El poder aglutina. Es una máxima que sin dudas rige la realidad y la política. El poder define un lugar, todos y todas buscando un espacio. Estar cerca de lo que les permitiría el acceso a aquello que quieren (un empleo, dinero, privilegio, visibilidad). En general esto sucede con los oficialismos, se rodean de gente convencida de lo que proponen y también de aduladores y oportunistas que vienen en el combo.
Al igual que existe la aglutinación por la positiva, también hay personas que se aglutinan “en contra de”. Algunas veces por convicción, otras por conveniencia, pero lo que está claro es que la posición que predomina es la oposición a quien ejerce el poder y que ostenta aquello a lo que el individuo o conjunto “aspira”.
Esta última situación vista en infinidad de momentos de nuestra historia (recientemente la Alianza, Frente de Todos, Cambiemos) no se verifica en el presente. Nuestro país se encuentra sumergido en una degradación y disputa política que no escapa de la cuestión social. El “jugar a perder” (ya sea por falta de apoyo, trabajo a reglamento y/o raspar al compañero/a) se ha convertido en la práctica habitual de quienes no detentan el poder pero quieren alcanzarlo dañando a quienes piensan más o menos parecido.
Las enseñanzas del presente
Si llegaste hasta acá leyendo es probable que hayas estado pensando en el affaire Cristina Fernández de Kirchner – Áxel Kicillof, pero el punto es más amplio y abarca a todo el espectro ideológico. En 2023 y contra todo pronóstico, Mauricio Macri destruyó la candidatura de su alfil natural, Horacio Rodríguez Larreta, hasta consumar su derrota (la de Rodríguez Larreta y la de Macri mismo).
Es interesante detenerse en este ejemplo. Macri ha acabado con las aspiraciones políticas primero de María Eugenia Vidal y luego de Larreta. Personas de su riñón o que al menos lograron construir junto con él una fuerza política que llegó a conducir tres de los gobiernos más poderosos de Argentina (nación, ciudad y provincia de Buenos Aires). Terminado su gobierno sólo le quedó la Ciudad de Buenos Aires. Cuando la lógica decía que Rodríguez Larreta o una opción del “centro” sucedería al gobierno de Alberto Fernández, Macri primero apoyó la candidatura de Bullrich en detrimento de la de Rodríguez Larreta y luego la de Milei por sobre Bullrich para que el primero derrote a Massa.
Este desmembramiento planificado de personas que podían hacerle “sombra” en su propio espacio político llevó a prácticamente la disolución de su fuerza política. De la posibilidad de un gobierno que lo reivindicara o incluso de “albertizar” a Larreta o Bullrich dejándolos sin el control legislativo, pasó a la posibilidad cierta de perder su bastión electoral o la migración de dirigentes y gobernantes del PRO/Cambiemos hacia un mejor clima que da el resguardo del poder nacional. Hoy el PRO sólo se sostiene por dirigentes que mantienen la marca pugnando por mejores lugares con la Libertad Avanza.
Del otro lado de la oposición de la oposición de la oposición no hay mejores novedades. Cristina no parece haber aprendido de los errores de Macri y ha puesto en jaque a quien en los papeles es garante de continuidad en su ideología y (hasta ahora) quien la reivindica y defiende en público. En una posición de fragilidad, con la posibilidad de proscripción por el proyecto de Ficha Limpia y de la posibilidad de firmeza de su condena ante un revés de la Corte Suprema de Justicia, ha ocupado el último año en pulsear con el gobernador de la provincia de Buenos Aires para saber quién manda en su espacio. Algo que a la luz de la historia parecería irrelevante ante la posibilidad cierta de un fracaso y consecuencias que podrían sí ser históricos. La expresión “ha ocupado” surge de la imposibilidad de pensar que una conducción tan verticalista omita que sus cuadros friccionan al principal exponente de su fuerza.
Está claro que no se agota aquí la cantidad de ejemplos que se podrían dar y que esto va de arriba hacia abajo, siendo incluso las operaciones más crueles a medida que se va a las bases produciendo heridas muy difíciles de cerrar.
“Si dios es con nosotros, quién está con ellos”
Puede que haya personas que tienen la convicción del salvador. Que piensan que las y los suyos son los mejores para llevar la tarea adelante, lo que “hay que hacer”. ¿No es acaso el pensamiento de la mayoría de quienes hacen política con algo de responsabilidad y convicción?
Creer que sólo la facción a la que represento es la mejor para llevar adelante una tarea es lo que nos ha traído hasta acá tanto en términos partidarios como de país. Sólo sirve para eventualmente ganar alguna elección pero no para construir futuros promisorios o al menos que sean estables. Esto le cabe a toda la clase política, desde Cristina a Milei, desde Massa a Grabois, desde Del Caño a Bullrich.
Novela de iniciación donde Julia, la protagonista, desanuda recuerdos de su adolescencia vividos durante la última dictadura militar. En un confesionario improvisado y con la mejor onda de una terapia es interpelada por una figura anónima, quien se vale de una sólida perspicacia para llegar al fondo de sus emociones. Hija de una familia progresista,…
Las luces amarillas que vienen encendiéndose en distintas empresas ligadas al agro ahora alcanzaron a Metalfor, una de las fábricas de maquinaria agrícola más emblemáticas del interior productivo, que dejó un tendal de cheques rechazados por 120 millones.
El presidente de la empresa, Eduardo Borri, admitió que sufrieron episodios de «estrés financiero», pero en diálogo con LPO dijo que «el problema está resuelto». Lo curioso es que los problemas financieron coincidieron con el anuncio de un crédito por USD 50 millones de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de Estados Unidos (DFC).
Como sea, Borri atribuyó los cheques impagos a «una combinación de factores», entre los que mencionó el encarecimiento abrupto del crédito, el cierre del mercado de capitales y un efecto contagio provocado por la crisis de otras firmas del sector.
Borri es un entusiasta de la administración de Milei y suele retuitear a los ministros, incluso a Federico Sturzenegger, uno de los más enfáticos en afirmar que la industria argentina debe desaparecer, si no logra ser competitiva.
Metalfor no es una empresa menor. Con más de 50 años de trayectoria, especializada en pulverización y fertilización, construyó un modelo de negocios poco habitual en la industria: integra toda la cadena comercial, con locales propios en lugar de concesionarios, toma máquinas usadas como parte de pago, las reacondiciona y las vuelve a colocar en el mercado entre pequeños productores y contratistas.
La empresa tiene dos plantas en Marcos Juárez, una en Noetinger y una unidad industrial en Ponta Grossa, en el estado brasileño de Paraná. En total emplea a unas 1.100 personas, muchas de ellas en localidades de menos de 10 mil habitantes. «Nuestro impacto se multiplica por cuatro en los lugares donde estamos», subrayan en la compañía, conscientes del peso político y social que tiene cualquier ruido financiero en el interior profundo.
Borri es un entusiasta de la administración de Milei y suele retuitear a los ministros, incluso a Federico Sturzenegger, uno de los más enfáticos en afirmar que la industria argentina debe desaparecer, si no logra ser competitiva.
Según Borri, el punto de quiebre llegó a fines de 2024 y comienzos de 2025, cuando varias empresas ligadas al agro empezaron a mostrar dificultades para refinanciarse. «Fue una especie de efecto puerta 12. Una estampida que nos terminó arrastrando», explicó. Entre diciembre de 2024 y julio de 2025, Metalfor canceló cerca de 20 millones de dólares en obligaciones negociables y recibió una capitalización adicional de 10 millones de dólares por parte de sus accionistas.
En paralelo, la empresa gestionaba un crédito clave con la Development Finance Corporation (DFC), el banco de desarrollo del Tesoro de Estados Unidos. El financiamiento, por unos 50 millones de dólares, terminó llegando más tarde de lo previsto, luego de completar su aprobación en el Senado norteamericano. «Fuimos la única empresa argentina aprobada en 2025», remarcan en Metalfor. Esos fondos se destinaron a cubrir el financiamiento que la firma tiene colocado en clientes y a ordenar su exposición en el mercado de capitales.
Una de las plantas de Metalfor.
El episodio de los cheques rechazados, que volvió a instalar el ruido en los últimos días, se dio en medio de un clima general de desconfianza y dificultades en la cadena de pago. La semana pasada, el presidente de Adeba advirtió públicamente sobre el fuerte aumento de cheques rechazados en el sistema, un dato que golpea de lleno a las empresas que dependen del financiamiento comercial para sostener ventas.
El punto de quiebre llegó a fines de 2024 y comienzos de 2025, cuando varias empresas ligadas al agro empezaron a mostrar dificultades para refinanciarse. Fue una especie de efecto puerta 12. Una estampida que nos terminó arrastrando.
Además, en el complejo industrial apuntan contra el funcionamiento del pagaré bursátil, un instrumento que se expandió con fuerza en los últimos años. «Cuando emitís una obligación negociable sabés a quién le debés. Con el pagaré bursátil no, y hubo una exageración en el uso de ese producto», contó a LPO un empresario de Santa Fe.
El tema se complicó aún más luego de la sequía histórica de 2023 que agregaron malas calificaciones crediticias y el escenario se terminó de entorpecer con reacomodamiento posterior a la devaluación del cambio de gobierno.
El caso Metalfor vuelve a exponer una tensión de fondo que recorre al agro y a la industria: empresas con facturación relevante -en este caso, unos 125 millones de dólares anuales- que dependen cada vez más de un mercado de capitales chico, caro y volátil, y que quedan expuestas a cualquier sacudón sistémico. «Si se eliminan las retenciones, el gringo compra de todo», resumen en la firma, como síntesis brutal de un problema estructural que va mucho más allá de un cheque rechazado.
El Intendente Marcelo Orazi fue el encargado de brindar las palabras de bienvenida en la apertura del 4º Foro Patagónico y 2º Latinomericano de Energías Sustentables que se desarrolla bajo la modalidad virtual y que tiene a Villa Regina como sede. En la oportunidad Orazi destacó que “es un gran honor como Intendente ser el…
La premier italiana Giorgia Meloni, aliada europea de Javier Milei, se bajó definitivamente del «board» de la paz de Donald Trump para reconstruir Gaza.
El canciller Antonio Tajani confirmó que Italia no participará del grupo creado por el republicano para eclipsar el rol de las Naciones Unidas.
Tajani usó como argumento un impedimento de la Constitución italiana, que no permite que el país se una a una organización dirigida por un solo líder.
«No podemos participar en la Junta de Paz porque existe un límite constitucional. Seguimos dispuestos a debatir iniciativas relacionadas con la paz. Estamos listos para aportar nuestro granito de arena en Gaza y también en la formación de la policía», dijo Tajani, según adelanto la agencia Deutsche Welle.
Meloni tiene un vínculo estrecho con Milei pero fue crítica de las últimas decisiones de Trump, como su amenaza de anexar Groenlandia. Sin Italia, la representación europea en la Junta de Paz de Trump recae en Kosovo, Bulgaria y Hungría, gobernada por otro ultraderechista como Viktor Orban.
En tanto que en Sudamérica los únicos países que hasta el momento aceptaron la invitación de Trump fueron Argentina y Paraguay. La nómina se completa con naciones como Jordania, Kazajistán, El Salvador, Mongolia y Qatar.
Este fin de semana se corre en #VillaRegina la 3ra fecha del Campeonato Regional de Rally. Toda la info en el siguiente contenido la brinda el Dir de Deportes Damián Alvarez. Hoy viernes 19hs la «La largada simbólica» en Plaza de los Próceres. Atentos a los reginenses amantes del Rally que van a la barda…
Fotos: La Conquista del Hogar, Adriana Lestido, 2022
La modificación a la Ley de Glaciares es una amenaza directa al pulso vital de las nacientes de treinta y nueve ríos, cuyas cuencas sostienen la vida mucho más allá de las cumbres. Casi la mitad de esos caudales vienen de sistemas glaciares de los Andes áridos, donde el hielo se infiltra en un viaje invisible hacia el territorio de manera interprovincial, abasteciendo a localidades incluso cientos de kilómetros aguas abajo.
Hace dieciséis años, cuando la crisis climática apenas era un diagnóstico, la Ley de Glaciares nació de un concenso pionero entre la comunidad científica y la ciudadanía. La Ley establece protecciones mínimas para los cuerpos de hielo y así garantiza el recurso a siete millones de argentinos. Impide, por ejemplo, el extractivismo minero y petrolero donde existen fuentes de agua dulce. Pero bajo supuesto lobby de la “Mesa del Litio” y la “Mesa del Cobre”, Milei envió al Congreso una reforma a esa ley que pretende fragmentar esa protección federal: habilita que este tipo de proyectos, a través de un trámite administrativo ante cada gobierno provincial, puedan ser ejecutados sobre un glaciar.
En total, una de cada cinco personas de nuestro país depende del agua que baja de la cordillera. A su vez el 20% de la infiltración a las cuencas depende no solo de los cuerpos glaciales principales, sino del ambiente periglacial. Esa zona congelada alrededor de los principales cuerpos de hielo, junto a glaciares de escombros y nieves perennes, pueden aportar hasta la mitad del agua para la población cordillerana en épocas de estrés hídrico. Esto no es sólo el agua que tomamos, sino también la que estructura todas las actividades humanas, incluyendo el cultivo de alimentos luego comercializados en todo el país. Entender que somos partes de las cuencas en que vivimos es dimensionar hasta qué nivel el agua está inscripta en toda nuestra materialidad. Lo que tocamos, comemos, tomamos, depende de la disponibilidad del agua. Y al menos hasta ahora, la humanidad no pudo desarrollar ninguna infraestructura que sea capaz de reemplazar la función del hielo como fuente de agua.
La pérdida acelerada de la criosfera andina por el desequilibrio climático reduce la disponibilidad y la estabilidad del agua en gran parte de la Argentina, afectando directamente a cuencas que dependen de glaciares, nieve y ambiente periglacial, y empeorando el estrés hídrico estructural para la mayor parte de nuestro país.
¿Qué conflictividad institucional van a generar las empresas mineras y petroleras que se apoyen en una reforma inconstitucional para avanzar en sus actividades? ¿Cuánta licencia social habrá para acaparar agua cuando el sueldo no alcance para bidones? El intento de vaciar la Ley de Glaciares por parte del sector minero es histórico, pero aparece ahora asociado a una ola de retrocesos en la gestión del agua en Argentina que incluye privatizaciones y vaciamientos estructurales varios. En los últimos dos años la política hídrica nacional viene apoyando la destrucción de las estructuras estatales para dejar en (pocas y extranjeras) manos privadas el poder de decisión sobre la trama de la vida.
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Edilsa Ibañez llega al comienzo del páramo colombiano donde creció. Al pie de la pradera de montaña y antes de empezar a echar pata, pide permiso. Sabe que la sierra da paso a quien entiende que en su espacio no hay sólo un recurso, si no un compañero de vida, un sostén. Para quienes habitan todos los días un entorno así, es cotidiano encontrar en ese paisaje un pedazo del propio corazón. Edilse es una mujer paramera. Su casa es lo que antes era nombrado tierra adentro, pero ahora es un parque nacional, territorio concesionado al resguardo del pueblo U´wa. Es guía de montaña y vive echando pata, subiendo y bajando de la sierra como modo de vida. Su identidad está inscripta en los glaciares de la sierra del Cocuy, y por esto está en peligro. A lo largo de esas superficies congeladas se criaron, se enamoraron, aprendieron a vivir en sintonía con los tiempos de la montaña, Ahora intentan proteger sus formas, ante la amenaza que significa la crisis ambiental para ese territorio.
El hielo se derrite, y la que fue la masa continua de nieve más grande de Sudamérica al norte de la línea del Ecuador hoy está fragmentada en quince pequeños glaciares. Para un pueblo criado entre lo congelado, la muerte del hielo implica también su muerte. El quiénes son depende de su entorno de la forma más profunda posible. A los glaciares los U´was los llaman “zizumas”, es el lugar de descanso de grandes sabedores. Hasta dicen que el glaciar-zizuma fue parte de la creación del mundo. Si los Zizumas se derriten, ¿a dónde irán los antepasados?
Cerca de los veinte picos nevados que el pueblo U’wa entiende como parte de su identidad, empiezan en la Cordillera de los Andes. A lo largo de más de siete mil kilómetros, cientos de picos montañosos alojan a una enorme cantidad de biodiversidad de alta montaña, a lo largo de la cordillera y hasta llegar a Tierra del Fuego y hundirse en las aguas congeladas del Cabo de Hornos. Las conexiones culturales con las cumbres, sus aguas y sus cuencas son distintas para cada comunidad. La creación conjunta es evidente en la identidad de Edilsa y de la Sierra. ¿Cómo se conectan las culturas argentinas con esos cuerpos de hielo, con sus aguas? ¿Qué porción de quiénes somos se pone en juego si la Cordillera se reparte como una torta?
Sobre el otro contorno de nuestro mapa, el litoral ostenta una identidad indivisible con sus humedales, bajantes y crecientes que pulsan en la gran cuenca del Paraná-Plata. ¿Pero cuántas canciones hay para el Mar Argentino? ¿O para las nieves antárticas? Disputas como la del Río Paraná o la exploración offshore en costas bonaerenses, los reclamos de soberanía sobre el Mar Argentino cobraron mayor protagonismo en nuestra discusión social y política frente al negacionismo climático del oficialismo. La expedición a las profundidades del Mar Argentino realizada por el CONICET es uno de los ejemplos más interesantes para inscribir el territorio en la cultura. Personajes como la estrella culona ingresaron ahora al inconsciente colectivo, y ahora viven en dibujos infantiles, memes y remeras . La conexión cultural entre el océano y la argentina se ha transformado. Sabemos que en esas aguas hay mucha vida más allá de la humana, y tal vez ahora también ahora esté un pedazo del corazón del pueblo argentino.
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En ningún lugar del mundo natural el agua existe de forma inodora, incolora e insípida. Sus tonalidades, aromas y sabores son tan variados como los ecosistemas que la producen. Si las temperaturas se acercan a cero grados, cambian sus formas: puede estar congelada, en estado sólido o con porciones cristalizadas. A esa dimensión se la llama “criosfera”, elemento que no es exclusivamente hielo o agua, sino un “gradiente”, espectro de congelamiento fundamental para el balance climático planetario que incluye glaciares, hielos polares, nieve, hielos marinos o el permafrost, esas porciones de suelo, roca o sedimentos que se encuentran congeladas permanentemente. Como los humedales, los glaciares y las nieves andinas son reguladores estacionales: almacenan agua en invierno y la liberan en primavera y verano.
La retirada de los glaciares de montaña es global, y esto tiene implicancias irreversibles para la disponibilidad de agua dulce en lugares que no dependen de lluvias locales. Lo confirma el último informe global del Estado de la Criosfera: el daño es mucho más acelerado de lo que se esperaba. Esto tiene un impacto directo en los sistemas hídricos mundiales, por el efecto en la regulación estacional: cada vez habrá menos acceso al agua. Después de la Antártida, la Patagonia es la región global que mayores campos de hielo alberga. Y la que experimenta la pérdida más severa.
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«Quisiera tener un monte // en un lugar provinciano //
para sentir lo sagrado // a la hora en que el silencio // teje las rondas del canto«,
Atahualpa Yupanqui
En Argentina falta agua. El estrés hídrico es estructural: en casi dos tercios del territorio nacional, la necesidad de agua es siempre mayor que su disponibilidad. Y si bien la cuenca Paraná-Plata no tiene escasez crónica, la bajante de los últimos años ya está generando una enorme inestabilidad hídrica. Mendoza, en cambio, vuelve a estar desesperada: este 2026, en la provincia sólo habrá el 61% del agua de la media, según el Departamento General de Irrigación, principalmente porque en invierno no hubo nieve. Desde hace 25 años los mendocinos padecen la sequía hidrológica, y a pesar de eso la alianza entre Cornejo y la Libertad Avanza insiste en implementar proyectos mineros que consumen enormes cantidades de agua mientras criminalizan a activistas y defensores ambientales que defienden ese bien común. El Proyecto San Jorge, de extractivismo del cobre, data de 2007 pero hasta el último diciembre la protesta social impidió que pudiera concretarse. Fue aprobado en diciembre pasado: desde entonces la población mendocina se moviliza en una nueva gesta por el agua. Llegan a Uspallata para volver a decir no a la mina, el agua de la cordillera no se negocia.
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«Entre Glaciares y morrenas: agua sostenida por tierra: hielo.
Entre subducción y el tiempo: los Andes.”
Diario de campo de Elían Castellanos-Ruiz, 2021
La escala geológica de la Cordillera de los Andes involucra nociones de tiempo profundo. Aunque representantes del sector minero digan que los proyectos que avanzarían sobre ambiente periglacial son de “larga duración”, ¿qué son cuarenta años para un glaciar? Latentes entre los congelados pliegues de la montaña hay inscriptas etapas geológicas enteras. La nieve puede durar días, y el permafrost y hielo marino pueden durar años o décadas, pero adormecidas en el hielo glacial reposan tierras, arenas y materia orgánica con miles de años. Entre los cristales hibernan bacterias, algas, hongos y virus que incluso pueden ser enormemente peligrosos para una red global de vida que ha olvidado las defensas contra ellas .
La investigadora colombiana Elian Castellanos Ruiz estudia el vínculo entre los glaciares y el Pueblo U´wa, el campesinado y los montañistas, y para eso también ha caminado los territorios de la Sierra Nevada del Cocuy, en Colombia. En sus estudios retrata que se suele ver al hielo solo como indicador de la crisis climática, pero en realidad es parte del patrimonio cultural, ontológico y espiritual para muchos territorios. Según prácticas culturales situadas y arraigadas, como las del Pueblo U´wa, es posible afinar el oído y escuchar lo que baja, lento, desde otra era. Al volverse agua los glaciares liberan y cuentan sus historias propias. En el hielo vive también la memoria de las vidas no humanas que han caminado por estos mundos.
El proceso de desglaciación producto de la crisis climática sentencia para mitad del siglo la desaparición de los principales cuerpos. La muerte de un glaciar implica también el fracaso civilizatorio de vincularnos con ese tiempo profundo. Ruinas orgánicas que nos recuerdan que el pasado fue real y que hubo un mundo antes que nosotros.
Por eso quienes dicen “el agua es vida” no sólo se refieren a la vida biológica, a la supervivencia. El agua no sólo es dadora de vida, también la impulsa. Imprime movimiento y dinámica a la vida cotidiana. Sin ese arriba de la cordillera, habría ausencias aguas abajo. No sería el mismo el ritmo al cual pulsa la vida y la cultura. La identidad-territorio depende del agua, y cuando muere un glaciar perdemos la posibilidad de que identidades perduren.
En constante proceso de existencia y reexistencia, un glaciar nunca es el mismo, sino que a medida que pedazos del pasado se hacen agua en un lado, el presente vuelve a solidificarse. Un colosal barco de Teseo que fluye hacia las ciudades que se referencian geográficamente en los picos nevados, que nutren el orgullo de ser de la tierra desde la cual se ha crecido. El territorio no es sólo lo que moldea a los cuerpos, si no también las identidades. La cordillera nos construye como quienes somos.
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2019. A Katrín Jakobsdóttir le toca una tarea difícil. Como Primera Ministra de Islandia decide presidir una ceremonia de la cual odia formar parte. Caminará a través del hielo, junto a centenares de personas, para asistir al funeral de Okjökull. A la edad de 700 años, es el primer glaciar que “muere” oficialmente a causa de la crisis climática. Los que están ahí saben que no será la primera de estas despedidas, pero a las lágrimas les cuesta salir en el frío extremo. La conmoción no es tanto por el hielo que se va, sino por la impotencia que inaugura. Sobre el volcán que fue lecho Okjökull, la primera ministra deja una placa en su honor. La titulan Carta al Futuro: “Este monumento es para reconocer que sabemos lo que está ocurriendo y lo que debe hacerse. Solo ustedes sabrán si lo hicimos.”
¿Seremos las últimas personas en conocer glaciares? Pensar que el único propósito de un glaciar es ser agua, es limitarlo a una imagen de futuro de su final. Para la mirada economicista, un bosque no tiene ningún aporte a la economía hasta tanto y cuanto es talado. Para enormes sectores del poder, no hay nada que valga de un glaciar, hasta tanto y cuanto se vuelva agua. Hasta que deje de existir. Reducir los glaciares a “reservas estratégicas de agua” es encontrar su valor solamente en su final. Sólo valen hoy porque mañana dejarán de existir.
Muchos años más adelante, frente a la inestabilidad climática global, las generaciones más jóvenes recordarán aquella tarde en la que sus antecesores les contaron las historias del hielo que parecía eterno. Según la glaciología, la “muerte” de un glaciar es el punto en el que se reduce hasta tal punto que deja de moverse, entonces ya no será un glaciar sino un campo de nieve. A medida que el ambiente cambia también lo hacen dimensiones de la cultura, que se construye y reconstruye en sinergia constante con su entorno. Y al igual que un glaciar, si la cultura deja de moverse, puede implicar la muerte. Cuenta Castellanos Ruiz que un profesor del departamento de Guican así referenciaba a la pérdida de la memoria: No solo se derriten los glaciares, nosotros también nos estamos derritiendo.
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El ataque contra la Ley de Glaciares no es sólo contra los cuerpos de hielo. Es una ofensiva directa contra los vínculos posibles entre agua, cultura y tiempo. Desde aquel tiempo ancestral hasta hoy, hay solo un río de diferencia. El tiempo acumulado hoy es parte nuestra. Una memoria material que aloja pasados que insisten en decir. Que susurran lentitud y sugieren inmanencia. Conectar con su eventual desaparición es anticipar el duelo de lo que se irá. Hasta la tierra misma, la piedra que da forma a la cordillera, vuelve a moverse. Como se mueve también nuestra conexión con los procesos de desaparición de porciones del mundo natural, de duelo y de continuidad.
En las frías noches de los páramos colombianos, lo que iluminaba el camino de una joven Edilse y su comunidad eran unas plantas nativas: los frailejones. Las niñas se maravillaban cuando les tocaba usar las capas secas que recubren al tallo como antorcha que ilumina la oscuridad del páramo sin electricidad. El frailejón no era sólo una planta sino también un compañero que otorgaba la luz. Para los Uˋwa la humanidad y la naturaleza no están separadas, sino que las nieves o las plantas también son gentes. Gente no humana.
El compromiso con el territorio es tal que cuando el Pueblo U´wa vio fundamentalmente amenazado su territorio por el avance del petróleo entendieron que se trataba de un etnocidio, y así llegaron a tomar la más final de las decisiones. En un Manifiesto Público (hoy dificil de encontrar) declararon: “Preferimos una muerte digna, propia del orgullo de nuestros antepasados que retaron el dominio de conquistadores y misioneros”. Siete mil personas amenazaron con suicidarse colectivamente si su territorio era vulnerado. Casi veinte años después, y gracias a una inclaudicable tenacidad, lograron que la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconociera que tenían que proteger su vida cultural, espiritual y ancestral para tener una vida digna. La corte también reconoció su derecho a participar en la administración del Parque Nacional Natural El Cocuy.
Tener el privilegio de presenciar un glaciar y pensar que su presente no vale por sí mismo es algo incomprensible. Su muerte parece inevitable, sí, ¿pero acaso la nuestra no lo es también? Nada que viva es inmortal. Y conocer nuestro final nos abandona la ilusión de perdurar ¿Cómo delinear éticas del cuidado que incorporen los cuerpos helados más allá de la conservación? Castellanos Ruiz propone el cuidado glaciar: “Un cuidado que implica, más que a humanos, a gente(s), pensándonos Naturaleza desde un cuidado expandido. Parte de las redes que actúan desde lo local y sostienen la vida diariamente: en el encuentro de las gentes alrededor de los glaciares, de la vida“.
¿Qué tienen los glaciares argentinos para decirnos? ¿Qué de todos sus saberes guardan el potencial de pregnar en la cultura?“Es partir de nuestros cuerpos naturales y permitirnos ser naturaleza, en reciprocidad, tensión, conflicto, armonía, comprendiendo la expansión que somos y las redes que nos ombligan”, continúa Castellanos Ruiz.
¿Cómo pensar en formas de organización social que habiten las memorias de la naturaleza? Trayendo al presente lo que fue parte de otros pasados. O inscribiendo en el inconsciente colectivo el cuidado por lo que está más allá de lo conocido, desde el fondo del mar hasta el centro del hielo. Lo que, al igual que nosotros, lucha por re-existir en la tierra del pasado que recorremos.