Por fallas de seguridad en su planta, Passerini quiere echar a la empresa estatal de uranio

Por fallas de seguridad en su planta, Passerini quiere echar a la empresa estatal de uranio

 

Una serie de fallas de seguridad aparentemente no reportadas por Dioxitek en su planta de Alta Córdoba dejaron a la empresa estatal de enriquecimiento de uranio al borde de la expulsión de la ciudad, tras décadas de operar con permisos precarios en medio de uno de los barrios más populares de la capital provincial y a 10 cuadras del estadio de Instituto.

Dos hechos graves que no habrían sido reportados por Dioxitek (ocurridos en 2023 y en 2024), pero sí por empleados y ex empleados, llevaron a la Municipalidad a reclamarle a la empresa informes actualizados de seguridad ambiental y nuclear; lo que puso en jaque la pretensión de la empresa estatal de continuar operando en Alta Córdoba durante 8 años más.

«Me reuní con el directorio de Dioxitek y no son serias las propuestas, no hay un plan de inversiones. Este nuevo pedido de ocho años no fue admitido porque hay una cuestión judicial. Pero no vamos a acordar ocho, ni cuatro, están desde hace 40 años así, desde el 86, con prórrogas y yo quiero terminar mi mandato con este tema resuelto», dijo Passerini en declaraciones a La Voz.

Me reuní con el directorio de Dioxitek y no son serias las propuestas, no hay un plan de inversiones. Este nuevo pedido de ocho años no fue admitido porque hay una cuestión judicial. Pero no vamos a acordar ocho, ni cuatro, están desde hace 40 años así

La tropa libertaria salió a cuestionar la posición de Passerini. A través de La Derecha Diario, responsabilizó al intendente cordobés por el cierre de Dioxitek «sólo por su ensañamiento con Milei». El equipo de comunicación de Passerini negó que prime lo ideológico sobre la seguridad: «Lo que sí es ideológico es mentir deliberadamente», fue la respuesta en redes. Desde su desembarco en Córdoba, La Derecha Diario apuntó sus cañones contra Passerini.

Dioxitek debía trasladarse a una nueva planta industrial en Formosa, pero su construcción está paralizada, por falta de inversión del Estado nacional, desde septiembre de 2023, cuando tenía un avance del 70% y una inversión ejecutada de 149 millones de dólares. Así, la empresa quiere extender la vida útil de la ubicada en el barrio de Alta Córdoba hasta 2034; donde opera a pleno y con una producción anual récord de 190 toneladas de dióxido de uranio de grado nuclear.

Meses atrás, una inspección de la Dirección de Bomberos en la planta de Dioxitek en Alta Córdoba detectó una serie de fallas: solicitó mejores sistema de extinción de incendio, que se coloquen rociadores en tanques de combustible, un inventario de los productos químicos que se almacenan y que muros y aberturas de la zona donde está el horno sean ignífugos, y no con cobertura de chapa. Además, la empresa tuvo dos informes negativos de Ambiente de la Provincia.

La empresa niega todo: dice que los presuntos incidentes no reportados no existieron y que las falencias detectadas por Bomberos ya fueron resueltas o están en ese proceso. Sin embargo, se aferró a cláusulas de confidencialidad y de seguridad para dar detalles.

La continuidad de Dioxitek en Alta Córdoba está atada al expediente que abrió el juez federal Miguel Vaca Narvaja, que le solicitó a la empresa informes ambientales y de seguridad. En la planta hay cientos de litros de metanol, hidrógeno, amoníaco, ácido nítrico y nitrato de amonio, entre otros. 

 

Difunde esta nota

Publicaciones Similares

  • Reconocimiento a artistas reginenses premiadas en Corrientes

    La Directora de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina Silvia Alvarado recibió la semana pasada a María Victoria Araoz, Valeria Fasciglione y ‘Pelusa’ Miño que participaron del concurso de murales ‘Pinta Payé’ en Corrientes, obteniendo el segundo puesto con su increíble mural. En la oportunidad, Alvarado les entregó un presente en nombre de la…

    Difunde esta nota
  • |

    Confesores imperdonables

     

    Los grandes contrastes entre los curas que influyeron en Isabel de Castilla y en la vida cotidiana de moros, judíos y cristianos.

    Y tú sin perjudicar a nadie y esposao
    Que la ley de extradición te pille
    confesao.
    – J. Sabina, Con un par

    Por Silvina Belén para NLI ·

    Llegar confesado al último suspiro era una aspiración que antaño compartían nobles y plebeyos españoles. Hoy mismo, si corriéramos algún riesgo de importancia pero igual decidiésemos tirarnos a la pileta, cualquier español podría decirnos, como Joaquín, “Que te pille confesado” casi automáticamente. El reflejo de la tradición de paladines de la cristiandad no desaparece así como así.

    Recibir el perdón divino con regularidad a través de un confesor era necesidad acuciante para el cristiano viejo. Ni qué decir para los monarcas. Y si se trataba de doña Isabel de Castilla, la reina a la que en el colegio conocíamos como Isabel  la Católica, la necesidad se multiplicaba al infinito. Sin confesor no había torrejas, ni alhajas a donar, ni colones que le hicieran la historia.

    Y a nosotros, entre maestras, profes de historia con secretas simpatías por el generalísimo con ínfulas imperiales –y aferrado al cirio-, dueños de bares y restaurantes, curas ibéricos, días de la raza más todos los etcéteras  imaginables, también nos hicieron la historia, la historia en la que Isabel quedaba fuera de cualquiera de las iniquidades que algún descreído pudiese referirnos acerca de la cristiandad peninsular de aquellos tiempos y de los que pronto les seguirían.

    Acostumbrados como estamos a los desengaños, bien podríamos soportar un inventario de las agachadas -que no fueron pocas- de la reina, igual que sobrellevamos las desilusiones cromáticas con French y Beruti,  o Cornelio Saavedra y otros tantos que, con halo de patriotismo finalmente desmentido, nos precedieron en estas latitudes que por siglos le dieron riqueza a España gracias al buen olfato atribuido a la ilustre esposa de Fernando de Aragón.

    Pero como doña Isabel también soportó arduos pesares y tuvo sus virtudes, despistes y grandezas, solamente vamos a enfocarnos en las alegrías, amarguras y desaciertos que experimentó con sus confesores, dado que siendo “La Católica” el punto no carece de interés e, incluso, de una pizca de justicia para con la chismografía histórica que cultivan las anteojudas comadres de biblioteca, gracias a quienes sabemos, por ejemplo, hasta qué punto la reina odiaba al ajo, pecado culinario peninsular si los hubiera.

    Biografías, historia del periodo y datos afines pueden hallarse con facilidad en enciclopedias tradicionales, Wikipedia o a través de la ubicua IA. Lo singular y menos registrado es todo aquello que relaciona a estos confesores entre sí, la reina, el poder y la tan mentada cultura de moros, judíos y cristianos.

    Para no zozobrar con el asunto de los confesores, hay que partir asociando el renombrado año 1492 no a Colón y el Puerto de Palos de Moguer –como tan popular como erróneamente se suele denominar al Puerto de Palos de La Frontera-  sino a Granada, con pausa obligatoria para evocar a Washington Irving y sus Cuentos de la Alhambra (La Alhambra: conjunto de cuentos y bosquejos sobre moros y españoles, 1832), digresión más que justificada para ambientar la mente.

    Feminismo regio y conquista

    Ya desde los tiempos de princesa doña Isabel  era mujer de carácter y armas tomar. A su capellán de esa etapa, Alonso de Coca, lo envió tanto a Aragón como a Francia para que conociese en persona a los dos principales nobles que la pretendían: Fernando de Aragón y el duque de Guyena. Debía informarle Coca sobre virtudes y defectos de sus posibles maridos. Era exigente y no iba a decidirse así como así. Ella misma evaluaría  luego atractivos personales y conveniencias políticas.

    Su primer confesor fue fray Mortero (Alonso de Burgos), antisemita jurado e irascible cura que introdujo la Inquisición en Castilla y León. El segundo, nada menos que el  más afamado y cruel de los inquisidores, fray Tomás de Torquemada. Durante años consentido por Isabel, cuando la Inquisición había llegado a su cenit de terrorismo recaudatorio, lo nombraron inquisidor general y la católica cambió de confesor.

     Y a partir de aquí, más allá de los devaneos con el santo oficio, comienza lo interesante.

    Fray Hernando de Talavera, prior desde 1470 de Nuestra Señora del Prado, en Valladolid –lugar de residencia de la corte en la época-,  pasó a ser desde 1474 el nuevo confesor. En las antípodas de sus predecesores, no veía con buenos ojos la Inquisición ni se lo consideraba un fanático al estilo de Torquemada. Atravesó desde 1475 junto a Isabel y Fernando la Guerra de Sucesión de Castilla que en 1479 terminó con los tires y aflojes en favor de la Católica y ostracismo de la Beltraneja.

    Hernando, con un talento para la economía que lo había convertido en un ministro de hacienda de facto, contribuyó a financiar la obsesión de la reina con la conquista de Granada, ciudad que se creía la mejor fortificada del mundo. Esa guerra, con su largo sitio, exigía recursos que la habilidad de Talavera conseguía con su don para las finanzas regias unido a un celo administrativo ejemplar.

    Merodeando las arcas también andaba Colón, a quien Hernando de Talavera llevaba cortito aunque, con intuición similar a la de Isabel, finalmente apoyó. Por muchos años el confesor, consejero y ministro de hecho de varias carteras lo fue todo para la reina. Mientras, los astros se conjugaban para que el año 1492 fuera un punto de convergencia inigualable.

    El asedio a Granada, máquina de fagocitar maravedíes reales, en 1491 había agotado la paciencia y la economía castellanas, pero también los víveres de los árabes que resistían intramuros. Alimentar a una población que había crecido exponencialmente en pocos años se hacía misión imposible. Unas y otras desgracias invitaban a la negociación, que terminó dándose en noviembre.

    Los famélicos mandamases moros estaban dispuestos a rendirse si les daban plazo y condiciones dignas. En secretas negociaciones con el rey Boabdil se llegó a un acuerdo que conjuntamente firmaron, como siempre, Isabel y Fernando, que sabía que con su esposa el patriarcado era una quimera.

    El acuerdo capitular garantizaba tolerancia, respeto y libertades para  los habitantes de la ciudad, en línea con el pensamiento nada inquisitorial de Hernando, que estuvo, por supuesto, en Granada cuando el 6 enero de 1492 los reyes católicos hicieron su entrada triunfal, con abrazo al malogrado Boabdil incluido.

    Cambio de confesor y desgracias en cadena

    Isabel cumplió el sueño de enseñorearse en Granada al tiempo que le decía adiós a su confesor, que pasó  a ser administrador apostólico del nuevo reino a la espera de la bula papal que lo nombraría al año siguiente primer arzobispo de Granada. Sin Hernando, la sombra negra del Cardenal Cisneros comenzaba así a asomar sobre la espiritualidad de la reina

    La estrategia de conversión del flamante arzobispo excluía la coacción,  el acoso y la violencia. Hacía un esfuerzo por conocer la cultura del pueblo vencido, dominar su lengua, dialogar y persuadir. Ansiaba solamente conversiones voluntarias, sinceras e incruentas. Su oposición a que los inquisidores pisaran Granada terminaría costándole muy cara.

    El nuevo confesor de Isabel, fray Francisco Jiménez de Cisneros, consideraba inaceptable el método blando de Hernando de Talavera. Quería que con los moros se hiciera lo mismo que con los judíos, a los que se había esquilmado y desterrado o convertido para después acusarlos de herejía, torturarlos, confiscarle los bienes y,  a la postre, encarcelarlos, ejecutarlos o quemarlos vivos en auto de fe.

    La diferencia radicaba en que con los judíos no se había hecho ningún acuerdo ni firmado tratado alguno. Pero con los moros los reyes católicos habían empeñado su palabra.  No obstante, Cisneros, que ya había mostrado un extremismo sin par a lo largo de su carrera eclesiástica, unas obcecaciones insanas y todo el talante de fanático que pudiera imaginarse, avanzaba con su plan.

    Con el privilegio de la cercanía del confesor, Cisneros acicateaba a Isabel. Encontró el primer resquicio formal en los “elches”, renegados de la religión cristiana, que a su juicio no estaban amparados por el tratado que comprometía a los reyes. Convenció así a los monarcas para que le abrieran la primera puerta hacia la cadena de iniquidades que iría llevando a cabo en Granada y otras ciudades cercanas.

    Isabel, golpeada por la muerte de sus hijos  Juan e Isabel,  su nieto Miguel y la locura de Juana, flaqueaba. Cayó enferma. En tanto, Cisneros seguía adelante con su proyecto: diezmaba Andalucía y zahería a Hernando de Talavera. En circular oprobio, la reina había retornado al yugo espiritual de iniciales confesores fanáticos y crueles.

    Sin haber podido honrar plenamente la palabra empeñada, en parte seguramente por las malas artes dialécticas de su último confesor, Isabel falleció a los cincuenta y tres años, en 1504. Su muerte profundizó las desgracias del equilibrado Talavera: contra toda coherencia, le cayó encima la Inquisición, que no pudiendo apresarlo a él sin más trámite, le encarceló a sus parientes cercanos. Fue la primera acusación a un Arzobispo de la que se tuviera noticia. Los denuestos del cardenal Cisneros, que aspiraba a ser inquisidor general con el apoyo del rey Fernando, habían dado fruto.

    Aunque parezca mentira, no pocos historiadores coinciden en afirmar que el agua y el aceite, es decir: Hernando de Talavera y Francisco Jiménez de Cisneros, fueron los confesores predilectos y más queridos de Isabel. Hasta Pedro Miguel Lamet, autor de Yo te absuelvo, majestad –libro recomendado para entusiastas del tema-, afirma, al referirse al deceso de la reina y a ellos, que “no pudieron encontrarse junto a su lecho de muerte ninguno de sus dos confesores predilectos”.  En fin…




     

    Difunde esta nota
  • Hoy, la Universidad Nacional del Comahue cumple 50 años. Felicidades!

    El 15 de marzo, de 1972, comenzaban a dictarse las primeras clases en la Universidad Nacional del Comahue. Hoy, uno de los centros académicos más importantes del del norte de la Patagonia, cumple 50 años de vida. Las celebraciones por su medio siglo de historia, se extenderán a lo largo de todo el 2022, con…

    Difunde esta nota
  • Alak le hizo un guiño a los radicales y pidió construir «consensos amplios» contra Milei

     

    En La Plata, peronistas y radicales homenajearon juntos a Raúl Alfonsín a 99 años de su nacimiento. El gesto político trascendió el recuerdo al ex presidente radical y concentró expresiones orientadas a generar acuerdos para enfrentar a Javier Milei.

    En el acto organizado por el municipio y la Junta Central de la UCR platense, Julio Alak recordó que Alfonsín fue quien propuso un «tercer movimiento histórico», que apelaba a superar viejas divisiones partidarias y construir un gran acuerdo nacional.

    «Hoy, frente a los desafíos que atraviesa nuestra sociedad, esa idea vuelve a adquirir una enorme vigencia. Argentina necesita nuevamente la capacidad de construir consensos amplios, de superar divisiones estériles y de pensar el futuro», dijo.

     Yo lo escucho a Alfonsín y a Storani y no hay mucha diferencia cuando lo escucho a Axel, hay un mensaje que es muy parecido. La cuestión es si tenemos el arte de construir un acuerdo 

    Consultado por LPO tras el acto sobre si esa construcción de consensos amplios implicaba una estrategia electoral contra Milei, Alak dijo: «Hablar de una propuesta electoral es muy anticipado, pero si podemos hablar de principios que nos unen».

    Y agregó: «Hay que conformar un espacio de diálogo y coincidencia en principio y el destino dirá si hay grandeza para conformar un frente electoral».

    Como contó LPO, Alak viene dando pasos en plan de instalar su candidatura a gobernador con perfil transversal. Tras mostrarse recientemente con Fernando Gray (que jugó en octubre pasado por fuera del peronismo) y con el camporista Julián Álvarez, ahora el platense prepara una gira provincial.

    Será a través de los cursos de su Instituto de Capacitación Política (ICP), que años atrás lanzó con Axel Kicillof y Ricardo Alfonsín, con quien volvió a compartir escenario este jueves.

    Alak prepara una gira con cursos de formación política para instalar su candidatura a gobernador

    «Hace rato que venimos reclamando una salida, con la posibilidad de que los partidos sean capaces de llegar a acuerdos esenciales», dijo el hijo del ex presidente en su intervención de este jueves, donde definió al gobierno de Milei como «el más autoritario, menos republicano y menos federal desde 1983».

    En esa línea, Federico Storani definió a Milei como un «presidente sumiso que entrega los intereses de la Nación» y dijo que la «la construcción democrática va mucho más allá de una expresión partidaria o sectarias».

    Así, tras recordar el encuentro entre Perón y Balbín, sostuvo: «Lo que hay que preguntarse es cuándo hay que darse la mano para ampliar la base de sustentación política que sea capaz de acometer los desafíos presentes».

     Radicalismo bonaerense y peronismo bonaerense se parecen bastante 

    El titular de la UCR platense, Pablo Nicoletti, también hizo una alusión implícita a Milei al advertir que «Alfonsín no era un líder que salió de la nada, vacío de contenido» y, tras encuadrar al ex presidente como un referente del campo popular, focalizó en «la necesidad de construir nuevos pilares».

    Tanto Ricardo Alfonsín como Federico Storani vienen dando expresiones relativas a generar acuerdos amplios para enfrentar a Milei.

    Pero un dato es que, en este acto, participaron en la primera fila dirigentes de las distintas expresiones internas del radicalismo, desde el senador Maximiliano Abad hasta el referente de Evolución en la provincia, Pablo Domenichini.

    «Yo lo escucho a Alfonsín y a Storani y no hay mucha diferencia cuando lo escucho a Axel, hay un mensaje que es muy parecido. La cuestión es si tenemos el arte de construir un acuerdo que, en un principio, creo que no debe ser electoral, debe ser de principio», dijo a Alak ante la consulta de LPO.

    En clave de construcción provincial, Alak observó que el peronismo y la UCR «tienen una génesis bonaerense» y que, por tanto, «el radicalismo de la provincia es muy distinto al radicalismo del interior y el peronismo de la provincia es muy distinto al del interior. Radicalismo bonaerense y peronismo bonaerense se parecen bastante».

     

    Difunde esta nota
  • Dibujo a mi tío para encontrarlo

     

    A mi tío lo baleó una patota parapolicial en una emboscada, mientras intentaba escapar por la ventana del primer piso de una casa en Mar del Plata. No es, la historia de mi tío, una historia de desaparecidos. Pero yo todavía lo sigo buscando. Mi tío, Pacho Elizagaray, tenía 24 años cuando lo mataron. Mi tío está. Mis abuelos pudieron llevarle flores. Mi papá, tres años menor que él, pudo llorarlo. Sabemos dónde está su cuerpo. Hubo un juicio en 2016 y algunos de los responsables de su muerte fueron condenados. No todos. Pero mi tío está. Y yo todavía lo sigo buscando. 

    La de mi tío Pacho no es, entonces, una historia de desaparecidos. Es una historia de silencios. Y el silencio es una forma de la ausencia. 

    Mi abuelo presentía que a Pancho lo iban a matar. Mi abuelo se llamaba Carlos Elizagaray. En marzo de 1975, un año antes del golpe, era senador del Frejuli. Lo tenían entre ceja y ceja y ya lo habían amenazado varias veces. Gente que se identificaba como miembros de la Concentración Nacional Universitaria (CNU) le había dicho que si Pacho no dejaba de joder lo iban a tener que ir a reconocer a un baldío. Mi tío Pacho estudiaba derecho y era uno de los principales referentes de la Juventud Universitaria Peronista de Mar del Plata. Entre otras cosas, había participado de las negociaciones que lograron instaurar la gratuidad universitaria en el 73. La CNU, mientras tanto, quería desmantelar a la militancia de izquierda en la universidad y en la ciudad. 

    Mi abuelo Carlos habló con mi tío cuando un ex compañero del Ejército le dijo que Pacho estaba en una lista y que lo iban a ir a buscar. Pacho siguió militando. Hasta que los de la CNU atacaron. La madrugada del 21 de marzo de 1975 lo fueron a buscar en la casa donde estaba con su tío y sus primos y los mataron a los cuatro. 

    Mi abuelo hablaba poco de ese día. Mi papá me contó más de una vez su recuerdo de escuchar desde la planta alta los pasos y la voz de mi abuelo cuando entró a la casa familiar y le dijo a mi abuela: “Maucita, nos destruyeron la vida”. Había subido al techo de la casa donde reconoció el cuerpo del tío Pacho. Era el único que quedaba. A los otros tres se los habían llevado a un descampado donde los fusilaron y los dejaron tirados. La CNU tenía la estrategia de dejar los cuerpos a la vista para infundir terror. 

    Veinte años antes, en septiembre del 55, mi abuelo Carlos había estado parapetado en la terraza de Casa Rosada ametrallando a los aviones que bombardearon Plaza de Mayo. Era bien peronista mi abuelo. Y era natural que sus hijos – mi tío, mi papá, mi tía – salieran también militantes. Mi papá militaba en una unidad básica de su barrio y siempre se lamentaba no haber escuchado nunca a mi tío en una asamblea en la universidad, ni dando un discurso. Decían que era buen orador. Y yo, que no lo conocí a mi tío Pacho, porque nací 17 años después de su muerte, lo sigo buscando. 

    El pasado, mientras tanto, parece alejarse más. Parece diluirse hacia atrás, o hacia algún fondo, como si se vaciara en una rendija oscura. Los rostros en los carteles de las plazas de todo el país, para muchos, dejan de ser personas y se vuelven eso: rostros sin nombre en carteles grises. Desconocidos para la mayoría. Cada vez más. Pero eran hermanos, amigos, padres, tíos. El duelo muta, toma nuevas formas, se esconde y brota en formas que no imaginamos hasta que se nos aparece. Y cada uno hace lo que puede hacer con eso. 

    De mi tío siempre supe poco. Cada vez que lo nombraba, se repetía una historia corta que era siempre la misma. Y después el silencio. Siempre me mostraron una misma foto de él. Un retrato sonriente, ya veinteañero. También había un cuadro pintado por él decorando una de las habitaciones de la casa. Nombrarlo no estaba prohibido, preguntar tampoco. Pero siempre era angustioso recordarlo y eso impedía hablar más. 

    Siempre sentí que me hubiera llevado muy bien con mi tío. Me gustaba pensar qué conversaciones hubiéramos tenido. Imaginar a qué se dedicaría si hubiera vivido más. Me parecía que el arte – él con la pintura, yo con la ilustración- era algo que nos podría haber unido. Quizás, de hecho, sí nos une. 

    Sentía que algo de Pacho habitaba en mí. Aún sabiendo tan poco, y acostumbrada a esa forma de las cosas. Me di cuenta el 24 de marzo de 2024 en plena Plaza de Mayo. Íbamos llevando un cartel con un retrato de mi tío. No lo habíamos hecho antes. Y en un momento se acercó un pibe de mi edad a mirar: 

    — ¿Sos algo de Pacho? — me preguntó — Yo lo conozco, era el mejor amigo de mi abuela. 

    El pibe, resulta, sabía más que yo de la historia de mi tío. 

    No teníamos la tradición de ir a la plaza los 24. A mi abuelo no le gustaban las multitudes. Comenzamos a ir más grandes, nosotros. Ese año era la primera vez que llevábamos las fotos de Pacho a la plaza. También de sus primos y su tío, las otras víctimas de la masacre de marzo del 75. Se lo había propuesto a mi viejo, hábil carpintero, que armó unos soportes de madera; yo imprimí las fotos y también la copia de una ilustración que había hecho de él cuando no pudimos marchar en la pandemia. 

    Después de ese día todo sucedió muy rápido. Subí la foto con el cartel de mi tío a Instagram y me escribió otra compañera de Pacho que a su vez me conecto con otros, y ellos a su vez con otros. Armé un archivo en la compu con sus nombres y números de teléfono. Los fui contactando uno a uno, y empecé a visitarlos. 

    Recién ahí, cuando sentí que era el momento, me animé a abrir más la charla con mi papá. Y descubrí, cuando pudimos conversar, un alivio muy profundo. La palabra liberada era un refugio. Conocer más de la vida de mi tío Pacho, contarla, era una forma de hacer algo por mí y por su memoria. Ayudaba a superar el dolor. Con el tiempo, pronunciar el nombre de mi tío Pacho dejó de generar un nudo en la garganta. Algo ahí se aflojó, y fue gracias a esa búsqueda.

    Como aquellos que buscan los restos de sus desaparecidos, yo busco los restos de la historia de mi tío en cada una de las personas que lo acompañaron en su vida, y en especial en sus años de militancia. Siento la urgencia de recopilar cada memoria de él. Siento que todavía estoy a tiempo. Muchos hombres y mujeres de su generación siguen presentes, pero cada vez quedan menos. Recién en agosto de 2025 fui a conocer a La Polaca, la abuela de ese chico que se me acercó en la plaza y me despertó el impulso de buscar y saber más. Viajé con mi mamá a Mar del Plata para verla. Me puse nerviosa antes de entrar, me pasa antes de cada encuentro.  

    La Polaca murió dos meses después de nuestra visita. Me quedaron más preguntas por hacerle. Pero ahí tomé conciencia de que la conversación entre generaciones es imprescindible y no es algo que pueda quedar para otro momento.

    En cada encuentro, con cada uno de ellos, pienso lo que me cuentan en imágenes. La Polaca era la esposa de un referente político al que Pacho admiraba, y la casa de ellos era el lugar donde se juntaban todos. Pacho se reunía a veces a solas con La Polaca y sentía esa casa como un refugio. Ella le hacía siempre una sopa con remolacha y un sandwich de rabanito. Yo no sabía que a mi tío le gustaba eso. Y a mí me encantó siempre el rabanito. Ahí encontré, quizás, una razón. Cuando la escuchaba, veía la imagen de mi tío en su casa. 

    Cada persona que llamo para hablar de mi tío me recibe con entusiasmo. Todos quieren contarme de él. Son siempre conversaciones para recordar con alegría. Hablamos de recuerdos íntimos. Humanos. Como los que encuentro cuando veo las fotos de los álbumes familiares, a los que vuelvo todo el tiempo porque lo que aprendo quiero dibujarlo. En las fotos noté que siempre, en la parte de arriba, en mi familia tenían la costumbre de escribir chiquitito el año: 73, 74. En esas fotos casi siempre la gente está feliz. Yo me obsesiono un poco con la fecha. Los veo en las imágenes y pienso cuánto faltaba para la masacre. Pienso que ellos están ahí en la foto, sonriendo, sin saber lo que va a pasar. Y yo sí sé. 

    Mientras miro las fotos y escucho a cada persona con la que puedo encontrarme en la búsqueda, pienso en cómo entendemos lo que nos queda del pasado a medida que nos alejamos en el tiempo. Como, con el paso de los años, nos cuenta entender esa época. La violencia de los setenta, que no empezó con el golpe de marzo del 76. Que empezó en democracia y empezó por el odio y el desencuentro entre los que pensaban distinto. Pienso en cómo heredamos la herida. Cómo llega a nuestras generaciones. Qué formas tiene. Y sobre todo, cómo le explicamos a los más jóvenes la complejidad de una época que se sigue estirando sobre nuestras propias vidas. 

    Sigo conversando con los que puedo. Sigo buscando. Avanzo, escucho, registro como puedo. Quiero filmar, pero no sé filmar. Pido un grabador para guardar las charlas con mejor calidad y hago lo que puedo. Trato de sacar alguna foto en cada encuentro. Al salir anoto las sensaciones que me dejó la conversación, detalles que no quiero olvidar. Trato de bajarlo todo a dibujos rápidos. Me aparecen escenas, imágenes de esas anécdotas. Eso puedo y eso me sale. Dibujar. Dibujarlo a mi tío Pacho es mi manera de encontrarlo. 

    La entrada Dibujo a mi tío para encontrarlo se publicó primero en Revista Anfibia.

     

    Difunde esta nota
  • Día Mundial del Agua: crear conciencia sobre su importancia para la vida

    El Día Mundial del Agua se celebra cada año el día 22 de marzo. La Dirección de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Municipalidad de Villa Regina recuerda que es una fecha creada para reflexionar y discutir acerca de la importancia vital que posee este recurso para nuestra supervivencia como habitantes de este planeta. El…

    Difunde esta nota