LA DISEMINACIÓN DE LO INMEDIATO

Y ahora, la ciencia dictamina el veredicto final. Y si antes lxs sospechxs eran: los plebeyos o legos, damas o caballeros, proletarios o burgueses; sacerdotes, obejas y herejes; vagos, sabiondos y delincuentes; aristócratas, oligarcas y demócratas; amos, esclavos y esclavos de esclavos; capitalistas o comunistas; de alguna «raza» de los cánones oficiales o de algún anónimo pozo o barco de la exclusión…

Hoy, sin embargo, ya nos dividen en otras categorías de la sospecha: aquellxs que tienen posibilidad de contagio, aquellxs que son asintomáticxs, aquellxs que tienen síntomas, y aquellxs que sobrevivieron o murieron.

Si el siglo XX produjo a sus jueces de la sospecha, con Freud, Nietzsche y Marx; el siglo XXI alzó su Tribunal Científico Tecnocrático para develar los íntimos secretos de la humanidad.

Freud desconfió de la conciencia, y puso todas la fichas en los fenómenos del inconsciente para mostrar un oculto teatro familiar. Nietzsche inventó un superhombre para poder matar a Dios y desmenuzar la moral religiosa y la dinámica de la sumisión. Finalmente, Mark desenmascaró las fuerzas de producción económica en donde el sujeto queda atrapado, explotado y alineado.


Estos jueces de la sospecha fueron sustituidos por un Tribunal Científico Tecnocrático que vigila, controla y decide a través de la política y las corporaciones: lo verdadero y lo falso, la libertad o el aislamiento, la culpa y el castigo, el presente y el futuro…

La irrupción de lo abrupto o la diseminación de lo inmediato que caracteriza al siglo XXI, ya no podía seguir confiando de las autoridades judiciales, o incluso en cualquier forma de autoridad. Necesitaba otros ámbito para ejercer el poder, más bien una red tecnocrática con una halo de tecnósfera que la rodee, constituyéndose así como ese edificio jurídico sin lugares o tiempos fijos…

La diseminación de lo inmediato no sólo la vemos en la manera en cómo el virus se propaga, sino también en el constante flujo de información que circula tan velozmente que ya no podemos seguirle el rastro.

El Tribunal Científico Tecnocrático produce y reproduce sus peligros y logros, sus virus y vacunas, sus nuevas categorías de la sospecha, su caos y su intento de control de ese caos en un mundo tan complejo y bello como catastrófico.

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    Un partido y la «División del Mundo»: la historia que une a España con las islas de Cabo Verde

     

    Mucho antes de compartir un grupo mundialista, España y Cabo Verde ya estaban conectados por una de las decisiones geopolíticas más trascendentes de la historia. Las llamadas Bulas Alejandrinas, dictadas en 1493 por el papa Alejandro VI, utilizaron al archipiélago africano como referencia para repartir los territorios que Europa todavía no había conquistado. Aquel documento terminó moldeando el mapa de América, África y parte del mundo moderno.

    Por Alcides Blanco para NLI

    Cuando la pelota empiece a rodar entre España y Cabo Verde, la mayoría verá un partido entre una potencia histórica del fútbol y una selección que representa el crecimiento del deporte africano. Sin embargo, existe un vínculo mucho más antiguo y profundo que el deporte. Se remonta al siglo XV, cuando el papado decidió intervenir en la disputa colonial entre las coronas ibéricas y utilizó al archipiélago caboverdiano como punto de referencia para dividir el planeta.

    En 1492, el viaje de Cristóbal Colón abrió una competencia feroz entre Castilla y Portugal por el control de las nuevas rutas comerciales y de las tierras recién descubiertas. Ambos reinos eran las grandes potencias marítimas de la época y reclamaban derechos exclusivos sobre territorios que ni siquiera conocían completamente.

    El papa que repartió el planeta

    La solución llegó desde Roma. En mayo de 1493, el papa Alejandro VI emitió una serie de documentos conocidos como Bulas Alejandrinas, que establecían una línea imaginaria ubicada aproximadamente a cien leguas al oeste de las islas Azores y de Cabo Verde.

    Todo lo que quedara al oeste de esa línea, establece la Bula Inter Caetera de 1493, sería considerado zona de influencia castellana. Lo que estuviera al este permanecería bajo dominio portugués.

    La elección de Cabo Verde no fue casual. El archipiélago, descubierto y colonizado por Portugal durante el siglo XV, era uno de los puntos estratégicos de la navegación atlántica y funcionaba como una referencia geográfica conocida para los cartógrafos de la época.

    En otras palabras, unas pequeñas islas volcánicas frente a la costa africana se transformaron en el punto desde el cual Europa intentó repartir el mundo entero.

    De las Bulas al Tratado de Tordesillas

    Portugal consideró insuficiente el reparto papal. Las negociaciones entre ambas coronas concluyeron en 1494 con el Tratado de Tordesillas, que desplazó la línea divisoria unas 370 leguas al oeste de Cabo Verde.

    Ese cambio aparentemente técnico terminó teniendo consecuencias enormes.

    Gracias a ese corrimiento, una porción del continente sudamericano quedó dentro del área portuguesa, permitiendo que siglos después surgiera Brasil como una nación de lengua portuguesa, mientras el resto de América Latina quedó mayoritariamente bajo influencia española.

    Sin aquella referencia geográfica basada en Cabo Verde, el mapa político y lingüístico del continente americano probablemente sería completamente distinto.

    Cabo Verde, un puente entre continentes

    Durante los siglos siguientes, Cabo Verde ocupó un papel central en el comercio atlántico. Sus puertos se convirtieron en escalas obligadas para barcos que viajaban entre Europa, África y América.

    También fue uno de los principales centros del tráfico esclavista organizado por las potencias coloniales, convirtiéndose en un espacio de mezcla cultural, lingüística y étnica que todavía hoy caracteriza a la sociedad caboverdiana.

    Su ubicación estratégica hizo que el pequeño archipiélago tuviera una influencia histórica mucho mayor que su tamaño territorial.

    Un partido que también cuenta una historia de cinco siglos

    El encuentro entre España y Cabo Verde es mucho más que un choque mundialista. Representa, de manera casi simbólica, el cruce entre dos protagonistas de una historia que comenzó hace más de quinientos años cuando un papa, un reino colonial y un conjunto de islas africanas quedaron unidos por una decisión destinada a organizar la expansión europea.

    Las Bulas Alejandrinas nunca lograron controlar completamente la realidad ni evitar los conflictos posteriores, pero sí dejaron una huella indeleble sobre la geografía política del planeta. La existencia de Brasil como país lusófono, la distribución colonial de América y buena parte de las relaciones entre España y Portugal encuentran allí uno de sus puntos de partida.

    Así, mientras noventa minutos decidirán quién suma tres puntos en el Mundial, la memoria histórica recuerda que España y Cabo Verde ya habían compartido protagonismo en uno de los episodios más ambiciosos de la historia universal: el intento de dividir el mundo con una simple línea trazada sobre un mapa.

     

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  • Satellogic, el unicornio argentino que se quiere subir a la ola espacial

     

    La carrera por la inteligencia artificial, la energía y la defensa acaba de sumar un nuevo protagonista. Satellogic, la empresa fundada por los argentinos Emiliano Kargieman y Gerardo Richarte, se convirtió en una de las acciones de mejor desempeño de Wall Street en 2026, con una suba superior al 400 por ciento que la llevó a superar los USD 1.300 millones de valor de mercado.

    El rally llamó la atención de operadores e inversores porque no se trata de una compañía ligada al boom tradicional de la tecnología. Su negocio está en el espacio. Más precisamente, en la captura y procesamiento de datos obtenidos a través de una red de satélites que monitorean la Tierra en tiempo real.

    La empresa cotiza en Nasdaq bajo el ticker SATL y llegó a rozar una capitalización cercana a los USD 1.600 millones durante las últimas semanas. A comienzos de año valía apenas una fracción de esa cifra.

    El disparador de la suba fue una combinación de factores. La compañía anunció nuevos contratos vinculados a defensa, avanzó con acuerdos internacionales para la provisión de satélites y presentó resultados financieros que mostraron una mejora significativa en su situación operativa.

    Lo que está detrás del entusiasmo es la expectativa sobre una industria que muchos comparan con los primeros años de internet o de la inteligencia artificial.

    «Argentina suma un nuevo unicornio, pero esta vez está en órbita», afirmó Mariano Dragani, de Somos Inversores. Según explicó, la compañía ya cuenta con 54 satélites operativos, contratos vinculados a defensa y monitoreo terrestre y una posición financiera que comenzó a mostrar señales de madurez.

    Para Dragani, el atractivo no pasa solamente por el hardware espacial. «Ya no se trata sólo de lanzar satélites. Se trata de vender información para agricultura, defensa, recursos naturales, infraestructura y monitoreo climático», explicó.

    Ya no se trata sólo de lanzar satélites. Se trata de vender información para agricultura, defensa, recursos naturales, infraestructura y monitoreo climático

    Esa visión es compartida por una parte creciente del mercado. La tesis de inversión sostiene que los datos capturados desde el espacio pueden convertirse en un recurso estratégico de enorme valor económico, especialmente para gobiernos, empresas energéticas, compañías agrícolas y organismos de seguridad.

    Tomás Ambrosetti, cofundador de Guardian Capital, destacó que una de las ventajas de Satellogic es que diseña, fabrica y opera sus propios satélites. La empresa ya tiene presencia en defensa, agricultura y monitoreo ambiental, y avanza con la constelación Merlin, un proyecto que apunta a realizar un remapeo global diario hacia 2027.

    Según Ambrosetti, la fuerte suba de la acción estuvo impulsada por el renovado interés de los inversores en la economía espacial. Aun así, advirtió que se trata de una apuesta de riesgo: «Satellogic ocupa un nicho atractivo por su combinación de resolución, frecuencia y costos, pero la valuación actual es exigente y la volatilidad seguirá siendo elevada».

    Telecom Argentina, la única gran tecnológica de la bolsa local que capta la atención de Wall Street

    En ese contexto, Satellogic aparece como una de las pocas empresas cotizantes que permite apostar directamente a esa tendencia. A diferencia de gigantes como SpaceX, que aún no cotiza en bolsa, la firma argentina ofrece una puerta de entrada accesible para inversores que buscan exposición al sector espacial.

    Pablo Lazzati, CEO de Insider Finance, explicó que el mercado comenzó a prestar especial atención a la compañía a partir de marzo, cuando mostró una mejora sustancial en su posición de caja. «La acción estaba cerca de USD 3 y llegó a tocar USD 10 en cuestión de semanas. Ahora se mueve alrededor de USD 8», señaló.

    La acción estaba cerca de USD 3 y llegó a tocar USD 10 en cuestión de semanas. Ahora se mueve alrededor de USD 8

    Sin embargo, Lazzati advirtió que la fuerte revalorización también refleja el perfil de riesgo de la empresa. «Tiene un enorme potencial de crecimiento dentro de la industria satelital, pero también una volatilidad muy elevada. El precio puede pasar de USD 3 a USD 10 y volver a USD 5 en poco tiempo», sostuvo.

    Por esa razón, el especialista considera que se trata de una inversión adecuada únicamente para perfiles agresivos. «Es una acción para tener una posición pequeña dentro de la cartera, sin comprometer los flujos futuros del inversor», agregó.

    Más allá de las advertencias, el caso de Satellogic muestra cómo el mercado empezó a mirar con otros ojos a la economía espacial. Lo que hace apenas unos años parecía una apuesta futurista hoy se transformó en una industria capaz de atraer miles de millones de dólares. Y en esa nueva carrera por los datos, una empresa nacida en Argentina logró convertirse en uno de los nombres más comentados de Wall Street.

     

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