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Horarios de la biblioteca al aire libre en la Isla 58

La biblioteca al aire libre en la Isla 58 ha tenido una gran recepción por parte de quienes se acercan al balneario municipal a disfrutar de un entorno natural único. Este espacio brinda la posibilidad de sumergirse en el placer de la lectura pero además ofrece distintas propuestas para toda la familia.

La Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina informa que durante jueves y viernes de esta semana, en forma excepcional, la biblioteca estará abierta en el horario de 8 a 14.

Mientras tanto, a partir de este domingo 24, y todos los domingos, funcionará de 16 a 22 horas. De martes a viernes el horario es de 14 a 20 horas.

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  • Patricia apura a Mahiques frente a una rebelión de senadores aliados por los pliegos que piden los gobernadores

     

    Patricia Bullrich apuró a Juan Bautista Mahiques este jueves porque los senadores aliados se negaron a firmar los pliegos de los jueces remitidos por la Casa Rosada, hasta que se complete la lista con los candidatos que pidieron los gobernadores.

    En efecto, la mayoría de los candidatos enviados a la comisión de Acuerdos del Senado para defender su postulación en audiencias públicas pertenecen a la Capital Federal y la Provincia de Buenos Aires. Por eso, la intensidad de la jefa de bloque libertario chocó contra los brazos caídos de los legisladores de jurisdicciones como Santa Fe, Corrientes, Salta y Misiones.

    La rebelión está encabezada por el correntino Carlos «Camau» Espínola, el misionero Martín Göerling Lara y el bonaerense Maximiliano Abad pero también se suman legisladores como la salteña Flavia Royón y la santafecina Carolina Losada. En ese grupo nomás, hay representantes del PRO, la UCR y peronistas disidentes.

    Ese conato de resistencia dejó al oficialismo sin la chance de votar los pliegos de los 47 postulantes que desfilaron por las audiencias. «Yo no firmo nada», le habrían escuchado decir a Göerling Lara, quien sucedió en la banca al histórico Humberto Schiavoni, mientras que Abad se levantó antes que termine la reunión de comisión sin estampar su nombre para respaldo de ningún candidato.

    Por el efecto Adorni, a Bullrich se le complica el apoyo de los aliados en el Senado para los pliegos de los jueces

    El oficialismo necesita 9 firmas para dictaminar los despachos de cada juez en la comisión y, luego, 37 votos para aprobar los pliegos en el recinto. Como LLA cuenta con 21 miembros en la Cámara Alta, ese requisito obliga a Bullrich a conseguir el apoyo de otros 16: el radicalismo tiene 10, Camau articula con Alejandra Vigo y la propia Royón y Carolina Moisés lidera el trío que completan la tucumana Sandra Mendoza, que responde a Osvaldo Jaldo, y el catamarqueño Guillermo Andrada, hombre de Raúl Jalil.

    La comisión de Acuerdos tiene al riojano Juan Carlos Pagotto en la presidencia y ni siquiera está integrada por senadores del interbloque de José Mayans, que todavía analiza la posibilidad de ir a la Justicia para denunciar el despojo que le aplicó Bullrich, cuando le dejó solo tres lugares aunque le corresponden seis por proporcionalidad. Sin embargo, ninguno de los pliegos había cosechado las firmas necesarias al cierre de esta nota.

    Camau Espínola y Juan Carlos Pagotto.

    LPO informó que Mahiques se esmeró por cumplir con el trámite de los pliegos de jueces que favorezcan al presidente de la AFA, Claudio Chiqui Tapia, y su tesorero, Pablo Toviggino, pero no habría prestado la misma atención a las causas judiciales que preocupan a Karina Milei y Manuel Adorni. Para colmo, el único pliego que ya está en condiciones de ser tratado en recinto es el de Carlos «Coco» Mahiques, padre del ministro de Justicia.

    La prórroga del camarista de la Casación fue enviada por Javier Milei antes que el ex procurador porteño relevara a Mariano Cúneo Libarona en el ministerio. La vicepresidenta Victoria Villarruel y Bullrich evaluaban este miércoles incorporar ese expediente al temario de la próxima sesión, que podría convocarse para el jueves, en una reunión con aliados.

    Yo no firmo nada.

    Justo para ese día, Mahiques se habría comprometido con Bullrich a mandar los pliegos que faltan, que son los que demandan los gobernadores. El problema es que, por reglamento, los dictámenes de las comisiones del Senado solo pueden abordarse en sesión una vez transcurridos siete días desde su firma.

    Si el gobierno cursa los pliegos el jueves 14, las audiencias serían recién la semana siguiente y debería acelerarse el cronograma para que al cabo de ese trámite todavía quede margen para una sesión antes que comience el mundial. Una vez que comience el certamen deportivo más importante del planeta para los argentinos será difícil que los senadores se reúnan en el Congreso y, según fuentes judiciales, será mucho más complicado negociar pliegos después de ese campeonato. «Arranca la campaña electoral», alertan.

     

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  • Vivirás entre luciérnagas

     

    Cristian Alarcón

    Periodista. Escritor. Buenos Aires.

    Rossana Reguillo nos había convencido: ella siempre saldría victoriosa. Ni el golpe seco contra el suelo y las operaciones después, ni las entradas al hospital por el pulmón luego de que los Benson & Hedges habían hecho su tarea, ni las del corazón, ni las de las últimas veces, cada vez que a lo largo de los años salía de una encrucijada del cuerpo, retomaba la tarea con la misma energía titánica y volvía a tramar una acción o una intervención certera, filosa, efectiva. Rossana no nos tenía preparados para que en una semana todo se fuera a la chingada, y de pronto la noticia de su agonía nos dejara en guardia. Entonces vino el vacío, la estupefacción, y después la espera larga de los que sabíamos que algo peor ocurriría. Su muerte llegó el sábado a la madrugada para dejar un lamento que cruza de Guadalajara y hasta el confín austral en ese camino que ella hizo tantas veces leyendo América Latina con su ojo dotado, único. 

    Desde ese momento el abatimiento hizo mella y me derrumbó. Solo atiné a comenzar una lenta recolección de los brotes que ella misma dejó sembrados aquí y allá con su pensamiento y con su espíritu. La chamana, le decía un novio mío que la vio mil veces en San Telmo, y La reina del sur, la bautizó un amigo dejándole el mote al que no se negaba. En su nombre los amigos que escribieron enseguida, los que ya estábamos en red, los que hacía años no hablábamos, acordamos este homenaje colectivo. Los mensajes fueron llegando hasta convertiste en este palimpsesto hecho de agradecimientos, y de anécdotas, de sentires y reflexiones que se mezclan para construirla como la intelectual y la activista que fue. Esa foto la tomó Patricia Nieto cuando vinieron las dos y tantos más al Festival de La Palabra en el 2014. 

    Aquella vez la pudimos alojar en un hotelazo, así que no se quedó en mi casa, donde había pasado otras estancias en Buenos Aires. En una de ellas, creo que en el 2009, Rossana era nuestra huésped el día en que en la vida de mi hijito ocurrió algo terrible. Entonces aún no era yo formalmente su papá, pero él ya me había elegido, yo me hacía cargo de su educación y pasaba varios días a la semana en mi casa. La noticia de una muerte terrible en su familia biológica había estremecido a todos. La tristeza lo había invadido, no salía de ella. Ahora él y yo la recordamos a Rossana en ese momento más que en ningún otro. Porque esa tarde ella dejó todo, abandonó las mil reuniones y los amigos y las cenas y las invitaciones que la inundaban cada vez que estaba en la ciudad, y se sentó con él, en el piso del living a jugar. Tomó de una repisa cada adorno que encontró: un león de no sé dónde, un ángel de madera guatemalteco, un auto de colección, un oso medio roto, cosas que arrastraba yo de no sé cuándo. Y con cada objeto se inventó un personaje para construir un mundo en el que lo que había pasado transmutaba a ojos de mi hijo volviéndose seres especiales, con aura, capaces de volar. La muerte no los rozaba. 

    Esa Rossana a la que todos los que aquí escribimos conocimos de alguna manera es la que nos hace hoy entregarles este fractal de ella misma. En su homenaje, los brotes de su montaña. 

    ***

    Marcela Turati 

    Periodista. Ciudad de México.

    Desde el año pasado cuando las Madres Buscadoras irrumpieron en el rancho de Teuchitlán y nos horrorizaron las fotografías de las ropas abandonadas de sus hijos desaparecidos, Rossana creó un chat para comenzar una conversación con Ale Guillén y conmigo para acomodar las emociones y analizar lo que veíamos. 

    “Veo dos lógicas en la desaparición: A) levantón al azar para ejecutar y dejar mensajes diversos B) desaparición para reclutamiento forzado”, escribió los primeros días. Entre nuestros intercambios de entrevistas o noticias, a veces mencionaba sus tristezas, mostraba su asco hacia quienes querían ocultar las desapariciones, se reía de los análisis simplistas que publicaban algunos medios, nos alumbraba con extractos académicos y con sus reflexiones sobre cómo activar la contramáquina para desmontar esas violencias.

    Siempre me sorprendía. Como cuando se preguntó cuántos jóvenes se necesitan para sostener la estructura criminal del Cártel de Jalisco Nueva Generación y horas más tarde tenía una cifra (obtenida con la IA que nos presumía que había entrenado a conciencia) y una columna ya redactada que le publicaron al día siguiente. O cuando leyó en las nóminas del Mencho el mísero pago a los “muchachos de choke” (sicarios) y se alborotó: “Tengo que escribir sobre eso”. O aquella vez que nos anunció: “Chale. Chicuelas, entré al hospital… corazón y pulmón” y dejó de contestar hasta que reapareció, días después, a dar de nuevo la batalla. 

    Le parecía urgente entender esto que pasaba en Jalisco, su tierra, y trazar las cartografías de las violencias.  

    “Estoy un poco mal de mis pulmones, mi pinche epoc me pasa factura… pero todo bien… mucho trabajo, entrevistas a distancia, escritura”, dijo cuando salió de otra hospitalización, restándole importancia. Llevaba una racha de llorar mucho. Cuando presentaba un libro que le dolía o daba charlas, o aquella vez que amadrinamos la Cartografía de la Ausencia, se emocionaba hasta las lágrimas y la voz se le atascaba al hablar de “los morritos” a quienes este país no les procura un futuro (“los que aprendieron qué eran las cuatro letras antes que Ayotzinapa”) o de las Madres Buscadoras que auscultan la tierra para ver si sus hijos ahí están enterrados.

    Busco en el Facebook y encuentro que nos encontramos en 2011 para nunca soltarnos. Rossana ya era una leyenda de la antropología latinoamericana cuando comenzó a acercarse a las periodistas que narrábamos las sórdidas violencias desatadas por la “narcoguerra”: nos llamaba para intercambiar ideas, aplaudía en foros la importancia de nuestro trabajo, y riendo y brindando con nosotras en encuentros de cronistas terminábamos armando juntas nuevas conspiraciones. Siempre nos acercaba libros y nombres de intelectuales para ayudarnos a poner palabras al horror que documentábamos. Para, como decía, lograr sostenerle la mirada, analizarlo, “contribuir a un debate que vuelva inútil la opción por la violencia”, acompañar a quienes sufren, y acuerparnos siempre en red, siempre cerca. 

    Eso hizo hasta el final: acompañarnos, cuidarnos.

    Leo nuestro chat “Pensar Juntas” y encuentro casi al final un: “Buen día! Ya salí del hospital. Estoy mucho mejor y con ciertas claridades de cómo necesito cuidarme”, seguido de un emoji festivo. Hoy me duelo por no haber comprendido que Rossana era frágil, que no era inmortal, que las luciérnagas también se apagan. No entiendo cómo no le hicimos muchos homenajes en vida. 

    Nuestros últimos mensajes quedaron sin su respuesta. 

    De nuestro intercambio, en especial me queda uno de sus mensajes como herencia, promesa, pendiente: “¡Vamos a articular las contramáquinas!”

    ***

    Néstor García Canclini

    Académico. Ciudad de México. 

    Con enorme dolor quiero participar en el duelo que muchos estamos haciendo por la partida de Rossana Reguillo. Desde los de una generación anterior hasta los jóvenes de todas las edades admiramos siempre en ella una investigación que refundó los estudios culturales y comunicacionales nutriéndose a la vez en la antropología, la sociología y las ciencias políticas. Su novedad brotó de recolocar el trabajo académico en las precariedades de los jóvenes, violencias estremecedoras (entrevistas a sicarios y a familiares de desaparecidos) y las tecnologías digitales. Habló a la vez en los tiempos largos de la reflexión académica, en revistas de opinión inmediata y en las espasmódicas redes. Juntó relatos, miradas sobre coyunturas estructurales y afectos. Presencia pública constante reconocida por los mejores analistas de medios y seguimiento incesante en redes, años en Facebook y en tiempos recientes en Twitter (24.000 seguidores). Creó con jóvenes del Iteso de Guadalajara el SignaLab, un laboratorio tecno avanzado que llegó a ser reconocido por centros de investigación internacionales y por el Instituto Nacional Electoral, que le encargó elaborar -a partir de decenas de miles de preguntas para el debate  de las últimas elecciones presidenciales- las que se usarían en la confrontación televisiva. Algunos del gobierno, con el pretexto de que Rossana les había hecho críticas, exigieron que siguiera el Signa Lab pero la quitaran a ella. La ola de recuerdos que llegan hoy de muchos países confirma que no es fácil sacarla del juego. Alumnos y profesores, que la tuvieron como maestra y modelo de profesora-activista-intelectual en red insistirán en hacerla presente en batallas ciudadanas, universidades, tribunas tan imprevisibles como cuando un Papa la invitó al Vaticano para explicar a los cardenales qué pasa con los jóvenes. Estará largo tiempo.

    ***

    Gabriel Kessler 

    Sociólogo. Buenos Aires.

    Rossana amaba Buenos Aires. Un día, caminando por la ciudad, le pregunté por qué le gustaba tanto. Me dijo —comparando con las otras dos ciudades donde más vivía cuando no estaba en Guadalajara: Barcelona y Ciudad de México— que en una se sentía inteligente y en la otra hermosa. No recuerdo cuál era cuál. Pero en Buenos Aires, me dijo, se sentía hermosa e inteligente. Así era Rossana: una inteligencia que no se separaba nunca del cuerpo, de la sensibilidad, de la experiencia vivida. Sus respuestas tenían siempre algo único, inesperado, pero al mismo tiempo profundamente situado en el mundo, en la estética y en los afectos. Con esa mirada pensaba América Latina y, sobre todo, su México, que la apasionaba y a menudo la desesperaba.

    Rossana veía antes. Vislumbraba temas, lenguajes, climas, cuando todavía no eran evidentes, y los compartía con una generosidad que se extendía por toda América Latina. En mi caso, cuando empecé a interesarme por el miedo al crimen y sus efectos en la vida común, su texto en Ciudadanías del miedo, el libro coordinado por la también tempranamente desaparecida Susana Rotker, era una referencia obligada. Allí ya estaba esa intuición tan suya: el vínculo entre temor y efectos autoritarios en nuestras sociedades. Ese texto me marcó. La contacté y nos vimos por primera vez, creo que hacia 2008, en una de esas veladas inolvidables que organizaba Cristián Alarcón. Desde entonces, nuestros caminos se cruzaron muchas veces. Nunca dejé de leerla, de seguir los rumbos que abría: en sus temas, en sus lenguajes, en su apuesta temprana por la crónica —como en Anfibia— y en sus apuestas más recientes, como Signa Lab.

    Había en Rossana una forma de estar en el mundo que hacía de cada idea una experiencia, y de cada experiencia, una forma de pensamiento compartido, por eso no se fue, sigue en todas y todos  los que aprendimos con ella. 

    ***

    Mauricio Sepúlveda Galeas

    Académico. Santiago de Chile. 

    Con Rosana, en la Barcelona de los 2000, yo era su «anti-guía»: planeaba llevarla a un lugar, y nunca llegábamos porque yo me perdía. Pero esa era la magia: cada desvío se convertía en un paseo antropológico. Con ella, no importaba llegar al sitio exacto: cada rincón era una nueva historia.

    Rosana tenía una apertura afectiva que te abrazaba de inmediato. En ella, la vida cotidiana y lo intelectual fluían sin separaciones. Y siempre te empujaba a más: organizaba, conectaba, y en un consejo te hacía repensar el pensamiento mismo. Su legado es, sin duda, enseñarnos a no dejar de perdernos y a no dejar de pensar con esa misma generosidad.

    ***

    Gabriela Polit

    Académica. Austin.

    Quizás no sea el texto más memorable de Rossana, pero la crónica de su visita al Vaticano es lo que me vino a la mente al enterarme de su muerte. Era un texto inteligente que, de manera sutil, hacía notar la arbitrariedad de los protocolos jerárquicos y misóginos de la iglesia. Cuando la leí aquella vez, imaginé la dificultad de la Rossana insumisa, curiosa, irreverente, siguiéndolos durante esa visita que fue una invitación del Papa. 

    La explicación del capricho de mi memoria, imagino, es que, ante el rigor de la muerte, la imagino curiosa, irreverente e insumisa ante San Pedro. Espero tu crónica mordaz, Rossana. Un texto criticando las desigualdades entre ángeles y arcángeles; cuestionando la santidad de los santos y haciendo el reclamo de por qué en la casa de Dios en la tierra la smujeres no podemos vestirnos de blanco. ¡Buen viaje, querida Rossana!

    ***

    Alejandro Grimson

    Antropólogo. Buenos Aires. 

    Treinta años de amistad no se evaporan con nada. Ni siquiera con la muerte. El legado era claro, de vieja escuela: pasión por conocer, romperse la cabeza en la escritura, prepotencia del trabajo, buscar los límites incesantemente, pensar cosmopolíticas, jugárselas donde se pueda, cultivar la amistad, la conversación, cuidar los amores y desplegar la risa contra el poder. Ella fue agudeza, ironía y sarcasmo contra lo instituido. Llegó a infundir temor en algunos poderosos que la amenazaron.

    Ahora estamos más solos. Mi amiga de alta intensidad y cómplice irremplazable partió. Dedicó su vida a entender este mundo brutal, sus violencias, sus cifrados, sus incomprensiones. Especialista con títulos y honores en incomunicación. Era tapatía, mexicana, latinoamericana. No tenía fronteras. Su pensamiento voló, flamea, vivirá entre luciérnagas.  Siempre, a abismos de las contabilidades contemporáneas. Desafió el sentido común, la falta de imaginación, construyó afectos sólidos, no se cansaba de innovar, de aprender ni de llenar el mundo de carcajadas hasta el final.

    Querida amiga: tu ausencia hará todo más arduo, más desafiante. En tu memoria buscaremos hacer lo imposible para un mundo donde quepan muchos mundos.

    ***

    Oscar Martínez

    Periodista. El Salvador. 

    No recuerdo la ciudad donde la vi hace años decir aquello. Quizá era Guadalajara, quizá era Monterrey. Bogotá, puede ser. No recuerdo el año, pero recuerdo, eso sí, que fue antes de 2010, porque yo apenas incursionaba en el mundo de los cronistas mexicanos y había llegado a escucharla porque esos cronistas hablaban de la claridad de ella. Lo que no olvido son las palabras que dijo ni tampoco el gesto elocuente, salpicado de rabia, con que las dijo. 

    En un panel de uno de esos eventos donde académicos de alto prestigio dicen cosas profundas y altamente enredadas, ella hablaba con una sencillez retadora, como diciendo: «Para hacerme entender, no tengo porqué decir todas las palabrotas que aprendí». Llegó el turno de preguntas y un estudiante joven -o eso parecía- preguntó a ella si podía explicar más lo que había dicho acerca de relativizar la mirada para entender al otro, al sujeto que sufre, al muchacho que pasa de la rebeldía al delito. El moderador, un señor cano que sí había dicho todas las palabras grandes que conocía, atajó la pregunta del estudiante y dijo que aquello hacía referencia a poner en duda lo que uno piensa antes de entrar a conversar con las personas a las que uno va a describir. Ella se volteó de la silla, dejó de dar la espalda al moderador, descruzó las piernas, le pidió el micrófono con el gesto de mano con el que alguien dice «me toca». Y dijo con severidad, viendo al señor cano: «No dije eso». Luego, volvió a enredar sus piernas y dijo al muchacho, con una voz comprensiva: «Me refiero a que uno debe cambiar su mirada, lo que uno entiende del mundo -se quitó los lentes y abrió con uno de sus dedos uno de sus ojos-. Quitarse los ojos propios e intentar lo más que se pueda, por imposible que parezca, mirar el mundo con los ojos del otro». Y devolvió el micrófono al ya apocado moderador. 

    Después de aquella charla nos hicimos cercanos y la escuché muchas veces en distintas ciudades repetir aquello de formas diferentes, siempre elocuentes, siempre fascinantes. Supongo que, en la titánica tarea de mirar el mundo con ojos prestados, a Rossana Reguillo se le fue parte de la vida. Yo nunca olvidaré aquella sencilla lección. Por imposible que parezca, ando por ahí intentando hacerle caso y ponerme las lumbreras de alguien más. En estos tiempos donde tantos quieren mirar con los ojos propios solo aquello que les agrade, ella deja un hueco enorme. Rossana, la mujer que buscaba miradas ajenas para tener algo propio que decir. Nos vas a hacer falta. 

    ***

    Gabriela Wiener

    Escritora. Madrid. 

    ¿Qué muere cuando muere un oráculo? Con el tercer ojo con el que leía lo incierto, Rossana Reguillo nos enseñó a los cronistas a completar el sentido de sus respuestas, pero sobre todo a cambiar las preguntas. Para ella, la pasión alegre era encontrarnos en la lucha, en una utopía. Vernos orientadas hacia esa convergencia, hacia esa insurgencia, es su más poderoso legado. ¿Lograremos conservar, como nos enseñó, la memoria de lo intolerable, de lo justo, de lo innegociable? ¿Seremos capaces de cambiar el miedo, el silencio, por las pasiones alegres? Muchos años antes de que el gobierno del Perú asesinara a decenas de jóvenes andinos y aymaras por manifestarse contra el régimen, la profesora Reguillo me había prometido que esa juventud encontraría la forma de seguir unida en la protesta y en la imaginación de otros futuros posibles. Aún después de sus muertes, sigo creyendo en ese vaticinio. Cuando un oráculo muere, nunca muere.

    ***

    Omar Rincón

    Académico. Bogotá.

    Rosana Reguillo es, y seguirá siendo LA mujer indispensable, en un campo muy machito como lo es la comunicación y lo cultural. Pensó y sintió e indagó siempre contra lo establecido, lo obvio, el copy y paste teórico. Ella construyó una manera propia, única, singular de imaginar-pensar las culturas y la comunicación: siempre poniendo el cuerpo en los afectos y lo público y el vínculo a lo político irredento.
    Rossana es una figura ineludible para todos los que trabajamos intentando hacer e intervenir sentidos desde el sur global, desde la mirada de lo que es distinto e insurrecto. Ella nos enseñó que en América Latina los sentidos se encuentran en los sentires no evidentes, esos que se van como el agua por las grietas donde habitan los poderes de lo nefasto.
    Su lucha fue por una sociedad más politizada, más activista, más experimental. Pero sobre todo creo que una de las cosas que valoro más de ella es que era una mujer que ponía el cuerpo en la amistad, en sus afectos, en sus estudiantes. Era cuerpo presente activo en la vida de los afectos. De mi parte solo un gran afecto, por esa chica maravillosa, esa mujer a la que admiro por siempre.

    ***

    Ana María Saavedra

    Periodista. Cali, Colombia. 

    Le pedí a la IA que escribiera dos párrafos sobre Rossana Reguillo. Dijo que Reguillo “no solo fue una académica de gabinete, sino una etnógrafa que caminó las calles y navegó los algoritmos con la misma agudeza”. Dijo tantas y tantas cosas sobre la “cartógrafa de la ‘maquinaria de muerte’ o necropolítica”.

    Pero la IA no sabe que a Rossana la conocí en 2009, un año que marcó mi vida, por muchas razones, una beca de seis meses en España y un encuentro de la Fundación Gabo, que reunió periodistas, expertos académicos y escritores que investigamos sobre el crimen organizado y el narcotráfico. Mientras escribo esto, la banda sonora de mi cabeza es “Yo no sé mañana, yo no sé mañana. Si estaremos juntos, si se acaba el mundo”, la canción de Luis Enrique que bailamos tantas noches en el Casa Blanca, una discoteca en algún lugar que creo era el centro de Ciudad de México.

    Y buscando entre mi memoria, que en realidad es el Facebook, las USB con las fotos y mi correo de Yyahoo –todo muy de los 2000– encontré dos correos con palabras de otro de los miembros de esta operación Casa BClanca,  nuestro querido Javier Valdez, asesinato por el narco en Sinaloa el 15 de mayo de 2017. Así que no hablaré sobre Rossana, dejaré que la memoria de unos correos hablen por mi:

    7 de diciembre de 2009.  “Felicidades a Almazán, Diego Osorno y Rossana Reguillo, de quien me siento orgulloso por su prosa, conocimientos, sensibilidad y valentía. (…) Un abrazo especial a Rossana, nuestra luz en medio de este páramo desolador y sangriento. Javier V”.

    ***

    Víctor Hugo Robles

    Escritor, activista. Santiago de Chile. 

    A Rossana, sus amigos le decíamos  la reina del sur. No solo por su reinado en estudios sobre juventudes urbanas, violencias políticas, tecnologías de la comunicación y ciencias sociales sino también por ser una chingona de los márgenes, los territorios en disputas, dolores y esperanzas de un pueblo. Profesora en su México lindo y querido que llora su triste e irreparable partida.

    Desde una perspectiva única e inédita, Rossana Reguillo describió la compleja realidad mexicana desentrañando el impacto de las estructuras criminales de la sociedad, del narco y la violencia institucional. Pionera en estudio e investigación de redes sociales, desnudó las estrategias del poder político. No importando filiaciones. Ganando adeptos y detractores e incluso sufriendo amenazas de muerte. Pese a todo y contra todo, usó su voz para iluminar la realidad mexicana, acompañando a las madres de los desaparecidos, las Madres Buscadoras, nunca perdiendo la esperanza, mucho menos su dulce sonrisa.      

    La conocí en octubre del 2005 en la Universidad ARCIS en Santiago, bello lugar donde trabajé coordinando la editorial junto a la periodista Rita Ferrer. Fue invitada por la ensayista y crítica cultural Nelly Richard, gran anfitriona e intelectual, entonces vicerrectora de Extensión, Comunicaciones y Publicaciones, mucho antes de su amargo e imperdonable cierre forzado. Rossana Reguillo, junto a la académica Diana Taylor de la Universidad de Nueva York, fueron las invitadas de honor del Coloquio Internacional Políticas del Recuerdo. Dimensiones performáticas de las conmemoraciones. 

    Rossana era una mujer hermosa, tez morena, melena negra, ligeramente encorvada, seguramente debido a un accidente en moto cuando era joven. Muy cariñosa, muy acogedora, muy conversadora, muy, muy mexicana.

    Su visita a Chile dejó muchos recuerdos, huellas imborrables y complicidades eternas. Amó Santiago y sus locas desviaciones, sus amistades. En noviembre de 2012, Rossana presentó a Lemebel en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara cuando Pedro escupió a los representantes del ministerio de las Culturas y las Artes de Sebastián Piñera. Fue su desquite por haberlo subido al avión solo porque sobraba un pasaje. Hermoso e inolvidable acto de rebeldía que Pedro dedicó a su gran amigo, el fallecido cronista mexicano Carlos Monsiváis. 

    Hoy, Rossana, Monsi y Lemebel se saludan, se besan y gozan la eternidad.

    ***

    Alejandro Almazán

    Escritor y periodista. México.

    Rossana querida, gracias por tu lucidez. Por ver lo que la mayoría no vemos. Tu obra es fundamental para comprender la evolución de la violencia en México. Comenzaste estudiando a jóvenes en contextos marginales en la década de 1980. En 2006, cuando Calderón lanzó su guerra, notaste que víctimas y victimarios eran cada vez más jóvenes. Para conceptualizar esta realidad, retomaste el estudio de Hannah Arendt sobre los campos de exterminio nazi y la comparaste con la violencia que ejerce el narcotráfico.

    Acudiste a Primo Levi para acuñar el término Narcomáquina. Incluso planteaste el “narcoñol” como una suerte de lengua. Fuiste de las que dijo que el conteo de muertos es inútil: no repone nada, menos a la “humanidad” perdida en los cuerpos mutilados.

    Apostaste por la capacidad intelectual “crítica, artística, periodística y ciudadana” de hacer visible, de denunciar el “crimen ontológico” de la Narcomáquina. Cuando te fue insuficiente el concepto, desarrollaste Necromáquina, otro un dispositivo de muerte, horror y aniquilación; y Contramáquina, una resistencia encarnada por las madres buscadoras.

    Me quedo con ese par de fotografías que nos tomamos con toda esa banda de periodistas que con el tiempo tomó su camino, pero que seguía ligada a ti, a tus enseñanzas. Buen viaje, maestra.

    ***

    Dante Leguizamón

    Periodista. Córdoba. 

    Éramos unas 30 personas en el auditorio del Museo Rufino Tamayo, en DF, México. Asistíamos a un seminario de la Fundación Gabo llamado “Narcotráfico y violencia en las ciudades de América Latina: retos para un nuevo periodismo”. Sobre el escenario un periodista brasileño hablaba en primera persona de “una incursión de las fuerzas de seguridad a las favelas” y me empezó a dar asco. En mi cuadernito de lunares blancos y negros, escribí: “Este no es periodista, este es un constructor de miedo”, parafraseando algo que le había escuchado a Cristian Alarcón poco tiempo antes. A mí lado había una mujer de manos huesudas que tomaban nota rápido, como si estuvieran bien ejercitadas en el asunto. Nunca nos habíamos visto, pero espió mi cuaderno y cuando leyó lo que había escrito, se me acercó al oído y me dijo:

    -No sólo eso. 

    Dio vuelta sus propios apuntes para mostrarme lo que iba a escribir para mí: “Además, es un pelotudo”. 

    Me di cuenta de que la palabra pelotudo la usaba porque sabía que yo era argentino y a partir de ese momento comenzamos a cuchichear. 

    Al terminar la charla se nos acercó Cristian Alarcón que nos había visto cómplices y preguntó qué nos había parecido. Entonces, tratando de hacerme el estudiado e impactar a mi nueva amiga que pensé que también era periodista, contesté: 

    -¿Cómo era esa académica que me contaste y trabaja con la idea de que el miedo es un proyecto político?

    Cristian se rió y me señaló a la mujer que estaba a mi lado. Acababa de citar a mi nueva amiga: Rossana Reguillo. 

    Hasta entonces y todavía hoy, los académicos me dan miedo porque siento que muchos no pueden salir de su clase magistral y de ese tono erudito que los acomoda a medida que hacen que uno se sienta cada vez más incómodo y pequeño. Rossana era diferente. Ella era una traductora de su saber, quería que todos supiéramos lo que ella sabía. 

    Con los años volveríamos a encontrarnos otras veces. Rossana hablaba y discutía todo el tiempo. Ponía sus ideas en juego con el compañero con el que tomaba whisky o con el que desayunaba. Una noche, después de pensar y pensar en cómo narrar la violencia, todos los asistentes al seminario nos íbamos a bailar a Casablanca, un bar donde conocí a la verdadera Reguillo, la que más amé, la mejor docente que tuve en mi vida, la que me enseñó a bailar salsa al ritmo de Luis Enrique y cantando a gritos con los compañeros la canción de aquellas jornadas: “Yo no sé mañana, si estaremos juntos, si se acaba el mundo…”. 

    -Abre las piernas cordobés, que al final eres un cobarde. Déjame entrar que esto se baila con todo el cuerpo y no puedes estar así tan tímido. Entrega los hombros al ritmo, yo me encargo de tu cintura. 

    Y con su pierna entre las mías me sentí por unos días el mejor bailarín de salsa de la noche mexicana y no el tronco que volví a ser apenas pisé nuevamente suelo cordobés. 

    Adiós Rossana. Gracias. 

    ***

    Ximena Poo

    Periodista y Académica. Santiago de Chile. 

    La que ha líado nuestra maestra y amiga al irse tan pronto, justo cuando el mundo cruje y los tiempos se nos hacen hostiles. Nos queda su apachacho constante, sus ideas que muerden, su academia que desafió el canon, su fuerza cuando a una se le venía la academia encima (atesoro la carta que con la generosidad del tiempo que solo ella conocía me escribió el año pasado para pasar a ser profesora titular en la U. de Chile mientras hablábamos de la crueldad del sistema). Me siento una afortunada al haberla conocido, abrazado y reído y llorado con ella cuando nos cruzábamos en el camino de nuestra América Latina que grita y grita cuando se van lxs buenxs como Rossana lo fue. Desde ahora será luciérnaga, como se escribe en su último libro. Y nos queda su risa para desafiar a la muerte, porque, seguro, la sigue peleando allá donde esté. En el Grupo de Trabajo Comunicación y Ciudad de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Comunicación (ALAIC), que ella fundó y que coordino hoy, asumimos su partida, pero no su ausencia; la íbamos a abrazar en Monterrey, en julio, pero abril se la llevó. 

    Ha sido un honor, un privilegio, indignarse con ella cuando hablamos de violencia, de los Estados ausentes, del odio en las calles. Y ha sido un alivio pensar con ella la esperanza, esa estrella que nos clava a la tierra y nos hace sentir que la vida puede ser distinta mientras se sufre y se goza. Aquí estaremos, Rossana eterna, para seguir leyéndote en clases con el fin de que nuestrxs estudiantes latinoamericanxs nunca bajen los brazos. Aquí te seguimos para pelearla juntxs.

    ***

    Verónica Gago

    Académica y activista. Buenos Aires.

    Rossana Reguillo se mueve al ras del suelo y en la altura de un pensamiento singular que nos deja métodos y pistas sobre cómo hacer eso que llamamos trabajo anfibio de investigar y escribir. Hay que leerla porque ella nos regala, al menos, tres claves para tener a mano.

    Anticiparse es animarse. Entendió el territorio digital como campo de investigación prolífico, cuando se lo miraba con sospecha y desdén. Se sumergió ahí de la mano de las juventudes a las que seguía con respeto y admiración. Redefinió la noción de territorio cuando se decía que las redes lo iban a reemplazar.

    Ser anfibia es confiar en la colaboración. «Para mí lo anfibio es la perspectiva de la colaboración» dijo y nos conquistó. Por eso si es pionera es siempre con otrxs, en conexión, buscando desafiar las fronteras de las disciplinas, los lenguajes y las policías del saber.

    Para experimentar, hay que ser rigurosa. Se tomó en serio la experimentación, con un trabajo paciente y dedicado. Las investigaciones llevan su tiempo, decía, porque es esa marca de tiempo lo que permite masticar y entender, eso que Rossana se proponía con pasión.

    Gracias Rossana.

    La entrada Vivirás entre luciérnagas se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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