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Nuevas Autoridades en el Gabinete Municipal

El día lunes 17 de enero asumirán dos nuevos funcionarios en el Gabinete Municipal. La nueva Directora de Turismo, Profesora María Luján Musso y el nuevo Director de Cultura, Martín Betancourt.

El Intendente Marcelo Orazi agradece a Silvia Alvarado y Katerina Iogna por el trabajo y compromiso que han tenido en sus tareas. Convencido que seguirán contactados pensando en las tareas, ideas, aportes y acciones en Cultura y Turismo.

Se felicita a los nuevos Directores que toman el compromiso de seguir trabajando para otorgarle relevancia a las áreas de Cultura y Turismo para continuar el cambio logrado hasta hoy en Villa Regina.

Los mejores éxitos a Silvia Alvarado que asume en la Secretaria de Estado y Cultura de la Provincia de Río Negro y a Katerina Iogna en los proyectos que emprenda de ahora en adelante.

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  • El libertario Roca pidió postergar la acusación contra el juez que censuró los audios de Karina

     

    El libertario Gonzalo Roca pidió este miércoles, en la comisión de Acusación del Consejo de la Magistratura, la postergación del trámite contra el juez Alejandro Patricio Maraniello, denunciado por abuso sexual y maltrato laboral. El pedido resultó curioso porque ese magistrado fue el que censuró a los medios que difundieron los audios de Diego Spagnuolo revelando la presunta trama de corrupción que involucraría a Karina Milei y los Menem.

    Pero el problema es que en las últimas semanas también ingresó un expediente desde la comisión de Disciplina por el cual la actriz Esmeralda Mitre también denuncia a Maraniello, por su inacción ante el maltrato que le habría dispensado Julio Saguier en una audiencia en el marco del litigio por la sucesión del diario La Nación.

    Según el testimonio de la heredera de los Mitre, el juez habría cometido «omisión consciente de actuar ante actos de violencia de género» por haber permitido que su contraparte la insultara sin intervenir. «Su inacción no fue un descuido, sino una omisión consciente de su deber de garantizar un proceso libre de violencia», dejó asentado ante el Consejo.

    La jugada de Roca para ayudar a Maraniello se produce, además, justo cuando Javier Milei escala su confrontación contra los periodistas en general y el diario La Nación en particular, tal como informó LPO.

    Juristas advierten que la cautelar del juez Maraniello es un delito: «Es abuso de autoridad»

    Por eso, sorprendió la maniobra al resto de los consejeros, que terminaron revelando que ese no había sido el acuerdo en la reunión previa al debate pero acompañaron la iniciativa con su voto, incluso los kirchneristas, en un insólito intercambio con el diputado cordobés, que con sus intervenciones seguía aportando a la confusión.

    A poco de iniciar la reunión, Roca planteó: «Tratemos todos los expedientes de todas las causas en conjunto para no ser improlijos (SIC)». El problema, advertido enseguida por Rodolfo Tailhade y Vanesa Siley, era que ya se había votado uno de los cuatro expedientes que tramitaban contra el juez.

    Santiago Viola, Alberto Maques y Alejandra Provítola.

    El larretista Álvaro González, desconcertado, pidió la palabra y preguntó: «qué es lo que estamos… (votando)». Tailhade rió y Roca se puso nervioso.

    El presidente de la comisión, el abogado Alberto Maques, trataba de interpretar el pedido del diputado libertario y, junto a su par César Grau, tradujeron que Roca promovía la postergación para «analizar y acumular los expedientes a los fines de la economía procesal».

    Sin embargo, Roca volvió a intervenir. «Perdón, perdón. Pero no es la moción que había hecho yo, tratemos de tener una reunión por acumulación de expediente», solicitó.

    Perdón, perdón. Pero no es la moción que había hecho yo, tratemos de tener una reunión por acumulación de expediente.

    El representante del Poder Ejecutivo en el consejo, Santiago Viola, no podía disimular su incomodidad. Es que el viceministro de Justicia ofició como abogado de Karina cuando Maraniello censuró la circulación de los audios de Spagnuolo en los que atribuía a la hermana presidencial el supuesto cobro de coimas en la Andis.

    En ese contexto, el senador Luis Juez confesó: «nos estamos enredando, a mí me parece una cosa de locos». La diputada Vanesa Siley, por su parte, objetó la propuesta de Roca: «Acabamos de votar el expediente 21/26, que es una denuncia contra Maraniello. Si hubiera sido lógico lo que había pedido Roca, no tendríamos que haber votado lo que acabamos de votar», argumentó.

    Acabamos de votar el expediente 21/26, que es una denuncia contra Maraniello. Si hubiera sido lógico lo que había pedido Roca, no tendríamos que haber votado lo que acabamos de votar.

    Maques, resignado, concluyó: «Por esta vez en particular, todo lo que tiene que ver con Maraniello queda suspendido».

    LPO había informado que la secretaria privada y jefa de Despacho del Juzgado de Primera Instancia en lo Civil y Comercial Federal N° 6 lo había acusado de «maltratado». Según su exposición, Maraniello «usaba plata del Estado para solventar los gastos de la Asociación», entidad que tenía entre sus auspiciantes, dijo, al intendente de José C Paz (en uso de licencia) Mario Ishi. «Maraniello respetaba las formas por WhatsApp, pero cambiaba radicalmente su actitud de manera presencial -aseguró-. Se iba de eje, perdía el equilibrio y te maltrataba. Se sacaba y no tenía límites», expresó.

    El magistrado fue denunciado en el Consejo de la Magistratura en 2024, a través de distintas presentaciones que formularon empleados en el sindicato Asociación de Judiciales y ante la oficina de Bienestar Laboral de la Cámara Civil y Comercial Federal. En la comisión de Disciplina se había escuchado a testigos como el ex camarista Guillermo Antelo, quien contó que oyó a una de las víctimas decir que Maraniello le exigía «usar pollera y tacos» y «todos los días entraba a su despacho, la agarraba de la cintura y la besaba». 

     

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  • Oh my god

     

    Veinticuatro horas antes de hacer bailar a una multitud en Plaza de Mayo, el padre Guilherme Peixoto se detiene en silencio frente a un mural en la Villa 31: ve a Maradona recostado estirar un brazo y el dedo índice intentando tocar, del otro lado, la mano de Messi; la imágen imita el fresco de Miguel Ángel donde Dios le da vida a Adán en el Génesis. Peixoto —el cura DJ, portugués, 51 años, zapatillas, jeans y camisa negra con el alzacuello blanco y la pelada brillante— medita un instante frente a la imágen y dice: 

    —Falta Cristiano Ronaldo. 

    Los demás se ríen. Cada quién con su Dios.

    Al padre Guilherme lo acompaña el padre Nacho —Ignacio Bagattini, un cura guapo de camisa gris a juego con el pelo y la barba al ras, párroco de la iglesia Cristo Obrero de la Villa 31— que le hace de guía durante todo el recorrido. Antes de lo de Maradona y Messi se habían detenido frente a un pilar de los que sostienen la autopista Illia, que pasa por arriba de la villa, donde hay un altar con una imagen del Papa Francisco. Un grupo de hombres que tomaban cerveza al pie de la imagen de Bergoglio se levantaron cuando vieron llegar al padre Nacho con toda la comitiva:  la sobrina del padre Guilherme, Mariana Gonçalves, de 21 años, la coreógrafa que le enseñó los pasos a los chicos de Ciudad Oculta que bailarán para el padre en el escenario de Plaza de Mayo; Ricardo Campos, asistente y productor; Walter Peña y Nicolás Cuiñas de la pastoral villera, y dos sobrinas del Papa Francisco. 

    En los pasillos de la villa se mezcla la música y cambia a medida que caminamos. En esta parada,  la que suena más cerca sale de un bar-kiosko con luces y mesas. Es Antes que me vaya de L-Gante. Mariana baila tímidamente.

    —¿Te gusta esta música?

    —Me gusta toda esta música— dice con su español de España, raspando la lengua entre sus dientes para pronunciar la ese.

    Ella es el puente de comunicación, porque el portugués de Peixoto es fuerte y su español es débil. Se hace entender, pero falta. Así que, además de organizar la coreografía, ella es la que traduce. También canta, su voz está en algunas de las canciones que el padre DJ mezcla con electrónica. Canciones que están en las plataformas en las que figura Padre Guilherme como artista. En Spotify tiene más de 245 mil oyentes mensuales. En la Plaza de Mayo y varias cuadras sobre la avenida se juntarán, al día siguiente, 250 mil. 

    ***

    La canción de “Protégeme señor con tu espíritu”, que hoy mezcla el padre Guilherme en el show, es muy conocida. También es un famoso meme-reel de Instagram. Pero algunas de las señoras de más de cincuenta que están en primera fila, frente al cura DJ, no lo saben. El público es enorme. Son las señoras. También son familias jóvenes y no tanto. Es un chico gay. Es una monja. Un chico disfrazado de cura. Uno que fuma porro, otro que lleva a su hija en los hombros. Otro que alza un muñeco de un extraterrestre. 

    Están los que creen, están los que se divierten. A algunos les pasan las dos cosas. 

    ***

    El viernes, previo al recorrido por el barrio, el padre Guilherme y su equipo ensayan con los chicos de Ciudad Oculta que bailarían en Plaza de Mayo: Fabián, Eva, Maca y Marcelo. Muchachos de no más de 25 años del Hogar de Cristo que andan con unas capas de tela translúcida tornasol con lucecitas amarillas. Capas que tienen palos en las puntas y que los chicos agarran para moverlas, en coreografía, como alas. Serán, en palabras de Oscar Soria, los angelitos. Oscar, activista argentino que vive en Nueva York, es vicepresidente de Miserando, una organización que se fundó en 2013 para expandir el legado de Francisco y que decidió organizar este evento para homenajearlo a un año de su muerte. Lo hicieron con el apoyo de decenas de voluntarios que se pusieron todas las tareas al hombro, a lo que se sumó el respaldo del Gobierno de la Ciudad y el Arzobispado de Buenos Aires. Desde el principio imaginaron un evento donde iba a venir gente de distintos lugares, pero sabían que el escenario debía ser la periferia del mundo y un lugar histórico y de peso político como la Plaza de Mayo: 

    —En tiempos de batalla cultural— dice Oscar —este es un evento que piensa en juntar a todo el mundo en busca de la paz cultural. 

    El ensayo es el salón de la escuela María Elena Walsh, cerca de la terminal de Retiro. Es una caja de cemento rectangular, vacía, con una pequeña tarima. Al cura le pusieron la consola encima de un banco de los que usan las maestras en las aulas. Mariana indica los movimientos. Fabián, Eva y Maca se dedican al baile, pero tienen poca experiencia, dan clases en la parroquia de su barrio. Marcelo es uno de los chicos que está en rehabilitación en los programas de la Familia Grande del Hogar de Cristo.

    En el ensayo, el padre toma mate, mientras maneja un controlador sencillo, muy distinto a los cuatro Pioneer que usará en el escenario de Plaza de Mayo.

    —Mañana va a tener cuatro controladores grandes y un monitor— dice Thiago, que hoy es su asistente pero antes fue profesor de Guilherme en el instituto de Porto donde aprendió a mezclar.

    Casi al final del ensayo, el padre pone un preámbulo de lo que será el mega evento: un pedazo modificado de Café con ron, de Bad Bunny, mezclado con con kicks y hi-hats. Los chicos bailan en círculo, las asistentes se suman a la rueda. También las sobrinas de Bergoglio y Walter y Nicolás de la pastoral villera. Arman un trencito y bailan la melodía del conejo malo con la letra cambiada “por la mañana café, por la tarde oración. Por la noche Dios con su protección”.

    ***

    Mientras cae la tarde del sábado, un rato antes de que empiece el show, el sociólogo y antropólogo Pablo Semán se refugia en el atrio de la Catedral, donde todavía queda un poco de espacio para circular y hablar con la gente. Semán lleva años estudiando la religiosidad popular y este le parece un acontecimiento fascinante. Charla con los que pasan. Les pregunta de dónde vienen y qué hacen aquí. Está tan entusiasmado que no ha venido solo. Otros cinco investigadores de su equipo se mezclaron entre el público en diferentes sectores para intentar hacer un gran barrido del lugar. 

    Para Semán, una buena parte de esta fiesta habla de una especie de movilización de una periferia del catolicismo que no se habría reunido así en la Plaza de no haber sucedido el papado de Francisco. 

    —Además de extenso y rico— dirá Semán a Anfibia después de la fiesta —se trata de un evento vinculado sobre todo con el mensaje más aperturista en lo social y cultural del papa Francisco. No de un mundo politizado que quiere encontrar una especie de anabólico para proyectos políticos que no están funcionando, que es algo que hacen los progresistas que admiran a Francisco y los peronistas más ortodoxos que lo admiran también. Aquí hay un público mucho más masivo y mucho más interesante, sobre todo desde el punto de vista de la iglesia católica. 

    ***

    El viernes por la tarde, antes de la fiesta, el padre Nacho apura el paso en el recorrido por la villa. Quiere llegar a tiempo a la misa de las siete, porque el padre Guilherme tiene prueba de sonido a las ocho en Plaza de Mayo.

    El padre Nacho saluda, lo saludan. Abraza, pega palmadas en hombros, levanta la mano para decir hola y adiós. Un grupo de gendarmería viene a contramano y uno de ellos saluda al padre Nacho, van camino a uno de los destacamentos de la policía que hay en el barrio, por el que la comitiva acaba de pasar. El destacamento está protegido por unas rejas de metal color gris.

    —Si la Gendarmería tiene rejas, qué podemos esperar nosotros —dice uno de los del grupo. Repite la frase entre risas, se celebra el chiste.

    El grupo camina al costado derecho, son varios y casi ocupan toda la calle. Detrás, autos o motos tocan la bocina cada tanto para pedir paso. El sonido de las bocinas se mezcla con el de los megáfonos con diferentes ofertas, con las voces de la calle. Con la voz del padre Nacho, que intenta explicarle los detalles del recorrido al padre DJ, que asiente, solo asiente. No dice mucho. A los costados los comercios en los primeros pisos de las casas chorizo están a luz prendida, con música para llamar la atención.

    —En el barrio hay mucha música —había advertido el padre Nacho en la parroquia del padre Mugica, donde vive. Antes de entrar al barrio. —Música peruana, que se mezcla con música de Bolivia, de Paraguay, de Colombia.

    Arriba, la tarde que cae sobre los cables y las escaleras caracol de hierro que parecen colgar de las casas. El cielo se pone algo rosa, algo naranja. Ya casi van a ser las siete, la hora en que la gente vuelve a casa del trabajo, la hora en que la gente sale a comprar algo para la cena. La hora de la misa.

    Ananás, tomates, papas, mamones, zanahorias en cajones de verdulerías. Ropas en maniquíes y en percheros sobre las veredas. Accesorios en tienditas color rosa. Pendones con los nombres de almacenes y el listado de cosas que venden. En un costado una casa de colores blancos y rojos: un santuario al Gauchito Gil. Arriba una “telaraña de cables”, como la describe el padre Nacho.

    El que hizo el chiste de las rejas de Gendarmería dice con algo de gracia: 

    —Esto sería una diversión para un electricista. 

    El padre Nacho, con tono serio, aclara que ese desorden de cables genera muchos incendios. Le repite de modo pausado al padre Guilherme, por si no entendió, y él asiente con el mismo gesto con el que ha estado toda la caminata: impávido, estático y con una leve mueca de sonrisa.

    El recorrido se detiene frente a una estructura pequeña, cuadrada y de dos pisos, de cemento pintado de celeste. A la entrada, arriba de la puerta, está la virgen del Rosario, debajo, en letras doradas dice: Capilla Virgen del Rosario. Adentro todo está pintado de blanco y azul Francia. A la entrada está el coro ensayando para la misa. El sonido es superior al espacio. Las voces y las melodías resuenan en las paredes. En los costados, diferentes vírgenes miran a los bancos de madera color marrón oscuro, algunos pocos tienen reclinatorios.

    Al fondo la mesa de eucaristía, flores, un Jesús crucificado en el centro. Al costado izquierdo, el altar más grande de todo el espacio, el de la Virgen de Copacabana, allí frente a la vitrina se detiene el padre Guilherme un rato a observar. Una virgen morocha vestida de colores amarillos y blancos con una bandera de Bolivia cruzada y una corona de la que se suelta un velo blanco. En una mano sostiene una vela, en la otra un niño Jesús. La adornan flores artificiales: girasoles y rosas doradas y beige.

    Al final una puerta da a una cocina. Tres mujeres, un adolescente y una nena toman mates, esperan al padre. Ni bien llega, le piden fotos. En esa cocina hay una puerta que da a la calle, es la salida por detrás, por ahí sale el padre Nacho a buscar aguas que pocos de los del equipo van a tomar. Porque el padre DJ y su sobrina tienen sus propias botellas de agua.

    Luego de las fotos, el Nacho, Guilherme y la comitiva se sientan alrededor de una mesa a descansar del recorrido.

    —Padre, ¿cuándo empezó a tocar? —pregunta una de las mujeres al cura DJ.

    El padre Guilherme contesta lo que ya se sabe, lo que se ha repetido: que inició con eventos musicales para recaudar plata para su parroquia. Primero karaokes, luego toques de electrónica. La parroquia era la de São Miguel de Laúndos en Póvoa de Varzim, con el proyecto ‘Ar de Rock Laúndos’.

    Para perfeccionarse, un tiempo después, Guilherme se metió a una  escuela en Porto la que conoció a Thiago, también DJ, profesor del instituto donde el padre aprendió a manejar controladores Pioneer y el software Rekordbox con el que mezcla música electrónica combinada con música eclesiástica.

    Thiago es parte de la comitiva, pero el grupo lo dejó en el camino ni bien empezó el recorrido por el barrio. Thiago es un muchacho de veintipico, alto, flaco y prolijo. Se quedó en una oficina del Ministerio de Educación de la ciudad porque necesitaba internet y sentarse a trabajar, pidió que lo buscarán luego de la misa. Debía cortar y nivelar el audio de algunas frases del papa Francisco que iban a sumar al repertorio del recital y también unas del padre Mugica que decidieron poner a última hora. Justo antes de que el padre Guilherme entrara a la parroquia del padre Mugica, donde vieron su sotana colgada en una vitrina, un pedazo de tela con sangre del cura peronista asesinado. También visitó la que fue su habitación, donde ahora duerme el padre Nacho. En otra habitación, sobre una cama, vio cómo reposaba un Cristo Crucificado, al lado una caja que dice “frágil”. En el mismo espacio están los zapatos “con sangre”, aclara el padre Nacho, del padre Mugica.

    Algo del estado de esos zapatos tienen también los famosos zapatos gastados del Papa Francisco. Algo de ese desgaste tienen los pies del padre Nacho. 

    Más tarde, en la cocina al fondo de la capilla de Nuestra señora del Rosario no hay más tiempo de conversación. Hora de la misa. El padre DJ saca un libro con los textos de la liturgia en portugués. Primero lee en voz alta. Después pregunta si le entendieron.

    Unos menean la cabeza. Otros dicen que no. Hay risas. Una nena dirá después:

    —Como que entendí mientras leía, pero no recuerdo nada.

    Al padre Guilherme lo entenderán mejor al día siguiente, cuando esté en el escenario.

    ***

    Son algo más de quince canciones en dos horas. Todo arranca con los mensajes del Papa Francisco. El de “hagamos lío”, el de la iglesia para “todos, todos, todos”, el de “sé que están en la Plaza, sé que están orando”. Y ahí están, en una especie de oración, creyentes y no creyentes, amantes de la electrónica y otros ni tanto, escuchando El granito de mostaza, Lift Up The Fallen, un poco de Nueva Yol de Bad Bunny, avemarías, Knocking on heavens doors, los violines de Vivaldi en uno de los conciertos de Las cuatro estaciones.

    Una de las mezclas del final es con Solo le pido a Dios de León Gieco, ahí, con el público y la producción algo cansada de estar de pie. Son varios los que no aguantan la emoción. Una mujer de producción, con el handy colgado en el bolsillo, llora parada en el paso de un sector VIP a otro.

    Entre la multitud, una madre carga a su hijo que sostiene una espada hecha con globitos, lo tuvo a upa la mayor parte del recital. Su esposo —que parece algo borracho— se conmueve con las imágenes del Papa Francisco, y las frases del Papa que se escuchan en medio de los sonidos electrónicos que mezcla el padre Guilherme en el escenario. El señor llora. Delante tiene a un joven y a su novia. Ella canta, se toca el pecho, él trata, con los dedos en los lagrimales, que las lágrimas no caigan. En frente, el cura DJ, bajo las luces que acompañan la electrónica y lo pintan de todos colores. Un chico con musculosa, brillantina alrededor de los ojos y pelo engominado se toca el pecho y llora también. Su pareja, un hombre mayor que viste camisa roja, esta a su lado y baila con él.

    Algo queda, al final de la fiesta y en medio del desasosiego de los tiempos que corren, del pueblo argentino que suele salir a la calle. Sea para escuchar a un cura DJ, festejar a un equipo campeón, o  celebrar alguna otra alegría. Cualquiera, que las alegrías escasean.

    Ahora, al final, una mujer agotada apoya la cabeza y las manos en la valla que separa al público del escenario. Se acerca otra mujer a ver qué le pasa. Un hombre también se preocupa y se arrima a preguntar: 

    —¿Te sentís bien?

    —Sí, sí. Lo que pasa es que me duelen mucho los pies.

    Algo queda, tras el cansancio feliz de la fiesta, de un pueblo que se siente unido en el goce del baile y el alivio. Unido en ese orgullo tan argentino de tener al Papa Francisco. O a Messi o Maradona. Un pueblo que, mientras se jacta de sus dioses, todavía guarda el reflejo muy humano de preocuparse por quien tiene al lado. 

    La entrada Oh my god se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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