años que trabajaba en el área de expedición del diario y que desde 1960 le da su glorioso nombre al pasaje en cuestión.

    Nadie investiga solo

    La investigación -como toda actividad humana- es un laburo colectivo. Un oficio que requiere de paciencia, de constancia, de cierta obstinación. De recuperar relatos orales, leer comentarios entre líneas y descubrir indicios. De charlar con el portero y rebotar, con el carnicero y rebotar, y de finalmente encontrar una pista, un pequeño hilo del que tirar.

    En la última dictadura cívico-militar en Argentina, funcionaron unos 800 centros clandestinos de detención a lo largo y ancho del país: apenas unas decenas fueron recuperados como espacios de Memoria y, del resto, solo un puñado más está señalizado. De centenares de ellos no tenemos casi información. Apenas un testimonio en un juicio, un comentario al pasar, el recuerdo de una conversación.

    Uno piensa donde los pies pisan. Desde hace un tiempo, con El Grito del Sur empezamos a investigar estos espacios en nuestro territorio: la Ciudad de Buenos Aires. La redacción de nuestra cooperativa funcionaba (hasta su reciente desalojo) en el ex Centro Clandestino de Detención Virrey Cevallos. Ante la amenaza de su cierre, decidimos contraatacar y salir a recorrer los inmuebles que aún no están señalizados: la casona de Franklin en Caballito, la mansión de la calle Bacacay en Floresta o la maternidad del Hospital Naval, frente al Parque Centenario. De todos ellos hay testimonios, alguna voz, unas pocas notas periodísticas. De la casa de Obrero Roberto Núñez no había nada. Hasta ahora.

    La casa de Obrero

    Primero fue el testimonio oral de una militante de Derechos Humanos. Después, los aportes dispersos de un abogado dedicado a la temática. Más tarde nos escribieron un comentario en el Instagram, reforzando estas versiones. Luego, los vecinos del barrio, los comerciantes y hasta los ex alumnos de la escuela República de Jujuy -ubicada en este pasaje porteño y frente a la casa en cuestión- nos confirmaron la información. Y sumaron precisiones.

    Pero necesitábamos algo más: una declaración oficial, un documento, un relato en boca de alguien que hubiera pasado por allí. Finalmente, tras una búsqueda colectiva, dos testimonios judiciales de ex servicios de Inteligencia terminaron de cerrar la historia.

    En Obrero Roberto Nuñez al 4330, funcionó un centro de detención clandestino. Existen barcos, maternidades, hospitales, talleres mecánicos, mansiones y casonas que oficiaron como reclusorios ilegales. Pero el de Obrero Roberto Núñez es particular: consiste en la combinación de dos inmuebles, el galpón del mentado pasaje y la propiedad contigua que se encuentra en Palestina al 638.

    La casa de Núñez fue el galpón de atrás de una sede del Batallón de Inteligencia 601, una suerte de espacio donde se hacía lo que no podría hacerse en público. Grupos de tareas que operaban de civil entraban por Palestina y salían por Núñez. Operativos a plena luz del día, una presencia silenciosa de los militares en la cuadra y los testimonios de quienes recuerdan algunos gritos.

    “Almagro, lugar de idilio y de poesía”, cantaba Gardel. Nada más lejano.

    El 601

    En ese entonces, la calle Estado de Palestina se llamaba Rawson. A la vuelta de Obrero Núñez, en una casa colonial blanca, de ventanas altas y puertas de madera, funcionaba una Sede del Batallón de Inteligencia 601. Era un centro de operaciones, un bunker en el cual hacían base los comandos civiles-militares que -entre otras cosas- infiltraban organizaciones, secuestraban, torturaban y desaparecían personas.

    De la puerta para afuera simulaba ser una vivienda más. De la puerta para adentro era la División Inteligencia del 601, que funcionó entre el 76 y el 78 a cargo de Luis Ángel Firpo. Según los testimonios judiciales de los propios militares, se encargaba únicamente de prestar custodia a PMI (Personas Muy Importantes, como se los conoce en la jerga): ex militares y militares en servicio con altas responsabilidades políticas. De Lanusse a Viola.Sin embargo, allí se realizaban pagos, se coordinaban operaciones y se prestaban servicios para la Contrainteligencia. En su interior operaban agentes encubiertos vestidos de civil que colaboraban en la lucha contra las organizaciones revolucionarias.

    Según los testimonios recabados, en el comedor de la casa de Rawson había un armario grande que ocultaba una puerta que daba a un garaje, donde habría funcionado el centro de detención clandestino. Es el portón de Núñez. Los vecinos más viejos cuentan que durante los setenta, allí se veían movimientos extraños, entradas y salidas apresuradas. Los testimonios de ex alumnos del colegio señalan que las veces que las pelotas de fútbol se iban para el lado de la propiedad, los chicos eran amedrentados. Acá no hay nada que mirar.

    Testimonios que hablan

    «Había un lugar en la calle Rawson -hoy Palestina-, entre Corrientes y Sarmiento, en la que los vecinos veíamos situaciones que hacían pensar que era un lugar de detención», nos escribieron en nuestra cuenta de Instagram. «Tengo entendido que frente a la escuela Provincia de Jujuy, (donde fui de pequeña) había un portón de garaje que funcionó como centro clandestino… Las veces que pagamos pelotas ahí…. No sé si está señalizado. En la cortada Roberto Núñez». Los testimonios coinciden.

    El Servicio Paz y Justicia (SERPAJ) es una organización de inspiración cristiano-ecuménica que vela por los Derechos Humanos y la Justicia. Un militante del espacio (del cual formó parte, entre otros, el premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel), aportó otros testimonios sobre Obrero Núñez. De la misma manera lo hizo Alba Pereyra Lanzilloto, quien declaró que en la parte del frente funcionaba un comercio minorista de productos agropecuarios como fachada del centro clandestino.

    Alejandro es el verdulero de la esquina de Obrero Núñez y Palestina. Su familia llegó acá en 1970 cuando se construyó el edificio que todavía habitan. Él nació en el año 1963 y recuerda que cuando era pibe, los oficiales que usaban el inmueble le avisaron que se venía un enfrentamiento entre las fuerzas, que bajaran las persianas y se tiraran al piso. Fue un día de terror, donde pensaron que la muerte podría golpear a la puerta. Finalmente, el tiroteo no se sucedió, aunque toda la jornada se registraron movimientos extraños, cuenta en diálogo con este cronista. Fuera de ese detalle, los militares siempre fueron muy corteses, destaca.

    Se le suma a esto un quinto testimonio, esta vez del hijo de un detenido oriundo de Mar del Plata. Como tantos otros, había ido a la escuela República de Jujuy y contó que, al momento de subirse al techo del colegio, veían movimientos extraños en la casa de enfrente. Recordó que una vez los iluminaron desde el lugar y les pidieron que dejaran de mirar. De hecho, la Dirección Nacional del ex Programa Verdad y Justicia informó en 2020 que durante la dictadura hubo militares apostados en el techo de la escuela.

    Obrero Núñez, dijo el teniente

    Hasta ahí una serie de testimonios de vecinos, de militantes de Derechos Humanos, de investigadores. Pero el gran hallazgo reside aquí: el 3 de septiembre de 2020, en el marco del juicio Contraofensiva, declaró el ex personal Civil de Inteligencia Eduardo Donato Caporaso. El espía señaló que prestó servicio entre 1976 y 1980 en la División Seguridad del Batallón de Inteligencia 601 del Ejército, bajo el nombre Daniel Camaño. Y destacó haber cumplido tareas en una «casona» de la calle Rawson.Caporaso describió un inmueble con una o dos habitaciones grandes al frente, alguna oficina, pasillo, cocina y un patio. Y se encargó de señalar que el lugar se conectaba con otro inmueble, el de Obrero Núñez. Por si fuera poco, especificó que los espías se movilizaban en un Ford Falcon, siempre vestidos de civil.

    “Los vehículos sólo eran para trasladarse al lugar donde tenían que ir a cubrir la seguridad. Iban dos personas. Uno manejaba (…) Los autos eran Ford Falcon. Había uno celestito y uno blanco. Y también había un Dodge 1500 de color verde”, reseña la cobertura del juicio que hizo la periodista Martina Noailles para otro medio popular, La Retaguardia.

    El testimonio de Caporaso coincide con el del oficial de inteligencia José Ramón Pereiro, que en el marco de otra causa (de expediente N° 16307/06 de la Secretaría N° 8 del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N° 4, caratulado «Guerrieri Pascual Oscar y otros s/ Privación ilegal de la libertad personal») señaló que en el año 1980 fue trasladado a trabajar en la casona de Obrero Nuñez.

    Por si hacían falta otras voces oficiales que confirmaran el uso del lugar, se suma una de jerarquía: en el mismo juicio Contraofensiva, el teniente coronel retirado Luis Ángel Firpo admitió que en esta casa había funcionado bajo su mando la División Seguridad del 601. Cartón lleno.

    Eduardo Donato Caporaso en el juicio Contraofensiva. Fuente: La Retaguardia

    Los 90s

    Durante los años 90, esa casa de la calle Obrero Nuñez fue utilizada por la empresa Azúcar Méndez. Anteriormente, vivió allí una familia que alquilaba la propiedad.

    En Palestina al 638 se instaló el Centro de Salud Mental Malvinas Argentinas, bajo la órbita del Ejército Argentino. De hecho, en 2013 se anunció la licitación para la realización de una obra en el sitio con la carátula de “Remodelación del anexo al Casino de Suboficiales en calle Palestina 638”, dependiente del Ejército Argentino.

    Actualmente, en el galpón de obrero Núñez funciona la empresa ARTEC Ingeniería. Y en el inmueble de Palestina una «residencia para militares». Así lo confirmó un hombre de unos 40 años, pelo al ras y cigarrillo en mano, que salió del lugar a tomar un poco de aire.

    Lo que falta por encontrar

    La casa de Obrero Roberto Nuñez sigue sin señalizar e incluso sin notas periodísticas al respecto. Lo mismo sucede con centenares de inmuebles que funcionaron como centro clandestino, base operativa o aguantadero de los grupos parapoliciales que sembraron el terror en nuestro país y dejaron un saldo de 30 mil detenidos desaparecidos y cientos de bebés robados que aún desconocen su identidad.

    Con más de ocho testimonios, todos de jerarquía y algunos de los propios responsables del lugar, podemos afirmar que aquí, en pleno barrio de Almagro, funcionó un centro clandestino de detención que respondía al Batallón de Inteligencia 601 y que permanecía totalmente invisibilizado. Hasta hoy.

    Fuente: https://elgritodelsur.com.ar/2025/05/centro-clandestino-de-detencion-obrero-roberto-nunez-almagro/

     

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    «Olor a goma quemada temen… Que se chamusque la historia. Dos cosas que les espantan: pueblo y memoria.» Con una versión candombeada de la mítica canción «Olor a goma quemada» de Rafael Amor, Les Ñeris presentaron el sábado una obra audiovisual que nace desde el corazón del movimiento piquetero.  Hoy tocan en las jornadas a 23 años de la Masacre de Avellaneda. Por ANRed.


    Después de dos años de trabajo colectivo, de tocar en solidaridad con las luchas solidarias, Les Ñeris dieron a luz una versión candombeada de la canción emblemática de Rafael Amor. Un grito de arte y memoria, en un momento en que los movimientos sociales sufren persecución y criminalización. El video fue grabado en un lugar cargado de significado: la estación Darío y Maxi, símbolo de resistencia. Y es que Les Ñeris son herederos de grupos artisticos «que se ven en la lucha» como tiempo atrás fueron  «Santa Revuelta», «los Jara», «Sikuris» y hoy «Las Manos de Fillipi».

    Arte popular como trinchera

    La elección de la canción no fue casual. «Olor a goma quemada», de Rafael Amor, fue una bandera durante los años 90, una época de fuerte resistencia al modelo de capitalismo neoliberal. Recuperarla hoy, reinterpretada en clave de candombe —ritmo afro rioplatense también cargado de historia de resistencia— es un acto político y estético.

    «La memoria nos guía, la conciencia nos crece, la belleza es nuestra», afirman quienes integran el grupo, que reúne a Mateo, Monchi, Jonix, Lu Gómez, Kalu, Juanba, Alejo, Emi, Danilo, Leo, Mati, Luisina y la comunidad de La Ñeriñeada. La realización estuvo a cargo de  M y M producciones con Javier Iglesias y Natacha Bianchi. No es solo una canción: es una apuesta a que el arte sea refugio, puente, denuncia y propuesta.

     

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    De la trinchera a la estación

    La grabación se realizó en Rixoma Producciones, un espacio que apoya a artistas populares con recursos limitados pero con una enorme creatividad. «Generalmente los artistas populares no pueden grabar porque no hay recursos. Rixoma pone lo poco que tiene al servicio del arte colectivo», explican desde la producción.

    La locación del videoclip fue elegida con claridad: la estación Darío y Maxi, en homenaje a los militantes asesinados en la Masacre de Avellaneda en 2002. “Ese espacio sintetiza la historia de lucha, es una escultura viva donde la memoria colectiva confluye», señalaron.

    Lanzamiento y jornada cultural

    A 23 años de la Masacre, el sábado se presentó el video en una jornada cargada de emoción, arte y militancia. Participaron organizaciones sociales, artistas y referentes del campo popular como Alberto Santillán. Como todos los 25, este miercoles también se realizará una jornada cultural en la estación, con la participación de Les Ñeris entre otros grupos en vivo a partir de las 16 hs.

    Una vez más, junio arde rojo: habrá jornada cultural y actividades en la Estación Darío y Maxi a 23 años de la Masacre de Avellaneda

     

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